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JOSE MARIA SARASTI GUEVARA
MILITAR.- Nació en Pupiales, Colombia, mientras sus padres emigraban por razones políticas al Ecuador en 1837. Hijo legítimo de Manuel Sarasti Garzón, natural de Tuquerres, casado con Gertrudis Guevara y Bravo. A consecuencia de un fallido complot político contre el Presidente colombiano José Ignacio Márquez tuvo don Manuel que pasar a Guano, donde adquirió una pequeña propiedad, se dedicó a la agricultura y tuvo más familia.

Estudió las primeras letras en Guano, la primaria en Riobamba con el Maestro José Pío Uquillas y de catorce años ingresó al San Felipe de Riobamba y fue alumno de varios religiosos de ideas liberales que lo formaron intelectualmente en esa doctrina.

En 1858 se matriculó en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Central. Al año siguiente entró de Cabo Primero de la Primera Compañía del Batallón Central, en la campaña contra el gobierno del Presidente Francisco Robles García.

El 3 de Junio de 1859 peleó en Tumbuco y como la batalla le fue contraria, con otros Oficiales se retiró hacia Quito, sorprendiendo en el puente del Machángara al General Julio Sáenz, a quien tomaron prisionero. En Septiembre concurrió al ataque al Palacio de Gobierno donde perdió la vida el Coronel Felipe Viteri. Posteriormente formó parte de la caballería del General Bernardo Dávalos que el 29 de Enero de 1860 triunfó en Sabún, en lucha contra el gobierno.

Durante la campaña a Babahoyo y Guayaquil fue Ayudante de Campo del General Juan José Flores. El 24 de Septiembre fue atravesado el paso del Estero Salado y tomaron Guayaquil. Por tan significativo hecho de armas recibió la Medalla al Arrojo Asombroso.
Entre 1862 y el 63 intervino en las dos malhadadas guerras contra Colombia. Ese año finalizó sus estudios de Jurisprudencia, se recibió de Abogado vestido de militar y el Presidente García Moreno le nombró Teniente Político de Pujilí, donde permaneció hasta 1866 presidiendo dicho Concejo Cantonal.

En 1868 apoyó la candidatura presidencial del Dr. Francisco X. Aguirre Abad y escribió cartas contra García Moreno en el periodiquito "Los Hijos del Pueblo" demostrando su credo liberal, y cuando en Enero del 69 se produjo la revolución que proclamó la dictadura garciana, tuvo que refugiarse en la hacienda Pitula cerca de Patate, donde permaneció escondido hasta el 6 de Agosto de 1875, que fue asesinado el tirano en un complot de liberales. Entonces pasó a Quito, fue ascendido al grado de Sargento Mayor y designado Jefe Civil y Militar de la Provincia del Tungurahua, actuó con mesura y se hizo querer. A principios de 1876 el nuevo Presidente Antonio Borrero le designó Jefe Político de Pelileo.

El 8 de Septiembre el General Ignacio de Veintemilla proclamó la revolución en Guayaquil. Sarasti tomó las armas por el gobierno y asistió a la batalla de Galte el 14 de Diciembre, donde se usó por primera vez en el Ecuador las carabinas de repetición marca Remington que dieron un fácil triunfo a los revolucionarios.

Borrero se asiló en la Legación de Colombia, Veintemilla ocupó la capital el día 24 de Diciembre, llamó a Sarasti y a otros jefes militares a colaborar con él, pero la invitación fue rechazada.

Entre 1877 y el 82 vivió entre Quito y Patate en labores propias del campo. Cuando Veintemilla proclamó su Dictadura, formó el Escuadrón Sagrado con sus parientes y amigos y salió a los campos a pelear como guerrilleros. La lucha fue ardua y tuvo éxitos varios pues las fuerzas muy superiores del Coronel Luis Fernando Ortega resguardaban la zona. Finalmente Ortega tuvo que refugiarse en Píllaro y Sarasti ocupó San Miguelito.

En Septiembre tomó audazmente el cuartel del Batallón Chimborazo en Riobamba y de regreso a Quero y Patate se enteró de la derrota de los Restauradores en Cayambe y fue abandonado de sus hombres.

Solo y casi desesperado pasó a Baños, pero como tenía imaginación creadora, sabía que sus guerrilleros habían sembrado el pánico en la zona y que existía un gran desconcierto en las filas del gobierno; en pocas semanas logró formar un nuevo ejército, mientras los soldados de Veintemilla incendiaban Patate. Entonces combinó varios planes para reanudar la campaña.

Nuevamente en armas atacó San Andrés y tras varias victorias menores se hizo dueño en Noviembre de la zona central de la sierra, estableciendo contactos con las tropas del General Francisco X. Salazar que operaban en el sur.

En Diciembre realizó una marcha a Penipe y estando en Quero sorprendió el 27 a una columna de seiscientos hombres mandada por el Coronel Pedro Pablo Echeverría y la desbarató, causándole innumerables bajas.

Con tan brillante acción arribó a Ambato, fue aclamado General, el pueblo le victoreó con entusiasmo y lo declararon Jefe del Ejército Restaurador y héroe de la Campaña.

El 10 de Enero de 1883 entró vencedor en Quito tras un largo combate callejero con las fuerzas de Marietta de Veintemilla y nuevamente le fue reconocido su grado militar. De allí en adelante, convertido en figura clave, formó parte del Pentavirato con Luis Cordero, Agustín Guerrero, Pedro Carbo y José María Plácido Caamaño. Suplentes fueron Pedro I. Lizarzaburo, Rafael Pérez Pareja y Antonio Flores Jijón. En Abril salió con el grueso del ejército por Alausí, Sibambe y Yaguachi y arribó finalmente a las llanuras de Mapasingue. Al Mismo tiempo Salazar bajaba con el resto de las fuerzas por Babahoyo y Caamaño llegaba con una división desde Machala. Esas eran las fuerzas del Pentavirato, de los Restauradores; mientras Eloy Alfaro, con gente colecticia de Esmeraldas y Manabí, quería la revolución y formaba el grupo Regenerador.

El 11 de Mayo sostuvo una conferencia con Alfaro en la hacienda San Antonio. La reunión constituyó un fracaso porque los Radicales odiaban a Salazar y le acusaban de haber perseguido y ejecutado a los implicados en el asesinato de García Moreno (1)

Ambos ejércitos marcharon juntos pero no revueltos y en la madrugada del 9 de Julio de 1883 atacaron Guayaquil por el Estero Salado y la colina del Carmen, que tomaron al caer de la tarde tras sangrienta lucha. Sarasti, tenía 46 años de edad, era alto, delgado, inteligente, Instruido, simpático, marcial, honorable, tenaz, enamorador y generoso.

Sabía captarse la admiración de la gente y gozaba de la lealtad de sus soldados y oficiales que le obedecían ciegamente. Tenía todo para triunfar, era el hombre del momento y hasta sonó su nombre para la presidencia de la República, pero sus émulos exhibieron su nacionalidad


(1) En la conferencia de San Antonio celebrada entre Sarasti y Alfaro, el primero propuso al segundo que se agregara al gobierno del Pentavirato formando un Sextavirato a fin de que en toda la República no hubiera sino un solo gobierno. Alfaro respondió que lo más leal y justo sería la separación de todos, de él y los cinco de Quito, para dar paso a un Triunvirato compuesto por Pedro Carbo de Guayaquil, José María Sarasti de Quito y Eloy Alfaro de Manabí, ofreciendo renunciar en la persona de Luis Cordero para que estuviera representado el Azuay, es decir, los tres antiguos departamentos, proposición que no fue aceptada, pues Sarasti no tenía facultad para tanto.
colombiana y como era un Oficial de honor declaró "Por una presidencia, ni por nada, puede negarse a la Madre Patria. Nací en Colombia y es ella mi madre nativa, así como la espiritual es Ecuador. A las dos Patrias las bendigo y las aclamo".

Electo Presidente José María Plácido Caamaño, le ofreció el Ministerio de Guerra y Marina, que Sarasti ocupó por cuatro años, desde el 9 de Febrero de 1884.

Ese año editó el folleto "Los Pentaviros y Alfaro" en 67 pags. que causó vivas polémicas sobre la campaña militar de Mapasingue.

En el Congreso de 1885 fue interpelado por el Diputado Leonidas Batallas acerca de los fusilamientos de Leopoldo González en Latacunga y de Nicolás Infante en Palenque, pero fue absuelto.

En 1887 declaró que mientras fuera Ministro de Guerra no se volvería a fusilar a nadie y tuvo un altercado con el Presidente Caamaño en el Palacio de Gobierno. Caamaño era partidario del fusilamiento del Coronel Luis Vargas Torres. Por tal motivo, durante la sesión celebrada en el Consejo de Estado votó contra dicho fusilamiento con el Vicepresidente de la República Pedro José Ceballos Salvador, Antonio Gómez de la Torre y Timoleón Flores Chiriboga, contra la mayoría liderada por José Modesto Espinosa y Pablo Herrera.

En 1890 volvió a ocupar el Ministerio de Guerra y Marina durante la Presidencia del Dr. Antonio Flores Jijón. El 91 pasó a la Comandancia General del Distrito de Quito.

El 12 de Agosto de 1892 el Presidente Luis Cordero le llamó al Ministerio de Guerra y Marina y por tercera ocasión ocupó dicha cartera.

Ese año fundó las revistas "Militar" de aparición mensual y larga vida y la "Reseña Militar" que fue más bien una publicación cultural.

Vivía en una cómoda casona en la Plaza de! teatro con su esposa y numerosa progenie.

En 1894 se conoció en el país el negociado de la venta de la bandera y los pueblos se insurreccionaron. En Diciembre se produjo una manifestación de protesta frente a la Casa Presidencial. Sarasti se asomó al balcón para tratar de calmar los ánimos pero fue abucheado. Entonces ordenó dispersar a los manifestantes a tiros y hubo varios heridos.

El 16 de Enero de 1895 editó un "Comunicado a la Nación" tratando de aclarar los hechos para salvar al régimen pero ya era tarde.

El Presidente Cordero renunció poco después y le sucedió como Encargado el Dr. Vicente Lucio Salazar, quien ratificó a Sarasti en sus funciones de Ministro; a los pocos días enfermó dicho magistrado con derrame cerebral y asumió el mando el Presidente de la Cámara de Diputados Carlos Matheus y Pacheco, que renunció a poco y ascendió el Dr. Arístides Rivadeneira Ponce, que enterado del movimiento revolucionario del 5 de Junio en Guayaquil, designó a Sarasti Director de la Guerra, en atención a su buen carácter e influjo sobre la tropa.

El 10 de Junio se movilizó el ejército para enfrentar a los liberales de Alfaro. Poco después ocupó la plaza de Riobamba que acababa de ser abandonada por el guerrillero liberal Víctor Fiallos. Enseguida telegrafió al Obispo Pedro Schumacher recién llegado a Quito, felicitándolo por haber escapado de las guerrillas liberales manabitas.

Sarasti tenía fama de liberal moderado entre el elemento ultramontano y solamente su buen nombre como militar y más aún, su popularidad entre la tropa, le permitía dirigir al ejército del gobierno, pero no gozaba de la confianza de los conservadores y pronto empezaron las rencillas entre sus Oficiales. El General Vicente Fierro se empecinaba en desobedecerle. La tarde del 14 de Agosto se enfrentaron los ejércitos en las heladas llanuras de Gatazo.

La batalla fue reñida y en ambas partes se realizaron actos de heroísmo. Los gobiernistas llegaron a ocupar las trincheras de Alfaro pero al caer la noche el triunfo aún se mostraba indeciso. Entonces los combatientes se retiraron a sus posiciones de origen. Alfaro casi había agotado su parque y solo le quedaban seis disparos de cañón. En el campo gobiernista volvieron a producirse rozamientos y discusiones y algunos jefes empezaron a desertar.

Al amanecer del día 15 Alfaro inició los disparos con sus seis últimas cargas y asombrado por la ausencia del enemigo ocupó la población de Cajamarca sin resistencia. ¡Había triunfado el liberalismo en el Ecuador!.

Desde ese día Sarasti empezó a sufrir dicterios y postergaciones. Retirado ordenadamente a Mocha con unos cuantos oficiales leales, quiso reunificar sus fuerzas pero le fue imposible. El 20 arribó a Quito y renunció sus funciones.

Retirado a su hogar, no fue molestado por el triunfador, a quien conocía desde los días de Mapasingue en 1883, pero a principios de 1896 cayó preso por haber instigado la publicación de unas hojas sueltas contra el gobierno en la Imprenta Flor. Nueve meses permaneció detenido en el Panóptico y desde su celda inició una colecta a fin de comprar armas para la revuelta.

Entre 1897 y el 98 permaneció oculto en la hacienda Pitula y a fines de año fue nuevamente apresado en Ambato y confinado a Quito, logró escabullirse de su casa y en unión de otros revolucionarios pasó a Latacunga, pero el 31 de Diciembre fueron derrotados por fuerzas muy superiores en la quebrada de Guangoloma (2).

En Enero de 1899 estuvo en Pifo ratificado como Director de la Guerra por los jefes conservadores y contando con numerosos soldados vecinos de Colombia con los que hubiera podido atacar Quito; sin embargo, para evitar un inútil derramamiento de sangre prefirió dar un rodeo y avanzar a Riobamba, plaza que consideraba de mucha utilidad para sus planes.

A la una de la madrugada del 23 de Enero se encontró en el páramo de Sanancajas, en las faldas del Chimborazo, con el ejército liberal de Julio Andrade y nuevamente fue derrotado. Con unos cuantos leales pasó a Colombia y volvió a ser confirmado Director de la Guerra por el último Encargado del Poder Dr. Arístides Rivadeneira Ponce, progresista igual que él. Con tal calidad permaneció algunas semanas en Pasto y luego se dedicó a preparar otra invasión al Ecuador.

A fines de 1900 penetró con numerosas fuerzas y a la altura del sitio La Taya, el 15 de Noviembre derrotaron al General liberal Rafael Arelano del Hierro, pero lejos de proseguir la guerra y tomar Quito, perdió un


(2) Un texto anónimo y tradicional de la Provincia del Tungurahua sirvió para lamentar las derrotas conservadoras en Sanancajas y en Guangoloma; esta última le empujó a obligado refugio en los altos de la cordillera del Chimborazo. Esta es la canción azul de quienes llevaban por insignia una cinta de ese color en el sombrero Jipijapa. "El Curuchupa". // En las llanuras del Chimborazo / do solo crecen áridas pajas. / tendió la muerte su negro brazo / tomando el sitio de Sanancajas.// Día borroso, temible día / en que el destino quiso sellar / con sangre humana la tiranía / del que por fuerza quiso mandar. // De frente a frente los enemigos / desesperados por combatir, / cada soldado toma consigo / De su héroe el lema "Triunfo o morir". // En la quebrada de Guangoloma / en que pelearon con gran furor, / quedó empeñada la cinta aurora, / hermoso emblema conservador, // Sobre la arena grabé mi nombre / y un leve viento lo arrebató: / pasaron días, pasaron meses, / pasaron años y no volvió. //
tiempo precioso. Rivadeneira, que esperaba en Pasto con el resto de las fuerzas, disolvió el ejército. Sarasti protestó y hubo un violento cruce de comunicaciones. Toda resistencia conservadora había terminado.

Quizá por ello, cuando el nuevo Presidente Leonidas Plaza dictó un Indulto General, se acogió a él y regresó a su hogar en Quito, tras varios años de ausencia azarosa en plan de guerrillas.

En 1905 fue designado Miembro de la Comisión Codificadora de Leyes Militares por el Presidente Lizardo García.

En Enero de 1906 Alfaro hizo la revolución a García, éste ofreció a Sarasti la conducción de la guerra en el Norte, quien no aceptó en razón de su avanzada edad, pues contaba casi 70 años.

En 1908 acompañó al féretro del General Ignacio de Veintemilla.

En 1909 fue designado Presidente de la Comisión de Premios y Recompensas en la Exposición Nacional y recibió una Medalla de Oro del Comité de la Exposición. En 1910 fue condecorado por el gobierno francés.

En Enero de 1912 obtuvo sus Letras de Retiro voluntario con la totalidad de su sueldo. En 1916 le nombraron Presidente de la Comisión Especial de Oficiales Generales para la formación y calificación de los Códigos Militares. En 1920 fue Miembro del Jurado de Premios del Centenario de la Independencia de Guayaquil y enviudó. En 1921 recibió un honroso Diploma del Presidente José Luis Tamayo. En 1922 la Cruz de Boyacá del Gobierno de Colombia, su patria de origen, que premió su lealtad al suelo natal.

Para el alzamiento obrero de Guayaquil ofreció sus servicios al gobierno, que agradeció el gesto sin aceptarlo. Estaba pobre, anciano y rodeado de hijas solteronas, pero lúcido y vital.
Quizá por necesidad abandonó su casa grande y céntrica por otra modesta en el popular barrio de la Guaragua. La Revista del Ejército Nacional y el Diario El Comercio le dedicaron sendos reportajes.
Falleció en Quito el 3 de Septiembre de 1926 de 89 años de edad y en el entero uso de sus facultades.

Su carácter ameno y locuaz, su conversación llena de agradables giros y modismos que denotaban al hombre de letras que no había olvidado sus inicios campesinos, le ganaba simpatías en todos los sectores.

Un arrojo y una valentía indiscutibles y bien probados le atraía el aprecio y la admiración de sus camaradas de armas, así como el respeto de sus contrarios. Su vida familiar dedicada por entero al cuidado de los suyos, aunque dejó hijas naturales en diferentes señoras del país, se vio matizado por largas ausencias en plan de campaña.

Numerosos datos biográficos suyos existen dispersos en libros y revistas del país, sobre todo en las obras de Wilfrido Loor y Roberto Andrade. El Dr. Fernando Jurado Noboa tiene una admirable síntesis de su vida.