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JOSE MARIA ALA-VEDRA Y TAMA
MEDICO.- Nació en Guayaquil el 21 de Marzo de 1890. Hijo legítimo de Ángel Miguel Alavedra y Moreira que primero fue pobre, luego tuvo una hacienda en Duran y a los 40 años de edad, se convirtió en rentista (1) y contrajo matrimonio con Angela Tama Rendón, hija de José María Tama y Ponce, próspero comerciante, dueño de varias propiedades urbanas, de acciones de Banco, de los brillantes más grandes de la ciudad -heredados por sus nietos Alavedra- y de una hacienda cacaotera en Colimes.

Creció feliz con sus padres, hermanos y su tía Rosa Alavedra de Varela en un ambiente puritano, conservador, lleno de recuerdos coloniales, y desde sus primeros años dio muestras de poseer un bondadoso e ingenuo corazón, libre de toda malicia.

Eran propietarios de dos carruajes adquiridos en Londres: un Milord para uso familiar tirado por dos yeguas y un Calesín pequeño con ruedas altas y ligeras, que junto a la carroza de los Guzmán Aspiazu fueron los últimos coches de tiro que se vieron en Guayaquil, pues desde 1907 habían comenzado a llegar de Estados Unidos los automóviles. En ese hogar anacrónico, de personas mayores y costumbres severas, la religión dominaba la escena a través de un ingenuo tradicionalismo que añoraba pasadas épocas.

(1) Su abuelo Gerónimo Alavedra y su bisabuelo el Dr. Isidro Ignacio de Figuerola habían sido despojados de sus bienes durante las guerras de la independencia, acusados de realistas. Por eso, su padre Isidro Alavedra y Figuerola creció en Lambayeque pasando apurada situación económica en casa de unos parientes, uno de ellos, el Dr. Justo Figuerola, ocupó provisionalmente la Presidencia del Perú. A su regreso a Guayaquil, Don Isidro Alavedra y Figuerola contrajo matrimonio con Mercedes Moreira y Vergara, señorita de sociedad aunque pobre y tuvieron descendencia.
Desde los cinco años acostumbraba curar a sus animalitos domésticos y hasta llegó a practicarles suturas. Recibió la primaria en el Colegio Mercantil y estudió Humanidades Clásicas en el Vicente Rocafuerte hasta graduarse de Bachiller en Filosofía en 1908.

Era un joven de pequeña estatura y buen ver, musculado, nervioso, blanquísimo, el pelo castaño tirando a rubio, fino bigote y ojos glaucos. Buen deportista, amaba la equitación y en esgrima llegó a sobresalir como uno de los mejores de la ciudad. Sentía pasión por todo lo aristocrático, hasta en los deportes, rendía culto a las buenas costumbres, respetaba a sus mayores, admiraba el arte y al escoger una profesión prefirió la medicina, pero ya empezaba a sufrir de delirios de grandeza y a1 hacerse notar por ciertos rasgos de dudosa genialidad (2).

En 1910 abandonó sus estudios y se alistó en las filas de los defensores de la integridad nacional. El Presidente Alfaro le entregó una de las banderas en Machala, gesto que el romántico joven jamás olvidaría. A su regreso incruento de la provincia de El Oro viajó con varios compañeros a Quito "a recibir el justiciero aplauso de la ciudadanía", conoció y trató al Arzobispo González Suárez. Nuevamente en el puerto se reintegró a sus estudios de medicina, en 1912 fue Ayudante de la Cruz Roja del Cuerpo de Bomberos, colaboró en "Ciencias y Letras" bajo los pseudónimos anagramáticos de "Lavadore" y "Joseph de Lavariat" y entre el 12 y el 23 fue médico ad-honorem de la Compañía de Bomberos 9 de Octubre.


(2) Para unos Carnavales salió disfrazado de Centurión Romano montado sobre fino alazán. El público aplaudió el gesto y vitoreó al caballero durante varios minutos por diversas calles del centro de la urbe, pero no faltaron mozalbetes bromistas que le cayeran a naranjazos y piedras. Entonces, lo que todo había sido simple farsa y burla al Dios Momo casi se convirtió en tragedia, porque el Centurión volvió grupas y atacó a lanzadas. La plebe huyó despavorida y el asunto fue largamente comentado aunque para felicidad de todos no dejó heridos. Y no faltaron personas que le dieran la razón por aquello de que "un caballero no debe permitir burlas a nadie".
En 1914, tras la masacre de los médicos de la Cruz Roja en la revolución de Esmeraldas, se alistó como cirujano con el grado de Teniente de Sanidad Militar del batallón Manabí y viajó por tierra desde Chone hasta Jama, donde embarcó en el "Constitución" a Esmeraldas, llegando a tiempo para la toma militar de esa población, luego asistió a los combates de La Propicia y Lagarto. Ese año publicó "Neoplasias cutáneas y Rayos X" para el 1er. Congreso Médico celebrado en Guayaquil.

En 1915 fue designado por la Junta de Beneficencia para dirigir el Gabinete de Fisioterapia y Radiología del Hospital General de Guayaquil donde trabajó cuatro años. El 16 se Licenció en Medicina, el 17 se graduó de Doctor en la Universidad de Quito, y al año siguiente se incorporó al cuerpo médico de su ciudad. Ese año obtuvo Mención de Honor en un certamen universitario de literatura con su novela corta titulada "¿Sería?" En 1919 importó de Francia un equipo electro-radiológico que instaló en su consultorio de la calle Colón entre Pichincha y Pedro Carbo, que pronto se llenó de clientela. Esa fue su mejor época, pues escribía para diferentes diarios del país sobre temas científicos, preferentemente de Medicina Tropical.

El 15 de Noviembre de 1922 organizó con otros facultativos la atención de los heridos en el Hospital General, también estuvo en la recolección de muertos en las calles con peligro para su vida. En premio a su generosidad y por servicios prestados a la institución en 1924 fue designado Vocal vitalicio de la Cruz Roja Ecuatoriana.

Entonces registró el primer indicio de un grave disturbio conductual pues aprovechando la visita del pintor Nicolás Delgado a Guayaquil, mandó a confeccionar ocho enormes retratos al óleo de parientes, algunos de ellos con rostros ficticios, como se puede apreciar a simple vista por la repetición de los parecidos. Ejemplo, el del "Conquistador" Fernando Ponce de León, Corregidor de Guayaquil en 1686, pariente suyo.
Al finalizar los años veinte había cimentado una fortuna personal a través de su numerosa clientela, trabajando desde las 10 de la mañana incansablemente hasta las 10 de la noche, préstamos a favor de terceros con interés sobre prendas y la compra y administración de varias casas antiguas en el centro de la urbe; atendía en lo que él llamaba su clínica, situada en su casa de Colón entre Pichincha y Pedro Carbo, donde mantenía su equipo de radiología (rayos X y ultravioletas) y se especializaba en Otorrinolaringología; también era cirujano, realizaba operaciones de amígdalas, cornetes, tabiques y otras menores.

Tenía numerosísima clientela y tanta que a veces pugnaban por ganar turnos para entrar, en cierta ocasión hasta le rompieron uno de los vidrios de la mampara de acceso, como él mismo lo indica en su Anecdotario, y si se hubiera casado joven todo le habría ido perfecto; pero era un romántico infatigable perseguidor de damitas hermosas, que las tenía incontables porque siempre fue muy viril y quizá por eso desperdició los años treinta.

En 1930, preocupado por la gravísima crisis económica del país, dictó una conferencia sobre las "Causas de la degeneración social." El 33 descubrió por carta del genealogista quiteño Cristóbal de Gangotena y Jijón, que por la rama de Chiriboga tenía antepasados comunes con su ídolo, el líder conservador Jacinto Jijón y Caamaño, a quien siempre admiró mucho, al punto que quizo emularlo con un Castillo igual o mejor que La Circasiana. Ese mismo año pretendió levantarse en armas contra el gobierno del presidente Juan de Dios Martínez Mera pero fracasó y fue apresado, saliendo en triunfo cuando cayó el gobierno. Enseguida declaró "Cuando las causas son grandes, las prisiones son honores" e intervino en la campaña presidencial del Dr. José María Velasco Ibarra, a quien creía conservador como él y en eso estaba en lo cierto.

A fines del 35, calificado de "líder peligroso” porque gustaba alborotar a las multitudes con fogosos discursos, fue enviado al exilio por la dictadura oprobiosa del Ing. Federico Páez.

Primero estuvo en Lima, ciudad que le encantó por sus palacios de piedra y mármol, con esa sociedad tan sedeña que siempre la ha distinguido y hecha tan de acuerdo a su temperamento, y gustó de sus corridas de toros en Acho, de las carreras de caballo en el Hipódromo, del ambiente fastuoso del Hotel Bolívar, de los paseos vespertinos por el Jirón de la Unión, de las damitas de sociedad. En fin, halló todo un mundo para su sensibilidad, se presentó a la prensa, dictó conferencias y finalmente, quizá para no cansar, empezó a recorrer, en plan trashumante, las altas serranías. Estuvo en Huaitara, Ayacucho y Cusco, fue recibido con honores de exilado por el cuerpo de Catedráticos de esa Universidad de San Antonio Abad, visitó las ruinas, los museos, tuvo en sus manos la histórica Cruz que trajo de España el Obispo Fray Vicente Valverde en su segundo viaje.

En Ayacucho entregó una Corona de flores a la Municipalidad en homenaje a su tío abuelo el Coronel José Alavedra y Figuerola, combatiente realista en tan célebre batalla. Y como las dictaduras ecuatorianas no se resolvían favorablemente, tuvo tiempo para incorporarse de Médico en la Universidad de San Marcos de Lima y visitar vestido de chaquet al Nuncio Apostólico Monseñor Fernando Cento. El 37 trabajó como Médico en la empresa "Cerro de Pasco Cooper Co." a más de tres mil metros de altura, estudió los males endémicos en la zona y viajó acompañado únicamente de un guía, desde el Cusco a Iquitos, capital cauchera del Perú, en plan de aventura. De nuevo en Lima, con casi cincuenta años de edad a cuestas aunque aparentaba mucho menos por su notoria delgadez y fina estampa, siempre representó menos edad, enamoró y contrajo matrimonio con la dama de sociedad Nelly Dapelo Pintado, a quien conoció en una recepción de postín. (3). Finalmente, en 1939, meses después de concluir la dictadura del General Enríquez Gallo, volvió a Guayaquil con la aureola del desterrado, después de tres años de ausencia.
En Lima había visto a los ricos vivir bien, con el boato y la pompa usual en toda gran capital, pero también aprendió ciertas minucias que empezó a practicar en el puerto. Efectivamente, desde entonces, le nació la manía de firmar su primer apellido dividido en dos y con un guión en la mitad Ala-Vedra separado del segundo por la conjunción copulativa y , de suerte que quedó transformado en "José Ala-Vedra y Tama", fórmula nueva y más aristocrática. Y con el tiempo, tanto insistió ante sus hermanos que todos terminaron por firmar igual.

En 1940, al conocer el fraude electoral realizado contra su amigo el Dr. Velasco Ibarra, se unió a la revolución de los aviadores insurrectos pero como el asunto fracasó, volvió a ser lanzado al exilio.

Regresó el 41 y desde entonces "solo se dedicó al cuidado de su hogar, su profesión médica y la felicidad de la Patria". Ese año quizo instaurar en el país, a medias con el Obispo José Félix Heredia, que siempre fue su gran amigo, el modelo falangista de los Sindicatos Verticales, pero encontró franca y abierta oposición en los obreros del puerto, que no se tragaron el cuento.

El 42 fue apresado y llevado al panóptico en Quito por el presidente Arroyo del Río, quien lo mantuvo setenta y cinco días en rigurosa incomunicación, al punto que enfermó gravemente y hasta hubiera muerto de no haber sido liberado; solo pudo recuperarse a través de un largo tratamiento.


(3) Hija de un inmigrante italiano de apellido Dapelo Durante que logró una excelente posición económica en esa capital y allí casó con una de las Pintado Elcorobarrutia de la alta sociedad peruana.

Incansablemente el 43 decidió construir con Heredia el Seminario Mayor de Guayaquil. Hicieron los planos y la maqueta, reunieron dinero, convocaron a la prensa y finalmente cayeron en manos de un estafador chileno que los comprometió en una seudo importación de varillas de hierro. Ala-Vedra salió perjudicado con millones y para reponerse económicamente se sometió a un sistema de espartana economía que duró muchos meses, durante el cual se privó con su familia de todo lo superfluo y hasta de casi todo lo esencial. Fue una etapa muy dura que sus deudos aún recuerdan.

El mismo año intentó fundar con varios amigos y conocidos la Orden de beneficencia de Caballeros de Santiago de Guayaquil, redactó los Estatutos, planificó un desfile con uniformes, covenció a varios amigos, parientes y conocidos y cuando todo estaba listo para la reunión inicial, su pariente Genaro Cucalón Jiménez; alegó que con el tiempo los Caballeros reducirían sus títulos y quedarían convertidos en flamantes Caballeros de Santiago, confundiéndose con los de España, así se malogró otra de sus iniciativas.

A principios del 44 el conservadorismo guayaquileño lo delegó con Efraín Camacho Santos para conformar el directorio de "Acción Democrática Ecuatoriana ADE", agrupación política antiarroyista que aglutinó a la oposición nacional. Como tal fue gestor y combatiente durante la revolución del 28 de Mayo y recibió la Medalla Municipal en la sesión solemne del 9 de Octubre de ese año.

El 45 fomentó económicamente al naciente partido "Acción Revolucionaria Nacionalista Ecuatoriana ARNE", escribió el artículo científico "El Botón de oro en el oriente" sobre la úlcera tropical leishmaniosis americana y designó padrino de su hija Isabel al presidente Velasco Ibarra.

El 46 fue condecorado con la Orden Nacional al Mérito en el grado de Caballero y recibió un Homenaje del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil. El 47 ingresó al Instituto Hispanoamericano de Relaciones Culturales.

Al producirse la dictadura del Coronel Carlos Mancheno Cajas rodeó el cuartel Quinto Guayas, en Antepara y Clemente Ballen, con más de mil paisanos desarmados, tal audacia rindió los beneficios apetecidos, los militares del puerto terminaron por retirar su apoyo al flamante dictador y se volvió al orden constitucional.

En 1950 envió un saludo de felicitación al Arzobispo Carlos María de la Torre con motivo de su elección de Cardenal. Ese año publicó una notable operación practicada a un herido de bala, a quien curó en su clínica particular y salvó de una parálisis general pues la herida comprometía la columna vertebral.

El 51 recibió la Orden Militar y Constantiniana de San Jorge que le fuera concedida por el antiguo reino de Napoles. El 52 solicitó a la Municipalidad el correspondiente permiso de construcción de un Castillo de dos torres secundarias y una principal, pero como le exigieron dinero los concejales cefepistas, se enfadó mucho y les sacó una hoja volante: "El Caballero de las espuelas doradas a sus nobles brutos".

El proyecto original era muy ambicioso, contemplaba la instalación de un gran reloj de uso público en la torre central la erección del monumento a Isabel La Católica de pie en el instante en que entregaba sus joyas a Cristóbal Colón de rodillas en una plazoleta ubicada al frente. Incluso llegó a tener hasta las maquetas del monumento y del castillo.

Ese año dio a conocer a través de El Universo, La Prensa y La Nación, el " genial descubrimiento" de una fórmula magistral o sustancia compuesta que bautizó como "Litolisina", cuya ingestión producía el ablandamiento y expulsión en un lapso no mayor de dieciséis horas, de los molestosos cálculos biliares contenidos en la vesícula y en el tracto hepático, sin ocasionar la menor molestia al paciente, puesto que al salir en forma de minúsculas arenillas, se deslizaban sin ningún dolor. El asunto causó el revuelo que es de esperar en esta clase de descubrimientos puramente medicamentosos y no quirúrgicos y pronto se llenó nuevamente su consultorio con pacientes ansiosos de salvarse de una segura y delicada intervención; aunque no faltaron facultativos, sobre todo, dentro del gremio de cirujanos, que protestaron airadamente contra tan “original invento".

En 1955 asistió a un Te Deum celebrado en la Catedral a las once de la mañana, vestido de frac y con condecoraciones y se mantuvo en el Coro para que todos lo vieran. Luego regresó a su casa deteniendo el tránsito en todo el trayecto.

En 1956 participó personalmente y con dinero en la campaña presidencial de Camilo Ponce Enríquez con quien se decía lejano pariente por su abuelo Tama Ponce, y cada vez que el Presidente venía al puerto, lo iba a visitar.

El 59 trató de impulsar su candidatura a la Vicepresidencia de la República en binomio con el candidato conservador Gonzalo Cordero Crespo, reuniendo a varios amigos y coidearios en el Club de La Unión, del que era socio desde los años 30. El asunto fue comentado, recibió muchísimas adhesiones y hasta le pidieron declaraciones, pero su candidatura no prosperó porque Cordero hizo alianza con un miembro de otro partido.

Entonces lejos de despecharse comenzó la construcción del Castillo en la esquina de Colón y Noguchi (las cinco esquinas) sobre un solar de 400 m2 de su propiedad. El proyecto fue calculado inicialmente en S/. 5'000.000, suma elevada para entonces, pero costó más. (4).


(4) El Castillo Ala-Vedra. Palacio de estilo medieval hispano-romano, de arquitectura sobria y severa, cual una fortaleza, sobre un terreno de cuatrocientos metros cuadrados. Es de cuatro pisos, construcción antisísmica de cemento armado, consta de dos torres laterales de veinte metros de alto a cuyas terrazas se sube por escaleras marineras de acero, y una torre Central esquinera de veinticinco metros de alto, a cuya terraza se sube por escalera de acero de caracol. Las torres, todas son redondas, de seis metros de diámetro, cuatro murallas, en las dos de frente se lucen dos atalayas en cada una. Tiene el castillo cien almenas que lo coronan a todo alrededor y cuatro murallas, que en las dos del frente, se destacan dos bellas atalayas en cada una, que cual pies de amigos las sostienen numerosos y bien labrados canecillos; en la parte baja de la fachada aparecen formadas en bloque de piedra rústica y en el resto adoquines pulidos, luciendo en dicha fachada cuatro blasones nobiliarios, los más cercanos de la familia propietaria. Tiene dos amplios portales, dos patios laterales amurallados dan luz directa y aire alrededor en todo el edificio, a setenta y seis ventanales de medio punto romano. La entrada principal está defendida por una valiosa reja ornamental de hierro cuadrado, con una primera puerta de igual material a la verja, con adornos de acantos, cabezas de leones iberos y escudos nobiliarios españoles de bronce. Esta primera puerta se abre hacia los costados sobre rulimanes de acero. Una segunda puerta de madera de bálsamo, cuadrada y llana, tachonada de cabezas de león ibero de bronce, hay un tramo de la escalera de piedra de granito andino de cinco peldaños, labrada mármol, a la que sigue la gran escalinata de mármol de Carrera, de tres metros de ancho, con cuatro tramos de pasamanos de cadenas de fierro de media pulgada, sostenidas como guirnaldas por dieciséis cabezas de león ibero de bronce. En la parte alta de esta puerta hay una reja de fierro en semicírculos con lanzas, con puntas hacia abajo, adornada con cinco flores de lis de bronce. Se sube por allí al primer piso alto y se llega al vestíbulo que rodea totalmente el boquete de la escalera. En esta piso hay cuatro puertas de bálsamo, de las cuales la una conduce al Salón de Gala, que es redondo y, con cuatro ventanales. Otro da salida al amplio Salón Comedor, claro y ventilado. Una tercera da acceso a los dormitorios y servicios higiénicos con locetas baños, lavadores, etc. De los colores azules y verdes claros y la cuarta puerta da entrada a la biblioteca. Todas las seis lámparas de cristal de roca son de Bohemia. Este edificio está situado en el barrio de las cinco esquinas, en la intersección de las calles Colón y Noguchi y la Avenida Olmedo de la ciudad de Guayaquil. En pleno centro. Este edificio es creación intelectual, esfuerzo material y realización exitosa con los bienes ganados dignamente en el ejercicio profesional médico por el dignísimo caballero Sr. Dr. Dn. José Ala-Vedra y Tama. (sic.)


En 1962 fue agraciado con la condecoración de Caballero Gran Oficial de la Orden Equestre y Pontificia del Santo Sepulcro de Jerusalén y programó una solemne ceremonia de imposición de la espada, muy a la antigua usanza como a él le encantaba, que se realizó en el Palacio Episcopal el Domingo 16 de Junio a las nueve de la noche. Después vendría la bendición e inauguración del Castillo a las diez. En ambas ceremonias participó el bonísimo Arzobispo César Antonio Mosquera Corral, hombre verdaderamente apostólico que comprendió la alegría que deparaba a su amigo Ala-Vedra y no pudo negarse a ello; pero de todas maneras y a pesar de su respetuosa presencia, el asunto se trajo cola porque fue publicitado en El Universo.

En efecto, días antes, el Doctor Ala-Vedra me había mandado a llamar para que escribiera una crónica sobre tan importantes acontecimientos y así lo hice, pero mi escueto borrador no fue de su entero agrado, me ordenó agregarle una serie de detalles de dudoso gusto y por eso no lo firmé.

Esa noche, a las nueve en punto, los bajos y las inmediaciones del vetusto Palacio de madera se vieron colmados de personas del mundo social que sin ser invitadas habíanse congregado para aplaudir al flamante caballero. Su número fue tan grande que triplicaba al de los invitados, que pasaban de los doscientos. Por mera precaución a alguien se le había ocurrido la brillante idea de apuntalar el edificio con cañitas, temían que no pudiera resistir el enorme peso de la concurrencia.

Pocos minutos después se oyeron gritos de saludo y apareció el cortejo que había salido del Castillo. Primero venía el Dr. Ala-Vedra de frac, atrás los Caballeros Dr. Vicente Norero de Lucca y Giulio Ricci con sus respectivas capas y espadines al cinto. Finalmente Bolívar Pauta Ubilla, que como secretario Ad-Hoc portaba un almohadón con el título y la espada que se impondría. Los aplausos, vítores y otras muestras de admiración se sucedían interminablemente en los bajos y el Dr. Ala-Vedra aprovechó la ocasión para disparar en el rellano de la escalera, uno de sus mejores discursos, brillantísima improvisación que volvió a ser vitoreada. Los de arriba comenzaron a comprender, aunque tardíamente, que el asunto se tornaba peligroso. Las damas quitábanse las joyas pero ya no podían huir.

La ceremonia fue brillante, toda en latín, con el ceremonial de la Corte Pontificia, donde esta clase de actos son cosa de todos los días y a nadie llaman la atención. El Arzobispo se vistió de pontifical, Monseñor Rogelio Bauger sirvió de Secretario, la fórmula de imposición se leyó de un antiguo breviario especialmente venido de Europa. Música sacra de fondo, incienso, el paternal abrazo del Arzobispo, aplausos y lágrimas de emoción en el Dr. Ala-Vedra pues era su noche de noches. "Por un momento se sintió feliz, sin rencores. Quedaban atrás dos destierros, su encarcelamiento político; la mezquindad de sus coidearios, que luego de ofrecerle la candidatura a la Vicepresidencia se la retiraron al entrar otros intereses en juego". Entonces ya no supo más de sí y comenzó a vivir como entre sueños, según me lo confesó días después tratando de recordar todos los detalles. Bajó acompañado, otro discurso, más vivas eufóricas, tomó un lujoso automóvil que alguien ofreció para evitarle el regreso a pie y se dirigió al Castillo que estaba totalmente iluminado a solo cuatro cuadras, subiendo triunfalmente por la gran escalera de mármol y pisando la bellísima alfombra roja. Arriba esperaban los mozos con burbujeantes copas. Se colocó junto a la armadura de plata que le obsequiara años atrás su amigo Juan X. Marcos Aguirre y bajo un hermosísimo óleo que representa a Cristo saliendo en gloria y majestad del Santo Sepulcro, recibió las felicitaciones de estilo, mientras en la calle, rugía una multitud de más de cinco mil personas que había formado una peligrosa calle de honor para ingresar al Castillo.

Entre los asistentes habían algunos de Quito, el Embajador de Espada, Ignacio de Urquijo y Olano, Conde de Urquijo. Carmen de la Torre Centofanti, sobrina del Cardenal y viuda del Marqués Carlos González de Andía-Irarrazabal Larrain Peyramale Vivero y García-Moreno. El Conde Gijón, Manuel Jijón – Camaño y Flores no vino, pero en cambio asistieron el Coronel Jaime de Veintemilla Moran, Jefe de Zona, que lo hizo de estricto uniforme. Pepe Baquerizo Maldonado que acababa de regresar de la Embajada en España y fue el único que asistió condecorado, Madame Juliet Hardy du Rumain, Condesa de Rumain; los padrinos y madrinas de la bendición y el resto de los invitados en general. (5).

El Arzobispo bendijo momentos después los salones, el quinteto de Cuerdas del Núcleo del Guayas de la CCE tocó piezas semiclásicas y abundó el champagne y el pavo hasta las cuatro de la madrugada, hora en que bajó el último de los asistentes.

De allí en adelante, convertido en personaje nacional por su Castillo y habiendo "superado" exitosamente a su ídolo Jijón y Caamaño, transcurrieron sus horas en paz consigo mismo en relativa soledad, pues su esposa vivía con una hija casada, sus hijos aunque vivían con él eran independientes y su hermana Teresa, casi ciega, tenía su departamento contiguo al consultorio y le acompañaba solo por horas.

Entre el 64 y el 67 le traté mucho más porque era vecino de la familia de mi novia. En Enero de ese último año cumplió sus bodas de oro profesionales y encargó al Dr. Ricardo Márquez Tapia, de Cuenca, que le

(5) Padrinos del bautizo del Castillo y testigos de Honor de la imposición de Caballero fueron: El Conde Urquijo Embajador de España, la Condesa de Rumain, la Marquesa de Andía, Dr. Julio Aguirre Overweg, Dr. Leonidas Ortega Moreira. Miguel Ala-Vedra y Tama, Graciela Noboa Illingworth de Marques de la Plata, Dr. Raúl Gómez Lince, José de Venegas Ramos, Isidro de Ycaza Plaza, Miguel Toral Malo, Ernesto Baquerizo Roca. mi padre Rodolfo Pérez Concha, Luis Baquerizo Amador, Rosa Victoria Amador de Baquerizo, Guillermo Wrigth Ycaza, Mercedes Carolina Orrantia Wright, Armando Baquerizo Gómez, Esperanza Carmigniani Carlier, Dr. José Baquerizo Maldonado, Dr. Ricardo Márquez Tapia, Juan X. Marcos Aguirre, mi suegro Dr. Rodrigo Puig-Mir y Bonin, Hernán de Ycaza Gómez, Eduardo Seminario Ponce de León, Dr. José A. de Rubira Ramos y sus cónyuges.
preparara un libro de homenaje con numerosas anécdotas y genealogía, que tituló "Gloriosos fastos históricos guayaquileños y el sagrado símbolo de la bandera ecuatoriana" en 361 páginas, obra que por su curiosidad se ha convertido en una verdadera joya bibliográfica.

Salía poco a la calle y más bien se le veía leyendo de continuo en su consultorio, con las chazas abiertas por el calor y hasta altas horas de la noche, en que se retiraba al Castillo a pie y en pijamas largas, con el pasito rápido y menudo que le singularizaba. Era todo un espectáculo cuando iba a cobrar sus arriendos. Pocas veces paseaba en un automóvil antiguo, lujoso y de fabricación norteamericana, porque le consumía mucha gasolina".(6).

Al finalizar los sesenta fue lanzado al suelo por un carro en la esquina de Colón y Pichincha, sufrió la rotura de una pierna y lo enyesaron en la clínica Alcívar. Después ya no salió, se recluyó en su Castillo y murió de más de 80 años.

Dejó fortuna en solares, covachas y joyas y un copioso anecdotario pues su vida fue una constante tensión entre sus Cándidos ideales decimonónicos (Conservadorismo a ultranza vivido a través de la tradición, la realeza, la etiqueta, la hispanidad, la Lima de los Virreyes, los deportes nobles como la equitación y la esgrima, condecoraciones y uniformes) y fervoroso deseo de notoriedad que le impulsaba a realzar obras útiles y patrióticas (sus continuas aventuras revolucionarias, prisiones, exilios, trabajos y luchas cívicas) que con el tiempo se fue agudizando hasta convertirse en algo patológico por el constante choque con la realidad tribial y anodina de un medio mercantil como el nuestro, tan vulgar a veces, tan alejado de sus gustos.


(6) Un Lincoln azul marino, con sistema eléctrico para las ventanas.

Tuvo una esposa y una familia maravillosa que sin embargo no aprovechó enteramente por vivir de sueños. Leales amigos que le querían bien, hermanos que lo cuidaron. Tal su vida, reseñada porque fue un personaje folklórico y controversial y por su castillo.