BARTOLOME DE LAS CASAS
DEFENSOR DE
LOS INDIGENAS.- Nació en 1474 en el barrio
de Triana, Sevilla, España. Fue su padre Pedro
de Cassaus o de las Casas, que es lo mismo, quien
acompañó al Almirante Cristóbal
Colón en su segundo viaje y fue Encomendero
agrícola en la Isla Española. Se desconoce
el nombre de su madre, tuvo una hermana llamada Inés
de Sosa mujer del carpintero Cristóbal Fernández
y un tío paterno Francisco de Peñalosa
fue Capitán, criado de la reina Isabel la Católica,
muerto gloriosamente con otros veinte compañeros
en guerra contra los moros en el Cabo de Aguer y Azamor.
Se conoce que realizó
estudios de Gramática en Sevilla según
el método introducido por Antonio de Nebrija
y Filosofía y Cánones en Salamanca,
graduándose en Jurisprudencia y luego se ordenó
de Sacerdote.
En 1502 pasó con el
Gobernador de la Isla Española Fray Nicolás
de Ovando. Dijo su primera misa en el poblado de Santiago
de la Vega y se hizo cargo de la Encomienda dejada
por su padre, que consistía en una gran extensión
de terreno dedicado a la agricultura y con indios
para su trabajo; pero dándose cuenta de las
injusticias que se cometía con ellos y del
trabajo esclavista a que eran sometidos, pronto se
desilusionó, prefiriendo alistarse en la expedición
de Diego Velásquez a Cuba y después
acompañó a Panfilo de Narváez
en la expedición a la Provincia del Camaguey,
tratando siempre de amparar" a esas pobres criaturas,
los indígenas".
Al fundar Velásquez
la villa de la Trinidad le cedió un terreno
con indios de repartimiento, pero sufrió una
profunda crisis espiritual -conversión- y considerando
indigno de sus actividades esos menesteres, le devolvió
la tierra y los indígenas y a fines de 1515
regresó a España a conseguir algún
tipo de legislación que les protegiera.
En la península quizo
entrevistarse con el rey Fernando V El Católico
que murió ese año. Entonces tuvo que
recurrir con un memorial al Cardenal Benito Cisneros
de Mendoza, Regente del Reino, quien le puso en contacto
con el sabio jurisconsulto Juan López de Palacios
Rubio y entre ambos redactaron las nuevas Ordenanzas
de Indias. (1).
En 1516 volvió a la
Española acompañando a los padres Jerónimos
que iban a examinar la situación y trató
a Fray Domingo de Mendoza, O. P. quien le pidió
que ingresara a la Orden Dominicana, pues hasta entonces
Las Casas era un simple sacerdote suelto; siguió
predicando contra los repartimientos, se ganó
el odio y la oposición de los conquistadores
y pobladores españoles y tuvo que volver a
España en 1517 con una Carta de Recomendación
de los franciscanos en la que se le califica de "sujeto
bueno y religioso"; entonces propuso a la Corte
varios recursos para armonizar los intereses espirituales
y materiales, entre otros, el de enviar labradores
de España a poblar y a cultivar la tierra,
el permitir el comercio esclavista de individuos de
raza negra provenientes del Africa para explotar las
minas y los campos sembrados de caña de azúcar,
trabajos que por su dureza creía nuestro santo
y sabio sacerdote que no era posible que realizaran
manos españolas. Esta última proposición
le desprestigiaría eternamente, pues se fundamentó
en la desigualdad racial entre blancos y negros y
fue el origen de la esclavitud de esta raza en América;
sin embargo, vale la pena indicar, que pronto comprendió
su error y rectificó criterios, aunque ya era
tarde. Por ese tiempo gozó de la protección
del Canciller Jean Le Sauvage, que había sucedido
a la muerte de Cisneros en la confianza del Rey y
concibió un plan de colonización únicamente
a base de labradores y religiosos en la
(1) Las primitivas Ordenanzas
habían sido promulgadas en Burgos el 27 de
Diciembre de 1612 por orden del Rey Católico
para su aplicación por Antonio de Ovando en
la Isla Española. Se componían de 35
artículos. El orígen de esta primitiva
legislación hay que encontrarlo en los reclamos
de Fray Antón Montesino, O. P. contra los excesos
de los Encomenderos en la isla Española.
costa de Tierra Firme (Panamá) y en Cumaná
(Venezuela) pero fracasó. Ahora, con el conocimiento
de la historia de la conquista en América,
vemos que hubiera sido imposible que gente campesina
y sin armas penetrara en imperios tan desarrollados
como el de los Incas, o domado la fiereza de tantas
tribus salvajes y hasta alguna de ellas caníbales
en el resto del continente. (2).
Decepcionado por la inutilidad
de sus esfuerzos y por cuanto comprendió finalmente
que el problema de la conquista solo podía
resolverse a sangre y fuego merced a la acción
militar y destructiva de las armas y que su secuela,
es decir, la colonización, era un acto de injusticia
originado en la fuerza bruta y mantenido a base de
la esclavitud de los indígenas a la tierra
merced al sistema de las Encomiendas, entró
en la Orden Dominicana y se retiró a la vida
contemplativa en 1522 en un monasterio de España,
donde permaneció siete años escribiendo
y orando, fruto de lo cual fue el comienzo de su "Historia
de las Indias", inspirada en la lectura del Sumario
de la natural historia de las Indias publicado en
Toledo en 1526 por Gonzalo Fernández de Oviedo.
(3).
(2) Es de interés relievar
que al mismo tiempo que defendía a los indígenas
del maltrato de las Encomiendas, servía de
agente de los intereses del Almirante Cristóbal
Colón especialmente de Diego Colón,
con quien estaba estrechamente ligado por vínculos
de amistad y viajes. Por eso se opuso con éxito
al nombramiento de Diego Velásquez entre otras
cosas. También es bueno indicar que entre 1517
y 1522 Las Casas se convirtió en una de las
figuras más comentadas de la Corte Española,
conocida su posición contraria a la explotación
inmisericorda de los naturales de las Indias.
(3) Su historia de la indias
es un tratado mas bien teórico pues establece
a través de numerosas citas de los Padres y
Filósofos de la Iglesia, que la guerra no es
un modo o método equitativo para la difusión
de la fe. Las Casas deja entrever su erudición
con transcripciones de textos escritos contra la guerra.
En 1530 viajó a Nicaragua
y Guatemala como misionero. El 31 ocupó el
Priorato de la villa de Puerto Plata donde construyó
un convento dominicano y entró en pugna con
los Encomenderos, quienes consiguieron una Cédula
en su Contra. Las Casas tuvo que movilizarse a la
isla Española para defenderse ante el Consejo
de Castilla y escribió un tratado bajo el título
de "De Unico Vocationis Modo" (4).
El 34 fue ordenado Obispo del
Darien Fray Tomás de Berlanga, O.P. Superior
de esa Orden, quien pasó por la isla Española
y habló con Las Casas para que le acompañara
en su misión, que había sido ampliada
con el objeto de visitar las nuevas regiones conquistadas
en el Perú. Las Casas tuvo todas las intenciones
de hacerlo, como se infiere de algunas comunicaciones
suyas dirigidas a varios sacerdotes de su Orden, pero
el viaje jamás se concretó. En cambio,
en 1539, estuvo de visita en México con su
compañero Fray Rodrigo de Ladrada, O. P. a
fin de conseguir una expedición pacificadora
de los indios del norte.
Para ese entonces el Emperador
Carlos V se había ausentado a Flandes dejando
la presidencia del Consejo de Indias en manos del
Cardenal Francisco García de Loayza, O.P. hombre
progresista, ex-General de su Orden, que trataba de
reducir a la Inquisición a los cauces que originalmente
había tenido antes del reinado de los reyes
Católicos. Ante él
(4) Lamentablemente asuntos
al parecer tan nimios le atraerían enemistades
y violencias en la propia Corte. En 1555 Fray Toribio
de' Benavente, Franciscano apodado por sí mismo
como "Motolinía", autor de una ramplona
"Historia de los Indios de la Nueva España",
le endilgo desde Tlaxcala, una virulenta carta al
Emperador Carlos V, acusando a Las Casas de ser un
mal cristiano y como ejemplo aseguraba que en solo
cinco días que estuvo en el monasterio de Quecholac
con otro sacerdote cuyo nombre no indico, bautizaron
a catorce mil doscientos cuatro indígenas,
poniéndoles a todos óleo y crisma. Hoy
se sabe que la causa Real del enojo era la pugna existente
entre Franciscanos y Dominicanos en el nuevo mundo,
especialmente agudizada en Méjico y Guatemala.
se presentó Las Casas en 1540, prevalido de
su condición de dominicano, para obtener Cédulas
relacionadas con la pacificación de las provincias
de Guatemala, Chiapa y Honduras y habiéndolas
conseguido, las envió a Indias con el Padre
Luis Cáncer, permaneciendo en la Corte por
algún tiempo más con el fin de continuar
con su proyecto de pacificación integral de
los indígenas.
Por esa época se puso
en contacto epistolar con Fray Diego Vitoria a quien
averiguó su opinión sobre diversos aspectos
del bautismo, pues los franciscanos querían
el rito por simple aspersión y los agustinos
y dominicanos con todas las formalidades de la iglesia.
Vitoria contestó que lo importante del bautismo
era ilustrar suficientemente, no solo en la fe sino
también en las costumbres cristianas a los
neófitos, antes de administrársele el
dicho sacramento. Respuesta que nos parece la más
lógica a la luz de la razón; mas, lo
que no dijo Vitoria, es que el Bautismo no debía
ser impuesto a la fuerza como sucedió en casi
todos los casos en Las Indias. Cosas de esos tiempos
simplistas en que se pensaba que bautizar era la más
grande maravilla del mundo y encima gratis.
Su permanencia en la Corte
era de sumo interés para lograr el triunfo
de sus ideas, encaminadas a reformar los múltiples
excesos que se venían cometiendo en las Indias.
Por eso redactó dos escritos titulados "Brevísima
relación de la destrucción de las Indias"
y una segunda parte "Los dieciséis remedios
a la destrucción" que sirvieron como Informes
a consejeros y oficiales encargados de la redacción
de una nueva legislación, que finalmente se
promulgó en Barcelona el 20 de Noviembre de
1542. Para entonces los asuntos peruanos habían
adquirido una importancia tal que opacaban al resto
de las Indias, dada la cantidad de riqueza que se
producía en esa región. El Emperador
Carlos V estaba preocupado por el todo sin desconocer
la prioridad peruana y empezó a hacerse asesorar
por Las Casas, quien le hizo llegar un Memorial anónimo
(sin firma) en el que entre otras cosas llegó
a aconsejarle que devolviera esas tierras a los "Incas
tiranos", como medida de menos dañina".
Carlos V quizo dividir espiritualmente los nuevos
territorios del Perú y preconizó para
los Obispados de Quito, Lima y Cusco a García
Díaz Arias, a Jerónimo de Loayza y a
Fray Bartolomé de Las Casas, que andaba ya
por los sesenta y ocho años, de los cuales
había empleado veinticinco en defender la causa
de los indígenas con absoluto desinterés.
Un Obispado a esas alturas
le parecía una quiebra a su habitual desprendimiento,
pues llevaba aparejada la suma de 500.000 maravedías
anuales de renta, así pues, alegó que
debía consultar con el General de la Orden
Dominicana antes de aceptar, aunque bien sabía
Las Casas que su designación había sido
fruto de las influencias del dicho General, que también
era Canciller del Emperador. Con todo, logró
zafarse del cargo pero meses después le instaron
a aceptar el Obispado de Chiapas en Guatemala, donde
estaba todo por hacerse, ubicada en la audiencia de
los Confiens, es decir, en la zona más alejada,
donde aún los indígenas vivían
en estado de salvajismo. Así pues, se consagró
en la catedral de Sevilla en 1544, día domingo
de Ramos, que fue de gran alegría, y con muchos
Misioneros e indios que había liberado, pasó
a las Isla de Santo Domingo, donde encontró
un pésimo recibimiento. De allí siguió
al continente y tuvo nuevos desagrados, pues por todas
partes le antecedía "su mala fama"
de defensor de los indígenas y los españoles
le hacían agrios desplantes.
Finalmente, en 1545, pudo entrar
a su Diócesis y fiel a su conducta, "empeñado
a sufrir por la causa de Dios que era la de los indígenas",
toleró con paciencia todos los agravios que
recibía, pero afligido por los padecimientos
de los indígenas cuyos males se agravaban día
a día, decidió regresar a la Corte a
denunciar al Gobernador de Chiapa , Gonzalo de Ovalle,
de haber privado a don Pedro, indio de Chiapa , del
dicho Cacicasgo, por ser amigo de los religiosos dominicanos
y acudir a ellos para oír la doctrina.
Por entonces sucedió
que su amigo el Padre Luis Cáncer, que le había
acompañado a España, deseoso de misionar
en la Florida viajó a esa región acompañado
únicamente de varios evangelizadores, pero
al arribar a las costas recibió cruel muerte.
Este caso sirvió de argumento para probar la
necesidad del uso de la fuerza en la conquista y evangelización
de los indígenas, contra la teoría de
Las Casas.
Desalentado por todos los obstáculos
encontrados en Indias y deprimido por la muerte del
Padre Cáncer, renunció su Obispado y
tras esperar el regreso del Emperador de Flandes,
le habló con tanta vehemencia que consiguió
que éste formara una Junta de Teólogos
y Juristas en Valladolid para que le oyesen, a la
que también concurrieron los hombres más
doctos de España.
En el interim, el Presidente
del Consejo de Indias, Cardenal Francisco García
de Loayza, había escuchado el parecer del jurista
Juan Ginés de Sepúlveda, humanista eminente
y cronista del Emperador, "quien tenía
por justa y santa la guerra de conquista, haciéndose
como se debía y como suelen hacerse esa clase
de guerras justas", para lo cual portaba un tratado
ampuloso "Democritus alter, sive de justis belli
causis apud indios" que circuló en copias
en la Corte con general aprobación porque no
llegó a imprimirse debido a que le fueron rechazadas
las autorizaciones.
Las Casas, consciente del daño
que ocasionaría el libro de Sepúlveda,
también se opuso a su publicación y
algo por el estilo realizó el célebre
Maestro Melchor Cano, profesor de Salamanca, que lo
criticó acervamente; pero Ginés de Sepúlveda
terminó saliéndose con la suya, obtuvo
autorización papal para imprimirlo en Roma
y llegaron a circular algunos cientos de ejemplares
en España, aunque en su mayoría parece
que fueron recogidos.
Así las cosas, se cumplieron
los deseos del Emperador y fueron escuchados ambos
pareceres -el de Las Casas y el de Sepúlveda-
quien fundamentó el derecho de conquista en
las siguientes razones: 1) Por la idolatría
de "esa gente y por los pecados que cometen contra
natura, 2) Por la rudeza de sus ingenios pues son
serviles y bárbaros y por ende obligaba a conquistarlos
a los de ingenio más elegante como son los
españoles, 3) Por el fin de la fe, porque conquistándoles
se hace más cómoda y expediente su predicación
y persuasión, y 4) Por las injurias que se
hacen entre ellos mismos, matando hombres para sacrificarlos
y algunos para comerlos.
Tamañas razones fueron
probadas con textos del Deutoronomio bíblico,
donde aparece Yahvé autorizando matanzas y
otra clase de injusticias y tomando partido en guerras
intestinas entre pueblos vecinos como si fuere parte
interesada. Las Casas replicó con doctrinas
de San Agustín y Santo Tomás. Sepúlveda
contraatacó con pensamientos de Aristóteles,
obligando a Las Casas a definir cuantas clases de
bárbaros habían en el mundo, a saber:
1) Los que tenían opiniones y costumbres extrañas
pero sin estar faltos de una manera de vivir ni de
prudencia suficiente para gobernarse 2) Los que carecían
de lenguaje escrito como los ingleses en tiempos antiguos
y 3) Los de costumbres perversas y la rudeza de su
entendimiento, al punto que eran como bestias de los
bosques, existiendo sin leyes y robando a placer,
como los Godos, los Vándalos y los Árabes
(cabe aclarar que éstos últimos habían
sido clasificados como esclavos por naturaleza por
el propio Aristóteles).
Las Casas, indudablemente tenía
sobre Sepúlveda la autoridad de haber vivido
tantos años en las Indias entre los indígenas,
cuando Sepúlveda jamás había
viajado al nuevo continente, pero como éste
era ducho en argumentaciones y en sofismas, utilizó
el episodio de la muerte del Padre Cáncer como
principal argumento y la defensa de los indígenas
más débiles víctimas del canibalismo
y de los sacrificios humanos en sus ceremonias religiosas,
como argumento secundario.
De todo lo discutido se sacó
copias que fueron distribuidas entre los miembros
de esa Junta, quienes declararon un receso que demoró
casi tres meses y que le fue útil a Las Casas
para escribir una Refutación, concretándose
a la interpretación de las Bulas de Alejandro
VI Borgia y el verdadero y estricto sentido que debía
dárseles.
Reinstalada la Junta, sus miembros
tomaron varias resoluciones que por el carácter
político que encerraban, fueron secretas, Ambos
contendientes, Las Casas y Sepúlveda, se atribuyeron
en parte la victoria; pero lo cierto fue que en una
época tan fanática donde se dudaba de
la salvación de los indígenas a quienes
ni siquiera se les reconocía alma, Las Casas
"alzó su voz en su favor y ejerció
todo su santo celo de convertir almas a Jesucristo
sacándolas del poder de las tinieblas paganas"
y exclamaba como lo había hecho Fray Antonio
Montesinos cuarenta años antes en la Isla Española:
"¿No son estos indios hombres? No tienen
almas racionales?. ¿No están obligados
a amarlos como os amáis a vosotros mismos?".
Vista así la contienda de Valladolid, se destaca
claramente no como la discusión de un Fraile
y un erudito, ni como una argumentación para
aprobar o desaprobar el Tratado de Sepúlveda,
sino como el testimonio apasionado de un hecho importantísimo
en la historia de la humanidad. Fue pues, un paso
decisivo en la conquista de la igualdad de las razas,
porque Las Casas probó que todos los pueblos
del mundo están compuestos de seres iguales
y no de hombrecillos o medios hombres que deben hacer
lo que otros les manden.
En 1552 se estableció
en el Colegio de San Gregorio de Valladolid con su
fiel compañero el padre Rodrigo de Ladrada
y un criado, gozando de 200.000 maravedíes
anuales de renta, del derecho de movilizarse libremente,
del primer sitio en el Coro y del derecho de entierro
en él.
Ese año dio a la imprenta
de Sebastián Trujillo en Sevilla, la mayor
parte de sus tratados, a saber: 1) "Brevísima
Relación de la destrucción de las Indias"
que escribiera en 1542 y aumentara el 46 para presentarla
al Emperador. Se conoce una segunda edición
en Barcelona en 1553. 2) Su disputa o controversia
con el Dr. Ginés de Sepúlveda. 3) Sus
réplicas a Sepúlveda. 4) Sus treinta
Proposiciones muy jurídicas que tocan muchas
cosas pertenecientes al derecho de la Iglesia y de
los Príncipes Cristianos..., 5) Entre los remedios
que Don Fray Bartolomé de Las Casas, Obispo
de la ciudad Real de Chiapa, por mandato del Emperador
Rey Nuestro Señor en el Ayuntamiento que mandó
a hacer Su Majestad. 6) Avisos y Reglas para los Confesores
que oyen confesiones a los Españoles, que son
o han sido encargo a los indios de las Indias del
Mar Océano. 7) Tratado Comprobatorio del Imperio
Soberano y Principado Universal que los Reyes de Castilla
y León tienen sobre las Indias".
Por entonces también
se ocupó de despachar misioneros a las Indias,
claro está, con la consigna de que se portaran
bien con los indígenas y de que los defendieran
a como diera lugar. Igualmente tuvo en mente escribir
una Historia General de las Indias, proyecto que había
iniciado en 1527 en Puerto Plata y proseguido hasta
1530, para reanudarlo dos años después
en Santo Domingo.
Para el efecto tenía
a su haber los recuerdos de su padre compañero
de Cristóbal Colón en su segundo viaje,
su amistad con los hijos de Colón, Diego y
Hernando y con sus numerosos hermanos. Tuvo oportunidad
así mismo de tener en sus manos y leer los
diarios del citado Almirante y como desde su viaje
en 1502 a la isla Española había sido
testigo presencial de los principales sucesos, estaban
en su mente frescos los recuerdos de acontecimientos
y de hombres. Con todo ello se aplicó a la
obra que le resultó "una obra de difícil
lectura a causa de su enorme extensión y del
desorden con que está escrita..."
"Su estilo es indudablemente
intrincado y con frecuencia escabroso, pero después
de estudiarlo y de acostumbrarse a él, tiene
un sabor clásico que no carece de atractivo".
Profundo conocedor del latín que supo manejar
con gran facilidad y hasta con elegancia, hizo acopio
de lecturas paganas y cristianas con la finalidad
de robustecer sus argumentos. Finalmente pudo terminarla
en 1559 y la donó al Colegio de San Gregorio
de Valladolid en tres volúmenes encuadernados
en pergamino.
Tiempo después en Diciembre de 1560, Felipe
II dictó una Cédula disponiendo que
Las Casas se trasladara a la Corte en Madrid, para
estar cercano a sus asesores, pues eran requeridos
sus consejos. Reconocimiento y deferencia que debieron
ser muy gratos al anciano Obispo, que para entonces
contaba la respetable edad de 86 años.
Durante su estadía en
el Colegio de San Gregorio, había gozado de
la buena fama de su vida. "Tenía la modestia
como de un novicio, ojos bajos y las manos recogidas,
retirado en la celda, guardando en ella puntual silencio,
gastaba muchos ratos en fervorosísima oración,
confesábase, celebraba misa con mucha devoción,
comía con su compañero el padre Rodrigo
Ladrada en mesa segunda por dejar la primera al gobierno
del Colegio y en acabando se iban los dos rezando
el salmo "Miserere mei Deus" a dar gracias
a la capilla y si la hallaban cerrada hacían
oración a la puerta. Sirvió mucho a
Dios resolviendo gravísimos casos y consultas
que los padres Regentes le remitían como a
varón doctísimo y que por serlo experimentado
no se dejaba engañar. Gozaba de una renta anual
de doscientos mil maravedíes, más que
suficiente para ser un potentado, pero toda la distribuía
entre los pobres y estaba bastante sordo".
Antes de partir a Madrid hizo
testamento y encargó sus papeles. En la Corte
aconsejó a cuantos pudo con serenidad y prudencia
pero sin perder sus arrestos juveniles en lo tocante
a los indígenas del nuevo mundo. Habitó
el convento de Atocha y falleció en Junio de
1566 de 92 años de edad.
Por su lucha en favor de los
indígenas ha sido calificado de "El Apóstol
de las Indias", aunque no han faltado hispanófilos
que lo han acusado de haber sido el iniciador de la
leyenda negra contra España que aún
hoy circula por el mundo. (5)
(5) La Leyenda Negra contra
España se fundamenta en los crímenes,
sadismos y tormentos usados por la Inquisición
durante más de tres siglos. Las Casas nunca
se refirió a la Inquisición, por lo
tanto, nada tiene que hacer con la Leyenda.
De su pluma quedaron inéditos los siguientes
originales: 1) Un libro de mano en latín y
cubierta de pergamino en 73 hojas titulado "De
Cura regibus Hispaniarum habenda circa orbem Indiarum
et de único vocationis modo omnium gentium
ad veram religionem", 2) Un libro de mano en
romance castellano "Sumario del libro que el
Dr. Sepúlveda compuso contra los indios y parte
de una apología que contra él hizo el
Obispo de Chiapa" en 94 hojas, 4) Doce cuadernos
en castellano que pasan de 184 hojas de las proposiciones
y réplicas a Sepúlveda, 4) Un legajo
de papeles sueltos en cubierta de pergamino en que
hay las minutas de cuatro Tratados, otra Minuta en
latín y en limpio en 61 páginas titulada
"De Jurídico et Christiano ingressu et
progressu Regum nostrorum in regna Indiarum",
otro Tratado de 32 hojas sobre un Confesionario que
el dicho Obispo hizo; un Diálogo en latín,
parte en borrador y parte en limpio en 115 páginas,
otras Cuestiones Teológicas y otros dos o tres
Tratadillos en 37 ó 38 páginas en borrador
o minuta.
Todos esos papeles fueron aprovechados
por Juan de Ovando y Juan López de Velasco,
cosmógrafos mayores del reino, que los tuvieron
en su poder largo tiempo hasta que en 1597 los entregaron
a Juan de I barra y éste a su vez al Cronista
Antonio de Herrera, que se sirvió de ellos
y de otras fuentes no menos importantes para escribir
sus célebres Décadas o "Historia
General de los Hechos de los Castellanos en las islas
y tierra Firme del mar Océano".
Las Casas ha sido calificado
del más admirable de los sevillanos de todos
los tiempos, sin cuyas cualidades excelsas (desinterés,
tesón, actividad y sobre todo valor para decir
la verdad) subrayadas por sus defectos (facundia,
irritabilidad, desmedido entusiasmo) nuestra colonización
en Indias no hubiera diferido de la exploración
holandesa en Malasia y de la alemana en Sudáfrica.