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El equipo industrial provino de Alemania, donde la industria del cemento estaba ampliamente desarrollada y fue construida por Freíd A.G. Knupp. Las bases para la instalación se iniciaron en mayo de 1922 bajo la dirección de los ingenieros alemanes K. Justus y E. Blumel.

El primero estaba destinado a la fijación de las bases y erección de los edificios, trabajos que concluyó en diciembre de 1922, regresando a Europa apenas cumplida su labor. El segundo, experto en montaje técnico, había instalado ya diez fábricas de cemento en distintas partes del mundo, y se quedó residiendo en Guayaquil. Bajo el mando de ambos estuvieron aproximadamente 500 operarios durante todo el tiempo de instalación.

Los materiales para la fabricación del cemento son la piedra caliza y la arcilla. La primera se extraía de las canteras por medio de explosivos y las arcillas se recogía en la inmediaciones. El transporte a la fábrica se hacía en vagonetas que llegaban al pie de la máquina elevadora, que levantaba la carga y la depositaba alternativamente en la trituradora o en la desmenuzadora, según era piedra o arcilla. Una vez triturada la caliza, se la pasaba a un horno rotativo para desecarla. Pesada cuidadosamente bajo la vigilancia del laboratorio, la arcilla pasaba a un molino horizontal, y la caliza a otro. El material pulverizado se levantaba por medio de la máquina aspiradora y se iba a depositar en dos silos de 100 toneladas cada uno, para luego pasar a la mezcladora, y por último al horno rotativo para su calcinación.

Calcinando el polvo pasaba a la enfriadora. En estas condiciones, la producción del klinker terminaba, y solo restaba volverlo a pulverizar con la adición de yeso en el molino y ensacarlo. De esa manera, San Eduardo llenaba todas las condiciones que necesitaba Guayaquil para aprovechar tan Importante material de construcción: producción cercana a la ciudad, facilidad de transporte, calidad inmejorable y supresión de pesados y costosos embalajes, pues el cemento se expendía al público en sacos de lonilla, con la marca “Cóndor", conteniendo 45 kilogramos, peso neto.

En Junio del 23 pudo finalmente inaugurarla con la presencia de los Ingenieros Maertz, Jefe de la Krupp en Alemania y Otto Dormán, que dio la inspección final y puesta en marcha. El suceso revistió una importancia capital para el desarrollo de Guayaquil, puerto que entonces se componía de casitas de madera y caña, aunque muy pocas se levantaban de cemento, pero el progreso apuntaba a este nuevo tipo de viviendas presagiando un gran futuro a la empresa, como efectivamente lo fue.

El cemento obtenido era del tipo Portland internacional y costaba S/. 3.50 el quintal. La Cemento San Eduardo usó la marca “Cóndor” para su venta y lo fabricaba por la vía seca, procedimiento que aún se usa El Ingeniero Químico Manuel Jiménez Fraile, venido de España, tomó a cargo la dirección de los trabajos cuando los alemanes volvieron a Europa.

La fábrica resultó muy grande para las necesidades del país. Inicialmente no trabajó sino a media capacidad y por eso no rindió beneficios económicos, pero Rodríguez Bonín la sostuvo con una paciencia y un sacrificio sin límites, soñando siempre en el desarrollo futuro del Ecuador. Fue, pues el mayor esfuerzo privado en la industria ecuatoriana de los años veinte y sólo en la década de los cuarenta, cuando se generalizó las construcciones de cemento en detrimento de la madera y caña en la costa y del calicanto en la sierra, se convirtió en el formidable negocio que es, pero ya para entonces estaría en manos monopólicas extranjeras.

Las primitivas instalaciones se levantaron sobre un ramal del estero por donde era aprovisionada de combustible, dada la falta de caminos estables en invierno. El costo original del proyecto era del millón ochocientos cincuenta mil sucres pero al final se gastó un millón más en extras. El combustible venía del Perú a bordo del vapor "Ministro Game" adquirido en 1.922 con ese único objeto. Otro barco gemelo, el "Manuel Rodríguez", también comprado ese año, terminó vendido en Panamá por innecesario. La gran bodega de almacenamiento del cemento estaba detrás del actual colegio Vicente Rocafuerte. En 1.924 Rodríguez Bonín hizo filmar un rollo de 16 milímetros con "vistas" de la Cemento San Eduardo que pasó en los cines Olmedo y Edén de Guayaquil para difusión de esa grandiosa obra industrial. Igualmente editó un Libro conmemorativo con los detalles técnicos y económicos y numerosas fotografías de sus interiores: máquinas, hornos y principales personeros, porque no escatimaba esfuerzo alguno cuando se proponía hacer algo..

El 14 de Julio de 1.925 recibió un poder General de Leonidas Plaza Gutiérrez que salía exiliado a los Estados Unidos a causa del triunfo de la revolución Juliana. Poco después ocurrió el alzamiento en Guayaquil del Mayor Idelfonso Mendoza, apoyado por la guarnición del Fortín de Punta de Piedra y como el Coronel Ricardo Astudillo debía salir a dominarlos, Rodríguez Bonín le facilitó sus canoas grandes de hierro movidas a motor que tenía para el transporte de cemento. En ellas colocó Astudillo a su tropa y en uno de los ramales menos transitados sorprendió por la retaguardia a los del fortín y obtuvo su rendición sin disparar un solo tiro.

A fines de año fue designado Miembro principal de la recién creada Junta de Hacienda y representó al Banco del Ecuador en las reuniones de Banqueros celebradas en Quito entre Febrero y Marzo del 26.

El 27 recibió su herencia materna que invirtió casi en su totalidad en palear las deudas en San Eduardo y viajó a New York por negocios. En el muelle fue recibido por una nutrida delegación de colegas Presidentes de Bancos que lo escoltaron en sus lujosas limusinas al Waldorf Astoria. Esa noche le fue ofrecida una Cena de Gala pues tenía el cargo de Presidente del Directorio del Banco del Ecuador. Dos días después siguió a Vigo, llegó, rezó por la memoria de su madre, siempre fue muy católico, siguió a diferentes países de Europa y consiguió varias líneas de crédito para el banco. Por eso no pudo intervenir en la sesión constitutiva del Guayaquil Yacht Club pero se incorporó a su regreso.

En 1 929, al ocurrir la catastrófica quiebra de Wall Street, suceso totalmente inopinado y quizá único en la historia financiera de ese país, el Banco del Ecuador vio desaparecer la totalidad de sus depósitos en dólares en cuatro importantes Bancos Newyorquinos y a consecuencia de ello, ya sin respaldo, empezó a sufrir la gravísima crisis económica de los 30, que afectó a occidente y muy particularmente a América Latina.

Para Junio del 31 cundió el pánico, la gente retiró sus depósitos, la situación se volvió insostenible y ante el temor de una quiebra los directivos del Banco del Ecuador prefirieron cerrar voluntariamente las puertas. Los créditos fueron declarados de plazo vencido por el liquidador Luis Vernaza Lesarte y se designó un Interventor. Rodríguez Bonin pudo capear la situación vendiendo parte de sus bienes, en vano intento de salvar su fabrica la mitad de la manzana ubicada en Huancavilca y Chile por solamente quince mil sucres y varias joyas muy valiosas de familia y así prolongó la vida de la Cemento por casi tres años.

El 34 debió arrendarla al grupo Norton Yoder por diez años renovables por igual tiempo. Los arrendatarios tenían el respaldo financiero de sus bancos norteamericanos que veían en el Ecuador un país rentable y seguro y adelantaron S/.350.000 a buena cuenta, dinero que sirvió para pagar la totalidad de la hipoteca con el banco.

Un abogado pillo colocó en el contrato una clausulita aparentemente inofensiva que a la larga resultó vital, pues el arrendador se comprometía a pagar a sus inquilinos cualquier mejora que ellos introdujeren en la fábrica sea del tipo que fuere, y por ello tuvo en 1.948 que cedérselas para no litigar, en la irrisoria suma de quinientos mil sucres. Hoy "La Cemento Nacional" es el mejor negocio de la República para la Corporación Suiza que ha tomado la mayoría de las acciones, en detrimento de los intereses de la Corporación Financiera Nacional cuyos malos y deshonestos directivos las mercaron por convenir a sus intereses netamente particulares.

A Enrique Rodríguez Bonín le pasó el siguiente chasco en Guayaquil; pues durante su primera salida a pie a las ocho de la mañana, llevaba de la mano a su pequeño sobrino Eduardo y al llegar a la esquina de Eloy Alfaro y Azuay se toparon de buenas a primeras con una carreta de mulas conducida por un serrano, sobre las que iban cuatro barrilitos repletos de excrementos para ser vaciados a la ría. Como el carromato se ladeaba al paso sobre el empedrado, parte de su contenido caía por los bordes y apestaba a leguas. Rodríguez Bonín no se imaginó en un comienzo de qué se trataba y hasta se acercó para ver bien, pero al darse cuenta de su contenido nauseabundo (lo vio y olió sin querer y a profundidad) se le rompió el buche y arrojó el desayuno que acaba de tomar, en presencia de numerosos testigos que se reían a más no poder porque estaban acostumbrados a este espectáculo. El asunto trajo cola y pronto se conoció en todos sus detalles. Algunos amigos les de su hermano Pepe, socios del Club de la Unión, decidieron darle una cena de gala en desagravio, quizá para que se le borrara tan desagradable impresión. La noche señalada vieron asombrados cómo se bajaban del automóvil los tres hermanos Rodríguez Bonín (Pepe vivía aquí, Enrique era el Homenajeado y Juan, horas antes acaba de arribar de España).

Este último llevaba puesto el uniforme de gala de los Ingenieros Jefes de los ferrocarriles españoles, únicos facultados para conducir las locomotoras que trasladaban al Rey por la península Ibérica. Dicho uniforme era de color gris perla, adornado con entorchados rojos y galones de ese subido color en los cuellos, puños y pecheras. El espectáculo debió ser interesante y la familia volvió a la noticia en esos tiempos en que había poco que hacer, con tal despliegue de marcial elegancia ferrocarrilera, disculpable porque España era una monarquía.

El 32 le visitaron sus hermanos Enrique y Juan con el objeto de inspeccionar las propiedades familiares. Enrique arribó en el Orduña y Juan en el Reina del Pacífico.

Desde el 33 el buque tanque "Ministro Game" transportaba petróleo del campamento de Cautivo de la Ecuadorian Oilfield Co.

El 38 fue designado miembro de la Comisión demarcadora de límites del recientemente creado cantón Salinas y figuró en la Junta de Mejoras Urbanas de ese balneario, donde pasaba las temporadas invernales. Ese año cayó la avioneta "El Diablo Rojo" sobre una de sus propiedades, la ubicada en la esquina de Clemente Ballen y Chile, que reconstruyó de inmediato para aprovechar tan buena posición. Igualmente, al enterarse que Galo Plaza, Ministro de Defensa, había apresado a los diputados de la Asamblea Nacional Constituyente, predijo que llegaría al poder en diez años, lo que se cumplió al pie de la letra.

En 1.940 estuvo entre los fundadores del Salinas Yacht Club con Félix y Tomás González Rubio Jones, Carlos Espinosa Larrea y Federico A. Kenward. El 45 disolvió la sociedad que mantenía con sus hermanos, vendiendo las propiedades comunes. El 46 fue designado Visitador ad-honorem de los Consulados ecuatorianos y empezó a gozar de pasaporte diplomático. En agosto fue Vocal del Directorio del Banco Provincial del Guayas (hoy Banco de Fomento) pocos días después le eligieron por unanimidad Presidente del Directorio. Ese año donó al Ministerio de Obras Públicas, por medio de su amigo el Ministro Jorge Montero Vela, el anteproyecto de construcción de un Puerto Marítimo sobre el Estero Salado (6).

El 47 viajó con su hijo a los Angeles para matricularlo en "The Page Military Academy" para a que aprendiera inglés y pudiera ser aceptado en la "Southern University of California" en la rama de ingeniería. De regreso pasó con su esposa e hija a Lima y vivieron tres meses en el hotel Bolívar. Ese año figuró entre los donantes voluntarios para la construcción del Palacio de la Nunciatura en Quito y "por un milagro" concedido a un familiar suyo, fue con su esposa el introductor de la devoción de la Virgen de Fátima en el país.

Entre el 49 y 51 figuró de Consejero Provincial del Guayas durante la administración del Dr. Alejandro Teodoro Ponce Luque. El 50 ayudó económicamente a la CFP con un mil sucres mensuales por amistad con el Dr. Carlos Guevara Moreno. El 52 el Ministro Game que transportaba carga seca a los pueblos de la costa y agua a las Municipalidades de Manta y Salinas, sirviendo gratuitamente a los buques de la armada ecuatoriana, dejó de navegar por su avanzado estado de vetuztes y fue varado a la altura de la piladora Modelo, donde una noche de lluvia se fue a pique. (7)

(6) Dicho estudio contemplaba una entrada por Jambelí y Chupadores, dragando este último estero, para llegar al Salado. Había sido levantado por los técnicos alemanes de la Krupp en 1.923 como parte de los trabajos para la adecuación e instalación de la fábrica de cemento San Eduardo.
Desde entonces, ya sin rentas, empezó a gastar su capital. El 58 fue hipotecada su villa en la Previsora.

En. 1.959 fue designado Subdirector del Control y Fiscalización de Piladoras con S/. 3.500 de sueldo, poco después ascendió a Intendente Auditor con S/. 4.000, permaneciendo en tales fundones hasta 1.966 que renunció por achaques propios de la vejez.

El 61 había dejado su villa y el nuevo propietario la demolió totalmente incluido el pavimento y las rejas, perdiendo la ciudad un sitio de solaz y distracción para turistas y propios. Una lástima grande, por eso nos dicen ciudad de Fenicios.

Desde entonces pasó a vivir con su hijo y cuando se enfermó de arterieesclerosis fue cuidado por su esposa.

Siguió muy visitado, pues siempre había tenido el carácter alegre y campechano y era popular en todos los estratos sociales y económicos. Cuando estaba en la ciudad acostumbraba salir a pie con sus hijos, recorriendo "su barrio sur y conversando con cualquier ciudadano que encontraba al paso, era queridísimo por su generosidad, simpatía y don de gentes. Se paraba a preguntar por la salud y el trabajo de los obreros tanto como por el de sus amigos personales y acababa observando las parrillas cercanas y los barcos que se estaban arreglando y que eran su gran pasión, costumbre que no dejó nunca y que en sus últimos años seguía con sus nietos a pesar de que los tiempos habían cambiado y ya no existían ni las personas ni las cosas de antaño y le costaba dificultad caminar.

(7) Entre los capitanes más importantes que tuvo el Ministro Game aún se recuerda al gato Morales, al español José Troncoso Pérez natural de Bayona y a César Mogollón.

En su villa primero y luego donde sus hijos, siempre de buen humor, recibiendo a la antigua usanza con boato y distinción; aunque al final ya no podía hacer los derroches de antaño. Allí le visité en numerosas ocasiones y encantaba por su trato y conversación pues era, lo que se dice, un gentleman.

En el 69 empeoró su condición general y pasó muy mal hasta el 70 que se agravó y murió con el cambio de marea, como él siempre lo decía, a las ocho y media de la mañana del 21 de Febrero de 1.970, de 82 años.

Tuvo un espíritu vivaz y cristiano que al final lo sostuvo en los momentos difíciles. Apoyó económicamente a los salesianos, jesuítas y franciscanos con quienes departía en franca camaradería. Comprendió a los pobres y su generosidad era proverbial con ellos, dejó más de veinte compadres en Salinas y la lista de sus protegidos en Guayaquil era interminable.

Su estatura pequeña, rostro trigueño y muy curtido por el mar, ojos plomizos, pelo negro, palabra fácil, elocuente cuanto sencilla, que ejercía sobre los demás un efecto tranquilizador. Fue un carácter y sin querer enseñó a los guayaquileños a vivir bien pero no tuvo imitadores.

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