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LUIS ANDRADE REIMERS
HISTORIADOR- Nació en Quito el 24 de Julio de 1917. Hijo legítimo de Manuel Andrade Berrío, quiteño, profesor de Filosofía y Derecho en la Universidad Central y de Luisa Reimers Thomas, natural de Hamburgo, que pasó con sus padres a Lima y Quito, donde se conoció y casó con Andrade. Ella era hija legítima de Louis Reimers que hacía sombreros de paño.

El último de una larga y acomodada familia compuesta de seis hermanos que vivían en una casa propia ubicada en la Mideros, frente al muro de San Francisco. Empezó a estudiar con las señoritas Toledo, luego en el Colegio Borja No. 1 del centro y finalmente realizó la secundaria en el Loyola de los Jesuitas, donde fue alumno del padre Aurelio Espinosa Pólit.

El 34 se graduó de Bachiller y por tratarse del segundo año de la conscripción obligatoria en la República tuvo que realizarla en el batallón Eloy Alfaro. Luego viajó a Bogotá, a seguir estudios de Filosofía y Ciencias Sociales en la Universidad Javeriana, pues amaba la cultura. El 39 editó un breve ensayo sobre "Paleontología y Evolución", completó su carrera, se licenció en 1942, tomó los hábitos y profesó en la Compañía de Jesús.

De regreso a Quito el 43 comenzó a enseñar Geografía y Literatura en el Colegio San Gabriel y “fui fundador de la organización andinista, bautizada desde entonces con el nombre de Ascencionismo, la cual dura hasta hoy día y ha conseguido hazañas magníficas bajo la dirección del P. José Ribas”. El 44 publicó un texto de Geografía de América, que ha visto dos ediciones pues las monjas lo adoptaron para sus colegios.

El 45 salió su texto de Geografía de Europa. El 46 el de Geografía de Asia, Africa y Oceanía que cuenta tres ediciones y el 47 el de Geografía Económica del Ecuador. Ese año al cumplir los treinta de edad, sintió que su verdadera vocación estaba en el estudio y la ciencia y en la vida seglar y se retiró de la compañía de Jesús y volvió a la vida seglar donde aún permanece a entera satisfacción.

Al ocurrir el fallecimiento de su padre se conectó el 48 con los principales directivos de la Universidad de Chicago y viajó a ese centro superior a seguir estudios de postgrado en Ciencias Sociales (Geografía Económica y Geografía Política) hasta 1955. En momentos libres se le ocurrió estudiar la obra "El Imperio Socialista de los Incas" de Louis Baudín y comenzó su interés por la historia del Tahuantinsuyo, iniciándose desde entonces su preocupación por todo lo referente a dicho imperio.

Durante su estadía en Chicago editó dos ensayos largos en inglés titulados "Socio-economical survey of Ecuador"' el 49 y "The agrarian property in the Soviet Unión" el 51. También se dedicó a escribir novelas de ciencia ficción en inglés, que su compañero EarI Schilling pulía gramatical y sintácticamente, antes de enviarlas a los editores.

Entonces existía un gran fervor en el gran público lector de los Estados Unidos por la ciencia ficción, pero había que pagar cincuenta dólares para que las editoriales se tomaran el trabajo de examinar los originales a ver si eran buenos y merecían publicarse.

Sus primeras novelas fueron varias veces rechazadas con grave pérdida económica pero finalmente logró conectarse con la editorial "Little Library", de New York, que se las aceptó y pudo editar doce novelas cortas en menos de dos años, que han visto tantas ediciones que hasta hace poco tiempo recibía diversas sumas de dinero por concepto de sus derechos de autor, a medias con Schilling.

Entre el 50 y el 51 trabajó por las noches en la Bolsa de Valores de Chicago ganando setecientos dólares, pero pronto le duplicaron el sueldo a mil quinientos. Entraba a las diez de la noche y salía a las dos de la mañana despachando datos y cotizaciones y con eso pagaba sus estudios universitarios. Del Ecuador recibía un dinero extra, producto de los arriendos que le producía una casa heredada en Quito, que se la administraba una hermana.

El 51 regresó al Ecuador dispuesto a venderla, puso un aviso en el periódico y se presentó el poeta Alfredo Rodas Reyes, quien la compró mediante préstamo al Seguro; pero, como los trámites demoraron ocho meses, tiempo en el cual conoció y trató a Laura Alarcón Paredes, decidió casarse y con parte del dinero del negocio pasaron la luna de miel en Buenos Aires, donde quizo hacerse escritor pero no lo consiguió.

Desde entonces comenzaron sus estudios paleográficos en diferentes Archivos y Bibliotecas sudamericanas, especialmente en los de Lima y siempre relacionados con el Tahuantinsuyo. Y como la situación política en la Argentina de Perón se había deteriorado, el 52 regresó al Ecuador y se estableció con su señora en Manta, pues tenía pensado montar un negocio de exportaciones de sombreros de paja toquilla, en el que no le fue muy bien a pesar que pudo conectar dos envíos a los Estados Unidos.

En 1953 pasó a vivir en Quito a la casa de un hermano en el centro, mientras construía en el barrio de Santa Ana en el sur. El 55, ya en su nueva residencia, le empezaron a nacer sus primeros hijos de los cinco que ha tenido; mientras se abría paso en el comercio capitalino como representante de varias fábricas automotrices norteamericanas, vendiendo repuestos y obteniendo buenas comisiones, y como le sobraba el tiempo, se dedicó a leer y a estudiar detenidamente a los Cronistas de Indias, por espacio de más de veinte años (l) tiempo en el cual se fue convirtiendo casi sin quererlo ni darse cuenta en el mayor erudito nacional en todo lo


(1) Aún continúa en el negocio de las representaciones.
concerniente al período que va de 1433 a 1550, es decir, en prehistoria y conquista; sin embargo, es digno de anotar, que no todo fue fácil por entonces, pues en los años 60 tentó el género de la novela con dos obras tituladas "Héroes y Esclavos" y "Don Juan y Doña Soberbia", editadas en 1966, pero estaba visto que ése no era su camino.

En 1975 su amigo Jorge Salvador Lara le introdujo como columnista histórico a "El Comercio" y allí continúa. El 76 fue profesor del San Gabriel por poco tiempo, editó "Materiales históricos para el pacto andino", aprovechando el auge y la publicidad que se le daba a dicha integración, que lamentablemente hasta la presente fecha no ha satisfecho a los países del área subregional. Ese año ingresó a la Academia Nacional de Historia, su discurso trató sobre el cronista Pedro Cieza de León y su obra.

El 78 dictó un año la materia de Economía en la Universidad Católica, salió a la luz su folleto "Las esmeraldas de Esmeraldas en el siglo XVI", recopilación de testimonios de esa época sobre aquellas gemas, que entregó como ponencia al Congreso de Historia de la Casa de la Cultura de Esmeraldas y sorprendió a la opinión pública con el primero de sus grandes libros titulado “Hacia la verdadera historia de Atahualpa", del que poseemos la tercera edición actualizada hasta 1989, en 384 páginas.

La obra es un recuento por menorizado y erudito de la historia de Cajamarca y sus historiadores desde 1532 en adelante y contiene varias sugerencias para una reconstrucción realista y moderna del problema de la tragedia que terminó con el ajusticimiento del Inca Atahualpa. Andrade Reimers negó que Atahualpa hubiera sido capturado en el estricto sentido que se le dio al término, pues siguió manteniendo su poder muchos meses más a través de los principales capitanes y de la obediencia ciega del ejército, sin imaginar que los españoles pudieran traicionarle. En el acto de presentación Emilio Uscátegui advirtió que a pesar de no concordar con algunas de las principales conclusiones, creía que era innegable que se trataba de un gran libro, acreedor a su lectura, meditación y debate. En síntesis, una obra erudita, por el examen y comparación de las fuentes para el conocimiento de la conquista. Demás está indicar que los mil quinientos ejemplares de esa primera edición se agotaron en escasos tres meses, constituyendo un verdadero best seller ecuatoriano, pues de diversas partes del exterior los reclamaban, sobre todo del Perú, donde el libro se vio sujeto a una serie de comentarios diversos que reflejaban su éxito. La segunda edición en 1980 corrió igual suerte. Años mas tarde Uscátegui publicó su discurso de presentación en "El Comercio" y entonces Andrade Reimers se vio obligado a refutarle, dejándole mudo, pues le apabulló con documentos inobjetables como la lista de conquistadores beneficiados con el reparto del oro de Atahualpa que trae la Crónica de Pedro Sancho de La Hoz, donde no aparecen ni Cieza de León ni Pedro Pizarro, y otros muchos documentos, argumentos y conclusiones.

“El 80 estudió dos meses en el Archivo de Indias de Sevilla y por mediación del entonces embajador de Venezuela en Quito, Dr. Antonio Arellano Moreno, la Secretaría de la Presidencia de la República de Venezuela me obsequió los ocho tomos que hasta entonces había publicado la Fundación Lecuna con las cartas de Sucre. Yo me leí toda la obra línea por línea y completé mi información con los libros más notables de la magnífica bibliografía que la Biblioteca Aurelio Espinosa posee.. así como la del Museo Histórico de la Biblioteca Municipal de Quito. Las primeras publicaciones mías sobre este nuevo tema las hizo la Casa de la Cultura en Quito. La primera en 1980 titulaba “Lo que Sucre hizo por el Ecuador” con motivo del sesquicentenario de la creación de la República y dio los últimos toques a otras obras. Dos años después en 1982 vino un libro de fondo- titulado “Sucre en el Ecuador” en 366 páginas, para el bicentenario del nacimiento de Sucre, la Universidad Andina hizo una segunda edición en 1995. Otro libro de 266 páginas publiqué en 1992 con la vida completa del Mariscal bajo el título de “Sucre soldado y patriota”. Finalmente la editorial Planeta, sucursal de Bogotá, entre otros, ha dado ha la luz un discurso mío con ocasión del bicentenario que titulaba “Sucre, el soldado de la Independencia”.
Su amigo el embajador Moreno de Venezuela, requirió sus servicios de poeta en ratos de ocio para que transcribiera los seis tomos en prosa de Olmedo Ibáñez, escritor venezolano del siglo XVIII, a versos alejandrinos. El trabajo fue ímprobo y tanto, que solo pudo completar los primeros dos tomos, entregándolo todo al Embajador quien quedó muy contento pero aún no lo ha publicado en Caracas como ofreció hacerlo apenas regresara.

El 82 decidió dar a la prensa un volumen de ochenta y ocho composiciones en verso que conservaba desde los catorce años en un cuaderno enorme. Distintas experiencias cortas cuyos escenarios son el Ecuador, Colombia, Estados Unidos, Argentina y varios países de Europa, contadas con ritmo semimusical en 197 páginas bajo el título de "Huellas de un hombre", y que, como ya se habrá adivinado, contiene mucho de autobiográfico. Ese año editó “La Conquista española de Quito” donde dejó expuesto que todo cuanto se había escrito con anterioridad sobre ese hecho, no servía, por no estar de acuerdo con estas fuentes, como el Consejo Provincial del Pichincha había auspiciado el libro, el prefecto Patricio Romero Barberis dispuso que se quemara la edición en la terraza de ese edificio, salvándose únicamente los doscientos ejemplares que ya le habían entregado, demás está indicar que el citado Prefecto es un dirigente deportivo que jamás ha leído nada sobre el tema.

El 84 apareció su folleto "Simón Rodríguez y sus dos siembras". El 85 "Atahualpa según Cieza de León" en 48 páginas rectificando a Cieza y "La Campaña de Atahualpa contra el Cusco" en 312 páginas con croquis de las once grandes batallas que se libraron entre ambas ciudades hasta la toma de esa última capital. Dicha obra ya había salido en forma fragmentaria y por capítulos en la Revista del Ejército y constituyó una nueva muestra de la profundidad de sus conocimientos, pues nadie ha relatado esa gloriosa campaña quiteña por tierras del Incario como lo ha hecho Andrade Reimers con sobra de conocimientos históricos y estratégicos y gran dosis de patriotismo. Lamentablemente el ejército ecuatoriano aún no le ha condecorado.
El 87 volvió a sorprender a su público con "Auge y decadencia de los Pueblos-Guías" en 442 páginas obra de trascendencia internacional iniciada cuarenta años atrás en la Universidad de Chicago, complementada a través de diferentes épocas y países, que finalmente pudo concluir y entregar. En ella no trata sobre la historia patria como en sus anteriores sino sobre el conjunto de naciones que han poblado el orbe y especialmente sobre Egipto, Asiría, Persia, Atenas, Roma, la Edad Media, España, Francia, Inglaterra. Alemania, Estados Unidos y la Unión Soviética.

Ese año concurrió al II Congreso Nacional de Historia celebrado en Quito y expuso su teoría que Atahualpa nunca había sido apresado en Cajamarca y que el Oro del rescate había sido entregado como adelanto para que los españoles enseñaran sus conocimientos a los Incas. Después de los discursos hubo un gran revuelo entre la concurrencia y se desató una discusión que aún no termina.

El 89 fue ascendido a Miembro de Número de la Academia Nacional de Historia y representó a la Cancillería ecuatoriana en los actos celebrados en Lima con motivo del 450 aniversario del nacimiento del Inca Garcilaso de la Vega.

Acaba de editar el 92 el Banco Central su último trabajo que versa sobre "El siglo heroico de la Historia del Ecuador 1435-1535", en 281 pags. que mereció el Premio “José Mejía” de la Municipalidad de Quito al mejor libro publicado ese año también editó “Sucre Soldado y patriota”.

En 1995 sacó “La Biografía de Atahualpa” en 185 pags. adoptada como texto oficial para las escuelas bilingües de la sierra. Tiene listo para dar a la luz pública “Quisquís y Calicuchima, los dos geniales estrategas de Atahualpa”.

Acostumbra levantarse a escribir diariamente a las tres de la mañana y lo hace casi siempre hasta las diez porque considera que son las horas más tranquilas del día y desea completar dos aspectos poco conocidos de nuestra historia: la confrontación del Tahuantinsuyo con la civilización europea y nuestra emancipación de España.

Estatura normal, trigueño, calvo y de bigotes. Erudito, curioso, que habla con aplomo y presenta novísimas teorías que la gente tiene temor de aceptar y que en los cenáculos cultos se discuten con ardor. Ha aportado nuevas visiones sobre el pasado basándose en documentos y crónicas leídas de una manera distinta, no como siempre se lo venía haciendo. En ello radica su originalidad, posiblemente tomada de su época de novelista de ciencia ficción. Habla con aplomo y seguridad, para todo tiene sus razones y sonríe como malicia de niño grande cuando explica con claridad los pasajes de las Crónicas de Indias, que para otros son difíciles, incomprensibles o contradictorios. Algún gracioso, por ello, llegó a compararle con el mayor eruditos peruano de esta época, diciendo que "Andrade Reimers es el Raúl Porras Barrenechea del Ecuador".