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JOSE SALVANI
MEDICO.- Graduado de Médico y Cirujano obtuvo un empleo como Médico de los Sitios Reales y en 1803 fue Ayudante de la Expedición de la Vacuna para América y las Filipinas, cuya dirección le correspondió al Dr. Francisco Javier Balmis y Berenguer.

A fines de año partieron de La Coruña y tras hacer escala en las Islas Canarias y en varios puertos americanos, llegaron a México en 1804. Entonces Balmis le dio el mando de la Expedición a Bogotá, Lima, Santiago de Chile y Buenos Aires, que Salvani organizó rápidamente con varios ayudantes y algunos niños que no habían sufrido la enfermedad y a los que se vacunaría de brazo a brazo para no perder el fluido.

En 1805 pasaron a Cartagena de Indias, después sufrieron un peligroso naufragio en las bocas del río Magdalena, cerca de Barranquilla, del que sin embargo se salvaron todos los miembros y tras visitar varias ciudades más arribaron a Túquerres, Pasto, Tulcán, Ibarra y Otavalo y el 16 de Julio a Quito.

"Las autoridades y vecinos salieron a su encuentro. Los más distinguidos personajes tenían a honra llevar en sus brazos a los niños de la expedición. Se cantó una Misa en la catedral y a las primeras vacunaciones asistió el Presidente Carondelet, el Obispo Cuero y Caicedo, y los hombres notables de la administración."

Los expedicionarios permanecieron diez meses en Quito. El 3 de Agosto se organizó la Junta Filantrópica para la vacunación en el Salón de actos de la Universidad de San Gregorio el Magno y los miembros conocieron y aprobaron un Reglamento enviado por el Virrey de Santa Fe de Bogotá.

El 13 de Septiembre partieron Salvani, los vacunadores y niños a Ambato y Riobamba. Durante el trayecto instruían a los curiosos.

El 12 de Octubre estaban en Cuenca, ciudad que los recibió con un "Solemne Te Deum de Acción de Gracias y al día siguiente con Misa y sermón, tres días de corridas de toros, carreras de caballos, baile de máscaras, iluminación general, chamizas en los cerros, fiestas de los indios del los contornos y diversiones para todos"; luego se organizó la Junta de la Vacuna, instruyéndose sobre la manera de vacunar, Inmunizando a siete mil personas. Finalmente pasaron a Gualaceo y Azogues, poblaciones que sufrían los estragos de una violenta epidemia de viruelas.

El padre bethlemita Justiniano de los Desamparados ayudó en todo, v cuidó de los niños de la expedición, practicó la vacunación, etc.

El 16 de Septiembre de 1805 partieron a Loja. Allí vacunaron a 1.500 personas, pasaron a Gonzanamá, Cariamanga, Chapamarca. En Piura enfermó Salvani de agotamiento y tuvo que descansar dos meses. Enseguida estuvieron en Lima, se llevó la sorpresa se saber que ya conocían el fluido y fueron recibidos con Misa de Acción de Gracias, iluminaciones, etc. (1)

El Cabildo lo alojó, agasajó y hasta fabricó una sala para la Junta Central Conservadora del fluido; donde, a poco, Salvani la instaló, de la que fue Vicepresidente. Enseguida ordenó a su ayudante José Grajales que continuara a Santiago de Chile con parte de su personal y algunos niños, pues se seguía utilizando el método de brazo a brazo.


(1) En Octubre de 1805, es decir, pocos meses antes de la llegada de la expedición a Lima, el Virrey de Buenos Aires había remitido a la capital peruana, dos de los frasquitos tipo inglés con la linfa contra la viruela, de los usados en la expedición de Balmis, que éste habíale enviado desde Puerto Rico. El Dr. Pedro Belomo, Cirujano del Apostadero del Callao, inoculó a unas treinta y seis personas, pero solo le prendió a un muchacho de cuatro años de edad, resultando esta primera inoculación un verdadero fracaso.
En Lima contó con la invalorable ayuda de varios facultativos como los Dres. Devoti, Dávalos, etc. que inocularon el fluido a muchas personas. En el interim elaboró y presentó un Informe al Virrey José de Abascal y Souza, sobre las ventajas y resultados de la vacunación antivariólica.

En Noviembre fue incorporado a la Universidad de San Marcos con los grados de Licenciado y Doctor en Medicina y presentó como trabajo "Galvanismo y Vacuna" novedades que llamaron poderosamente la atención. El Dr. Hipólito Unanue pronunció el discurso de Elogio y ambos trabajos fueron publicados al año siguiente, en 1807, en las páginas del periódico limeño "Mercurio Peruano", bajo el título de "Actuaciones literarias de la Vacuna en la Real Universidad de San Marcos."