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FAUSTINO LEMOS RAYO
TIRANICIDA.- Nació y fue bautizado el 1o. de Mayo de 1836 en la villa de San Sebastián de Roldanillo, actual Departamento del Cauca, República de Colombia. Hijo de José María Lemos Bedoya, (1) Diputado a la Cámara Provincial de Buenaventura, quien, si no lo pudo reconocer legalmente como hijo, lo consideró como tal en sociedad y lo llevó a su hogar donde el joven José Faustino gozó de todas las comodidades y antepuso el apellido materno al paterno; y de María Luisa Rayo, campesina de raza mestiza, vecinos de esa Villa.

Conoció en su pueblo las primeras letras con el Presbítero Dr. Francisco Elías Guerrero y tuvo por condiscípulo al poeta Eustaquio Palacio. Tenía el temperamento ardiente pero al mismo tiempo impulsivo y predispuesto a la violencia, En 1850 abandonó la escuela y aprendió el oficio de hacer guarniciones en cuero. En 1851 defendió a su progenitor de una partida de forajidos que intentaba flagelarlo. Y cuando en 1854 el General Melo derrotó a José María Obando y se proclamó dictador. Rayo se enroló con otros jóvenes roldanilienses bajo el mando del Comandante Francisco García, pero fueron sorprendidos en Arroyo Hondo, a duras penas pudo salvar su vida y fugar a Palmira donde le ascendieron a Alférez y en unión de otros legitimistas atacaron en Cartago a los dictatoriales y tras larga lucha les vencieron, muriendo algunos parientes maternos suyos. Loco de dolor, los vengó cruelmente, no dando cuartel a los heridos ni prisioneros, de cuya muerte hacía ostentación paseándose por las calles principales con las manos, el rostro y los cabellos tintos en sangre. Desde esa época se hizo famoso por su crueldad, pues había demostrado que podía ser una bestia salvaje.


(1) El Padre de Rayo era de la más rancia aristocracia de Buga y la madre pertenecíase a la gente conocida de Roldanillo.
Racialmente era blanco como su padre, tenía la cara agraciada y varonil, estatura pequeña, bien formado el cráneo, las facciones correctas, cuerpo musculado, los ojos garzos o verdes, ancha la frente, rasgos pronunciados, el pelo rubio, la barba casi imberbe, la boca regular, los dientes parejos y se hacían visibles por cualquier movimiento de los labios, el pecho saliente, pero, tras esa aparente agraciada fisonomía, se ocultaba un hombre feroz y despiadado.

En 1855 intentó robar un cofre de joyas regalo de su padre a su esposa el día de sus bodas y al ser descubierto, huyó del hogar avergonzado y temeroso, porque su padre tenía fama de ser hombre muy duro.

Entonces se instaló en Cali y abrió un taller de talabartería donde permaneció inquieto hasta cuando en 1858 el Dr. Rafael Carvajal, en sus correrías por el Cauca en busca de dinero, voluntarios y armas para destruir al gobierno del Ecuador, lo halló y trajo a Quito con el grado de Alférez, a luchar contra el régimen constitucional del Presidente Francisco Robles García.

El 1o. de Mayo de 1859 García Moreno formó un Triunvirato en Quito y el 2 de Septiembre siguiente Rayo tuvo la oportunidad de pelear en Cuarantum. En Noviembre, de guarnición en Riobamba, le tocó estar preso para la sublevación de Cavero pero recobró su libertad por la tarde. García Moreno se valió de él para el desempeño de comisiones difíciles que no las podía encomendar a cualquier persona, encargándole hasta el dinero de la paga del ejército para que lo transporte de Quito. En 1860 poseyó casa propia en la calle de la Ronda. García Moreno le tenía por hombre de su entera confianza, al punto que le acompañaba por las noches a sorprender a los Amancebados. En Diciembre de 1863 asistió a la batalla de Cuaspud contra las fuerzas colombianas del General Tomás Cipriano Mosquera, como miembro de las ecuatorianas del General Juan José Flores; se portó con indudable valor, haciendo frente al enemigo hasta el último momento y cayó prisioneros con el grado de Capitán.
Sus compatriotas le condenaron a muerte por traidor, pero como alegó haber nacido en la hacienda Santa Rosa cerca de Tulcán y algún testigo afirmó que no se trataba del colombiano Faustino Rayo sino de otra persona cuyo nombre era Faustino Rozas, logró salvarse.

De allí en adelante García Moreno le siguió ocupando en asuntos no muy limpios y entre 1863 y el 65 le tuvo viajando en comisión del servicio militar al oriente, como Jefe de la escolta, generalmente compuesta de ocho hombres, encargada de llevar al destierro a los conspiradores, a los sacerdotes relajados, etc. es decir, a todos aquellos que caían bajo su furia diabólica (2).

En dichos viajes ejerció mando e influencia y hasta aprendió el idioma quechua de los indios y viendo que podía hacer pingues ganancias con el trueque de productos elaborados por cosas del país, se asoció con varios agentes e instaló una pequeña red comercial que funcionaba desde el poblado de Papallacta hasta el río Napo.

Desde 1865 que cesó el gobierno garciano quedó sin mando. A principios del 67, cuando el padre Vicente Daniel Pástor fue designado Vicario en el Napo, comenzó a tener serios tropiezos.

En Diciembre de ese año Pastor escribió al Ministro del Interior Manuel Bustamante dándole las quejas de Rayo, que abusaba de los indios; éste le contestó que siendo Rayo un simple particular nada tenia que ver en los asuntos de la provincia. Luego quizo escribir al nuevo Ministro, pero como el misionero Manzanos se había ausentado, no hubo quien le lleve la carta. Poco después renunció y Rayo siguió tranquilamente comerciando.

(2) Estos ciudadanos desterrados al Napo recibían un castigo terrible para la época, pues aparte de que se les alejaba indefinidamente de los suyos, se les abandonaba a merced de su propia suerte en el lejano poblado de Mazan, ubicado en lo más intrincado de la selva, con peligro muchas veces de muerte por lo abrupto del camino, o a merced de los elementos, las fieras o por inanición en caso de perderse.
En 1868 y a causa del terremoto de Ibarra se hundió la casa vieja que tenia en la calle de la Ronda en Quito y quedó muy endeudado. En Abril del 69, posesionado García Moreno nuevamente del mando, entregó el gobierno de las provincias del Oriente a los Jesuitas, quienes entraron por Baños a Papallacta con poderes extraordinarios, al punto que las autoridades civiles cesaron en su mando. Rayo volvió a mandar la escolta y hasta fue el proveedor de los víveres de ella, pues García Moreno siguió desterrando a sus opositores al Napo.

De esa época se cuenta que el mercedario italiano Padre Pedro Moro, llegado a Quito para reformar su Orden, ejercía tal poder omnímodo sobre los mercedarios ecuatorianos, que de común acuerdo con García Moreno desterró en 1869 al Napo a varios miembros de su comunidad, por el delito de ser "clérigos o frailes relajados". Salieron los padres Mariano Duran del convento de Quito, Guido Garzón, Mariano García y Ramón Rivera del de Latacunga. El primero, agobiado por las penalidades del viaje, dijo: "Si un Rayo no parte el cráneo de este tirano, sería capaz de no creer en Dios", frase que seis años después se tornó profética. (3)

Mientras tanto los Jesuitas empezaron a gobernar nombrando y cancelando Tenientes de los pueblos, Alcaldes y Gobernadores de Indios, imponían penas por faltas ligeras y por las graves remitían a los reos a Quito, conforme había sido la costumbre en siglos anteriores, pues habíamos involucionado al sistema de gobierno esclavista por paternalista y teocrático de las Misiones.

En eso ocurrió que el padre Manuel Guzmán, S. J. tuvo necesidad de utilizar mano de obra gratuita para cambiar al pueblo de Archidona a un sitio menos insalubre y como Rayo mantenía ocupados a los indios de esa

(3) El Padre Duran falleció ahogado en las aguas del turbulento Amazonas mientras cumplía su destierro.
zona labrando la pita, lavando el oro y llevando cargas a Quito, comenzaron a disputar.

Rayo gozaba de todas la confianza de García Moreno y aún del Superior de la Comunidad Jesuita del Napo, Padre Ambrosio Fonseca, de nacionalidad colombiana, a quien servía en diferentes oficios como Jefe de la escolta; pero como el Padre Guzmán insistiera contra Rayo, el Padre Fonseca lo mandó a llamar y en Marzo de 1871 logró que renunciara a la Jefatura de la Escolta. Nunca se ha sabido cómo pudo el padre Fonseca conseguirlo; en Octubre Rayo salió para Quito a ver de arreglar su situación personal con García Moreno, pensando que el asunto con el Padre Guzmán estaba olvidado y le permitiría regresar al Oriente. En Noviembre ocurrió la entreviste entre ambos personajes. García Moreno estaba furioso y Rayo le presentó una lista de acusaciones contra el Padre Guzmán. García Moreno le preguntó ¿por qué no ha firmado Ud.? Rayo contestó: Firmare aunque sea cuatro veces. García Moreno, muy molesto, le replicó: Cincuenta veces firmará Ud. y Ud. no volverá más allá y todos los blancos saldrán, dando por terminada la reunión a capazos.

Sin embargo de ello, como la pelea no había sido abierta ni definitiva. Rayo siguió insistiendo en volver al Oriente pues alegaba que para atender al comercio en dicha región había tomado dinero en préstamo a varias personas de Quito quienes le habían demandado el pago y que debía atender a su familia pues se había casado recientemente con María Mercedes Carpio. (4)


(4) El 24 de Diciembre de 1874 bautizó a su hijo Manuel Antonio Faustino Rayo Carpio, quien fue mayor en la policía. Antes habían nacido dos Rosas muertas en la infancia y después José María que usó el apellido Lemus de su abuelo paterno para evitar que le sacaran el parentesco.

García Moreno, que le tenía mucho agradecimiento por haber sido su brazo ejecutor en tantos destierros y su cómplice en otros abusos, se interesó ante el Padre Justo Pérez, S.J, para que recabara en el menor tiempo posible el pago de los cinco mil pesos a que ascendían los créditos pendientes a Rayo, lo que efectivamente realizó el Padre Pérez, enviandole con toda prontitud y puntualidad, en cancelación, varias cargas de pita, para agradar a Su Excelencia.

Con ese capitalito a fines del 71 abrió un talabartería en la plaza de San Francisco, justamente en la calle que conduce a Santo Domingo, trabajando con los siguientes operarios: Mariano Rubio, David Pérez, Manuel María Valverde, Ceferino Morales y Antonio Martínez, pero como las ganancias ya no eran tan fáciles como antes, le entró el deseo de regresar a su tierra y se acogió al apoyo oficial del Ecuador para tramitar la repatriación.

El gobierno colombiano desestimó su solicitud considerando de sobra perdida su calidad de ciudadano, apeló y las gestiones se hicieron largas en la Corte Suprema Federal, que el 15 de Julio de 1875 resolvió que si volvía a Colombia se le declararía colombiano por acto de la misma corporación. El Procurador Ramón Gómez pidió diez días después que la Corte reformara su resolución en el sentido de que el peticionario no podría recuperar su ciudadanía sin desvanecer previamente el cargo de haber tomado las armas contra su Patria.

Dichas dificultades y la mala situación económica que le sobrevino a consecuencia de la prohibición de continuar sus negocios en el Oriente y desde 1872 una numerosa competencia profesional, pues Francisco Flores y Zenón Salazar también instalaron talabarterías, le provocó rencores e insatisfacciones y usualmente exclamaba; "Día a de llegar que asesine a este bandido por quien he sufrido tanto". "Maldita sea esta tierra, aquí no se puede hacer dinero como en Colombia". "Compañero, vámonos de aquí, porque este tirano ha metido a tantos extranjeros que ya no podemos vivir".
Rayo estaba en la plenitud de su fortaleza física, tenía 39 años de edad y un aspecto de campesino sano y delgado, lo que unido a sus ideas obsesivas, a un temperamento religioso hasta el fanatismo, le tornaba asaz peligroso. Comulgaba todos los días y hasta se ha dicho que era miembro de la Conferencia de San Vicente de Paúl y como alguien le oyó y fuera a denunciarlo a la Policía, García Moreno dijo: "Este hombre es de los que comulga y por lo tanto no ha de ser verdad ni es peligroso", acordándose que días atrás le había visto comulgar en Santo Domingo.

A principios de 1875 el Dr. Manuel Polanco puso en marcha una conspiración contra García Moreno y creyendo que Rayo era el hombre apropiado por la dureza de su carácter para cometer un crímen, le llevó al grupo de jóvenes liberales y soñadores que después de haber leído la Dictadura Perpetua de Juan Montalvo, creían que el único camino posible para salir de la dictadura, justamente era matándolo. Así pues, con la complicidad del joven Manuel Cornejo y de Juana Terrazas, que era requerida en amores por Francisco Sánchez, Sargento del Cuartel de Artillería y de Gregorio Campuzano que tenía mando militar, los complotados prepararon el golpe de estado.

El viernes 6 de Agosto fue la fecha señalada para la ejecución del crímen y la revolución. Rayo tenía afilado por ambos lados un machete marca Collins de su propiedad y muy por la mañana se levantó y fue al templo de Santo Domingo, donde García Moreno acostumbraba oír misa por estar muy cerca de su casa.

Se encontraron a la salida del templo y como seguían de buenos amigos (García Moreno creería que con el cobro de sus acreencias Rayo se había dado por bien servido) se saludaron amablemente.

García Moreno le había mandado a confeccionar días antes una pequeña silla de montar para uso de su hijito y con tal motivo le dijo: "Vamos a casa, tengo un magnífico Galápago inglés que quiero mostrárselo, porque le puede servir de modelo para que se perfeccione en su oficio". Rayo aceptó la invitación, en la casa dialogaron sobre la hermosura y bondades de la silla de montar y luego se despidieron. ¿Porqué Rayo no cometió allí mismo su crímen? posiblemente, porque quería hacerlo en la Plaza principal para que se produzca el alzamiento armado convenido con los militares Gregorio Campusano y Francisco Sánchez.

El resto de la mañana García Moreno permaneció encerrado en su gabinete escribiendo la segunda parte del Mensaje que leería al Congreso el 10 de Agosto y a eso de las doce del día comió, se aseó, cambió de ropas y salió a casa de su suegra donde estaban esperándole su mujer y su hijito. Allí tomó un vaso de chicha, permaneció departiendo alegremente una hora y siguió al Palacio con su edecán el Coronel Manuel Pallares y un sirviente joven y mulato llamado Rafael Nogales, que siempre le seguía, pero desarmado.

Tenía mucha prisa y por eso no visitó al Santísimo como era su costumbre. Apuró el paso, subió las gradas del pretil mientras Pallares y el sirviente le seguían a cierta distancia. Rayo se apuró en subir también por la izquierda, mientras los jóvenes Abelardo Moncayo y Roberto Andrade, avanzando a largos pasos, se adelantaban a García Moreno, cerrándole el camino. Entonces Rayo sacó su machete y retrocediendo para darle vuelo a su brazo, lo descargó sobre el ala del sombrero de García Moreno, que se partió y cayó al suelo, logrando herirle en la nuca, al mismo tiempo que gritaba: "Muere tirano". Entonces García Moreno se volteó sorprendido y exclamó: "¿Qué hay?", "¿Qué hay?" y quizo correr a la Tesorería, pero un hombre alto y vestido de negro se plantó en la puerta impidiéndole el paso. En ese momento Cornejo y Andrade dispararon con tanta inexperiencia y nerviosidad que no le atinaron al cuerpo y las balas se perdieron en la distancia. García Moreno ya se había dado cuenta de la situación y enfrentándose a Rayo con su bastón le gritó. "Canallas", mientras su Edecán, que había sido desarmado por Moncayo, solo atinaba a dar gritos pidiendo auxilio.
De allí en adelante comenzó la carnicería pues como García Moreno no pudo avanzar a la puerta de la Tesorería de Hacienda, tuvo que arrimarse a una pared para defender su espalda, mientras gritaba: "A mí, asesinos, canallas", e intentaba sacar un revólver que llevaba en el chaleco, que no pudo usar por tener la levita abrochada.

Rayo empezó a descargarle machetazos, unos al brazo para obligarle a arrojar el bastón, otro a la cabeza para inferirle heridas mortales. En fin, le atacó varias veces con furia satánica mientras Pallares intentaba intervenir, pero un golpe de machete le hizo comprender que era por demás peligroso, así fue como prefirió correr hacia la Tesorería de Hacienda donde pidió auxilio, mientras el sirviente se hacía humo.

En cambio, Daniel Cortés, negro joven, zapatero de profesión, que usaba poncho y era lazarillo del ciego José María Pareja, al presenciar el alevoso ataque, atinó a coger por atrás a Rayo, imposibilitándole que siguiera hiriendo a su víctima; pero los jóvenes liberales se le lanzaron y en el forcejeo le rompieron la ruana y una manga y Rayo logró herirle dos dedos con el filo del machete.

Liberado Rayo del abrazo de Cortés, volvió contra García Moreno con nuevos insultos y golpes. Todos gritaban los nombres de sus víctimas: "Ayarza", "Maldonado", "Borja", "Rosa Ascázubi", "las víctimas de Jambelí", "Tulcán", "Cuaspud", Rayo, más preciso solo repetía "Muere Tirano", "Muere Jesuita con casaca" y este respondía “Dios no se muere” posiblemente refiriéndose a él mismo. En esos momentos ya eran cuatro los que atacaban a García Moreno. (Rayo, Moncayo, Andrade y Cornejo).

Entre todos habían conseguido hacerlo retroceder y que en un supremo esfuerzo se apoye en la cuarta columna del pretil, ensangretado, sin sombrero, con los papeles del Mensaje desparramados en el suelo y como ya no podía sostenerse, estando entre la cuarta y quinta columna se fue a la calle porque entonces aún no se había colocado la baranda protectora, Andrade gritó "Viva la República", "Hemos matado al tirano" pero éste aún no había muerto, pues se sostenía en el piso, con la cara hacia la pared, junto a una tienda o chichería de Margarita Carrera, que en la ofuscación del momento aún no se había percatado de la tragedia.

Algunos peatones corrieron a ayudarle, mientras arriba, en el pretil. Pallares enrostraba a los asesinos " ¡Qué han hecho, por Dios, qué han hecho!", siendo respondido por Andrade: "Libertar a la Patria don Manuel, está Ud. libre!"

Enseguida todos bajaron las gradas y mientras los jóvenes discutían acerca de la posibilidad de ir al Cuartel, Rayo volvió a fijar su atención en el cuerpo agonizante de García Moreno. Entonces se le enfrentó el sirviente Nogales, pero ante la mirada y el gesto amenazador de Rayo le dejó seguir actuando. Y allí vino la etapa final porque Rayo siguió casi montado sobre García Moreno, dándole de machetazos en la cabeza y gritando: "Fascineroso, bandido, ladronazo". " ¡Fascineroso, bandido, todavía quieres vivir"! ¡"Muere!", " ¡Muere de una vez!". ¡"Muere hipócrita!". " ¡Muere Jesuita!".

Cornejo y Andrade, en el nuevo sitio de la tragedia le daban taconazos y puntapiés, siempre insultándole. Luego Cornejo exclamó. ¡"Revolución muchachos!" y Andrade: "¡Viva la República!". ¡"Hemos muerto al bandido!", y cansados de tantos golpes se fueron hacia la plaza a ver si los militares salían del cuartel a apoyarles como habrán convenido, y desconcertados por que nadie aparecía, decidieron retirarse, mientras Rayo seguía en el sitio unos cuantos minutos más, contemplando a su víctima exánime, pues no pronunciaba frase alguna.

Entonces Rayo emprendió la fuga por la pila central, ligeramente cojo porque ha sido casualmente herido por una bala de sus cómplices; pero, le dio alcance el Teniente Darío Buitrón, quien le arrojó su espada de punta, en la espalda. También le atacaron el Sargento Mariano Carrión y el Cabo José Antonio Rodríguez, Rayo cayó de bruces, fue desarmado. Buitrón lo hizo levantar y tomó del lado izquierdo mientras el Capitán Blas Barragán, que acababa de llegar, lo hizo del derecho, y entre los dos lo conducían al Cuartel, pero al llegar al sitio donde estaba el General Julio Sáenz y el Edecán Pallares, éste último, sin poderse contener, exclamó: "¡Ese es el asesino!". "¡Lo deben matar!" " ¡Maten a ese asesino!"

El Corneta Manuel López (5) alto, fornido, de raza negra, oyendo tales exclamaciones dijo: "Ábranse" y ante las miradas atónitas de los presentes descargó un disparo sobre Rayo, a boca de jarro, que le entró por el ojo derecho y le hizo volar la tapa de los sesos, matándote de contado. Serían como las dos y cuarto.

A las seis de la tarde Manuel Vaca Martínez y tres indios Zambizas arrastraron su cadáver con una soga hasta la plazoleta de San Diego y fue sepultado en el Cementerio cercano envuelto en una frazada que regalaron las Acevedo, vecinas del sector.

García Moreno había sido conducido a la Catedral sin conocimiento, le acompañaban varios sacerdotes. "Estaba vivo y soplaba" diría un testigo presencial de la escena. Minutos después falleció a causa de sus múltiples heridas y por hemorragia, sin pronunciar palabra alguna.

Con la muerte de Rayo se cerró el drama y comenzó el misterio, pues los entretelones del crimen jamás se han llegado a abrir totalmente.

(4) Resultó ser compadre de Abelardo Moncayo y según el Dr. Fernando Jurado Noboa, López mató a Rayo para evitar que se conocieran los detalles de la conspiración en la que figuraba el joven Moncayo.

La viuda de Rayo fue encerrada en prisión tres días junto con su pequeño hijo de solo tres meses. Luego salió libre como es natural y dos años más tarde contrajo nuevo matrimonio con el Dr. Daniel Ruiz. El hijo vivió en Quito hasta avanzada edad y murió en extrema pobreza en un asilo para ancianos en la capital.