MARIA GAMARRA DE HIDALGO
REVOLUCIONARIA.-
Nació en Baba, población que entonces
pertenecía a la provincia del Guayas, el 13
de Abril de 1846. Sus padres eran propietarios de
la hacienda "Victoria" situada al pie del
estero Gallinazo o Chalupo, con ganado, cacao y árboles
frutales.
Creció despreocupadamente
en el campo, saltando y corriendo feliz con los hijos
de los trabajadores y se formó demócrata.
Siempre fue ágil, alegre y entretenida, gustaba
mucho de la compañía de sus semejantes.
Al convertirse en una agraciada
jovencita leyó a Lamartine y a Chateaubriand
y como buena romántica suspiró por Joselyn,
Rene, Atala y otros héroes y heroínas
de esos tiempos. También se interesó
por obras más serias como El Contrato Social,
la Historia de los Girondinos y la Revolución
Francesa y de ensayos como El Genio de Cristianismo
y las Memorias de Ultratumba, de suerte que amó
la justicia a través de la igualdad social.
En 1866 contrajo matrimonio
con Eduardo Hidalgo Arbeláez, joven de carácter
serio y trabajador que logró acrecentar la
fortuna con su dedicación a las labores del
campo. Era alto, rubio y de ojos azules, lo opuesto
a ella que era bajita, algo entrada en carnes, trigueña
clara y muy ñata, pues tenía la nariz
roma y ancha y por eso era conocida cariñosamente
como la Ñata Gamarra o simplemente como la
Ñata, apodo que le duraría hasta su
muerte.
El matrimonio fue bien avenido
y pronto arribaron siete hijos en la casa esquinera
de Clemente Bailen y Pedro Carbo: Eduardo, Juan José,
Guillermo, Alberto, Clemencia, Roxana y Clara, criados
entre el campo y la ciudad con mucho esmero y atención,
pues la Nata siempre supo ser una perfecta madre y
una cariñosa esposa, a la par de acusiosa activista
liberal.
En 1876 participó en la revolución del
General Ignacio de Veintemilla contra el presidente
Antonio Borrero. Recogió fondos y donó
medicinas para las ambulancias que subieron con el
ejército costeño a la sierra. Eduardo
Hidalgo peleó en la batalla de Galte.
La Ñata era una personalidad
extrovertida, gozaba de numerosas amistades y grandes
consideraciones, era amiga de todo el mundo. Tenía
una cierta gracia para tratar a las personas, dama
en el extenso sentido de la palabra, no despertaba
resistencias ni malquerientes. Su simpatía
le abría todas las puertas, era lo que se dice
"de sangre liviana".
Entre Marzo y Julio de 1883,
recogió dinero y víveres para las fuerzas
Regeneradoras del General Eloy Alfaro, que enviaba
subrepticiamente al campamento de Mapasingue, con
su esposo Eduardo Hidalgo.
En Enero había organizado
el Movimiento Federalista en Guayaquil. Fue de sus
mentalizadoras y con un grupo de esclarecidos ciudadanos
fundó el semanario "El Federalista",
de formato mayor, de cuatro planas a cuatro columnas,
editado en la imprenta "Calvo y Co."
Pretendía con ello la
implantación de ese sistema en el país,
como el mejor medio para procurar el adelanto y la
prosperidad seccional, pues ya la costa se diferenciaba
de la sierra por su credo liberal. La elección
presidencial de Plácido Caamaño hizo
que el Partido Liberal se alzara en armas en Noviembre
del 84 en Manabí.
Alfaro amenazó a las
autoridades cruzando las costas de esa provincia en
el vapor Alajuela y a la altura de Jaramillo apresó
a los tripulantes del Huacho, que aunque mejor armados
y con piezas de mayor calibre, se rindieron casi sin
prestar resistencia, pero enseguida fue cercado en
Balsamaragua por el 9 de Julio y como el Alajuela
estaba incendiándose tuvo que lanzarse al agua,
ganar la playa e internarse por la selva hasta Colombia.
Otro grupo liberal formado
por el Dr. Marco Alfaro, Eduardo Hidalgo, Gabriel
Moncayo y Emilio Estrada trató de insurreccionar
la provincia de Los Ríos a fin de auxiliar
a Alfaro. Con tal propósito arribaron el 15
de Noviembre a la hacienda Victoria y junto al estero
Chapulo juraron vencer o morir en la contienda. Noble
gesto patriótico que ha pasado a la historia
con el nombre de Juramento de la Libertad.
Enseguida mandaron una posta
al General Mariano Barona, quien aceptó reunirse
con ellos al día siguiente en el sitio El Aromo,
para extender la revolución a Babahoyo, lo
que no aconteció porque fue apresado por las
autoridades de Los Ríos, que desbarataron el
movimiento.
Entonces los revolucionarios
Chapulos pasaron a Palenque y pernoctaron el 20 en
la hacienda del Coronel Nicolás Infante Diaz,
a quien designaron Jefe Civil y Militar del movimiento.
La Ñata había
organizado en su hacienda a 77 peones conciertos entre
los cuales figuraban los hermanos Manuel y Crispín
Cerezo (Crispín Cerezo era el Mayordomo y se
hizo famoso en las guerrillas) así como a 8
empleados y los denominó "Húsares
de Chapulo",
La campaña fue corta
pero sangrienta y finalizó en Diciembre de
1884 con la derrota de Infante en las pampas de Piscano
y su fusilamiento el 1° de Enero de 1885 en Palenque.
Eduardo Hidalgo pudo escapar de los soldados del gobierno
internándose en las montañas y vivó
varias semanas a la intemperie, con grave peligro
para su vida, dado lo inhóspito de la zona.
Al producirse la invasión
de Loja por Vargas Torres en 1887, el gobierno de
Caamaño le confinó a Cuenca, pensando
que allí los conservadores le harían
un mal ambiente, pero estaba equivocado, porque los
cuencanos aprendieron a quererle a él, a la
Ñata y a sus hijos. Sobretodo a la Ñata,
que los conquistó con buenas obras, con su
fino humor y la sutil diplomacia que siempre sabía
poner en todos sus actos, al punto que hasta logró
hacer algunos adeptos a la causa liberal.
En la sequía que asoló
los campos azuayos en 1889, como delegada de la Sociedad
Filantrópica del Guayas repartió víveres
entre los campesinos más afectados, para aplacar
parcialmente la hambruna. Tan caritativa labor, desarrollada
con generosidad y altruismo, le ganó una tremenda
popularidad. Quizá por eso demoró su
regreso a Guayaquil cosa de siete años, volviendo
finalmente en 1894 ante la gravedad de los sucesos
políticos ocasionados por el negociado de la
venta de la bandera.
Tras la revolución del
5 de Junio de 1895 despachó a su hijo Eduardo
a Nicaragua con suficiente dinero para que trajera
inmediatamente al General Alfaro a bordo del vapor
"Pentaur" especialmente fletado para el
efecto. El 8 hizo su Ingreso en Guayaquil el General
Plutarco Bowen, Jefe de las guerrillas liberales compuestas
de manabitas y dauleños. Fue paseado en carroza
desde el Malecón y Aguirre, por la calle Pedro
Carbo, hasta el Astillero, donde la Ñata tenía
su chalet (Calle Manabí e Industrias) y allí
descansó, pero cuando quiso retirarse al día
siguiente, le fue impedida la salida con grandes muestras
de cortesía y estuvo prácticamente secuestrado
con atenciones continuas porque se temía que
llegue a complotar y se niegue a entregar el mando
militar a Alfaro, como efectivamente ocurrió
el día 17, pero el golpe de Browen no tuvo
éxito. Al día siguiente hizo su arribo
el general Eloy Alfaro y formó comisiones que
viajaron a Quito y Cuenca con el fin de evitar inútiles
derramamientos de sangre. A Cuenca se trasladaron
Eduardo Hidalgo, Domingo de Elizalde Vera, Homero
Morla Mendoza y José María Carbo y Amador
y conversaron el 27 con el Gobernador Bernardo Astudillo,
sin lograr la entrega de la plaza.
Poco después ocurrió
la batalla de Gatazo que puso fin a los regímenes
Progresistas. Hidalgo fue designado Gobernador de
Los Ríos, mientras la Ñata se quedaba
en Guayaquil desbaratando conspiraciones reaccionarias.
Pasado el peligro su esposo
fue trasladado a la Intendencia General de Policía
de Guayaquil, función menos importante que
la anterior pero más necesaria para los altos
fines de la revolución, a efectos de controlar
y reprimir a los quintacolumnistas.
Durante el Incendio Grande
del 5 y 6 de Octubre de 1896 y varias semanas después
la Ñata se prodigó en atenciones continuas
a los damnificados, asilándolos en su chalet
del Astillero (que luego sus herederos venderían
a los Dascalzi). Era de ver como en horas del almuerzo
y la merienda se ponía hasta cinco y seis veces
la mesa para alimentar a numerosas familias indigentes.
"Su casa se transformó en refugio de familias
enteras. Unos le llevaban sus joyas, otros algún
recuerdo muy querido de familia, éste un pequeño
lío de mantas, aquel las escrituras de su casa
quemada, de la que solo quedaba el terreno. La Ñata
recibía a todos en la puerta, conciente de
su deber y sin llorar, simplemente sonriendo y con
los brazos abiertos. Para los que caben están
las habitaciones de su casa que sus hijos han desocupado
para dar lugar a los que vengan, para los que ya no
caben están los patios y las escaleras que
en poco rato son copados, para los restantes una manta,
una pieza de abrigo y alimentos que ella, su esposo
y sus hijos sirven por doquier. Largos días
continuó en esa labor hasta que la gente comenzó
a salir a los campos, a las haciendas vecinas, en
fin, en donde podían instalarse".
De allí en adelante
se dedicó únicamente a su familia. El
7 de Junio de 1900 enviudó y escribió
dos opúsculos, que ignoro si fueron editados,
bajo los títulos de "Recetario para la
olla del pobre" y "La Mujer en el hogar"
con útiles consejos para una perfecta ama de
casa, que revelan su afán de servicio social
y una formación tradicional y cristiana, pero
muy moderna para su tiempo.
Mi abuela Teresa Concha me
refería que la Ñata era encantadora
y se comadreaba con todo Guayaquil. A mi abuelo Federico
Pérez Aspiazu lo tuteaba a pesar de las diferencias
de edad. Acostumbraba visitarlos sin anunciarse, conversaba
cómodamente sentada en una hamaca, fumaba cigarros,
tenía una risa franca, contagiosa y una muy
bonita dentadura. Usualmente almorzaba donde le cogía
las once de la mañana y sus visitas eran bien
recibidas y materia de jocosos comentarios. Su excelente
y sano humor, que a veces llegaba a la graciosa picardía
criolla, le abría los corazones. Los niños
la amaban porque sabía distraerlos con cuentos
montubios y adivinanzas ingeniosas y de vez en cuando
hasta les corría carreras a caballo en los
corredores, dejándose ganar por ellos, lo que
atribuía a su dizque muy avanzada edad. En
la vejez llegó a obesa pero no perdió
su agilidad y era de ver cómo saltaba y corría,
sin caerse nunca.
En 1911 arribó al puerto
la Corbeta chilena General Baquedano para la construcción
del fortín de Punta de Piedra y el Capitán
ofreció un cocktail a bordo, pero la Ñata
supo que las invitaciones se habían cursado
con discriminación política y social,
relegando al olvido a las damas alfaristas. Entonces
se le ocurrió llamar al Capitán de un
buque alemán que se hallaba surto en la ría
y le sugirió que el mismo día y a la
misma hora de la fiesta chilena, celebrara otra igual,
ofreciéndole cubrir todos los gastos de su
peculio. Entregada la lista de invitaciones; se celebró
el baile en el buque alemán opacando totalmente
al otro pues tuvo más público y recibió
todo los comentarios de la prensa citadina. Esa fue
su última conspiración.
En Diciembre pasó por
el dolor de perder a su hijo Guillermo en los combates
de Huigra y Naranjito. Desde entonces tomó
la costumbre. patriótica por cierto, de rogar
a Dios que en los momentos de su agonía pudiera
escuchar las "sagradas" notas del Himno
Nacional del Ecuador y así sucedió efectivamente.
El 21 de Mayo de 1916, tras almorzar en la casa de
Enrique Baquerizo Moreno y su esposa, al retirarse
a la suya fue aquejada de intensos dolores abdominales
(violentísima oclusión intestinal que
no fue advertida por los médicos llamados a
tratarla) y murió a las seis y media de la
tarde, en momentos en que arribaba el Presidente Baquerizo
Moreno a la ciudad y la banda del ejército
tocaba los primeros acordes del Himno.
Fue una excelente mujer que
solamente dejó buenos recuerdos. Un hijo suyo,
médico de profesión, se portaba mal
con su esposa porque era un poco mujeriego, ésta
concurría a la casa de doña María
a darle las quejas. Cuando se presentaba el culpable,
la Ñata "le cogía por el pescuezo
y encerraba a pan y agua durante un día en
su casa" para que aprendiera a respetar a su
mujercita. En eso, como en otras cosas, fue una consumada
feminista. Y no soltaba al preso por mucho que éste
rogara por su libertad, hasta que no cumplía
su corta condena.