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MANUEL URRIES Y CAVERO
PRESIDENTE DE LA AUDIENCIA DE QUITO.- Nació en el lugar de Ortilla, diócesis de Huesca, hacia 1743. De familia noble y propietaria de la villa de Ortillacid.

Recibió una esmerada educación para su tiempo y entró al Ejército.

En 1775 contrajo matrimonio con María de la Purificación Casasús y Navía-Osorio, nacida en Alcira, reino de Valencia, y tuvieron sucesión.

Hacia 1779 pasó al Perú como Corregidor de las provincias de Chilque, Paruro y Masques y cuando estalló la revolución de Túpac Amaru reunió inmediatamente a las milicias con el fin de acudir al Cusco en ayuda de los españoles que comandaba Antonio del Valle.

Entonces le fue encomendada la cuarta -una de las seis columnas- que debían cercar al pueblo de Tungasuca, teniendo por segundo a Nicolás Guisasola. Pelearon en Cochiriguay y derrotaron a un cuerpo de seis mil hombres.

En Noviembre de 1783 tomó el mando de las fuerzas del sur. El 88 ascendió a Brigadier. El 90 fue Gobernador e Intendente de las minas de Huancavelica y habiéndosele concedido el título de Conde de Ruiz de Castilla por Real Despacho del 24 de Diciembre, con el Viscondado previo de la Torre de Loreto, pasó al Cusco a presidir esa Audiencia, manteniéndose allí hasta 1802. Entre sus obras en la imperial ciudad está la construcción del almacén de Pólvora que llamó Santa Barbara y situó a media legua del Cusco.

En 1803 vivió en Lima sirviendo al Virrey, en 1804 recibió la orden de San Hermenegildo. En 1805 aplastó en el Cusco la sublevación de los patriotas Gabriel Aguilar y José Manuel Ugalde, a quienes mandó a ahorcar el 5 de Diciembre. El 1806 fue Teniente General.

En 1808 fue trasladado a la Audiencia de Quito y el 1º. de Agosto hizo su ingreso a esa capital, habiéndose representado con tal motivo, las obras tituladas la Andromaca, la Zoraida y la Araucana.

Los tiempos eran peligrosos pues la Junta de Sevilla gobernaba en nombre del príncipe Fernando y el 25 de Diciembre se reunieron varios patriotas en el obraje de los Chillos, propiedad de Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, , para instalar una Junta Suprema. Mas, el secreto de lo acordado, pronto se supo, pues el Capitán Juan Salinas se lo comunicó al padre mercedario Torresano y éste al padre Polo de la misma Orden, que se lo contó a José María Peña y Peña, que denunció el asunto a Francisco Xavier Manzanos, Asesor General del Gobierno.

El 9 de Marzo de 1809 se instauró el proceso y fueron presos en el convento de la Merced Montúfar, Salinas, Juan de Dios Morales, Manuel Quiroga, el Presbítero José Riofrío y Nicolás de la Peña, pero como negaron todo y poco después se sustrajeron las piezas del proceso, a las pocas semanas fueron puestos en libertad.

Por entonces el Dr. Antonio Ante hizo circular un folleto titulado "Clamores de Fernando VII" a fin de para promover su causa, como paso previo para obtener la independencia. El Dr. Luis de Saá mandó a sacar unas cuantas copias y hasta pensó en viajar a Lima con Ante, con la finalidad de distribuirlas en dicha capital, pero el Capitán Salinas les convenció de que era preferible dar el golpe en Quito. Con tal objeto se reunieron la noche del 8 de Agosto en casa de Manuela Cañizares, Salinas sacó las tropas del cuartel y Ante sorprendió a la guardia del palacio, presentando un oficio al Guardia, quien lo llevó al anciano Presidente, que descansaba en su lecho.

El Conde salió a la antesala. Ante le preguntó si estaba enterado del contenido del sobre y al responder afirmativamente, con una venia se retiró. Ruiz de Castilla trató de contenerle, pero como ya se había relevado a los centinelas, no pudo salir.

Ese día se eligió presidente al Marqués de Selva Alegre, quien lanzó una arenga. Ruiz de Castilla fue confinado a una legua al norte de la ciudad, en el pueblo de Iñaquito. Mas, la noche del 30 de Agosto, un grupo de paisanos quisieron asesinarle, salvándose merced a la intervención del Obispo, Dr. José Cuero y Caicedo.

Mientras tanto el ejército quiteño era derrotado al norte y por el sur las fronteras patriotas se reducirían a solo cinco leguas de la ciudad, a lo que se sumó el desastre patriota en Zapotal, frente a la vanguardia del ejército realista que avanzaba desde Guayaquil. El Marqués de Selva Alegre quizo entrar en tratos con Ruiz de Castilla y al no conseguirlo, resignó el mando en la persona del Conde de Selva Florida, Juan José Guerrero, el 12 de Octubre; quien se dirigió el 24 a Ruiz de Castilla para ajustar una capitulación, que le permitió a éste último regresar a Quito al día siguiente, entrando en medio de ruidosas aclamaciones de triunfo.

Al principio el Conde respetó su palabra y no persiguió a nadie. Ya el General Melchor de Aymerich, Gobernador de Cuenca, estaba en Ambato con numerosas tropas y desde Guayaquil subía el Teniente Coronel Manuel Arredondo Mioño con 500 hombres venidos de Lima. Entonces, sintiéndose fuerte, disolvió la Junta, extinguió el Senado y restableció la Real Audiencia.

El 4 de Diciembre mandó tomar presos a los principales implicados, que empezaron a llenar las celdas del Cuartel Real de Lima; y a los que no se pudo coger, se les persiguió con inaudita saña.

No se puede acusar a Ruiz de Castilla de ser el mentalizador de tanta barbarie; pues, por su avanzada edad, se había convertido en muñeco de Arredondo, que era quien verdaderamente gobernaba.

La causa criminal avanzó a través del Juez Fuertes Amar, del Fiscal Tomás de Arechaga y del propio Arredondo, que creían que estaban labrando méritos para alcanzar mayores destinos. Así las cosas, fue elevado el proceso para que el Presidente pronunciara sentencia, pero éste lo hizo guardar en su gabinete y dejó transcurrir algunos días. "La agitación del anciano Presidente había subido a su último término y se le veía andar azorado y fluctuante entre la absolución que demandaba la justicia y la clemencia, puesto que, a lo mas, podía considerarse a los reos como culpables de un extravío. Sufría tormentos graves con aquella lucha, porque tal vez la conciencia le recordaba la violación de sus ofrecidos favores. Según Bennet, que le servía de secretario y confidente, el Conde era hombre bueno, afable y caritativo y añade que le oyó decir repetidas veces, hablando acerca de la malhadada causa, que firmaría con mayor gusto su propia sentencia de muerte, que no la de tantas víctimas extraviadas. Mas, a la postre, “resolvió elevar los autos al Virrey, descargando así su responsabilidad en el juicio a la conciencia de otro". Sin embargo, aparece que la remisión de la causa se hizo por mandato que desde mucho antes había recibido del Virrey Amar de Bogotá.

El 27 de Junio de 1810 salió el fatal proceso bajo la custodia del Dr. Víctor Félix de San Miguel, a tiempo que arribaba a Cartagena de Indias como Comisionado Regio, Carlos Montúfar y Larrea, hijo del Marqués de Selva Alegre.

En Quito la situación se volvía cada vez más tensa; pues, por una parte, el atrabiliario Arredondo aumentaba las medidas de fuerzas contra los presos y por la otra, el pueblo quiteño se armaba para liberarles. Así las cosas, a eso de la una de la tarde del 2 de Agosto de 1810, un grupo de conspiradores intentó asaltar el Cuartel Real de Lima con el fin de rescatar a los presos, para lo cual sorprendieron al guardia y amedrentaron a los soldados del patio y los corredores. El Capitán Galup, al oír tan alarmante alboroto, se precipitó al patio al grito de "Fuego contra los presos", pero cayó atravezado por una bayoneta.

De allí en adelante se liberó a los presos, pero el Comandante Angulo, de las tropas de Popayán, de un cañonazo mandó abrir la pared que les separaba del Cuartel Real de Lima, para que pasaran por él las tropas que ya estaban sobre las armas y cerró las puertas de entrada. Entonces comenzó la matanza de los presos indefensos y finalmente del resto de la población, que logró defenderse como podía.

Se calcula que el número de asesinados pasó de los doscientos y tras de ello vino el saqueo de las casas más ricas, de las tiendas y covachuelas de comercio, pulperías y estancos, asegurándose que el robó sobrepasó los doscientos mil pesos, aunque otros aseguraron que llegó al medio millón. Y que se gastaron veinte mil tiros en esa trágica tarde, que fue de duelo y horror para todas las familias.

Y tal fue el escándalo que produjo la matanza y el saqueo que Arredondo tuvo que salir con sus tropas de Quito y entraron en su lugar los refuerzos del Comandante Juan de Alderete, venidos de Panamá.

Ruiz de Castilla vióse odiado y perdido y sólo atinó a pedir al Virrey Amar que obstaculizare el paso del Comisionado Montúfar; pero éste se dio mañas para continuar su viaje a Quito, donde ingresó el 9 de Septiembre como si fuera el salvador, consiguiendo la formación de una Junta Superior de Gobierno bajo la presidencia del mismo Conde Ruiz de Castilla y actuando de Vocales el Obispo y el Comisionado, tras lo cual convocó a un Cabildo abierto y se eligió una Junta, que en sesión del 9 de Octubre reasumió sus soberanos derechos y puso a la Audiencia de Quito fuera del Virreynato de Santa Fe de Bogotá, todo lo cual redujo el poder de Ruíz de Castilla. A poco despidieron a las tropas auxiliadoras y levantaron otras nuevas.

El día 11 rompieron los vínculos con España y se proclamó, bien que con alguna reserva, la independencia. El pueblo festejó tal acontecimiento y Ruiz de Castilla pasó a un retiro en la recoleta de La Merced, mientras sus principales asesores huían a las zonas vecinas, donde aún las autoridades realistas detentaban poder.

Entonces se conoció que el reemplazo de Ruiz de Castilla había arribado a Cuenca y restablecido la Audiencia, a tiempo que el Gobernador de Guayaquil, Bartolomé de Cucalón y Villamayor trataba de llegar a un arreglo pacífico con los quiteños, sin resultados.

Abiertas las operaciones militares por el norte con suertes varias, el 11 de Octubre de 1811 Ruiz de Castilla renunció a la presidencia de la Junta y fue subrogado por el Obispo Cuero y Caicedo. Para esa fecha existían en Quito dos bandos contrapuestos, por una parte los Montufaristas que seguían a Carlos Montúfar y por la otra los Sanchistas del Marqués de Villa Orellana, quines lograron la mayoría y prepararon en Abril de 1812 una expedición armada a Cuenca, al mando del Coronel Francisco García Calderón.

En el norte Pedro Calisto y Muñoz incitaba a los pastusos a invadir Quito para reponer en el mando a Ruiz de Castilla. Un posta llevó a Quito una carta del señor Tomás Santa Cruz dirigida al susodicho Calisto, con detalles de las maquinaciones de ese bando. Algunos patriotas se enteraron del suceso y fijaron carteles en los sitios de mayor animación. Esto sucedía el 15 de Junio de 1812 a las once de la mañana
La historia no le ha perdonado su felonía y traición que ocasionó la prisión y muerte de los Próceres de la gloriosa revolución del 10 de Agosto de 1809.

Los clérigos José Eugenio Correa, Joaquín Paredes y Manuel Quiñónes vecinos de San Roque concentraron en el puente de la Merced a un grupo de no menos de catorce indígenas para que atacaran en la Recolección del Tejar a Ruiz de Castilla, quien se encontraba asilado en una celda al lado de la portería, donde le hirieron de una puñalada en la cara. Enseguida quisieron arrojarlo a la alcantarilla de la Merced pero fue salvado por los curas, entonces lo empujaron por la actual calle Chile hasta la Casa del Cabildo, donde quisieron "destruirlo", pero los cabildantes lograron rescatarle, llevarlo al cuartel y allí murió el 18 de Junio, sin haber recobrado el conocimiento, a consecuencia de los golpes y con cuatro heridas en el cuerpo, sin que se le hubiere iniciado proceso.