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JUAN JOSE FLORES Y ARAMBURU
PRESIDENTE DE LA REPUBLICA." Nació en Puerto Cabello, Capitanía General de Venezuela, el 19 de Junio de 1799 (1) Hijo del comerciante español Juan José Aramburú, que se embarcó a España a los primeros síntomas de la revolución y murió en Vizcaya y de Rita Flores Bohorques, natural de Puerto Cabello, "quien solo se recomendaba por los dotes que había recibido de la naturaleza y señaladamente por su físico".

Como hijo único, al viajar su padre quedó en posesión de sus bienes consistentes en dos casas y algunos esclavos y aprendió las primeras letras en el establecimiento del canario Vicente Molina, quien le dispensó favores útiles a su infancia.

A los doce años su tío segundo Bartolomé Salom, que vivía cerca, lo alistó en las armas patriotas y actuó durante el primer sitio de Valencia. Después asistió al segundo sitio y logró salvar su vida cuando la ciudad fue tomada por los realistas, merced a la protección que le dispensó el Coronel español Remigio Ramos.

En calidad de prisionero de guerra fue trasladado a Bariñas y a Guasdalito, donde le engancharon en el cuerpo de Sanidad Militar de la División del Coronel Sebastián Calzada, que se dirigía a los llanos de Casanare y peleó en Chile contra los patriotas, con resultados indecisos. Entonces el jovencito Flores, que ya era Cadete, aprovechó la confusión del momento para separarse de esas filas y dirigirse a Pore, donde el Brigadier Rocafuerte le acogió con interés, confirmándole el rango el 14 de Abril de 1815.

(1) Se ha dado como año de su nacimiento el 1800 pero es un error.
De allí en adelante combatió en Arauca y Palmarito a las órdenes de Páez y con el Coronel Antonio Rangel estuvo en los encuentros de Mata de Miel, Mantecal, Achaguas y Paraguas. En Blanco Largo volvió con Páez que le expidió el título de Alférez efectivo el 18 de Julio de 1816. En esos encuentros solo se buscaba conquistar posiciones estratégicas mientras Bolívar atacaba a los españoles en la Nueva Granada.

Después fue Subteniente efectivo y en 1817 asistió a los acciones de Caracoles contra el Jefe español Gorrín, al sitio de San Fernando con Páez, en los tres combates de Apuritos, en la Victoria sobre el General realista Dionisio Oronoz, en los dos combates contra el Comandante Juan Duran y en San Antonio de Apure donde fue ascendido a Teniente efectivo.

Entonces se produjo la famosa batalla de Calabozo que hizo huir a Morillo hacia los llanos, donde se separaron Páez y Bolívar. Este último se enfrentó a Morillo en Senén y en la sorpresa de Rincón de los Toros, perdiendo en ambos encuentros. Páez, en cambio, lo hizo con el Brigadier de la Torre en Cogedes y también perdió. Allí Flores fue herido con una lanza en el pecho y su conducta heroica fue elogiada en la Orden General del ejército y sirvió para que Bolívar le ascendiera a Capitán el 28 de Junio de 1818, justamente a los 20 años de edad después actuó en Mijagual y en Araure.

En 1819 combatió en Nutrias, Paso Narrereño y Trapiche de la Gamarra con Bolívar, con mala fortuna; luego en Trapiche de Alejo y en la acción de la Cruz. Entonces Bolívar pasó a la Nueva Granada por el inclemente páramo de Pizba, engrosó a su ejército con varios contingentes criollos y atacó al Jefe realista Barreiro en el Pantano de Vargas y en Boyacá, cruelísimos combates que le fueron favorables y le abrieron las puertas de Bogotá consolidando la independencia Colombiana.

Mientras tanto Flores había pasado a la campaña de Merida donde luchó en el río Zama y en Mauchíes a las órdenes del General Antonio Rangel, por ello Bolívar lo ascendió a Teniente Coronel el 3 de Octubre de 1820 y el 22 de Marzo del 21 recibió el grado efectivo.

Ese año, como Jefe de Estado Mayor, peleó en la batalla de Carabobo y asistió al asedio de Puerto Cabello que terminó por caer en manos de los patriotas en 1822. Entonces pasó a Quito —donde aún continuaba la guerra- y tras la gloriosa batalla del Pichincha, Bolívar le designó Gobernador de las levantiscas sierras de Pasto en 1823 y tuvo que combatir al valiente caudillo indígena Agustín Agualongo, que con 800 hombres bien parapetados derrotó a Flores en el paso del río Juanambú, librándose de caer prisionero porque escapó con José María Obando a Popayán, mientras Agualongo avanzaba a Ibarra con el ánimo de tomar Quito, pero fue frenado por el General Bartolomé Salom, que prosiguió hacia el norte a sitiar Pasto, donde se le unió su pariente Flores.

Un mes después ambos abandonaron el sitio. Flores pasó a Túquerres y Salom se retiró a Ibarra a rehacer sus efectivos, que se volvieron a unir en una acción envolvente en Pasto, Mientras tanto Agualongo había emprendido la invasión de Barbacoas donde fue rechazado por Tomás Cipriano Mosquera y bastante debilitado regresó a Pasto, le tomaron prisionero y fue fusilado con quince de sus principales capitanes.

En esa campaña Flores sostuvo un singular duelo a caballo con un brabucón guerrillero pastuso, al que puso en vergonzosa fuga frente a las miradas de sus atónitos compañeros.

El 25 de Abril de 1824 Bolívar le designó Coronel efectivo y Comandante de la Provincia del Pichincha. Al año siguiente volvió a insurreccionarse Pasto con el Coronel Mina y el Cura José Benavides y con trescientos hombres de Tulcán los derrotó en Sucumbios.

Nuevamente en Quito contrajo matrimonio con Mercedes Jijón y Vivanco, tuvo trece hijos y un matrimonio feliz, Una descripción de su aspecto físico le muestra así: "Joven, de cuerpo algo bajo y delgado, de facciones animadas y traviesas, con fama de valiente y buen jinete, vivo, alegre, sagaz, dotado del don de gentes, activo y hábil capitán".

En 1826 sofocó la sublevación del batallón Araure en Quito y ascendió a General. El 27 fue llamado a Venezuela por Bolívar a preparar una expedición armada contra Puerto Rico y Cuba, pero la protesta de Guayaquil contra la Constitución colombiana le impidió el viaje y tuvo que iniciar una campaña militar que terminó en Septiembre de ese año con la toma del puerto principal.

En 1829 al romperse las relaciones con el Perú fue designado Jefe de Estado Mayor del ejército de Sucre, que derrotó en Tarqui a los peruanos del Mariscal Lamar.

En esa batalla mataron al caballo de Flores y una bala le atravesó el poncho. Luego de la victoria fue ascendido a General de División en el campo de batalla.

Después se retiró a Quito con el cargo de Prefecto del Departamento Sur de la Gran Colombia mientras Sucre partía a Bogotá a presidir el Congreso Admirable, así llamado, por la calidad de sus miembros.

El 13 de Mayo de ese año Flores declaró la creación de la República del Ecuador desmembrando el Distrito Sur de la Gran Colombia, siendo designado Jefe Supremo interino. Al día siguiente se instaló la Asamblea que aprobó la primera Constitución de la República. Sucre estaba en Bogotá y al enterarse de los sucesos apuró el regreso a Quito, pero fue asesinado alevosamente en las selvas de Berruecos. El crimen originó un juicio que terminó recién en 1842 con el fusilamiento de Apolinar Morillo en Bogotá, pero la polémica histórica ha perdurado hasta nuestros días, responsabilizando como autores intelectuales a los Generales José María Obando y Juan José Flores, quienes mantenían relaciones epistolares por medio de Pedro José Arteta, concuñado de Flores.

A mediados del 30 se internó hacia el norte a defender la incorporación de Pasto al Ecuador mientras el Coronel Luis Urdaneta declaraba la revolución en Guayaquil a favor de Bolívar, obligándole a regresar apuradamente a Quito donde la situación tampoco iba bien. De todas maneras se dio mañas para pactar una tregua que terminó al conocerse la súbita muerte del Libertador. Entonces Urdaneta abandonó el país.

En 1831 anexó Popayán e incorporó el Departamento del Cauca. El 32 ocurrió la sublevación del batallón Flores en Latacunga, que se desplazó hasta Bahía de Caráquez, donde sus miembros fueron exterminados. Se incorporaron también las Islas Galápagos, pero en el norte se perdió Pasto, Popayán y el Cauca. En lo personal adquirió a su compadre Miguel de Anzoátegui la hacienda La Elvira y el molino de la Chima cercador Babahoyo, con parte del dinero de un empréstito nacional (2) arribó Rocafuerte de Méjico y fue saludado por los miembros del Quiteño Libre, sociedad contraria a Flores, que le hicieron elegir diputado para que presidiera la oposición y al oponerse a la concesión de las facultades extraordinarias fue preso y trasladado al destierro, pero en mitad del camino le liberaron y proclamaron Jefe Supremo de Guayaquil, mientras en Quito abortaba la conjuración del Quiteño Libre.


(2) La llamada deuda Anzoategui de 300.000 pesos, adquirida por el Ecuador en 1831 a través del Vicepresidente Olmedo en Guayaquil a los agiotistas Pereira, Mandracha, etc. Con la garantía personal del comerciante, Miguel de Anzoategui y Cossio. I como Flores jamás pagó, tuvo que desprenderse de su valiosa hacienda Mapasingue al Norte de Guayaquil y salir a Panamá.


Entonces comenzó la guerra de los Chihuahas, Flores se trasladó cerca de Guayaquil y tras atraer al Comandante Pedro Mena, la tomó por sorpresa y obligó a los revolucionarios a huir a Puna. Mas, una nueva y sorpresiva acción le permitió apresar a Rocafuerte. Vicente Ramón Roca arregló una alianza que se suscribió el 9 de Julio de 1833 entre Flores y Rocafuerte y que al conocerse en Quito ocasionó la reacción de los sobrevivientes del Quiteño Libre, que en Abril del 34 invadieron el norte y proclamaron la Jefatura Suprema de José Félix Valdivieso, quien movilizó sus fuerzas hasta Babahoyo y ocupó el resto del país, mientras Flores entregaba el poder a Rocafuerte e iniciaba operaciones militares contra Valdivieso, produciéndose el enfrentamiento el 19 de Enero de 1835 en los campos de Miñarica, tras lo cual, Flores y Rocafuerte ocuparon Quito, mientras los vencidos huían a Colombia.

Vicente Rocafuerte inició un gobierno civilizador y progresista al tanto que Flores conservaba el poder del ejército en Babahoyo, cultivando a las musas; de esa época son las poesías que recopiló Víctor León Vivar de manos de Virginia Flores Jijón y dio a la publicidad en Chile, en 1892, bajo el título de "Ocios Poéticos"

El 39 y al término del período de Rocafuerte, el Congreso eligió Presidente a Flores, quien pudo gozar de la paz impuesta por su antecesor y dar comienzos a un ambicioso programa de obras públicas y colegios, principalmente en Quito; pero, mal aconsejado por algunos espíritus pequeños y ambiciosos, quiso eternizarse en el mando en 1843, hizo aprobar por la Convención Nacional una nueva Constitución —la tercera que tuvo la República— y que por su contenido aberrante y absurdo fue llamada "Carta de Esclavitud", que autorizaba la reelección presidencial indefinida con períodos de ocho años, convirtiéndole en el dueño legal del país, pues ya lo era del ejercito en manos de militares extranjeros a los que Rocafuerte llamó Genizaros y del Congreso que ocupaban sus amigos y cuyas representaciones habían ampliado igualmente a ocho años.

Para colmos, se estableció el cobro anual de tres pesos y medio a todo varón mayor de veintidós años y menor de cincuenta y cinco. Abuso que sirvió para que se insurreccionaran los pueblos y tuvo que suspenderse el odiado tributo.

En Quito se inauguraron varias sociedades opositoras y hasta se le quiso asesinar. Rocafuerte rompió en Guayaquil su alianza y marchó al exilio en Lima, comenzando una campaña por la prensa con sus "Cartas a la Nación", que tanto impactaron en la opinión pública hasta la revolución del 6 de Marzo de 1845 en Guayaquil.

Entonces Flores envió al temido General Otamendi a su hacienda La Elvira con el ánimo de que apenas cesaran las lluvias invadiera al puerto principal, pero los marcistas se le adelantaron y comenzó la lucha. En Mayo pudo llegar Flores, mas el cerco se fue estrechando cada vez más hasta que se vio obligado a pactar el 17 de Junio, aceptando su retiro por dos años a Europa, conservando sus empleos, honores, rentas y propiedades y el 24 salió a Guayaquil, donde lloró al comprender sus errores políticos.

Poco después, mientras se encontraba en Londres, el agente norteamericano Delazon Swith, el 10 de Agosto informó a su gobierno que Flores había sacado por la frontera sur, mediante un pariente cercano, 40.000 dólares en efectivo, joyas, diamantes y cien libras de plata en barras, suma considerada fabulosa por entonces. Debido a que pronto se conoció esta nueva fechoría, la Convención Nacional reunida en Cuenca desconoció el tratado de Virginia y su convenio adicional, empezó a preparar una invasión armada al Ecuador con su fiel amigo y acompañante el Coronel Ricardo Writgh.

En Diciembre pasó a Francia donde estudiaban tres de sus hijos. El Rey Luis Felipe le entregó el Gran Cordón de la Legión de Honor, discernido en 1844. Flores era un hombre de buen ver: "La talla mas bien pequeña que grande era bien proporcionada. Su cara, notablemente bella, era plena de expresión y benevolencia y sus maneras impresas de una graciosa distinción anunciaban al hombre de mundo hecho a los hábitos de una vida elegante. De saber sin pedantería, él escuchaba con gusto, hablaba con facilidad y encanto a sus interlocutores, con una voz dulce y armoniosa. Era valiente a toda prueba y desde su juventud, sus capacidades militares y administrativas le habían merecido ser acogido por Bolívar para comandar el Departamento Sur de Colombia".

En Francia renovó sus pedidos de armas y hombres para invadir al Ecuador, pedidos que ya había presentado en Inglaterra, pero no obtuvo resultados. En 1846 pasó a Italia. Primero estuvo en Roma visitando al Papa Gregorio XVI que le obsequió una Medalla de Oro y la bendición apostólica. También se entrevistó en su hotel con el Secretario de los Estados Pontificios. En Napoles recabó del Embajador español Ángel de Saavedra, Duque de Rivas, las necesarias Cartas de Recomendación ante la reina madre María Cristina de Borbón, viuda de Femando Vil, vuelta a casar con Manuel Muñoz, creado Duque de Riansares, en quien tenia numerosa descendencia que podría coronarse en América. En toda esa etapa Flores trató de interesar a las autoridades europeas en la conveniencia de una expedición de conquista de América.

En Junio de 1846 arribó a Madrid, promovió dicha expedición, propuso la coronación de Juan Muñoz de Borbón como Rey del Ecuador y Emperador del Perú, finalmente consiguió la protección secreta y un préstamo de un millón quinientos mil duros de la reina madre, a través de los banqueros Seriola, Carriquí, Salamanca y Buchental, al siete por ciento de interés anual, pagadero por semestres, con la garantía hipotecaria de todas las rentas del Ecuador.

Dicha expedición colonizadora debía componerse de dos mil hombres contratados en Europa, tres barcos (Neptuno, Monarca y Glenelg) y numerosas piezas de artillería. El Comandante Señen de Buenaga y Guzmundí realizó la recluta y enganche en las empobrecidas provincias vascas, mientras el Coronel Writgh lo hacía en Irlanda. Los mercedarios debían desembarcar en la ría de Guayaquil y el propio Flores dibujó unos planos bastante rudimentarios con indicación de los lugares que tenían interés. Todo ello hizo que en los corrillos internacionales se rumorara la peligrosidad de su invasión. El gobierno peruano temía, además, que la estrecha amistad del Mariscal Andrés de Santa Cruz pudiera hacer aún más peligrosa la aventura floreana. Por eso intervino ante el gobierno inglés y obtuvo el embargo e inmovilidad de las naves.

Flores se había enajenado la voluntad americana y le calificaban de "Audaz sujeto enemigo de la independencia", otros decían que estaba "interesado en finalizar una indebida y tenebrosa transacción para llevar la guerra a la república del Ecuador y a las naciones vecinas".

Y como ya no tenía nada que hacer en Europa, siguió a Washington, donde el presidente James K. Polk se negó a recibirle; luego pasó a La Habana, Kingston y Caracas en Diciembre de 1847. Allí fue atendido por sus antiguos compañeros de armas, que le confirieron el título de General en Jefe y un sueldo vitalicio.

En Enero de 1848 se descubrió en Guayaquil una conspiración de sus partidarios. En Abril estuvo en Panamá como simple particular, pero su presencia motivó agrias polémicas en el Congreso colombiano, terminando por serle notificada su orden de salida. En Agosto vivía en Costa Rica, aconsejó al Presidente Castro la independencia y luego quiso que solicitara un protectorado inglés. Sus enemigos le denostaban de apátrida, aventurero vulgar.

Mientras tanto el gobierno ecuatoriano había procedidos entregar sus bienes incautados, a Mercedes Jijón de Flores, quien pasó a administrarlos a nombre de su esposo. Ese año de 1847 el gobierno inglés abogó porque también se cumpliese lo acordado en el Tratado de la Virginia, pero la legislatura del país se opuso, subsistiendo la prohibición de su vuelta al país.

En 1852 preparó una expedición armada contra el Ecuador contando con la complicidad del presidente peruano Rufino Echanique que lo utilizaba para sus planes políticos. Ante la inminencia del conflicto, el 28 de Febrero de 1853 protestó el Concejo Cantonal de Guayaquil; también protestaron otras Municipalidades. El 4 de julio los barcos de Flores bombardearon Guayaquil sin mayores consecuencias y tuvieron que retirarse ante lo inútil de su acción. El 19 sus mercenarios derrotaron a las fuerzas del gobierno; pero, faltos de todo apoyo, terminaron por regresar a la frontera. De allí en adelante vivió en Lima con su familia, siendo motivo de frecuentes roces diplomáticos entre ambas naciones.

En 1857 decidió renunciar la ciudadanía ecuatoriana para volver a la venezolana e ingresar al escalafón militar de esa nación. De inmediato logró que su nueva patria exigiera en su nombre cuantiosas reclamaciones al Ecuador, pero al caer el régimen que las propiciaba, se solucionó el problema internacional.

A fines de 1858 la situación política se tornó muy delicada con el Perú. El Mariscal Ramón Castilla tenía planes imperialitas y ambicionaba la conquista de Guayaquil y su provincia. García Moreno conspiraba con el enemigo en Lima, en la flota enemiga vino a Guayaquil, pasó a Quito, y proclamó un Triunvirato revolucionario que abrió campaña en la sierra con diferentes suertes y viendo que requería de los servicios de un militar experimentado, aceptó la oferta que le hizo Vicente de Piedrahita, delegado de Flores, para que éste pudiera regresar al Ecuador y tomara a cargo la dirección del Ejército, que bajó a la costa por Babahoyo y derrotó a las tropas del General Guillermo Franco Herrera, Jefe Supremo de Guayaquil.

El 24 de Septiembre de 1860 finalmente, se consiguió la ocupación del puerto principal. García Moreno fue proclamado Presidente en Quito y el 5 de Octubre expidió un Decreto de reparación en honor de Flores, restituyéndole su grado militar y bienes. De allí en adelante Flores vivió entre Quito y Babahoyo y empezó a sentir serias molestias en la próstata.

En Noviembre de 1863 la Nueva Granada declaró la guerra al Ecuador, Flores dirigió las operaciones y el 6 de Diciembre fue derrotado Guaspud. En Marzo del 64 fue debelado un movimiento revolucionario en Guayaquil. Para controlar la situación bajó en Abril y sus molestias se agravaron, luego retornó a Quito. En Agosto el General José María Urbina invadió la frontera sur y ocupó el poblado de Santa Rosa el 8. En el Acta que se levantó entonces. Flores fue calificado de "criminal insigne'', poco después ocupaban Máchala y el Pasaje.

Flores se apresuró a visitar Guayaquil y recorrió la costa marítima tomando informes. Estaba muy enfermo y así lo hizo saber a García Moreno, pero éste no le creyó y hasta le amenazó si no partía al combate.

En tales circunstancias, no tuvo más que obedecer, el 25 de Septiembre se embarcó al mando de dos divisiones y el 29 trabó combate en el Pital, dispersando a un grupo de revolucionarios urbinistas, pero fue herido en el bajo vientre por una bala perdida, cayó del caballo y fue conducido a bordo del vapor Guayas. (3) El 30 se trabó otro combate y volvieron a vencer los gobiernistas. Enterado de este nuevo triunfo, pidió que lo trasladaran al Smyrk, con el objeto de regresar a Guayaquil porque sufría intensos dolores, falleciendo en mitad del golfo, a la altura de la isla Puna, el 1o. de Octubre de 1864, de 66 años de edad.

Su cadáver fue colocado dentro de un gran barril de alcohol para preservarlo por el resto del trayecto. Al arribar a Guayaquil le pusieron en


(3) El caballo ensillado fue tomado por los contrarios, quienes encontraron huellas de sangre en la montura.

un ataúd, fue llevado a Quito, enterrado en el interior de la Catedral y su familia hizo levantar un elegante túmulo de mármol de Carrara.

"Flores merece alabanza por haberse elevado desde la hez del pueblo, pero los más vigorosos anatemas por haber empleado, para su elevación, cuanto medio hay infame en la vida y en dicha elevación, haber sido flagelo para varías generaciones de un pueblo, entre el cual, ni siquiera vio la luz. Por sus manos pasaron más de cuarenta millones de pesos y no dejó ni un árbol para utilidad de ese desgraciado pueblo”.

Creó un partido poderoso y tuvo seguidores y enemigos. Fue famoso por su carácter insinuante y lleno de afabilidad. Un diplomático francés dijo en 1843 que era servicial y generoso con quienes quería atraerse pero que no retrocedía ante el empleo de viles intrigas y hasta el crimen para oprimir a sus enemigos. Sus conocimientos militares, cuyo nivel es muy relativo, unido a su valor personal, añade a su fortaleza una gran ventaja sobre los generales de los estados vecinos. Festejado en la sociedad, sin bases de instrucción, pero no sin talento natural, por su dedicación asiduo, al estudio ha reparado en los últimos años la incuria de su juventud y los conocimientos que posee hoy día le han procurado aquí éxitos literarios y en la tribuna, refiriéndose a la "Oda a Miñarica" compuesta en su honor en 1835 por José Joaquín de Olmedo y a un haz de poesías escritas por Flores en Babahoyo que se editaron después de su muerte, en Chile, bajo el nombre de "Ocios poéticos".

Fue un militar competente aunque sanguinario en la campaña de Pasto y luego de la batalla de Tarqui, donde ordenó el fusilamiento de los heridos del hospital de sangre. Ducho en el arte del adulo y en el manejo de los hombres, se conquistó un puesto importante en la sociedad quiteña por su cortesanía extremada con las damas y sus atenciones con los caballeros. A Bolívar demostró en múltiples ocasiones su servilismo, pero cuando le vio caído hizo lo que le vino en gana y desmembró la parte sur de la Gran Colombia, intentando mandar de por vida con el apoyo de los militares extranjeros. En la matanza de los patriotas del Quiteño Libre dejó todo dispuesto antes de partir a Latacunga, pensando que así deslindaría cualquier tipo de responsabilidad.

Después de la revolución nacionalista del 6 de Marzo de 1845 que le alejó del país, tramó la ruina del Ecuador y de América postrándose ante la reina María Cristina a quien le solicitó armas, dinero, hombres y buqués para que recobrara América y se constituyó en un peligro para el nuevo mundo recién libertado. Sin embargo, su mayor culpa estriba en las cartas que envió al General Obando para obtener el asesinato de Sucre.

Actualmente la Universidad Católica de Quito, a raíz de haber recibido el archivo Flores, se ha dedicado a la ingrata y absurda tarea de reivindicar su memoria a través de escritos y publicaciones, error que le esta costando la pérdida de buena parte de su prestigio como institución seria y patriótica.

En lo económico se apropió de más de la mitad del empréstito nacional de 1833 y adquirió la hacienda Elvira y el molino de la Chima cerca de Babahoyo, hundiendo a su compadre y garante el comerciante guayaquileño Miguel de Anzoátegui, que tuvo la tontería de garantizar al país. El préstamo fue de 300.000 pesos al 3% mensual, capitalizable cada tres meses; pero Flores jamás pagó un centavo y los gobiernos posteriores no quisieron reconocer el crédito por el mal uso que se le había dado. Anzoátegui tuvo que huir del país para evitar su prisión por la deuda (como garante era codeudor) y murió en la pobreza en Panamá. Sus descendientes reclamaron por años el pago de esa Deuda de Crédito Público, aunque inútilmente.

Siempre fue un mal administrador de la Hacienda Pública y mantuvo las cuentas del país a cero.

Sobre el crimen de Sucre aun no se ha dicho la ultima palabra pues desde hace poco años han surgido nuevas evidencias que indican claramente la participación del General Tomás Cipriano de Mosquera.