EUDOFILO ALVAREZ VEGA
ORIENTALISTA,
FUNDADOR DE MENDEZ.- Nació en Latacunga en
1876. Hijo del Coronel Emilio Alvarez Tinajero que
peleó en 1863 en Cuaspud y cayó prisionero.
El 82 formó parte del Escuadrón Sagrado
en las guerrillas Restauradoras del centro de la República
y luchó en la provincia del Chimborazo y luego
en Píllaro, San Andrés, el río
Patate y Quero. Dueño de la hacienda Tilipulo
donde pasó hasta casi sus últimos días
trabajando la tierra, pues sintiéndose enfermo,
viajó y murió en Quito; y de Jesús
Vega, campesina blanca de la región de Latacunga,
quien le enseñó las primeras letras.
Después pasó
a la escuelita de los padres dominicanos en esa población
y siguió la secundaria en el Colegio Vicente
León, Adolescente aún y dada la condición
irregular de su hogar, se convirtió en protegido
y casi en hijo adoptivo de Rafael Portilla, pudiente
liberal quiteño y segundo mecenas de Montalvo
en París (1) Portilla influiría decisivamente
en la formación de las ideas liberales del
joven Alvarez, pues acostumbraba acompañarle
y referirle anécdotas y chismecillos gratos
en la vida del ilustre escritor Cosmopolita.
Con tal motivo le aconsejó
que visitara Ficoa y Ambato tras la sombra montalvina
y le mandó por Baños a que se adentrara
en las regiones orientales, que le causaron gratísimo
asombro por su belleza, luego siguió al
(1) Rafael Portilla era Senador
del Ecuador en 1867 cuando el gobierno de Gerónimo
Carrión le desterró bajo la falsa acusación
de conspiración, junto a los Senadores Mestanza,
Julio Saenz, Miguel Egas y Pedro Fermín Ceballos.
Tal atropello ocasionó la caída del
régimen y el ascenso del Dr Javier Espinosa.
Posteriormente siguió figurando en la plana
mayor del liberalismo ecuatoriano, ayudó en
París a Montalvo pues era persona acomodada,
también hizo lo mismo con Alfaro en diferentes
circunstancias y hasta sostuvo la imprenta liberal.
Roberto Andrade le defendió en "El seis
de Agosto" de la acusación de haber recibido
dinero de la Masonería para la comisión
del crímen de García Moreno.
Pastaza y de regreso excursionó hasta el Sangay,
quedando eternamente enamorado del misterio de la
selva profunda.
En 1894 se graduó de
Bachiller y al triunfar la revolución liberal
se incorporó a la juventud que seguía
a Alfaro; quien, el 95, le permitió publicar
en la Imprenta Nacional una novela sin acción
y sin plan, ambientada en Francia con personajes extranjeros,
bajo el título de "Abelardo", en
362 páginas, Alfaro le designó el 96
Director de la Biblioteca Nacional y poco después
su Secretario privado.(2)
Era un joven garboso y delgado,
de temperamento algo tímido por lo estudioso,
"sencillo, sensible, bueno y de noble corazón"
según testimonio de Manuel J. Calle, que escribía
bien y pensaba mejor y que un día hizo circular
una hoja volante con seudónimo, que por estar
perfectamente concebida movió a creer que era
obra de Peralta, Moncayo, Andrade, Vela o Lapierre,
tal la solidez de sus ideas y galanura de sus frases
y que resultó obra de Alvarez, el chiquillo
protegido de Portilla, como después se supo,
para admiración de la ciudad.
El 97 dio a la luz pública
un folleto "El Dr. Antonio Portilla, firmante
del Acta revolucionaria del Quinche" en 10 páginas
y empezó a estudiar jurisprudencia, carrera
que truncó por viajar a Lima, donde mantuvo
un cálido romance con dama cuyo nombre no ha
logrado establecerse todavía.
A su regreso el 98 emprendió
viaje a París y vivió en la casa de
la Rué Cardinet donde habitó Montalvo,
queriendo encontrar su espíritu como años
atrás lo había buscado en Ficoa. "Revoloteaba
como un fantasma
(2) En reemplazo de Donoso González, intelectual
que había sido lazarillo de Pedro Fermín
Ceballos en sus últimos años. Este señor
Donoso había hecho poner en la biblioteca Nacional
un letrero que decía
enamorado en torno de la casa
rodeada de vergeles donde escribió y vivió
Montalvo". Rubén Darío, que le
conoció y llegó a estimar en alto grado,
le pidió que colaborara en la revista "Magazine",
ofreciéndole cien francos por artículo.
En 1903 editó en la
tipografía La Rápida de Quito "Ocho
Cartas halladas'' en 118 páginas, precedidas
de unas "Advertencias" en 6, y dirigidas
a un amigo ideal: Néstor, la segunda edición
es de 1906 y tiene 175 páginas, también
publicó una pequeña crítica al
óleo de Joaquín Pinto titulada: "Una
obra maestra nacional o sea el Dies Irae en pintura"
en 5 páginas. Manuel J. Calle calificó
esta obra de tener escasa acción y pobre argumento
pero con fuego, lirismo y soberbias descripciones,
con partes autobiográficas.
Entre el 3 y el 5 fue Jefe
de Sección del Ministerio de Relaciones Exteriores.
El 4 dio a la imprenta "El
Dr. Agustín L. Yerovi" en 7 páginas
en recuerdo a su memoria y una "Ojeada sobre
la Historia del Arte" que apareció en
varias entregas de la revista de la Sociedad Jurídico
Literaria de Quito, trabajo muy elemental aunque por
la vastedad del tema anunciaba un texto de grandes
proporciones.
En Agosto publicó “Dos
de unas Cartas" en dos entregas de 21 páginas
en la revista de la Jurídico Literaria de Quito.
Ese año se produjo una
situación de conflicto con el Perú cuyas
tropas asaltaron los destacamentos de Angoteros y
Solano causando algunas bajas. La conciencia cívica
del país se conmovió y Alvarez publicó
una protesta en 3 páginas como homenaje a esos
héroes, republicada en la revista de la Jurídico-Literaria.
En Septiembre de 1905 arribó
Alfaro a Quito en calidad de miembro de la comisión
Codificadora de Leyes y Reglamentos Militares. Alvarez
lo fue a visitar al hotel, mas, como entre Alfaro
y el presidente Lizardo García existía
una relación muy tirante, éste último
se sintió molesto con el gesto y se lo dejó
saber, motivando la reacción de Alvarez que
renunció públicamente a sus funciones
en la Cancillería con la siguiente frase: "¿Por
qué en esta desgraciada tierra los Presidentes
de la República piensan que los empleados públicos
son esclavos suyos y no hombres libres?", pero
eso no le impidió que al producirse en Enero
siguiente la revolución contra García
mostrara su desacuerdo y no estuvo entre los que salieron
a recibir a Alfaro cuando éste entró
triunfante el día 17 de ese mes.
Por esa época se había
desvinculado de la diplomacia y la política
y vivía entusiasmado en la realización
de grandes proyectos de beneficio nacional, como la
construcción de un ferrocarril al Amazonas
y un camino a Papallacta, era un soñador que
avisoraba nuevos y mejores días para la Patria
a través de la colonización de nuestra
región oriental.
En Septiembre tuvo un serio
incidente con Alfaro cuando le fue a cobrar en palacio
un crédito a favor de Rafael Portilla
En 1907 editó "Nuestro
Primer Monumento al Diez de Agosto" en 8 páginas
y un artículo sobre "El teatro antiguo"
en 2 páginas. En 1908 colaboró en "El
Microscopio" y en "El Pichincha" de
Quito bajo el seudónimo de "E. Rigth".
En 1909 escribió sobre
"Nuestro historiador Dr. González Suárez"
en 2 páginas. El 10 sobre "El fin del
arte" en 2 páginas para la revista La
Ilustración Ecuatoriana. El 11 dictó
una Conferencia en la Jurídico-Literaria sobre
"El Modernismo" en 74 páginas y en
la revista Vejeces y Novedades publicó "Jesús
y Prometeo" en 2 páginas. Ese año
colaboró en La Unión Literaria de Cuenca
con "La belleza física y la belleza moral
en Grecia" en 2 páginas y "Torneo
Literario" en 9 páginas.
En 1912 fue redactor de El Grito del Pueblo de Guayaquil
y el presidente encargado Dr. Francisco Andrade-Marín,
que también vivía pendiente de todo
asunto relativo al Oriente le ayudó a fundar
la "Sociedad de Orientalistas", de la que
Alvarez fue su primer Presidente y como tal fue designado
Intendente General de Oriente. Entonces pudo realizar
una expedición científica en compañía
de Luis G. Tufiño con quien anduvo por Macas
visitando Palora y sus temibles Jíbaros, recorrieron
las costas del Chihuaza y prepararon un Informe muy
completo para el gobierno, publicado en la tipografía
de la Escuela de Artes y Oficios de Quito en 116 páginas
y 8 cuadros.
En 1913 editó "Informes
relativos al sur del Oriente presentados al Ministro
del Ramo" en 191 páginas, "Mi canelo"
en 2 páginas y "Una noche buena en Quito".
El 14 dedicó un ensayo a José Enrique
Rodó en 6 páginas y fue designado Gobernador
de la Provincia de Bolívar.
Durante su mandato se realizó
la colocación de la primera piedra del hospital
de Guaranda y publicó en 1914 el folleto "Por
la provincia de Bolívar", pero seguía
pensando en sus temas de siempre: la Patria, el Oriente
y Montalvo. Sobre todo en sus Campos Elíseos
del Ecuador como él llamaba cariñosamente
al Oriente, en su fauna, en su flora, en el tesoro
de sus minerales y pedía para esas tierras
caminos y nuevas vías de penetración,
tal su entusiasmo. Por eso prefirió renunciar
y pasó de Jefe Político de Morona con
el objeto de organizar una expedición hacia
el suroriente para la colonización de esas
extensas regiones las que baña generoso el
río Santiago.
El 12 de Julio, acompañado
de numerosos aventureros y colonos, fundó la
población de Méndez en una gran llanura
ubicada a 620 metros sobre el nivel del mar. (3).
(3) El 12 de Julio de 1966 se levantó en la
plaza central de Méndez un Monumento Conmemorativo
en su honor.
De regreso del oriente sustentó una Conferencia
en el Aula Magna del Colegio Nacional Vicente Rocafuerte
de Guayaquil, que imprimió en Quito en 90 páginas.
En 1915 editó "Cuentos
y otras Cosas" en 292 páginas serie con
artículos literarios que había publicado
en periódicos y revistas y que su crítico
Manuel J. Calle calificó de Amable colección
de bagatelas literarias y científicas. El 16
fue designado Gobernador del Chimborazo y colaboró
en el periódico "El Chimborazo" de
Riobamba. En Marzo del 17 escribió sobre "La
Historia, superior al Drama y la Novela" en 6
páginas, "Los Andes” en 5 paginas
en la Jurídico Literaria y “Quito Luz
de América" en Primavera Literaria.
El 23 de Abril de 1917, mientras
se hallaba sustentando una conferencia sobre el Oriente
en el Salón de Actos de la Universidad de Quito
y bajo los auspicios de la Jurídico-Literaria,
repentinamente cayó fulminado con un ataque
cerebral, solo tenía 41 años.
Estaba soltero y pobre, casi
en la indigencia, porque el grueso de sus bienes había
invertido en las diferentes expediciones al Oriente.
Dejó inédita la novela de aventuras
Zapikia y Nanto" tejiéndolas con las del
General Víctor Proaño, descubridor del
río Morona a fines del siglo XIX, que se desarrolla
así mismo en dicha comarca, entre salvajes
y cristianos y se desenlaza en el pueblo de Macas
en forma de tragedia, de la que existe una copia mecanografiada
en la Biblioteca de los Jesuitas de Cotocollao.
Fue un espíritu selecto
que admiró lo bello del universo y en literatura
a Montalvo y a Goethe a quienes intentó imitar.
Trabajó intensamente por el progreso de su
Patria, especialmente por la región amazónica,
cuyo futuro vislumbró brillante y feliz.