BALTAZARA
CALDERON DE ROCAFUERTE
GUAYAQUILEÑA.-
Hija legítima del Coronel Francisco García
Calderón, natural de Santiago de Cuba, oficial
que desempeñaba la Tesorería de las
Reales Cajas de Cuenca en 1809 cuando se realizó
el Primer Grito de Independencia en Quito. Por chismes
de otros oficiales fue aprisionado, sufrió
maltratos y perdió el empleo, sindicado del
delito de revolucionario. Posteriormente viajó
a Quito y se unió a las fuerzas patriotas.
En 1812 fue jefe del bando Sanchista y luego de la
derrota que sufrieron las armas patriotas en la batalla
de San Antonio de Ibarra, fue tomado prisionero y
fusilado. Su viuda Manuela Garaycoa Llaguno permanecía
en casa de sus padres en Guayaquil y al saber la infausta
noticia, juró educar a sus hijos en el amor
a la patria, para que algún día vengaran
la muerte de su glorioso padre.
Baltazara nació en Cuenca
el 6 de Enero de 1806 y desde su infancia gozó
de una memoria privilegiada y dulce vocalización.
Tuvo por hermanos a Abdón
Calderón Garaycoa, quien en 1820 se alistó
de oficial en el Batallón Yaguachi, realizando
toda la campaña como abanderado y recibiendo
gloriosa muerte a consecuencia de heridas, después
de la batalla del Pichincha a fines de Mayo de 1822
en Quito. El Libertador honró su memoria. Francisco
Calderón Garaycoa, el menor de todos, ingresó
a la Marina en 1827 y realizó algunas campañas
navales distinguiéndose por su comportamiento.
Luego se dedicó al comercio, viajó a
Lima, se estableció y contrajo nupcias. Carmen
Calderón, que coronó a San Martín
en Julio de 1822 y ha pasado a la historia con el
sobrenombre de “La Gloriosita” y Mercedes
que casó con Bartolomé Ayluardo y Azpillueta
mercader y comerciante en Lima y antes de morir donó
su fortuna para la fundación del Asilo Calderón
Auluardo recordando quizás, sus años
de orfandad y de pobreza.
Baltazara recibió las
primeras letras de su madre, creció en el amor
a la causa de la independencia y desde 1821 que la
Junta de Gobierno de Guayaquil recibió a las
fuerzas auxiliares comandadas por el General Antonio
José de Sucre, admiró como en todas
en su familia, las glorias del Libertador y de Colombia.
A raíz de la independencia
empezó la familia Garaycoa a ser el eje del
partido colombianófilo, frente a las aspiraciones
peruanófilas de la mayor parte de la población,
que acostumbraba ver en Lima la capital natural de
esta parte de Sudamérica.
En 1822 acompañaba a
su madre y hermanas Carmen y Mercedes Calderón
y a sus tías Joaquina y Carmen Garaycoa Llaguno,
amigos y amigas, a cantar diariamente y hasta lo hactan
por las calles algunas noches, las canciones colombianas,
en honor del Libertador y de la República.
En mayo murió gloriosamente
en la Batalla del Pichincha su hermano Abdón
a consecuencia de varias y dolorosas heridas.
Baltazara era cristiana practicante,
leía mucho, sobre todo de política,
que encontraba en los libros de la biblioteca de su
tío el Dr. Luis Fernando Vivero y Toledo, tan
amigo de Bolívar que fue en honor de su hijo
Pepito Vivero Garaycoa, primo hermano de Baltazara,
que Olmedo compuso el "Alfabeto para un niño",
pues el propio Libertador se lo pidió a fin
de que Pepito tuviera una buena cartilla de lectura.
Bolívar le envío
en 1826 “un ejemplar de mí Constitución
para Bolivia y otro de mi Discurso a los legisladores
de ese estado naciente, para qué leyendo ambas
cosas con su acostumbrada atención y haciendo
uso de su feliz memoria, tenga yo el gusto a mi llegada
a ésa, de oír, de su bella boca, la
reproducción de mis ideas".
Quizá por eso no era
popular entre los jóvenes de su tiempo y como
además tenia un temperamento retraído
y algo seco, se fue quedando soltera; pero quienes
la conocían de cerca por haberla oído
conversar, tenían una gratrísima impresión
de su clara intelectualidad, formada en lecturas y
ejemplos dignos de imitar, sacados principalmente
de la antigüedad. Se conservan numerosas cartas
de su madre y abuela materna al Libertador y las contestaciones
de éste.
En 1838 su tío Francisco
fue elevado al Obispado de Guayaquil, de reciente
creación por su pariente el Presidente Vicente
Rocafuerte. Entonces pasó con su madre a vivir
bajo el techo del Obispo, con cierto boato y distinción,
saliendo de la triste pobreza en que se hallaban desde
la muerte del Coronel García Calderón
en 1812. Fueron pues, los años de su niñez
y de su juventud, tristes y opacos; nunca un vestido
elegante, jamás una peineta de fantasía,
solamente lo elemental para vivir con la dignidad
que su condición de hija de nobles le exigía.
Por ello cumplió sus 30 años en soltería.
Por ello, su tío el Obispo, viendo que Baltazara
no tenía pretendientes, decidió pedirle
a Rocafuerte, entonces Gobernador del Guayas, que
se interesara por ella y como éste en cada
ocasión visitaba al prelado, con quien le unía
un no lejano vinculo de sangre por la caña
de Lavayen, la cosa fue relativamente fácil.
Una tarde, el bonísimo Obispo los dejó
solos en la sala del Palacio y luego de las formalidades
de rigor, Rocafuerte, que no tenía tiempo para
perder en románticas declaraciones, le pidió
la mano y ella tuvo que dársela, puesto que
era ex Presidente de la República y además,
hombre bastante apuesto aunque entradito en años,
como lo decían sus patillas blancas, que aún
se pueden mirar en los daguerrotípos de la
época. Su contextura delgada (nervioso, fibroso
y bilioso) se contrariaba fácilmente y entonces
los ojos le echaban chispas, siendo capaz de cualquier
abuso, pero luego la frialdad de su inteligencia moderada
y reflexiva, formada en lecturas y viajes, y la cortesanía
de quien habíase sentado a la mesa de la Emperatriz
madre de todas las Rusias, hacía que Rocafuerte
se controlara.
El matrimonio se realizó
en Guayaquil el Jueves 10 de Febrero de 1842, la novia
tenia 36 años de edad y el novio 57.
Esos arrebatos de carácter
le agradaban a Baltazara, necesitada de padre como
niña huérfana y vio en Rocafuerte a
un padre-marido, luego sería un amigo-marido
y por fin, el gran amor de su vida, que así
fue conquistada por aquel gran misógino a quien
ningún autor le ha conocido aventuras románticas
ni escarceos con el bello sexo (1) y según
personas que la conocieron era seca, es decir, delgada
y de piel con tendencia a las arrugas, su rostro ovalado,
frente amplia, grandes ojos negros, nada de chapas,
pelo partido en dos por la mitad y largas trenzas.
Pie fino, modales enérgicos
pero femeninos y una mirada triste, muy del gusto
romántico de entonces, pero triste de verdad
y sin afectaciones ridículas, pues que la tristeza
que llevaba era real por el fusilamiento de su padre
y la carnicería de su hermano en Pichincha.
Niña solitaria y fugaz, al fin, con su matrimonio,
encontró paz y tranquilidad.
Para fines de 1842 durante
la gran epidemia reinante, Rocafuerte estaba a punto
de terminar su Gobernación y se dedicó
de lleno a controlar la situación. Baltazara
enfermó de fiebre amarilla y casi se muere,
entonces Rocafuerte escribió al Presidente
Juan José Flores diciéndole que estaba
loco por la falta que ella le hacía, pues era
su brazo derecho, su compañera, su confianza
y su archivo y no había quien le hiciera de
secretaria, en fin, Baltazara se lo había metido
enteramente al bolsillo. Poco después sanó
y siguieron amartelados y muy juntitos, dando buen
ejemplo a la colectividad, que no podía creer
cómo una señorita tan controladita,
hubiera dominado a ese monstruo de Rocafuerte. Mañas
femeninas...
(1) Excepción hecha
de un intento de matrimonio en México con una
sobrina Gainza Rocafuerte, "para que pudiere
heredarle”, pues era pobre.
En 1843 Rocafuerte se puso
disgustadísimo contra Flores, que aprovechando
un Congreso formado por áulicos, se hizo reelegir
presidente, o lo que es lo mismo, Dictador Perpetuo,
despertando la odiosidad de todos los sectores del
país. Rocafuerte fue el más ofendido
porque quería subir nuevamente al solio presidencial,
porque así le tocaba en el reparto de poder.
Primero Flores luego él, después Flores
y nuevamente Rocafuerte y así hasta el fin,
pero Flores le cerró el paso y Rocafuerte se
fue exilado voluntario a Lima, donde vivió
fastuosamente como acostumbraba siempre, dada su enorme
fortuna, pues era dueño de varios navíos
y de los pozos de brea de Santa Elena, material que
servía para impermeabilizar los cascos de madera
de los buques. En Lima compraron casa y vivieron tranquilos,
pero entonces Rocafuerte escribió sus terribles
"Cartas a la Nación" e incendió
al país, que se insurreccionó el 6 de
Marzo de 1845 y derrocó la Dictadura.
Rocafuerte regresó al
Ecuador con Baltazara, trayendo armas para los revolucionarios
de Guayaquil. Luego concurrió a Cuenca, presidió
al grupo de diputados que votaron para la presidencia
de la República por Olmedo, pero los conservadores
estaban mejor organizados y triunfaron con Vicente
Ramón Roca. Enseguecido de pasión regresó
a Guayaquil y se disparó contra los Convencionales
acusándoles de vendidos, tomó pasaje
en la "Pacific Steam Co." y se fue nuevamente
con Baltazara a Lima, donde le comenzó un cáncer
al estómago y murió con graves dolores
el 16 de mayo de 1847.
Ella decidió permanecer
en la capital peruana junto a su hermano Francisco
y hasat llamó a su lado a su madre y hermanas.
En 1583, cuando el Presbítero José Hermenegildo
Noboa escribió contra la memoria de Rocafuerte,
le salió al paso, puso abogado, inició
juicio de imprenta por injurias, lo ganó y
sacó boleta de captura.
Noboa, que sabía que
Baltazara era una fiera cuando defendía la
memoria de Rocafuerte, no esperó que lo tomaran
preso y escapó a Guayaquil, donde dijo en el
muelle: "Esa flaca es peor que un tigre, ay del
que se meta con su marido", frase que quedó
gravada y por supuesto nadie volvió a escribir
contra Rocafuerte ni en periódicos ni en revistas,
por muchos años.
En el Cementerio Presbítero
Maestro de Lima hizo levantar el más suntuoso
mausoleo de mármol de toda Sudamericu, en homenaje
a su ilustre esposo. Dicho monumento fue tallado en
Cataluña y despertó la admiración
de esa nación por su buen gusto y sobria suntuosidad
y riqueza. El conjunto se compone de una verja circular
de hierro forjado que encierra un túmulo con
dos ángeles en alto relieve y una placa inscrita,
sobre el que se levanta una bellísima urna
funeraria rematada por la estatua de una dama griega,
que majestuosamente anota en el noble libro abierto
de la Historia, los hechos del gran tribuno y eximio
repúblico.
Hacia 1857, cuando había
terminado ya muchos años el régimen
del presidente Roca, regresó a su tierra, viviendo
en una de las varias casas que había heredado.
Entonces fue la primera dama de la ciudad, la más
considerada y respetada por su sangre de héroes
y por viuda de un ex Presidente, de la categoría
de Rocafuerte.
En 1859 se fue de Guayaquil
a una de sus haciendas, huyendo del bloqueo de la
armada del Almirante Ignacio Mariátegui, que
sitió el golfo por varios meses y amenazó
bombardear y quemar el puerto.
En Enero de 1865 García
Moreno mandó aprehender a varias personas notables
causando la indignación del vecindario de Guayaquil,
que comentó el abuso, con total desagrado,
por varias semanas.
Alguien le contó que
doña Baltazara había dicho ¡Qué
pena que ya no viva Vicente, pues le hubiera puesto
las peras al cuarto a ese tirano! con lo cual el malo
de don Gabriel firmó la orden de destierro
y doña Baltazara fue embarcada a Lima, como
una política cualquiera. Las damas se asustaron
del hecho y no volvieron a comentar ni a chismear,
pues se había iniciado el terror y nadie sabía
quien podía ser el portador de chismes o mentiras,
que el tirano creía cuando le convenía;
además, los curas se habían convertido
en sus soplones, para venguenza de la religión.
Con doña Baltazara salieron
también los individuos del Concejo Municipal:
Pedro Carbo Noboa, José María Aviles
Pareja, colega de García Moreno en el Triunvirato
de 1859, Marcos Aguirre Abad, Emilio Gerardo Roca
Andrade, Francisco Boloña Roca, Rosendo Aviles
Tolosano y varios ciudadanos particulares.
Años después,
cuando el Dr. Víctor Manuel Rondón Pérez
llegó de París recién graduado
de médico, fue consultado por doña Baltazara,
ya muy anciana, y él anotó el grande
honor que le habrá dispensado la señora
al tomarlo de médico de cabecera. (2)
Entonces doña Baltazara
donaba dinero para obras pías y cuando se quizo
hacerle un monumento a su marido, como nadie dio dos
reales porque Rocafuerte se las había tenido
con mucha gente y hasta con familias enteras
(2) El 11 de Agosto de 1884
el Presidente Placido Caamaño expidió
un Decreto ordenando el traslado de los restos de
Vicente Rocafuerte a Guayaquil, por cuenta de la nación,
en el vapor Nueve de Julio, cumpliéndose así
lo dispuesto por la Asamblea Nacional de 1852. La
Comisión estuvo compuesta por Pedro Carbo,
que se excusó por edad y fue reemplazado por
Gregorio de Ycaza Gaínza, sobrino de Rocafuerte;
por Lucas Rojas y Rafael E. Jaramillo, a los que se
agregó Francisco X. Aguirre Jado. Dña.
Baltazara instruyó a la Comisión sobre
varios puntos, les entregó un Plano del Mausoleo
y las llaves del ataúd. El 23 de Septiembre
se verificaron las solemnes exequias en la lglesia
de Santo Domingo de Lima y concurrió el presidente
Miguel iglesias, sus Ministros de Estado, Edecanes,
Cuerpo Diplomático y demás autoridades.
El 29 de Septiembre llegaron los restos a la isla
Puna, el 30 fueron desembarcados en Guayaquil a la
altura del Colegio de los Sagrados Corazones y los
recibió Caamaño. El 2 de Octubre se
celebraron otras suntuosas exequias en la Catedral
y el cadáver fue depositado en un Mausoleo
provisional, donde permaneció hasta 1932, en
que fue llevado al Mausoleo definitivo.
siendo Gobernador y Presidente y todavía despertaba
resistencias su memoria, la noble anciana pagó
el monumento que hasta hoy existe en la Plaza de su
nombre, que se inauguró el 1 de enero de 1880.
Posteriormente fue aquejada
de cáncer a las mamas, que se le pudrieron
con enormes dolores. Vívía en su casa
del Malecón cercana a la actual calle Colón,
acompañada solamente de una negra, antigua
esclava, quien la cuidaba y atendía como podía;
pues, sus amistades, rehuían subir a visitarla,
porque según se decía, apestaba hasta
la escalera. Murió tomada con dolores tan grandes
que sus ayes se oían día y noche por
el Malecón. Su albacea testamentario Francisco
Xavier de ante de Santistevan Rocafuerte mandó
a tirar los cuatro baúles de alcanfor con el
archivo Rocafuerte, atestados de documentos y papeles,
dizque por miedo al contagio, pues se creía
que los saratanes o cánceres se pasaban de
unos a otros, al tocar los objetos usados por los
enfermos.
Su defunción fue anotada
el 7 de Junio de 1890, el entierro constituyó
una renovada muestra de pesar pues fue una gran dama,
la más rica y más venerable del puerto
principal, viuda del segundo Presidente Constitucional
de la República, hija y hermana de héroes
y amiga juvenil del Libertador.
La doméstica que la
cuidó recibió un legado y se fue a Samborondón
llevándose un mundo de anécdotas que
hubiera sido hermoso para ilustrar más aún
esta biografía. Los parientes se repartieron
los bienes, heredando los Luzarraga, los Ycaza, los
Santistevan y los Wright sobrinos de su marido, así
como los Vivero, los Villamil, los Garaycoa sobrinos
de ella, pues no hubo pelea. Los retratos de familia,
uno grande al óleo del Obispo, otro de su padre
en busto y uno de su hermano Abdón, enviado
desde Quito y confeccionado el día anterior
de su muerte, por orden de Catita Valdivieso de Valdivieso,
en cuya cas expiró el héroe, pasaron
a terceros. El del Obispo lo tuvo Pedro Robles y Chambers
al subir de su escalera. El del Coronel García
Calderón fue a parar a Quito y está
en el Museo de la Casa de Sucre y el único
que se conservaba de Abdón, estaba en el salón
de sesiones de la Junta de Beneficencia Municipal
de Guayaquil cuando el Incendio Grande de 1896 y allí
se quemó con el edificio.
La efigie de doña Baltazara
se ha conservado por un medallón en poder de
la familia Santistevan que ha sido muchas veces reproducido.
Su cadáver se enterró provisionalmente
en la Iglesia Catedral al lado de su tío el
Obispo. En 1923 se levantó el Mausoleo de Rocafuerte
en el cementerio General y fue puesta con su madre
doña Manuela, a un lado del gran hombre que
tanto la amó.
Queda el recuerdo de sus buenas
acciones y su fotografía que no le hace mucha
justicia; pues fue bella, porque poseyó la
belleza permanente del alma.