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MIGUEL SANCHEZ ASTUDILLO
CRITICO. Nació en una casita color lila propiedad de sus padres en el centro de Zaruma, Provincia de El Oro, el 10 de Enero de 1917. Hijo legítimo de Miguel Mardoqueo Sánchez Chiriboga, Notario Público en dicha Villa, fallecido prematuramente de cáncer al hígado en 1925 y de Felicia Astudillo Valarezo, naturales de esa jurisdicción.

El octavo de una larga y feliz familia compuesta de diez hermanos con situación económica estable. Creció alegremente hasta los nueve años, en que por la orfandad empezó a sentirlo efímero de la vida y se volvió triste y pensieroso.

Mientras tanto estudiaba la primaria con lucimiento y en 1929. sintiéndose con vocación religiosa pasó al Seminario de Loja donde experimentó sus primeras inquietudes intelectuales y declaró su predilección por la Filosofía, recalcando siempre que en la voluntad estaba la clave del éxito y en el trabajo el medio de combatir la melancolía, a la que era muy proclive.

En 1935 realizó la conscripción militar y desde Julio del 37, al ingresar al Noviciado de Cotocollao, deslizó su vida a través de la Compañía de Jesús sin problemas a pesar de su independencia de carácter y de poseer alma sensible y poética ajena a toda disciplina rígida; sin embargo, el estudio fervoroso de las Humanidades Clásicas bajo la sabia dirección del Padre Aurelio Espinosa Pólit, distraíanle sus momentos tristes. Con él leyó a los clásicos griegos y latinos, especialmente a Virgilio.

En 1942 viajó a la Universidad Javeriana de Bogotá y tras largos años de esfuerzo obtuvo el Doctorado en Filosofía. El 47, al terminar la tercera probación, volvió a Cotocollao y durante un corto período fue Ayudante de Cátedra de Espinosa Pólit en Literatura Clásica, a la par que también dictaba Literatura Moderna.

En 1949, quizá por puntos de discrepancia en el arte literario, ingresó al Colegio Máximo de Bogotá y siguió Teología. El 50 viajó con igual finalidad a Granada, se ordenó el 51.

De allí en adelante hizo estudios especiales en Paray Le Monial y en Londres hasta el 53, que pasó a Bogotá a sustentar su Licenciatura en Letras.

El 2 de Febrero de 1955, a los 38 años,era un perfecto cholar, dominaba el inglés, francés, italiano, latín y griego; conocía Europa, era un Sacerdote recatado y brillante, orgullo de la Compañía de Jesús.

Ya definitivamente asentado en Quito, comenzó a escribir para el diario El Comercio donde llegó a tener una muy leída columna literaria. En 1957 terminó un estudio crítico sobre "Zaldumbide - Egloga Trágica" bajo el subtítulo de Alma y Estilo en Egloga Trágica, análisis de densidad artística y valor duradero, publicado al año siguiente, que le sirvió de carta de presentación en las letras patrias mayores.

En 1959 editó en elegante y sobrio formato los "Textos de Catedráticos Jesuitas en Quito Colonial" en 146 páginas ilustraciones e índices, bellísimo trabajo, metódico y didáctico, efectuado en base de los originales que se conservan en el Archivo Nacional de Historia.

Sánchez Astudillo revisó con gran detenimiento y paciencia la totalidad de los textos escritos por Jesuitas para la Universidad de San Gregorio Magno de Quito, dividiéndolos por materia.

Ese estudio le sirvió después como introducción a la primera Parte del volumen dedicado a los Prosistas en la Colonia (Filósofos, teólogos y oradores) de los siglos XV al XVIII, aparecido en 1961 en uno de los volúmenes de la Biblioteca Mínima ecuatoriana, con motivo del sesquicentenario de la Independencia.

En mérito a ambos fue designado miembro de Número de la Academia Ecuatoriana de la Lengua y comenzó a escribir en sus Memorias, donde dio a la luz dos estudios menores suyos: "Recado a Humberto Toscano", joven gramático trágicamente fallecido y "El estudio sobre el Padre Nuestro de Luis Moscoso Vega".

En 1960 asistió al Congreso Eucarístico de Cali, siguió a Bogotá y Roma. Después volvió a Cotocollao y ayudó a su maestro Espinosa Pólit a corregir las últimas pruebas de sus traducciones virgilianas, pues estaba muy debilitado por su diabetis.

De esa época es su recopilación con ensayos y notas, en 529 páginas, aparecida bajo el título de "Del cielo y la tierra", que a juicio de la mayor parte de sus críticos es su libro mayor. La obra está dividida en dos partes, la literaria y la religiosa, primero contiene los trabajos sobre Zaldumbide y Espinosa Pólit, otro sobre José María Pemán, reproduce la Monografía sobre los catedráticos Jesuitas del período colonial quiteño, un capítulo sobre literatura espiritual y otro del padre José de Valdivieso, S. J. Gonzalez de las Heras (1) La segunda parte trata sobre Jesucristo y los santos Ignacio y Francisco Javier.

En 1962 editó "El libro capital de Espinosa Pólit", que leyó en sesión de la Academia ecuatoriana de la Lengua, haciendo el elogio del verso y el metro utilizado por su maestro en sus traducciones virgilianas y

(1) Jesuita del extrañamiento, coautor con el padre Ramón Bisecas en Ravena (Italia) de un prólogo largo en 98 pags. A la obra del chileno Padre Lacunza, sobre el Milenarismo, publicada en 1813 por el general Belgrano.
comparándolas con otras trece versiones de diversos autores. Trabajo arduo y erudito, como todo lo suyo, que le consagró como el crítico mayor de ese tiempo en el Ecuador.

En 1963 publicó el poemario "Alma" en 147 páginas con 84 poemas consagrados a "Jesucristo sueño de mi vida" y otras producciones religiosas de juventud. Selección de una obra parva de veinte años de intimidad lírica cristalizada finalmente en un breve libro de elevación y de ponderación humana.

Ese año fue electo miembro de Número de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, también dio a la luz "Zaldumbide forja su pluma: una juventud en París" en 39 páginas, trabajo pequeño y respetable, fina muestra de su estilo, ubicado entre la historiografía y la crítica.

En 1964 editó "El ser de Unamuno", "La poesía de Carrera Andrade" en 21 páginas, y "La palabra poesía y otras cuatro a ellas referentes", ponencia presentada al IV Congreso de Academias reunido en Buenos Aires.

En 1965 publicó "Isaac J. Barrera, espécimen de letrado y de hombre" en elogio a dicho colega académico y "Azucena, poemario" en honor a Mariana de Jesús, hechura de la Compañía, con poemas de compromiso, muy flojos.

Era el crítico de moda. Figuraba por derecho propio como ensayista, gramático y erudito. Ciertamente que por su carácter eminentemente religioso, se situaba en un ángulo poco agudo de la panorámica de las letras patrias, pero también era verdad que poseía un hermoso estilo en el ensayo y la suave fluidez y claridad de sus artículos periodísticos le daban fama y nombre. Además, sus traducciones greco-latinas, muy del gusto de su maestro, le distinguía. Poseía recto criterio, honestidad en sus juicios y entonces ocurrió lo inesperado, pues enfermó gravemente de un cáncer al estómago y tuvo que ser operado en la Clínica Moderna.

No del todo repuesto, salió a sabiendas que estaba sentenciado de muerte, arregló sus papeles literarios con calma se despidió de su Provincial y de la parentela de Zaruma que nunca había olvidado y pasó al Colegio de Santa Eufrasia donde murió de solo 51 años de edad, el 28 de Febrero de 1968, en paz consigo mismo y con el mundo, cosa rara en un crítico literario.

En 1972 salió su ensayo "De la Poesía" con su bibliografía y la introducción a Gonzalo Escudero. En las Memorias de la Academia aparecieron sus "Páginas Inéditas", Brevísimas hojas que agobian y consuelan, al decir de Julio Tobar Donoso.

No fue propiamente un creador, ni tampoco un poeta de elevación, pero tuvo atisbos exquisitos. Gozó, en cambio, de una espléndida cultura humanística forjada en estudios y viajes. Su temperamento usualmente tímido se tornaba fogoso al escribir; mas, su formación tradicional, acartonada y conservadora, le impidió ejercer su influencia sobre los jóvenes poetas y escritores de su generación. Vivió entre viejos, alejado de la realidad cambiante y revolucionaria de la década de los sesenta; pues no tuvo criterio político ni comprendió los grandes acontecimientos de su tiempo; la revolución cubana en 1959, el Concilio Vaticano II en 1962, la revolución estudiantil en París de Mayo del 66 contra de Gaulle y los viejos, etc. no significaron nada para él. En cambio, se admiraba de la Basílica de San Pedro en Roma y cuando concurrió a una velada en Bogotá en honor a un mediocre Cardenal, se entusiasmó muy de veraz, ante esa pompa hueca y profana. En eso era muy decimonónico, por eso, al morir aún joven, era el jefe de una escuela obsoleta, solamente preocupada en temas contradictorios con la realidad nacional.

Sus familiares conservan numerosas cartas suyas, algunas de ellas republicadas en la revista Cultura del Banco Central.

Ascético, blanco, delgado, bien parecido, pelo negro, ojos cafés, baja estatura, puntilloso, ordenado, filático, afectado, un Scholar. Dedicó mucho de su tiempo libre a la Biblioteca de la Universidad Católica de Quito que ordenó y catalogó.