JOSE ANTONIO FALCONI
VILLAGOMEZ
POETA. - Nació
en Guayaquil el 26 de Mayo de 1.894. Hijo legítimo
del Dr. Antonio Falconí, riobambeño,
médico anatomista, profesor universitario y
notable oftalmólogo y de Carmen Villagómez
Loor, natural de Vinces.
Estudió la primaria
en el Colegio San Luis Gonzaga y asistía a
las reuniones literarias que se celebraban en su casa,
donde concurrían poetas y escritores (José
Gabriel y Rafael Pino Roca, Luis Felipe Borja hijo,
Darío Rogelio Astudillo y Juan Ignacio Gálvez).
"En aquellos tiempos éramos unos cachiflos
de calzón corto pero con temprana vocación
lírica y feliz memoria que hemos conservado
hasta ahora."
De catorce años viajó
a Quito a estudiar en el Instituto Mejía y
obtuvo un Primer Premio de parte del Profesor de Literatura
Alejandro Andrade Coello por una fábula escrita
al estilo de Iriarte. Entonces "se dejaban oír
aisladamente voces nuevas que traducían nuevos
ritmos. Eran de corifeos independientes que desertaban
de la batuta clásica. Generación que
no tuvo órganos propios de expresión
en Guayaquil, salvo algunos números de la revista
Patria que circuló entre 1.905 y el 7 y los
famosos Lunes Literarios de El Guante fundado en 1.910,
donde colaboraban poetas de la calidad de Wenceslao
Pareja, Miguel E. Neira, César Borja Cordero
y Eleodoro Avilés Minuche".
"En esa misma página
de El Guante iniciamos nuestra producción poética
con la composición "Veneciana" el
20 de Mayo de 1.912. Se vivía la Bell Epoque,
período anterior a la Gran Guerra, que daba
ganas de vivir." Casi enseguida salieron otras
composiciones suyas "En el lago", "Hacia
ti", "Flor de Blasón" que no
constan en la selección antológica publicada
en 1.956, comenzó los estudios de Medicina
en la Universidad de Guayaquil, figurando como Vicepresidente
de la Federación de Estudiantes que recién
se había fundado También empezó
a colaborar en la revista quiteña "Letras"
de Isaac J. Barrera.
En 1.913 escribió para
los Jueves Literarios de El Telégrafo poemas
como "Epopina" y "Amo las flores raras"
que asustaban a los buenos burgueses que leían
esas columnas y no esperaban encontrarse con tan atrevidas
y absurdas composiciones, chocantes al "buen
gusto imperante en el medio" Cuando publicó
"El Poema de las Ranas", dedicado a su amigo
y maestro el poeta Francisco J Falques Ampuero y "que
hizo sonreír a los cretinos", recibió
de éste una epístola encomiástica
en que lo comparaba con el Conde de Lautremont porque
Falconí "desde sus primeros poemas reveló
una aguda sensibilidad. Más allá de
lo sardónico del tratamiento de los asuntos,
sentíase en sus mejores poemas algo extraño,
casi desasosegante".
Los Jueves Literarios dejaron
de aparecer pronto porque comercial mente hablando
no eran rentables Sin embargo habíase dado
a conocer como poeta y hasta dirigido por poco tiempo
esa sección, reemplazando a su Director fundador
Manuel Eduardo Castillo, que no siendo poeta, habíase
cansado de ese trabajo.
Falconí participaba
de una generación de valores nuevos entre los
cuales sobresalían José María
Egas y Miguel Ángel Granado y Guarnizo y díjose
de él que evocaba a los poetas de terror y
alucinaciones por su Canto a las Ranas, a la misa
negra de Eponina o los símiles extraordinarios
donde las flores asumían posturas raras, eran
carne de Hospital, y se hablaba de las orquídeas
como orejas de elefanciacos, etc Ya usaba su pseudónimo
anagramático "Nicol Fasejo" escondiéndose
de posibles escándalos sociales.
Durante la revolución
de Concha en 1.914 se enroló como Ayudante
de la Cruz Roja Militar y fue enviado al frente. Su
amigo Falques le dijo - José Antonio, tú
no has nacido para estas aventuras bélicas
Te voy a dar una carta de recomendación para
mi compadre. Carlos Concha por si acaso caes prisionero..
"Felizmente no llegó a dárnosla
ni nosotros la hubiéramos llevado nunca."
En 1.916 fundó con José
Maria Egas la revista "Renacimiento" que
se publicó hasta el 17, donde reiteró
su asimilación de la esencia poética
de Francia con el poema de armónicos pareados
"Ruth adora a los Cisnes". Su joven amigo
Medardo Ángel Silva, que acababa de integrarse
al grupo, le solicitó un prólogo para
"El árbol del bien y del mal" pero
Falconi se excusó por su notoria cortedad.
Silva, que le admiraba, escribió en su columna
de El Telégrafo.
J. A. Falconi "como un
iluminado que viniera de tenebrosa Scene Dans L' enferme,
sábelo aquel divino demoníaco que se
llamara Arthur Rimbaud, inicióse Nicol Fasejo
componiendo extraños versos de acre sabor de
frutos, donde se perciben sabáticos rumores
y resonancias de cabalísticas fórmulas.
Era como si un monje malo, en ratos de emponzoñado
humor diabólico, se hubiera puesto a recitar
invirtiendo las advocaciones litúrgicas, secuencias,
salmos y prosas al Bajísimo y su cohorte de
brujas, íncubos, trasgos y toda la fauna horrenda
del luciferino imperio. Como en las páginas
saturadas de horrores y tinieblas del Conde de Lautremont,
una pesada atmósfera de maleficio, exhalada
de sulfurosos zahumerios, nos ahogaba; como hembras
en celo se oían a la luna ceniza, el croar
de las ranas que se lamentaban como viudas histéricas
en las lagunas cubiertas por el peluche verde de la
flora de los pantanos. Eponina, la virgen maldita,
poseída por Nuestro Señor el Diablo,
pasaba con su rostro de cera, exangüe, del color
de los cirios, mascullando incomprensibles preces
al maligno..."
Esto, dicho en el mayor periódico
de la ciudad, conmovió a la pobre gente lectora
y empezaron a mirar al joven y tímido estudiante
de medicina como si fuera un ser de peligrosos misterios.
Meses después ocurrió el suicido de
Silva y se cumplió el vaticinio de los buenos
vecinos sobre "los Poetas diabólicos".
Falconi era considerado indiscutiblemente como el
Jefe de grupo por ser el más activo y cronológicamente
el mayor.
En 1.919 colaboró en
la revista "Juventud estudiosa" de Teodoro
Alvarado Olea y José de la Cuadra y fue, como
lo dijera José Joaquín Pino de Ycaza,
sino el creador, el condicionador en nuestra tierra
tropical y beocia, de la más auténtica
y original literatura modernista.
En 1.920 triunfó en
los Juegos Florales Universitarios convocados para
celebrar el Centenario de la Independencia de Guayaquil
y ganó por merecimientos el Internado en el
Hospital de Niños "Alejandro Mann".
En 1.921 publicó versos
dadaístas en El Telégrafo, para probarle
a un poeta misterioso que escribía como Hugo
Mayo, que también podía versificar así
y por eso los firmó Julio Marzo y Victorio
Abril. Hernán Rodríguez Castelo ha dicho
que solo fueron un ensayo de adaptación, una
muestra de posibilidades y Hugo Mayo, años
después, calificó a Falconí de
culto, inquieto a las solicitaciones que recorrían
América. Por eso se ha dicho de Falconí
que se entregó a las últimas novedades
de la Vanguardia por los años 20, codo a codo
con Hugo Mayo y colaboró con sentido del humor
en el plano dadaista, publicó una composición
titulada "Arte Poético No.2" que
bien podría considerarse corno el Manifiesto
Dadaista para los poetas del Ecuador, como la Biblia
minúscula del Tzaraismo ecuatoriano.
También escribió una tesis doctoral
"Inyecciones de leche materna y su aplicación
en pediatría" que llamó la atención
en Francia y logró su Doctorado en Medicina,
retirándose para siempre de la poesía
por creerla incompatible con la ciencia y por darle
gusto a sus padres y excelentes hermanas que temían
por él (pensaban que se iba a suicidar como
Silva o a intoxicarse de morfina como tantos otros
de su generación) "Pudo haber sido el
mayor Postmodernista ecuatoriano pero no lo quiso
y renegó de sus audacias líricas de
mocedad."
En 1.922 su amigo el poeta
César Borja Cordero, designado Cónsul
del Ecuador de Hamburgo, le consiguió el consulado
adjunto en dicho puerto Alemán. Allí
perfeccionó sus conocimientos en ese idioma,
que llegó a dominar a la perfección,
así como el inglés y francés
que hablaba desde Guayaquil. Siguió varios
cursos de especialización en las Universidades
de Hamburgo y Berlín y en los Hospitales de
Eppendorf y París, asistió a distintos
seminarios de tuberculosis, sífilis, clínica
infantil, parasitología tropical, etc. Al mismo
tiempo, tentaba algunos poemas, artículos y
ensayos que mostraban un talento de erudición
poco común, pero la Ciencia había ganado
la partida a la Poesía; sin embargo, en Amberes,
escribió su poema "El Astado", que
quizá es la última producción
de esa, su primera y mejor época, pues dé
allí en adelante se diluyó en juegos
musicales, elegantes por exóticos.
En 1.925, libre del Consulado
adjunto, trabajó en el Hospital "Enfants
Malades" de Paris y preparaba un libro de poesía
que debía llamarse "El Polígono
de Musagetes" que nunca salió. (1)
En 1.926 volvió a Guayaquil
tras cuatro años de ausencia, entró
de Médico auxiliar del Hospital General donde
permaneció hasta 1.931 que
(1) En "El Surtidor Armónico"
recogería años después todo lo
dadaísta suyo.
pasó a dirigir el Hospital Militar (después
llamado Territorial) con el grado de Teniente Coronel
de Sanidad Militar, donde trabajó hasta su
renuncia en Diciembre de 1.936. Después se
especializaría en Pediatría en el Hospital
Alejandro Mann, desempeñando su profesión
desde 1.937 con notorio éxito.
En 1.932 escribió unos
deliciosos "Hai Kais" imitando a su amigo
Jorge Carrera Andrade, que fue quien primero los hizo
conocer en el Ecuador.
En 1.936 inició sus
clases de Literatura y Castellano en el Colegio de
Señoritas Guayaquil y el 38 editó como
texto sus apuntes de clases tomados en versión
taquigráfica por una alumna y corregidos por
él en 111 págs. Se puede considerar
la aceptación de esta cátedra como un
tímido reecuentro con las bellas letras, de
las que siempre fue un apasionado cultor, aunque a
veces se avergonzaba de ellas tratando de ocultarlas,
pues prefería que sólo le creyeran médico.
Mientras tanto colaboraba asiduamente
en las revistas "Gaceta Médica" y
"Revista de Pediatría" con artículos
científicos y humanísticos. En lo personal
era un solterón que vivía en una amplia
casa de madera situada en Víctor Manuel Rendón
y Malecón con sus hermanas Carmela y Ana Luisa,
famosas reposteras en Guayaquil por sus famosas tortas
de caramelos y frutas, quienes lo atendían
con dedicación y cariño. En sus ratos
de ocio leía a sus amados poetas franceses,
que los traducía y jugaba al bridge sin apostar
dinero.
Al iniciarse la II Guerra Mundial
sus simpatías estaban con el eje por su estadía
en Alemania y debido a que sus estructuras mentales
siempre habían sido conservadoras y amaba el
orden y la disciplina, sinónimos del régimen
nazi.
En 1.939 apareció en
los Anales de la Sociedad Médico Quirúrgica
del Guayas su ensayo sobre "Psicología
del Infante". El 40 publicó "El Perfil
de Esculapio", crónicas y apuntes de la
vida médica, con portada de Mario Kirby en
504 pags. cuya segunda edición vería
la luz en 1.961.
En 1.946 salieron sus "Páginas
Médicas" con estudios científicos
en 453 pags. y como pasaba por germanófilo
el 49 rehusó aceptar la presidencia del Instituto
de Cultura Hispánica en Guayaquil.
En 1.952 dio al público
un magnifico ensayo titulado "El Movimiento modernista
en la poesía guayaquileña", impreso
en Quito en 26 pags. y colaboró con Carlos
Zevallos Menéndez en el Núcleo del Guayas
a través de la revista semanal titulada "Cuadernos
del Guayas" con una hermosa columna de traducciones
y crítica. Ese año publicó el
primer tomo de "El Jardín de Lutecia"
con traducciones de poetas franceses en 75 pags. situándose
al lado de los grandes traductores ecuatorianos de
todos los tiempos: Francisco J Falques Ampuero y César
Borja Lavayen y al ver el éxito alcanzado,
en 1.956 editó "El Surtidor Armónico"
antología de su poesía aunque no completa
como reconoció después. El libro salía
con casi cuarenta años de atraso (2) y bajo
pseudónimo que ya tampoco
(2) Con motivo de esta publicación
le sucedió el siguiente chasco. Había
entregado a la secretaria del Núcleo del Guayas
los originales de sus traducciones sin dejarse copia,
pues, como era perfeccionista, las había corregido
varias veces. A las pocas semanas, cuando ya estuvo
todo listo para la Impresión, por más
que el Presidente del Núcleo hizo buscar dichos
valiosos originales, no aparecieron. Informado Falconí
del asunto, fue como loco a la secretaria, hizo revolver
todo y nada. Entonces, en un rapto de inspiración,
preguntó: No estarán archivados bajo
mi pseudónimo Nicol Fasejo? - Esos han sido?
preguntó extrañada una de las señoritas
de la secretaría, agregando: Haberlo dicho
antes, aquí están y los sacó
de una gaveta. El pobre poeta respiró de alivio
y al mismo tiempo comprendió una gran verdad,
que ya nadie recordaba su antes célebre pseudónimo.
Se había convertido en un poeta anacrónico
y recién lo sabía.
significaba nada, "Por pueriles el temores a
desvirtuar su condición de médico".
De estos poemas se ha dicho
que rutilan como el diamante azul del Transvaal y
el mágico ópalo de Golconda y que si
hubieran sido recogidos a tiempo habrían motivado,
influido, pesado, sobre la opinión nacional
y el gusto literario, pero nada de eso ocurrió;
solo fueron un testimonio a desatiempo.
En 1.958 sostuvo una ruda polémica
defendiendo la autoría de Ernesto Noboa y Caamaño
sobre un soneto erróneamente atribuido al argentino
Berisso. Al efecto, a medias con el Dr. Abel Romero
Castillo compuso "Historia de un Soneto"
en 63 págs.
En 1.959 editó el ensayo
"Sueño y Ensueño" en los Anales
de la Sociedad Médico Quirúrgica del
Guayas. El 60, en la Biblioteca Mínima Ecuatoriana,
"Precursores Modernista, crítica literaria"
entre las págs. 137 y 238, que el Núcleo
del Guayas republicó al año siguiente
en folleto aparte.
En 1.961 salió el segundo
tomo de "El Jardín de Lutecia" en
123 págs. y "Asclepio y Cronos" con
páginas de historia médica y paramédica
en 556 págs. que constituye su mayor recopilación
en prosa y al reorganizarse el Núcleo del Guayas
dejó de ser Miembro de Número de la
Casa de la Cultura Ecuatoriana.
En 1.964 fue condecorado con
la Orden Nacional al Mérito y el 65 editó
en Quito su ensayo "Los Precursores del Modernismo
en el Ecuador: César Borja y Falques Ampuero"
en 89 págs. eruditísmo trabajo con páginas
autobiográficas y testimonio de los poetas
de su generación. La Municipalidad de Guayaquil
le confirió la Medalla de Oro al Mérito
Literario, ya no produjo más.
Miope y atildado en su modo de ser, con aquella caballerosidad
europea que él conoció y vivió,
pasaba por la vida como científico y literato
y por consiguiente Humanista. Era miembro del Grupo
Cultural "Oasis" con cuya Directora la poetisa
María Eugenia Puig se le ligaba platónicamente
y concurría los domingos de tarde a las veladas
literarias de "Vida Porteña" en radiodifusora
Cénit.
Su consultorio pediátrico,
ubicado al lado de su departamento, estaba siempre
concurrido. La numerosa clientela lo quería
y respetaba. Amable y discreto por naturaleza, tratando
de no resentirse con nadie, caminaba parsimoniosamente
y hablaba bajito.
Sus últimos tiempos
fueron atormentados por un cáncer al estómago
que le mortificó casi dos años y falleció
lúcido y hasta conversando, siempre asistido
por sus solícitas hermanas, de 73 años
de edad, en 1.967.
Blanco, grueso, ojos claros,
pelo negro y peinado atrás que luego fue canoso.
Hernán Rodríguez Castelo ha dicho que
fue un poeta que renegó de sus orígenes
más hondos y mas originales por los caminos
fáciles (música y color) nada más.
Excelente traductor de Moreas, Regnier, Samain, etc.
en "El Jardín de Lutecia".