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GONZALO DE OVIEDO Y VALDES
CRONISTA.- Nació en Madrid en Agosto de 1476; de doce años entró de paje del Duque de Villahermosa, sobrino del rey Fernando El Católico y como tal concurrió a la rendición de Granada en 1492.

En 1493 fue mozo de Cámara del Príncipe Don Juan, primogénito de los reyes Católicos, que le tomó tal confianza, que poco antes de fallecer en 1497 le entregó las llaves de su Cámara; años después, por recuerdos de esa época, Oviedo escribió el "Libro de la Cámara del Príncipe don Juan".

Militó en Italia, viajó con el rey de Nápoles Federico de Aragón, conoció a Ludovico Sforza Duque de Milán, y por su intermedio trató al maestro Leonardo Da Vinci, de quien mereció elogios por su habilidad para recortar finas figuras de papel. En Mantua estuvo al servicio de Isabel de Aragón y frecuentó en Roma la corte papal de Alejandro VI Borgia.

Al deshacerse el reino de Nápoles volvió a Madrid en el servicio del Duque de Calabria. En 1505 el rey Fernando le encargó la tarea de compilar noticias de los reyes, obra en la que anduvo muchos años metido, hasta que finalmente pudo publicar en 1552 su "Catálogo Real de Castilla y de todos los reyes de las Españas, y de Nápoles y Sicilia...

En 1506 fue Notario Apostólico y secretario del Consejo de la Inquisición. El 7 la reina Juana le nombró Escribano de Madrid, pues le protegía; sin embargo, hacía mucho tiempo que tenía planeado pasar a Indias con el fin de enriquecerse. (1)


(1) Parece que la idea se le ocurrió al tratar a los hijos da Cristóbal Colón, en 1494, en Sevilla.

En 1514 se alistó en la armada de Pedrarias Dávila con el nombramiento de Veedor de las fundiciones y marcaciones de oro en Castilla del Oro y con cargo de Escribano de Minas y del Juzgado del Crímen, pero solo estuvo un año porque le pareció que más tiempo no le hubiera sido de provecho.

En la península buscó al Rey Fernando el Católico y hallóle en Placencia, pero muy enfermo y no pudo comunicarse con él. En Madrid supo su muerte y al ascenso de su nieto el Emperador Carlos V, a quien trató de convencer de las ventajas que suponía la lectura de sus Memoriales, pero le enviaron donde los Cardenales Cisneros y Adriano, que actuaban de regentes, quienes tampoco le atendieron.

Entonces se dedicó a escribir una novela de caballería que denominó "Libro del muy esforzado e invencible caballero de fortuna propiamente llamado don Claribalte", que editó en Valencia en 1510.

De esa época fueron sus enconados debates con el Padre Bartolomé de las Casas, éste buscaba para las Indias remedios evangélicos, mientras Oviedo propugnaba su gobierno a base de la Orden Militar de Santiago.

A principios de 1520 fue confirmado en su cargo de Veedor en Tierra Firme (Panamá) Regidor de Nuestra Señora de la Antigua, Escribano General de Provincia y Receptor de las peñas de Cámara. Partió por segunda vez a Indias y volvió a tener discusiones con el Gobernador Pedrarias Dávila, quien era hombre de mal carácter y de subidas ínfulas. En dicho viaje perdió a uno de sus hijos y a su segunda esposa, estuvo algún tiempo amenazado de muerte y tuvo que volver en 1521 a la Corte, portando nuevas quejas y los primeros 19 capítulos de la "Crónica de las Indias" o Historia General y Natural de las Indias, con su correspondiente Sumario para instrucción del Emperador. (2)

Ambos trabajos le sirvieron0 para ser designado Gobernador de Cartagena de Indias y viajó por tercera ocasión al nuevo continente, recorriendo las costas caribes desde 1528 hasta el 29 que arribó a Nicaragua. El 30 regresó a la Corte llevando quejas contra Pedro de los Ríos, Gobernador de Panamá, y varios pliegos escritos sobre hechos y maravillas del nuevo mundo.

En 1532 el Emperador le designó Cronista General de las Indias (3) pudiendo solicitar a cualquier autoridad, datos y relaciones sobre sus territorios. El 33 fue Alcalde de la Fortaleza de Santo Domingo y habiéndose inmiscuido en la política lugareña, aceptó el encargo de regresar a España a exponer las quejas de los Oidores contra el Gobernador de Santa Martha; mas, al momento de su arribo a Sevilla, se enteró del fallecimiento de dicho Gobernador.

Enseguida, viéndose sin nada que hacer, embarcó de vuelta a Santo Domingo, donde arribó en Enero de 1536 y allí permaneció diez años. Un hijo suyo marchó a la conquista del Perú con Diego de Almagro y halló la muerte posteriormente, durante la expedición a Chile.

En 1537 escribió varias cartas al Emperador comunicándole los incidentes principales de las guerras civiles entre Pizarro y Almagro. En 1541 le visitó Cristóbal Vaca de Castro de paso al Perú.


(2) Esa primera parte conteniendo 19 capítulos salió impresa en Sevilla, en casa de Aun Cromberger, en 1535. La segunda parte, con otros 19 capítulos, se imprimió en Valladolid en 1557 y no se continuó por muerte de su autor. La tercera parte con 12 capítulos fue depositada por el propio Oviedo en la casa de Contratación de Sevilla, de donde los sacó Luis de Solazar, que los dejó entre sus libros cuando murió, destinados al Monasterio de Monjes Benedictinos de Monserrat en Madrid.

(3) El cargo había sido creado en 1526 para Fray Antonio de Guevara, que parece que nunca lo usó, puesto que no se conoce de él obra alguna. Oviedo fue, pues, el segundo Cronista General de las Indias.
En 1543 escribió una Carta al erudito humanista Cardenal Bembo, contándole el descubrimiento del río Marañón y de los beneficios de tan grande cuenca hidrográfica. Oviedo mantenía nutrida correspondencia y era considerado uno de los mejores conocedores de los sucesos del nuevo Mundo.

El 46 regresó a la corte, fue bien recibios y obtuvo el honorífico empleo de Regidor Perpetuo del Cabildo de Santo Domingo. En 1550 terminó de redactar la parte relativa a la conquista del Perú, como final del tomo cuarto de su Crónica de las Indias.

En 1551 envió a Venecia dos relaciones muy curiosas, la una sobre las cualidades curativas del Palo de Guayacan y la otra sobre el Palo Santo, incluidas -en latín- en el Tratado de Morbo Gálico, pues se creía por entonces que estas raíces poseían poderes curativos contra la sífilis por ser buenos depurativos de la sangre.

En 1552 entregó a la imprenta su "Quincuagenas", obra sobre gobernantes, nobles y personalidades de España, que apareció en Valladolid. También fue de ese año una Historia del Estrecho de Magallanes con la relación que Andrés de Urdaneta, después religioso de la Orden de San Francisco, y Martín de Llánes, le dieron, del viaje realizado ese año por Hernando de Magallanes.

Poco después murió en Santo Domingo el 26 de Junio de 1557, de 78 años de edad, y aunque no dejó fortuna, su nombre ha sido ilustrado por la Historia a través de sus hermosas obras.

Fue historiador y naturalista, y aunque en un primer momento se mostró partidario de la conquista española, luego fue cambiando de criterio y hasta defendió a los indios, revelando los abusos de los conquistadores y sus desmedidas ambiciones. También fue el primero en escribir sobre la exuberante riqueza de la vegetación americana y la novedad y curiosidad de las especies del mundo vegetal y animal.

También fue etnólogo notable, que estudió a las sociedades indígenas, describiéndolas en detalle. La crónica sobre la conquista del Perú, donde trata sobre estas regiones ecuatorianas, fue redactada a base de informaciones orales, pues nunca visitó estas regiones y defendió siempre a Diego de Almagro, con quien sostuvo franca y estrecha amistad.