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FRANCISCO HUERTA RENDON
ARQUEOLOGO, MAESTRO Y PERIODISTA.- Nació en Guayaquil el 15 de Noviembre de 1908 y fue bautizado con los nombres de Francisco Octavio. Hijo legítimo de Luis Felipe Huerta y Gómez de Urrea, Comandante, Jefe de la I Brigada, encargado de la Jefatura del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil durante la ausencia del país del Primer Jefe Asisclo Garay y administrador de la fábrica de velas de Eloy Loor; y de Raquel Rendón Constante, guayaquileños.

El mayor de cuatro hermanos, aprendió las primeras letras en la escuelitas de las señoritas Palmieri, después tuvo profesores en casa y hasta fue discípulo del célebre pedagogo Alfredo Barroso. En 1917 inició la secundaria en el Vicente Rocafuerte, donde su tío Pedro José era profesor de Historia y ejercía el Vicerrectorado, pero no se graduó.

Por el divorcio de sus padres vivía con sus tías paternas en el primer piso de la casa de los Huerta en Baquerizo Moreno entre 9 de Octubre y P. Ycaza, recibiendo la decisiva influencia de su tío historiador, quien acostumbraba como simple amateur recolectar tiestos arqueológicos en las pampas de Puna. Juntos expedicionaron a varios sitios y hasta iniciaron excavaciones en las cercanías de Posorja.

En 1925 hizo amistad con Carlos Zevallos Menéndez, consultando en la Biblioteca Municipal los Boletines de la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos, transformada en Academia Nacional de Historia, donde aparecían trabajos de Otto Von Buchwald, Philip Ainsworth Means, Max Uhle, Jacinto Jijón y Caamaño y Carlos Manuel Larrea.

En 1929 Uhle comenzó a excavar en el austro ecuatoriano y descubrió en Cuenca las ruinas de la antigua ciudad incásica de Tomebamba. El 33 Modesto Chávez Franco desde la dirección de la Biblioteca Municipal de Guayaquil y en unión del dibujante José Antonio Hidalgo Checa divulgó los dibujos precolombinos punáes.

Todo ello llamaba poderosamente su atención despertando su curiosidad por el pasado precolombino, pero la estrechez del medio ambiente y su modesta condición económica le impidió profesionalizarse; (1) sin embargo, era tanta su ansia de saber que empezó a leer todo cuanto caía en sus manos sobre las antiguas civilizaciones americanas, consultó a los principales Cronistas de Indias también revisó a los bibliógrafos y americanistas y con el paso de los años este autodidacta genial descifró los mensajes de las viejas civilizaciones de la costa ecuatoriana.

Entre 1928 y el 29 tuvo un breve paréntesis en el Normal Juan Montalvo de Quito y egresó con el título de profesor de segunda educación. De regreso a Guayaquil dirigió en Julio de 1930 la revista "Mosaicos", de corta duración, donde aparecieron algunos de sus primeros relatos. En Enero del 31 comenzó a escribir para el semanario "Barricada" de tinte socialista y también de escasa vida, pues el país vivía una de sus más agudas crisis económicas.

En Octubre obtuvo en el Concurso de Poesía organizado por la Asociación Regional del Montubio, el Primer Premio, con su poema "Matapalo", dentro de la más pura línea vanguardista, a medias entre lo bucólico y mágico, con transfondo de realismo social.

En 1932 comenzó a colaborar en la acreditada revista del Vicente Rocafuerte con el artículo "Un centenario notable, Juan Francisco Champollion, genial descifrador de los jeroglífocos egipcios" y con su amigo Adolfo Simmonds trabajó en "Semana Gráfica" que se editaba en la imprenta de “El Telégrafo”.

(1) Le faltó tiempo y dinero para viajar al exterior pues en el país no existía Universidad ni Colegio donde se enseñara arqueología.
Por entonces hizo cordial y duradera amistad con el grupo de pintores y escultores. Con Enrico Pacciani tomó parte en la fundación de la sociedad "Allere Flamma" y dio a la luz un artículo titulado "Nuestra Academia de Bellas Artes. La obra de Bellolio y Pacciani".

Entre el 33 y el 36, quizá motivado por su ancestro manabita realizó excavaciones en la costa de esa provincia, sobre todo a la altura de Manta y Bahía, describiendo las culturas que habían florecido por esos contornos y que hasta entonces eran casi desconocidas a no ser por simples referencias aisladas y dictaminó que se trataba de civilizaciones independientes, de orígenes diversos. Años después, el padre Pedro Porras Garcés le acreditó el mérito de esos descubrimientos, considerándole el precursor de la arqueología en Manabí.

Desde el 36 trabajó con sus hermanos Luis Felipe y David en la Radio Ecuador, de propiedad de Juan Sergio Behr, siendo esta la primera emisora comercial que operó en Guayaquil. Posteriormente fue por muchos años director del programa “Gong”, diario hablado del aire, que se emitía por la radio Ondas del Pacífico y cuyo staff de colaboradores estaba integrado por Angel Celio Castro, Mauro Velásquez Ceballos, David Huerta Castelo, etc.

El 37 figuró entre los fundadores de la "Sociedad de Artistas y Escritores Independientes". El 38 comenzó a dictar clases de historia en el Vicente Rocafuerte y publicó en esa revista el ensayo "Historia del Arte Ecuatoriano y una crónica sobre el viejo colegio”. El 39 insistió en esos temas con "El Arte Precolombino".

El 40 dio a la luz los resultados de una parte de sus investigaciones en Manabí en "Una civilización precolombina en Bahía de Caráquez” en 11 páginas, analizando el complejo cerámico y de figurines encontrado en el centro de la población actual, diferentes a los de las culturas Manteña y de Cerro de Hojas. Ese año casó con Esmeralda Freire Triviño con hijas.
En 1942 editó "La deformación intencional del cráneo en el Ecuador prehispánico" y en la revista del Colegio Vicente Rocafuerte publicó sus descubrimientos en Manabí.

La década de los años 40 fue muy atareada. Entre el 41 y el 45 contribuyó como agente del consulado norteamericano en Guayaquil a la derrota del nazismo y del fascismo, e hizo una vida de intenso periodismo radial a través de Ondas del Pacífico, donde mantuvo un programa de noticias y opiniones tres veces al día por muchos años.

Tras la revolución popular del 28 de Mayo de 1944, al fundarse en 1945 fue designado miembro del Núcleo del Guayas de la Casa de la Cultura y profesor de Historia del Arte, de América y de Arqueología, de la recién fundada Facultad de Filosofía, Pedagogía y Letras de la Universidad de Guayaquil. La inauguró y fue su primer Decano, funciones en las que se mantuvo un quinquenio hasta el 49. Durante ese tiempo fue formando el Museo de la Facultad con piezas de arqueología de su colección privada: allí acostumbraría después a dictar sus clases con la pasión que sabía poner en todo lo suyo, alzando los brazos, elevando la voz, dejando traslucir sus fuertes emociones, animando cada explicación con ese tono tan personal que siempre lo distinguía.

En 1946 publicó "De nuestro pasado aborígen; la sonrisa, lo sexual, brujería y medicina" en 31 páginas, en la Biblioteca Mínima de Ecuatorianidad de la Universidad de Guayaquil.

Ese año descubrió en terrenos de la hacienda Chorrera una Fase cultural diferenciada, posiblemente de origen Machalilla, que le asombró por la belleza plástica de sus tiestos.

El 47 contribuyó al Centenario del fallecimiento de Rocafuerte con una síntesis biográfica en 16 páginas y ayudó al Dr. Abel Romeo Castillo a elaborar los programas de estudio, así como a inaugurar la Escuela de Periodismo, que nació adscrita a la Facultad de Filosofía y Letras.

El 50 entró a la redacción del diario "La Nación" donde realizó una extraordinaria labor cultural. Entre el 52 y el 54 dirigió su Suplemento dominical, también escribía los editoriales y llegó a simpatizar con la línea política del CFP y de su líder Carlos Guevara Moreno, rehusando sistemáticamente afiliarse a ese Partido porque siempre se consideró un liberal. Mientras trabajaba en La Nación fue buscado por Emilio Estrada que le requirió sus consejos como arqueólogo, convirtiéndose en excelentes amigos.

El 54 editó "Arqueología del Litoral ecuatoriano, notas para su conocimiento y estudio" en 45 páginas y "Una urna funeraria de la Libertad y su muerte ritual" en 6 páginas e ilustraciones. El 55 "Descripción de la Gobernación de Guayaquil el año de 1605" y habiéndose terminado La Nación, decidió publicar sus interesantes trabajos en los Cuadernos de Historia y Arqueología del Núcleo del Guayas con "San Biritute, señor de Zacachún" en 9 páginas y abundantes láminas, amplia exposición sobre dicho menhir tallado, cuya principal propiedad para los campesinos, era hacer llover en la región de Zacachún, recinto de la parroquia Juntas.

Cabe anotar que desde ese año empezó a colaborar en El Universo y a dirigir los Cuadernos de la CCE hasta el 68, que le reemplazó el Dr. Jorge W. Villacrés Moscoso.

A principios de los 50 comenzó a dictar clases en el Colegio "Americano" para ayudarse económicamente, complicando intensamente sus horarios, pues tenía que correr de un Colegio a otro para cumplir.

El 55 dio a la luz "Páginas de sangre y de gloria. El fusilamiento de Amador Viteri en Guayaquil" en 22 páginas. El 56 intervino en la famosa reunión de arqueología convocada por Zevallos Menéndez en la Casa de la Cultura, donde se estableció la cronología de las culturas prehistóricas del litoral a base del método del Carbono 14 radioactivo. Ese año publicó "Fusaiolas del Ecuador precolombino ", comenzó a redactar los editoriales del vespertino "La Hora" que tanta difusión alcanzó en nuestro puerto y participó en la campaña presidencial de su hermano Raúl Clemente.

En Junio del 57 figuró como redactor fundador de "Vistazo", bajo el seudónimo de Frank, después pasó a Jefe de Redacción y a Subdirector, pero siempre con sueldos de hambre. Ese año obtuvo el Primer Premio en el concurso anual de relatos del programa radial "Vida Porteña".

El 58 comenzó a trabajar en el Colegio Municipal César Borja Lavayen y ayudó a su hijo Panchito en un Concurso Vicentino con el trabajo "José Antonio Campos, abuelo espiritual de la novela vernácula ecuatoriana".

El 59 ganó el Primer Premio en el Concurso promovido por la Municipalidad y el diario El Universo con su relato "Sol de lágrimas", sobre los sangrientos sucesos motivados por la represión militar del aciago día 3 de junio de ese año, donde murieron casi medio centenar de personas.

El 62 inauguró el Museo de Arqueología de la Facultad de Filosofía y Letras con una colección de objetos arqueológicos que donó para el efecto. Desde entonces dictó sus clases allí y convirtió el Museo en el centro de sus operaciones.

El 63 reemplazó con éxito a Adolfo Simmonds en Vistazo inaugurando su columna bajo el seudónimo de Richelieu y fue contratado por "El Telégrafo" donde colaboró por años como "José Perdomo" autor de "Radiografías en technicolor" y se convirtió en uno de los más leídos y respetados periodistas del país.

El 65 circuló su "Atlas escolar del Ecuador", colaboró con la editorial Ariel vendiéndole su texto graficado y a colores de historia patria para el I Ciclo Diversificado, que apareció el 66 con el título de "Historia del Ecuador" y suscitó tal éxito comercial que pronto salieron cuatro ediciones y habrían aparecido más si el propietario de dicho Editorial hubiera sido menos desbocado. (2)

Igualmente para la misma editorial escribió un Album didáctico denominado “Así nació el Ecuador” con cromos postales que informaban de manera amena e instructiva sobre el inicio de nuestra nación. Este álbum apareció el 65 y antecedió a su texto de historia.

Ese año dio a la luz "Un peso de red extraordinario" en 10 páginas y habiendo enviudado contrajo segundas nupcias con Mercedes Montalvo con dos hijos y una hija. Vivía en Vélez entre Pedro Moncayo y Quito.

El 66 fue electo Rector del Colegio Nacional José Joaquín de Olmedo, emocionadamente editó "Revolucionarios descubrimientos en Manta, con detalles sobre las peripecias de un fabuloso oratorio mantense hallado en el sitio Los Esteros”, en 36 páginas y recibió un homenaje en "Ondas del Pacifico”.

El 68 fue electo miembro de la Comisión de Honor del I Congreso Nacional de Historia y Geografía y al finalizar el evento le fue otorgado "un fervoroso Voto de Aplauso y Recomendación a la Gratitud Nacional como firme defensor de la dignidad histórica y geográfica del Ecuador". En Octubre la Municipalidad de Guayaquil le concedió el Premio al Mérito Científico.

(2) El padre Pedro Porras Garcés en su obra “Ecuador Prehistórico” anota en la introducción, que correspondió a Huerta el mérito de haber sido por primera vez en el Ecuador quien presentó a la juventud un texto conteniendo la nueva Arqueología, la verdadera, aquella que no se basa en corazonadas sino en serios trabajos de campo y de laboratorio y en pruebas de datación.
También merecen destacarse sus biografía breves que escribió para las series Literatos ecuatorianos y Presidentes ecuatorianos, aparecidas en las contratapas de “Mi Cuaderno”, de Artes Gráficas Senefelder.

Su hijo el Dr. Francisco Huerta Montalvo, a quien llamaba cariñosamente Panchito, había sido candidatizado para la alcaldía por el liberalismo aliado al C.F.P. con la lista 2-4, salió electo y asumió dichas funciones el 69.

Don Pancho se alegró muchísimo, estaba feliz y orgulloso, pero su corazón empezaba a resentirse a causa del sistema de vida que había llevado, trabajando más de diez horas diarias, explotado, teniendo que cubrir varias funciones al mismo tiempo para a duras penas sobrevivir.

El 22 de Junio de 1970 el Presidente Velasco Ibarra cometió la barbaridad de proclamarse dictador y defenestró de la Alcaldía a Huerta Montalvo. El golpe moral fue muy duro para don Pancho y le obligó a retirarse de casi toda actividad. Vistazo le designó redactor de Honor, siguió conservando su vieja cátedra universitaria y cuando su hijo salió al exilio, le sobrevino un violentísimo infarto la tarde del domingo 15 de Noviembre. Tenía solamente 62 años pero aparentaba más edad.

El cadáver fue trasladado a una Capilla Ardiente que se levantó en el salón principal de la Casa de la Cultura y hubo que esperar el penoso retorno de su hijo. Su entierro se realizó el 16 con gran acompañamiento. Guayaquil había perdido a uno de sus más importantes hijos y el país a un gran arqueólogo.

No dejó obra porque siempre le tocó vivir en situación de apremio, prisionero de las deudas y del subempleo; pero se pueden rastrear y recoger sus numerosos escritos a través de La Nación, El Universo, La Hora y El Telégrafo, Vistazo, la revista del Vicente y los Cuadernos del Núcleo del Guayas.
Autodidacta en el campo de la arqueología, descubrió las culturas Bahía y Chorrera y contribuyó con Estrada y Zevallos a completar el cuadro de la prehistoria ecuatoriana.

Como periodista gustaba redactar con términos incisivos y hasta cáusticos en ocasiones, producto del tráfago diario de su vivir. Fue un excelente comentador de noticias y tuvo estilo agradable, coloquial y hasta telegráfico. Polémico en hechos, no gustaba de lo abstracto y rehuía por sistema lo complicado o dialéctico. Mas, cuando disertaba en clase, demostraba erudición y lo hacía sencillamente pero en tono sapiencial.

Todo en él era raudo y veloz, sencillo hasta la llaneza y por eso ganaba corazones y abría cauces para nuevas vocaciones. Podía disertar por horas sin cansar a sus auditorios y sin perder la rigurosidad científica. ¡Raro caso de maestro que sabía enseñar y divertir!, que combinaba tan bien lo serio y lo científico con lo meramente anecdótico, por eso se le recuerda con admiración y simpatía, porque cultivaba en cada una de sus clases la divina eutrapelia (enseñar divirtiéndo).

Gentil, apasionado, visceral, intenso, primario. Amaba y odiaba con pasión pero sin maldad, porque su generosidad no se lo hubiera permitido. Su carácter optimista, sus expresiones rotundas, ricas en gestos y modulaciones, poseía una voz fuerte y agradable.

En todo sabía poner su alma, por eso convencía; usaba lentes sin marcos, aconsejaba con oportunidad y eficacia, entregando tiempo y persona. Vestía pésimo por su eterna prisa.

Uno de sus alumnos ha dicho "Su propósito era vital para la educación. Emplear la imaginación de las cosas para describirlas. Así como mostraba hachas de piedra, collares de cuentas de conchas, oro o cristal de roca, un cráneo deforme, así sentía verdadera vocación por la arqueología. ¡Qué gigantesca emoción le producía en su espíritu cada vez que un tiestos una figura precolombiana caía en sus manos! Era algo así como un tesoro de quilates subidos que el maestro sabía velar como a su propia existencia".

Como historiador investigó cuando escribió para "La Nación", pero sabía recrear pasajes y escenas del pasado con notable luminosidad. Tal mi maestro, mi lejano pariente, a quien traté especialmente en el curso lectivo del 54 al 55 en el Vicente Rocafuerte.