TOMAS DOWER
MEDICO.- Nació
en el Condado de Warwick, Inglaterra, en 1657, en
el seno de una familia de clase media, pues su padre
era capitán a sueldo del príncipe Rupertode
Nassau. Primero estudió el bachillerato en
Artes en el Magdalen Hall de Oxford y el bachillerato
en Medicina en el Caius College de Cambridge, donde
obtuvo en 1680 el título de licenciado en esa
ciencia sin lograr doctorarse, porque pasó
al servicio del sabio Dr. Thomas Sydenham considerado
el mayor clínico inglés del siglo XVII
y allí estuvo dos años como su alumno
privado, durante los cuales fue atacado de viruelas,
pero sanó gracias a sus acertados cuidados.
Al fallecer Sydenham en 1782.
Dower se trasladó a ejercer al puerto de Bristol
por más de veinte años, hasta que a
principios de 1708, algunos ricos propietarios organizaron
una expedición corsaria a los mares del sur
con dos navíos, el Duque y la Duquesa, un total
de 56 cañones y varios cientos de tripulantes.
Dower también puso dinero
y fue designado Segundo Capitán de abordo con
el objeto de ejercer mando. El 2 de Agosto zarparon
al mando de Woodes Roger y poco después se
formó un Consejo que debía controlar
los progresos del viaje, arreglar las cuestiones importantes
que se presentaren y juzgar sin apelación las
querellas entre los tripulantes. Dower fue electo
su Presidente, pues como la expedición contaba
con varios cirujanos y llevaba de boticario a su cuñado
Samuel Hopkins, no se requerían sus servicios
médicos.
En Cork se completó
la expedición con aventureros de todas las
nacionalidades y el Oficial de ruta William Dampier,
considerado uno de los mejores pilotos de los mares
del sur, dio la orden de partida hacia la isla Madera.
Cerca de Tenerife capturaron
un pequeño navío español y cruzando
el trópico de Cáncer tomaron otra presa
ligera. Enseguida enrumbaron a las islas del Cabo
Verde y a las del oeste de Río de Janeiro.
Finalmente cruzaron al Cabo de Hornos y entraron al
Pacífico el 15 de Enero de 1709, avistando
en la isla Juan Fernández a un hombre cubierto
de pieles de cabras, que resultó ser el marino
Alexander Selkirk, abandonado años atrás
por otros piratas, que había podido sobrevivir
merced únicamente a su esfuerzo. Su odisea
dio origen al personaje conocido en la historia universal
como Robinson Crusoe.
De allí enfilaron a
Guayaquil y arribaron en Abril de 1709 en circunstancias
en que una terrible epidemia asolaba el puerto. Primero
tomaron por sorpresa a la escasa población
de la isla Puna, luego remontaron el golfo y la noche
del jueves 2 de Mayo, víspera de la fiesta
de la Cruz, se situaron a dos millas de Guayaquil,
notando que flameaban en el cerro muchas antorchas,
por lo que Roger decidió esperar.
Gobernaba la plaza Jerónimo
de Boza Solís y si Roger hubiera atacado, la
habría tomado por sorpresa, pero no fue así
como lo hicieron, porque luego de un consejo de jefes,
prefirieron presentarse como comerciantes y enviaron
al Teniente de la Puna y a un cocinero, para que manifestaran
al vecindario que deseaban vender mercaderías
inglesas de a bordo. Boza se fue a verles y estuvo
toda una tarde en su compañía, informándoles
de las defensas con que contaba la plaza y de otros
detalles de gran interés estratégico.
Entonces los piratas cambiaron de parecer y le tomaron
prisionero, permitiendo únicamente que regresara
a Guayaquil acompañado de veinte marinos para
implorar la contribución del vecindario, pues
los piratas exigían el pago inmediato de cincuenta
mil pesos en oro, o en caso contrario procederían
a arrasar la ciudad a sangre y fuego.
El 7 de Mayo se levantó
el acta de entrega de la ciudad que fue firmada por
dos vecinos distinguidos: Manuel Jiménez y
Manuel de la Puente, quienes se comprometieron a nombre
del vecindario a cumplir con el susodicho pago en
el plazo improrrogable de seis días, que no
fue cumplido, porque los ingleses saltaron al malecón
y procedieron a robar cuanto les vino en gana, embarcando
en sus naves 230 sacos de harina, 15 botijas de aceite,
varios sacos de cacao y azúcar, 40 barricas
de vino y algunos zurrones de añil, así
como 4 pequeñas piezas de artillería
y cosa de 200 fusiles.
Mientras tanto la mayor parte
de los pobladores habían huido a los cerros
circundantes, dejando sus joyas y vajillas de plata,
que también recogieron los piratas. En un altillo,
cuenta José Gabriel Pino y Roca, encontraron
escondidas a tres jovencitas, a quienes quitaron con
gran urbanidad sus joyas puestas.
Creyendo, así mismo,
que encontrarían grandes riqueza en las iglesias
y conventos, comenzaron a saquearlas, con el resultado
de que pronto se llenó la ciudad de malos olores,
provenientes de los cadáveres en descomposición.
Cinco días permanecieron
en esos quehaceres, halagados por el Corregidor, quien
sentaba a los jefes piratas en la mesa de su concubina
Petronila Villamar y Tomala del Castillo para departir
con ellos. Andaban tan borrachos y en grupos de cuatro
o cinco, que en plena sabana fueron sacados en fuga
por un negro armado de una escopeta.
El 12 de Mayo fueron a las
naves piratas el Alcalde de la Santa Hermandad Alonso
de Olvera, el Guardián de San Francisco Fray
Francisco de Rojas y el Superior de los Jesuitas P.
Juan Bautista Inviziati, portando solamente 30.000
pesos que era todo cuanto habían podido reunir,
pero fueron tratados de mala manera, amenazando los
piratas con llevarse a los rehenes si no se les cumplía
lo estipulado en el acta, en el perentorio plazo tres
días.
Vencido ese segundo plazo,
volvieron los guayaquileños con solamente 1.500
pesos en plata labrada, invocando la piedad de los
jefes para que liberara a los rehenes; pero, Roger
no les hizo caso y considerando que algunos de sus
hombres habían perecido en la Puna de la terrible
fiebre amarilla, tras ordenar el incendio de las casas
que estaban frente a la iglesia matriz; elevó
anclas con ambos rehenes, a quienes soltó en
las costas mexicanas.
Mientras tanto a la altura
de las islas Galápagos, la peste se había
declarado en las naves y Dower tuvo necesidad de ejercitar
sus conocimientos en medicina y de usar el bien provisto
botiquín de a bordo (1)
El botín logrado en
Guayaquil no fue del monto que esperaban, pero poco
tiempo después lograron capturar un galeón
español cargado de tesoros, tras sangrienta
lucha. Roger fue gravemente herido y Dower tomó
el mando de la nave capturada con dos oficiales de
ruta bajo sus órdenes y la condujo a Inglaterra,
arribando después de tres años de ausencia.
Los resultados financieros
fueron satisfactorios y el beneficio líquido
alcanzó la suma de ciento setenta mil libras.
Dower quedó rico, se reintegró a su
profesión de médico en Gloucestershire,
donde escribió la obra "The Ancient Phisician's
legacit this country" en 1733. que traducida
al español significa "El legado de un
viejo médico a su Patria", donde dio la
fórmula de sus famosos polvos de Dower y finalmente
trabajó en Londres hasta su muerte ocurrida
el 20 de Abril de 1742. Fue famoso por su ciencia
y su agrio carácter.
(1) Los enfermos de fiebre
amarilla sumaron más de un centenar en ambas
naves. Dower ordenó aislarlos en la proa e
hizo practicar sobre la tolda abundantes lavados con
una solución de agua y ácido sulfúrico
y en parte de esa solución se sumergían
las ropas y demás prendas de los apestados
haciendo rociar luego con el mismo líquido
diluido, a toda la tripulación. Con los otros
médicos efectuó abundantes sangrías
a cada enfermo, en los dos brazos. Los cocineros preparaban
en enormes calderas de cocciones misteriosas de un
laño rojo recogido en el Perú, adicionadas
de ácido sulfúrico diluido, que obligaba
a tomar con una pasta negra de papaver. Salvo ocho
marineros que murieron durante los primeros días,
el resto de la tripulación se salvó
bebiendo una limonada antiséptica formada por
quina y por un polvo o pasta opiada.