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RAUL ANDRADE MOSCOSO
ESTILISTA.- Nació en Quito el día 4 de Octubre de 1905 en una casa alquilada en la parroquia del Sagrario, y fueron sus padres legítimos el Coronel Carlos Andrade Rodríguez, quien tres meses después fue herido por una bala de fusil en el vientre, cuando espada en mano y en el puente del río Chasqui, intentaba detener a los soldados gobiernistas que se pasaban al bando rebelde al grito de "Viva Alfaro”. Llevado a una casuca, el Cirujano militar Dr. Salgado le hizo una curación de emergencia que permitió que lo trasladaran a Quito y por esa razón debió permanecer fuera del ejército hasta 1911 y de María Moscoso González, hija única de la gran poetisa romántica e intimista Mercedes González Tola de Moscoso, quien vivía su viudez en casa de su hija.

Durante sus primeros años recibió todo el afecto de su abuela, quien le enseñó mucho de cuanto supo de Historia y Geografía. En 1912, mientras estudiaba en la escuela San Luis Gonzaga, fue asesinado su tío Julio Andrade por motivos políticos. En 1914 su padre se levantó en armas en el norte de la República apoyando a la revolución de Carlos Concha, pero fue traicionado, cayó preso y cayó dos años en el panóptico. El niño iba a visitarlo dos veces por semana, por eso diría luego "Mi infancia y la de mis hermanos conoció el sobresalto, la inquietud, la zozobra. Vi perseguir a mi padre, preso, desterrado. Vi morir una hermana mía golpeada por la menigintis que le causó la irrupción de la soldadesca para llevarse a mi padre preso. Recuerdo a mi madre sentada durante catorce horas consecutivas ante una máquina de coser para que el magro pan no nos faltara. "Entonces estudió en la escuela gratuita Municipal Espejo donde brilló por sus excelentes calificaciones.

En 1918 ingresó al Mejía, siguió tres años de secundaria pero tuvo que salir cuando uno de sus profesores lo pilló leyendo "Las Flores del Mal" de Baudelaire. "Reveses económicos familiares, emanados de persecuciones políticas, le obligaron a trabajar en el comercio".

En Octubre de 1922 abandonó su hogar y marchó a Guayaquil atraído por la aventura y por que su madre tenía parientes en el puerto, que hasta habían formado un Comité pro construcción de un Mausoleo para su abuela. En Guayaquil fue testigo de la matanza de obreros del 15 de Noviembre y en 1923 ingresó a "El Telégrafo" corrigiendo pruebas y escribiendo pequeñas notas bajo el seudónimo de "Carlos Riga". También quiso ser marino, dibujaba muy bien, hacía poemas y en una ocasión fumó opio a título de prueba y por curiosidad, pero la experiencia fue del todo desconsoladora y jamás volvió a insistir en ella.

En 1927, tras cuatro años de vivir la bohemia, regresó a Quito y fundó la revista "Hélice" con Carlos Egas, Alfredo Gángotena, Pablo Palacio, Gonzalo Escudero y Jorge Reyes. Alquilaba un departamento en la parroquia de San Marcos, era un joven de mediana estatura y muy delgado a quien sus amigos apodaban "Capitán Piola" o simplemente "Piola Andrade", quiso montar una obra de teatro suya pero no pudo y una tarde hasta dio un espectáculo de fakir, acostándose sobre cuchillos. El lo ha dicho: 'Trasnochábamos y bebíamos luciferinos rones hasta el amanecer, mientras se discutía sobre todo lo humano y lo divino, sobre todo lo presente y lo pasado. Por supuesto, allí se incubaba también actitudes vindicativas y feroces, que dieron pie a la aparición de periódicos de combate."

El 4 de Abril de 1931 la Compañía teatral de Marco Barahona estrenó en el teatro Sucre su tragedia en dos actos titulada "Suburbio", cuyo libreto apareció en la revista universitaria "Rieles", mostrándose por primera ocasión en Quito un teatro antiaristocrático. Pieza descarnada, historia de pobreza sin esperanza, con personajes metidos en un mundo sin salida que es la combinación de sus propias derrotas individuales. Tras ese éxito fue contratado por Ricardo Jaramillo, Director del Diario "El Día", pero a los pocos meses una discrepancia lo hizo salir del periódico y fundó el diario liberal "La Mañana" con Francisco Guarderas y con su primo Abelardo Moncayo Andrade donde inició la columna "Cocktails" bajo el seudónimo de "Frank Barman"; más, el diario fue inesperadamente clausurado por el primer velasquismo y por esa causa se decidió a fundar la revista semanal "Zumbambico" que dirigió hasta la caída de Velasco Ibarra el 20 de Agosto de 1935, haciéndole una oposición burlesca, satírica e iracunda.

Entonces preparó con entusiasmo un viaje a España pero el estallido de la Guerra Civil le cerró los horizontes de esa aventura y luego la II Guerra Mundial le impidió conocer Europa como eran sus deseos de siempre.

En 1937 editó en los Talleres Gráficos de Educación su obra "Coktails con crónicas escritas el 34 y el 35 que no podían ser calificadas propiamente como ensayos pues solo son cortas, sutiles y precisas expresiones de su caudaloso pensamiento -intenso, lleno de poesía, de crítica, de filosofía, de voraz uso del adjetivo, de biografías y de moroso cultivo de la nostalgia -De allí en adelante se dispersó su producción en periódicos y revistas, fue directo al gran público lector porque su temperamento nervioso le limitó siempre al artículo corto y solo por excepción al micro ensayo más ambicioso.

También fueron años asendereados, integró la famosa banca Tigre de la Plaza de la Independencia en su fase final, según lo ha referido Fernando Jurado Noboa, quien recogió el testimonio de los últimos Chullas que aún quedaban en Quito por los años 70 al 80.

El 38 escribió su ensayo lírico-crítico "Relato de una Generación Decapitada".

Desde 1940 colaboró en el diario "El Día" nuevamente. De 1939 son dos ensayos: "García Lorca, alegoría de España yacente" y "Charlot, parábola y hazaña de la desventura" que incluyó en un volumen aparecido en 1943 bajo el título de "Gobelinos de Niebla" y fue tal el impacto que ocasionó esta publicación en la crítica seria del país, que Gonzalo Zaldumbide logró a principios del 44 que le nombraran Cónsul del Ecuador en Seatle pero tuvo que excusarse al advenimiento del II Velasquismo.

Fernando de los Ríos, la gran figura del republicanismo español, escribió que Andrade era la revelación de un escritor de gran aliento poético, admirable poder instuitivo y formidable maestría de la lengua y porque su interpretación de España acusaba una agudeza enorme. El Ilustre Azorín también era su admirador y dijo: " Quien domina el Idioma como Andrade honra al Ecuador y enaltece a España." (1)

Entre 1943 y el 44 mantuvo en "El Telégrafo" de Guayaquil su columna "viñetas del mentidero". A fines del año, casi como un exilado en voluntario extrañamiento, viajó a México y permaneció un año conociendo ese bello país, pero le fue difícil conseguir empleo. El 45 recorrió Cuba y Centroamérica y de regreso se quedó tres años trabajando en el diario "El Tiempo" de Bogotá. Allí se decidió su destino como periodista. El 48 escribió "Teoría del destierro", "Perfil de la Quimera" y "Viaje alrededor de la muerte", fue, pues, su mejor época, aunque seguía viviendo estrechamente y solo de su producción literaria.


(1) En 1943 Jorge Reyes en sus "Apuntes" anotaba certeramente que dentro de Raúl Andrade existía una vena poética Inacabable, surtidora del lirismo que se notaba en todos sus artículos, llenos de elementos poéticos y simbolistas de extraña belleza.

En 1949 volvió a Quito con el ánimo de hacer oposición al gobierno de Galo Plaza, a quien consideraba su enemigo político, pero, éste, para sacárselo de encima lo nombró Adjunto Cultural en Madrid y Andrade aceptó solo por cumplir uno de sus más caros anhelos, conocer Europa.

En España enroló con los primeros literatos de la Madre Patria, bien es verdad que ya era conocido por sus ensayos hispanófilos, pero como nunca faltan fanáticos, unos franquistas le invitaron a desdecirse de varias opiniones vertidas en su ensayo sobre García Lorca o a salir del territorio y optó por lo segundo, viajando por el norte del África con una frustración inmensa pues era un gran admirador de España.

Exasperada la opinión pública ecuatoriana, se logró que el gobierno lo pasara con iguales funciones a Paris y allí se estuvo hasta 1951 que volvió a Quito, con un contrato de trabajo en "El Comercio", donde escribiría hermosísimos artículos hasta su muerte, bien es verdad que con largas interrupciones por sus viajes y estadías en el servicio exterior ecuatoriano.

El 51 contrajo matrimonio y se fue a Chile en luna de miel. Nuevamente en el Ecuador volvió a "El Comercio" con la columna Claraboya donde trató asuntos puramente literarios (2) y, publicó "El Perfil de la Quimera, que ha conocido cuatro ediciones, conteniendo siete ensayos clásicos en nuestra literatura y asentando su fama del mejor estilista en el Ecuador. (El Perfil de la Quimera contiene ensayos tan decidores como e! de García Lorca, los poetas de la generación decapitada, Charlot, Rosalía de Castro, etc.)

(2) Al iniciar su tercera presidencia Velasco Ibarra, el Director de El Comercio le sugirió a Raúl Andrade que "moderara su Ironía irreverente, traviesa y acerada" para no desestabilizar el carácter de su Excelencia. Entonces el escritor decidió dejar enteramente los asuntos políticos y llevando al extremo esa súbita decisión comenzó a escribir relatos poéticos, especies de poemas en prosa que intencionalmente se referían a escenarios geográficos foráneos.
El 53 fue alabado por el presidente Velasco Ibarra, quien quiso atraérselo con varios ofrecimientos de dignidades y empleos que Andrade rechazó. El 54 editó "La Internacional negra en Colombia y otros ensayos" en torno a las figuras políticas de Laureano Gómez y José Eliecer Gaitán. Entre el 55 y el 57 fue redactor político de "El Telégrafo" de Guayaquil y desde su columna "Escaparate" intensamente doctrinaria, combatió el 56 a la candidatura de Huerta-Plaza del Frente Democrático Nacional.

En 1957 el canciller Carlos Tobar Zaldumbide le designó Cónsul en Santiago de Chile, después lo sería en Burdeos y finalmente en Trieste, donde escribió la biografía de su tío el General Julio Andrade, publicada el 62 bajo el título de "Crónica de una vida heroica" en 78 pags. por conmemorarse el Centenario de su nacimiento, de la que existen dos ediciones más.

Después fue movilizado al Consulado General en Genova. El 64 la Junta Militar de Gobierno lo elevó a Encargado de Negocios en Bruselas y el 67 el gobierno del presidente Otto Arosemana Gómez lo cambió a Lisboa, pero cuatro meses después fue cancelado - cesó en sus funciones por límite de edad - según se dijo entonces, aunque sólo tenía 62 años, estaba en su mejor época y era considerado el más importante escritor nacional. (3)


(3) En París se había enemistado con Jorge Carrera Andrade, quien en un rapto de pobreza espiritual, le sacó del servicio exterior cuando ocupó la Cancillería en 1967 en tiempos del presidente Otto Arosemena Gómez. Carrera y Andrade habían trabajado juntos en París y una mañana el primero entregó al segundo un ejemplar de su último poemario, este lo tomó descuidadamente porque estaba escribiendo a máquina y lo arrojó sin querer a un tacho de basura. Desde entonces se habían peleado a muerte.

De regreso al Ecuador tras una ausencia de casi diez años, ingresó al cuerpo de redactores del grupo "American Litery Agency Ala" de New York y sus artículos fueron distribuidos a treinta periódicos de España y Latinoamérica que ávidamente reclamaban su columna"; quizá, por eso, en su afán de agradar al público común con lecturas rápidas pero hermosas, no tentó el ensayo largo y decidor al que estaba llamado como ningún otro escritor ecuatoriano del momento, en razón de su talento y estilo y por sus años de viajes y experiencias.

En 1970 el presidente Velasco Ibarra le ofreció la Embajada en Moscú, designación que fue vetada por la Junta Consultiva de RR.EE. Desde 1971 colaboró mensualmente en la revista Vistazo. Para entonces se había vuelto un excéptico desencantado, dedicado únicamente a sus lecturas, su hogar, su esposa y su hijo, a quienes amaba entrañablemente.

Por las mañanas revisaba los periódicos y cuando se topaba con algún párrafo de interés excepcional, lo volvía a leer para captar bien su sentido.

Luego se sentaba a concebir las ideas y a fijar el plan a desarrollar, mientras tanto tomaba una taza de café negro y se fumaba dos cigarrillos y así,meditando mucho, comenzaba a escribir de corrido, elaborando detenidamente las frases antes de teclearls, para evitarse el esfuerzo de las correcciones.

Poseía una excelente memoria que jamás le traicionaba y le evitaba el trabajo de consultar o comprobar hechos, confrontar fechas o establecer la exactitud de una cita. Por eso nunca organizó un archivo personal, pues todo lo tenía grabado en su memoria.

Dominaba el oficio de escritor, pero como sabía que su obra era copiosa aunque desperdigada y que siempre la había realizado a salto de mata, en forma desorganizada, a impulsos de emociones, lecturas, simpatías, esperanzas y frustraciones, como expresión de sentimientos a veces antagónicos, ya no soñaba perennizarse con ella, pues hasta se creía opaco, errante e ignorado.

En 1972 el presidente Velasco Ibarra, que le admiraba en el fondo, tuvo la gentileza de otorgarle la Orden Nacional al Mérito, olvidando pasadas odiosidades. De allí en adelante, admirado por todos, reputado como la más alta figura de la prensa y el estilista mejor del país, decurrieron sus últimos años. El 80 aparecieron algunos ensayos literarios suyos en "Crónicas de otros lunes". El 83 enfermó de un cáncer y obtuvo el Premio Nacional Eugenio Espejo que no pudo recibir en persona y por ello se hizo representar de su hijo; estaba gravísimo y falleció dos días después el 10 de Septiembre de 1983 en una madrugada de hospital dejando inéditos varios volúmenes de crónicas escogidas bajo los títulos de "Esquinas de París", "Divagación española y otras andanzas", "La vuelta al mundo en cincuenta crónicas" y sus cuentos "El Barco en la botella" así como miles y miles de artículos sueltos que también merecen ser coleccionados.

“Yo quise escribir sobre él apenas me enteré de su muerte pero las urgencias cotidianas me lo impidieron. Asistí con atraso al funeral de amigo tan querido, al que sin embargo ni traté ni conocí personalmente. Lástima grande que mi amistad solo fuera literaria, algo así como en seguimiento de su alta ruta espiritual y estética. Hubiera sido tan hermoso oír su gustoso estilo, diáfanas metáforas, sutiles expresiones de croniqueur de agudo talento, de fino conversador que sabía relatar situaciones en elegante forma de denuncia y de protesta. Ahora solo nos quedan sus artículos y sus libros y el impoluto ejemplo de su vida intachable, indoblegable, insobornable, ejemplar”.

La Casa de la Cultura publicó en 1991 "Raúl Andrade. Crónica de un cronista", especie de testimonio de su vida y de su pluma, escrita por su sobrino Abelardo Moncayo Andrade en 129 pags.