ANTONIO VASQUEZ DE
ESPINOSA
CRONISTA.- Nació
en la villa de Castilleja de la Cuesta, Jerez de la
Frontera, España, en el último tercio
del siglo XVI.
Se conoce el nombre de dos
de sus hermanos que sirvieron cuarenta y seis años
en la Armada Real y en la carrera de las Indias y
murieron valerosamente el Viernes Santo de 1626, peleando
en alta mar contra tres naves holandesas, desde la
mañaña hasta la media noche, y llamaban
Juan y Francisco Vázquez, siendo Capitán
el primero de ellos, por lo que se infiere que debieron
ser de familia hidalga aunque de escasos recursos
y por un Memorial presentado también se conoce
que Fray Antonio tenía hermanas y sobrinas
pobres que remediar.
Muy joven debió entrar
de religioso a la Orden de Nuestra Señora del
Carmen, donde sobresalió como orador sagrado
y adquirió el título de Censor teólogo
del Tribunal de la Inquisición, en cuyo desempeño
pasó desde Jerez a las Indias el año
de 1612, figuró en México, Yucatán
y Honduras y tomó apuntes con el laudable propósito
de describir las Indias Occidentales.
En 1613 visitó León
y Granada en Nicaragua y recorrió el resto
de esos territorios, sobre todo anduvo por Amapala,
de donde pasó a San José de la Montaña
en Costa Rica y de allí a Panamá, Portovelo,
Veragua y Santa María la Antigua. En 1614 estuvo
en las minas de esmeraldas de Muzio, conoció
Antioquia, las villas de Cáceres, Zaragoza,
La Plata y Bogotá. Enseguida pasó a
Popayán, al valle del Cauca, conoció
Cartago y Toro y finalmente bajó a Pasto y
Quito.
En nuestro territorio describió
la villa de Latacunga y la provincia de los Quijos
hasta Sevilla de Oro en Macas. Sobre el distrito de
Guayaquil se extiende para tratar de sus poblaciones
y vecinos. De Daule dice que es tierra caliente y
en su río abundan los caimanes, refiriendo
el raro caso de la Cacica María Cayche, persona
de mucha razón y cortesía, que mató
a un caimán ayudada únicamente por un
palo, para asombro, ejemplo y memoria, calificando
el hecho de digno de figurar en la historia aunque
muy temerario. Crónica a medias, entre historia
y periodismo.
Por el camino a Cuenca entró
a las minas de Zaruma, a Loja y finalmente en 1615
estuvo en el Perú, visitó los caminos
reales desde Túmbez a Trujillo, pasando por
Saña y Piura, se bañó en las
termas de Cajamarca, (1) describió las villas
de Chachapoyas, Jaén y Motilones hasta el río
Marañón, contando la sangrienta historia
del célebre Capitán Lope de Aguirre,
que fue a morir con los suyos en la isla Margarita
en el Caribe. Finalmente habla largo de las grandezas
de Lima y las fortificaciones del Callao, pero como
era un caminante incansable, siguió al sur,
a los valles de Jauja, Pisco, Villacurí e Ica,
alabando las frutas, sobre todo las uvas, que son
como las de España.
Después visitó
Huanuco, Huaylas y su célebre callejón,
Camaná, Arequipa y sus volcanes, Guamanga y
las minas de azogue de Huancavelica. Entonces tomó
para el Callao y entró a Andahuaylas, al Cusco,
donde realizó una morosa descripción
de sus pasadas grandezas y aunque declara que no es
historiador, se detiene para dar muy interesantes
noticias sobre los Incas, tomadas de Gomara, Herrera,
Acosta, Garcilaso y Solórzano, autores que
debió consultar ampliamente para tener un claro
concepto de esos acontecimientos.
(1) Al arribar a Chachapoyas le designaron Capellán
Mayor de la Expedición concentrada en Chachapoyas
para la conversión final de los indios Motilones,
reacios a todo contacto con la civilización
europea; gastó 4.000 pesos en esos preparativos,
pero la aventura no trajo resultado alguno. Después
describirá las ruinas de Pucará, que
le causaron admiración y asombro.
Por el Callao siguió
a la actual Bolivia, encontrándose en Chucuyo,
Paucarcolla y La Paz. Sin cansarse llegó a
la provincia de Paria, el valle de Cochabamba y las
minas de Potosí, donde se detuvo para dar noticias
eruditas sobre sus beneficios. Bajó a los valles
de Santa Cruz, regresó por La Plata hacia Chile,
atravesando el desierto blanco de Atacama y las "cosas
raras que hay allí".
En 1618 estuvo en Tucumán,
Santiago del Estero y La Rioja. Tampoco falta la descripción
de la provincia de Paraguay, especialmente de su capital,
Asunción. Nuevamente en movimiento, describió
Santa Fe, Buenos Aires, Córdova y Santiago
de Chile, subiendo hasta Concepción, Villa
Rica, Valdivia y Osorno, en un periplo verdaderamente
admirable.
En 1619, nuevamente en Lima,
tomó datos y estadísticas, de la que
es muy rica su obra; siguió a Guatemala por
vía marítima, jactándose de haber
andado, visto y considerado, no solo lo más
de aquel nuevo orbe (Nueva España, Honduras,
Nicaragua y todo el reino del Perú) sino "los
naturales de los indios en general y en particular".
Posiblemente por sus estudios
conocía el Latín y el Hebreo, no así
el Griego, cuya única cita es inexacta. En
Lima trató al afamado Dr. Antonio de León
Pinelo, con quien hizo buena amistad; pues, éste
último, lo menciona en sus obras.
También parece que su
viaje no fue solamente una aventura con matices turísticos,
de la que felizmente nos ha quedado memoria a través
de su obra principal; sino que, además, fue
un fructuoso viaje de predicación, conversiones
y se calcula que pronunció cosa de dos mil
sermones y bautizó a más de tres mil
indios, pues tenía actitud feliz y facilidad
portentosa para hablar lenguas y dialectos, muchos
de los cuales aprendió perfectamente. (2)
(2) Se dice que el idioma aymará
lo aprendió en poco más de un mes.
En 1622 regresó a España y publicó
el año siguiente en Madrid un "Sumario
de las Indulgencias", obra religiosa que fuera
elogiado por el crítico Nicolás Antonio
como obra de erudición y de piedad. Ese año
editó en Málaga, en la imprenta de Juan
Rene "Viaje y navegación del año
1622 que hizo la Flota de Nueva España y Honduras",
con el Memorial de su amigo León Pinelo inserto.
En 1624 dio a la luz también en Málaga
un estudio sobre las "Circunstancias para los
tratos y contratos de las Indias del Perú y
Nueva España", cuya naturaleza eminentemente
jurídica revela otra de sus facetas. También
se le conoce un "Confesionario General, luz y
guía del cielo y método para poderse
confesar" que no se ha publicado.
En 1627 escribió en
Sevilla un Resumen previo del gran libro que se proponía
publicar sobre sus viajes, que presentó a conocimiento
y estudio del Consejo de Indias y que fue a parar
al repositorio de obras de uno de los Consejeros,
llamado Luis de Paredes, hombre culto y ordenado,
que formó una colección de documentos
de Indias llamada luego la "Colección
Tapia y Paredes", encuadernada en pergamino,
en gruesos tomos (3). Entre 1627 y el 29 Vázquez
de Espinosa debió seguir trabajando en su obra
de Viajes, que tituló "Compendio y Descripción
de las Indias Occidentales".
En 1629 escribió un
ensayo sobre las defensas del Perú, finalmente
logró una Cédula de recomendación
para que el Virrey del Perú le empleara en
algún curato con beneficio y posiblemente hubiera
tenido que volver a Indias con la gloria de haber
dado al mundo una obra tan interesante como la suya,
para la cual, ya había sacado la debida licencia
eclesiástica y hasta tenía entregada
y en prensa, cuando le sorprendió la muerte
en 1630, quedando a medias sus esfuerzos, porque la
obra no llegó a terminarse ni a salir.
(3) La Relación se compone de un Mapa, 34 folios,
las Estadísticas, todo lo cual ofrece un panorama
completo de la estructura colonial.
Así las cosas, hacia
1918, el Director de la Escuela Estadounidense de
Estudios Clásicos, Charles Upson Clark, latinista
y filólogo eminente, graduado en la Universidad
de Yale y Profesor del Instituto Americano de Estudios
Clásicos de Roma, halló dentro de la
colección barberiniana, el manuscrito de Vázquez
de Espinosa, pero sin referencia alguna de quien pudiere
ser su autor, de suerte que tuvo que aceptarlo como
anónimo. En 1930, al renovarse sus trabajos
en Roma, insistió en dicho manuscrito, sacó
copias, las envió a ciertos eruditos amigos
suyos y pronto el Dr. Ernst Schafer, historiador del
Consejo de Indias, le manifestó que era la
obra extraviada de Vázquez de Espinosa, de
la que se tenía noticias por León Pinelo
y ciertas eruditas referencias.
Entonces las autoridades de
la Biblioteca Vaticana donde reposan los originales,
dieron su autorización para sacarle copias
y así comenzó una ardua labor de traducción
al inglés, publicándose en ese idioma
en 1942, por cuenta de la "Smithsonian Institution"
de Washington. Posteriormente se cotejaron los originales
nuevamente y en 1948 apareció en español,
(4) bajo los auspicios de la misma institución.
(4) El manuscrito está
encuadernado en tafilete rojo, repujado en oro con
las abejas barberinianas en las esquinas. La primera
parte consiste en 80 hojas impresas a dos columnas.
Después de una hoja en blanco viene la segunda
parte con 32 páginas impresas y 194 hojas escritas.