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EDWARD DAVID
PIRATA.- Natural de Flandes, actual Bélgica, ingresó a la marina ral de su Patria y tras años de navegar por diversas partes del mundo, arribó a las costas de Norteamérica. En 1680 equipó su expedición en un puerto de Virginia y pasó por el estrecho de Magallanes al océano Pacífico con una fragata de 36 cañones llamada La Tigre y dos pequeñas embarcaciones, capitaneados por un criollo John Chook y por un inglés William Dampier, cuya biografía puede leerse en el tomo VI de este Diccionario.

Frente a la isla de Juan Fernández tropezaron con el navío de Edward Eaton, quien se agregó gustoso a la partida. Hicieron escala en la isla de Lobos, luego en las Galápagos, repararon sus naves, enfilaron a Realejo en Nicaragua y no la tomaron. Durante la travesía había fallecido Chook y fue reemplazado por David: "marino diestro y hombre capaz, de hazañas difíciles y de empresas atrevidas", según opinión de González Suárez.

Enseguida partieron a Amapala, que rindieron con escaso resultado, decidiendo seguir al sur, a la isla de la Plata, donde buscaron las cabras salvajes que sin embargo no pudieron encontrar. David y Eaton tuvieron un fuerte altercado y el último tomó La Tigre y se separó de la expedición, restándole fuerza.

David, únicamente con dos fragatas, y con el barco de un contrabandista apodado "El Cisne"-Swam en inglés- se vino al golfo de Guayaquil. En Santa Elena encontraron a la población desierta y por un muchacho y dos indias viejas se enteraron de que los estaban buscando por orden del Virrey Duque de la Palata; entonces fueron a Manta, que también hallaron desierta, mientras los contrabandistas, asustados por las noticias, resolvieron irse del lugar y dejaron otra vez sólo a David, quien, sin pensarlo dos veces entró al golfo a proveerse de víveres y a hacer algunos prisioneros que le diesen noticias de las defensas de Guayaquil.

Conocedor de que el puerto se hallaba bien defendido (1) volteó hacia la isla de los Lobos, en búsqueda de Eaton, que no encontró volviendo a las costas, atacó y tomó Paita, por sorpresa, y reanimado con tan fáciles logros, pasó a Guayaquil.

Primero arribaron a la isla de Santa Clara, luego enfilaron a Puntarenas y sorprendiendo a los pescadores, siguieron a la pequeña población de Puna, que tomaron sin resistencia. Por las mismas apresaron a un buque cargado de paños de Quito, por su Capitán Antonio Rodea se enteraron que al día siguiente saldrían tres bajeles portando esclavos negros para el comercio, David era audaz y ordenó embarcar a su gente en canoas y bogar hacia Guayaquil, la marcha se tornó lenta y decidieron continuar a pie, pero se perdieron en los manglares y sartenejales y estuvieron casi cuatro horas sin rumbo, hasta que pudieron regresar al punto de partida. Allí permanecieron todo el día, esperando la oscuridad de la noche para el ataque. En el interim prendieron a uno de los tres buques negreros, que desmantelaron totalmente.

Esa noche volvieron a avanzar por el canal derecho que forma la isla Santay, mas un disparo de arcabuz les avisó que habían sido sorprendidos y como comprendieran que la ciudad estaba toda en alerta, por las luces y ruidos que se veían y escuchaba, perdieron confianza y valor.

(1) El Arzobispo Virrey de Lima, Melchor de Liñán y Cisneros, quien había remitido 200 mosquetes, 200 arcabuces balas y pólvora. De Quito, Riobamba, Cuenca y Loja bajaron 800 hombres de tropa y el Corregidor de la ciudad Domingo de Iturri-Gaztelú la había fortificado debidamente.

Ocurrió, entonces, que los dos guías tomados prisioneros, muchachos de raza negra, el uno iba de voluntad porque quería desquitarse de su amo blanco y el otro por fuerza y amarrado pues no deseaba ayudar, sirvieron de pretexto a los piratas atrevidos para regresarse; pues, un grupo de ellos, cortando las sogas del segundo guía, dieron gritos de que se había escapado y todos a una se volvieron a sus canoas con destino a Puna, donde recogieron a sus compañeros y apresaron dos bajeles con esclavos, reuniendo un total de mil piezas de ébano, entre hombres, mujeres y niños. Tomaron sesenta hombres de los más fuertes para sí y dejaron a los restantes en la isla Puna para que los pasaran recogiendo los españoles y nuevamente les hicieran prisioneros, como efectivamente sucedió después.

La aventura del pirata David contra Guayaquil ocurrió el 18 de Diciembre de 1684, siendo la cuarta ocasión que la ciudad sufría el embate enemigo. David siguió con los suyos a las desembocaduras de los ríos Santiago y Esmeraldas, visitó Tumaco y por las costas centroamericanas se dirigió a las de México y de allí a la India, volviendo por Africa a Inglaterra en 1665, tras una larga travesía llena de obstáculos y circunnavegando el globo terrestre.

En Inglaterra se le pierde la pista, suponiéndose que vivió allí algún tiempo más, sin intervenir en nuevas correrías.

En Guayaquil su paso ocasionó un muerto y ocho heridos, entre éstos últimos un lego del convento de San Francisco antiguo soldado en Flandes y una dama de alcurnia que por seguir el devenir de los acontecimientos desde una ventana de su casa en el Malecón, sufrió los estragos casi mortales de una descarga.