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FRANCISCO PIZARRO
CONQUISTADOR.- Nació en Trujillo, Extremadura, España, en 1478. Hijo de Gonzalo Pizarro el largo, así llamado por ser alto y delgado, hidalgo pobre de esos contornos que luchó en las guerras de Granada y Nápoles y murió en el sitio de la villa de Amaya en Navarra, casado con Isabel de Vargas; y Francisca González, mujer de humilde condición, criada por su tía Beatriz Pizarro y mandadera del convento de las monjas de Coria.

No tuvo educación dada la pobreza de su progenitora que lo dedicó al cuidado de unos cerdos y como quizá por descuido del joven uno de ellos se perdió, tuvo miedo del castigo y echó a caminar por allí, aunque eso parece más bien una leyenda de sus émulos; lo cierto fue que entonces sentó plaza de soldado con su hermano Hernando y marcharon a las guerras de Italia en donde permanecieron dos o tres años, combatiendo al lado de su padre y bajo las órdenes del Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdova en Nápoles, Taranto y el asalto a la plaza de San Jorge y aún más al norte. En 1502 estuvo de vuelta en Sevilla y embarcó en la flota que conducía al Comendador Nicolás de Ovando a la isla de Santo Domingo, donde se pierde su historia por algunos años, debido a que posiblemente participó en varias guazabaras sin importancia con los indios Caribes.

En 1509 figuró en la expedición de Alonso de Ojeda a la conquista de Tierra Firme (Panamá) y en la fundación de San Sebastián. En las costas de Urabá sufrieron serios contratiempos y pereció más de la tercera parte de las fuerzas, el resto pudo arribar a Cartagena y por insinuaciones de Vasco Núñez de Balboa siguieron al Darien, estuvo en el descubrimiento de la Mar del Sur u Océano Pacífico y pasó al archipiélago de las Perlas, recibiendo las primeras noticias de la existencia del gran imperio del Birú o Perú.

Cumpliendo órdenes del Gobernador Pedrarias Dávila apresó a su yerno Vasco Núñez de Balboa en Acla y estuvo presente en su ejecución.
En 1519 participó de la fundación de Panamá donde quedó de vecino principal y como había formado un pequeño capital, puso sus ojos en las míticas tierras del levante que antes había intentado conquistar Pascual de Andagoya y constituyó con tal objeto una sociedad con Diego de Almagro y el Clérigo Hernando de Luque representante del Lic. Gaspar de Espinosa, quien no quizo figurar directamente pero prestó 2.000 pesos para armar la expedición, cuya dirección asumió Pizarro y la administró Almagro. Y como el Gobernador Pedrarias Dávila dio su visto bueno porque no le interesaban nuevas aventuras, los socios pudieron contratar libremente los servicios de un piloto, sellando el negocio en una misa celebrada por Luque, en que los tres comulgaron de la misma hostia fraccionada en partes iguales.

En Panamá todos creían que la expedición era una locura por los peligros y misterios que encerraba, pero aún así pudieron reclutar cosa de ochenta hombres y a mediados de Noviembre de 1524 partió Pizarro hacia el sur en un barco y dos canoas, llevando cuatro caballos.

Para entonces era un hombre robusto, de 45 años de edad, soltero, moreno, de nariz fina y aguileña. Tenaz, serio, persuasivo, sagaz; en cuyo carácter duro y austero se a poyaba un don natural de mando. Sus múltiples aventuras le habían hecho conocer a los hombres que dominaba con su fácil palabra, aunque al mismo tiempo era receloso y poco dado a exteriorizar sus afectos. En cuanto a cultura, solo poseía rudimentarios conocimientos de lectura y escritura como se puede verificar por los rasgos de su firma. Había sido teniente de Gobernador de Panamá, poseía un repartimiento de indios en la isla Taboga y junto con Diego de Almagro era dueño de una hacienda ganadera en el río Chagres.

Primero tocó el puerto de Piñas y luego el del Hambre, donde pasó grandes penurias. Desde allí envió al Capitán Montenegro a las islas de las Perlas en pos de ayuda, pero como éste no llegaba, enrumbó hacia el norte mientras Almagro -que había salido a buscarle- tocaba Puerto Quemado en el Sur, perdiendo un ojo en un encuentro con los indios, por lo que regresó a Panamá. Allí se enteró que Pizarro se hallaba en Chochama, donde a la postre lograron reunirse, decidiendo que Almagro debía reclutar más gente en Panamá. Entonces ocurrió que Pedrarias, quizá para congraciarse con la expedición, pidió para Almagro el título de Capitán, igualándole con Pizarro. Al poco tiempo Bartolomé Ruiz fue contratado como piloto de la nave capitana y bajaron nuevamente hasta tocar las costas del río San Juan, en uno de cuyos poblados hallaron quince mil castellanos en oro que Almagro llevó a Panamá como señuelo, mientras Ruiz arribaba a la bahía de Coaque, a la puntilla de Santa Elena y por el golfo hallaba una balsa de tumbecinos, que le dieron informes sobre el Imperio. Con eso quedó Ruiz encantado y regresó a buscar a Pizarro a quien encontró en la isla del Gallo con varios compañeros casi desfallecidos, poco después arribó Almagro con provisiones y hombres de refuerzo, volviéndose a Panamá; sin embargo, era tan inhóspita dicha isla que la gente de Pizarro empezó a sufrir una gran hambruna y ante tan difícil situación envió su navío a Panamá en son de auxilio y salió el Capitán Tafur a recogerlos.

Entonces sucedió el glorioso episodio de los trece Caballeros de la fama, pues Pizarro trazó con su espada una línea en la arena de la playa y exclamó: "Quien quiera regresar, por allí está Panamá, pero por aquí está la gloria", suceso que ha sido recogido por la historia mundial y con esos trece hombres pasó a la isla de la Gorgona, mientras Tafur seguía hacia Panamá, donde se ordenó a Almagro que fuera a recogerlo.

Llegado Bartolomé Ruiz a la isla, Pizarro le convenció de seguir hacia el Sur, pasaron el golfo de Guayaquil y la isla de La Plata, siguieron a Túmbez y al Gan Chimú, donde se dieron cuenta de la riqueza en oro y otros metales preciosos de esa gente y con algunas muestras regresó para llamar la atención; mas, el Gobernador Pedro de Los Ríos no quizo apoyarlos y los socios decidieron que Pizarro viajara a España a tratar directamente con el Rey.

En 1528 salió de Panamá con Pedro de Candía, primero pasaron por Nombre de Dios y finalmente arribaron a Sevilla en la primavera del 29 tras veintisiete años en las Indias y enterado que Carlos I se encontraba en Toledo, allá le fue a buscar, motivado por el conocimiento de las hazañas de Hernán Cortés en la conquista de México.

El 26 de Julio firmáronse las Capitulaciones de Toledo. Pizarro fue designado Gobernador, Capitán General y Adelantado de por vida con 725.000 maravedíes de salario. El Perú llevaría el nombre de Nueva Castilla. Hernando de Luque fue nombrado Protector de los Indios del Perú. Almagro Alcalde de la fortaleza de Túmbez con salario, ayuda, el título de Hidalgo y podía sustituir a Pizarro. Bartolomé Ruiz fue designado Piloto de la Mar del Sur con su salario. A los trece soldados llamados de La Fama, se les concedió el título de Hidalgos y a los que ya lo hubieren sido. Caballeros de la Espuela Dorada con Oficios y mandos y a todos aquellos que pasaren al Perú y explotasen sus minas, otros tantos beneficios.

Concluida su visita, pasó a Trujillo y recogió a su hermano mayor Hernando, el único legítimo, a Juan y a Gonzalo, a su tío Francisco Martínez Alcántara y con ellos fue a Sevilla, donde mandó un navío a Panamá con la noticia, pero Almagro y Ruiz se sintieron traicionados.

A principios de 1531 volvieron los socios a salir con 3 naves, 185 soldados y 35 caballos. Primero desembarcaron en la bahía de San Matheo, donde bajó la caballería. De Nicaragua recibieron refuerzos, arribando entonces Sebastián de Benalcázar y Hernando de Soto y tras una larga permanencia en la isla Puna, con numerosos encuentros con los indios, llegaron finalmente a Tumbes, que encontraron casi desierta.

Mientras tanto había decidido fundar la villa de San Miguel en el sitio de Tangarara hoy Piura y en Septiembre de 1532 siguió a Cajamarca donde se hallaba el Inca Atahualpa, cuyos capitanes seguían en guerra contra su hermano Huascar cerca del Cusco. Los españoles iban con temor y jugándose la vida. En el camino recibió varios mensajeros, el 15 de Noviembre divisó el valle de Cajamarca y envió a su hermano Hernando a avisar que al día siguiente iría de visita. Entonces ocultó los caballos, se armó de valor, dividió a su pequeño contingente en tres partes y puso a los arcabuceros en la fortaleza.

El 16 tuvo que esperar toda la mañana y parte de la tarde pues el Inca demoraba su ingreso a la plaza principal, calculándose en casi 80.000 las personas de su séquito. Fray Vicente Valverde tenía la comisión de leerle un requerimiento para que se entregara prisionero, pero sucedió que como el papel estaba doblado dentro de la Biblia que portaba, en un momento de turbación, entregó ambos a Atahualpa, quien primero olió, luego abrió detenidamente el libro y no encontrando nada extraordinario en él, pues no sabía de qué se trataba, lo arrojó bruscamente al suelo creyéndose burlado; circunstancia que aprovechó Valverde para hacer la señal convenida y todo se convirtió en un gran desorden pues casi era de noche y el grueso de la indiada retrocedió espantada ante el ruido de los mosquetes y arcabuces y como no pudieron huir por la estrechez de las salidas de la plaza, donde grupos de españoles también disparaban a mansalva haciendo gran mortandad, muchos de ellos murieron aplastados.

Atahualpa fue bajado de las andas y llevado prisionero a una de las principales habitaciones de la plaza, mientras los caballos y los perros perseguían a los últimos indios con gran estrago. Se calcula que murieron esa tarde más de 5.000 indios a manos de solamente 104 infantes y 62 jinetes, fue una gran victoria y una masacre dado el desconcierto causado y la matanza subsiguiente. Pizarro podía felicitarse del triunfo, a él había contribuido sin duda la división del imperio y la lucha sostenida entre ambos hermanos; poco después el Inca se dio cuenta de la avaricia de los conquistadores y el propuso a Pizarro llenar de objetos de oro la habitación en que estaba hasta una altura de nueve pies. Aceptado el ofrecimiento, partieron los comisionados en busca de las riquezas y llegó Almagro con 153 soldados y 50 caballos. Mientras tanto los capitanes de Atahualpa habían aprisionado a Huascar y ante el temor de que pudiera unirse a los españoles, tras hacerle padecer duro tormento, le quitaron la vida.

Mas, la situación apremiaba, y sin esperar la conclusión del rescate, Pizarro ordenó un juicio sumario contra Atahualpa, que fue sentenciado a muerte y logró que no le quemaran bautizándose como cristiano, para morir en el garrote vil. Enseguida vino el reparto de las riquezas y Pizarro salió el 11 de Agosto de 1533 con el nuevo Inca Túpac Hualpa, arribando a Jauja el 17 de Octubre siguiente. Empezábase a sentir una dura resistencia que demoraba la marcha. En Noviembre estuvo en Andahuailas y el 15 de ese mes entró al Cusco, que encontró incendiada, y habiéndosele presentado Manco Cápac, le hizo reconocer también por Inca. Allí hubo un nuevo reparto de riquezas, quizá más fastuoso que el primero, dada la gran cantidad objetos elaborados con metales preciosos que encontraron reunidos y el 23 de Marzo de 1534 se hizo la fundación española de la ciudad, eligiéndose a los miembros de su Cabildo.

Mas tranquilo, Pizarro salió con Manco Cápac a Jauja, en el camino se enteró de la llegada de Pedro de Alvarado a las costas del norte y ordenó a Sebastián de Benalcázar y a Diego de Almagro que subieran a contenerlo, lo que efectivamente sucedió, acordándose el pago de una fuerte suma de dinero en calidad de compensación por sus naves, soldados, armas y caballos, compensación que ascendió a 200.000 pesos de oro pagados en Lima.

El 18 de Enero de 1535 fundó al pie del río Rimac y muy cerca de la costa, la ciudad de los Reyes, que pasó a ser la nueva capital del imperio por estar más próxima que el Cusco a las costas de Panamá. Enseguida fundó Trujillo e hizo el repartimiento de los indios.

En el interim su hermano Hernando había arribado a España y en Calatayud entregó parte del tesoro a Carlos I, quien extendió los límites de la gobernación de Pizarro 270 leguas desde la desembocadura del río San Juan, le concedió el título de Marqués, que primero fue de los Atabillos y luego se transformó en el Marquesado de la Conquista, así como otras preeminencias. Almagro fue nombrado Adelantado con gobierno de 200 leguas al Sur del de Pizarro bajo el nombre de Nueva Toledo y con derecho a sucederle, pero estas concesiones le causaron disgusto y originaron después las guerras civiles entre los Conquistadores, aunque el 12 de Junio de 1535, tanto el uno como el otro socio renovaron su contrato de Compañía en el Cusco, aparentando estar de común acuerdo.

De allí en adelante Almagro se hizo fuerte y dio inicio a las operaciones. Fray Tomás de Berlanga, recién llegado de España para averiguar el número de indios repartidos y el trato que se les daba, quizo contener los acontecimientos dada la gravedad de la situación, pero todo fue inútil. Pizarro nombró a su hermano Juan Regidor del Cusco, destituyendo a Almagro, pero ante el peligro de los indios tuvieron que hacer la paces y hasta ayudó económicamente a Almagro para que expedicionaria hacia el Sur con el objeto de tomar posesión de sus territorios. El viaje fue duro y en vista de la pobreza de esas tierras, Almagro regresó, se enteró de las sublevaciones indígenas y de los cercos que habían puesto a Lima y al Cusco, librando a esa última ciudad de todo peligro. Destituyó a Hernando Pizarro, apresó a Juan y a Gonzalo y hasta llegó a derrotar a las tropas del Mariscal Alonso de Alvarado, lugarteniente de Francisco Pizarro; sin embargo, al final, fue vencido en la batalla de las Salinas, cayó prisionero y murió bajo el garrote vil por orden de Hernando.

Mientras tanto Francisco Pizarro se había apresurado a viajar al Cusco. En su escolta llevaba al hijo de Almagro, a quien había prometido salvar la vida de su padre, pero todo fue inútil, Entonces prosiguió la campaña contra las tropas del Inca Manco Cápac que ofrecían tenaz resistencia y en 1539 despachó a su hermano Gonzalo de Gobernador del Norte (Quito) y al Capitán Pedro de Valdivia hacia el Sur (Chile) para dar ocupación a su ejército, mientras regresaba a la ciudad de los Reyes actual Lima, sin suponer que un fuerte contingente de españoles, amargados por los malos repartos, se habían unido alrededor del joven Diego de Almagro y planeaban su próximo fin, mientras su hermano Hernando en España trataba de explicar ante el Consejo de Indias lo acontecido en el Perú, sin lograrlo, pues fue apresado mientras enviaban al Licenciado Cristóbal Vaca de Castro a averiguar los sangrientos sucesos.

La noticia voló a Lima y los almagristas decidieron matar a Pizarro cuanto antes. Así fue como el 26 de Junio de 1541 capitaneados por Juan de Rada entraron a su casa. Era día Domingo y Pizarro había oído misa y estaba acompañado de pocas personas. Un paje suyo dio la voz de alarma, salieron algunos a ver lo que sucedía y ante la gravedad del ataque atinaron a huir tiempo, dejando a Pizarro que vestía una coraza apresuradamente, pero los amotinados se le echaron encima y hasta lograron separarle de un par de pajes, sin embargo el viejo conquistador sabía manejar su espada y llegó un momento en que hasta se defendía con ventaja, cuando uno de los almagristas le lanzó a un compañero y en ese momento, mientras Pizarro lo empujaba de sí, Martín Bilbao le arrojó un cántaro a la cabeza, que le hizo caer al suelo, donde los demás le cosieron a estocadas, siendo la peor de todas una que le atravesó la garganta. En ese momento Pizarro invocó el nombre de Dios, hizo en el suelo una cruz con su sangre y la besó, mientras en la ciudad solo se escuchaba el grito de "El tirano ha muerto".

Sus amigos y soldados se escondieron en iglesias y en conventos y otros hasta alcanzaron a huir por el mar, pues Lima quedó en poder del bando almagrista y con ella todo el Perú. Solo Alonso de Alvarado, en Chachapoyas, rehusó unirse al joven Almagro.

El cadáver fue enterrado sigilosamente en el patio posterior de la iglesia Matriz y al concluirse la Catedral años después, fue pasado a una cripta debajo del altar mayor.

Murió soltero pero dejó tres hijos en dos princesas Incas llamados como a continuación se indica: Gonzalo Pizarro, habido en Inés Huayllas, hermana de Atahualpa; fue legitimado por el testamento de su padre, al igual que su hermana Francisca y vivieron en Trujillo de Extremadura al cuidado de su tía Inés Bravo, viuda de Martín de Alcántara. Gonzalo murió de 4 años y Francisca quedó de heredera del Marquesado, casando con su tío Hernando Pizarro en la prisión de él y hasta parece que fueron muy felices, porque cuando pudo salir en libertad, siguieron viviendo juntos. Sus actuales descendientes, los Marqueses de la Conquista, aún viven en Trujillo. Juan Pizarro, fue habido en Angelina, hija de Atahualpa. bautizado en Lima por el Párroco Alonso de Henao el 28 de Mayo de 1541 y aunque no hay certeza de que marchara a España con el Licenciado Vaca de Castro, bien pudo ser el oscuro hijo del Conquistador Francisco Pizarro que murió allá en 1544.