JORGE ESPINOSA ALMEIDA
ORFEBRE.- Nació
en Quito el 23 de Agosto de 1913 en una casa del tradicional
barrio de La Tola en un hogar de escasos recursos
y económicos.
Cursó su instrucción
primaria en la escuela de los Hermanos Cristianos
de San Blas, fue un buen alumno, y como debía
ayudar a su madre paróse un día a admirar
la vitrina de un alhajero donde exhibía sus
joyas, pues en aquellos tiempos los maestros trabajaban
casi en la vereda. —"Esto es lo mío,
me dije, mientras soñaba en hacer aretes y
anillos para mi madre", tenía catorce
años. "Se lo dije a mi abuelita que tenía
una tienda en La Tola y como justamente al frente
estaba el taller de joyería de don Rafael Proaño,
ella recogió unos agrados y fue a hablarle.
(1)
"Fui aceptado con siete
sucres de salario a la semana y hacía de todo.
Un día, la señora, recién dada
a luz, me llamó para que prendiera el fogón,
pues tenía que parar las ollas para hacer el
almuerzo. Recuerdo que todos los años yo era
el encargado de manejar la vitrola en las tremendas
farras que daba por su santo desde las ocho de la
noche hasta las seis de la mañana y así
tuve que realizar muchos encargos caseros, mientras
captaba los secretos del oficio y guardo para don
Rafael mi gratitud y para su familia un gran cariño".
Después de tres años
de estar con él, conoció a Jorge Bedoya
Sandoval, dueño de mejores técnicas,
con quien aprendió un año. Más
tarde tuvo otros maestros como el Arq. Luis Aulestia
y Manuel Ayala en dibujo y modelado. También
concurrió a la Universidad Popular y leyó
numerosas obras sobre arte y cuanto encontraba, que
lo pudiera ayudar.
(1) En el Quito de principios
del siglo XX se decía "agrados" a
un canasto de huevos, legumbres, carnes, frutas y
hasta gallinas, con que se obsequiaba al maestro para
que recibiera al aprendiz.
En 1921 se fue a trabajar por cuenta propia en su
cuarto, fabricando para el efecto sus propias herramientas,
"como hemos hecho todos, pues no existían
en el mercado" y pronto sus vecinos le dieron
obritas.
Por entonces desocuparon una
tienda en la calle León y Don Bosco, siempre
en el barrio de La Tola, la alquiló por doce
sucres al mes. En 1922 aumentó la clientela,
era blanco, delgado y hasta buen mozo, le llovían
los trabajos del sector femenino joven y fue haciendo
fama y conquistando renombre como orfebre y como bohemio
y enamorador empedernido. Un día de 1936 paró
frente al taller un lujoso automóvil con la
bandera de Bolivia. Era el Ministro Plenipotenciario
que venía a encargarle unos marcos de plata
para doce maravillosas obras en miniatura del pintor
Moncayo y después de quince días de
laborar incansablemente muchas horas, entregó
el trabajo y recibió doscientos sucres.
Lo mejor de todo fue que el
diplomático quedó contentísimo
y corrió la voz entre sus colegas, que pronto
se hicieron sus clientes, cambiando su condición
económica. De allí en adelante le llovieron
los pedidos, concurrió a exposiciones dentro
y fuera del país y contrajo matrimonio con
Laura Chamorro Chacón, sentó cabeza,
una larga familia de seis hijos y mucha felicidad.
En la década de los
40 fundó la Sociedad de Orfebres del Pichincha,
que presidió tres veces. Su taller se convirtió
en centro de trabajo incansable con numerosos pedidos
del sector religioso para elaborar custodias, copones
y marcos que son obras maestras en su género,
al punto que dos de sus custodias se conservan en
el Vaticano. Igualmente asistió a Exposiciones
de renombre en Washington, New York, Miami y Londres,
también en ciudades de Alemania y Perú,
pero siempre ha tratado de inculcar en sus aprendices
el deseo de superación y la máxima ambición
de un artista, es decir, dejar huella.
En la esfera artesanal fundó
la Cooperativa de Orfebres y fue condecorado por el
Ministerio del Trabajo.
De sus tres hijos, José,
el mayor, ha llegado a Arquitecto y tambien ha escrito
a medias con su padre un Manual de Orfebrería
bastante completo; los otros dos, Jorge y Juan, también
son orfebres, al punto que en alguna ocasión
se llevaron los tres primeros premios en una Exposición
Nacional, llenando de orgullo a su padre.
Desde 1989 era Profesor de
Orfebrería en el Taller Escuela Bernardo de
Legarda, trasmitía sus conocimientos a las
nuevas generaciones. Los 27 de Agosto celebraba en
familia cada aniversario de sus inicios artesanales,
siendo un festejo sencillo, muy a su manera.