FRANCISCO ROBLES GARCIA
PRESIDENTE DE
LA REPUBLICA.- Nació en Guayaquil el 5 de Mayo
de 1811. Hijo legítimo de Lupercio de Robles
Pacheco, Comerciante y agricultor. Patrono del histórico
Vínculo de sales en Punta Arenas, de unas tierras
ubicadas en Daule con los nombres de haciendas Palmar,
Sagual y San Judas y de varias Capellanías
fundadas por su tío el Presbítero Juan
Pacheco y Noboa, y de Manuela Coronel y Unzueta, naturales
de Guayaquil y de Trujillo en el Perú, respectivamente.
El último de una larga
familia compuesta de nueve hermanos. En 1823 ingresó
a la Escuela Náutica dirigida por Domingo Agustín
Gómez y luego de dos años de estudios
viajó a Panamá con sus Profesores y
Compañeros, a enfrentar a la escuadra española
en aguas del Caribe; pero, a última hora, dicha
nación renunció a tan descabellado proyecto
debido a la crisis que estalló en Portugal
y a la decisión inglesa de intervenir y ayudar
a ésta última.
El 31 de Agosto de 1828, como
Alférez de Fragata, asistió al glorioso
combate de Punta Malpelo bajo las órdenes de
Tomás Carlos Wright. Desde la pequeña
goleta "La Guayaquileña" contestaron
los disparos de la corbeta peruana "Libertad",
que bloqueaba las aguas del Golfo de Guayaquil, luego
se unieron a ella y cuando iban a abordarla, tuvieron
que desamarrarse para controlar un fuego aparecido
en la nave peruana. El joven Robles fue mencionado
por su coraje en el Parte de Guerra. (1)
(1) Pedro Robles y Chambers
me refirió el raro caso ocurrido a su bisabuelo
el entonces Alférez Francisco Robles; quien,
la noche anterior, soñó con sus amigos.
Juan González sería muerto y José
María Urbina solamente herido. Poco antes de
entrar en combate, encontrándose los tres,
cometió la imprudencia de decirles: "Ya
vamos a empezar. Tu (Urbina) vas a salir herido. Tú
(González) vas a morir. Yo saldré ileso"
y el pronóstico se cumplió al pie de
la letra.
En Noviembre figuró agregado al Arsenal ; cuando
el 22 de ese mes la escuadra peruana se introdujo
en la ría de Guayaquil, participó activamente
en la defensa del puerto asediado y al firmarse la
paz fue ascendido a Alférez de Navío.
Era un joven ágil, marcial, delgado, simpático
y divertido. Tez canela, ojos y pelo negro y rasgos
regulares. Buen conversador, tocaba la guitarra, pulsaba
la mandolina, cantaba con voz de barítono,
fumaba cigarros y de vez en cuando hasta solía
lanzar fuertes imprecaciones aprendidas en la vida
marinera. Todo en él era informal pues no gustaba
de las etiquetas de la vida social y hasta profería
la. hamaca al sillón. Enamoraba a todas las
mujeres que veta y cuando estaba de fiesta bebía
ron o cogñac. Demás está el decir
que era uno de los jóvenes más populares
de Guayaquil, popularidad que nunca le abandonó,
ni en sus años de vejez.
En 1833 el presidente Flores
fue investido de las Facultades Extraordinarias. El
11 de Octubre el Gobernador del Guayas ordenó
el destierro de muchos Jefes, Oficiales y ciudadanos
particulares de Guayaquil, contándose entre
ellos los hermanos Ciriaco, Juan José, Andrés,
Felipe, Juan de Dios, Toribio y Francisco Robles García;
quienes, a pesar de estar dedicados a sus labores
agrícolas y comerciales, fueron considerados
elementos peligrosos para la estabilidad del orden
público; pero la medida no llegó a verificarse
por la agitación y el descontento fue general
y como se produjo al día siguiente la reacción
del Comandante Pedro Mena, se frustró dicha
orden. Robles no quizo intervenir en el movimiento,
siguiendo los consejos de su jefe Illingworth, quien
tampoco lo hizo; fue puesto preso y con grillos durante
tres días y cuando semanas después el
Presidente Flores ocupó la plaza, no le molestó
por eso.
En 1836 contrajo matrimonio
con Carmen de Santistevan y Avilés, su concuñada,
quien vivía con su única hermana Francisca,
mujer de Ciríaco Robles García. Ambas
eran hijas de José Gabriel de Santistevan Olvera,
que al enviudar de Francisca de Avilés y Castro,
viajó a Buenos Aires, donde volvió a
casar, tuvo nuevos hijos y en un viaje murió,
siendo enterrado en Tepí, sin haber regresado
a Guayaquil.
Fue un matrimonio bien avenido
porque ella era una santa mujer de su casa, mientras
Robles prosiguió su vida de impenitente don
Juan. Tuvieron tres hijos, dos de los cuales llegaron
a la mayoría de edad.
Por esa época salió
del servicio de la Marina ostentando el grado de Teniente
de Navío y pasó a trabajar una hacienda
en Daule, pero no se enseñó y volvió
a Guayaquil. En 1843 condujo al Gobernador Vicente
Rocafuerte a Quito, se reincorporó, fue destinado
a Comandar el vapor de Guerra "Guayas".
El 24 de Febrero del 45 era
Capitán de Fragata y seguía de Comandante
del Guayas, cuando el Gobernador Manuel Espantoso
y Avellán llegó a saber que estaba por
producirse una revolución acaudillada por el
Capitán Francisco Jado y Urbina, hizo apresar
a ese Jefe en el Guayas y dispuso su confinio en Loja,
pero su madre María Urbina de Jado logró
que le cambiaran la pena por la del destierro en la
goleta Rocafuerte de propiedad de Manuel Antonio de
Luzarraga, que debía zarpar el día 25.
Espantoso ordenó al Comandante Gregorio Rodríguez
que cambiara a Jado para su destierro a México.
Robles, que también
estaba comprometido, levó anclas y zarpó
con el Guayas tras el buque que llevaba a Jado, lo
alcanzó en el punto de Sono con temeraria audacia,
rescató a su compañero, resuelto a dar
el grito de insurrección; mas, sabedor que
Espantoso había despachado en su contra la
Goleta de guerra "Diligencia" y no pudiendo
resistir a esa fuerza mayor ni hacerse a la mar porque
el vapor solo era para el servicio del río,
abandonó con Jado la nave y en un bote llegaron
a las costas de Túmbez, pasaron a Paita, allí
se enteraron de la revolución del 6 de Marzo
y volvieron a Guayaquil el 25 de Marzo, siendo recibidos
como héroes.
Enseguida se abrió la
campaña militar contra los floreanos encastillados
en la hacienda La Virginia vecina a Babahoyo y le
fueron encargadas las fuerzas sutiles compuestas de
"La Diligencia", "El Guayas" y
otras embarcaciones menores.
El 2 de Mayo participó
con Jado en el primer asalto realizado contra las
trincheras, que fue sumamente sangriento y terminó
indeciso. Jado fue herido en ambas piernas cuando
intentaba un desembarco, cayó prisionero y
falleció poco después. El Coronel Boloña
pudo salvar los restos de ese Batallón Glorioso
y a Robles una bala le arrancó los anteojos
largavista de las manos.
El 10 se repitió el
asalto. Esta vez lo dirigieron los Generales Antonio
de Elizalde y Fernando Ayarza. Robles situó
al Guayas en la Puntilla y a sus otras fuerzas doscientos
metros más arriba y desde allí sostuvo
el ataque de frente y tras varias horas de intensos
fuegos Elizalde ordenó la retirada; a las pocas
semanas se firmó el Tratado de la Virginia
que puso fin a las operaciones. El vapor "Guayas"
quedó destrozado y la bravura de Robles en
"La Elvira" se hizo proverbial.
En 1847 fue designado Comandante
del Distrito de Guayaquil, realizó la vigilancia
del contrabando hasta las costas de Esmeraldas y en
Enero del 49 obtuvo las letras de Cuartel con las
dos terceras partes del sueldo de su empleo; sin embargo,
casi enseguida, el Presidente Vicente Ramón
Roca dispuso que fuere reintegrado al mando y ascendido
al grado de Coronel participó con Urbina en
el conato de revolución del 20 de Diciembre
contra el nuevo gobierno provisorio del Vicepresidente
Manuel de Ascázubi, que fracasó porque
el General Elizalde se negó a secundar el golpe.
En 1850 era tal su ascendencia
sobre la oficialidad joven del puerto principal que
los más influyentes vecinos encabezados por
el Dr. Pablo Merino, proyectaron apoderarse de Urbina
y Robles y arrojarlos fuera del país, para
alejar el peligro de las revoluciones, pero no se
atrevieron o no pudieron hacerlo. El Vicepresidente
Ascázubi creyó anularlos con una sorpresa
y mandó a Guayaquil al general Isidoro Barriga,
al Comandante Mata y a otros oficiales, con la consigna
de encargarse de la Comandancia General y del mando
de la Artillería. Al General Raimundo Ríos
se le hizo saber que debía salir de Cuenca
y tomar a su cargo el Batallón No. 1 de Guayaquil
el mismo día que los anteriores y actuando
de conjunto, lo que efectivamente sucedió el
20 de Diciembre; sin embargo, al saberse Robles separado
de sus funciones, intentó convencer a Urbina
de la necesidad de una inmediata revolución,
pero no lo logró; entonces pasó a la
casa de Diego Noboa Arteta y aunque no lo encontró,
habló con algunos de sus hijos, que motivaron
a Don Diego. Entonces, este fue a buscar al General
Guillermo Bodero Franco (su primo segundo por la rama
de Larraleita) y habiéndose puesto de acuerso
con Robles, éste habló con otros parientes
y amigos de esa familia y acordado el plan de acción,
marcharon al Batallón No. 1, que tomaron sin
resistencia, también ocuparon el Cuartel de
Artillería No. 1, apresando a Ríos y
al clarear el día a Barriga, a quien encontraron
dormido en su casa. Enseguida convocaron a una Asamblea
y tras numerosos incidentes pudieron designar a Noboa
Jefe Supremo de la Nación.
Noboa ofreció el Ministerio
de Guerra a Urbina, que no lo aceptó porque
su fuerte era Guayaquil, y rebajó de categoría
a Robles, ubicándolo como simple Comandante
de la Marina, cuando le hubiera correspondido la Comandancia
General del Ejército, donde Noboa colocó
a su primo Guillermo Bodero Franco.
Robles ya era Coronel y de
allí en adelante se distanció con el
Presidente Noboa, que presintiendo una revolución
en Guayaquil decidió viajar a la costa acompañado
de los Coroneles José Melitón Vera y
Matías Sotomayor y Luna Miró; pero,
al arribar a Babahoyo fueron tomados prisioneros por
José Robles Canales, quien los condujo al puerto
principal y depositó a bordo de una goleta
norteamericana surta en la ría, para que pudieran
pasar a Chile, pero Noboa obtuvo que lo soltaran en
el Callao.
Mientras tanto Guayaquil había
proclamado el 24 de Julio de 1852 la Jefatura Suprema
del General José María Urbina. El 9
de Septiembre Robles salió a pacificar con
su ejército el interior del país, no
tuvo necesidad de disparar un solo tiro porque todas
las poblaciones se fueron pronunciando sucesivamente.
Poco después fue electo
diputado a la Convención Nacional que eligió
presidente a Urbina, quien le designó para
el Ministerio de Guerra y Marina. En dicha Convención
los diputados Aparicio Rivadeneira y Francisco Robles
presentaron la moción para que "el poder
ejecutivo proceda a dar cumplimiento a la Pragmática
Sanción del 2 de Abril de 1767 que está
vigente" y habiéndosela aprobado por mayoría,
se expulsó a los Jesuitas.
El 55 fue presentada por el
ejecutivo, su candidatura a la presidencia de la República,
frente a la del opositor Manuel Gómez de la
Torre. La popularidad de Robles, su don de gente y
el apoyo del ejecutivo le abrieron las puertas del
triunfo con 524 votos; el pueblo de Guayaquil celebró
con toros, cañas y fuego de artificios. Se
le reconocía valentía y hasta temeridad
a toda prueba, buenas intenciones y simpatía
personal, pero carecía de talento político
y conocimientos.
Su gabinete estuvo formado
de la siguiente manera en Guerra y Marina Gabriel
Urbina Viteri; en el Interior Antonio J. Mata Viteri;
en Relaciones Exteriores Ramón Borja Escorza,
y en Hacienda Francisco Pablo de Ycaza Paredes.
El 26 de Diciembre de 1856
casó su hija Dolores, en el Palacio Presidencial,
con José Serafín Baquerizo Vera.
Su gobierno empezó bien,
en 1856 se creó el Cementerio de extranjeros
en Guayaquil, en 1857 se fundaron el Instituto Científico
en Latacunga y el Colegio Unión en Loja, el
58 el Instituto de Señoritas en Loja y el Colegio
Bolívar en Ambato, multiplicándose los
planteles primarios en toda la república. Igualmente
se establecieron las Hermanas de la Caridad para el
cuidado de los hospitales y aprobó el proyecto
de Código Civil que recién entró
en vigencia en 1861.
En cambio la situación
internacional se complicó a raíz del
arribo en 1857 del Ministro peruano José Celestino
Cavero, que entró en pugna con el Canciller
Antonio Mata Viteri por la demora en la publicación
de su discurso y por cuanto el presidente Robles no
le había ido a visitar, luego volvieron a discutir
por unas Notas Diplomáticas relacionadas con
el asilo concedido por el Perú al General Flores
y finalmente por cuanto el tratado Ycaza-Prichet celebrado
por el Ecuador con los tenedores de bonos de la Deuda
Inglesa, les concedía a éstos, dos millones
de cuadras en el oriente, que el Perú consideraba
suyas o por lo menos aún no delimitadas; alegando,
además, que dicha concesión entrañaba
el peligro de una futura colonización inglesa.
En tales circunstancias, el
gobierno ecuatoriano, tratando de limar asperezas,
designó Ministro en Lima a Francisco Pablo
Ycaza Paredes, para que solicitara al Mariscal Castilla
el retiro de Cavero; pero, el gobernante peruano,
lejos de aceptar tal petición, contestó
rompiendo relaciones y prácticamente declarándonos
la guerra. Robles pidió entonces al Consejo
de Gobierno la concesión de facultades extraordinarias
y el permiso para cambiar la capital a Riobamba por
estar situada más cerca de los acontecimientos
y mientras se instalaba el Congreso.
Lamentablemente, García
Moreno, en actitud poco patriótica, aprovechó
la circunstancia para crear todo género de
incidentes en el Congreso, asegurando que el presidente
quería hipotecar las islas del archipiélago
de las Galápagos a los Estados Unidos para
después perderlas porque no se podría
cancelar jamás la deuda y que el cambio de
la capital de la República obedecía
al protervo fin de trasladarla definitivamente a Guayaquil.
Con tales argucias obtuvo el inocente apoyo de Pedro
Moncayo y aseguró la revocatoria de todo lo
concedido, sin imaginar que el presidente Robles iba
a objetar el Decreto, que no pudo entrar en vigencia.
y como Urbina logró que algunos diputados leales
al régimen abandonaran la sesión, quedóse
el Congreso sin quórum y siguió el gobierno
gozando de las Facultades extraordinarias.
El 21 de Octubre Castilla declaró
formalmente la guerra como una demostración
de fuerza y el 31 de ese mes la flota peruana al mando
del Almirante Ignacio Mariátegui bloqueó
las aguas del golfo de Guayaquil y comenzó
a recorrer el resto de nuestras costas sin encontrar
resistencia. La opinión pública americana
se indignó ante su torpeza. Nueva Granada y
Chile ofrecieron su mediación. Robles llamó
a las Guardias Nacionales y reclutó gente a
la fuerza.
Entonces se supo en Quito el
bloqueo peruano y queriendo lavarse las manos García
Moreno presentó al Senado un ridículo
proyecto para aumentar el ejército hasta diez
mil hombres. El 9 de Octubre Robles salió a
Guayaquil encargando el poder ejecutivo al Vice-Presidente
Jerónimo Carrión Palacio, que trasladó
la capital a Riobamba. El 31 de Diciembre Robles reasumió
la presidencia porque había encontrado la situación
estable, pero al saber que Castilla había intentado
un desembarco el 1o. de Enero de 1859, se vio forzado
el 11 a trasladarse nuevamente a Guayaquil, para hacerle
frente.
El 14 de dicho mes protestó
el Concejo de Quito por dicho traslado y los concejales
publicaron una hoja suelta titulada "Honor Nacional"
en términos injuriosos para el régimen.
El Vie-presidente Carrión ordenó la
prisión de los Concejales firmantes y del impresor
Vicente Valencia, que fueron tomados prisioneros para
ser expulsados del país; más lograron
escapar y al llegar a Mulalillo Valencia fue apresado
nuevamente por el Jefe de la escolta Agustín
Barrezueta, quien procedió a fusilarlo sin
fórmula de juicio.
García Moreno también
había sido enviado al destierro en Piura; sus
partidarios se tomaron la ciudad de Quito el 1o. de
Mayo y formaron un triunvirato con el propio García
Moreno, el Vice-presidente Jerónimo Carrión
y Pacífico Chiriboga. El 6 llegó la
noticia a Cuenca donde estaba Carrión, quien
se declaró en ejercicio del poder, pero fue
desconocido por el General Julio Ríos, quien
pacificó el austro para el gobierno.
Al conocer su designación,
García Moreno salió subrepticiamente
de Piura y se entrevistó en el golfo con el
Almirante Mariátegui, pactando su ayuda en
dinero y armas. Luego siguió a Quito, fue nombrado
Director Supremo de la Guerra a pesar de no ser militar
y el 20 salió a combatir al gobierno, arribó
a Guaranda el 2 de Junio y sin contar con mayores
conocimientos bélicos ni gente preparada se
enfrentó al ejército de Urbina en las
alturas de Tumbuco el día 4, sufriendo una
vergonzosa derrota. Entonces pareció que el
país volvía a la normalidad. El 17 de
Junio entró Urbina en Quito sin ninguna oposición
y comenzó a perseguir a los triunviros (Carvajal
huyó a Colombia y Gómez de la Torre
capituló el 23 en Ibarra) terminando toda oposición.
García Moreno, en cambio,
huido a Guayaquil, se entrevistó nuevamente
con Mariátegui, quien le brindó gentil
hospitalidad a bordo de su buque durante una semana,
sin acceder a entregarle los mil fusiles que le solicitaba.
Sin otro recurso García Moreno decidió
emprender un nuevo viaje al Perú, a convencer
personalmente con Castilla como efectivamente ocurrió
y juntos regresaron al golfo a realizar la invasión.
El 2 de Julio García
Moreno lanzó su Proclama desde la nave capitana
peruana. El presidente Robles se hallaba en Quito
y Urbina amenazó con fusilar a García
Moreno si llegaba a caer en sus manos. El General
Guillermo Franco Herrera, Gobernador en Guayaquil,
se entrevistó con García Moreno para
hallar la paz pero no pudieron arribar a ningún
acuerdo, entonces trató directamente con Castilla
que seguía amenazando a la ciudad y el 21 de
Agosto de 1859 consiguió la suspensión
del bloqueo por quince días, para que la ciudad
pudiera elegir libremente a su gobernante. Franco
se retiró con un batallón a Daule y
Castilla a los terrenos de la hacienda Josefina. El
27 se realizaron las elecciones y resultó electo
nuevo Gobernador Teodoro Maldonado González.
El Presidente Robles, no solo
que no aprobó el acuerdo sino que trasladó
la capital a Riobamba. El 2 de Septiembre Rafael Carvajal
derrotó en Guarantum a una división
del gobierno y amenazó Quito. El 4 el populacho
quiteño permitió el ingreso de Carvajal
y su gente, que volvió a tomar el poder a nombre
de los triunviros. Entonces viendo el nuevo sesgo
de los acontecimientos y por consejos de su Asesor
Francisco Pablo Ycaza Paredes, renunció a la
presidencia en Guaranda y pidió a Franco un
salvoconducto para bajar a Guayaquil, encargando el
Mando Supremo al Vice-presidente Jerónimo Carrión
que se hallaba en Cuenca.
Al saber de la renuncia presidencial
Franco se proclamó Jefe Supremo en Guayaquil
el 6 de Septiembre, contando con José María
Carbo Noboa en la suplencia. El 20 arribó Robles
y embarcado en la fragata Bolivia siguió a
Valparaíso, sin aceptar una pensión
que le asignó Franco a pesar que mucho la necesitaba.
En Chile permaneció
tres años inactivo pero el 62 viajó
a Lima donde vivía el resto de los emigrados.
(4) De acuerdo con Urbina organizó una expedición
que no pudo verificarse por múltiples contratiempos
de índole económica.
(4) Los principales emigrados
ecuatorianos en Lima, a esa fecha eran los Coroneles
José Sánchez Rubio, José María
Cornejo, José Matías León, Pedro
Jaramillo, Federico Ribera, Cornelio E. Vernaza, Francisco
Gutiérrez, etc. todos ellos miembros del naciente
partido liberal, forjado en el sacrificio y el ostracismo
de esa etapa terrorista y garciana de tan negros recuerdos.
En Mayo de 1865 finalmente pudieron los expedicionarios
partir del Callao y arribaron a las costas del Oro.
El 31 de ese mes el Comandante José Marcos
asaltó al vapor de Guerra Guayas surto en la
ría de Guayaquil y con éste y el Washington
fue a reunirse con Robles y Urbina.
Sabedor de los acontecimientos
García Moreno arribó a Guayaquil y puso
en pie de guerra una nave, en la que fue a buscar
a los invasores calificados de piratas. El 26 de Junio
los sorprendió en aguas del estrecho de Jambelí.
El Comandante Juan Manuel Uraga dirigió la
operación y consiguió el triunfo.
Urbina y Robles se salvaron
de ser tomados prisioneros porque se encontraban en
las costas y pudieron huir al Perú. Meses después
terminó el período presidencial de García
Moreno y asumió la presidencia de la República
Jerónimo Carrión que fue un títere
en manos de García Moreno y por ello no permitió
el regreso de los exilados. Caído Carrión
ascendió al poder el Dr. Javier Espinosa, derrocado
antes de los dos años por García Moreno,
quien continuó su gobierno dictatorial y de
terror hasta su asesinato el 6 de Agosto de 1875.
Realizadas las elecciones presidenciales triunfó
Antonio Borrero, quien cayó a los pocos meses
por la revolución del General Ignacio de Veintemilla,
que llamó a Urbina y a Robles, concediéndole
la Comandancia General de la Primera División
a éste último.
En tal calidad salió
de Guayaquil por el camino real y arribó a
Guaranda, en cuyas cercanías derrotó
el 14 de Diciembre de 1876 al ejército constitucional
en la Loma de los Molinos. Como Urbina triunfara también
en Galte, Robles prefirió regresar a Guayaquil
el día 19.
De allí en adelante,
instaurado Veintemilla en el poder, Robles prefirió
vivir alejado de los avalares políticos como
Colector Fiscal de sales en Babahoyo, donde permaneció
siete años hasta su renuncia de dicho cargo
en 1883.
Nuevamente en Guayaquil y dedicado a la atención
de sus pequeñas fincas en Daule, cuya administración
había cedido a su hijo Ignacio, murió
viudo, de achaques propios de la vejez, el 11 de Marzo
de 1893, a la avanzada edad de 81 años.
Fue enterrado con una de las
bandas presidenciales de Diego Noboa, pues a última
hora, como no aparecía la suya, fue tomada
en préstamo por una pariente común.
Era de estatura más
que regular, delgado, piel canela clara y de muy buena
presencia, pues siempre tuvo fama de apostura y gallardía.
Demócrata, gracioso y dicharachero en su trato
personal. Con los hombres muy cumplido y con las damas
peligrosamente obsecuente pues las perseguía
con insistencia. Dejó dos hijos legítimos
y una multitud de naturales en diferentes madres.
Solía tocar la guitarra
y cantar con muy buena voz las tonadas montubias aprendidas
en su infancia y ciertas cancioncillas alegres propias
de los cuarteles y cuyas letras tenían un dejo
de picardía. Gustaba del cogñac pero
jamás abusó de él, fumaba cigarros
y escupía desde su infaltable hamaca, tal la
visión que nos ha dejado de este Presidente
de la República la historia chica guayaquileña.
En su tiempo gozó de
una popularidad pocas veces vista, el pueblo le amaba
hasta el delirio y se repetía de boca en boca
sus hazañas juveniles porque era todo un personaje;
pero la crítica ultramontana, especialmente
sus detractores garcianos, le han presentado como
un sujeto anodino y gris, lo que no es cierto, pues
tuvo personalidad fuerte y hasta dotes de caudillo
sin llegar a las genialidades de su alter ego Urbina,
quien, sin embargo, se apoyaba en todo con Robles,
su brazo ejecutor, su mano derecha.