ALFONSO ANDRADE CHIRIBOGA
BIBLIOFILO.-
Nació en Cuenca el 18 de Julio de 1881. Hijo
legítimo del Sargento Mayor Luis Andrade Morales,
que en un viaje a Quito se enamoró desde la
calle de Mercedes Chiriboga Tinajero, joven huérfana
prometida al Dr. Pedro Fermín Cevallos, quien
la doblaba en edad. Andrade se casó con ella
y tras algunos años de estadía en Quito
la llevó a vivir a Cuenca, tuvieron once hijos
y fueron muy felices.
Fue el décimo hijo de
tan larga familia y desde los cuatro años demostró
gran afición a la música. Tocaba las
teclas del piano familiar y según contaba después,
había ocasiones que tenían que levantarlo
llorando del taburete. Aprendió toda clase
de instrumentos desde la guitarra en prima, también
hacia música con los objetos más raros
como una hoja de árbol, un serrucho y vibrando
varios vasos con agua obtenía sonidos melodiosos.
De seis años fue a la
escuelita del Profesor Ezequiel Crespo donde culminó
la primaria. En 1893 ingresó al Colegio Seminario,
fue discípulo del Canónigo Nicanor Aguilar,
quien le tomó afecto, se convirtió en
su mentor y enseñó las reglas de la
métrica y Preceptiva Literaria. Entonces comenzó
a escribir Décimas amatorias, bucólicas
y marianas (estas últimas a la Virgen de Mayo,
también llamada de la Esperanza por la Sociedad
Literaria de ese nombre, que había sido conocida
como Virgen de Loreto hasta la salida de los Jesuitas
en 1767).
Por eso se ha dicho que su
romanticismo discurría por cauces amorosos,
eglógicos y religiosos, influido por las rimas
del suavísimo Becquer más que por la
vuelta al clasicismo.
Como buen músico engalanaba
la vida social de su tiempo. "Todos los hermanos
cantábamos, eran ocho voces de buen timbre
y perfectamente concertadas, que al compás
de las palancas y cascabeles sacudidos por los grillos
de la orilla, interpretábamos las estrofas
de El Pirata de Espronceda".
En 1897 falleció su
padre y heredó la casa de la calle Bolívar
y Tarqui frente al Cenáculo. Ese año
entró a estudiar Derecho y tras seis años,
al egresar, prefirió la agricultura y no llegó
a graduarse de Doctor.
En 1900 era un joven serio,
virtuoso y participó en el segundo Liceo de
la Juventud que editaba la revista mensual "La
Cuencana."
En 1901 llegó de Europa
su cuñado Federico Malo Andrade y fue designado
Rector del Colegio Benigno Malo. Su influencia - era
una gentleman elegantísimo - sobre nuestro
biografiado - muy menor a él - hizo que cambiara
sus ideas conservadoras y posiblemente tomadas del
Canónigo Aguilar, por otras liberales de tintes
europeos y librescos. Malo le nombró secretario
del Benigno Malo y allí permaneció por
algún tiempo.
En 1903 contrajo matrimonio
con Rosa María Vintimilla Iglesias y tuvieron
catorce hijos. Ese año colaboró en las
revistas "Guayaquil Artístico" y
"Cuencana" y sus versos empezaban a ser
cantados, algunos hasta con su música, como
aquel que dice "Mujer ingrata"....
En 1906 su esposa enfermó
de fiebre puerperal y fue atendida por el Dr. Paúl
Rivet, que con motivo de dichas visitas conoció
a Mercedes Andrade Chiriboga de Ordóñez,
a quien también trató poco después
de una dolencia pasajera, se enamoraron y viajaron
juntos a París.
Ese año se ausentó
definitivamente a la hacienda " Burgay"
cerca de Biblián en la Provincia del Cañar,
propiedad de los herederos de su suegro el Dr. Modesto
Vintimilla, donde sembró hermosos huertos de
manzanas, cultivó papas y los mejores rosales
del país, aunque fue la ganadería el
rubro principal de esas tierras (1)
En 1908 escribió "Nuestro
Poema" con varias composiciones amorosas de largo
alcance que publicó en un folleto dedicado
a su esposa (Décimas, coplas, quintillas y
romances) y con motivo de la movilización nacional
de 1910 imploró la ayuda de la Dolorosa del
Colegio en poema de dudoso gusto y calidad. (2)
En 1916 fue aquejado de tifus
y tratado en su casa con varios hijos menores también
enfermos. Felizmente todos se salvaron. En 1919 formó
parte de la redacción de la revista mensual
"Cultura".
Para las fiestas del Centenario
de la Independencia, Federico Malo adquirió
el primer automóvil que se conoció en
Cuenca. Su hermano político Leoncio Andrade
Chiriboga, manejándolo, causó el asombro
de dicho vecindario. Poco después arribó
Elia Liut en el biplano "Telégrafo I"
y la ciudad empezó a salir del aislamiento.
Ese año intervino en
la Fiesta de la Lira celebrada en la quinta Corazón
de Jesús de propiedad de los Arízaga
Toral.
En 1928, el Ministro de Gobierno,
Dr. Julio E. Moreno, le designó Jefe Político
del Cantón. Inició los trabajos del
cementerio obligando a cada pasante a levantar y colocar
una piedra. Entonces ocurrió el jocoso incidente
del discurso del señor Gobernador y tuvo que
solidarizarse con él. (3).
(1) Tantos desvelos por esa
hacienda hizo que terminara comprando la parte de
sus cuñadas y de Fausto Moscoso.
(2) Resulta que la Virgen es
una sola pero tiene varias advocaciones y Andrade
descubrió con curiosidad de investigador que
es patrona de las armas ecuatorianas y al mismo tiempo,
vaya compromiso, de las peruanas. Por eso, muy respetuosamente
le solicitó en verso que intercediera por la
paz entre nuestras naciones ¿Licencia literaria,
burla inocente o anacronismo histórico?
En 1931 escribió en la revista "La Corona
de María" y con su amigo Carlos Aguilar
Vásquez sacó la revista-magazíne
"Morlaquía". Desde el 35 mandó
artículos de variada índole al diario
"El Mercurio" que estaba en su segunda época,
recordando los tiempos idos, sentimiento que en la
siguiente década del 40 al 50 se le volvió
casi obsesivo, aunque jamás pudo olvidar sus
chacotas festivas y punzantes saetillas que envenenaban
su humor. Por eso le creían chapado a la antigua,
divorciado de las nuevas épocas, cuando solamente
era un espíritu romántico que añoraba
el pasado porque se sentía muy triste y muy
gris.
En 1938 se estableció
definitivamente en Cuenca luego de 32 años
de vida campesina. Dejó la amada Burgay a sus
hijos Modesto y Alfonso Andrade Veintimilla y en la
revista "Morlarquía" escribió
relatos deformando el habla indígena. No usó
modismos, verbos auxiliares, ni gerundios, simplemente
les imitó en sus errores para provocar risa
y esto, escrito en pleno auge del indigenismo, le
malquistó con las izquierdas.
Ese año le entró
la manía de coleccionar toda hoja manuscrita
o impresa en el Azuay. Entre las primeras logró
algunas coloniales y otras republicanas. Entre las
segundas, comenzando por "El Eco del Azuay"
de Fray Vicente Solano, que es el primer periódico
azuayo, logró muchísimos ejemplares
sueltos o empastados, colecciones completas o parciales.
Visitaba archivos y bibliotecas, se introducía
en las casas particulares con
(3) Era Gobernador del Azuay
Miguel Heredia, caballero de pocas luces según
se me ha referido y tenía de secretario al
joven Luis Monsalve Pozo. Heredia le había
solicitado un discurso para leerlo en una visita que
tenía programada a un pueblo. Monsalve se lo
escribió en solfa, con burlas tan bien disimuladas
que el iluso Gobernador las leyó sin caer en
cuenta, provocando el asombro primero y luego las
risas incontenibles del auditorio. Después,
cuando se enteró de todo, declaró cesante
al bromista y como el Jefe Político tuvo que
hacer causa común con el Gobernador, se ganó
la antipatía del secretario, quien a la vuelta
de los años supo desquitarse, como ya veremos.
tanta pasión e interés, que de simple
diletante o bibliómano que coleccionaba impresos,
terminó en bibliófilo o amante de ellos,
pero nunca llegó a bibliógrafo que los
explica, compara y discute, aprovechando ese material.
Interrogaba, hurgaba, sorprendía
a sus amigos y rebuscaba en sus bibliotecas. Pedía
prestado o compraba, pues aún no se habían
inventado las copiadoras. Y así tras largos
y pacientes años logró formar su Hemeroteca
Azuaya, viajando a Quito donde el Padre Aurelio Espinosa
Pólit y los jesuitas de Cotocollao y visitando
en Guayaquil al Dr. Carlos A. Rolando de la Bibliografía
Nacional. La década de los 40 fue muy ocupada.
Escribía bajo el patrocinio intelectual de
su genial sobrino César Andrade y Cordero en
"El Mercurio" y el 47 se decidió
a publicar un tomo de poemas y artículos varios
que tituló "Chacota Literaria" en
198 pags. literatura calificada de anacrónicamente
costumbrista, que según Benjamín Carrión
olía a cocina y sacristía. Chacota,
por otra parte, es palabra de uso decimonónico
y vulgar, sinónimo de jolgorio y diversión
gritona y según su autor, la obra salía
sin otro objeto que entretener y hacer sonreír,
pero parece que ni eso logró y todo quedó
encerrado en buenas intenciones.
Solamente su antiguo amigo
Carlos Aguilar Vásquez se atrevió a
felicitarle.
Quizá por eso, pues
por lo demás era un perfecto caballero sencillo
y digno como todo cuencano de cepa, le sucedió
el siguiente chasco. En mala hora solicitó
a Paco Cisneros Barcenas que presentara su nombre
para miembro de la. Casa de la Cultura bajo el amistoso
auspicio del presidente del Núcleo, Carlos
Cueva Tamariz.
Sometido el asunto a votación
secreta como era lo usual, resultó negado por
los votos del Canónigo Manuel Maria Palacios
Bravo y Luis Monsalve Pozo. ¿ Que cómo
se supo esto? averígüelo Vargas. Esa noche
concurrió Andrade a casa de Cueva en procura
de noticias y éste se vio en el caso de decirle
que todavía no se lo había tratado el
asunto y lo mismo ocurrió dos y tres días
después, hasta que una almita chismosa le sopló
a don Alfonso la triste verdad. Entonces, algo amoscado,
sólo atinó a exclamar: "Carlitos
Cueva es todo un caballero".
En desquite contra los trinqueros
y egoístas miembros de la Casa de la Cultura
del Azuay, ese año editó el primer tomo
de "Espigueo" en 223 pags. con ensayos sobre
los indios, dominados por la nota pesimista como él
mismo lo reconoce en la Introducción y con
un cuento sobre la vida del campo azuayo. El padre
Espinosa Pólit le mandó a decir que
su lectura le había salido en extremo pesada
por el excesivo uso de palabras arcaicas, sacadas
del habla coloquial azuaya de fines del siglo pasado.
Recalcándole que no era cómodo ir seis
o siete veces a consultar el Diccionario para entender
cada página y le recomendó no volver
a caer en el mismo error en lo futuro, porque con
la literatura - que es arte muy noble - no se chacotea.
En 1948 publicó el segundo
tomo de "Espigueo" en 190 pags. con temas
locales de carácter histórico: La crisis
de la sal en 1925, la revuelta indígena de
1920, Quingueo. Relatos de croniqueur escritos a medias
entre lo literario y lo histórico local.
También dio a la luz
"Nuestro Poema" en 99 pags., versos con
mucha fineza y con la siguiente advertencia "Nunca
quise que lo viera otros ojos que los míos
y no me atreví a agregarle ni a suprimirle
nada. Tal como nació, con los errores y vacíos
de obra primeriza, sale hoy."
Fue su año pues lo culminó
editando "Esbozos" en 176 pags. con dos
obras de teatro "Verde subido y azul muy bajo"
comedia en prosa y tres actos donde lo más
importante es el uso de un refranero criollo de intenso
verbalismo y "Lo irreparable" tragedia en
prosa y tres actos, aunque de menor calidad. Ricardo
Descalzi ha opinado que Andrade contribuyó
valiosamente al movimiento del teatro nacional, que
en sus dos obras toma la seriedad del mundo con risueño
sarcasmo, así como lo trascendente e inviolable
con crítica amena. Además, ellas revelan
calidad escénica que resalta del común
denominador.
En 1949 sacó el tercer
tomo de "Espigueo" en 150 pags. que sin
duda alguna contiene lo más valioso de toda
su prosa pues había asimilado los sanos consejos
de Espinosa Pólit. En este volumen se revela
el Cronista que toma el pasado de Cuenca y del Azuay
con entera seriedad y lo da a conocer en detalles
anecdóticos, con fechas, nombres y apellidos,
enterando a los lectores de episodios olvidados o
poco conocidos (inicios del Cine, compañías
de Baile y Canto, el principio de la luz eléctrica
y la aviación y hasta contiene minibiografías)
En 1950 ocupó por segunda
ocasión la Jefatura Política del Azuay
y apareció finalmente su obra de obras, la
"Hemeroteca Azuaya". en dos tomos en cuarto
de 187 y 254 pags, que causaron la natural sensación
que un esfuerzo de esa índole puede provocar
en los medios bibliográficos del país
y aún del exterior. No había antecedentes
para valorar la bibliografía Cuencana y Azuaya
y por eso su Hemeroteca fue aceptada sin reticencias
y recibió felicitaciones de todo el país.
Carlos Manuel Larrea le agradeció su aporte
cultural y lo calificó de el mejor bibliógrafo
azuayo, poniéndole a la altura del sabio Dr.
José Mogrovejo Carrión, que todo lo
sabía pero nunca escribió nada y sin
embargo era la gran figura, el erudito por antonomasia,
pues ayudaba en Cuenca a quienes le solicitaban datos
y consejos, con proverbial generosidad.
La Hemeroteca es una obra extensa
y sin duda valiosa por el recuento cronológico
y pormenorizado de los impresos que trae, pero no
ofrece al lector todo lo que éste le pide,
ni es obra crítica ni de erudición.
Simplemente es un listado con destellos anecdóticos
y palabrería a veces exagerada, que orienta
pero no define ni califica porque su autor nunca fue
un investigador en el verdadero sentido del término,
quedándose únicamente en el plano horizontal
del coleccionista. La obra ni siquiera llega a ser
expositiva pues no clasifica el contenido de los impresos.
Únicamente aporta los nombres de los redactores,
las fechas de aparición y el título.
Su valor esta en que antes de ella no existía
ni siquiera eso en el Azuay.
En 1953 apareció su
cuarto tomo de "Espigueo" en 197 pags. dedicado
al Dr. Mogrovejo, quien le había guiado para
que formara su Hemeroteca. El tomo contiene varios
relatos: El tifus, cazados casados, boda en el páramo
con historietas sobre los indios, Eglógico
y con varias leyendas del Azuay.
Entonces sintió que
había cumplido con su ciudad y lo era efectivamente.
Por eso se atrevió a
escribir "Los viejos vivimos sin vivir el presente,
añorando los lejanos días que hicieron
nuestra dicha. Fanáticos de los que fue, por
más que no podamos separar los ojos de la actual
escena, el hombre ya no aspira sino a divorciarse
de la tierra", frases que anunciaban un debilitamiento
de su férrea voluntad, pues como todo buen
Andrade siempre había sido hombre de subido
carácter. Por esa época volvió
al seno de la Iglesia y hasta se escribía casi
de continuo con su amigo personal el Obispo Manuel
Serrano Abad.
Sufría de permanentes
resfríos que su esposa atribuía a la
constante revisión de viejos y polvosos impresos,
hasta que se le fue haciendo una asma bronquial y
para buscar mejoría se trasladó a fines
de Agosto de 1954, en unión de los suyos, a
la hacienda "Hortensia", de los Ordóñez,
en el valle de Paute.
La noche del 2 de Septiembre
se acostó bien. Al poco rato sus hijas le oyeron
gritar y fueron a verle, encontrándolo sobresentado
y con un fuerte dolor al pecho.
Quiso hablarles pero solo atinó
a decir unas cuantas palabras incoherentes. Sufrió
otro dolor más agudo que el primero, se quejó
y murió instantáneamente.
Terriblemente hogareño
y muy amante de los suyos, Chocarrero y amador de
la tierra, obsesionado por un pasado comarcano cuando
el Azuay era eglógico para los blancos propietarios
solamente. Pudo escribir más y mejor si se
lo hubiera propuesto con seriedad, pero se extravió
por técnicas muy a lo José María
de Pereda, costumbrismo rural fuera de tono en mitad
del siglo XX que fue tiempo de poner industrias, aunque
logró superarse con buena fortuna como sucedió
en el tomo tercero de su "Espigueo".
Hablando era agradable y hasta
jocoso, pero no tuvo el carisma de serlo cuando escribía.
Tampoco fue enteramente cronista por sus resabios
de terrateniente patrón que contaba las cosas
del pueblo sin entenderlo y sin amarlo, por eso le
salían los escritos postizos.
Dejó mucha poesía
inédita y de carácter folclórico,
coplas fáciles y de sentimiento que no tienen
mayor valor y bajo el título de "Alma
del terruño" según me lo refirió
Antonio Lloret Bastidas. Su biblioteca y archivos
personales pasaron por venta al Banco Central, así
como sus originales, hoy en el Centro de Investigación
y Cultura del mismo Banco en Cuenca.
Como casi todos los Andrade
del Azuay era alto y fornido, lo que se dice de buen
ver, aunque de viejos se hacen pletóricos.
Tuvo también la mirada altiva que les da mayor
prestancia pero lamentablemente – a veces -
les aleja de los demás. Fue todo un carácter.
Sus enemiguitos comarcanos no le dejaron entrar a
la Casa de la Cultura, de lo cual, aún hoy,
sus hijas se quejan y con mucha razón.