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JOSE TORIBIO MEDINA
POLÍGRAFO Y AMERICANISTA.- Nació en Santiago de Chile en 1852. Hijo legítimo del Dr. José Medina y Valderrama, abogado y de Mariana Zavala y Almeida, pequeños propietarios agrícolas de esa zona.

De tres años fue enviado con su madre a vivir a una propiedad agrícola de sus abuelos matemos ubicada en Chomedahue, creció pobre, "en un sano ambiente campesino, sabiendo del frescor de las hierbas en los inmensos potreros, trepando a los nogales, a los durazneros en flor, a las higueras ampulosas de la huerta", y aprendió de memoria la oración del Rosario que recitaba su abuela, con todas las citas latinas que le añadía esa buena señora; empero, "no tenía el don de la especulación ni podía pensar sobre ideas o conceptos abstractos y para discurrir siempre debió apoyarse en hechos".

En 1858 su padre pasó de Juez de Letras a Talca y volvió a reunirse la familia; mas, el pequeño José Toribio, comenzó a estudiar la primaria en el Colegio mixto de Santiago y aprendió con asombrosa rapidez por su extraordinaria contracción y memoria.

El 60 se establecieron en Valparaíso, entró al Colegio Inglés y le enseñaron idiomas. Dos años después su padre enfermó de gravedad, quedó inválido pero con su mente lúcida. El 65 viajaron a Santiago y obtuvo matrícula en el tercer curso del Instituto Nacional que dirigía el sabio maestro Diego Barros Arana, quien también le enseñó Historia Moderna. Allí fueron sus profesores los insignes Ramón Briseño en Ciencias Biológicas. Rodolfo Armando Philipi en Entomología y el 2 de Enero de 1869 se graduó de Bachiller en Humanidades y Filosofía.

Para entonces se había dedicado a visitar los campos comarcanos a la capital en busca de insectos y publicó "Los insectos enemigos de Chile" y "Motivos para la fundación de una Sociedad Entomológica Chilena"; pero como su padre quería que fuera abogado, se matriculó en Jurisprudencia más por complacerle que por seguir carrera tan árida como desventurada, y usando de la libertad de estudios que imperaba por entonces en Chile, se graduó en solo tres años de Bachiller el Leyes y en Ciencias Políticas con una larga tesis que resumía su amor a los estudios de la naturaleza, titulada "De los Fósiles, propósito del Art. 591 del Código Civil", donde agotó el tema desde el aspecto científico, relacionándolo muy a la pasada con la legislación. Su padre, que lo quería más abogado que otra cosa, desaprobó el trabajo y por eso su cariñoso hijo escribió otra tesis sobre si la donación es un acto o un contrato, que presentó al Jurado y fue aprobada. (1)

Graduado de Abogado ejerció con cierto éxito económico por algunos años, no muchos por cierto, que también aprovechó para leer libros de Historia de Chile sobre la conquista y la colonia y en "El Cautiverio Feliz" de Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, vislumbró la posibilidad de emprender una obra sobre la vida de los aborígenes de su Patria, lanzándose a excursionar por el sur del país, con el fin de obtener datos y vestigios de las culturas extinguidas.

En 1875 fue designado primer Secretario de la legación en Lima, trabajó en esa Biblioteca Nacional, rica en todo género de impresos, hizo amistad con los historiadores más importantes del Perú, así como también con sus máximos pensadores. Entre ellos cabe recordar al famoso heterodoxo Francisco de Paula Vigil, al Coronel Manuel Odriozola, al erudito biógrafo Manuel de Mendiburo, quien le obsequió algunos impresos raros y varios origínales antiguos y a Ricardo Palma, célebre tradicionista.

(1) En cambio su tesis sobre los Fósiles, obsequiada a un amigo, al ser presentada al mismo Jurado recibió aplausos y parabienes y demostró claramente al joven Medina y a su tosudo padre cual era el camino que le correspondía seguir en razón de su innata vocación por la investigación.
Ese año dio a la publicidad "Las Memorias del reino de Chile de Don Francisco Meneses" con Notas y una Introducción y el 76 editó "Ercilla juzgado por la Araucana", primero de sus trabajos sobre tan importante poeta y militar del silo XVI.

Entonces emprendió viaje a la Exposición Universal de Filadelfia y de allí siguió a Londres y París a lograr el material que le sirvió en su monumental "Historia de la Literatura colonial de Chile", publicada a su regreso a Santiago, en 1877, en tres gruesos tomos, que le valió el Primer Premio instituido por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.

También ese año dio a la luz la "Historia del Santo Oficio de la Inquisición de Lima" en dos volúmenes, aportando datos para el conocimiento de tan estúpida y criminal institución en la América del Sur.

En 1879 viajó a la Araucanía por dos ocasiones con grave riesgo de su vida, para escribir sobre las primeros habitantes de Chile y hasta llegó a descubrir los huesos dispersos de un Megaterio, desconocido por su maestro Phillipi.

En 1880 sirvió en la guerra contra el Perú inventando un aparato muy práctico para fabricar balas. El 82 dio a la luz pública "Los Aborígenes de Chile" en edición de lujo compuesta de 426 páginas y 232 láminas litografiadas, que abrió nuevas posibilidades a esta clase de trabajos en América.

En 1884 fue enviado de Secretario de la Legación en Madrid con dos mil pesos mensuales de sueldo, sirviendo con su amigo el Ministro Patricio Lynch. En España permaneció cuatro años, atareado en buscar y encontrar rarezas bibliográficas, manuscritos desconocidos y hasta tuvo que encargarse de la Legación durante la ausencia del titular, que duró varios meses. También hizo amistades valiosas y se presentó de igual a igual con los eruditos de la península, a los que sin embargo empezó a superar ampliamente, sobretodo en lo referente a la América hispánica. En el Archivo de Indias revisó gran parte de los setecientos legajos relacionados con Chile, luego pasó al Archivo General de Simancas y localizó la documentación relacionada con la Inquisición en América. También estuvo en el interior de las mejores bibliotecas públicas y privadas, estudiando, siempre estudiando. Fue amigo de bibliógrafos como el Duque de T´Serclaes y el Marqués de Jerez de los Caballeros. Trabajó en la biblioteca de la Real Academia de la Historia y en los Anchicos de Alcalá de Henares, del Ministerio de Guerra y en la Sección Manuscritos del Palacio de El Escorial.

En 1886 volvió triunfalmente a Chile con gran acopio de datos, impresos y documentados y contrajo matrimonio con una mujer muy instruida, quien desde ese día comenzó a ayudarle, llamada Mercedes Ibáñez Rondizzoni, su colaboradora de allí en adelante para la revisión, corrección y lectura. Fueron una pareja entrañable y afectuosa, un excelente equipo de trabajo, comprendiéndose en paz.

Por esos días el Presidente chileno José Manuel Balmaceda le ayudó económicamente a comprar e instalar en su casa una imprenta, que Medina aprendió a manejar en unión de varios ayudantes y así pudo hacer aparecer hasta veinticuatro volúmenes de Bibliografía, Historia, Folkorismo, Numismática y Catalogación; pero, en 1891 las turbas revolucionarias se levantaron contra Balmaceda, cayó el régimen, Medina tuvo que emigrar a la Argentina donde la intelectualidad de ese país le recibió en triunfo y vivió bajo la protección del ex presidente e historiador General Bartolomé Mitre durante los ocho meses que duró su exilio, tiempo que aprovechó para escribir y publicar "Historia y Bibliografía de la Imprenta en el antiguo Virreinato del Río de la Plata" en 452 páginas láminas, facsímiles y retratos.

En 1892 salió de Buenos Aires con rumbo a España y allí gastó cuatro años en agotadoras tareas, regresando el 96 a Santiago, con tanto material inédito, que en los siguientes seis años produjo setenta y ocho trabajos, "dejando absorto al mundo de los eruditos y letrados".

En 1902 partió a Lima con su esposa en viaje de estudio; luego siguió a Cartagena de Indias, Bogotá, Guatemala y México en busca de impresos raros, pasando aventuras a veces peligrosas, en tren, a mula o a caballo. En todas partes le acogían con cariño y en México le protegió el Presidente Porfirio Díaz, así como el sabio José García Izcalvaceta y Pimentel, que le atendió y ayudó en su labor. También recibió el respaldo de los eruditos de esos países, quienes le abrieron sus archivos y bibliotecas como él mismo anotaría después en sus "Recuerdos Biográficos".

De México siguió hacia Europa y especialmente visitó Turín y Roma, donde trabó estrecha amistad con el Padre Ehrie, S. J. director de la riquísima Biblioteca Vaticana, quien también le ayudó generosamente.

En 1904 trabajó nuevamente en Santiago la edición de otros libros, sesenta en ocho años, casi todos relacionados con la imprenta y tan eruditos, que maravilla cómo un solo hombre pudo haber escrito tanto y con tantos detalles, en favor del conocimiento del pasado cultural de América. Su "La Imprenta en México" consta de ocho volúmenes, "La Imprenta en Lima" de cuatro, "La Imprenta en Manila" en dos. En 1906 editó el "Diccionario Biográfico colonial de Chile" en seis gruesos volúmenes, que llenó un vacío en la historia y en las letras de ese país.

En 1908 tuvo que regresar a España a completar la documentación que tenía sobre el Capitán Alonso de Ercilla y así salieron sus cinco volúmenes de la Araucana, siendo el tercer tomo, el relativo a la vida de Ercilla.

En 1917 dio a la luz "El Arauco domado" de Pedro de Oña, por encargo de la Academia Chilena con dos mil trescientas anotaciones margínales, llenas de erudición.

El 25 de Agosto de 1923 su Patria le tributó el homenaje que merecían sobradamente sus cincuenta años de vida intelectual, festejos que tomaron características internacionales al haberse sumado diversos países americanos, especialmente Argentina. Estaba envejecido mas no anciano y en el discurso de agradecimiento confesó en secreto que había trabajado mucho y se había cansado poco.

En 1925 donó sus libros y manuscritos a la Biblioteca Nacional de Santiago pidiendo que se coloquen en forma separada, en una sala que debería llevar su nombre y cuya dirección se conferiría a su ayudante Guillermo Feliú Cruz. La donación sumó sesenta mil volúmenes impresos y quinientos tomos manuscritos, aparte de los originales de sus cuatrocientas publicaciones, muchas de estas rarísimas para esa fecha, debido a que las ediciones originales no habían pasado de los quinientos o mil ejemplares cuando mucho. Medina nunca escribió para el vulgo ni aspiró a la gloria popular; pues, como erudito y anticuario, sabía perfectamente que sus lectores no pasaban de una elite culta e ilustrada, sin embargo, vale recordar, que luego vino una segunda etapa, ya muerto, donde sus datos comenzaron a reproducirse y abrieron nuevos cauces a la investigación, despertaron vocaciones que de otra manera hubieran pasado desapercibidas y en fin, dieron margen a que nuestros países, al conocer las cosas de su pasado, sintieran el crecimiento de un sano nacionalismo.

En 1927, a expresa petición de su gobierno, viajó con su esposa a España, a fin de encontrar los originales de las cartas de don Pedro de Valdivia directamente o a través de su amanuense Juan de Cárdenas, escritas al Emperador Carlos V. Dichas cartas vienen a ser como la partida de nacimiento de Chile, pues son los documentos primigenios de su historia.

Quince meses estuvo indagando por ellas en Sevilla y aunque se desesperó por encontrarlas todas, solamente halló once de las treinta y dos que se dicen que existen y así se originó su obra "Cartas de Pedro de Valdivia que tratan del descubrimiento y conquista de Chile".

Poco después volvía sano a su Patria, pero casi enseguida cayó enfermo y tras una breve crisis falleció en Santiago el 11 de Diciembre de 1930, de 78 años de edad. Fue un hombre bueno, laborioso y consagró su vida al servicio de los pueblos americanos, según palabras de nuestro compatriota José Roberto Páez, quien escribió en 1952 un estudio en su memoria con motivo del Centenario del nacimiento.