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AUGUSTO SAN MIGUEL REESE
PRECURSOR DEL CINE NACIONAL.- Nació en Guayaquil en 1.906. Hijo legítimo del Dr. Manuel Cirilo San Miguel Sánchez, abogado que escribía en los periódicos “La Reacción” y “El Tiempo” de Guayaquil bajo el pseudónimo de “M. M.” tuvo su domicilio y estudio en una casa propia ubicada en Aguirre y Chimborazo; y de Rebeca Reese Berry, blanca, bajita y de ojos azules, heredera de las haciendas “La Saiba” al sur de Guayaquil y “La Palma” y “La Victoria” frente a Samborondón, naturales de Cuenca y Guayaquil, respectivamente( 1)

(1) Thomás Berry, natural de Boston, se estableció en Guayaquil casado con Rebecca Decker, ambos de origen americano irlandés. Arribó con capital propio e instaló un taller de fundición de metal mecánica, el primero en el país, confeccionando los dos aljibes de agua potable del cerro que entraron en funcionamiento en l.889. Después trajo a dos cuñados Decker de quienes también existe descendencia. Muy trabajador y competente soldador, hizo dinero y fueron padres legítimos de Jenny Berry Decker que murió niña, de Sara Eugenia Berry Decker ( Jenny II ) casada en el Callao con Albert Reese que falleció joven y en segundas nupcias con Gregorio Camposano, de Samborondón. Hijos de su primer matrimonio:

1 ) Albert Reese Berry, quien falleció de tuberculosis muy joven, casado con Carmen Señorina Camposano Vera, de Samborondón. Hijos: Enoé Rebeca Reese Camposano, nacida el 2 de Octubre de l.887, casada en l.908 con Clotario Paz Paladines, con sucesión. Débora Reese Camposano casada con Jorge Montero Vela, con sucesión. Alberto Reese Camposano,1 c.c. N. Holguín y 2 c.c. Hilda Rodríguez, con hijos de ambos matrimonios.

2 ) Rebeca Reese Berry, casada el 28 de Julio de l.903 con el Dr. Manuel Cirilo San Miguel, padres de Augusto San Miguel Reese, nacido en l.906, fallecido soltero y sin hijos.

Augusto fue hijo único y mimadísimo de su madre que se desvivía en todo por él. Un día el niño le dijo: Almuerzo si me compras un caballo. Esa misma tarde ella se lo adquirió. Su marido el Dr. San Miguel le decía: No lo engrías que lo vas a dañar, pero ella no le hacía caso.

Estudió la primaria con maestros particulares y cursó parte de la secundaria en el Colegio Vicente Rocafuerte donde pronto destacó como actor y poeta, trabajando con varios compañeritos en diversas obras teatrales, pero a causa de un incidente baladí ocurrido en los primeros años, le pegó a un profesor, fue expulsado del plantel.

Era un fornido mocetón de casi un metro noventa de estatura, blanquísima la piel con tonalidad mate japonesa, pelo y ojos negros y muy expresivos, que hablaba con facilidad y soltura al igual que su padre, de quien se decía que podía deleitar a cualquier auditorio una noche entera sin provocar cansancio; quien falleció en l.924 dejando a su viuda e hijo en posesión de una fortuna estimada en dos millones de sucres, compuesta de cédulas hipotecarias, dinero en efectivo, alhajas muy finas y dos casas de madera ubicadas en las esquinas noroeste de Aguirre y Rumichaca y 9 de Octubre y Rumichaca.

Entonces Augusto, que acababa de cumplir los dieciocho años, motivado por las películas mudas del exterior que diariamente se pasaban en los cines de la ciudad, dio rienda suelta a su pasión por las artes escénicas y como manejaba al antojo a su débil madre le sacó una fuerte suma para fundar la “Ecuador Film Co.” cuya gerencia asumió para producir y actuar en un primer largometraje nacional mudo y de ficción, de una hora de duración, con guión sobre el fabuloso tesoro de Atahualpa, que se supone que aún yace escondido en algún lugar de la cordillera de los Andes, para lo cual importó costosas maquinarias de los Estados Unidos y realizó numerosísimas tomas sobre la vida y costumbres de los indios y sobre los paisajes y sembríos que se observan durante el viaje en tren de Guayaquil a Quito. La película se filmó con la emoción propia de toda novedad, su estreno se realizó el 7 de Agosto en funciones de gala de los cines Eden y Colón y luego se llevaron las copias al resto del país. En Quito se estrenó el 10 de Agosto y Augusto se hizo famoso, cosechó aplausos, recibió la más favorable de las críticas, pero siendo tan estrecho el mercado nacional, la película le ocasionó una fuerte pérdida (2).

No contento con este primer logro realizó otro largometraje de ficción, también silente, basado en un argumento suyo titulado “Se Necesita una guagua” , sátira contra el Coronel Juan Manuel Lasso, quien invocando el fraude electoral cometido por el gobierno en favor del candidato oficialista Gonzalo S. Córdova, dió lugar a una revuelta conservadora encabezada por Jacinto Jijón y Caamaño, que culminó en el combate de San José de Ambi, cerca de Otavalo, el 12 de Septiembre de l.924, cuando los revolucionarios se desbandaron prácticamente sin presentar resistencia a las fuerzas del gobierno. La secuencia de una hora de filmación se realizó en Quito. Se estrenó en el teatro Eden de Guayaquil el 24 de Noviembre


(2) “Tesoro de Atahualpa” l.924.- Productor: Ecuador Film Co.- Director Augusto San Miguel. Intérpretes.- Evelina Macías ( Raquel ) Augusto San Miguel ( Jaime García ) Erick Van den Enden, de Hombre malo ( R. Matamoros ) Pepe Chevasco (Periquín Chumacera) Julia Stanfor ( Cómica ) F. Zaldumbide ( Indio Bramanchen ) Manuel Viscaíno ( Boxeador fantasma ) Jaime García es un estudiante de medicina que auxilia a un viejo indio quien le confía planos y señales para encontrar el tesoro. La búsqueda del oro propone un final justiciero y vengador. Según la prensa de la época el film conjuga hábilmente la aventura, el drama y lo cómico. Por primera vez se filma la vida marginal del indio y se recupera la cultura andina. Se puede observar los paseantes, los indios fleteros o guandos e imágenes de un viaje en ferrocarril desde la costa hacia la sierra. La tradición oral, depositaria de mitos y tradiciones indígenas, preserva un millar de búsquedas erráticas en pos del tesoro. El romanticismo de San Miguel, como sucede en los inicios de un cine nacional, elige un tema propio y asumido, más que la búsqueda de oro y piedras preciosas, subyace una metáfora frente al saqueo: la capacidad de un pueblo para recrear formas de resistencia. En el desenlace de la historia toda huella del tesoro se ha perdido para siempre, pero algo íntimo e inmanente no le fue arrebatado al indígena.

alternando con un documental igualmente producido por la empresa de San Miguel bajo el título de “Panorama del Ecuador”con escenas de un encuentro de fútbol interprovincial, las pasadas fiestas del carnaval, la corrida bufa organizada por los estudiantes universitarios, juegos atléticos en el hipódromo, el Ecuador Tennis Club, el Presidente de la República Gonzalo S. Córdova en la revista militar.. El 10 de Diciembre fue estrenada en Quito y aunque trató sobre un tema de actualidad arrojó otra fuerte pérdida (3).

Enseguida el incansable Augusto realizó un tercer largometraje silente y de ficción titulado “Un abismo y dos almas”, también con libreto propio, película calificada de ambiciones artísticas y técnicas más serias, sobre un argumento complejo de profundidad psicológica y temática social que antecedió en mucho al realismo de los años treinta. Fue filmada en diversas haciendas de la región interandina, “tragedia de costumbres nacionales basada en la triste odisea de un indio campesino, bueno y humilde llamado Juan, víctima de la brutal y desenfrenada explotación. Esta película pudo haber sido magnífica en esa heroica época del nacimiento del cine nacional pero al fallar la técnica no triunfó como todos lo esperaban; sin embargo, fue mérito indiscutible de Augusto San Miguel el haber llevado al cine la vanguardia del pensamiento social de su época y la urgencia de transformación en favor de los trabajadores, adelantándose a la literatura de denuncia social en una década.


(3) “Se necesita una guagua” l.924.- Productor: Ecuador Film Co. Director: Augusto San Miguel.- Interpretes.- Germán Lince Sotomayor, Humberto Dorado Pólit, Mélida Vizuete, Hilda Vizuete, Lucrecia Bosch, Félix Valencia y otros integrantes del Centro Cultural Félix Valencia. Anunciada como la primera película cómica hecha en el país, fue rodada en plazas y calles de Quito, parodia de un conato de revolución conservadora. Guagua es un quichuismo que significa niño y el título de la película alude al hecho de que el Coronel Lasso reclutó a mujeres campesinas que llevaban a sus niños en las espaldas.

Cuando se estrenó en el Eden el 7 de Febrero de l.925 causó mala impresión por lo controvertido del tema. Se anunció como una sanción para aquellos hacendados crueles con los indios y el público reaccionó desfavorablemente por prejuicios ancestrales. La crítica se mostró especialmente malévola; además, como en la película se presentó despectivamente a los propietarios de hacienda, muchos la consideraron subversiva, obra de un bolchevique peligroso.

También se presentó en el cine Variedades con los siguientes subtítulos explicativos. La vida del indio ecuatoriano. El tormento, la rebelión, el soplo de la tragedia y la venganza. Vida en las haciendas de la cordillera donde el indio ecuatoriano es maltratado cobardemente por sus patronos. La Ecuador Film presenta esta obra como una especie de sanción para aquellos hacendados desalmados que sin tomar en cuenta que el indio también es hombre, lo tratan como verdaderos animales.

El elenco estuvo formado por Aracely Rey como Angélica (4) Erick Van den Enden como el patrón, Humberto Dorado Pólit como don Luciano, Augusto San Miguel como el indio Juan. La protagonista Angélica comparte el sufrimiento de un joven indio, quien lleva a cabo una venganza contra su patrón. Al final, ante una terrible escena de golpes y crueldades, se rebela y yergue su cuchillo vengador rasgando el corazón del malvado patrón, para hacerle pagar sus múltiples culpas.

(4). Angélica Rey fue el pseudónimo usado por la actriz Rosa Julia Loffredo Rodríguez, que en 1.930 viajó a Hollywood, aprendió inglés, trabajó en las Follies y fue contratada por la Paramouth. En 1.931 se estrenó en el teatro Olmedo de Guayaquil la primera película hablada titulada “El Gran Gabbó”, poco después se presentó “Sombras de gloria”, hablada en español, donde apareció en un pequeño rol secundario como enfermera, al lado del cantante José Bohny y de la primera actriz Monca Rico. Más tarde casó con Carlos Gallegos Martínez y no tuvieron hijos. Enviudó en los años l.960. Estaba pobre y se ganaba la vida como modista de las primeras luminarias del cine norteamericano. Falleció en Los Angeles, de avanzada edad, el 27 de Junio de l.980 y su amigo Telly Zavalas a) Kojac, levantó una Capilla ardiente, reunió a varios amigos y le dió el tributo final.
El 18 de Marzo de l.925 estrenó en el teatro Popular de Quito la revista fílmica “Actualidades quiteñas” con la reposición de”Un abismo y dos almas”que exigía el público. En la revista se vé una pose del Presidente Gonzalo S. Córdova Rivera.

El 20 de Abril se pasó en el Eden de Guayaquil ”El desastre de la vía férrea”, reportaje sobre el desbordamiento de dos ríos sobre los cuales pasa la vía férrea Guayaquil - Quito. Acompañando a este reportaje se dio también las “Actualidades quiteñas.”

De allí en adelante, falto de financiamiento y desilusionado por hallar opiniones tan encontradas en su camino de precursor del cine mudo en el Ecuador, escribió una obra titulada “Yo no soy comunista” y con dinero de su madre viajó a Europa, para lo cual ella tuvo que vender una de sus casas.

Estaba comenzando la vida y se le consideraba un joven talentoso y polifacético, por ser autor, actor y director, poeta y dramaturgo. Su gran presencia física le atraía numerosas simpatías, las mujeres lo requerían con insistencia. Amaba a una dama chilena mucho mayor a él, circunstancia que impidió la formalización del matrimonio. Quizá, también por eso, su madre prefirió que se fuera del país.

Recorrió Francia, Inglaterra, Alemania, Bélgica e Italia. Radicado en Madrid dedicó su tiempo a lecturas y paseos, viviendo a cuerpo de rey como millonario sudamericano y no le faltaron los malos amigos que le enseñaron a beber ni las hermosas mujeres que esquilmaron sus bolsillos. En Europa se topó con uno de los Barriga Marín de Guayaquil que se hacía pasar por el fabuloso Marqués de Marín de Poveda. Sobre él se cuentan numerosas anécdotas de mucho interés.

Nuevamente en el Ecuador en l.930 desempeñó la secretaría del Comité Cívico que realizó la coronación del poeta Francisco J. Falques Ampuero en el paraninfo de la Universidad, luego fue contratado por la Compañía Nacional de Teatro de Marco Barahona que montó en Quito una pieza suya inédita hasta ahora, titulada “El último bohemio”con gran éxito; pero ya no era el mismo de antes pues estaba dominado por la bebida.

En l.931 escribió numerosos poemas sentimentales en Guayaquil y hasta intentó suicidarse en una noche de tragos, cortándose las venas al grito de “Quiero morir como Petronio” pero fue prontamente auxiliado por varios amigos que lo llevaron a la clínica Guayaquil y quedó asilado durante seis meses, atendido por el Dr. Armando Pareja Coronel, que le desintoxicó de la bebida pues no le dejaba probar un solo trago ni salir a la calle. Egresó a finales de ese año y volvió a la vida normal de sus primeros tiempos, escribiendo sobre arte y cultura para el diario “El Telégrafo”.

En un momento de lucidez produjo la obra dramática ”Una tristeza más en mi tristeza” que como todo lo suyo tiene tinte intimista, donde ya se puede apreciar los primeros síntomas del desarreglo conductual que había empezado a experimentar como consecuencia de su etilismo, pues había recaído.

El 33 actuó de orador en la campaña presidencial del candidato socialista Pablo Haníbal Vela Eguez y tomó la palabra en varias ocasiones desde el balcón del vespertino “La Prensa”, propiedad de Pompilio Ulloa Reyes, que funcionaba en García Avilés y Aguirre. La misma Compañía de Cabezas Pérez estrenó tardíamente su obra “Yo no soy comunista”en una carpa que tenía montada en un terreno vacío situado frente a la Plaza de la Victoria.

El 35 le recogió la Compañía de Guillermo Cabezas Pérez, a) William Head, quien tenía a cargo a un grupo de actores dramáticos y de variedades y estrenaron en una función de vermouth en el Eden su obra “Sombras”, que resultó del total agrado del público. Augusto tuvo que salir al escenario varias veces y sintiéndose obligado a referir la historia de su obra contó que una noche, mientras se encontraba en el interior de una pobre cantina en unión del poeta Enrique Segovia y gente maloliente, escuchó su máxima composición poética titulada “A la madre”, versos que recitó a continuación, provocando un gran llanto a su madre, quien se encontraba sentada en una de las primeras filas. El público deliraba sin cesar de aplaudir. Ese fue el mayor triunfo de su carrera, la prensa citadina se hizo eco del suceso prodigándole generosísimos adjetivos. Para entonces ya era considerado el gran trágico nacional como rezan los anuncios de prensa. “Sombras” trata sobre el amor de dos hermanos que deriva en una gran tragedia, tema muy delicado pues narra una situación incestuosa.

El 36 escribió una obra de compromiso en homenaje a los bomberos guayaquileños titulada “Tercer Cuartel”. Al año siguiente “Almas Bohemias” estrenada como la anterior en el Eden. Finalmente, para seguir sosteniendo sus continuas borracheras, su madre había hipotecado la segunda casa, la última que le quedaba y que por vieja amenazaba ruina, hasta que finalmente la vendió en poco dinero.

Augusto no había trabajado nunca, tampoco producía con sus películas y obras de teatro. Salía de su hogar vestido impecablemente de blanco con ropas nuevas y tras desaparecerse dos o tres días, volvía en las peores trazas, con ropas sucias y harapientas, amarradas a su cintura con soga, pues para seguir bebiendo había cambiado las nuevas por viejas. Su madre nunca se quejaba y le protegía siempre...

Cuentase que una mañana de alcohol escribió “Al revés de la razón”, obra que también se ha perdido pues aunque fue llevada a las tablas por la compañía de Guillermo Cabezas Pérez, nunca se publicó. Una tarde, acompañado de otro alcohólico como él, de apellido Iriarte, a quien dejó esperando en el zaguán, subió a la casa de su abuelo paterno el viejo Blas Miguel San Miguel, que había sido militar en sus años mozos, era hacendado y tenía fama de ser un sujeto bien parado, quien se encontraba tranquilamente descansando en una hamaca de la entrada y que al verlo en esas fachas se quedó perplejo. Augusto le saludó sin el menor recato”. Papabuelo”, a lo que el viejo le preguntó fingiendo sorpresa ¿Eres tú mi nieto? Si, Papabuelo, fue la respuesta. No puede ser... gritó indignado don Blas. Augusto agachó la cabeza y bajó avergonzado, sin atreverse a pedirle dinero, como era su intención.

Entre l.947 y el 49 hizo sociedad con el periodista Rodrigo Chávez González para representar sus estampas en el país y llegaron a las tablas los sainetes “El chofer guayaquileño” y “El sastre guayaquileño”, la tragedia “No pasaran” sobre la invasión peruana del 41 estrenada en el Cine Colón y el drama “Amor que mata” leído en Radio Cenit, “El Comerciante minorista” también para radio teatro; sin embargo la sociedad se disolvió a causa de los tragos de Augusto. Chaves escribió de allí en adelante para los miembros de la Compañía Gómez Alban que trabajaban en el cine Parisiana.

Finalmente, agotadas las reservas de dinero, su madre pignoró las joyas que también perdió una a una hasta que se quedó sin ellas. Augusto terminó empeñándole el velo y un finísimo misal de pasta de nácar y concha de perla con cerrojo de oro macizo de 18 kilates, que ella usaba los domingos con gran estima.

A principio de la década de los años cincuenta trabajó en la Compañía de Marco Barahona pero ya no era ni la sombra del actor que había sido antes y tuvo que salir a poco, estaba enfermo de cirrosis y no tenía fuerzas ni para sostenerse.

Entonces su madre le llevó al Hospital General donde le concedieron un cuarto reservado dada su condición de dramaturgo y poeta en desgracia. Ella le acompañaba noche y día como enfermera, asistiéndole en todo con mucho cariño. A ratos también le visitaba uno de sus primos San Miguel Pérez. La última tarde Augusto estaba en un largo sopor, seminconsciente y con los ojos cerrados, hubo un momento en que lanzó un suspiro muy profundo. Su madre empezó a llorar creyendo que había muerto pero él le dijo “Aun no, madre, aun no” Fueron sus últimas palabras y falleció a la media hora.

Después del entierro, mediante la intercepción de su sobrino político Clotario Paz Paladines la señora pasó al asilo del Bien Público, pero como siempre había sido quisquillosa y hasta soberbia, no se acostumbró y vivía largas temporadas en casa de su sobrina Enoé, con quien se había vuelto a amistar tras muchos años de distanciamiento. Con ella se acostumbraba mucho pues ambas habíanse criado en casa de doña Rebecca de Berry. En cambio, con los San Miguel era indiferente, pero los solía visitar de vez en cuando y solo a la hora del almuerzo. Cada quincena concurría al Asilo a recibir raciones de granos y otros comestibles que cambiaba por dinero en alguna barraca de la esquina, ya que no contaba con fondos para trasladarse en bus. Finalmente, como siempre había sido una gran dama y sabía portarse en sociedad, se hizo costumbre que un tiempo viviera con su sobrina Enoé y en otros almorzara en diversas casas conocidas, sobreviviendo de tan exótica manera pues ni desayunaba ni cenaba como es lógico suponer y hasta llegó a dividir a la parentela por días, para no abusar ni repetirse.

En l.954 enfermó de gravedad y fue trasladada al pequeño hospital del Hospicio Corazón de Jesús al frente del Bien Público, donde la visitaba el mismo pariente San Miguel Pérez y un hijo de su esposo llamado Manuel, con quien conservó hasta el final excelentes relaciones.

Estando en el Hospital cayó de visita una amiga que la había tratado en sus momentos de opulencia y al verla en tales circunstancias comentó con asombro que la vida era injusta. Ella la dejó terminar y como única respuesta dijo “Si volviera a nacer y tuviera otra vez dinero - como lo tuve - se lo daría todo a Augusto, como si nada hubiera pasado, pues él fue feliz a su manera y eso me llena a mi también de felicidad.

Tan abnegada madre murió una semana después dejando tras de sí el recuerdo de que jamás nadie la oyó quejarse - ni una queja, ni tan solo un lamento - por el cambio de su suerte, pues siempre demostró un total estoicismo y desprendimiento hasta el sacrificio.

Augusto San Miguel fue un fervoroso amante de la escena. El gran trágico le decían. Romántico, soñador y visionario. Como autor de guiones cinematográficos fue ligero, espontáneo, sencillo por la dificultad de tratar temas complejos que hubieran requerido de mayores técnicas de filmación cuando el cine aún era mudo, a más del altísimo costo del material y del elaborado proceso de laboratorio, porque todo había que enviarlo a procesar al exterior. A él debe nuestra Patria los primeros ocho trabajos del cine ecuatoriano, sus primeras películas mudas y cortometrajes. Como poeta fue añoroso y lleno de spleen. Lamentablemente su producción se perdió en manos bohemias y en cantinas de mala muerte y no está demás indicar que su madre ordenó en gesto quizá de protesta, que la enterraran con los papeles, documentos, fotografías, cartas, recortes de prensa, borradores y originales de su hijo.

Según la investigadora de la Cinemateca de la Casa de la Cultura de Quito, Wilma Granda, el primer registro de este arte en nuestro país sucedió en Guayaquil, únicamente eran imágenes en movimiento, es decir lo que se conoce como cine mudo o silente.

En 1906, cuando el italiano Carlo Valenti después de realizar una travesía por Centroamérica llegó al puerto principal del Ecuador con un cinematógrafo, se impregnaron las primeras imágenes en movimiento de Guayaquil y Quito.

"La procesión del Corpus en Guayaquil", fue el primer registro cinematográfico realizado en nuestro país, esto ocurrió el 14 de junio de 1906. El teatro Olmedo fue el sitio donde los guayaquileños pudieron observarse a sí mismos participando de esta celebración religiosa, tal suceso causó conmoción en la ciudadanía debido a la exactitud de quienes observaban el filme con los que estaban en las imágenes, al punto que se pidió que se repita la novedad varias veces.

En el período liberal, su máximo líder, el general Eloy Alfaro, se valió de este instrumento para impregnar las imágenes de este país, y de esa forma promover a la inversión extranjera en el Ecuador. Hubo registros históricos como la llegada del ferrocarril a Quito.

Los sitios para mirar las vistas, que eran importadas desde Estados Unidos y Europa eran los teatros, en los que se exhibían películas como El hotel encantado, El enamorado de la luna y La casa tranquila. La empresa de los Hermanos Casajuana, fue la que trajo estos filmes de Europa y Estados Unidos.

En el salón del colegio Mejía, El Popular, el Puerta del Sol, el Royal-Edén o en refaccionado Sucre en Quito, eran los lugares donde se exhibían las películas traídas del exterior a la capital.

Fue la compañía de los hermanos Casajuana quien contrató a los artistas del país para musicalizar los filmes importados de Europa y Estados Unidos, ahí nacieron voces como la de la memorable Carlota Jaramillo.

La llegada del cine sonoro a nuestro país y la importación de 700 películas del exterior, fue lo que acabó con la pequeña edad de oro del cine ecuatoriano, debido a que el sonido y su procesamiento elevaba el costo varias veces; sin embargo quedó un grupo de cineastas aficionados que registraría los grandes momentos de la historia del país, como la aviación con sus precursores Elia Liut y Cosme Renella.


Extranjeros

Varios extranjeros llegaron a nuestro país a finales de la década del 40 para recopilar principalmente datos etnográficos del Ecuador, entre ellos se destacan el sueco Rolf Blomber y el chileno Alberto Pérez Santana a) Alberto Santana, este último pionero del cine sonoro en Chile, Perú y Colombia.

Se conocieron en Guayaquil (1949) y Amanecer en el Pichincha (1950), fueron las primeras películas sonoras realizadas en nuestro país, la primera en el muerto principal y la segunda en Quito. Ambos largometrajes dé ficción.

Una de las formas novedosas para poder tener réditos económicos fue la de crear cupones o bonos para venderlos; cada uno costaba 300 sucres y así la gente colaboraba con la realización del filme.

El cine documental noticioso se fortalece en la década del 50. Agustín Cuesta en Quito y Gabriel Tramontana en Guayaquil, recopilan información histórica. Las reproducciones son utilizadas para propaganda de los gobiernos a nivel interno del país. Velasco Ibarra, la Junta Militar, la dictadura del general Rodríguez Lara, son plasmados en las películas de estos productores.

El género de la ficción no tuvo acogida en esta época, a excepción de 1959, fecha en la que se realiza La vida de Santa Mariana de Jesús, con la actuación de la aristocracia serrana.

Ecuador fue utilizado por las empresas mexicanas en el año 67 para realizar sus películas, debido a que en allá los sindicatos habían paralizados la industria del cine.

Recopilación de clásicos europeos

Jorge Enrique Adum, Alberto Borges, Ulises Estrella, son quienes en la década del 70 recopilan películas de los clásicos europeos, además de lo que se había realizado a nivel nacional; de esta manera se genera una especial atracción por este arte a nivel de la clase media.

En la década del 80 Camilo Luzuriaga, Pocho Alvarez. Gustavo Corral, Edgar Cevallos, empiezan a realizar documentales del Ecuador gracias a que la Casa de la Cultura Ecuatoriana y la Unión Nacional de Periodistas auspiciaban la producción de películas. Los filmes estaban enmarcados dentro de la ideología del nuevo cine latinoamericano, que trata de denunciar la realidad del país.

Sensaciones, La Tigra y Entre Marx y una mujer desnuda, son las tres películas que se realizan en la década del 90. La intermitencia con la que se han realizado los filmes en el Ecuador, es la característica de nuestra histórica cinematográfica.

La falta de tradición teatral como México y Argentina, además de la colaboración por parte del Estado a esta actividad fue lo que ha propiciado que no exista una línea del cine en nuestro país.

Chile, Argentina y México, antes de que sus películas tengan el éxito esperado, ya se exportaban a diversos países entre ellos el nuestro, lo que generó réditos económicos para sus productores, cosa que no se realizó en nuestro país. "No adquirimos la necesidad de expresarnos en imágenes, ese es el gran vacío que se siente hasta ahora en el cine nacional".

Además no se reinvertía en el cine, se dedicaron a comprar sistemas de video, por lo que empezó a florecer una pequeña industria de este género a nivel nacional. Sin embargo debían actualizarse, ya que cada año salían nuevos equipos, que se importaban a costos cada vez mayores, este fue otro de los motivos por los cuales el cine en el país no se desarrolle.