ENRIQUE
TABARA ZERNA
PINTOR.-
Nació el 21 de Febrero de 1930. Hijo legítimo
de Manuel Tábara Rugel, natural de Suyana al
norte del Perú, quien arribó a Guayaquil
de solo dos años traído por su madre
Rosario Rugel. Hacia 1910 estableció un negocio
de compraventa de madera con unos socios Gómez,
allí conoció a Julián de la Cerna
y explotaron juntos unos bosques de Naranjal, después
casó con Petra Zerna Moran, hija de su amigo,
tuvieron once hijos y terminaron por separarse. “Mi
madre tocaba la guitarra, mi hermano mayor pintaba
y a mis demás hermanos le gustaban los libros”.
“Estaba pequeño,
tendría unos cinco años y vi a mi hermana
pintar con unos bellos colores. Descubrí entonces
que el arte me atraía y al primer descuido
suyo cogí los tubos de colores suyos y manché
todo lo que había cerca”.
"Mi madre desde los 4
años me llevaba al campo y cuando estuve frente
a los insectos, a las mariposas, que me llamaban mucho
la atención, pretendí copiar los colores
de sus alas. Dibujaba también plantas raras.
La naturaleza siempre me ha fascinado. Después
me encontré con la sorpresa que cavando la
tierra de Puna encontré pequeñas piezas
arqueológicas, me llamaron la atención
sus dibujos y pienso que ahí formé mi
concepto respecto a la pintura y al arte", evoca.
El menor de la familia, estudió
en la escuela Fiscal No. 6 "Vicente Rocafuerte”
en Noguchi y Gomez Rendón, con la Profesora
Carmelina Sánchez de Peña y fue un alumno
muy descuidado porque solo le interesaba dibujar.
“Desatendía la clase, no quería
hacer otra cosa que pintar. Para mi, la pintura era
juego trabajo y vocación”. Cuando cursaba
quinto grado el profesor Luis Llerena le llevó
a su casa a practicar frente a un caballete.
En 1940 ganó el Primer
Premio en el Concurso interescolar de Dibujo con un
tema pauperrista denominado "Hombre picado por
mosquito” que llamó poderosamente la
atención de uno de los miembros del Jurado,
la pintora y periodista Lilo Linke, que empezó
a invitarlo a su casa de Malecón y Diez de
Agosto, le presentó a varios artistas e intelectuales
y hasta lo hacían acopiar cuadros de pintores
famosos, premiando sus esfuerzos con revistas de Arte
y a veces con monedas de plata de S/.5. En Enero del
45 su profesora de sexto grado le dio, el pase de
año y “le dijo a mi madre que yo no aprendía
nada porque me la pasaba dibujando” y como había
concluido la primaria, su madre lo llevó al
taller de Litografía de la Sociedad Filantrópica
del Guayas, donde tuvo que practicar artesanías,
dibujar letras y otros menesteres. Por eso disminuyó
su atención y a fines de año solo recibió
la Medalla al Mejor alumno, pero no la de conducta.
Y se salió porque todo lo que hacían
era copiar y el quería crear.
En 1946 pasó a la recién
creada Escuela Municipal de Bellas Artes, fue el alumno
preferido del alemán Hans Michaelson, quien
le dijo: “No importa que no dibujes, si vas
a ser pintor tienes que ser colorista, la pintura
es color; también tuvo de profesores a Luis
Martínez Serrano, Carmita Palacios y Alfredo
Palacio. En Enero de 1950 se retiró voluntariamente
porque sus hermanos jamás habían querido
que estudiara arte y solo merced a la ayuda materna,
con dinero para libros e instrumentos, había
podido cursar esos años.
Entonces Alfredo Palacio lo
invitó a asistir a un Coloquio en Quito. Allí
conoció a Guayasamín y discutió
con él sobre arte. Después vivió
tres meses en Esmeraldas pintando ambientes marinos
y mujeres, dentro de un realismo social de fuertes
colores, marcadamente expresionista y envió
tres óleos al Salón Nacional de Pintura.
No ganó premios pero despertó simpatías
y hasta una que otra controversia. El Secretario del
salón, Alberto Coloma Silva, le felicitó
por carta; Benjamín Carrión lo hizo
delante del escritor John Dos Pasos que estaba por
Quito y el pintor José Enrique Guerrero le
compró un óleo.
En 1951 participó en la Exposición colectiva
que realizaron en el Núcleo del Guayas Angel
Bravo, Estuardo Maldonado y Eduardo Moran, vendiendo
un cuadro titulado "Barrio de Carboneros".
En la antigua Casa de Cultura
de Guayaquil, había conocido la pintura de
los maestros del realismo social: Diógenes
Paredes, Luis Moscoso, Eduardo Kigman. Fue influenciado
por dicha escuela, pero nunca pintó al indio,
sino a los negros mulatos de nuestra costa, a los
marginados de la ciudad. “Entonces yo salía
de noche a dibujar a estos personajes, dibujé
a las prostitutas de la calle Machala, a los carboneros,
a las solteronas, a los salones de baile, ese era
mi mundo hasta el año 53 en que empecé
a enfrentarme con las formas del arte moderno”.
Mientras tanto seguía
viviendo con su madre y hermanos en un departamento
alquilado en Cuenca y Villavicencio y como allí
no tenia suficiente espacio para pintar, se cambió
a un galpón vacío en Letamendi y 6 de
Marzo, propiedad familiar.
En Diciembre expuso 30 óleos
expresionistas en el antiguo local del Núcleo
del Guayas. Coincidencialmente pasaba por Guayaquil
Luce de Perou dueña de la Galería Artes.
La acompañaba Guayasamín, quien al ver
la muestra, exclamó: "En el Ecuador solo
hay dos pintores: Tábara y yo" causando
enorme sorpresa a la crítica y conmoción
en los medios artísticos del país, que
aún desconocían a tan joven pintor.
Según Hernán
Rodríguez Castelo la pintura de Tábara
era hasta grosera, pues "sentía predilección
por las prostitutas, seducido por las trágicas
contradicciones de esas criaturas atrapadas entre
la belleza y la fealdad, entre el placer y el vicio".
En 1953 Benjamín Carrión
adquirió dos óleos "Mujeriego"
y "La Solterona" para los museos de la Casa
de la Cultura en Quito y Guayaquil. Entonces se alzaron
algunas protestas de parte de críticos más
bien conservadores, que calificaron de monstruoso,
el refinamiento estético de la institución.
"Mi familia se dio cuenta por primera vez que
la pintura podía ser rentable, pues arreglé
el departamento, pagué alquileres atrasados
y empecé a contribuir para los gastos de la
comida".
Entre el 53 y el 54 comenzó
a trabajar hermosas selvas que tenían "algo
de la magia primitiva de Rousseau pero sin lograr
su plenitud, eran semillero de formas. También
pintaba temas abstractos dentro de la más pura
vanguardia. Su óleo "Formas'' de 1953
“tiende a buscar concreción en figuras
de piernas humanas, preludiando una etapa bastante
posterior en que piernas y pies serían el elemento
compositivo fundamental de una vigorosa expresión
abstracta, juegos de signos o señales que buscaban
deshacer la geometría habitual del mundo”.
Tábara ha declarado:
"No se los enseñaba a nadie, hasta que
una tarde se los mostré al crítico uruguayo
Aristides Meneguetti, entonces en Guayaquil, de paso
a Colombia, quien daba conferencias contra las vacas
sagradas del arte. El se emocionó y me dijo
que encontraba en mí las ideas del gran pintor
y paisano suyo, Joaquín Torres García,
de hacer una pintura americana". (1)
"Dio varias charlas en
Guayaquil y Quito repitiendo que mi pintura representaba
el camino de la nueva pintura americana y hasta la
comparó con la de Manuel Rendón, a quien
también admiraba mucho.
Desde ese momento comprendí
que estaba llamado para muy altos designios y corté
amarras con mi pasado compuesto de un mundo exterior
figurativo de esperpentos y prostitutas, y hasta rompí
cosa de doscientos dibujos".
(1) Para Torres García
pintar era construir cosas, organizar lo vital como
geometría. Rodríguez Castelo ha opinado
que por entonces Tábara soñaba con oponer
a la bullente vorágine de la selva tropical,
equilibrios a lo Mondrián. con divisiones geométricas,
celdillas donde inscribir elementos pictográficos.
En 1954 Monserrat Maspons y Bigas le consiguió
una beca del Gobierno del Dr. Velasco Ibarra para
estudiar dos años de pintura en Barcelona,
con 44 dólares mensuales para gastos de manutención,
pero debía pagarse el pasaje. (2)
En 1955 arribó a Barcelona
y se matriculó en la Escuela de Bellas Artes,
no se acostumbró y al poco tiempo se cambió
a la Lonja, donde permaneció tres años,
viviendo en casa del matrimonio Vilá en las
calles General Mola y José María Claret.
“Fue maravilloso porque
me enfrenté no solo con la pintura española
sino mundial, pude realmente confrontar mi trabajo
con tantos maestros y me dí cuenta que había
mucho que aprender, pero mis trabajos ya se planteaban
cierta inquietud del arte moderno”. Su primer
gran amigo fue el pintor alemán Will Faber,
quien lo conectó a otros artistas, también
gozó de la amistad y protección del
guayaquileño Roberto Maspons y Pifarré
por entonces estudiante en Barcelona, con parientes
ricos y una posición desahogada y del poeta
Joan Brosa, líder intelectual del momento,
que le presentó a las principales figuras intelectuales
de la ciudad Condal.
"En Barcelona le esperaba
una estupenda sorpresa: Modest Cuixart, Moisés
Vilelia, Joan Miró, Antoni Tapies, Joan Pons
y Joan Josep Tarrats estaban empeñados en la
gran empresa del Informalismo. es decir, buscando
beneficiar, como ninguna pintura lo hiciera antes,
los secretos y posibilidades de la materia";
por eso, al celebrarse poco después en
(2) Su amigo Lalot Rivadeneyra
Plata le pidió que pintara diez cuadros comerciales
con temas marinos para venderlos rápidamente
e ir con las ganancias a medias, de suerte que pudiera
pagar el pasaje. Tábara los pintó enseguida,
pero como no estaban dentro de su línea se
negó a firmarlos e inventó un seudónimo
“Humberto Moré”, que Rivadeneyra
adoptó como propio en los medios artísticos.
Tábara también pintó otras marinas
comerciales para poder irse del país, que fueron
vendidas por Luis Martínez Moreno, a) Zalacaín.
Barcelona la III Bienal Hispanoamericana de Arte,
que ganó Guayasamín, el Segundo Premio
fue adjudicado a Antoni Tapies por su pintura informalista,
que Tábara descubrió inmediatamente,
entusiasmándose de su belleza, lógica
y novedad. (3).
Poco después debutó
exponiendo en el Ayuntamiento de Sarria veinte óleos
entre figurativos, abstractos e informalistas. Las
dos primeras escuelas eran aún rezagos de su
época de Guayaquil y la ultima, como ya se
dijo, la había tomado en Barcelona. En dicha
muestra conoció y trató al poeta Joan
Brossa, miembro del grupo "Dou al set" (Dado
al siete) quien le conectó con ese grupo, cuya
revista estaba dedicada a fomentar la pintura y la
poesía vanguardista y como también frecuentaba
al pintor alemán Wild Faber, conocedor de todas
las técnicas de pintura moderna, pasó
a ser un miembro más de la Escuela de Pintura
informalista de Barcelona. El 57 expuso en las Galerías
Layetanas.
Durante estos primeros tiempos
en la Ciudad Condal su pintura "rebasa los limites
de lo geométrico, pero sin renegar de esa apasionada
búsqueda de los motivos enraizados con la tradición
de su Patria. Pervierte lo geométrico y lo
modifica con lo Informal, no para estar a una moda,
sino para obligar a la forma como a la materia, a
una sumisión, a una disponibilidad indefinida".
(3) Se conoce por Informalismo a la tendencia que
apareció en el ambiente artístico parisién
de Vanguardia en 1943 bautizado como "un art
autre". Fueron sus fundadores Jean Dubuffet,
Jean Fautrier y Woes Schuitze en Francia y Jackson
Pollock y Marc Tobley en los Estados Unidos y consiste
en el intento de comunicar a la pintura y a la escultura
la expresión de movimiento adherido a la raíz
biológica de las abstracciones y de las represiones.
Tendencia que trata de situar
en primer plano el valor comunicativo, a nivel subconciente
de la materia y de gesto, negando el viejo concepto
de forma.
Para 1958, ya con la beca extinguida, buscó
trabajo a medio tiempo como restaurador de muebles
y continuó estudiando y pintando. Joan Josep
Tarrat le hizo una estupenda crítica y Joan
Brossa lo presentó en la Sala Gaspart Club
49, a puertas cerradas como es usual allí.
Su estilo informalista, diferenciado ya del de Antoni
Tapies, le singularizaba. "Cada mancha y cada
meandro puede ser el resto de un ornamento, pero cada
ornamento es un fantasma de sí mismo, la huella
de un anhelo, el rastro de un movimiento cultural
bastamente extendido por la geografía, pero
único, inequívoco en su aspiración
al paraíso". Había surgido lo precolombino
en su pintura informalista, es decir, el rescate de
viejos signos dando preferencia a lo geométrico,
al relieve, a la superposición de figuras dentro
de las casillas, como lo había preconizado
el gran Joaquín Torres García.
La critica vio en las telas
de Tábara "un trasfondo religioso que
lo invade todo, formas, colores, materias, organización
de los signos, ritmo de las series y una extraña
gravedad como un silencio de desierto o selva. Visión
hermética y al mismo tiempo mágica",
originada en la nostalgia de tantos años en
el exterior y en el sano orgullo de sentirse americano.
El 59 expuso óleos Precolombinos
en la Sala Nebli de la calle Serrano de Madrid y para
pintar con calma alquiló una buhardilla en
la calle Rosellón, cerca de la Rambla de Cataluña,
donde le ocurrió que mientras mezclaba óleos
con arena para relievar ciertas superficies se le
cayó un poco de diluyente sobre un cuadro que
tenía secando en el suelo y aparentemente lo
dañó. Alterado con el incidente tiró
un trapo que tenía entre manos y se fue disgustado.
Al día siguiente encontró que el trapo
impregnado de diluyente, había formado un todo
–un collage- con el óleo; lo halló
de hermoso efecto y con una hoja de afeitar dio forma
a los relieves y logró una nueva textura.
Ese año contrajo matrimonio
con la española Esther Villalba Porta y tuvieron
dos hijos; para el Arq. José Ortiz Echague
realizó un gran mural exterior de 15 x 8 metrs.
en la Sucursal de las calles Hilarión Eslava
y Princesa del Banco Popular Español.
En 1960 aceptó una invitación
del poeta Andree Bretón y concurrió
a la Exposition Internationale du Surrealismo de París,
como miembro del grupo Informalista español.
“A los encargados de la selección les
había gustado un cuadro mío titulado
Erótico, que vieron en una galería,yo
estaba en la etapa del constructivismo porque había
empezado a meter en mis pinturas cosas diferentes
de carácter geométrico, lo cual no se
había hecho antes en España”.
Meses después, el negociante suizo de obras
de arte George Kasper, dueño de la Galería
de Arte de su nombre en Lausana, le contrató
por cinco años, para promocionar y vender en
exclusiva la obra de Tábara en Europa, pagándole
mil francos mensuales y reconociendo la mitad del
valor de sus cuadros. Para ello le exigió que
se trasladara con su familia al pueblito de Morges,
a pocos kilómetros de Lausana, a pintar en
paz; pero su esposa no se acostumbró a vivir
allí y poco después regresó a
la Ciudad Condal.
Por eso tuvo que romper el
61 con Kasper. En Barcelona fue contratado con la
Galería Rene Metras. Fueron años asendereados,
de continuas exposiciones en Europa (Munich, Madrid,
Milán, Lisboa, Barcelona, Bremen) siempre exitosamente
pues lo Precolombino era admirado, apreciado, no como
algo exótico, pues era demasiado universal.
También el 61 le llamaron
a la Bienal Internacional de Sao Paulo en Brasil.
Envió once grandes óleos precolombinos,
pero alegaron que no podía exponer "por
ser español". Al poco tiempo, como no
habían sido retirados de la Aduana, fueron
quemados con gravísima pérdida para
el arte y como no estaban asegurados perdió
mucho dinero. El 62 salió nuevamente en representación
de España, esta vez a la Feria Internacional
de New York, donde se exhibieron grandes cuadros de
pintura mundial de todos los tiempos como la maja
desnuda de Goya
El 64 José Gómez
Sicres le invitó a la “Panamerican Unión"
de Washington, donde expuso en Mayo y le dijo: “Plántate
en tu tierra si quieres germinar”. A continuación
pasó a Guayaquil tras nueve años de
ausencia, encontrando un ambiente caldeado por la
dictadura; sin embargo, tal fue la atracción
que sintió por su tierra, que decidió
quedarse para siempre en ella.
El 65 expuso en el Museo de
Arte Moderno de Bogotá y la crítica
Marina Trava declaró: "No hay ninguna
pintura en Latinoamérica que, como la de Tábara,
exprese tan exactamente el no-ser indígena"
y comparándole con Guayasamín agregó:
"Guayasamin es un mito, Tábara el antimito".
Ese año fue invitado
a exponer en la Sala Camilo Egas del Centro Ecuatoriano
Norteamericano de Quito, pero siete días antes
de la inauguración estalló en el local
una bomba, como protesta por el desembarco de unos
marines en Centroamérica. De todas formas se
abrió la Muestra con gran expectativa y surgió
la polémica. El grupo de los Tzanzicos le acusó
de no hacer un arte americano; sin embargo, ya pintaban
con estilo precolombino Estuardo Maldonado en Italia
y luego lo harían Aníbal Villacís
y Gilberto Almeida en Quito y Segundo Espinel en Guayaquil,
mientras en Perú y Bolivia Szyszlo y Pantoja
testimoniaban con lo ambiguo del signo, la expresión
de lo indio, sin la necesidad de la figura y la anecdótica.
Lamentablemente lo precolombino ha cesado por ahora
como forma de expresión, pues al estructurarse
con elementos humanos y con piezas mecánicas
al final de la década de los años 60,
se metamorfoseó.
En 1967 obtuvo el I Premio
en el Salón de Julio, empezando a cambiar "hacia
formas más libres y más indecisas; hay,
si cabe, una vuelta al informalismo, pues nuevamente
se dibujan estructuras".
El primer trabajo en este nuevo
sentido lo realizó encontrándose en
el Hotel Dixi de New York. "Se me ocurrió
hacer una figura humana y cortarla, la cabeza rodó
por aquí, quiere decir que no sabe pensar;
el corazón no sabe sentir, no sabe vivir, no
sabe comer, y me quedé con las piernas. Esto
puede parecer absurdo, pero así comencé
a realizar mis primeros cuadros con estos temas, que
dieron en llamarse el pata pata, donde la estructura
es el principio organizador y los pies y piernas el
elemento compositivo".(4) Las primeras acuarelas
que pintó, unas amarillentas sobre fondo azul,
está en el Museo del Banco Central de Guayaquil.
Su fama seguía agigantándose
pues era considerado un solitario iluminado y lúcido
que buscaba solamente lo esencial. Rodríguez
Castelo ha dicho de esta nueva etapa, donde polarizó
su tensión entre la magia y la estructura,
organizando su obra dentro de coordenadas geométricas
y ópticas, que fue una búsqueda y un
sondeo frente a elementos de un mundo deshecho y desolado,
que trataba de integrar en estructuras de sentido.
Su finísima sensibilidad de artista se abría
a angustia de la deshumanización de la era
tecnológica y los desasosegantes enigmas de
un futuro incierto.
Según el crítico
Juan Castro y Velásquez las piernas y pies
se convirtieron por dos décadas en el icono
con que el pintor crea una obra que contrapone en
la composición, espacios vacíos delimitados
por formas que producen una sensación anímica
en el borde de la tensión y el reposo.
En 1975 y tras once años
de viajar constantemente por Latinoamérica,
pudo regresar a Barcelona, pero la encontró
conmocionada con la muerte de Franco y solo estuvo
tres meses. El 77 el Banco Central del Ecuador lanzó
una Muestra Retrospectiva de sus últimos años,
(4) Al ver uno de sus cuadros un hijo suyo dijo: Las
pata patas de mi papá. Carlos Béjar
Portilla lo contó afuera. Alfredo Pareja Diez
– Canseco habló en su primera exposición
en Quito dijo que esos Pata – Patas no eran
ante nada parecido. Al saberlo, decidí que
mi nueva pintura quedaba oficialmente bautizada con
ese nombre.
"permitiendo apreciar
la grandeza del más creativo de los artistas
ecuatorianos de la década, así como
el apasionado rigor de su búsqueda al margen
de fáciles aceptaciones comerciales o de la
aprobación obvia del filisteo".
A esa Muestra su autor denominó
"La Persistencia de una imagen", estilización
más o menos avanzada de las extremidades, que
reúne y dispersa para transformar en elementos
útiles a sus composiciones como pretexto de
creación de un universo táctil, que
alcanza lo magistral, sobrepasando lo contingente.
Tábara ha complementado
su explicación sobre la etapa de pies y piernas,
agregando que las siguió haciendo porque le
gustaba sus formas que parecíanle fantásticas,
un pretexto para lo que quería, meter formas
en el espacio, cada cosa y un color diferente siempre.
En 1980 les incorporó zapatos. En unos casos
el mundo era geométrico, en otros barroco,
a veces vacío y a veces lleno, el tema persistió
por muchos años. Así pues, preparó
"un clima" para que los pintores jóvenes
del Ecuador traten por ésos y por otros caminos
de encontrar nuevas maneras de expresión y
de realización personal.
En 1982 fue invitado por el
Presidente Oswaldo Hurtado, con otros 14 artistas
ecuatorianos, a un almuerzo en el Palacio; reconocimiento
implícito a su fama y esfuerzo. Desde hacía
mucho tiempo acostumbraba viajar todas las mañanas
al cercano pueblo de tres postes, vecino de Milagro
donde tiene una casa de campo y un taller. Allí,
en comunión con la naturaleza, empezó
a pintar imágenes vegetales.
El 84 manteniendo la calidad
formal de una riquísima textura de empastes
trabajados con una maestría excepcional, comenzó
a introducir hojas y árboles a sus composiciones
de pies y piernas. El 89 participó en la II
Bienal Internacional de Cuenca y obtuvo un Segundo
Premio con sabor a Primero. Enseguida se presentó
en Guayaquil. Trece óleos, doce tizas-pastel
y unas pocas tintas le sirvieron para destacarse nítidamente
entre los demás concursantes. Oleos elaborados,
tintas libres, fresca imaginación y toques
de brillante talento, dentro de su segurísimo
oficio con árboles como pretexto y a veces,
a lo lejos, paisajes yermos, severos. Etapa nueva,
pero con los elementos propios de la anterior en el
follaje. Rodríguez Castelo, con gran lucidez,
ha manifestado que estamos frente a la vuelta a la
naturaleza después de lo humano, por eso pinta
el interior de unas grandes hojas, grávido
de esos elementos. No se trata de criaturas vegetales
vistas ingenua o decorativamente, pues cumplen una
función de mediadores de sentidos. ¿Visualidad
pura o signos? simple pretextos para el juego plástico
de texturas, formas, ritmos y colores. Ese es el mundo
propio de formas que ha creado Tábara.
En 1995 incursionó en
el mundo de los insectos pero el 98 declaró:
El verdadero artista siempre está evolucionando,
cambiando. “Por ejemplo, acabo de salir de mi
etapa de los insectos y estoy entrando en una pintura
que encuentro más seria, donde hay un poquito
más de razón y lógica. Es una
mezcla un poco absurda, pero para mí es un
reto esto de asociar realismo y abstraccionismo, sin
caer en lo decorativo”.
“Yo creo que la labor
más importante de un artista es siempre creer
que el arte no termina nunca”. Para Tábara,
el concepto de la obra de arte ha variado bastante.
“He perdido ese deseo de querer poner una idea
inmortal en el cuadro o un contenido que impresione
a la gente en cada cuadro, para mí eso ya ha
pasado de moda, eso terminó en una novela barata
de mal gusto. La pintura tiene que salvarse siempre
como pintura. La obra de este pionero tiene que ser
estricta y esencialmente una creación artística,
después surgiría el contenido”.
La obra de Tábara tiene dos facetas principales
una pintura figurativa, siempre recurrente, que abarca
desde paisajes a retratos con una evidente calidad
contemporánea, y una pintura lírica
y reflexiva en que el artista, a través de
cinco décadas de constante y renovada producción,
retrata su historia y la de su mundo tropical ecuatorial.
Enrique Tábara no es un artista encasillado
en una tendencia o un ismo; su condición y
personalidad radica justamente en una rebeldía
creativa y una originalidad siempre sacudida por un
inquieta musa que tantas veces lo ha llevado a reconsiderar
su propia obra y realizar drásticos rompimientos
que han evitado que su pintura sea una condescendiente
repuesta al mercado de arte.
Su estatura mediana, tez trigueña,
pelo zambo y blanco, ojos negros y vivaces, representa
muchísimo menos edad que la que tiene, pues
es delgado, ágil, sencillo y hasta podría
pasar por campirano, aunque en el fonde es cosmopolita.
Con sus amigos y conocidos
siempre jovial y hasta dicharachero, usa las confianzas
sin cortesanías; se le quiere y considera a
sabiendas que es el pintor más creativo del
país en la segunda mitad del siglo XX.
El 99 realizó una Exposición
en Guayaquil, Quito, Cuenca en homenaje a su amigo
el fallecido poeta Catalán Joan Brossa. Al
poco tiempo, expuso 210 obras retrospectivas en la
Bienal de Cuenca cubriendo 50 años de producción.