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MANUEL IGNACIO MONTEROS VALDIVIESO
ESCRITOR Y MAESTRO.- Nació en Loja en 1904. Hijo legítimo de Nicanor Monteros Serrano y de Mercedes Valdivieso Ullauri, lojanos, dueños de la hacienda "Comunidades”, cercana a Yangana, de caña, café y tabaco. Fue el tercero de una familia compuesta de cinco hermanos que vivieron entre el campo y la ciudad, habitando una pequeña casita en Loja, cerca de la de su pariente el Cura Loayza. Por eso cursó la primaria en su ciudad natal y la secundaria en el Colegio "Bernardo Valdivieso", pero al llegar al tercer año su "adolescencia fue atribulada y herida por el repentino fallecimiento de su padre, suceso doloroso y terriblemente súbito que marcó la suspensión de su carrera y precipitó la ruina de su familia; sin embargo, como todo autodidacta, era asiduo lector, especialmente de obras literarias, y cuando ya era mayor y estaba fuera del país, escribía a sus amigos, derrochaba su caudal interior en la correspondencia epistolar, enviaba cartas pletóricas de sentimientos, en las cuales apuntaba mucho romanticismo y un estilo que quería hacerse literario". En lo amical, era un estupendo contador de cachos, al decir de Alejandro Carrión Aguirre.

"Por esos tiempos el ambiente lojano estaba sobrecargado del espíritu decimonónico en correspondencia con el medio físico de encierro en cordillera que aún no habían surcado las vías carrozables. De allí que la mayoría de sus literatos eran introvertidos. Poetas de honda sensibilidad y estro exquisito como Víctor Aurelio Guerrero y Julio Isaac Espinosa deambulaban con desencanto en bohemia noctámbula, deshojando su numen atormentado y creador, en poemas inéditos, que se perdían en la corriente secreta de una vida de ensueños y anhelos irredentos y se veían frustrados por el medio y el tiempo, traicionados por el destino".

"Los que lograban evadirse de la prisión ambiental, hicieron en los principales centros, excelente y destacada obra. Los que se quedaron, como lastimeros restos de un naufragio, sucumbieron en el sino oscuro e irremediable de sus montañas".

A los 20 años Manuel Ignacio era un joven pretuberculoso, delgadísimo y soñador, que soportaba el sobrenombre de "Ratón Monteros" y cuya fama estribaba en amar loca y perdidamente a una bella joven lojana, que por desgracia, no le correspondió jamás. Por eso aspiraba a la evasión y en una curiosa fotografía, fraternalmente dedicada en 1927 a su amigo José María Bemeo Valdivieso, puso las siguientes frases: "Si algún día, tal vez muy remoto, nuestro sino hiciese un tajo, formare un abismo o prohibiere el acercamiento de nuestras almas sin aleros, almas de refinada y artística bohemia, te invito si así sucediere, a que veas una vez más la sombra estampada en esta tarjeta, que es la de tu hermano en alma que mucho te quiere. Quien hasta aquí, quien sabe hasta cuando, lleva por única arma la copa, plena hasta sus mismos bordes del puro y claro aguardiente, para luchar contra la fiereza y rudeza de una grande y tempestuosa crisis moral, motivada tal vez por una, amada realmente imaginada, que no se la puede olvidar, o, quizá es por el mero hecho de contener en mis carnes escuálidas, por no decir tísicas, el soplo magnético que se le llamó vida. Carnes, que envueltas van en los amplios pliegues de esta capa, de color de pena. Consérvalo y recuérdame tú. Pepe".

Por entonces hizo estudios que le convirtieron en un rebelde y en 1926 con Manuel Agustín Aguirre estampó su firma en el acta de fundación del Partido Socialista de Loja. Igualmente, fruto de su romanticismo inicial, fue el nacimiento de niña que reconoció en público como hija. (1).

(1) En María Visitación Sánchez tuvo a Rosario María Monteros Sánchez, quien llegó a la mayoría de edad, contrajo matrimonio, tuvo hijos, enviudó y quedó ciega a consecuencia de la diabetes, posiblemente heredada de su padre.

“Y quien escribía con tanto sentimiento y poseía tal espíritu, sensible y elevado, no podía permanecer impasible ante la estrechez del medio; por eso aconteció" que en ese ambiente de desesperación, algunos concibieron y alentaron el proyecto de buscar camino hacia lo desconocido, entre ellos estuvo Manuel Ignacio, Raúl Ortega y Máximo Celi, el más interesado en partir (2) y habiéndose puesto de acuerdo decidieron viajar a Europa el 28 de Agosto de 1929, sin otro equipaje que la esperanza, pues así es la juventud. Más en el momento preciso. Ortega abandonó la empresa y solamente partieron Montero y Celi, a las ocho de la mañana de ese día lloroso. "Llovía en la ciudad como lloraba mi corazón”, según frase de Verlain.

En Guayaquil se embarcaron a La Habana, Celi estuvo cortos meses, decidió seguir a Buenos Aires, donde contrajo matrimonio y murió años después. En cambio, Montero, sin dinero, profesión, ni amigos, pasó malos ratos, hasta que conoció al Dr. Gustavo Aldereguia, quien le brindó generoso albergue en su consultorio, donde dormía. Luego enfermó de los pulmones y pudo mejorar por los gratuitos cuidados de su caritativo amigo y protector el Dr. Aldereguia, que lo llevó al viejo sanatorio "La Esperanza". Ya repuesto, comenzó a ganarse la vida como visitador médico de productos italianos, se sumó a la Liga Antimperialisto del líder universitario José Antonio Mella y conoció al revolucionario venezolano Carlos Aponte, compañero de Guiteras, inmolado en el Morrillo matancero

(2) Monteros hacía prosa poética y Celi poesía. Va una muestra de su inspiración, donde avisaba su próxima partida: Éxodo. // Un sueño ya con canas / se ha agitado en mi sino. / riendo, como un lobo, / del amor ancestral; / voy a cruzar los montes / turgentes de un camino. / como senos erectos / de una mujer sensual. // Y llegaré a una playa / borracho de optimismo; / saboreando la vida / que espera en ultramar: // Será una vida errante / de exótico idealismo; / amar formas desnudas, / reír llorar y viajar /soñando en un buen barco / que va sin rumbo cierto, / llevando como amigo / al viejo Ornar Khayyam; / luego pisar sin miedo, / la tierra de algún puerto,/ bostezar en los muebles / y leer a Paúl Morand.. . . //
durante los aciagos días de la lucha contra la dictadura del General Gerardo Machado. En 1930 se retrató con Roberto Andrade, vistiendo de dril. feliz, optimista y lleno de vida.

En 1934 empezó a trabajar como técnico de Laboratorio en la Universidad de La Habana y preparó un manual de Técnica Histológica como guía o prontuario para estudiantes, publicado el 41 en los talleres "La Verónica" de Manuel Altolaguirre y que por su utilidad en las prácticas y amplias láminas representativas de los principales aparatos para los ensayos analíticos de los tejidos humanos, fue declarado texto oficial.

El 45 fue designado Profesor auxiliar de Histología y realizó su primera visita a Loja, enterándose del fallecimiento de su madre ocurrido años atrás. También estuvo en Guayaquil, Cuenca, Riobamba y Quito, fue un reencuentro con el pasado, que ya nada tenía para él.

El 46 y por intermedio de su sobrina Teresa Monteros Molina, hizo entregar al Dr. César Ayora su estudio biográfico en tres tomos, titulado "Eugenio Espejo, Chushig, el sabio indio ecuatoriano", que dedicó a los espíritus libre pensadores del dogma y del prejuicio racial. Monteros expresó en esta oportunidad: "La biografía de Espejo es mi obra querida..”. El Dr. Ayora entregó a su vez a la Casa de la Cultura Ecuatoriana, dichos tomos, para su publicación; que a pesar de los trámites efectuados, aún siguen parcialmente inéditos. (3).

El 47 editó un artículo "Estampas del Ecuador" y colaboró en la revista del Colegio Bernardo Valdivieso con dos trabajos sobre la necesidad de desterrar el término "Extranjero" y sobre la Filogenia u orígen del

(3) Habiéndose solicitado la devolución de los tres tomos, solo aparecieron el 2 y el 3. El capítulo XII, titulado "Espejo bacteriólogo" apareció en "Cuadernos de Literatura y Arte", Loja 1963, entre las páginas 11 y 12 inclusive.
protoplasma. En la Revista de los Andes salió "Ciclo vital de la célula" y el 49 un ensayo biográfico corto sobre el sabio Pedro Vicente Maldonado.

En 1949 y con motivo del terremoto de Ambato escribió el ensayo científico "El Volcanismo en el Ecuador" para la revista "Vanidades" que lo publicó el 50 y fue designado Cónsul ad-honorem del Ecuador en La Habana.

En 1950 sacó una "Monografía sobre el Microscopio" como Manual de su especialidad. "Ecuador. Nación prócer de Hispanoamérica" sobre la participación de nuestra Patria en la independencia y "Biografía de Mariana de Jesús" a propósito de su canonización.

En 1951 escribió "Silueta del cristianismo en el Ecuador colonial", que apareció al año siguiente en 29 páginas en la revista del Colegio Valdivieso. En dicho ensayo, así como en todos los demás de su pluma, campea un espíritu libérimo, anticlerical y progresista, digno del antiguo militante socialista cuyo ideario no abandonaría ni con la muerte. Lejos del Ecuador, ha opinado Alejandro Camón, la Patria se le presentaba cada vez más clara.

También fue del 51 su ensayo "Los eximios histólogos de Montpeller" que apareció en la revista "Archivos Médicos de Cuba" conteniendo las microbiografías de los Drs. Viallenton, Turcini y Granel, recibió el honor de ser traducida al francés y republicado en varias revistas Universitarias de Europa.

En 1953 escribió "Orígen de la Vida". El 54 fue miembro fundador de la Sociedad Cubana de Historia y pensaba presentar como trabajo de ingreso su biografía de Espejo. El 55 publicó lo mejor de todo lo suyo "Síntesis y perpetuación de la obra del genio de las Españas", vida del célebre sabio Dr. Santiago Ramón y Cajal , que comprende su vida en Europa, los años de servicio como médico militar en Cuba, su pensamiento científico y literario y sus descubrimientos sobre la histología y textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados, en 429 paginas. La obra salió hermosamente impresa, aunque a última hora siquiera tuvo que quitarle cien páginas para disminuir el costo de la edición en la editorial Lex de la Habana, con prólogo del Dr. Manuel Sánchez Roca, su amigo en esa universidad.

Su Cajal le sirvió para obtener el ingreso a las Academias de Medicina de Montpeller y de La Habana, ésta última, fiel al recuerdo de los azarosos días pasados por el sabio en la isla, recibió el libro con gran contentamiento. (4)

Por entonces la situación política se iba tornando imposible debido a los abusos de la burda dictadura de Fulgencio Batista, sargentón elevado a mayores por culpa de la oligarquía azucarera. Se luchaba en guerrillas. Monteros, socialista al fin, no podía permanecer impasible ante esa situación, se afilió a la resistencia urbana y ayudó económicamente al Movimiento revolucionario 27 de Julio.

En 1958 fue vigilado por la policía de Batista y más por librarse de ella visitó por segunda vez Loja, con su salud deteriorada a consecuencia de una diabetes hereditaria y de la antigua tuberculosis pulmonar, que nunca le había abandonado.

El 59 participó plenamente del proceso revolucionario de socialización de Cuba y lo hizo con clara conciencia doctrinaria. Normalmente había acostumbrado estampar en sus artículos, frases tan contundentes como esta: "mi patria, Ecuador, sigue en mi frente como un sueño febril; pero saldrá adelante con el socialismo y pronto".


(4) El Decano de la Escuela de Medicina pasó una Circular a todos los Profesores de la Universidad de La Habana, pidiendo que adquieran el libro para obsequio de los alumnos premiados.
Le encargaron la organización de la Escuela de Medicina de la Universidad de Santiago de Cuba y tuvo dos cátedras, ganando la docencia titular en Histología Normal y en Embriología. Tantos trabajos le quitaban su tiempo y si a eso se sumaba su amplísima correspondencia científica y al hecho de que acababa de finalizar con su amigo el médico catalán Dr. Jan Paulís Pagés, una extensa biografía sobre Joaquín Albarran, veremos que era un hombre sumamente ocupado. Mas, a todo renunciaba cuando se trataba de ayudar a la difusión de la ciencia. La Universidad de Guatemala le pidió su autorización para republicar su "Historia y origen de la sífilis" y la concedió sin cobrar suma alguna, tampoco era raro encontrarlo dictando conferencias gratuitas. (5).

El 63 y con motivo del centenario del nacimiento de Albarrán en Sagua La Grande, apareció su ensayo sobre dicho médico, el más célebre urólogo cubano de su tiempo, y tras obtener el primer premio en el Concurso promovido por la Academia de Ciencias de Cuba, lo hizo publicar su amigo Manuel Galich, Director de la Casa de Las Américas.

Ese año se produjo el golpe de la Junta Militar de Gobierno en el Ecuador. Con tal motivo hizo varias declaraciones y renunció el Consulado.

El 64 publicó en la revista del Vicente Rocafuerte su ensayo histórico "Vicente Rocafuerte y su extraviado Rasgo Imparcial" en 15 páginas, sobre la polémica suscitada entre Tomás Romay, Diego Tanco, José Antonio Miralla y el propio Rocafuerte. El 66 volvió a examinar la realidad política ecuatoriana y se expresó duramente del presidente Clemente Yerovi (6), poco después se le agudizó la diabetes, pero hasta pocas semanas antes de ingresar al hospital Joaquín Albarrán de La Habana,


(5) Poco después el Dr. Paulís, sintiéndose viejecito y enfermo, le mandó unos libros, y como pensaba que iba a morir pronto, seis u ocho trabajos inconclusos, para que los termine. "Esto ha venido a complicar más mi vida, escribió Montero, estoy abrumado de trabajo y no doy abasto con todo lo que tengo pendiente por terminar.
Siguió dictando sus clases, revisando su archivo de más de 35,000 fichas de voces técnicas, formado en quince años de trabajo, para servir de base a un ambicioso "Diccionario de Histología y Embriología" que pensaba dar a la luz pública algún día. Vivía en la Vecindad 1 No. 506 del reparto habanero de El Vedado, hablaba perfectamente bien francés y se había conservado célibe a pesar de ser un buen catador de la bohemia y del sexo opuesto. Y así, entre libros, fichas y estudiantes, fue sorteando diversas molestias hasta que a causa de un coma diabético y una operación a la próstata, falleció a las once de la mañana del 23 de Enero de 1970, a los 65 años de edad, cuando todavía hubiera podido realizar mucho más en favor y en provecho de la ciencia y de la revolución a la que servía.

Dejó listo un "Tratado de Citología" y numerosos estudios sin terminar, cuyo paradero se desconoce. (7) Fue un hombre sencillo, inteligente, estudioso y trabajador, de ideales políticos indoblegables; pero, sobre todo, supo cultivar la amistad como precioso don de la especie. Tuvo casi una alta estatura, tez blanca, contextura media y cejas muy pobladas, En su trato era simpático, agradable y buen conversador.

(6) En declaraciones a la prensa manifestó: "La intentona de revolución popular degeneró prontamente con la subida de Yerovi amparado por dos eternos vividores de la política: Galo Plaza y Camilo Ponce Enríquez. Yerovi no representa nada a mi pueblo, sino a su clase los pudientes. Personalmente es un devoto incondicional de los "yanquis, desde sus declaraciones iniciales amenazó con devolver el poder a los militares sino se avenían los ecuatorianos con el nuevo gobierno, lo cual es un desventurado chantage. El tipo es un reaccionario hasta la coronilla".

(7) El Ing. Marco Riofrío, lojano que le acompañó en sus últimos momentos, ha contado que Monteros tuvo siempre a gran honra, haber sido uno de los forjadores en Cuba de la nueva medicina socializada, cuando los cerebros fugaron a Miami, habiendo ayudado a la revolución a alcanzar las nuevas metas propuestas, y que su departamento en El Vedado, muebles, libros y papeles inéditos dejó a su Ayudante de Cátedra, Clemente Larrea, médico riobambeño, que aún debe tenerlos en La Habana.

Su sepelio constituyó la reiteración de sus hábitos sencillos y sobrios. Poca gente; casi todos alumnos y compañeros suyos en la Universidad y el Instituto, pues no tenía familiares. Quienes le acompañaron se canjeaban el pésame como dolientes. Una fosa simple, porque los socialistas no sueñan en suntuoso mausoleos. Alguien dijo después, fue triste dejarle todavía más solo de como vivió -mas bien- como quizo vivir, en la cálida y leal compañía de sus libros y recuerdos.

En 1973 su amigo de siempre el Dr. José María Bermeo Valdivieso editó su Semblanza, en Loja, en 31 páginas,como paradigma del autodidacta y por eso la subtituló "El hombre que se creó a sí mismo".

Su último deseo fue que lo enterraran con uniforme de miliciano pero por la premura vistieron su cadáver de civil. Sus despojos yacen en el cementerio de Colón, reservado a los Héroes Nacionales, habiendo tomado la palabra a nombre de la revolución el Comandante Calixto García, ex combatiente en Sierra Mestra.