DOMINGO DE SANTO TOMAS
LINGÜISTA.-
Nació en Sevilla, profesó e hizo sus
estudios en el convento de San Pablo de esa ciudad,
después pasó al Colegio de Santo Tomás
y cuando Fray Reginaldo de Pedraza buscaba seis religiosos
para llevarlos al Perú, se ofreció a
ser uno de ellos, pasó a Indias, se halló
en 1534 en la fundación de Piura, figurando
entre los primeros conquistadores. De allí
en adelante vivió varios años en la
costa, aprendió el idioma yunga y enseguida
el quechua, lenguas que llegó a dominar.
Desde 1540 catequizó
a los indios del valle de Chicana, enseguida pasó
a Chancay, a Chinchas y a Huaylas, fundó los
conventos dominicanos de esas poblaciones y ganó
el afecto de los indios.
En 1545 fue nombrado Prior
del Convento de Lima. El 48 le conoció y trató
el cronista Pedro Cieza de León, a quien dio
amplia información, pues ya era maestro en
cosas de indios.
Ese año pasó
al Cusco con el Pacificador Pedro de La Gasca, asistió
al Capítulo dominicano y fue designado Predicador
General y lector de la cátedra de Prima de
Teología en la recién creada Universidad
de San Marcos, que comenzó a funcionar como
estudio general en la capilla del convento de esa
imperial ciudad, siendo el primero en graduarse de
Doctor.
En 1551 el General de su Orden
le nombró Visitador de los Dominicanos del
Perú. El 52 Vicario General. Posteriormente,
en una Junta celebrada en Lima entre el Arzobispo
Jerónimo de Loayza y el Oidor Andrés
Cianca, lo comisionaron para que procediera a empadronar
a los indios, fijándoles las tasas que debían
pagar, lo cual le atrajo la enemistad de los Encomenderos,
pero no se arredró.
En el Capítulo dominicano
de 1553 celebrado en Lima fue electo Provincial, y
como tal protegió a la Familia del Inca Atahualpa.
(1) El 57 viajó a España y asistió
al Capítulo General Dominicano de Roma, obteniendo
que el Papa Paulo IV declarara un Jubileo plenísimo
para el Hospital de Santa Ana, según lo había
solicitado el Arzobispo Loayza.
En 1560 editó en Valladolid,
en la imprenta de Francisco Fernández de Córdova,
la primera "Gramática o Arte de la Lengua
General de los Indios del Reyno del Perú"
y el primer "Vocabulario de la Lengua General
del Perú llamado quechua", que tuvieron
general aceptación y sirvieron para posteriores
estudios lingüísticos. Dicha Gramática
y Vocabulario fueron de uso corriente en las enseñanzas
de la doctrina de los colegios de Quito, Lima y Charcas.
(1) Fray Domingo de Santo Tomás protegía
a cinco hijos de Atahualpa en los conventos dominicanos
de Lima y Cusco, dándoles sustento, comida
y abrigo y hasta llegó a constituirse en Procurador
de ellos considerando la desatención de los
Virreyes del Perú; por eso hizo que Domingo
y Francisco Atahualpa levantaran una Información
sobre su legitimidad en el Cusco el 14 de Noviembre
de 1554 y otra en Lima al 28 de Abril de 1555 donde
declararon un tío de Atahualpa hijo de Túpac
Yupanqui y otro indígena octogenario, quienes
habían asistido a las fiestas que el Inca daba
en el nacimiento de sus hijos; así como un
sirviente del palacio del Inca, Doña Inés
Yupanqui esposa de Francisco de Ampuero vecino de
Lima y de los propios dominicanos Fray Gaspar de Carvajal
y Fray Domingo de Santo Tomás; quien, además,
hizo de Procurador en Cortes, pues llevó la
documentación al Rey, consiguiendo una Cédula
para que el Virrey Marqués de Cañete
ordenara la entrega de seiscientos pesos tomados de
las Cajas Reales, por dos vidas, a favor de Diego
llaquita y de Francisco Ninancoro, hijos de Atahualpa,
en las princesas Chumbi-Carüa el primero y Naxi-Coca
el segundo. El otro hijo de Atahualpa, llamado Juan
Quispe-Túpac, era habido en la Princesa Choquesuyo,
pero Quispe-Túpac ya había fallecido
desde antes. Se conoce también que existían
dos hijos de Atahualpa recogidas en el Convento dominicano
del Cusco, quienes habían recibido del mismo
Fray Domingo de Santo Tomás, como limosna y
por piedad, un pedazo de tierra para sembrar.
Raúl Porras Barrenechea
ha escrito que por entonces la aprehensión
de las lenguas indígenas fue lenta y difícil,
en las primeras crónicas solo se recogieron
algunas palabras, generalmente correspondientes a
personajes o lugares, groseramente deformados. Algunos
soldados aprendieron el quechua de boca de los intérpretes
Felipillo y Martinillo, pero aún en 1550 era
muy corto el caudal de palabras incorporadas, de suerte
que la labor efectuada por Santo Tomás, aparte
de ser de gran interés científico, fue
muy útil y necesaria para ese momento, permitiéndo
la popularización de la lengua del Inca entre
los españoles cultos, favoreciendo posteriores
estudios y facilitando el gobierno virreynal. Fue
el primer paso para la creación de cátedras
de quehua en conventos y universidades y para exigir
el conocimiento de ese idioma a los misioneros que
iban a catequizar.
El Emperador Carlos V le presentó
para el obispado de Charcas por muerte de Fray Tomas
de San Martín, que aunque fue consagrado, murió
antes de entrar en su iglesia. Por eso se dice que
Fray Domingo de Santo Tomás fue el I Obispo
de Charcas.
En 1561 estaba de vuelta en
Lima, el 62 le llegaron las Bulas y fue consagrado
por Loayza con la pompa y el boato acostumbrados.
Entonces partió a su diócesis y al pasar
por Paucarcalla dispuso que se construyera una iglesia
a su costa. El viaje fue largo y recién en
1567 tomó posesión de su diócesis,
formó unos célebres estatutos, dio ejemplo
de la mayor virtud y regresó a Lima para asistir
al Concilio convocado por Loayza.
Otra vez en Charcas, falleció
en 1570 y fue sepultado en la Catedral. Se conserva
su retrato en la Universidad de San Marcos y sus obras
le consagran como el iniciador de los estudios quechuas
y el primero en haber tratado de estructurar una gramática
y un vocabulario que sirvieran para el aprendizaje
de tan bella lengua, reputada una de las más
hermosas del mundo por su natural sonoridad.
Todavía no se ha profundizado
en el estudio de otra de sus facetas más valiosas,
la del etnólogo, que lo fue en grado superlativo,
pues estuvo entre los primeros españoles en
el Perú que se interesó en investigar
las costumbres y ceremonias religiosas de los indígenas,
"consignándolas en escritos que vieron
y aprovecharon algunos cronistas" como Cieza
de León,