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FRANCISCO JAVIER BALMIS Y BERENGUER
MEDICO.- Nació en Alicante. España, el 2 de Diciembre de 1753. Graduado de Médico y Cirujano hizo cuatro viajes a América. En 1781 como Cirujano del Ejército. En 1791 y el 92 para estudiar las plantas medicinales y el último en 1798. Era un conocedor de los usos y costumbres americanos y tradujo al español el “Tratado histórico de la Vacuna” escrito en francés por Moreau de Sarthe. (1)

Domiciliado en 1800 en Madrid de Médico de Cámara, trabajó de brazo a brazo en la Junta de la Vacuna. (2) A principios de 1803 Carlos IV le designó Director de la Expedición de la Vacuna para América y las Filipinas con un sueldo más bien escaso, la responsabilidad de conservar la vacuna en actividad y la obligación de adiestrar a sus subordinados, mantener un botiquín y llevar la estadística de las vacunaciones efectuadas.

(1) La Vacunación se inició en Occidente con Eduard Jenner, médico inglés nacido en Berkeley, Condado de Gloucestershire en 1749, Hijo de un pastor protestante, estudió medicina con Daniel Lydlow, Cirujano en Soldbury. En 1770 se trasladó a Londres donde tras largos experimentos, puso en práctica su método para inmunizar a los niños y adultos contra la temible enfermedad de las viruelas, que entonces hacía estragos en toda la humanidad. Jenner había observado en el campo, cuando hacía sus prácticas como médico rural, que los vaqueros ordeñadores que sufrían las viruelas de las vacas llamadas Cow-pox y era relativamente benigna, no padecían la humana casi siempre mortal. Asimismo se sabía que los chinos y las circasianas conocían la inoculación profiláctica de las viruela, práctica introducida en 1717 en Inglaterra por Lady Montagu, esposa del Embajador británico en Turquía; pero, esa inoculación, realizada a base de pus varioloso, era bastante peligrosa. Jenner se dedicó a estudiar el problema durante veinte años. Finalmente inoculó al niño James Philipps con pus de una vaca lechera infectada de cow-pox y al cabo de ocho días lo hizo con viruela humana, sin que el niño presentara síntomas de haber contraído tal enfermedad. De esta forma demostró universalmente la validez de la vacuna y sentó un principio que más tarde habría de llevar a la inmunización contra otras muchas enfermedades como por ejemplo la fiebre tifoidea, el cólera, etc. Este gran benefactor de la humanidad falleció anciano y rodeado del aprecio de los pueblos en 1823.
El 3 de Noviembre la Expedición partió del puerto de La Coruña a bordo de la corbeta María Pita. La componía el Dr. Balmis, el subdirector Lic. José Salvani, los Ayudantes Ramón Ochoa, José Grajales y Antonio Pastor, veintidós niños de ocho a diez años tomados de la Casa de Desamparados de Madrid y que no habían sufrido la enfermedad y a quienes se les fue haciendo sucesivamente la vacunación de brazo a brazo, varios empleados subalternos y el implemento médico del caso. También traía unos quinientos ejemplares de la traducción de Balmis del Tratado histórico de la Vacuna.

Arribaron a Santa Cruz de Tenerife en el archipiélago de las Islas Canarias, estuvieron en San Juan de Puerto Rico, La Guayra, Caracas, La Habana, Yucatán, Campeche, Veracruz y Méjico donde Balmis dividió a los expedicionarios, tomando a cargo los trabajos en México y las Filipinas y enviando al Lic. José Salvani a los Virreinatos de Nueva Granada y Perú.

Su misión no fue del todo exenta de penalidades y contratiempos. En México tuvo roces con el Virrey, luego con las autoridades de Manila, pues era de por si autoritario, de reacciones rápidas, amigo de que todo marche a reloj y bajo un orden previsto porque tenía conciencia de su misión y quería que no hubiera fallas.


(2) En Octubre de 1803 el Consejo de Indias recibió doce trasquiles de cristal inventados y usados en Inglaterra para conservar la vacuna. En Febrero de 1804 la Academia de Medicina de Madrid dispuso de dos de esos trasquiles con el fluido colocado según el método inglés y las instrucciones correspondientes, pero no se llegaron a utilizar pues ya se había anunciado el invento de un mejor procedimiento a través de dos vidrios, uno de los cuales tenía una oquedad para la colocación de la linfa y su conservación fresca hasta por diecisiete meses. I mientras esto ocurría en Madrid, a Buenos Aires arribaban directamente desde Puerto Rico y enviados por Balmis, varios frasquitos que los médicos de esa ciudad empezaron a utilizar. El Virrey mandó dos de ellos a su colega del Perú, para su utilización en Lima. Allí se empezó a trabajar pero los resultados no fueron nada halagadores porque el fluido no prendía en la casi totalidad de las vacunaciones.
Durante sus años en América y las Filipinas desarrolló una gran empresa humanitaria que el propio Jenner aplaudió sin reservas desde Londres, siendo Balmis el primero en organizar la lucha antivariólica, como alcance continental de medicina preventiva.

Entre sus deducciones formuladas a su regreso a España estaba que la vacuna, aparte de su función primordial de defensa contra el contagio de la viruela, tenía poderes para calmar los dolores de la dentición de los niños, aceleraba la salida de los dientes, actuaba como antihelmíntico pues producía ligera hipertemia, cólicos y se evacuaban las lombrices. Había arreglado a muchas mujeres que sufrían de la supresión del menstruo o no lo tenían arreglado. Finalmente, su Ayudante Salvani, anotaría también que en los países de climas tropicales, donde existía mucha sarna, la hacía descascarar y finalmente la curaba.

En Madrid fue designado Inspector de las Juntas de Viruela para toda España y presentó un proyecto de Reglamento para España y América, pero se vio sin sus bienes a causa de los trastornos políticos y militares causados por la invasión y ocupación francesa y los luctuosos acontecimientos que siguieron.

Su muerte ocurrió en la capital española de avanzada edad.