ADALBERTO ORTIZ QUIÑONEZ
ESCRITOR Y POETA.-
Nació en Esmeraldas el 9 de Febrero de 1.914
y fueron sus padre Leonidas Ortiz Saa, calígrafo
y Secretario de Estudios de Esmeraldas después
de la revolución y Dolores Quiñónez
Torres, esmeraldeños. Ella era nieta de Simón
Torres de la Carrera y por lo tanto sobrina segunda
del héroe Luis Vargas Torres.
Su nacimiento coincidió
con la revolución conchista que disolvió
familias y poblaciones. Su padre se enroló
en las tropas del gobierno y combatió en las
montañas de Rioverde. El abuelo Mauricio Quiñónez
y sus hijos Segundo y Leonardo Quiñónez
Torres fueron guerrilleros del gobierno en las selvas
del interior. La abuela Amalia Torres Carrasco, sus
hijas y el pequeño Adalberto que solo tenia
tres meses, viajaron en velero a Guayaquil donde su
madre ingresó a un convento.
Su tía Sara Quiñónez
Torres pasó de profesora a Naranjito, luego
enseñó en Barreiro y en 1.919 volvió
a la escuela de Guayaquil y reagrupó a la familia.
Por esos viajes el futuro escritor aprendió
sus primeras letras en Babahoyo, el 20 fue trasladado
a Guayaquil donde otra tía trabajaba de obrera,
envolviendo cigarrillos en la Fábrica El Progreso,
y fue matriculado en la Escuela Fiscal, entró
a dicha Fábrica y allí permaneció
dos años grises, de día envolviendo
cigarrillos y por las noches leyendo incesantemente
los libros que le prestaba el Profesor español
Calixto Ramírez que había sido jesuita,
compartiendo su tiempo entre su abuela que era seria
y estricta y sus buenas tías.
En 1.928, su tía Clemencia Quiñónez
Torres, quien también era Preceptora, fue nombrada
para la escuela del Recinto Vuelta Larga a la orilla
del río Teaone y todos se trasladaron a Esmeraldas.
En el trayecto de regreso escribió un cuaderno
con sus impresiones, decorado con hermosos dibujos,
en 32 págs. guiado por el Profesor Ramírez
que les acompañó. Ese primer trabajo
suyo aún permanece inédito en Esmeraldas.
(1)
Al llegar, su abuela se dedicó
durante tres meses a cobrar antiguas deudas a lo largo
del río y en compañía de su nieto,
también vivieron en Quinindé cosa de
un mes. Ese primer encuentro con la naturaleza, tras
once años de vida en Guayaquil, le abrió
los ojos hacia la selva virgen que describiría
tan bien en sus novelas sobre el trópico.
En 1.929 decidió ir
a Quito y trabajó como obrero tipógrafo
en la imprenta "Prensa Católica"
de la Orden Dominicana. La religión le atraía
por entonces y pensó en ingresar al convento
para agradar a su abuela que era muy religiosa, pero
unos tíos y primos anticlericales se opusieron
y terminaron por desanimarle.
Entonces intervinieron sus
parientes Gustavo Becerra Ortiz y Eduardo Checa Torres
que estaban de Diputados y le consiguieron una beca
completa para el Normal Juan Montalvo, más
su extrema debilidad le impidió matricularse
ese año.
El 31, su madre, que había
salido del convento para vivir con él, falleció
prematuramente. En el Normal destacó por su
disciplina y contracción y tuvo de profesores
a Justino Cornejo, Oscar Efrén Reyes, Francisco
Terán, Aquiles Pérez, etc. durante las
vacaciones visitó varias veces su provincia.
(1) Clemencia sirvió
de enfermera en la última enfermedad del escritor
Joaquin Gallegos Lara (1.946 – 1.947).
En 1.937, tras la huelga del Normal, pudo finalmente
obtener el título y regresó a Esmeraldas
como Profesor de la escuela Fiscal Juan Montalvo,
permaneciendo hasta el 40 en esas funciones.
Mientras tanto, el 38, su amigo
el Normalista Kruger Carrión le había
facilitado en préstamo el libro "Mapa
de la Poesía Negra Americana" del cubano
Emilio Ballagas y al terminar su lectura Adalberto
exclamó "Yo también he sido poeta",
compuso su primera poesía que tituló
"Jolgorio" con sones y ritmos negro que
siempre había llevado en su interior sin saberlo
y desde entonces empezó a escribir sin descanso.
Entre 1.938 y el 39 escribió
un libro de poesía negra y mulata titulado
“Tierra, son y tambor” que el Concejal
Luís Garzón presentó a la Municipalidad
de Esmeraldas para su auspicio y publicación,
pero sus restantes colegas se negaron diciendo que
eso no era poesía. Después diría
Joaquín Gallegos Lara que son acentos de alta
humanidad con novedades técnicas típicamente
negras por su eco de tambor, donde sus versos alternantes
no rimados terminan en palabras agudas en todas las
combinaciones que las vocales del español subministran.
El rechazo sufrido en su tierra le hizo comprender
que el medio en que se movía le resultaba estrecho
"y como ya tenia ideas izquierdistas y hasta
era amigo de Pedro Saad el 39 decidí venirme
a Guayaquil, en su búsqueda, a ver que pasaba".
Entonces comenzó para
Ortiz una nueva vida, Saad le presentó a Gallegos
Lara quien se transformó inmediatamente en
su mentor y amigo, presentándole en su columna
del diario "El Telégrafo" como el
nuevo poeta negrista del Ecuador, defensor de su raza
y de su poesía. Poco después le llevó
a la Sociedad de Artistas y Escritores Independientes
donde Enrique Gil Gilbert y Demetrio Aguilera Malta
se extrañaron de que alguien hiciera poesía
negrista en el Ecuador, cosa que jamás había
sucedido. Incorporado al grupo de escritores jóvenes
de Guayaquil, Ortiz comenzó a trabajar como
profesor de una escuela rural de Milagro con ingresos
bajísimos, pero en sus ratos de ocio leía
incansablemente todo cuanto caía en sus manos.
El 41 retornó a Guayaquil de profesor del Correccional
de menores y volvió a frecuentar a Gallegos
Lara quien le prestó la novela "Batoala"
del escritor martiniquense Rene Maran.
Una tarde, cuando Ortiz le
mostró su cuento "Los machos no mueren
en el colchón", le preguntó ¿Porqué
no escribes una novela? y más por hacerle caso
"fui atacando varias historias hasta darles la
composición de novela. Muchas de ellas son
mitos afroesmeraldeños que me había
contado la gente del campo, porque anduve por algún
tiempo en el campo con mi abuela, que tenía
acreencias que cobraba en canoa. Otras cosas me las
contó un negro que peleó en la invasión
del 41".
Así fue como se originó
"Juyungo", historia de un negro, una isla
y otros negros, en 278 pags. escrita entre las poblaciones
de Milagro y Guayaquil dentro del género del
realismo social, que ha sido traducida al alemán,
francés, inglés, con ella se incorporó
el ambiente negro esmeraldeño al friso social
y literario del Ecuador.
La novela nació con
suerte pues obtuvo el primer premio en el Concurso
Nacional de Novelas Ecuatorianas de 1.942, en el Latinoamericano
de New York, de la editorial Fharrar And Rinehart,
compitiendo con las mejores del continente pero no
triunfó y permaneció inédita
hasta que la Librería Vera de Guayaquil adquirió
los derechos de autor y la editó con éxito
inusitado en la Colección América Lee
de Buenos Aires en 1.943.
En el Ecuador derrotó
a "Las cruces sobre el agua" de Gallegos
Lara y a "La Isla Virgen" de Aguilera Malta
entre otras. En New York compitió con ambas
y con "Nuestro Pan" de Enrique Gil Gilbert
que obtuvo el Segundo Premio tras de El "Mundo
es Ancho y ajeno" del peruano Ciro Alegría.
De esta época recuerda Adalberto: escribíamos
a toda velocidad porque el tiempo se nos venía
corto y con Gallegos nos intercambiábamos los
originales.
La librería Gallinard
de París la tradujo al francés después
de la Guerra y comenzaron las ediciones internacionales
que aún no cesan. "Juyungo" es una
novela bella, tiene prosa poética con elementos
de una trágica realidad social, una obra de
arte cuyo argumento es un cuadro de costumbres del
negro cauchero o arrancador de tagua. Su protagonista
en una persona de aventura, vital y rebosante de fuerza,
que se precipita a un final catastrófico ya
presentido. Juyungo llegó a ser símbolo
del negro costeño ecuatoriano pero siendo un
personaje de la clase inferior su presentación
es demasiado contemplativa, casi intelectual sin embargo
le conquistó a su autor un primer sitial en
la nueva narrativa continental de los años
40 al 50.
Entre 1.942 y el 43 dirigió
la escuela fiscal No. 26 "John D. Rockefeller"
pero volvió a Esmeraldas donde tenía
a los suyos. Después de la revolución
del 28 de Mayo de 1.944 fue electo Director Provincial
de Educación y como el Presidente Velasco Ibarra
le creía comunista y pensaba que por ello podría
crearle problemas, lo mandó a llamar al Palacio
y le propuso el cargo de Canciller del Consulado en
New York. No es un cambalache le dijo varias veces,
en forma por demás reiterativa, para que no
creyera que quería sacarle de la Dirección.
Adalberto aceptó la
propuesta pues estaba joven y pobre y un viaje al
exterior le hubiera servido de mucho, pero el atrabiliario
Canciller Camilo Ponce se hizo el remolón,
creyendo que el color de la piel de Adalberto no iba
a gustar en la tierra de los gringos segregacionistas.
De todas maneras una nueva intervención de
Velasco Ibarra consiguió al fin el tan deseado
nombramiento, que salió para el consulado en
México.
Allí estuvo entre el
45 y el 48 viviendo entre los intelectuales. El 45
editó su despreciado poemario "Tierra,
son y tambor" en 82 págs. con grabados
de Galo Caleció, que obtuvo el segundo premio
entre los libros editados en México ese año,
y a visto nuevas ediciones de gran venta, Después
siguió el poemario romántico Afro-Hispoamericano
"Camino y puerto de la angustia" en 70 págs.
El 48 fue ascendido a Segundo
Secretario de la Embajada en el Paraguay y le correspondió
actuar como Encargado de Negocios por falta del titular
hasta el 49 que fue cerrada esa legación. En
1.950 vivió en Buenos Aires pero no logró
nada. El 51 fue nombrado Secretario del Núcleo
del Guayas de la Casa de la Cultura, cargo que le
sirvió para sumergirse prácticamente
en los sucesos culturales del puerto, y allí
permaneció 13 años hasta que el 63 fue
reorganizado el Núcleo. Se le veía siempre
con sus anteojos de marco delgado y con esa parsimonia
en el hablar que le daba tono de privacidad a lo conversado.
Tanto tiempo fuera del medio
selvático esmeraldeño le transformó
en ciudadano del mundo, alejándole de su habitad
natural y cambiando su literatura, que de folklórica
tomó otro rumbo, menos exitoso por cierto.
En 1 .952 contrajo matrimonio
con Violeta Adoum Auad y nació su hija Lorna
Ortiz, Ese año editó once relatos de
aquí y de allá bajo el título
de "La Mala espalda" en 164 págs.
El 53 se divorció y casó por segunda
vez con Magdalena Ordeñana Puga con dos hijos:
Natalia y Fernando Ortiz. Años después
también terminaría este vínculo
por divorcio.
En 1.954 editó catorce
estampas poéticas llamadas "El Vigilante
Insepulto" en 32 págs. y comenzó
a pintar hermosos óleos primitivos, naif. de
compleja composición, rico colorido y gran
imaginación, donde la magia se funde con la
realidad del paisaje. Entre el 54 y el 56 escribió
la novela "El Espejo y la Ventana"; con
nueva técnicas narrativas.
El 57 realizó exitosas
exposiciones en Quito y Guayaquil pero siendo ajeno
a todo interés económico continuo pintando
por el placer de hacerlo, como una evanescencia mental,
plasmando la mágica realidad de su región
nativa con su colorido, magia y símbolo ritual.
"Mi pintura es una equivalencia a mi poesía,
a mis cuentos, a mis novelas. Siempre con el pretexto
de la selva, son las mismas cosas, las mismas vivencias
y sensaciones, expresadas en otras formas". El
59 obtuvo la Primera Mención Honorífica
en el Salón de Octubre con una visión
casi alegre y en todo caso vital, dueña de
color y exhuberancia del trópico ecuatoriano.
En 1.961 seleccionó
sus poesías y salieron en un tomito llamado
"El animal herido" en 158 págs. con
los versos de Tierra, son y tambor, Camino y puerto
de la angustia, el Vigilante inspulto y otros poemas
más.
En 1.963, al subir la dictadura
militar que reorganizó la CCE, fue copy writer
en la agencia "Publicitas" redactando avisos,
cuñas, etc. para periódicos, revistas
y radios de Guayaquil, y concluyó "El
Espejo y la ventana" en 316 págs. con
otra temática que no era la suya, de todas
maneras logró el Primer Premio en el Concurso
promovido por la Unión Nacional de Periodista
de Quito y se editó en 1.967. Allí se
cuenta la vida de Mauro Lemos entre la revolución
de Esmeraldas y la invasión peruana, años
de lucha y sacrificio y de derrota final, al son de
una gran bandada de loros migratorios.
En 1.964 fue electo Secretario
de la Escuela Politécnica del Litoral hasta
el 68. El 69 fue invitado por la Universidad de Burdeos,
también dio conferencias en las de Nanterre
y París y en la Isla Guadalupe brindó
recitales de su poesía negrista. El 70 fue
invitado por el gobierno de Alemania Federal. A su
regreso fue Director de la Sección Humanidades
del Ministerio de Educación. El 71 salió
una selección de cuentos con mito, magia y
folklore en 208 págs. con el título
de "La Enfundada" que es el mejor de esos
cuentos. Desde Marzo del 72 hasta el 73 fue Director
Nacional de Turismo y de allí pasó a
ocupar la secretaría de la Comisión
de Política Petrolera donde se mantuvo hasta
el 75. Quizá tantas ocupaciones fueron la causa
para que su labor literaria se tornara parca.
En Guayaquil, nuevamente, escribió
"El retrato de la otra" drama para teatro
en un acto y dos cuadros, publicado en 18 págs.
y la novela "La envoltura del sueño"
en 186 págs. que recién apareció
el 88 y recibió una Mención Honorífica
en el Concurso promovido por la Editorial Novarro
de México entre 450 concursantes de América
y España. Esta fue su tercera novela y ha sido
calificada de novela de lenguaje y mundo narrativo
mucho más exigentes. La ironía y el
humor corrosivo son parte del relato. De ella dijo
Adalberto que la escribió con humorismo, un
poco de risa y otro de burla, desahogándose
de sus inquietudes artísticas o personales.
Entre 1.977 y el 78 fue profesor
visitante de la Universidad de Howard y su amigo el
Canciller Pareja Diez Canseco le llamó nuevamente
al servicio diplomático el 79 como consejero
Cultural de la Embajada en París.
En Febrero fue ascendido a
Embajador en Panamá, entre el 81 y el 82 estuvo
con igual calidad en la República Domicana
y habiéndose acogido a la jubilación
por limite de edad y "por no ser quiteño",
tuvo que regresar al Ecuador el 83, fijando su residencia
en la Ciudadela Los Ceibos de Guayaquil, donde adquirió
un pequeño departamento bajo, acostumbrando
desde entonces a disipar sus horas en diversas lecturas
y en concurrir diariamente al supermercado vecino,
donde era muy popular entre las guapas vendedoras.
Desde 1.995 empezó a
sufrir de micro infartos cerebrales que le postraron
en el lecho de dolor y falleció a las 5 de
la mañana del Sábado 1º de Febrero
del 2.003 de casi 81 años, siendo enterrado
al día siguiente.
Lúcido, activo, intelectualmente
joven, había concluido un nuevo poemario titulado
"La Niebla encendida". Conservador de valores
más no de estructuras, de ideas avanzadas pero
nunca afiliado a partido político alguno, tampoco
cartelista. Su carácter suave, estatura mediana
ojos y pelo negro y ensortijado, piel canela. Su conversación
encantadora, atrayente, encendida, irónica
y quizá desencantada por la soledad final en
que vivía. Escribía como hablaba, con
igual facilidad. El paso de los años dejó
profundas huellas en su rostro lo mismo que en su
andar pero no era ni hosco ni irritable, considerándose
más bien un lobo estepario que escribía
poco pero leía mucho y trabajaba para darse
un status y mejorar económicamente hablando.
Recordaba que hizo tres exposiciones
de sus cuadros, que sin embargo no había podido
reunir Una en Guayaquil y dos en Quito. La gente estaba
desde las cinco de la tarde esperando por la inauguración.
El primero en llegar fue Benjamín Carrión.
"Me fue difícil conservarlos porque la
gente se los iba llevando allí mismo y luego
iban a mi casa por más. Vendí todo,
mucho gustaron a los alemanes y norteamericanos y
si digo que más dinero he ganado con mi pintura
que con la literatura no mentiría. El que me
inició en la pintura fue mi amigo Humberto
Moré que también era esmeraldeño
y llamaba Lalot Rivadeneyra Plata".