ANTONIO DE LEON PINELO
ERUDITO.- Se
desconoce a ciencia cierta el sitio de su nacimiento
pues no parece que fue bautizado. Hijo legítimo
de Diego López de Lisboa o López de
León, que de ambas maneras firmaba. Capitán,
Licenciado casado en Lisboa, con Catalina de Esperanza
Pinelo, de donde escapó por judío converso,
huyendo de la Inquisición en 1604 y pasó
a Córdoba de Tucumán, lugar alejado
de la península ibérica, pensando vivir
en paz y rehacer su vida. Poco después llevó
a su mujer y dos hijos: Antonio y Juan de Dios. En
1608 les nació el tercero. Diego, que luego
se hizo sacerdote. El abuelo paterno llamaba Juan
López, era un judío portugués
de oficio comerciante, quemado vivo con su esposa
por orden de la Inquisición de Lisboa, manejada
por fanáticos sacerdotes españoles –verdaderos
criminales- desde que Felipe II anexó el reino
de Portugal a la corona española..
López de Lisboa pasó
con su familia a Lima, en días de verdadero
fervor religioso a la sombra de Santa Rosa y Santo
Toribio, pero por encima de la seducción religiosa
ellos lograron imponer su talento a despecho de su
infamante origen. Al enviudar de su esposa, por conveniencia
y para proteger a los suyos, Dn. Luis se hizo sacerdote
en 1621 y como tenía talento y laboriosidad,
alcanzó muchos honores, entre ellos el de Limosnero
y Mayordomo del Arzobispo Arias Ugarte, cuya biografía
publicó en 1638. "No obstante su ostensible
condición de católico, la Inquisición
siguió molestándole hasta cerca de su
muerte acaecida en 1647, por sospechoso de judaísmo.
En sus ratos de ocio había sido poeta y se
le conoce una Décima inserta en el Epítome
de la vida del ilustrísimo señor Doctor
Fernando Arias de Ugarte, Lima, 1638; pero no fue
el único poeta en esa familia.
Su hijo Juan de Dios Rodríguez
de León es autor de una coplas para "El
arte de la lengua quechua general de los indios de
este reino del Perú por Alonso de Huerta en
1616 y de varias composiciones en metro para las "Exequias
de Felipe IV", Lima, 1666. Su otro hijo Diego
de León Pinelo, clérigo como su padre,
también fue poeta y nuestro biografiado Antonio
ídem.
Antonio de León Pinelo
debió nacer hacia 1596 posiblemente en Lisboa,
viajó con su madre y hermano Juan de Dios a
Córdoba de Tucumán, donde pudo haber
recibido una buena instrucción porque cuando
pasó a Lima en 1612, ya había estado
en la Universidad de Chuquisaca.
En 1618 se graduó con
mucho lucimiento de abogado en la Universidad de San
Marcos y fue profesor de ambos Derechos, Civil y Canónigo,
por corto tiempo. Ese año publicó una
"Relación de las fiestas de la congregación
de Lima a la limpia concepción de Nuestra Señora"
en versos amanerados, menos que mediocres, pero que
le dieron mucho prestigio y nombre.
Durante ese tiempo trabó
conocimiento con hombres de la talla del Cronista
Antonio de la Calancha, del clérigo Miguel
Cabello Balboa, del Licenciado Fernando de Montesinos
y de Diego de Dávalos y Figueroa, a los cuales
recordará en su obra "El Paraíso
en el nuevo mundo" escrita en 1656 e inédita
hasta hace pocos años. Fue, pues, esa, "una
época saturada de profundas inquietudes y emociones
intelectuales, sobresaliendo León Pinelo por
su precocidad".
Igualmente tuvo por condiscípulo
a Gaspar de Escalona y Agüero que se dedicaría
a compilar y ordenar la legislación colonial
y era Oidor de la Audiencia de Lima Juan de Solórzano
y Pereira que en 1609 había recibido el encargo
de componer un Cuerpo de leyes aplicable a las Indias
y se hallaba empeñado en ello cuando el joven
Antonio de León Pinelo fue su alumno, despertando
su respeto y haciéndole nacer la vocación
de compilador, que tanta gloria le daría luego
en España.
En 1618 fue designado Corregidor
y Alcalde de Minas en Oruro y recorrió paciente
y trabajosamente las sierras, exponiéndose
a toda clase de contingencias y peligros.
Hacia 1620 pasó de Asesor
del Corregidor de Potosí ciudad rica y famosa
por su producción de mineral de plata, que
inundaba los mercados europeos. En 1621 visitó
Chile y en Noviembre partió a España
con su hermano Juan de Dios.
Llegados a Sevilla se dedicó
a leer. En 1623 se ofreció al Consejo de Indias
para cooperar con el Lic. Rodrigo de Aguiar y Acuña
en la tarea de la recopilación de las leyes
de Indias, para lo cual tenía como valioso
título el ser erudito en esa materia, por haber
escrito ese año un "Discurso sobre la
importancia, forma y disposición de recopilación
de las Leyes de Indias Occidentales" en base
a sus múltiples lecturas.
En 1624 fue aceptada su oferta
y al año siguiente publicó un "Informe"
bajo el epígrafe de "Política de
la Grandeza del Gobierno del Supremo y Real Consejo
de Indias" y casi al mismo tiempo compuso casi
por distracción un folleto sobre "Libros
Reales de Gobierno y Gracia de la Secretaría
del Perú, que por mandato del Real Consejo
de las Indias y orden del señor Licenciado
Don Rodrigo de Aguiar y Acuña, a cuyo cargo
está la Recopilación de Leyes de ella,
ha leído y pasado el Licenciado Antonio de
León".
En 1629, a pedido de Ramiro
de Guzmán, Duque de Medina de las Torres, que
deseaba enterarse de los asuntos del nuevo mundo escribió
su "Epítome de la biblioteca oriental,
occidental, náutica y geográfica"
publicado ese año en Madrid, en cuarto, en
la librería de Juan González, que ha
sido calificado como el primer ensayo bibliográfico
sobre el nuevo continente y quizá el más
importante libro de León Pinelo, que consagra
toda su vida, pues en él se apoyaron Barcia
y Nicolás Antonio para emprender sus respectivos
trabajos.
En 1630 editó su "Tratado de Confirmaciones
Reales, de Encomiendas, Oficios, casos en que se requieren
para las Indias Occidentales".
A raíz de eso fue nombrado
Relator del Consejo de Indias, desempeñando
con mucho acierto ese oficio por años y sus
conocimientos superiores hicieron que el rey le confiara
la dirección y arreglo del Archivo Real de
Simancas. Efectivamente, a la muerte de Aguiar adquirió
el compromiso de terminar su obra, a lo que accedió
el Consejo de Indias en 1634, terminando León
Pinelo el esbozo de su Plan de Trabajo el año
siguiente y se designó a Juan de Solórzano
y Pereira y a Pedro de Vivanco para que ejercieran
la función de Comisarios de la Recopilación
y ya no descansaría León Pinelo en ese
empeño, que le acompañó hasta
1658, es decir, hasta dos años antes de su
fallecimiento.
En vano le tentaron a consagrarse
a las letras y la teología amigos tan diligentes
y esclarecidos como lo fueron Lope de Vega a cuyas
exequias contribuyó en 1636 con una composición
poética el mexicano Juan Ruiz de Alarcón
y el sabio Padre Nieremberg.
En 1632 salió una "Relación
de los oficios y cargos de justicia, hacienda, guerra
y mar, perpetuos y temporales que provee Su Majestad
por el Consejo de Indias, hecha el año de 1632".
En 1635 publicó la "Vida
del ilustrísimo y Reverendísimo Don
Toribio Alfonso de Mogrovejo, Arzobispo de la Ciudad
de los Reyes, Lima, cabeza de las provincias del Perú"'
dedicada al Cardenal de Toledo Baltazar de Moscoso
y Sandoval.
En 1645 dio a la luz una "Tabla
cronológica de las Indias". En 1652 la
"Relación formal del punto de las Encomiendas
de Indios de Yucatán y sentencia del Consejo".
En 1653 el "Aparato Político de las Indias
Occidentales". En 1658 los "Acuerdos del
Consejo Real de las Indias".
Por entonces, el Rey, queriendo premiar los trabajos
de tan ilustre erudito, le designó Oidor de
la Real Audiencia de Sevilla, pero no le dio en propiedad
esa plaza por la necesidad detenerlo en la corte para
seguirle consultando continuamente sobre asuntos y
materias de Indias. Poco tiempo después y por
muerte del Cronista General de ellas Gil González
Dávila, le confirmó el Rey ese empleo,
que era pingue y fructuoso por el sueldo que llevaba
y León Pinelo se desempeñó con
tanto celo que fue la admiración de quienes
le trataban; sin embargo, poco fue lo que pudo hacer
debido a su avanzada edad.
“Acompañaba a
su mucha sabiduría, la inocencia de costumbres,
pues era cándido y muy devoto de María
Santísima” y debió morir en 1660;
no se tiene noticias de él después de
ese año.
Entre sus numerosas obras inéditas
se conocen las siguientes: 1) "Un tratado sobre
las disposiciones emanadas por el Consejo de Indias",
en dos tomos, que aunque mereció la aprobación
de tan alto organismo no llegó a publicarse.
2) "Una relación sobre la pacificación
y población de las provincias de Manche y Lacandón
que pedía don Diego de Vera Ordóñez
y Villaquirán". 3) "Una historia
del Real y Supremo Consejo de las Indias, su origen
y jurisdicción y los Presidentes y Consejeros,
Fiscales y Secretarios que desde su fundación
hasta hoy ha tenido". 4) "El Gobierno Espiritual
y Eclesiástico de Las Indias, con más
de trescientas disposiciones Pontificias, particulares
para las Indias, sacadas de Bulas y Breves Apostólicos
y respuestas de Congregaciones de Cardenales".
5) "Una Relación de los Oficios de Indias
para reglar las Medias Annatas don Juan de Prado de
Arenillas, del Consejo de Su Majestad en el de Indias,
hecha el año de 1532". 6) "El Gran
Canciller de Indias, tratado de este Oficio escrito
cuando Su Majestad lo restauró en la persona
y casa del Conde Duque de Olivares". 7) "Fundación
y Grandezas Históricas y Políticas de
la insigne ciudad de los Reyes de Lima, cabeza de
las más ricas provincias del Perú en
las Indias Occidentales". 8) "Historia de
Chile y hazaña de los Españoles".
9) "Historia eclesiástica y política
de las iglesias de Indias". 10) "De la edad
y grados que han de tener los que fueren presentados
a las dignidades y prebendas de las Indias".
11) "Resumen de las consultas de las Juntas de
Haciendas de Indias; para la que se tenía en
casa del Presidente". 12) "Política
de Indias". 13) "Carrera de Indias".
14) "Bulario Indico en Latín". 15)
"Las Indias con toda la nobleza de ellas".
16) "Una recopilación de las Leyes de
Indias" en tres volúmenes y 17) "Patriarcado
de las Indias".
Como se ve, más que
un creador, fue recopilador erudito y un cronista
de mérito y como tenía el feo defecto
de escribir más por simple diletancia y complacencia,
que por ciencia u otra virtud, dejó dos tratados
sobre materias tan profanas como divertidas, muy del
gusto de esas épocas, tituladas: "Cuestión
moral, si el chocolate quebranta el ayuno" donde
agotó el tema sobre tan excitante como deliciosa
bebida, prohibida a los sacerdotes y monjas por ser
considerada un estimulante sexual y hasta afrodisíaco
y “Velos antiguos y modernos en los rostros
de las mujeres, sus conveniencias y daños"
donde criticó a las tapadas de un solo ojo,
indicando que debe prohibirse tan lasciva costumbre
oriental en España e Indias.
Fue minucioso en todo cuanto
escribió y a pesar de su manía erudita
existe el escritor de galano estilo, casi sin proponérselo,
siendo muy americano, casi peruano en sus precisiones.
Creyó en la gloria futura del nuevo mundo,
fue jurista eximio y hasta teólogo, amó
Lima a la distancia. Para estos territorios ecuatorianos
su labor fue beneficiosa a nivel de la Audiencia y
los Cabildos.
Se le considera el más
grande bibliógrafo en los tiempos de la colonia
por su célebre "Epítome" y
se necesitó un siglo para que surgiera un continuador
de iguales méritos, como lo fue Antonio González
de Barcia.