CESAR DAVILA ANDRADE
POETA.- Nació
en Cuenca el 2 de Noviembre de 1918. Hijo legítimo
de Rafael Dávila Córdova, empleado público
que ocupó la Jefatura Política del Cantón
Gualaceo y la Comisaría Municipal de Sanidad
en Cuenca. Era un hombre excelente, de condición
económica pobre y de mentalidad conservadora;
y de Elisa Andrade Andrade, "Mujer fuerte y trabajadora
que estableció un estrecho vínculo de
amor con su hijo y nada, ni las ideas más radicales
de él, chocó jamás con su piedad"
y que cosió y bordó durante toda su
vida para ayudar a mantener a los suyos. Ambos naturales
de Cuenca.
El mayor de cinco hermanos
que crecieron en una casona alquilada en la calle
Padre Aguirre entre Lamar y Sangurima. Desde pequeño
fue cariñoso, atento, bondadoso, callado y
hasta introvertido.
Cursó la primaria en
la escuela de los Hermanos Cristianos. Después
se matriculó en el Normal "Manuel J. Calle"
donde aprobó hasta el segundo curso. También
estudió un año en la Academia de Bellas
Artes.
Durante esa etapa empezó
a escribir poesías como simple pasatiempo.
Su tío César Dávila Córdova
era poeta y crítico y un primo hermano Alberto
Andrade Arízaga se inyectaba morfina y era
famoso en el periodismo azuayo por sus magistrales
escritos que firmaba con el pseudónimo de Brummel.
A este primo dedicaría en 1934 su primer poema
conocido "La vida es Vapor", donde se nota
el precoz uso de términos su realistas.
Para ayudar al mantenimiento
de la casa ingresó de amanuense en 1936 a la
Corte Superior de Justicia, con un sueldo bajísimo,
que entregaba a su madre diciendo "ahora si estoy
feliz, porque ya no tengo medio en el bolsillo",
aunque después le solicitaba préstamos
para comprar cigarrillos de envolver.
Entre sus amigos figuraban
Hugo Salazar Tamariz, Eugenio Moreno Heredia, Jacinto
y Claudio Cordero Espinosa, Efraín Jara Idrovo,
Joaquín Zamora Barrezueta y el pintor Alex
Sarmiento, después tendría amistad con
personas mayores como G. Humberto Mata, Antonio Lloret
Bastidas, etc.
Desde siempre le habían
atraído las Ciencias Ocultas y en algunos de
esos estudios, sobre todo en el Rosacrucianismo, fue
conducido por el Coronel José Gómez
Jurado, marido de su prima Raquel Muñoz Dávila.
También practicaba el hipnotismo con su hermano
menor Olmedo, a quien una tarde no podía hacerlo
volver en sí. I aunque no acostumbraba realizar
ejercicios físicos, tenía el tórax
musculado y era muy fuerte, lo que él atribuía
a ciertas formas de respiración y a concentraciones
mentales. Vencía fácilmente a sus compañeros
jugando al brazo, media algo más de 1.60 mts.
tenía una voz de tenor excelente para recitar,
su complexión era delgada, los hombros anchos,
se peinaba el cabello lacio y negro hacia atrás,
sin raya y a la moda tango; sus ojos negros, profundos
y grandes, la boca finísima, la nariz aguileña
y como era del tipo medio árabe, cuando vivó
en Quito le comenzaron a decir " El Fakir".
Apodo con el que ha pasado a la historia, pues contaban
sus amigos que de tanto beber comía tan poco
como un fakir. Por las tardes y a la salida del trabajo,
paseaba por el patio familiar con un gato dormido
en su hombro. En otras ocasiones leía con el
gato sus "libros raros", como él
llamaba a los de Ciencias Ocultas.
Hacia 1938 partió en
busca de nuevos horizontes a Guayaquil, pero como
no tenía profesión ni amistades tuvo
que emplearse en lo primero que halló, de jardinero
en la suntuosa villa del Dr. Carlos Alberto Arroyo
del Río, soportando con paciencia las reuniones
periódicas del anacrónico Círculo
de intelectuales que éste agrupaba a su alrededor
y que se escuchaba desde una ventana. Después
fue profesor de Literatura en el Colegio Salesiano
"Cristóbal Colón" ganando
una miseria y por horas.
De época tan desolada
ha quedado sus poemas "Ciudad a oscuras"
y "El Canto a Guayaquil", así como
su hermoso y fúnebre cuento: "Vinatería
del Pacífico", considerados verdaderas
obras maestras en sus géneros.
En 1939 se reintegró
a Cuenca y afiliado al Partido Socialista sorprendió
a su padre colocando su Carnet político en
el lugar de uno de los santos de su devoción,
lo que disgustóle mucho.
Como ya bebía en bares
y cantinas, su naturaleza tímida, apacible,
culta y de trato agradable, a veces cambiaba. Con
pocos tragos era alegre y hasta contaba cachos de
Otto y Fritz, ya borracho surgía el desparpajo
y un vocabulario insospechable. En tales circunstancias
su madre sufría y los conflictos con su padre
se agudizaban. Con los años se haría
un ser taciturno, nostálgico y depresivo.
En 1942 visitó Quito
por primera ocasión y al no lograr una ocupación
decente regresó muy desanimado a Cuenca. Era
un escritor nato, aunque negado para todo lo demás.
El 43 publicó en la revista "Tomebamba"
de G. Humberto Mata, su primer cuento conocido, como
simple esquema y bajo el título de "Autopsia".
En 1944 ganó un Concurso
biográfico sobre Fray Vicente Solano mientras
seguía tentando el relato. El 45, en vista
de que sus coterráneos le ignoraban abiertamente
exclamó "Esta tierra muerde como una loba
ciega" y se trasladó a probar suerte en
la recién fundada Casa de la Cultura Ecuatoriana,
donde su presidente Benjamín Carrión
le hizo dar el pequeño empleo de corrector
de pruebas, con Laura Romo.
Entonces comenzó una
intensa vida literaria pero se le agravó el
alcoholismo. Casi vivía de la caridad, sin
domicilio fijo, durmiendo donde le cogía la
noche. Después alquiló un cuartucho
junto al zaguán de una casa de la familia Grijalva.
La buena señora Grijalva
se preocupaba de él, pues, por beber tanto,
ni se alimentaba.
De día trabajaba duro
en su oficio de escritor y corrector, inmerso en el
ambiente intelectual. Leía de preferencia Filosofía,
Orientalismo y Ciencias Ocultas. Gustaba dar paseos
por la Alameda, frecuentaba las Bibliotecas Públicas.
En una de ellas conoció al misterioso Mago
Jefa (Jorge Elías Francisco Adoum) quien le
tomó a cargo para enseñarle ciertas
prácticas orientales de respiración
y pasatiempos tan inofensivos como leer las cartas,
las manos y los conchos de las tazas de café.
En cierta ocasión sus
amigos de la Casa de la Cultura, queriendo hacerle
un bien, recogieron dinero y le compraron zapatos
y ropas pues los que tenía estaban destruidos.
Con todo nuevo salió a la calle, se perdió
algunos días y regresó igual que antes.
Había entregado lo nuevo a un sujeto desconocido,
más pobre que él. Una noche sufrió
una aguda intoxicación y se puso al borde de
la muerte pero fue salvado por la pronta ayuda de
un médico cuencano. En otra ocasión
le pagaron S/. 100 por un trabajo en la CCE y exigió
al tesorero que se los dieran en ayoras, que fue repartiendo
a través del Ejido entre los mendigos que encontraba
a su paso. Finalmente, con las dos últimas
monedas, compro pan y queso para el amigo que asombrado
le acompañaba y se tomó una botella
de aguardiente. (Luis Olmedo Jaime).
A la par de esos excesos, conservaba
el alma de un niño y una delicadeza rallana
en extrema sensibilidad. Amaba a los animales, a los
desposeídos de la fortuna y a los enfermos.
Una tarde llegó a su oficina tan conmovido
que tuvieron que ayudarlo, porque había observado
un árbol derribado, al que temblaban sus hojas,
aún agonizantes.
En 1946 envió a su madre
una Carta-poema que es antológica, refiriéndose
en ella a su prima hermana Maria Luisa Machado Dávila,
fallecida poco ante, de un abceso hepático.
// Yo la amaba / Mi timidez de entonces, me quebró
las palabras...// en dicho poema, que es extenso,
le interroga con triste curiosidad // Dime sinceramente
qué piensas de este hijo. / te salió
tan raro.//
A partir del 45 había
empezado a publicar cuentos, ensayos y artículos
varios en la revista "Letras del Ecuador"
de la CCE. Cuarenta y seis llegó a sacar hasta
que en 1956 cesó dicha publicación.
Trabajos que testimonian sus altas dotes y genialidad.
En 1947 editó su ensayo
"Solano, el combatiente sedentario", pero
su situación personal era tan deteriorada que
lindaba con la indigencia.
En tan crucial momento de desánimo
editó en honor a su prima Maria Luisa, la más
hermosa, tierna y delicada poesía escrita en
el país (1) Canción a Teresita".
/ Apasionadamente.// Pálida Teresita del Infante
Jesús, / quien pudiera encontrarte en el trunco
paisaje de las estalactitas. / o en esa nube que baja,
de tarde, a los dinteles, / entre manzanas blancas,
en una esfera azul,/ Caperucita parda. / quien pudiera
mirarte las palmas de las manos. / la raíz
de la voz, / I hallar sobre tus sienes mínimos
crucifijos. / bajando en la corriente de alguna vena
azul. / Colegiala descalza, aceite del silencio, violeta
de la luz...//
(1) En emoción y en
levedad solo puede serle comparada el "Dance
D'Anitra" de Medardo Angel Silva, dedicado a
la sutil danzarina rusa Ana Pavlova, quien bailó
en 1919 el Lago de los Cisnes en el antiguo teatro
Olmedo de Guayaquil. También se ha descubierto
que la "Canción a Teresita" contiene
varias referencias a la enfermedad de su prima Maria
Luisa. El crítico Jaime Montesinos ha manifestado
que es poesía hermética pues jugando
con ciertas iniciales se compone palabras y frases.
Casi enseguida dio su "Oda
al Arquitecto", poema diferente por sus connotaciones
panteístas, de reiteraciones letánicas
acordes con el tema religioso de la composición
y en los estribillos, que lo sitúan como el
poema Daviliano mayor de esta época, que por
primera fue romántica y llena de musicalidad,
con rezagos modernistas y sus realistas.
//Oh antiguo Arquitecto de
las gaseosas manos / los candelabros alzan su lengua
hasta tu nombre / y mi alma adelgazada te besa entre
las cosas...// Ya era famoso pues ambas composiciones
le había permitido las Violetas de Oro en las
Fiestas de la Lira de Cuenca de 1945 y 1946.
A fines de año apareció
su primer cuadernillo de versos con su célebre
"Espacio me has vencido" en 62 págs./
Título cósmico y consagratorias poesías,
de las más hermosas escritas en el país,
insistimos en esto, donde quedaron definitivamente
atrás su placidez e ingenuidad campesinas,
la ternura y el tono nostálgico de sus primeros
poemas, para dar paso a ráfagas de hondura,
según felices expresiones críticas de
Hernán Rodríguez Castelo.// FRAGMENTO.-
Espacio me has vencido. Ya sufro tu distancia / Tu
cercanía pesa sobre mi corazón. / Me
abres el vago cofre de los astros perdidos / Y hallo
en ellos el nombre de todo lo que amé. / Espacio,
me has vencido. Tus torrentes oscuros / brillan al
ser abiertos por la profundidad, / y mientras se defieran
tus capas ilusorias / conozco que estás hecho
de futuro sin fin. // Amo tu infinita soledad simultánea
/ tu presencia invisible que huye su propio límite,
/ Tu memoria en esfera de gaseosa constancia, / tu
vacío colmado por la ausencia de Dios. //
En 1947 los organizadores de
la Fiesta de la Lira le solicitaron un poema para
premiarlo con el título de Maestro, por eso
les envió su composición "Invocación
Humana" // Hazme un nido apasionado en tu garganta,/
en los oscuros polos de tus ojos/ donde gira el zodiaco.
/ Oigo tu andar que siempre está llegando /
de algún modo / en los leves descuidos de las
hojas / en el rumor primaveral del valle / y en el
tremante albedrío de los pájaros.//
En 1948 apareció su cuento " Vinatería
del Pacífico" que le anunció como
poseedor de un " estupendo poder verbal, corriendo
por cauces realistas naturalistas, logra pinturas
plásticas, sensuales, enjundiosas de materia".
En 1949 anunció un libro
de poemas que no publicó jamás y a fines
de ese año, con una invitación internacional
y ayudado por su pariente doble el Dr. Andrés
F. Córdova, viajó al Congreso en homenaje
a Giovani Papini en Madrid. Al pasar por Caracas fue
bien atendido por los intelectuales de esa capital.
En 1950 contrajo matrimonio
en Quito con la Normalista Isabel Córdova Vacas,
prima hermana del conocido periodista Humberto Vacas
Gómez, en cuya casa se habían conocido.
Ella era quince años mayor a él, de
estado civil viuda, carácter fuerte y dominante,
tenía unos cuatro realitos ahorrados con mucho
esfuerzo y trabajo y un hijo que después llegaría
a graduarse de Ingeniero en Venezuela, llamado Raúl
Campuzano Córdova.
"Isabelita", como
la llamaba su esposo, no era bella, pero aún
así tenía su gracia a pesar de los 47
años de edad. Era su gran admiradora, desde
tiempo atrás coleccionaba todo lo suyo y estaba
conciente de su genialidad, de suerte que decidió
unirse a un dipsómano, tarea durísima
para cualquier mujer. En cambio él, posiblemente
veía en ella a la imagen perfecta de la madre
ausente y como decía que no le gustaban las
mocosas; se casó muy contento. (2) El matrimonio
lo libró de su condición de bohemio
y pordiosero pero no le sustrajo a su adicción
por la bebida porque siguió emborrachándose,
aunque con menor frecuencia. Entonces ella lo convenció
y viajaron a residir en Caracas, donde había
petróleo y se vivía una bonanza económica
y maravillosa.
(2) Jorge Dávila Vásquez ha señalado
que el poeta tuvo al sexo como algo entristecedor
y negativo y en cambio amaba el amor.
En 1951 Benjamín Carrión
lo incluyó en su "Nuevo Relato Ecuatoriano"
y concursó con otros autores que aún
no habían publicado libros en el Núcleo
del Guayas de la CCE. Meses después remitió
dichos originales a Quito y apareciendo el 52 bajo
el título de "Abandonados en la tierra"
con cuentos que eran piezas de cálida y sórdida
humanidad.
El 52 el poeta se peleó
con su esposa y pasó a Guayaquil varios días,
continuó viaje a Cuenca y vivió un año
en la casa que alquilaba su madre en Padre Aguirre
y Lamar. Buscó empleo, dio recitales en el
Núcleo del Azuay, disfrutó intensamente
la bohemia (3) y desesperanzado se instaló
nuevamente en Quito.
A fines del 53 su esposa le
escribió con tanta insistencia llamándole
a su lado, que terminó por volver a Caracas,
no sin antes recibir un Premio por su cuento "Aldabón
de Bronce". Esa fue una etapa de gran trabajo
intelectual, escribía relatos y hasta había
iniciado el primer capítulo de una novela que
pensaba llamar "La Procesión de la Virgen
del Rosario", pero su amigo G. humberto Mata
le pidió que simplemente la titulara "La
Gran Procesión".
En la capital venezolana cultivó
la amistad de numerosos escritores y artistas y trabajó
para los diarios "La República",
"El Universal" y "El Nacional"
con esporádicas colaboraciones que eran bien
remuneradas.
(3) Una madrugada de tragos
y con varios amigos decidió continuar la jarana
en la vecina hacienda de Marcelo Ortíz Tamariz,
uno de ellos. Al pasar por el sector llamado "El
Gallinazo", donde desembocan las alcantarillas
de Cuenca, cayó a dichas aguas y se ensució
de excrementos. Sacado en vilo por Joaquín
Zamora Barrezueta, fue llevado a enjuagar a un río
cercano y como estaba crecido se les escapó
de las manos y cayó al agua. Carlos Vintimilla
Jaime se arrojó valientemente y le rescató
tan maltrecho que fue menester darle respiración
artificial. En dicha ocasión quedó resfriado
y perdió los lentes.
Isabelita también trabajaba
y entre ambos adquirieron un automóvil convertible
que ella manejaba y un pequeño rancho o casa
de campo que no de lujo, porque jamás fueron
ricos.
En 1955 seleccionó sus
mejores Cuentos nuevos y la Casa de la Cultura los
publicó bajo el título de "Trece
Relatos" en 182 págs. Obra que cimentó
definitivamente su prestigio del mayor poeta y cuentista
de la generación," con cuentos fuertes,
adensándose hasta convertirse en ambientes
calcinados, asfixiantes, que pesan sobre sus antihéroes,
exasperándolos y hundiéndolos en el
mal"; sin embargo, su preocupación por
la enfermedad y la muerte, que ya se insinuaron en
el primer libro "Abandonados en la tierra",
ahora se torna en obsesión.
En 1959 leyó las Noticias
Secretas de América y Las Mitas del Prof. Aquiles
Pérez y apasionándose por el Indio y
su tragedia, escribió "Boletín
y Elegía de las Mitas", para el I Concurso
Nacional de Poesía del Diario "El Universo"
de Guayaquil y obtuvo el II Premio. Ese año
publicó su poemario "Arco de Instantes"
en 16 págs. donde lo incluyó; posteriormente
el Boletín fue traducido al quichua por Manuel
M. Muñoz Cueva (4) y se convirtió en
una poesía antológica por telúrica
y americana en cuanto a épica y a lírica,
a austeridad verbal. "Poesía fuerte y
grande, con ritmo de tambor indígena y canto
ritual. Cuadro sombrío, de tintas recargadas
hasta el paroxismo, salvado estéticamente por
el clima general de grandeza trágica. "El
resto del poemario, es decir, el "Arco de Instantes",
es un salto al tiempo como tal y a lo metafísico,
"con expresiones
(4) Publicada en 1968 en versión quichua y
castellana bajo el título de "Mita tarja
huiquillapish" en la Casa de la Cultura Núcleo
del Azuay.- De "Boletín y Elegía
de las Mitas" ha opinado Rodrigo Pesantez Rodas
que es un poema de fundición, donde la historia
se torna epopeya y el lirismo se vuelve monólogo
y coro a la vez, para gritar la más grande
profanación del siglo: la muerte y sacrificio
de una raza de dioses dormida en el mito y de pronto
despertada por la ambición conquistadora. Este
extraordinario poema a visto tres ediciones en español:
Quito, Cuenca y Buenos Aires.
desconcertantes logradas por raras aproximaciones
y sustituciones, ilusiones esotéricas. "Poesía
hermética que solo tendría como antecedente
parecido en el Ecuador la realizada por Alfredo Gangotena
entre 1920 al 40.
Entre 1961 y el 63 se vinculó
a la Universidad de los Andes de Mérida. Había
vuelto a separarse de su esposa en Caracas. El 62
ganó el Primer Premio del Concurso promovido
por la Universidad de Zulia con "El Huracán
y su Hembra". El 63 siguió en la línea
de sus cuentos, escribió para la "Revista
Nacional de Cultura", editó el poemario
"En un lugar no identificado" con poesía
"Más esotérica y rica en símbolos"
y volvió con su esposa.
Parecía que estaba recuperando
la normalidad; se preocupaba de su madre y la protegía
cada cierto tiempo con pequeñas remesas de
dólares. En carta que he tenido en mi poder
gracias a la gentileza de su hermana Rosario, le dice:
"Mis pequeñas entradas vienen de las colaboraciones
literarias en los diarios o revistas, pero estas colaboraciones
no son fijas ni constantes y por la misma razón
hay muchos días en que nos vemos apretados."
En 1963 comenzó a trabajar
para la revista "Cultura" del INCIBA y "Zona
Franca" de su amigo personal Juan Liscano, escribiendo
muchos ensayos y profundizando sus conocimientos en
todas las formas de hermetismo. Leía libros
de alquimia, de espiritismo, de magia. "Conoció
intelectiva y emocionalmente el vasto panorama de
las Ciencias Ocultas, la Parasicología, el
Budismo y el Yoga Zen, que pareció influirle
definitivamente hasta su muerte.
En 1966 publicó un último
libro de Cuentos "Cabeza de Gallo" en la
Editorial Arte de Caracas, selección de 5 cuentos
nuevos, 3 de Abandonados en la Luz y 2 de Trece Relatos,
"que le abrió nuevos horizontes luminosos,
extraños y hondos, por su poder fabulador,
su grandeza de concepción y por las situaciones
casi agónicas que presenta. Sus seres humanos
y animales están en trance de descomposición,
en situaciones límites, angustiados por la
tristeza milenaria de la carne, asombrados ante extraños
reductos de la miseria humana, pero como lo afirma
Hernán Rodríguez Castelo, lo suyo no
es solamente un mundo crudamente naturista, todo lo
contrario, abundan las interpretaciones, el misterio
y hasta la grandeza cósmica. Fue, pues, un
escritor profundamente religioso y puso a sus cuentos
una dimensión de que careció el cuento
de su generación. Por eso se ha dicho que la
prosa de Dávila Andrade tiene todo: crítica,
ironía, observaciones desconcertantes de carácter
mágico, metafísico y religioso, que
los abre a todas las extrañezas y a todas las
sugestiones y sobrecogedoras iluminaciones. Todo en
esta última obra conserva las antiguas calidades
suyas pero pavimentadas con un trasfondo de magia".
El domingo 23 de Abril de 1967
una crisis nerviosa le hizo separar de su mujer, con
quien vivía en un cómodo departamento
del edificio Pompey, en la Avda. Cristóbal
Mendoza del elegante barrio de San Bernardino. Se
fue al Hotel Real de propiedad de su amigo Juan Liscano,
donde tomó una pieza. El 2 de Mayo, luego de
ocho de residir allí, tras haber llamado telefónicamente
a Isabelita muchas veces, se cortó desesperadamente
la yugular con una afilada hoja de afeitar marca Gilette
que siempre portaba.
Tiempo después la mucama
notó que no había salido de su habitación
y al observarlo por el ojo de la cerradura en medio
de un gran charco de sangre, llamó inmediatamente
al administrador, quien dio aviso a la policía,
pero ya era muy tarde. La tragedia se conoció
enseguida a través de radioaficionados en todo
el Ecuador.
Su muerte dejó a la
literatura ecuatoriana huérfana de su principal
valor. Fue poeta telúrico, americano y cósmico.
Su voz se alzó solitaria y desbordó
todos los cánones y maneras con poesía
de carácter conceptual, sardónica, hermosísima.
“Fue un hombre solo,
diminuto y huidizo”.
El gobierno ecuatoriano le
concedió S/. 10.000 a su madre y una pensión
vitalicia de S/. 1.500 mensuales, pero eso sirvió
para que su viuda se sintiera preterida. El gobierno
venezolano y los intelectuales de esa nación
le construyeron un Mausoleo en Caracas.
Dejó varios poemas inéditos
dedicados a "Isabelita" que ella publicó
meses después con el título de "Poemas
de Amor".
Una hermosa plumilla de Mena
Franco ejecutada en Quito, le nuestra en toda su grandeza
espiritual a través de una mirada triste que
sigue al espectador, Isabelita solo le sobrevivió
seis años y murió del corazón
en Venezuela. A ella tampoco se le ha hecho enteramente
justicia, pues fue una mujer fuerte que dulcificó
los últimos años de su desgraciado marido,
prodigándole cariño, protección
y ayudándole en su difícil tarea de
poeta y escritor.
De la poesía de esta
última etapa de su vida, críticos tan
certeros como Rodrigo Pesantez Rodas han confesado
que la intensificación misteriosa que Dávila
Andrade encontró en el verso hermético
la liberación de su conciencia, como navegante
de las zonas oscuras de abandono. Es el ser que va
hacia un lugar no identificado y blasfema y se rebela
con la conciencia creadora, seducido por los mayores
abismos del misterio. Los últimos días
de su poesía fueron de atroz desesperación.
La nada le había caído sobre todas las
palabras y éstas perdieron aún su significación
elemental, gramatical, despedazándose en frases
incongruentes.
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