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ENRIQUE TABARA ZERNA
PINTOR.- Nació el 21 de Febrero de 1930. Hijo legítimo de Manuel Tábara Rugel, natural de Suyana al norte del Perú, quien arribó a Guayaquil de solo dos años traído por su madre Rosario Rugel. Hacia 1910 estableció un negocio de compraventa de madera con unos socios Gómez, allí conoció a Julián de la Cerna y explotaron juntos unos bosques de Naranjal, después casó con Petra Zerna Moran, hija de su amigo, tuvieron once hijos y terminaron por separarse. “Mi madre tocaba la guitarra, mi hermano mayor pintaba y a mis demás hermanos le gustaban los libros”.

“Estaba pequeño, tendría unos cinco años y vi a mi hermana pintar con unos bellos colores. Descubrí entonces que el arte me atraía y al primer descuido suyo cogí los tubos de colores suyos y manché todo lo que había cerca”.

"Mi madre desde los 4 años me llevaba al campo y cuando estuve frente a los insectos, a las mariposas, que me llamaban mucho la atención, pretendí copiar los colores de sus alas. Dibujaba también plantas raras. La naturaleza siempre me ha fascinado. Después me encontré con la sorpresa que cavando la tierra de Puna encontré pequeñas piezas arqueológicas, me llamaron la atención sus dibujos y pienso que ahí formé mi concepto respecto a la pintura y al arte", evoca.

El menor de la familia, estudió en la escuela Fiscal No. 6 "Vicente Rocafuerte” en Noguchi y Gomez Rendón, con la Profesora Carmelina Sánchez de Peña y fue un alumno muy descuidado porque solo le interesaba dibujar. “Desatendía la clase, no quería hacer otra cosa que pintar. Para mi, la pintura era juego trabajo y vocación”. Cuando cursaba quinto grado el profesor Luis Llerena le llevó a su casa a practicar frente a un caballete.

En 1940 ganó el Primer Premio en el Concurso interescolar de Dibujo con un tema pauperrista denominado "Hombre picado por mosquito” que llamó poderosamente la atención de uno de los miembros del Jurado, la pintora y periodista Lilo Linke, que empezó a invitarlo a su casa de Malecón y Diez de Agosto, le presentó a varios artistas e intelectuales y hasta lo hacían acopiar cuadros de pintores famosos, premiando sus esfuerzos con revistas de Arte y a veces con monedas de plata de S/.5. En Enero del 45 su profesora de sexto grado le dio, el pase de año y “le dijo a mi madre que yo no aprendía nada porque me la pasaba dibujando” y como había concluido la primaria, su madre lo llevó al taller de Litografía de la Sociedad Filantrópica del Guayas, donde tuvo que practicar artesanías, dibujar letras y otros menesteres. Por eso disminuyó su atención y a fines de año solo recibió la Medalla al Mejor alumno, pero no la de conducta. Y se salió porque todo lo que hacían era copiar y el quería crear.

En 1946 pasó a la recién creada Escuela Municipal de Bellas Artes, fue el alumno preferido del alemán Hans Michaelson, quien le dijo: “No importa que no dibujes, si vas a ser pintor tienes que ser colorista, la pintura es color; también tuvo de profesores a Luis Martínez Serrano, Carmita Palacios y Alfredo Palacio. En Enero de 1950 se retiró voluntariamente porque sus hermanos jamás habían querido que estudiara arte y solo merced a la ayuda materna, con dinero para libros e instrumentos, había podido cursar esos años.

Entonces Alfredo Palacio lo invitó a asistir a un Coloquio en Quito. Allí conoció a Guayasamín y discutió con él sobre arte. Después vivió tres meses en Esmeraldas pintando ambientes marinos y mujeres, dentro de un realismo social de fuertes colores, marcadamente expresionista y envió tres óleos al Salón Nacional de Pintura. No ganó premios pero despertó simpatías y hasta una que otra controversia. El Secretario del salón, Alberto Coloma Silva, le felicitó por carta; Benjamín Carrión lo hizo delante del escritor John Dos Pasos que estaba por Quito y el pintor José Enrique Guerrero le compró un óleo.
En 1951 participó en la Exposición colectiva que realizaron en el Núcleo del Guayas Angel Bravo, Estuardo Maldonado y Eduardo Moran, vendiendo un cuadro titulado "Barrio de Carboneros".

En la antigua Casa de Cultura de Guayaquil, había conocido la pintura de los maestros del realismo social: Diógenes Paredes, Luis Moscoso, Eduardo Kigman. Fue influenciado por dicha escuela, pero nunca pintó al indio, sino a los negros mulatos de nuestra costa, a los marginados de la ciudad. “Entonces yo salía de noche a dibujar a estos personajes, dibujé a las prostitutas de la calle Machala, a los carboneros, a las solteronas, a los salones de baile, ese era mi mundo hasta el año 53 en que empecé a enfrentarme con las formas del arte moderno”.

Mientras tanto seguía viviendo con su madre y hermanos en un departamento alquilado en Cuenca y Villavicencio y como allí no tenia suficiente espacio para pintar, se cambió a un galpón vacío en Letamendi y 6 de Marzo, propiedad familiar.

En Diciembre expuso 30 óleos expresionistas en el antiguo local del Núcleo del Guayas. Coincidencialmente pasaba por Guayaquil Luce de Perou dueña de la Galería Artes. La acompañaba Guayasamín, quien al ver la muestra, exclamó: "En el Ecuador solo hay dos pintores: Tábara y yo" causando enorme sorpresa a la crítica y conmoción en los medios artísticos del país, que aún desconocían a tan joven pintor.

Según Hernán Rodríguez Castelo la pintura de Tábara era hasta grosera, pues "sentía predilección por las prostitutas, seducido por las trágicas contradicciones de esas criaturas atrapadas entre la belleza y la fealdad, entre el placer y el vicio".

En 1953 Benjamín Carrión adquirió dos óleos "Mujeriego" y "La Solterona" para los museos de la Casa de la Cultura en Quito y Guayaquil. Entonces se alzaron algunas protestas de parte de críticos más bien conservadores, que calificaron de monstruoso, el refinamiento estético de la institución. "Mi familia se dio cuenta por primera vez que la pintura podía ser rentable, pues arreglé el departamento, pagué alquileres atrasados y empecé a contribuir para los gastos de la comida".

Entre el 53 y el 54 comenzó a trabajar hermosas selvas que tenían "algo de la magia primitiva de Rousseau pero sin lograr su plenitud, eran semillero de formas. También pintaba temas abstractos dentro de la más pura vanguardia. Su óleo "Formas'' de 1953 “tiende a buscar concreción en figuras de piernas humanas, preludiando una etapa bastante posterior en que piernas y pies serían el elemento compositivo fundamental de una vigorosa expresión abstracta, juegos de signos o señales que buscaban deshacer la geometría habitual del mundo”.

Tábara ha declarado: "No se los enseñaba a nadie, hasta que una tarde se los mostré al crítico uruguayo Aristides Meneguetti, entonces en Guayaquil, de paso a Colombia, quien daba conferencias contra las vacas sagradas del arte. El se emocionó y me dijo que encontraba en mí las ideas del gran pintor y paisano suyo, Joaquín Torres García, de hacer una pintura americana". (1)

"Dio varias charlas en Guayaquil y Quito repitiendo que mi pintura representaba el camino de la nueva pintura americana y hasta la comparó con la de Manuel Rendón, a quien también admiraba mucho.

Desde ese momento comprendí que estaba llamado para muy altos designios y corté amarras con mi pasado compuesto de un mundo exterior figurativo de esperpentos y prostitutas, y hasta rompí cosa de doscientos dibujos".

(1) Para Torres García pintar era construir cosas, organizar lo vital como geometría. Rodríguez Castelo ha opinado que por entonces Tábara soñaba con oponer a la bullente vorágine de la selva tropical, equilibrios a lo Mondrián. con divisiones geométricas, celdillas donde inscribir elementos pictográficos.
En 1954 Monserrat Maspons y Bigas le consiguió una beca del Gobierno del Dr. Velasco Ibarra para estudiar dos años de pintura en Barcelona, con 44 dólares mensuales para gastos de manutención, pero debía pagarse el pasaje. (2)

En 1955 arribó a Barcelona y se matriculó en la Escuela de Bellas Artes, no se acostumbró y al poco tiempo se cambió a la Lonja, donde permaneció tres años, viviendo en casa del matrimonio Vilá en las calles General Mola y José María Claret.

“Fue maravilloso porque me enfrenté no solo con la pintura española sino mundial, pude realmente confrontar mi trabajo con tantos maestros y me dí cuenta que había mucho que aprender, pero mis trabajos ya se planteaban cierta inquietud del arte moderno”. Su primer gran amigo fue el pintor alemán Will Faber, quien lo conectó a otros artistas, también gozó de la amistad y protección del guayaquileño Roberto Maspons y Pifarré por entonces estudiante en Barcelona, con parientes ricos y una posición desahogada y del poeta Joan Brosa, líder intelectual del momento, que le presentó a las principales figuras intelectuales de la ciudad Condal.

"En Barcelona le esperaba una estupenda sorpresa: Modest Cuixart, Moisés Vilelia, Joan Miró, Antoni Tapies, Joan Pons y Joan Josep Tarrats estaban empeñados en la gran empresa del Informalismo. es decir, buscando beneficiar, como ninguna pintura lo hiciera antes, los secretos y posibilidades de la materia"; por eso, al celebrarse poco después en

(2) Su amigo Lalot Rivadeneyra Plata le pidió que pintara diez cuadros comerciales con temas marinos para venderlos rápidamente e ir con las ganancias a medias, de suerte que pudiera pagar el pasaje. Tábara los pintó enseguida, pero como no estaban dentro de su línea se negó a firmarlos e inventó un seudónimo “Humberto Moré”, que Rivadeneyra adoptó como propio en los medios artísticos. Tábara también pintó otras marinas comerciales para poder irse del país, que fueron vendidas por Luis Martínez Moreno, a) Zalacaín.
Barcelona la III Bienal Hispanoamericana de Arte, que ganó Guayasamín, el Segundo Premio fue adjudicado a Antoni Tapies por su pintura informalista, que Tábara descubrió inmediatamente, entusiasmándose de su belleza, lógica y novedad. (3).

Poco después debutó exponiendo en el Ayuntamiento de Sarria veinte óleos entre figurativos, abstractos e informalistas. Las dos primeras escuelas eran aún rezagos de su época de Guayaquil y la ultima, como ya se dijo, la había tomado en Barcelona. En dicha muestra conoció y trató al poeta Joan Brossa, miembro del grupo "Dou al set" (Dado al siete) quien le conectó con ese grupo, cuya revista estaba dedicada a fomentar la pintura y la poesía vanguardista y como también frecuentaba al pintor alemán Wild Faber, conocedor de todas las técnicas de pintura moderna, pasó a ser un miembro más de la Escuela de Pintura informalista de Barcelona. El 57 expuso en las Galerías Layetanas.

Durante estos primeros tiempos en la Ciudad Condal su pintura "rebasa los limites de lo geométrico, pero sin renegar de esa apasionada búsqueda de los motivos enraizados con la tradición de su Patria. Pervierte lo geométrico y lo modifica con lo Informal, no para estar a una moda, sino para obligar a la forma como a la materia, a una sumisión, a una disponibilidad indefinida".


(3) Se conoce por Informalismo a la tendencia que apareció en el ambiente artístico parisién de Vanguardia en 1943 bautizado como "un art autre". Fueron sus fundadores Jean Dubuffet, Jean Fautrier y Woes Schuitze en Francia y Jackson Pollock y Marc Tobley en los Estados Unidos y consiste en el intento de comunicar a la pintura y a la escultura la expresión de movimiento adherido a la raíz biológica de las abstracciones y de las represiones.

Tendencia que trata de situar en primer plano el valor comunicativo, a nivel subconciente de la materia y de gesto, negando el viejo concepto de forma.
Para 1958, ya con la beca extinguida, buscó trabajo a medio tiempo como restaurador de muebles y continuó estudiando y pintando. Joan Josep Tarrat le hizo una estupenda crítica y Joan Brossa lo presentó en la Sala Gaspart Club 49, a puertas cerradas como es usual allí. Su estilo informalista, diferenciado ya del de Antoni Tapies, le singularizaba. "Cada mancha y cada meandro puede ser el resto de un ornamento, pero cada ornamento es un fantasma de sí mismo, la huella de un anhelo, el rastro de un movimiento cultural bastamente extendido por la geografía, pero único, inequívoco en su aspiración al paraíso". Había surgido lo precolombino en su pintura informalista, es decir, el rescate de viejos signos dando preferencia a lo geométrico, al relieve, a la superposición de figuras dentro de las casillas, como lo había preconizado el gran Joaquín Torres García.

La critica vio en las telas de Tábara "un trasfondo religioso que lo invade todo, formas, colores, materias, organización de los signos, ritmo de las series y una extraña gravedad como un silencio de desierto o selva. Visión hermética y al mismo tiempo mágica", originada en la nostalgia de tantos años en el exterior y en el sano orgullo de sentirse americano.

El 59 expuso óleos Precolombinos en la Sala Nebli de la calle Serrano de Madrid y para pintar con calma alquiló una buhardilla en la calle Rosellón, cerca de la Rambla de Cataluña, donde le ocurrió que mientras mezclaba óleos con arena para relievar ciertas superficies se le cayó un poco de diluyente sobre un cuadro que tenía secando en el suelo y aparentemente lo dañó. Alterado con el incidente tiró un trapo que tenía entre manos y se fue disgustado. Al día siguiente encontró que el trapo impregnado de diluyente, había formado un todo –un collage- con el óleo; lo halló de hermoso efecto y con una hoja de afeitar dio forma a los relieves y logró una nueva textura.

Ese año contrajo matrimonio con la española Esther Villalba Porta y tuvieron dos hijos; para el Arq. José Ortiz Echague realizó un gran mural exterior de 15 x 8 metrs. en la Sucursal de las calles Hilarión Eslava y Princesa del Banco Popular Español.

En 1960 aceptó una invitación del poeta Andree Bretón y concurrió a la Exposition Internationale du Surrealismo de París, como miembro del grupo Informalista español. “A los encargados de la selección les había gustado un cuadro mío titulado Erótico, que vieron en una galería,yo estaba en la etapa del constructivismo porque había empezado a meter en mis pinturas cosas diferentes de carácter geométrico, lo cual no se había hecho antes en España”. Meses después, el negociante suizo de obras de arte George Kasper, dueño de la Galería de Arte de su nombre en Lausana, le contrató por cinco años, para promocionar y vender en exclusiva la obra de Tábara en Europa, pagándole mil francos mensuales y reconociendo la mitad del valor de sus cuadros. Para ello le exigió que se trasladara con su familia al pueblito de Morges, a pocos kilómetros de Lausana, a pintar en paz; pero su esposa no se acostumbró a vivir allí y poco después regresó a la Ciudad Condal.

Por eso tuvo que romper el 61 con Kasper. En Barcelona fue contratado con la Galería Rene Metras. Fueron años asendereados, de continuas exposiciones en Europa (Munich, Madrid, Milán, Lisboa, Barcelona, Bremen) siempre exitosamente pues lo Precolombino era admirado, apreciado, no como algo exótico, pues era demasiado universal.

También el 61 le llamaron a la Bienal Internacional de Sao Paulo en Brasil. Envió once grandes óleos precolombinos, pero alegaron que no podía exponer "por ser español". Al poco tiempo, como no habían sido retirados de la Aduana, fueron quemados con gravísima pérdida para el arte y como no estaban asegurados perdió mucho dinero. El 62 salió nuevamente en representación de España, esta vez a la Feria Internacional de New York, donde se exhibieron grandes cuadros de pintura mundial de todos los tiempos como la maja desnuda de Goya

El 64 José Gómez Sicres le invitó a la “Panamerican Unión" de Washington, donde expuso en Mayo y le dijo: “Plántate en tu tierra si quieres germinar”. A continuación pasó a Guayaquil tras nueve años de ausencia, encontrando un ambiente caldeado por la dictadura; sin embargo, tal fue la atracción que sintió por su tierra, que decidió quedarse para siempre en ella.

El 65 expuso en el Museo de Arte Moderno de Bogotá y la crítica Marina Trava declaró: "No hay ninguna pintura en Latinoamérica que, como la de Tábara, exprese tan exactamente el no-ser indígena" y comparándole con Guayasamín agregó: "Guayasamin es un mito, Tábara el antimito".

Ese año fue invitado a exponer en la Sala Camilo Egas del Centro Ecuatoriano Norteamericano de Quito, pero siete días antes de la inauguración estalló en el local una bomba, como protesta por el desembarco de unos marines en Centroamérica. De todas formas se abrió la Muestra con gran expectativa y surgió la polémica. El grupo de los Tzanzicos le acusó de no hacer un arte americano; sin embargo, ya pintaban con estilo precolombino Estuardo Maldonado en Italia y luego lo harían Aníbal Villacís y Gilberto Almeida en Quito y Segundo Espinel en Guayaquil, mientras en Perú y Bolivia Szyszlo y Pantoja testimoniaban con lo ambiguo del signo, la expresión de lo indio, sin la necesidad de la figura y la anecdótica. Lamentablemente lo precolombino ha cesado por ahora como forma de expresión, pues al estructurarse con elementos humanos y con piezas mecánicas al final de la década de los años 60, se metamorfoseó.

En 1967 obtuvo el I Premio en el Salón de Julio, empezando a cambiar "hacia formas más libres y más indecisas; hay, si cabe, una vuelta al informalismo, pues nuevamente se dibujan estructuras".

El primer trabajo en este nuevo sentido lo realizó encontrándose en el Hotel Dixi de New York. "Se me ocurrió hacer una figura humana y cortarla, la cabeza rodó por aquí, quiere decir que no sabe pensar; el corazón no sabe sentir, no sabe vivir, no sabe comer, y me quedé con las piernas. Esto puede parecer absurdo, pero así comencé a realizar mis primeros cuadros con estos temas, que dieron en llamarse el pata pata, donde la estructura es el principio organizador y los pies y piernas el elemento compositivo".(4) Las primeras acuarelas que pintó, unas amarillentas sobre fondo azul, está en el Museo del Banco Central de Guayaquil.

Su fama seguía agigantándose pues era considerado un solitario iluminado y lúcido que buscaba solamente lo esencial. Rodríguez Castelo ha dicho de esta nueva etapa, donde polarizó su tensión entre la magia y la estructura, organizando su obra dentro de coordenadas geométricas y ópticas, que fue una búsqueda y un sondeo frente a elementos de un mundo deshecho y desolado, que trataba de integrar en estructuras de sentido. Su finísima sensibilidad de artista se abría a angustia de la deshumanización de la era tecnológica y los desasosegantes enigmas de un futuro incierto.

Según el crítico Juan Castro y Velásquez las piernas y pies se convirtieron por dos décadas en el icono con que el pintor crea una obra que contrapone en la composición, espacios vacíos delimitados por formas que producen una sensación anímica en el borde de la tensión y el reposo.

En 1975 y tras once años de viajar constantemente por Latinoamérica, pudo regresar a Barcelona, pero la encontró conmocionada con la muerte de Franco y solo estuvo tres meses. El 77 el Banco Central del Ecuador lanzó una Muestra Retrospectiva de sus últimos años,


(4) Al ver uno de sus cuadros un hijo suyo dijo: Las pata patas de mi papá. Carlos Béjar Portilla lo contó afuera. Alfredo Pareja Diez – Canseco habló en su primera exposición en Quito dijo que esos Pata – Patas no eran ante nada parecido. Al saberlo, decidí que mi nueva pintura quedaba oficialmente bautizada con ese nombre.

"permitiendo apreciar la grandeza del más creativo de los artistas ecuatorianos de la década, así como el apasionado rigor de su búsqueda al margen de fáciles aceptaciones comerciales o de la aprobación obvia del filisteo".

A esa Muestra su autor denominó "La Persistencia de una imagen", estilización más o menos avanzada de las extremidades, que reúne y dispersa para transformar en elementos útiles a sus composiciones como pretexto de creación de un universo táctil, que alcanza lo magistral, sobrepasando lo contingente.

Tábara ha complementado su explicación sobre la etapa de pies y piernas, agregando que las siguió haciendo porque le gustaba sus formas que parecíanle fantásticas, un pretexto para lo que quería, meter formas en el espacio, cada cosa y un color diferente siempre. En 1980 les incorporó zapatos. En unos casos el mundo era geométrico, en otros barroco, a veces vacío y a veces lleno, el tema persistió por muchos años. Así pues, preparó "un clima" para que los pintores jóvenes del Ecuador traten por ésos y por otros caminos de encontrar nuevas maneras de expresión y de realización personal.

En 1982 fue invitado por el Presidente Oswaldo Hurtado, con otros 14 artistas ecuatorianos, a un almuerzo en el Palacio; reconocimiento implícito a su fama y esfuerzo. Desde hacía mucho tiempo acostumbraba viajar todas las mañanas al cercano pueblo de tres postes, vecino de Milagro donde tiene una casa de campo y un taller. Allí, en comunión con la naturaleza, empezó a pintar imágenes vegetales.

El 84 manteniendo la calidad formal de una riquísima textura de empastes trabajados con una maestría excepcional, comenzó a introducir hojas y árboles a sus composiciones de pies y piernas. El 89 participó en la II Bienal Internacional de Cuenca y obtuvo un Segundo Premio con sabor a Primero. Enseguida se presentó en Guayaquil. Trece óleos, doce tizas-pastel y unas pocas tintas le sirvieron para destacarse nítidamente entre los demás concursantes. Oleos elaborados, tintas libres, fresca imaginación y toques de brillante talento, dentro de su segurísimo oficio con árboles como pretexto y a veces, a lo lejos, paisajes yermos, severos. Etapa nueva, pero con los elementos propios de la anterior en el follaje. Rodríguez Castelo, con gran lucidez, ha manifestado que estamos frente a la vuelta a la naturaleza después de lo humano, por eso pinta el interior de unas grandes hojas, grávido de esos elementos. No se trata de criaturas vegetales vistas ingenua o decorativamente, pues cumplen una función de mediadores de sentidos. ¿Visualidad pura o signos? simple pretextos para el juego plástico de texturas, formas, ritmos y colores. Ese es el mundo propio de formas que ha creado Tábara.

En 1995 incursionó en el mundo de los insectos pero el 98 declaró: El verdadero artista siempre está evolucionando, cambiando. “Por ejemplo, acabo de salir de mi etapa de los insectos y estoy entrando en una pintura que encuentro más seria, donde hay un poquito más de razón y lógica. Es una mezcla un poco absurda, pero para mí es un reto esto de asociar realismo y abstraccionismo, sin caer en lo decorativo”.

“Yo creo que la labor más importante de un artista es siempre creer que el arte no termina nunca”. Para Tábara, el concepto de la obra de arte ha variado bastante. “He perdido ese deseo de querer poner una idea inmortal en el cuadro o un contenido que impresione a la gente en cada cuadro, para mí eso ya ha pasado de moda, eso terminó en una novela barata de mal gusto. La pintura tiene que salvarse siempre como pintura. La obra de este pionero tiene que ser estricta y esencialmente una creación artística, después surgiría el contenido”. La obra de Tábara tiene dos facetas principales una pintura figurativa, siempre recurrente, que abarca desde paisajes a retratos con una evidente calidad contemporánea, y una pintura lírica y reflexiva en que el artista, a través de cinco décadas de constante y renovada producción, retrata su historia y la de su mundo tropical ecuatorial.
Enrique Tábara no es un artista encasillado en una tendencia o un ismo; su condición y personalidad radica justamente en una rebeldía creativa y una originalidad siempre sacudida por un inquieta musa que tantas veces lo ha llevado a reconsiderar su propia obra y realizar drásticos rompimientos que han evitado que su pintura sea una condescendiente repuesta al mercado de arte.

Su estatura mediana, tez trigueña, pelo zambo y blanco, ojos negros y vivaces, representa muchísimo menos edad que la que tiene, pues es delgado, ágil, sencillo y hasta podría pasar por campirano, aunque en el fonde es cosmopolita.

Con sus amigos y conocidos siempre jovial y hasta dicharachero, usa las confianzas sin cortesanías; se le quiere y considera a sabiendas que es el pintor más creativo del país en la segunda mitad del siglo XX.

El 99 realizó una Exposición en Guayaquil, Quito, Cuenca en homenaje a su amigo el fallecido poeta Catalán Joan Brossa. Al poco tiempo, expuso 210 obras retrospectivas en la Bienal de Cuenca cubriendo 50 años de producción.