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MARIA CANO MARQUEZ
ACTIVISTA SOCIAL.- Nació en Medellín, capital del Departamento de Antioquía, el sábado 5 de Enero de 1884 y fue bautizada con los nombres de María de los Angeles. Hija legítima de Rodolfo Cano G. y de Amelia Márquez C. que formaban un hogar patriarcal, saturado por las ideas radicales de la segunda mitad del siglo XIX, influidas por el romanticismo de Víctor Hugo y la concepción espiritista de Aland Kardec. Don Rodolfo fue un libre pensador, consagró su vida al magisterio a través de diversos colegios privados, viviendo en dichos tócales, que ocupaba también con los suyos.

María fue la séptima de una larga familia compuesta de ocho hermanos, de los cuales dos de los mayores murieron niños y el último al nacer. Se educó en los colegios de su padre y llegó a cubrír el bachillerato básico.

Casada su hermana mayor Isabel con el educador y escritor Benjamín Tejada Córdoba y su hermano Alfonso con Teresa Echandía y muertos sus padres en 1910, quedó junto a sus hermanas Carmen Luisa y Antonia, la primera de las cuales había hecho estudios de pintura, retocaba negativos, iluminaba ampliaciones, ganando lo suficiente para mantener la casa, administrada por la vieja tía Mavisa, quien las acompañó muchos años.

Entonces ocurrió que "en la segunda década de los años diez tomó impulso en Latinoamérica un novedoso acento de mujer como movimiento literario. Delmira Agustini, Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou cantaban a los niños, a los trabajadores y al amor, voces que cruzaron el utilitarismo de la época, haciendo vibrar la fronda del pensamiento joven. "Los Cálices vacíos” y “Los Cantos de la Mañana” de la Agustini ponían temblor de emoción en los corazones sedientos de amor. El Dulce daño y la languidez de la Storni tocaban en la gente que vivían al suspenso de la pasión, la mística presencia de la lujuriosa libido.

María Cano, superemotiva, hiperestética y lejos ya de su juventud, fue excelente receptora de esta poesía audaz, hizo su primeros ensayos poéticos y terminó prefiriendo la prosa rimada, encantada también por las lecturas humanísticas de Rabindranat Tagore, de quien captó la esencia de su espléndida temática.

Todo ello la llevó al campo social, pues a raíz de la revolución soviética ocurrida en 1917, empezó a tener ideas políticas propias, a salir de su torre de cristal, a relacionarse con los letrados del Centro prosoviético “Claridad” de Medellín inspirados en Henri Barbusse y en Anatole France.

María, sedienta de lectura pero sin libros, se hace asidua concurrente de la Biblioteca Departamental donde conoció a varios obreros de la Municipalidad de Medellín que también querían instruirse y como tenía una excelente voz y leía de corrido, logró unirlos en pequeños grupos y les leía Los Miserables de Víctor Hugo, Germinal de Emilio Zola, Resurrección de León Tolstoi y algunos capítulos de la abundante Comedia Humana de Honorato de Balzac. En reciprocidad los obreros la invitaban a sus viviendas y empezó a conocer la miseria antes no vista, porque aunque su hogar siempre había sido pobre, nunca les había faltado el sustento. Las caras hambrientas de los niños, los senos vacíos de las madres, los fogones apagados, todo ello le produjo un inmenso dolor y empezó a organizar Juntas de pobres que originaron su campaña de agitación social por la periferia de Medellín. Así pues, como voluntaria social primero y luego como organizadora, se hizo conocer y en 1925 fue aclamada por unanimidad la Flor del Trabajo, y su nombre repercutió en todos los frentes de trabajadores de Antioquía.

Entonces los dirigentes sindicales de las minas de oro la llevaron a Segovia y a Remedios, recibiéndola bajo arcos triunfales y banderas rojas y ¡oh sorpresa!, la rnenudita, delgada y vibrante Flor del Trabajo, emocionó a todos con una hermosísima voz de contralto, con una arrogante figura andaluza y con increíbles discursos en las tribunas.

Tenía una extraordinaria facilidad de palabra, enriquecía sus discursos con matices brillantes y elocuencia de contenido. Más que expositora de tesis elaboradas, lo fundamental de su oratoria consistía en una pura esencia psicológica, un fino poder perceptible que captaba imágenes en el auditorio y las devolvía como respuesta a todas las inquietudes. Artista consumada cundo pintaba contrastes sociales, se crecía ante los obreros en actitudes altivas y desafiantes, llameaba como antorcha y la gente sacudida por el huracán de sus palabras, no veía en ella a una mujer sino a una bandera. Fue todo un éxito y en su homenaje se realizaron festivales folklóricos, rondas y serenatas y lo más extraordinario en una región minera, libre de consumo de licor. Tal el resultado de su primera gira política.

En 1926 emprendió la segunda, por el río Magdalena medio, el Tolima y Cundinamarca, hasta asistir en Bogotá al II Congreso de Trabajadores, que la eligió en su directiva y la aclamó Flor Nacional del Trabajo. (1)

Poco después, dicho Congreso, memorable en Colombia por haber creado el Partido Socialista Revolucionario, organizó una caudalosa demostración de fuerza ante el ministerio de Gobierno, para protestar por los atropellos cometidos contra el pueblo trabajador, la persecución a las organizaciones sindicales, a las ligas campesinas e indígenas y sobre todo a

(1) Ese año también será recordado por la atroz sequía que asoló a los campos de Colombia empobreciendo aún mas al campesinado, mientras en quito se fundaba el Partido Socialista Ecuatoriano.
los dirigentes de huelgas y protestas de masa, que atestaban las prisiones del país. María Cano fue la oradora principal y su elocuencia volvió a consagrarla como primerísima oradora del pueblo.

A mediados de 1926 salió en tercera gira pero fue arrestada y obligada a seguir a la distante frontera de Cundinamarca, a pie, sangrantes los pies, entre fusiles y soldados; pero, al llegar a Tunja, logró burlarlos y clandestinamente siguió a Sogamoso, donde hizo una triunfal entrada junto a numerosos campesinos que habían salido a recibirla. Ese episodio cuasi romántico y funambulesco sirvió para acrecentar su fama de dirigente política y de mujer de extraordinaria personalidad.

En los últimos meses del 26 emprendió su cuarta gira de Girardot a los plantaciones bananeras de Barranca Bermeja y de allí a Honda, en balsa cubierta para llegar a las poblaciones ribereñas, fue aclamada en las instalaciones de la Tropical Oil Co.

Gobernaba Colombia el presidente conservador Miguel Abadía Méndez, sucesor del General Pedro Nel Ospina, mandatarios tradicionalistas y enemigos de cambios violentos, por eso 1927 Colombia se vio marcado por la formidable huelga en la Tropical Oil Co.; que, sin embargo, pudo ser pacíficamente sofocada.

Entonces María inició su quinta gira política, esta vez por el norte de Caldas, fue abaleada en Manizales, visitó otras ciudades, la Federación de Mineros del Carbón del Valle la llevó hasta los socavones y asistió a varias concentraciones de los Ferroviarios del Pacífico y de los Braceros de Buenaventura. De represo pasó por Dagua y hasta en la atrasada Popayán estremeció al campesinado indígena. Finalmente volvió por Cali, el Quindío, Ibagué. Honda y la Dorada.

Ese año participó en la I Convención Nacional del Partido Socialista Revolucionario que terminó a capazos, pues la central fue asaltada por la policía y sus integrantes reducidos a prisión. Al salir emprendió su sexta gira política por Santander, Cartagena, Baranquilla y Santa Martha.

En 1928, vigilada y hostilizada permanentemente por la policía, logró viajar al norte y se integró a la huelga contra la United Fruit Co. El gobierno declaró turbado el orden e impuso la Ley Marcial, María cayó presa con otros muchos dirigentes y permaneció más de seis meses en inmundos calabozos. Entonces ocurrió un fenómeno que por absurdo, merece contarse.

Enfrentada la oposición liberal al conservadorismo gobernante, desplazó a los grupos de izquierda del escenario político, que se dividieron en izquierda liberal e izquierda revolucionaria. María quedó entre ambas fuerzas y no siendo útil a ninguna de ellas en esa absurda pugna política de alto nivel, la marginaron.

Posteriormente, al reconstruirse la unidad de los grupos, ya no quizo intervenir; pues, motivada por varias urgencias económicas tiempo ha que trabajaba de obrera en la sección papelería de la Imprenta Departamental de Antioquia.

Sus últimos años fueron tranquilos, personas amigas le dieron una posición más acorde con su capacidad, llevándola a su querida Biblioteca Municipal de Medellín, donde se conservó como Jefe de Sección hasta 1947.

Jubilada, vivió sus últimos veinte años con sus hermanas hasta que éstas murieron y ella las siguió el 26 de Abril de 1957, que también falleció, a pocas cuadras de donde había nacido. Hoy su recuerdo, agigantado por el tiempo y la esperanza, nos dice que llevó la voz del pueblo colombiano en un momento histórico, que inició el despertar general contra la colonia española y el nuevo colonialismo norteamericano y que su ejemplo fue seguido muy de cerca en el Ecuador.

Su biógrafo Ignacio Torres Giraldo, a quien hemos seguido en este estudio, escribió los principales hechos de su vida en hermoso libro titulado "Apostolado revolucionario".

MARIA ESTHER CASTELO DE RODRIGUEZ


EDUCADORA.- Nació en Ibarra en 1901. Hija legítima de Tomás Castelo y de Mariana Peñaherrera, naturales de Ibarra.

Estudió en el colegio de La Inmaculada de la misma ciudad. Apreciando una precoz disposición para la docencia, las religiosas le confiaron un grado antes de que se graduase. Alternó entonces brillantes estudios con una excelente docencia y se orientó definitivamente por el magisterio.

De Ibarra pasó a Otavalo a dirigir la escuela "Gabriela Mistral". Entonces escribió a la poetisa y recibió cálida respuesta y en 1957, al conocer la noticia del fallecimiento de la gran chilena, escribiría: "Su muerte ha enlutado mi corazón, he sentido lo que debe sentir la amiga íntima que pierde para siempre a su amiga".

En Otavalo contrajo matrimonio con Humberto Rodríguez, director de la escuela de varones.

En 1933 la pareja de profesores se trasladó definitivamente a Quito. María Esther estudió en los cursos intensivos del normal "Manuela Cañizares" y obtuvo su título, tras estudios y prácticas que le granjearon admiración y afecto de sus profesores.

Poco después ganó por concurso la Subdirección del Liceo Municipal "Fernández Madrid" y halló en ese plantel el medio ideal para ejercitar un magisterio de altura y con intensa proyección cultural. Vivía el Liceo bajo la dirección de María Angélica Idrovo, una hora de extraordinaria irradiación cultural. María Esther Castelo estrechó especial amistad con la gran escritora Zoila Ugarte de Landívar, profesora de Literatura del establecimiento. Esa amistad duraría hasta la muerte de la gran orense. El magisterio de Puericultura -materia a la que ella contribuyó a prestigiar y dar forma- floreció en un libro: "Nociones elementales de puericultura y maternología" que conoció una segunda edición (1955) y agotada ésta, seguiría siendo requerido.

En el año 1942 la invasión peruana a la provincia de Oro dejó sin hogar a muchos niños y jóvenes. Para ellos, el Ministro de Previsión Social, Leopoldo N. Chávez, fundó las colonias de recuperación física y llamó a colaborar a María Esther Castelo, cuyas dotes de educadora le eran conocidas, y ella se entregó con pasión a tan patriótica tarea. Dirigió la colonia "Machala", situada en donde se halla actualmente el hospital "Baca Ortiz", en el edificio demolido hace poco. Vivía en la Colonia y la convirtió en un establecimiento modelo, cuidando desde la alimentación diaria hasta la formación cultural y religiosa de los internos orenses. Los viajes en que acompañaba a los internos a sus casas en la provincia sureña se convertían en giras triunfales, en que los cantones orenses expresaban su agradecimiento a la educadora.

Solo diferencias graves con otro ministro hacen que María Esther Castelo deje la dirección de la Colonia "Machala"; que, a su salida, se sumó en incontenible decadencia física, intelectual y moral.

María Esther Castelo continuó su magisterio en los colegios "La Providencia" y "La Inmaculada". Publicó entonces un segundo libro: "Economía doméstica". Más tarde, a pedido del P. Aurelio Espinosa Pólit, aceptó colaborar con la Srta, María Espinosa, como Vicerrectora del Hogar-Colegio "La Dolorosa". Entonces publicó "Retazos", pequeños relatos de clase que daban a su enseñanza el especial calor humano que sus alumnas siempre recuerdan.

Jubilada, concentró su atención en sus hijos. Mucho de ese admirable magisterio quedó en cartas de alta tensión cristiana y admirable prudencia humana.
Como educadora cumplió siempre un ideal: "La maestra –decía- debe ser como una segunda madre". Y la vida le enseñó que en muchos casos conflictivos, esa segunda madre merecía de sus discípulas más confianza que la propia madre. Ese ideal de maestra confirió a su magisterio un admirable poder de penetración en los problemas de sus alumnas y un extraordinario don de comunicación.

En sus clases ejercitó el arte de los grandes maestros: la digresión oportuna y amena, más formadora que la pura enseñanza. Y se ufanó siempre que sus clases fuesen esperadas con verdadero interés y seguidas con entrega.

Modestísima, esa educadora jamás consintió en que se la honrase y a su muerte, no ha dejado ni el más sencillo curriculum. "El lema de mi vida -ha podido leerse en una carta dirigida a su hijo Hernán- fue nunca hacer publicidad de algo que fuera en mi honor. Recordarás que rechacé asistir a la colocación de mi retrato en la galería de directores y benefactores de la Escuela Otavalo".

En 1989 empezó a sufrir de pequeños derrames cerebrales que disminuyeron notablemente su capacidad y tuvo que someterse a un período de rehabilitación. Ese año quedó viuda y agravada su condición, falleció en Guayaquil, el Jueves 11 de Enero de 1990, en casa de su hijo el ilustre psiquiatra Dr. Rodolfo Rodríguez Catelo, donde había vivido sus últimos tiempos. Sus restos fueron llevados a Quito y allí reposan.