AUGUSTO SAN MIGUEL
REESE
PRECURSOR DEL
CINE NACIONAL.- Nació en Guayaquil en 1.906.
Hijo legítimo del Dr. Manuel Cirilo San Miguel
Sánchez, abogado que escribía en los
periódicos “La Reacción”
y “El Tiempo” de Guayaquil bajo el pseudónimo
de “M. M.” tuvo su domicilio y estudio
en una casa propia ubicada en Aguirre y Chimborazo;
y de Rebeca Reese Berry, blanca, bajita y de ojos
azules, heredera de las haciendas “La Saiba”
al sur de Guayaquil y “La Palma” y “La
Victoria” frente a Samborondón, naturales
de Cuenca y Guayaquil, respectivamente(
1)
(1) Thomás Berry,
natural de Boston, se estableció en Guayaquil
casado con Rebecca Decker, ambos de origen americano
irlandés. Arribó con capital propio
e instaló un taller de fundición de
metal mecánica, el primero en el país,
confeccionando los dos aljibes de agua potable del
cerro que entraron en funcionamiento en l.889. Después
trajo a dos cuñados Decker de quienes también
existe descendencia. Muy trabajador y competente soldador,
hizo dinero y fueron padres legítimos de Jenny
Berry Decker que murió niña, de Sara
Eugenia Berry Decker ( Jenny II ) casada en el Callao
con Albert Reese que falleció joven y en segundas
nupcias con Gregorio Camposano, de Samborondón.
Hijos de su primer matrimonio:
1 ) Albert Reese Berry, quien
falleció de tuberculosis muy joven, casado
con Carmen Señorina Camposano Vera, de Samborondón.
Hijos: Enoé Rebeca Reese Camposano, nacida
el 2 de Octubre de l.887, casada en l.908 con Clotario
Paz Paladines, con sucesión. Débora
Reese Camposano casada con Jorge Montero Vela, con
sucesión. Alberto Reese Camposano,1 c.c. N.
Holguín y 2 c.c. Hilda Rodríguez, con
hijos de ambos matrimonios.
2 ) Rebeca Reese Berry, casada
el 28 de Julio de l.903 con el Dr. Manuel Cirilo San
Miguel, padres de Augusto San Miguel Reese, nacido
en l.906, fallecido soltero y sin hijos.
Augusto fue hijo único
y mimadísimo de su madre que se desvivía
en todo por él. Un día el niño
le dijo: Almuerzo si me compras un caballo. Esa misma
tarde ella se lo adquirió. Su marido el Dr.
San Miguel le decía: No lo engrías que
lo vas a dañar, pero ella no le hacía
caso.
Estudió la primaria
con maestros particulares y cursó parte de
la secundaria en el Colegio Vicente Rocafuerte donde
pronto destacó como actor y poeta, trabajando
con varios compañeritos en diversas obras teatrales,
pero a causa de un incidente baladí ocurrido
en los primeros años, le pegó a un profesor,
fue expulsado del plantel.
Era un fornido mocetón
de casi un metro noventa de estatura, blanquísima
la piel con tonalidad mate japonesa, pelo y ojos negros
y muy expresivos, que hablaba con facilidad y soltura
al igual que su padre, de quien se decía que
podía deleitar a cualquier auditorio una noche
entera sin provocar cansancio; quien falleció
en l.924 dejando a su viuda e hijo en posesión
de una fortuna estimada en dos millones de sucres,
compuesta de cédulas hipotecarias, dinero en
efectivo, alhajas muy finas y dos casas de madera
ubicadas en las esquinas noroeste de Aguirre y Rumichaca
y 9 de Octubre y Rumichaca.
Entonces Augusto, que acababa
de cumplir los dieciocho años, motivado por
las películas mudas del exterior que diariamente
se pasaban en los cines de la ciudad, dio rienda suelta
a su pasión por las artes escénicas
y como manejaba al antojo a su débil madre
le sacó una fuerte suma para fundar la “Ecuador
Film Co.” cuya gerencia asumió para producir
y actuar en un primer largometraje nacional mudo y
de ficción, de una hora de duración,
con guión sobre el fabuloso tesoro de Atahualpa,
que se supone que aún yace escondido en algún
lugar de la cordillera de los Andes, para lo cual
importó costosas maquinarias de los Estados
Unidos y realizó numerosísimas tomas
sobre la vida y costumbres de los indios y sobre los
paisajes y sembríos que se observan durante
el viaje en tren de Guayaquil a Quito. La película
se filmó con la emoción propia de toda
novedad, su estreno se realizó el 7 de Agosto
en funciones de gala de los cines Eden y Colón
y luego se llevaron las copias al resto del país.
En Quito se estrenó el 10 de Agosto y Augusto
se hizo famoso, cosechó aplausos, recibió
la más favorable de las críticas, pero
siendo tan estrecho el mercado nacional, la película
le ocasionó una fuerte pérdida (2).
No contento con este primer
logro realizó otro largometraje de ficción,
también silente, basado en un argumento suyo
titulado “Se Necesita una guagua” , sátira
contra el Coronel Juan Manuel Lasso, quien invocando
el fraude electoral cometido por el gobierno en favor
del candidato oficialista Gonzalo S. Córdova,
dió lugar a una revuelta conservadora encabezada
por Jacinto Jijón y Caamaño, que culminó
en el combate de San José de Ambi, cerca de
Otavalo, el 12 de Septiembre de l.924, cuando los
revolucionarios se desbandaron prácticamente
sin presentar resistencia a las fuerzas del gobierno.
La secuencia de una hora de filmación se realizó
en Quito. Se estrenó en el teatro Eden de Guayaquil
el 24 de Noviembre
(2) “Tesoro de Atahualpa” l.924.- Productor:
Ecuador Film Co.- Director Augusto San Miguel. Intérpretes.-
Evelina Macías ( Raquel ) Augusto San Miguel
( Jaime García ) Erick Van den Enden, de Hombre
malo ( R. Matamoros ) Pepe Chevasco (Periquín
Chumacera) Julia Stanfor ( Cómica ) F. Zaldumbide
( Indio Bramanchen ) Manuel Viscaíno ( Boxeador
fantasma ) Jaime García es un estudiante de
medicina que auxilia a un viejo indio quien le confía
planos y señales para encontrar el tesoro.
La búsqueda del oro propone un final justiciero
y vengador. Según la prensa de la época
el film conjuga hábilmente la aventura, el
drama y lo cómico. Por primera vez se filma
la vida marginal del indio y se recupera la cultura
andina. Se puede observar los paseantes, los indios
fleteros o guandos e imágenes de un viaje en
ferrocarril desde la costa hacia la sierra. La tradición
oral, depositaria de mitos y tradiciones indígenas,
preserva un millar de búsquedas erráticas
en pos del tesoro. El romanticismo de San Miguel,
como sucede en los inicios de un cine nacional, elige
un tema propio y asumido, más que la búsqueda
de oro y piedras preciosas, subyace una metáfora
frente al saqueo: la capacidad de un pueblo para recrear
formas de resistencia. En el desenlace de la historia
toda huella del tesoro se ha perdido para siempre,
pero algo íntimo e inmanente no le fue arrebatado
al indígena.
alternando con un documental
igualmente producido por la empresa de San Miguel
bajo el título de “Panorama del Ecuador”con
escenas de un encuentro de fútbol interprovincial,
las pasadas fiestas del carnaval, la corrida bufa
organizada por los estudiantes universitarios, juegos
atléticos en el hipódromo, el Ecuador
Tennis Club, el Presidente de la República
Gonzalo S. Córdova en la revista militar..
El 10 de Diciembre fue estrenada en Quito y aunque
trató sobre un tema de actualidad arrojó
otra fuerte pérdida (3).
Enseguida el incansable Augusto
realizó un tercer largometraje silente y de
ficción titulado “Un abismo y dos almas”,
también con libreto propio, película
calificada de ambiciones artísticas y técnicas
más serias, sobre un argumento complejo de
profundidad psicológica y temática social
que antecedió en mucho al realismo de los años
treinta. Fue filmada en diversas haciendas de la región
interandina, “tragedia de costumbres nacionales
basada en la triste odisea de un indio campesino,
bueno y humilde llamado Juan, víctima de la
brutal y desenfrenada explotación. Esta película
pudo haber sido magnífica en esa heroica época
del nacimiento del cine nacional pero al fallar la
técnica no triunfó como todos lo esperaban;
sin embargo, fue mérito indiscutible de Augusto
San Miguel el haber llevado al cine la vanguardia
del pensamiento social de su época y la urgencia
de transformación en favor de los trabajadores,
adelantándose a la literatura de denuncia social
en una década.
(3) “Se necesita una guagua” l.924.- Productor:
Ecuador Film Co. Director: Augusto San Miguel.- Interpretes.-
Germán Lince Sotomayor, Humberto Dorado Pólit,
Mélida Vizuete, Hilda Vizuete, Lucrecia Bosch,
Félix Valencia y otros integrantes del Centro
Cultural Félix Valencia. Anunciada como la
primera película cómica hecha en el
país, fue rodada en plazas y calles de Quito,
parodia de un conato de revolución conservadora.
Guagua es un quichuismo que significa niño
y el título de la película alude al
hecho de que el Coronel Lasso reclutó a mujeres
campesinas que llevaban a sus niños en las
espaldas.
Cuando se estrenó en
el Eden el 7 de Febrero de l.925 causó mala
impresión por lo controvertido del tema. Se
anunció como una sanción para aquellos
hacendados crueles con los indios y el público
reaccionó desfavorablemente por prejuicios
ancestrales. La crítica se mostró especialmente
malévola; además, como en la película
se presentó despectivamente a los propietarios
de hacienda, muchos la consideraron subversiva, obra
de un bolchevique peligroso.
También se presentó
en el cine Variedades con los siguientes subtítulos
explicativos. La vida del indio ecuatoriano. El tormento,
la rebelión, el soplo de la tragedia y la venganza.
Vida en las haciendas de la cordillera donde el indio
ecuatoriano es maltratado cobardemente por sus patronos.
La Ecuador Film presenta esta obra como una especie
de sanción para aquellos hacendados desalmados
que sin tomar en cuenta que el indio también
es hombre, lo tratan como verdaderos animales.
El elenco estuvo formado por
Aracely Rey como Angélica (4) Erick Van den
Enden como el patrón, Humberto Dorado Pólit
como don Luciano, Augusto San Miguel como el indio
Juan. La protagonista Angélica comparte el
sufrimiento de un joven indio, quien lleva a cabo
una venganza contra su patrón. Al final, ante
una terrible escena de golpes y crueldades, se rebela
y yergue su cuchillo vengador rasgando el corazón
del malvado patrón, para hacerle pagar sus
múltiples culpas.
(4). Angélica Rey fue
el pseudónimo usado por la actriz Rosa Julia
Loffredo Rodríguez, que en 1.930 viajó
a Hollywood, aprendió inglés, trabajó
en las Follies y fue contratada por la Paramouth.
En 1.931 se estrenó en el teatro Olmedo de
Guayaquil la primera película hablada titulada
“El Gran Gabbó”, poco después
se presentó “Sombras de gloria”,
hablada en español, donde apareció en
un pequeño rol secundario como enfermera, al
lado del cantante José Bohny y de la primera
actriz Monca Rico. Más tarde casó con
Carlos Gallegos Martínez y no tuvieron hijos.
Enviudó en los años l.960. Estaba pobre
y se ganaba la vida como modista de las primeras luminarias
del cine norteamericano. Falleció en Los Angeles,
de avanzada edad, el 27 de Junio de l.980 y su amigo
Telly Zavalas a) Kojac, levantó una Capilla
ardiente, reunió a varios amigos y le dió
el tributo final.
El 18 de Marzo de l.925 estrenó en el teatro
Popular de Quito la revista fílmica “Actualidades
quiteñas” con la reposición de”Un
abismo y dos almas”que exigía el público.
En la revista se vé una pose del Presidente
Gonzalo S. Córdova Rivera.
El 20 de Abril se pasó
en el Eden de Guayaquil ”El desastre de la vía
férrea”, reportaje sobre el desbordamiento
de dos ríos sobre los cuales pasa la vía
férrea Guayaquil - Quito. Acompañando
a este reportaje se dio también las “Actualidades
quiteñas.”
De allí en adelante,
falto de financiamiento y desilusionado por hallar
opiniones tan encontradas en su camino de precursor
del cine mudo en el Ecuador, escribió una obra
titulada “Yo no soy comunista” y con dinero
de su madre viajó a Europa, para lo cual ella
tuvo que vender una de sus casas.
Estaba comenzando la vida y
se le consideraba un joven talentoso y polifacético,
por ser autor, actor y director, poeta y dramaturgo.
Su gran presencia física le atraía numerosas
simpatías, las mujeres lo requerían
con insistencia. Amaba a una dama chilena mucho mayor
a él, circunstancia que impidió la formalización
del matrimonio. Quizá, también por eso,
su madre prefirió que se fuera del país.
Recorrió Francia, Inglaterra,
Alemania, Bélgica e Italia. Radicado en Madrid
dedicó su tiempo a lecturas y paseos, viviendo
a cuerpo de rey como millonario sudamericano y no
le faltaron los malos amigos que le enseñaron
a beber ni las hermosas mujeres que esquilmaron sus
bolsillos. En Europa se topó con uno de los
Barriga Marín de Guayaquil que se hacía
pasar por el fabuloso Marqués de Marín
de Poveda. Sobre él se cuentan numerosas anécdotas
de mucho interés.
Nuevamente en el Ecuador en
l.930 desempeñó la secretaría
del Comité Cívico que realizó
la coronación del poeta Francisco J. Falques
Ampuero en el paraninfo de la Universidad, luego fue
contratado por la Compañía Nacional
de Teatro de Marco Barahona que montó en Quito
una pieza suya inédita hasta ahora, titulada
“El último bohemio”con gran éxito;
pero ya no era el mismo de antes pues estaba dominado
por la bebida.
En l.931 escribió numerosos
poemas sentimentales en Guayaquil y hasta intentó
suicidarse en una noche de tragos, cortándose
las venas al grito de “Quiero morir como Petronio”
pero fue prontamente auxiliado por varios amigos que
lo llevaron a la clínica Guayaquil y quedó
asilado durante seis meses, atendido por el Dr. Armando
Pareja Coronel, que le desintoxicó de la bebida
pues no le dejaba probar un solo trago ni salir a
la calle. Egresó a finales de ese año
y volvió a la vida normal de sus primeros tiempos,
escribiendo sobre arte y cultura para el diario “El
Telégrafo”.
En un momento de lucidez produjo
la obra dramática ”Una tristeza más
en mi tristeza” que como todo lo suyo tiene
tinte intimista, donde ya se puede apreciar los primeros
síntomas del desarreglo conductual que había
empezado a experimentar como consecuencia de su etilismo,
pues había recaído.
El 33 actuó de orador
en la campaña presidencial del candidato socialista
Pablo Haníbal Vela Eguez y tomó la palabra
en varias ocasiones desde el balcón del vespertino
“La Prensa”, propiedad de Pompilio Ulloa
Reyes, que funcionaba en García Avilés
y Aguirre. La misma Compañía de Cabezas
Pérez estrenó tardíamente su
obra “Yo no soy comunista”en una carpa
que tenía montada en un terreno vacío
situado frente a la Plaza de la Victoria.
El 35 le recogió la
Compañía de Guillermo Cabezas Pérez,
a) William Head, quien tenía a cargo a un grupo
de actores dramáticos y de variedades y estrenaron
en una función de vermouth en el Eden su obra
“Sombras”, que resultó del total
agrado del público. Augusto tuvo que salir
al escenario varias veces y sintiéndose obligado
a referir la historia de su obra contó que
una noche, mientras se encontraba en el interior de
una pobre cantina en unión del poeta Enrique
Segovia y gente maloliente, escuchó su máxima
composición poética titulada “A
la madre”, versos que recitó a continuación,
provocando un gran llanto a su madre, quien se encontraba
sentada en una de las primeras filas. El público
deliraba sin cesar de aplaudir. Ese fue el mayor triunfo
de su carrera, la prensa citadina se hizo eco del
suceso prodigándole generosísimos adjetivos.
Para entonces ya era considerado el gran trágico
nacional como rezan los anuncios de prensa. “Sombras”
trata sobre el amor de dos hermanos que deriva en
una gran tragedia, tema muy delicado pues narra una
situación incestuosa.
El 36 escribió una obra
de compromiso en homenaje a los bomberos guayaquileños
titulada “Tercer Cuartel”. Al año
siguiente “Almas Bohemias” estrenada como
la anterior en el Eden. Finalmente, para seguir sosteniendo
sus continuas borracheras, su madre había hipotecado
la segunda casa, la última que le quedaba y
que por vieja amenazaba ruina, hasta que finalmente
la vendió en poco dinero.
Augusto no había trabajado
nunca, tampoco producía con sus películas
y obras de teatro. Salía de su hogar vestido
impecablemente de blanco con ropas nuevas y tras desaparecerse
dos o tres días, volvía en las peores
trazas, con ropas sucias y harapientas, amarradas
a su cintura con soga, pues para seguir bebiendo había
cambiado las nuevas por viejas. Su madre nunca se
quejaba y le protegía siempre...
Cuentase que una mañana
de alcohol escribió “Al revés
de la razón”, obra que también
se ha perdido pues aunque fue llevada a las tablas
por la compañía de Guillermo Cabezas
Pérez, nunca se publicó. Una tarde,
acompañado de otro alcohólico como él,
de apellido Iriarte, a quien dejó esperando
en el zaguán, subió a la casa de su
abuelo paterno el viejo Blas Miguel San Miguel, que
había sido militar en sus años mozos,
era hacendado y tenía fama de ser un sujeto
bien parado, quien se encontraba tranquilamente descansando
en una hamaca de la entrada y que al verlo en esas
fachas se quedó perplejo. Augusto le saludó
sin el menor recato”. Papabuelo”, a lo
que el viejo le preguntó fingiendo sorpresa
¿Eres tú mi nieto? Si, Papabuelo, fue
la respuesta. No puede ser... gritó indignado
don Blas. Augusto agachó la cabeza y bajó
avergonzado, sin atreverse a pedirle dinero, como
era su intención.
Entre l.947 y el 49 hizo sociedad
con el periodista Rodrigo Chávez González
para representar sus estampas en el país y
llegaron a las tablas los sainetes “El chofer
guayaquileño” y “El sastre guayaquileño”,
la tragedia “No pasaran” sobre la invasión
peruana del 41 estrenada en el Cine Colón y
el drama “Amor que mata” leído
en Radio Cenit, “El Comerciante minorista”
también para radio teatro; sin embargo la sociedad
se disolvió a causa de los tragos de Augusto.
Chaves escribió de allí en adelante
para los miembros de la Compañía Gómez
Alban que trabajaban en el cine Parisiana.
Finalmente, agotadas las reservas
de dinero, su madre pignoró las joyas que también
perdió una a una hasta que se quedó
sin ellas. Augusto terminó empeñándole
el velo y un finísimo misal de pasta de nácar
y concha de perla con cerrojo de oro macizo de 18
kilates, que ella usaba los domingos con gran estima.
A principio de la década
de los años cincuenta trabajó en la
Compañía de Marco Barahona pero ya no
era ni la sombra del actor que había sido antes
y tuvo que salir a poco, estaba enfermo de cirrosis
y no tenía fuerzas ni para sostenerse.
Entonces su madre le llevó
al Hospital General donde le concedieron un cuarto
reservado dada su condición de dramaturgo y
poeta en desgracia. Ella le acompañaba noche
y día como enfermera, asistiéndole en
todo con mucho cariño. A ratos también
le visitaba uno de sus primos San Miguel Pérez.
La última tarde Augusto estaba en un largo
sopor, seminconsciente y con los ojos cerrados, hubo
un momento en que lanzó un suspiro muy profundo.
Su madre empezó a llorar creyendo que había
muerto pero él le dijo “Aun no, madre,
aun no” Fueron sus últimas palabras y
falleció a la media hora.
Después del entierro,
mediante la intercepción de su sobrino político
Clotario Paz Paladines la señora pasó
al asilo del Bien Público, pero como siempre
había sido quisquillosa y hasta soberbia, no
se acostumbró y vivía largas temporadas
en casa de su sobrina Enoé, con quien se había
vuelto a amistar tras muchos años de distanciamiento.
Con ella se acostumbraba mucho pues ambas habíanse
criado en casa de doña Rebecca de Berry. En
cambio, con los San Miguel era indiferente, pero los
solía visitar de vez en cuando y solo a la
hora del almuerzo. Cada quincena concurría
al Asilo a recibir raciones de granos y otros comestibles
que cambiaba por dinero en alguna barraca de la esquina,
ya que no contaba con fondos para trasladarse en bus.
Finalmente, como siempre había sido una gran
dama y sabía portarse en sociedad, se hizo
costumbre que un tiempo viviera con su sobrina Enoé
y en otros almorzara en diversas casas conocidas,
sobreviviendo de tan exótica manera pues ni
desayunaba ni cenaba como es lógico suponer
y hasta llegó a dividir a la parentela por
días, para no abusar ni repetirse.
En l.954 enfermó de
gravedad y fue trasladada al pequeño hospital
del Hospicio Corazón de Jesús al frente
del Bien Público, donde la visitaba el mismo
pariente San Miguel Pérez y un hijo de su esposo
llamado Manuel, con quien conservó hasta el
final excelentes relaciones.
Estando en el Hospital cayó
de visita una amiga que la había tratado en
sus momentos de opulencia y al verla en tales circunstancias
comentó con asombro que la vida era injusta.
Ella la dejó terminar y como única respuesta
dijo “Si volviera a nacer y tuviera otra vez
dinero - como lo tuve - se lo daría todo a
Augusto, como si nada hubiera pasado, pues él
fue feliz a su manera y eso me llena a mi también
de felicidad.
Tan abnegada madre murió
una semana después dejando tras de sí
el recuerdo de que jamás nadie la oyó
quejarse - ni una queja, ni tan solo un lamento -
por el cambio de su suerte, pues siempre demostró
un total estoicismo y desprendimiento hasta el sacrificio.
Augusto San Miguel fue un fervoroso
amante de la escena. El gran trágico le decían.
Romántico, soñador y visionario. Como
autor de guiones cinematográficos fue ligero,
espontáneo, sencillo por la dificultad de tratar
temas complejos que hubieran requerido de mayores
técnicas de filmación cuando el cine
aún era mudo, a más del altísimo
costo del material y del elaborado proceso de laboratorio,
porque todo había que enviarlo a procesar al
exterior. A él debe nuestra Patria los primeros
ocho trabajos del cine ecuatoriano, sus primeras películas
mudas y cortometrajes. Como poeta fue añoroso
y lleno de spleen. Lamentablemente su producción
se perdió en manos bohemias y en cantinas de
mala muerte y no está demás indicar
que su madre ordenó en gesto quizá de
protesta, que la enterraran con los papeles, documentos,
fotografías, cartas, recortes de prensa, borradores
y originales de su hijo.
Según la investigadora
de la Cinemateca de la Casa de la Cultura de Quito,
Wilma Granda, el primer registro de este arte en nuestro
país sucedió en Guayaquil, únicamente
eran imágenes en movimiento, es decir lo que
se conoce como cine mudo o silente.
En 1906, cuando el italiano
Carlo Valenti después de realizar una travesía
por Centroamérica llegó al puerto principal
del Ecuador con un cinematógrafo, se impregnaron
las primeras imágenes en movimiento de Guayaquil
y Quito.
"La procesión del
Corpus en Guayaquil", fue el primer registro
cinematográfico realizado en nuestro país,
esto ocurrió el 14 de junio de 1906. El teatro
Olmedo fue el sitio donde los guayaquileños
pudieron observarse a sí mismos participando
de esta celebración religiosa, tal suceso causó
conmoción en la ciudadanía debido a
la exactitud de quienes observaban el filme con los
que estaban en las imágenes, al punto que se
pidió que se repita la novedad varias veces.
En el período liberal,
su máximo líder, el general Eloy Alfaro,
se valió de este instrumento para impregnar
las imágenes de este país, y de esa
forma promover a la inversión extranjera en
el Ecuador. Hubo registros históricos como
la llegada del ferrocarril a Quito.
Los sitios para mirar las vistas,
que eran importadas desde Estados Unidos y Europa
eran los teatros, en los que se exhibían películas
como El hotel encantado, El enamorado de la luna y
La casa tranquila. La empresa de los Hermanos Casajuana,
fue la que trajo estos filmes de Europa y Estados
Unidos.
En el salón del colegio
Mejía, El Popular, el Puerta del Sol, el Royal-Edén
o en refaccionado Sucre en Quito, eran los lugares
donde se exhibían las películas traídas
del exterior a la capital.
Fue la compañía
de los hermanos Casajuana quien contrató a
los artistas del país para musicalizar los
filmes importados de Europa y Estados Unidos, ahí
nacieron voces como la de la memorable Carlota Jaramillo.
La llegada del cine sonoro
a nuestro país y la importación de 700
películas del exterior, fue lo que acabó
con la pequeña edad de oro del cine ecuatoriano,
debido a que el sonido y su procesamiento elevaba
el costo varias veces; sin embargo quedó un
grupo de cineastas aficionados que registraría
los grandes momentos de la historia del país,
como la aviación con sus precursores Elia Liut
y Cosme Renella.
Extranjeros
Varios extranjeros llegaron
a nuestro país a finales de la década
del 40 para recopilar principalmente datos etnográficos
del Ecuador, entre ellos se destacan el sueco Rolf
Blomber y el chileno Alberto Pérez Santana
a) Alberto Santana, este último pionero del
cine sonoro en Chile, Perú y Colombia.
Se conocieron en Guayaquil
(1949) y Amanecer en el Pichincha (1950), fueron las
primeras películas sonoras realizadas en nuestro
país, la primera en el muerto principal y la
segunda en Quito. Ambos largometrajes dé ficción.
Una de las formas novedosas
para poder tener réditos económicos
fue la de crear cupones o bonos para venderlos; cada
uno costaba 300 sucres y así la gente colaboraba
con la realización del filme.
El cine documental noticioso
se fortalece en la década del 50. Agustín
Cuesta en Quito y Gabriel Tramontana en Guayaquil,
recopilan información histórica. Las
reproducciones son utilizadas para propaganda de los
gobiernos a nivel interno del país. Velasco
Ibarra, la Junta Militar, la dictadura del general
Rodríguez Lara, son plasmados en las películas
de estos productores.
El género de la ficción
no tuvo acogida en esta época, a excepción
de 1959, fecha en la que se realiza La vida de Santa
Mariana de Jesús, con la actuación de
la aristocracia serrana.
Ecuador fue utilizado por las
empresas mexicanas en el año 67 para realizar
sus películas, debido a que en allá
los sindicatos habían paralizados la industria
del cine.
Recopilación de clásicos
europeos
Jorge Enrique Adum, Alberto
Borges, Ulises Estrella, son quienes en la década
del 70 recopilan películas de los clásicos
europeos, además de lo que se había
realizado a nivel nacional; de esta manera se genera
una especial atracción por este arte a nivel
de la clase media.
En la década del 80
Camilo Luzuriaga, Pocho Alvarez. Gustavo Corral, Edgar
Cevallos, empiezan a realizar documentales del Ecuador
gracias a que la Casa de la Cultura Ecuatoriana y
la Unión Nacional de Periodistas auspiciaban
la producción de películas. Los filmes
estaban enmarcados dentro de la ideología del
nuevo cine latinoamericano, que trata de denunciar
la realidad del país.
Sensaciones, La Tigra y Entre
Marx y una mujer desnuda, son las tres películas
que se realizan en la década del 90. La intermitencia
con la que se han realizado los filmes en el Ecuador,
es la característica de nuestra histórica
cinematográfica.
La falta de tradición
teatral como México y Argentina, además
de la colaboración por parte del Estado a esta
actividad fue lo que ha propiciado que no exista una
línea del cine en nuestro país.
Chile, Argentina y México,
antes de que sus películas tengan el éxito
esperado, ya se exportaban a diversos países
entre ellos el nuestro, lo que generó réditos
económicos para sus productores, cosa que no
se realizó en nuestro país. "No
adquirimos la necesidad de expresarnos en imágenes,
ese es el gran vacío que se siente hasta ahora
en el cine nacional".
Además no se reinvertía
en el cine, se dedicaron a comprar sistemas de video,
por lo que empezó a florecer una pequeña
industria de este género a nivel nacional.
Sin embargo debían actualizarse, ya que cada
año salían nuevos equipos, que se importaban
a costos cada vez mayores, este fue otro de los motivos
por los cuales el cine en el país no se desarrolle.