JULIO JARAMILLO LAURIDO
CANTANTE.-Nació
en Guayaquil el 1 de Octubre de 1.935 en la Clínica
Panchana. El parto fue atendido por el Dr. Liborio
Panchana y el niño fue bautizado con los nombres
de Julio Alfredo. Hijo legítimo de Juan Pantaleón
Jaramillo Erazo, nacido en Machachi provincia del
Pichincha al rededor de l.902, que para huir de la
pobreza existente en la sierra arribó a Guayaquil
a finales de los años veinte en compañía
de su hermano Damian. Para sobrevivir trabajó
en diferentes oficios, fue sastre y el 14 de Febrero
de l.932 casó con Apolonia Laurido Cáceres
hija de un obrero jamaicano traído por Harcher
Harman para la construcción del ferrocarril
y vivieron en un pequeño departamento alquilado
en Gómez Rendón y Villavicencio. Viuda,
doña Apolonia, tuvo una hija de un segundo
compromiso.
Juan Pantaleón se especializó
como obrero marmolista en la fábrica de un
ciudadano italiano y murió a causa de un accidente
de trabajo ocurrido el 2 de Abril de l.941 mientras
fabricaba una cruz de marmolina para la tumba de su
hijita recién fallecida, cuando al sacarla
del molde sufrió un resbalón y la pesada
cruz le golpeó en el vientre y desgarró
un brazo. Llevado de urgencia al Hospital no pudo
soportar la aguda hemorragia interna y le sobrevino
un paro cardiaco.
Sus dos hijos: Pepe el mayor,
nacido el 15 de Diciembre de l.933 y Julio el menor,
no solo quedaron huérfanos sino también
en el mayor desamparo pues la madre, aunque había
cantado de chica a dúo con su madre y en los
coros de las escuelas religiosas donde aprendió
las primeras letras, solo era una ama de casa, pero
sacó fuerzas para ganarse la vida; primero
vendió chiclets, colas y sanduches frente a
la Piscina Olímpica donde se había cambiado,
después fue Enfermera veladora nocturna en
la Clínica Edmundo Vera y consiguió
trabajar de día en los Laboratorios ECU. por
lo cual casi no tenía tiempo para dormir, finalmente
fue enfermera del Hospital de Aislamiento ( Alejandro
Mann )
Julio siempre había sido un niño delicado
y sufrió de bronconeumonía, tuvo principio
de parálisis infantil, le sobrevino la difteria,
una disentería amebiana y hasta fiebre tifoidea
pero siempre le atendió el Dr. Francisco de
Ycaza Bustamante, pediatra especializado, que no le
cobraba a su madre en el Hospital de Aislamiento donde
ella trabajaba, porque había sido su padrino
de matrimonio. De todo eso le quedó un asma
inveterada que no le abandonó nunca.
Pepe y Julio estudiaron en
la escuela de artes y oficios de la Sociedad Filantrópica
del Guayas pero Julio solo llegó al tercer
curso porque faltaba a clases y era considerado un
niño problema. Ya vivían en un chalet
de madera y caña en el barrio de Brasil y Coronel
donde también habitaba un músico llamado
Ignacio Toapanta, que además era fabricante
de guitarras, a cuyo departamento de soltero concurría
diariamente un grupo de muchachos con el ánimo
de aprender a tocar dicho instrumento. Allí
se iniciaron los hermanos Jaramillo y descubrieron
que ellos también podían rasgar guitarras
y cantar bonito. Su madre se oponía a que fueran
cantantes y cuando los escuchaba les daba duro en
la boca.
En 1943 se cambiaron a Guaranda
y Manabí. Doña Apolonia matriculó
a Julio en la escuelita fiscal “Francisco García
Avilés” ubicada por los contornos, cuyo
director era el maestro Lauro Dávila, comprometido
con los músicos por ser el autor de numerosas
letras utilizadas en canciones muy populares. Pepe
comenzó a asistir al Programa Tribuna Libre
del Arte en Radio Ortiz y a otro de carácter
infantil que se pasaba semanalmente en Radio América.
En el primero conoció al locutor Carlos Armando
Romero Rodas. De estas andanzas nada sabía
doña Apolonia pues sus dos trabajos le restaban
muy poco tiempo para el hogar y los chicos andaban
- como se dice - sueltos.
El 44, cuando solamente tenía
nueve años de edad, acostumbraba vagar por
las calles aledañas a su domicilio y los Carabineros
del Cuartel vecino lo quisieron llevar preso por contravenir
al toque de queda decretado para las nueve de la noche
por la proximidad de la campaña electoral y
tuvo su madre que salir a defenderlo, haciéndole
entrar a la casa a empellones, donde comprobó
que del susto se había orinado los pantalones.
Al finalizar la primaria su madre quizo llevarlo al
Colegio Mercantil para que siguiera la carrera de
Contador, pero no hubo forma de convencerlo.
El 29 de Mayo, mientras su
madre ayudaba como enfermera a curar a los heridos
en la Cruz Roja, Pepe y Julio visitaron las ruinas
calcinadas del Cuartel de los Carabineros y pudieron
observar a los muertos que estaban tendidos en las
calles y en el patio interior. La impresión
recibida les duraría mucho tiempo.
El 47 comenzó a trabajar
de ayudante de albañil en una construcción,
después trabajó en la zapatería
de calzado fino para mujeres del maestro Arteaga cuyo
taller estaba justo al frente de su casa, donde demostró
buenas aptitudes para ese oficio, se peleó
con un compañero y pasó a la zapatería
del maestro Manuel Zúñiga en Ayacucho
y Chimborazo pero se cansó pronto y se hizo
charolador de muebles en el taller del maestro Luis
Espinosa, también cerca de su casa. Prefería
las mujeres a los deportes y los fines de semana,
en lugar de jugar a la pelota, sus amigos le veían
vacilando chiquillas, haciéndoles guardia en
sus domicilios, piropeándolas al pasar.
En l.950 su hermano Pepe integraba
el Dúo Guayaquil con un guitarrista de apellido
Díaz. Julio era asiduo concurrente a los programas
musicales de Radio América. Estaba gordito,
vestía overoles azules y se hacía querer
de todos por su natural simpatía. Todavía
no recalaba en la cantina de la Mamita, Rosario Castro
Arteaga, en Machala entre Luque y Aguirre, sitio de
artistas populares que interpretaban pasillos y boleros
y hasta de algunos ricachones.
Con Pepe empezó a tomar
clases de música en casa del compositor Carlos
Rubira Infante y ensayó la canción "Jilguerito
tráeme besos." Ya era conocido en las
radios por su hermosa y cálida voz de gorrión
doméstico que narraba historias de amor y de
desamor y hasta se hizo noctámbulo porque recién
comenzaba a vivir a partir de las doce de la noche.
Los músicos de la Lagartera de la calle Santa
Elena entre Aguirre y Ballén, de tanto verle
entre ellos terminaron por aceptarlo como uno más
del gremio. Palizas, amenazas, ruegos y lágrimas
de su madre no le conmovían, de manera que
en cierta ocasión trabajó como cantante
en el cabaret Puerto Rico, antro de perdición
barata que quedaba en Boyacá y Piedrahita,
zona conocida como peligrosísima por la cantidad
de maleantes que la circundaban. Allí mantuvo
amores con una prostituta y por defenderla se trompeó
con el dueño de otro lenocinio que funcionaba
en los bajos, de manera que tuvo que alejarse del
sitio y volver a la lagartera de donde había
salido.
Entonces se unió a tres
amigos de su edad Holguer (peluquín) Jara,
Raúl Espinosa y Luis Alarcón y se fueron
a rodar por los pueblos de Manabí y Esmeraldas
cantando en trío, permaneciendo por algún
tiempo dando tumbos y tuvo que emplearse de zapatero
para poder comer hasta que Julio Morante les arregló
sus documentos a Colombia y actuaron en Pasto y en
Popayán con éxito incierto.
De regreso alguien le presentó
una tarde en el programa de aficionados "Descubriendo
Estrellas" que dirigía Julio Morante en
la Radio El Triunfo, ubicada en Rumichaca entre Colón
y Alcedo, donde consiguió como primer anunciante
a los “Zapatos Rapidol” empresa de los
hermanos Saltos Domínguez. Después lo
hizo en otro similar de la Radio Cóndor que
dirigía Gonzalo Heredia, donde los ochenta
o cien asistentes pagaban cuatro sucres cada uno,
que los propietarios y los artistas se repartían
por partes iguales. Allí conoció al
requintista Rosalino Quintero, maestro de la guitarra,
que tanto benefició sus comienzos de cantante
con el acompañamiento sin igual de su instrumento
mágico.
El incidente ha sido magistralmente
narrado por Jorge Velasco Mackenzie en su novela "El
rincón de los justos" a través
de "El Cuento de Erasmo" y dice así
refiriéndose a J.J. - Fuiste el zambo infiel
de codo alzado, el plato lleno para los muertos de
hambre, los que a tu muerte te cafetearon largo, te
dieron vueltas y vueltas en el Coliseo Cerrado donde
te velaron, Como tu, que de oficio de albañil
te volviste pasillero, primero cantando encima de
los sacos de cemento, entre montones de arena y piedra
fina, después tu eras la radio; por eso le
tirabas esquina a la Blanca Rosa, te ibas nomás
de frente hacia su ventana y colgabas de las rejas.
Fue a ella a quien dedicaste el primer número
de tu presentación en la radio Cóndor,
cuando dijiste con voz de tiple. Este pasillo va dedicado
a la mujer de iniciales B.R. entonces todo el mundo
aplaudió porque creyeron que se trataba de
su madre, la pobre vieja que ahora ni una casa tiene.
Todo eso pasó cuando Armando Romero Rodas no
tenía Radio Cristal, la del balcón del
pueblo, ni había en el aire la hora tuya...
El 5l, de solo l6 años,
anduvo con una mujer que había sido amante
de un policía y cuando éste los encontró
juntos, no disparó por considerar muy joven
al amante furtivo. El 52 fue contratado por el dirigente
cefepista Luis Orellana Erazo, para grabar con el
compositor y guitarrista Abilio Bermúdez, la
marcha política "Nuestro Líder",
original de Ruperto Romero Carrión, en homenaje
al Capitán del Pueblo ecuatoriano, Dr. Carlos
Guevara Moreno. La marcha fue interpretada con el
trío Los Soberanos compuesto por Pedro Chinga,
Alfredo Lamar y Abilio Bermúdez y cada participante
recibió trescientos sucres por su trabajo en
la grabación. Ese año mantuvo un compromiso
con Blanca Pozo, mayor que él, en quien tuvo
dos hijos y con una chica llamada Irene a quien tenía
de día ayudando en las labores en casa de Doña
Apolonia y de noche se iban a dormir a un cuarto aparte
alquilado en el vecindario. El hijito que tuvieron
murió de escasos ocho meses a consecuencia
de una apendicitis mal diagnosticada.
De esta época son sus
primeras canciones que le dieron una cierta notoriedad
"Playita Mía" y "Carnaval de
la Vida" que rivalizaban en las rokolas con "Palmeras"
y con "Conchas y Corales" de otros cantantes;
pero el dinero que ganaba se le hacía agua
en las manos pues no creía en el ahorro ni
en la inversión. Todo lo gastaba en tonterías
o lo regalaba a sus amigotes de bebezonas en las cantinas.
“La vida es así, hay que vivirla, porque
cualquier rato se acaba” aunque detrás
de esta filosofía se escondía el macho
egoísta y fanfarrón, bueno en esencia
aunque en la práctica actuaba como un vicioso
y perverso egoísta.
El compositor Carlos Rubira
Infante grabó a dúo con Julio su composición
“Esposa”. Este había mantenido
su nombradía con el yaraví “Pobre
mi madre querida” original de Alberto Guillén
y el pasillo “Mi corazón”de Gonzalo
Vera Santos. La popular Fresia Saavedra le llamaba
“barrigache”por lo gordito, cuando cantaban
juntos, siendo él muy respetuoso con ella,
a quien solo mencionaba como “mi señora.”
Ese año 52 cobró
mayor notoriedad cantando boleros con el acompañamiento
del guitarrista Abilio Bermúdez en los intermedios
de las tres funciones que diariamente se pasaban en
el popular cine Guayas, más tarde lo haría
solamente con Rosalino Quintero en los intermedios
de las nocturnas de los Jueves, Viernes y Sábado
y siempre con llenos completos y tanto que el propietario
les contrató inclusive para los domingos, donde
se reforzaban con los guitarristas Sergio Bedoya,
el chino Ruiz y el bongoncero Luis (cara de haba)
Alarcón; pero no todo le salía bien,
pues una chica quinceañera se empeñó
en acosarle - asistía a todas sus funciones
- hasta que Julio terminó por violarla una
tarde, detrás del escenario. A las pocas semanas
la chica le denunció a la policía, se
armó un problema y desde entonces algunos malquerientes,
solo para molestar, solían chiflearlo insinuando
que era homosexual y Julio terminó por dejar
de cantar en dicho cine.
El 54 los militares se lo llevaron
a la conscripción a la fuerza por su condición
de remiso, sacándole de la oficina de Francisco
Feraud Aroca en el boulevard. Primero estuvo acuartelado
en el batallón de infantería No. 3 Guayaquil
cuyo Comandante era el Mayor Lorenzo Hinojosa Calero
pero al poco tiempo lo pasaron de ordenanza a la Segunda
Zona Militar y comenzó a realizar esporádicas
intervenciones artísticas con licencias que
le conferían sus amigos oficiales, que las
más de las noches le cargaban farreando en
serenatas, fiestas particulares y lugares poco recomendables,
quizá por esta causa Julio terminó acomodándose
definitivamente en una bohemia de malas noches, tragos,
cigarrillos y mujeres de la vida, lo que a la postre
le afectó su estado general hasta llevarlo
prematuramente a la muerte. Una mañana, el
Jefe de Zona, Coronel Piñeiros, le mandó
a lavar el carro y como Julio se escapó, sus
amigotes militares, para evitarle el castigo, consiguieron
su pase a El Oro, donde terminó la conscripción.
Al salir de la conscripción,
abandonó a Irene, aunque ella siguió
viviendo cinco años más en casa de la
madre de Julio y llevándose muy bien con ella
porque se querían mucho. Julio Morante le presentó
a su cuñada Odalia Sánchez Moreno, a
quien Julio -traicionando la confianza de su amigo-
hizo su amante y como era pobre habitó con
ella en el departamento que alquilaba Morante cerca
del estadio Yeyo Uraga. De esta unión nació
un hijo. Ella terminó de boletera de la piscina
Olímpica.
El 13 de Mayo de l.955 lo casaron
con Maria Eudocia Rivera, quien daba sus primeros
pasos como cantante en las radios de Guayaquil. El
matrimonio se celebró en la iglesia de San
Alejo, ella estaba embarazada de cuatro meses y como
aún era menor de edad la cárcel esperaba
al violador. Su madre se enteró cuando él
le llevó esa noche una funda de dulces y un
pedazo de la torta de bodas. Este matrimonio terminó
cuando Julio grabó “Fatalidad”,
se hizo famoso y se fue con Blanquita Garzón
dejándola embarazada de cinco meses de su segundo
hijo. Años después doña Apolonia
le solicitó la firma para el divorcio. Maria
Eudocia contrajo nuevas nupcias con un hijo de Toño
Cajamarca. Estando casado con ella Julio había
conocido a Blanquita Garzón, estudiante de
colegio, vecina y amiga de ella, de toda su confianza,
al punto que cuando la iba a visitar por las tardes
se le acostaba en la cama. Blanquita terminó
de amante de Julio.
Su hermano Pepe había formado dúo con
Olimpo Cárdenas y realizaban giras por Colombia
pero finalmente terminaron por separarse. Olimpo grabó
"Fatalidad" y cuando esa pieza pegajosa
llegó al Ecuador, Francisco Feraud Aroca, Gerente
de los Almacenes de Música J. D. Feraud Guzmán,
para evadir el pago de regalías a la casa disquera
de Colombia, le solicitó a Julio que grabara
“Fatalidad”, por quinientos sucres, imitando
en todo lo posible la voz de Olimpo pero fue respondido
“No solo eso, lo voy a superar.” Al revés
grabó "Náufrago de Amor" que
siempre fue la canción favorita de su madre
y que le abrió las puertas de las giras internacionales.
Para el acompañamiento musical se escogió
el requinto de Rosalino Quintero y las guitarras de
Sergio Bedoya, Juan (chino) Ruiz y Carlos Silva Pareja.
Por entonces, Blanquita Garzón,
abandonada con dos hijos en una casucha del suburbio,
empezó a bailar en diversos espectáculos
y se hizo famosa, al final terminaría en el
Cabaret Dominó. Los múltiples compromisos
que comenzó a adquirir Julio lo alejaban por
largas temporadas de nuestro medio y al regresar meses
después, le propinaba folklóricas golpizas
a Blanquita, donde la encontrara, porque no le guardaba
las espaldas, a sabiendas que la dejaba sin un centavo
para comer con sus dos tiernas criaturas y que bailar
ritmos caribes en los nigh clubs de Guayaquil era
lo único que ella sabía hacer para subsistir.
En cierta ocasión la encontró en la
esquina de 9 de Octubre y Boyacá y le cayó
a trompadas, intervino la policía y J.J fue
a dar a la cárcel. El asunto se volvió
escandaloso por los periódicos y causó
la conmoción que es fácil adivinar,
tratándose de dos figuras del medio artístico.
Blanquita llevó una vida de pobreza hasta que
la muerte la sorprendió en el Hospital General
entre terribles convulsiones provocadas por el tétano.
Su fallecimiento pasó desapercibido hasta para
la prensa sensacionalista que hubiera podido medrar
a costa de su antigua fama, porque fue muy bella y
de una dulzura casi incompatible con la dureza de
la existencia que le tocó sobrellevar.
La tesitura de su voz hizo
de Julio Jaramillo un cantante único y nuevas
grabaciones confirmaron su creciente fama: “Amada
Mía”, “Sendas Distintas”,
“Alma Mía”, “Falsía”
y no había celebración cívica
donde no fuera llamado. Le llovían los contratos
de toda la república.
A fines del 55 realizó
su primera gira artística por Colombia, país
al que regresaría varias veces entre el 75
y el 76 ( Bogotá, Medellín, Manizales)
El 56 viajó al Perú con Rosalino Quintero
y otros dos guitarristas y el éxito no se hizo
esperar. Trabajaban en radios, teatros y carpas y
durante esa gira entregó todo el dinero que
tenían a unas monjitas de la Caridad que le
pidieron una limosna para los niños de un asilo.
Nos quedamos sin siquiera tener para un ceviche, recuerda
Rosalino, cuando se le pregunta al respecto. Y tan
bien le fue en el Perú que Julio volvió
el 57 a Lima, con su manager Manuel (el diablo) Dávila
y en una artista peruana llamada Ana Melba, a quien
conoció en esa capital, tuvo una hija. Ese
año terminó con radio Cóndor
a consecuencia de un incidente que tuvo con el Director
Gonzalo Heredia. De allí pasó a radio
Cristal donde se mantuvo algún tiempo.
El 58 viajó a Buenos
Aires, actuó en la Televisión con éxito
antes no visto. Se paraba frente a las cámaras
sin movimiento alguno y cantaba, también filmó
con Antonio Prieto la película "Mala Mujer".
Cobró notoriedad con el tango "Te odio
y te quiero", contrajo matrimonio con la artista
argentina Gloria Reich, y el empresario Aldo Legui
le hizo grabar un disco único, propiedad exclusiva
del que lo había contratado. El 58 pasó
a Montevideo, fue recibido por miles de entusistas
admiradoras, se presentó en el Palacio de los
Deportes ante dieciséis mil personas y fue
fama que se quedaron otras dieciséis mil afuera,
sin poder entrar, pues sus discos grabados en la Argentina
le habían ganado una enorme popularidad. En
Paisandú, cantando "Nuestro Juramento"
del compositor puertorriqueño Benito de Jesús,
el público le lanzó monedas y billetes,
costumbre uruguaya que le asombró, pues nunca
le había sucedido nada igual. Ya era conocido
como “Mister Juramento”, apodo que no
le disgustaba pues era muy jovial y sencillo y todo
lo aceptaba cuando venía de sus admiradoras.
NUESTRO JURAMENTO.- Bolero.-
No puedo verte triste, porque me mata / tu carita
de pena, mi dulce amor, / me duele tanto el llanto
que tu derramas / que se llena de angustia mi corazón.
// Yo sufro lo indecible, si tu entristeces, / no
quiero que la duda te haga llorar, / hemos jurado
amarnos hasta la muerte / y si los muertos aman después
de muertos / amarnos más.// Si yo muero primero,
es tu promesa / sobre de mi cadáver dejar caer
/ todo el llanto que brote de tu tristeza / y que
todos se enteren de tu querer. // Si tu mueres primero,
yo te prometo / escribiré la historia de nuestro
amor / con toda el alma llena de sentimiento / la
escribiré con sangre / con tinta sangre del
corazón. //
Al mes siguió a Bolivia,
fue atendido por el Embajador Abel Romeo Castillo
en su casa, quien le organizó en La Paz una
recepción con asistencia del Cuerpo Diplomático;
pero a la semana se regresó al Ecuador porque
según dijo, el clima demasiado frío
y seco le perjudicaba la voz.
En esos primeros tiempos era
llamado a cantar a todos los países de la América
Latina y en todos se presento excepto en Cuba y Puerto
Rico, pero donde vivió más tiempo fue
en Venezuela y allí tuvo el sello discográfico
"J.J. Radio Mundial de Caracas" que pasaba
una hora diaria con sus canciones.
A principio de los sesenta
Rafael Alvarez Soler le programó una gira por
Centroamérica y México con su hermano
Pepe como guitarrista. Hicieron escala una noche en
Panamá para hacer el cambio a Managua. Esa
noche los músicos panameños le brindaron
una velada de música y canciones inolvidable.
En Nicaragua estuvo un mes en contínuas presentaciones
y otros tantos triunfos, incesantemente las radios
trasmitían su música. En Honduras el
éxito también fue indescriptible. En
Guatemala no le conocían pero tras sus primeras
presentaciones ganó treinta mil dólares
en solo quince días. Enseguida pasaron a El
Salvador, se enamoró de la artista Coralia
Valle y se casó con ella en un programa especial
de la Televisión cuyos dueños pagaron
todos los gastos de la celebración que recuperaron
con creces por la publicidad cobrada ( a pesar de
que seguía casado en el Ecuador con Maria Eudocia
Rivera) A la semana J. J. partió a Costa Rica
abandonando a la flamante novia que de la pura vergüenza
por el escándalo, se refugió en Colombia
para no volver jamás a su país.
En San José trató
al célebre cantante puertorriqueño Daniel
Santos, a) El inquieto anacobero, con quien hizo una
grande y profunda amistad y volvió a Honduras
con una oferta de catorce mil dólares por dos
semanas de presentaciones que fueron otros tantos
éxitos. Finalmente terminó la gira en
Panamá, se presentó en boites de primera,
en la Televisión, recorrió el país,
tuvo un romance con una chica y como la abandonó,
ella se quizo suicidar. Julio cometió el error
de irla a visitar a la clínica y el hermano
de ella lo hirió en la pierna con un cuchillo.
Felizmente lo contuvieron, pues deseaba asesinarlo.
El asunto le mantuvo una semana alejado de los micrófonos.
Todavía no conocía
México, país que tiene fama de ser muy
exigente con los artistas, de manera que al pisar
la capital modificó el acompañamiento
de sus canciones, dejando a un lado al requinto e
incorporando una mayor cantidad de instrumentos. Julio
llegó a cantar y a grabar con trompetas, bandoneones
y violines. Compuso una tonada pegajosa “Mexicanita”,
se hicieron nuevas versiones de "Fatalidad"
y de "Nuestro Juramento" que en el Ecuador
no se conocen y en el popular teatro "Blanquita"
desplazó de las carteleras a artistas de gran
renombre como Javier Solís y al trío
Los Panchos; mas, en cierta ocasión, dejándose
llevar por su machismo, golpeó malamente a
Gloria Reich, quien le denunció. El asunto
se volvió turbio y las autoridades mexicanas
le deportaron y pasó a Venezuela.
En Caracas casó con
una menor de edad llamada Graciela pero también
tuvo hijos con otras mujeres de las que únicamente
se recuerda sus nombres: Maria Luisa y Teresa. A todos
les ponía el nombre de Julio, a los propios
como primer nombre y a los que recogía de sus
mujeres como segundo y con todos fue generoso mientras
se acordaba de ellos, pero como viajaba mucho los
olvidaba pronto; sin embargo, a la par de egoísta
e irresponsable, siempre tuvo un lado bueno y todo
lo hacía naturalmente, sin malicia, porque
nunca dejó de ser el mismo muchacho de barrio,
sencillo y humano, que en noches de licor gastaba
su dinero en amigos, quienes veían en él
al artista campechano, afable y de fama.
En 1.970 casó en Caracas
con Luisa Navarrete y casi enseguida con Nancy Arroyo
Henao, hija de padre ecuatoriano. Con ella vivió
los últimos diecisiete años de vida
que le quedaban, aunque sin serle fiel porque esto
era contrario a su naturaleza. Tras su fallecimiento
ella declaró que le había convertido
a la fe evangélica, aunque doña Apolonia
aseguró que su hijo Julio murió en la
católica y que esto lo sabía perfectamente
bien pues él le escribía siempre, contándole
todo lo que le sucedía en cualquier sitio donde
estuviera.
En l.973 se estableció
definitivamente en México y desde allí
se desplazó en numerosas ocasiones a los Estados
Unidos donde existen comunidades fronterizas de habla
hispana. En Texas adquirió varios equipos para
instalar una radio, pero como no disponía de
los papeles de importación, los dejó
encargados a un amigo en Tijuana y nunca se preocupó
en reclamarlos. En otra ocasión, estando de
paso por Laredo, Texas, durante una fiesta popular,
sufrió un principio de infarto que superó
exitosamente y terminó por restar importancia
al incidente.
Y de triunfo en triunfo, viajando
siempre y sin un hogar estable, vivió veintiún
agitados años que transcurrieron entre su primera
gira en l.955 hasta su regreso a Guayaquil el 23 de
Julio de l.976, cuando la firma comercial "J.
D. Feraud Guzmán" con motivo de sus sesenta
años de existencia comercial, le trajo de Medellín,
donde J.J. vivía con su hermano José,
para realizar varias grabaciones. Su recibimiento
en el aeropuerto fue apoteósico y al ser llevado
al local de Radio Cristal cantó en el balcón
para el pueblo. El clamoreo fue general y bien impresionado
por esta recepción pasó a la casa de
su madre, a quien abrazó tras largas jornadas
de ausencia.
Al principio todo fue bien,
reunió a sus numerosos hijos e hijas en el
Hotel Atahualpa para conocerlos ya que por su larga
ausencia, no los había visto crecer y no tenía
idea de quienes eran; se presentó en el show
de Hilda Murillo en el Canal 4 de la Televisión,
vendió sus grabaciones y consiguió varias
presentaciones personales, pero se le veía
cansado, avejentado, carcomido y de paso algo ronco.
En el Coliseo Huancavilca fue abucheado porque su
voz ya no era la de antes. Para colmos, numerosos
émulos le habían dado fama de bisexual,
a él, el machista por excelencia. En otra de
sus presentaciones, en el teatro al aire libre "Bogotá",
al pie del cerro del Carmen, un grupo de jovencitos
le insultó y tuvo que retirarse del escenario.
Esa noche juró no volver a cantar en Guayaquil
y para sobrevivir conservó únicamente
el programa de una hora diaria llamado "La Hora
de J.J." en Radio Cristal, viviendo en humilde
pobreza y solo de las escasas propagandas que obtenía
su esposa, pues no había ahorrado un solo centavo
de los cientos de miles de dólares percibidos
por su arte en los veintiún años de
constantes giras por toda Latinoamérica,
Su amor propio estaba en un
punto muy bajo, ya no era el mismo de antes, su cuerpo
fofo había perdido el deseo de vivir. Una tarde
se puso muy mal de salud, un agudo dolor se le clavó
en el vientre. Según se dijo después,
sufría de cirrosis, posiblemente complicada
con tuberculosis, lo que jamás fue comprobado.
El jueves 28 de Enero de l.978
fue internado en la Clínica Domínguez.
Su propietario el Dr. Bristol Domínguez, de
la religión evangélica, le aceptó
sin el reuisito del depósito en dinero que
le exigían en otros centros de salud y le operó
el domingo 3 de Febrero de la vesícula, encontrando
que tenía tres piedras. J.J. salió bien
de la operación. Se ha dicho por parte de personas
idóneas que durante el postoperatorio y en
un rapto de desesperación se arrancó
los drenes de las heridas. Esta acción casi
suicida le puso nuevamente al borde de la muerte con
una peritonitis biliar y aunque los médicos
trataron de superar el daño, no pudieron.
Mientras tanto la noticia de
su gravedad había circulado en la ciudad y
el país y sus canciones se trasmitían
incesantemente por las radios. J.J. seguía
en su entero juicio y libre de dolores por los sedantes
que le administraban, al punto que alcanzó
a pedir por escrito, pues estaba entubado, que le
permitieran escuchar sus canciones y cuando las oía
por la radio rompía a llorar.
La noche del jueves 9 de Febrero
a las 9 y 15, al décimo día de su internamiento,
bajo los cuidados del Dr. Armando Briz, yerno de Rosalino
Quintero, tras conversar con su esposa y con un Interno,
dejó de respirar sin señales de agonía.
En eso entró a la pieza el Dr. Domínguez
y notó que acababa de fallecer. J.J. tenía
solamente 42 años de edad y sus amigos le iban
a trasladar al Hospital del IESS y hasta reunían
dinero para llevarlo a una Clínica de los Estados
Unidos.
Se veló en el auditorio
de Radio Cristal, luego lo pasaron al Salón
de Honor de la Municipalidad, todo local resultaba
estrecho y en medio de una marea humana que pugnaba
por cargar el féretro, conducido por las calles
llegó al Coliseo Cerrado donde también
se agolpó la muchedumbre y algunos se despedían
varias veces del ídolo y surgieron casos de
histeria, lloraban, se desmayaban, gritaban, caían
al suelo sin sentido. Nunca se había visto
tanta gente en un sepelio. Dentro del camposanto varias
bandas de músicos populares tocaban sus aires.
El acto fue retransmitido por las emisoras locales.
Había nacido un mito, el del cantante salido
del pueblo y famoso que jamás había
renegado de sus orígenes humildes, el del hombre
de generoso corazón y bolsillo fácil
que gustaba ayudar a los pobres y representaba el
machismo porteño. Venezuela fue inmediatamente
sacudida por una fiebre jaramillista y desde entonces
muchas canciones se han escrito en su memoria // El
panita que se fue / el compañero del arte /
el que fuera el baluarte / del cantar sentimental.
//
Su vida también fue
llevada al cine. Producciones García Dos rodó
en México y en Guayaquil un largometraje titulado
"Nuestro Juramento" con argumento de su
hermano Pepe Jaramillo y guión de Miguel Donoso
Pareja, tratando -aunque inútilmente- de reducir
su azarosa existencia al plano cinematográfico..
En definitiva, un homenaje más al ídolo,
el siempre recordado "Mister Juramento."
Al ser consultado un psiquiatra
sobre la razón de la fama póstuma, del
mito de J.J. el mito, respondió: Cantaba bonito,
su voz era dulce y pegajosa, modulaba perfecto. Tenía
una gran simpatía personal y hasta era buen
mozo y todo junto hizo de él un paradigma en
su estilo. Aparte de que murió justo a tiempo,
cuando aún tenía fama pero empezaba
a declinar, por eso el mito.
J.J. fue un caso raro de calidad
artística y carisma puro, se hacía querer
en todas partes, era repentista, expansivo, alegre,
veneraba a su madre y donde quiera que iba levantaba
a las multitudes. Lamentablemente también fue
machista, usaba a las mujeres y las abandonaba con
hijos que reconocía para mantener su propia
imagen de macho latinoamericano pero nada más.
Y como nunca estuvo psicológicamente preparado
para el triunfo internacional, botó el dinero
que ganaba fácil y quedó pobre y para
colmos, por abusar de los cigarrillos y el trago se
le fue tempranamente la voz. Su tumultuoso entierro
sirvió para revelar características
inigualables de su personalidad.
NANCY ARROYO HENAO
COMPOSITORA- Nació en la población de
Armenia, Colombia, el 11 de Enero de l.947 y fueron
sus padres legítimos Alfonso Arroyo Villandrando,
guayaquileño de familia serrana, músico,
compositor y actor cómico infantil, viajó
con un circo a la Argentina, volvió al Ecuador
y siguió a Colombia. En la población
de Armenia conoció a Mariela Henao Suárez,
trapecista del Circo Egret, con quien casó
y tuvo cinco hijos. Viajaron a Centroamérica
en el circo Rasore. En l.948 compraron el circo Cóndor
que después vendieron en Venezuela. Hablaba
tres idiomas y el 50 se estableció con los
suyos en Caracas, trabajando la serie radial infantil
“Las aventuras de Monicaco y Bobó”
que se trasmitía los sábados en la Radio
Nacional, tuvo un gran éxito y logró
una alta sintonía nacional. Después
hizo radionovelas con su esposa, finalmente le nombraron
Director de Programación del primer Canal venezolano
de Televisión haciendo de libretista y argumentista;
pero se separó de su esposa y los cinco niños
se dividieron, los mayorcitos con el padre y los menores
con la madre. Nancy se afectó y aunque era
una niña despierta e inteligente, se hizo rebelde
y voluntariosa.
Su madre se trasladó
a la población de Acarigua, estado de Portuguesa,
casó con el comerciante colombiano Guillermo
Pacheco y tuvo un hijo. Nancy permaneció con
su padre en Caracas, interna en un Colegio de monjas,
de donde salió expulsada. Fue matriculada en
una Academia de Taqui-mecanografía que no le
gustó porque siempre se había sentido
atraída hacia el arte, tocaba la guitarra con
su padre, tenía una excelente voz, clara dicción
y entonaba bonito. Finalmente fue enviada al Colegio
Hermágoras Cháves en Cabimas, estado
de Zulia. Entonces ocurrió el fatal accidente
de tránsito de su padre, cuando manejaba por
la autopista Caracas-La Guayra conduciendo a su personal
de trabajo. Iban a realizar un show infantil para
un cumpleaños en una casa de playa, el vehículo
colisionó con un enorme camión.
Nancy volvió con su
mamá, aunque por poco tiempo, pues nuevamente
fue internada en un Colegio de los betlemitas en Colombia.
De regreso en las vacaciones de l.963, ya su madre
vivía otra vez en Caracas separada de su segundo
esposo y empezó a conseguirle pequeños
contratos de publicidad acordes con sus dieciseis
años de edad.
Llamada a una sesión
de modelaje en el estudio fotográfico Miranda,
para la portada a colores de un disco del sexteto
“Los Blancos” y mientras posaba vestida
de campesina colombiana, entró al set el popular
cantante Julio Jaramillo, quien se fijó en
ella y luego de tomarse una serie de fotografías
y de que se alborotaran unas cuantas chicas que casualmente
estaban, se fue del estudio. Media hora más
tarde salió Nancy y Julio la abordó
románticamente, ella se sorprendió pues
era una jovencita hija de familia y el asunto no prosperó.
Julio era conocido de su madre
y a través de amigos comunes un sábado
de mañana, a eso de las diez y media, la fue
a visitar en el departamento bajo que ella arrendaba
en el edificio “El Mirador” so pretexto
de que era compatriota de su primer esposo, cuando
realmente quería enamorar a la joven Nancy.
Ella estaba malanochada pues se había quedado
haciendo unos deberes hasta las tres de la mañana,
pero tuvo que salir a la sala con el resto de sus
hermanos y en esta ocasión no le fue del todo
huraña pues Julio aprovechó que su anfitriona
había ido un momento a la cocina a traer unas
cervezas, para decirle en tono jocoso “Viste
que te encontré”.
De allí en adelante
empezaron a hablarse a escondidas de doña Mariela
que era muy estricta y no le permitía a su
hija tener enamorados, hasta que a los tres meses
se escapó al departamento amoblado que Julio
arrendaba en Caracas, donde un Jefe Civil les casó
poco antes de la navidad. Días después
Julio salió a trabajar y fue arrestado, pero
al enseñar el certificado matrimonial tuvieron
que dejarle libre. Doña Mariela, en cambio,
inició juicio de nulidad, alegando la minoría
de edad de su hija y consiguió una Orden Judicial
para que se la devolvieran, como efectivamente ocurrió.
Entonces se cambió subrepticiamente de domicilio,
con todos sus hijos, a Puerto la Cruz, en el estado
Anzoátegui, donde reinició su vida de
trabajos en las radios y consiguiendo contratos de
publicidad.
Nancy tenía una amiga
joven como ella llamada Belén, que avisó
a Julio del nuevo domicilio de Nancy, pero este se
portó mal y no hizo nada por recobrarla. Por
el contrario, se ausentó en una gira artística
por Centroamérica. Al saberlo por las noticias
que traían los periódicos Nancy se despechó
y tomando su guitarra compuso la letra y música
de un bolero que salió muy bonito y tituló
”Quería conocerte”.
Eduardo Cevallos, a) El patucho,
radiodifusor ecuatoriano muy amigo de su familia,
lo escuchó y quedó tan gratamente sorprendido
que lo aprendió de memoria. Coincidió
que al poco tiempo tuvo que viajar a Bogotá.
Una noche encontró casualmente a su amigo y
compatriota Julio Jaramillo y en son de broma le cantó
el bolero, cuya letra dice así: // De paso
en la vida / me detuve al verte / quería conocerte
/ pero nunca, nunca / llegar a quererte. // Hoy me
he dado cuenta / del amor tan grande / que a ti te
he entregado / aunque solamente / quería conocerte.
// Tuya fue la culpa / de yo haberte amado / tuya
fue la culpa / porque tus caricias / mi anhelo han
llenado.// Todas tus ternuras / y hasta tus engaños
/ han dado a mi vida / el perfume extraño /
que yo llamo amor.// Hoy que ya te marchas / te alejas
sin verme./ Viviré sin alma / seguiré
pecando / y te olvidaré. // Quizá algún
día / si volviera a verte / te diré
tan solo / quería conocerte / pero nunca amarte.
// Julio se picó inmediatamente pues jamás
le habían cantado las verdades como lo había
hecho esta chiquilla menor de edad y comprendiendo
que estaba frente a una mujer de extraordinarias cualidades
decidió volver.
Semanas después, por
contratos artísticos, volvió a Caracas,
alojándose en la elegante residencia Taormina,
de varios conjuntos de departamentos amoblados. Se
presentaba los fines de semana y los martes volaba
a Puerto La Cruz donde permanecía tres días
alojado en el hotel Pelícano para verse con
Nancy y cuando esta cumplió los dieciocho años,
se despidió de su madre y fue a vivir con su
esposo Julio en Caracas, iniciando una vida enteramente
feliz pues se querían y congeniaban haciéndose
bromas.
Julio cambió por completo,
se alejó de una jorga de amigotes y dejó
de farrear y beber, adquirió un vehículo
de lujo último modelo, tomó la vida
con mayor responsabilidad que antes, tratando de no
pasar malas noches para preservar su voz; pero como
siempre había sido travieso para el amor, de
vez en cuando le era infiel aunque a los pocos días
volvía al hogar con el buen humor de siempre,
como si no hubiera pasado nada, de manera que jamás
se le veía arrepentido. Nancy aprendió
a soportar esta conducta pues era imposible desprenderlo
de las admiradoras que se le insinuaban y hasta lo
perseguían por todas partes, al punto que Julio
dejó de concurrir a sitios públicos
para evitar el escandaloso comportamiento de sus histéricas
fanáticas. Las había de toda edad y
condición, desde simpáticas quinceañeras
hasta respetables damas de sociedad.