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DIONISIO DE ALCEDO Y HERRERA
PRESIDENTE DE LA REAL AUDIENCIA.- Nació en Madrid en 1690 y fueron sus padres legítimos Matías Alcedo y Herrera, Secretario del Consejo de Italia y Clara Teresa de Ugarte, natural de Bilbao. Ambos de condición noble.

Estudió estadísticas, matemáticas y se dedicó al servicio del Estado. En 1705 era Oficial de las Tesorerías de Cruzada del Arzobispado de Sevilla y Obispado de Cádiz y movido por su afán de aventura decidió venir a América recomendado por el Marqués de Mancera, Presidente del Consejo de Italia y jefe de su padre. Al año siguiente pasó a la flota de galeones del Conde de Casa Alegre, acompañando a la familia del Virrey del Perú, Manuel Oms de Santa Pau, Olim de Senmenat y de Lanusa, Marqués de Cestell dos Rius, pero en Cartagena de Indias enfermó gravemente de calenturas o fiebre chapetona, como también se le llamaba al paludismo, que le postró en cama varias semanas, y no pudo continuar a Lima, perdiendo la oportunidad de gozar de la protección del Marqués. Repuesto de su dolencia se dedicó a explorar las costas de Darién, marcó los ríos que en ella desembocaban y hasta conoció al Corsario Carmier.

En 1708 embarcó en los galeones del Marqués de Brenes que portaban el tesoro de la Feria de Galeones de Portovelo. El 8 de Junio fueron atacados por la escuadra del Almirante Carlos Wager, que se apoderó de la mayor parte de la flota. La nave capitana española, la San José, mandada por el Conde de Vega Florida, también cayó en poder de los ingleses. Alcedo quedó con tres heridas y fue llevado prisionero a la isla de Jamaica, donde pasó varias aventuras para finalmente ser canjeado con otros españoles. Desde entonces odió todo lo que fuera inglés y se dedicó a perseguirlos.

Luego de tan mala experiencia creyó prudente seguir al Perú en busca del Virrey, atravesando el río Magdalena y extensas comarcas, pero al llegar a Quito supo que había muerto y que el Obispo de esa ciudad, Diego Ladrón de Guevara, le reemplazaría interinamente. Con tal noticia se le presentó y admirado el Obispo de los conocimientos del joven, le designó Oficial Mayor de la Secretarla de Cámara, lo llevó al Perú y en 1712 también le hizo uno de los cuatros Contadores-Ordenadores del Tribunal de Cuentas de Lima.

En 1713 organizó los arqueos generales de todas las Reales Cajas del Perú y trabajó una serie de Cuadros y Cálculos sobre el estado y frutos de las recaudaciones de impuestos, que se remitieron al Consejo de Indias en 1714.

Entre 1714 y el 16 sirvió en el Tribunal Mayor de Cuentas de Guancavelica, considerado como una plaza congrua por la producción de minerales de ese sector, sin faltar a sus labores en la Secretaría, que renunció en 1718 para volver a España con el Obispo-Virrey, quien se separaba del mando.

Juntos partieron hacia Acapulco donde el Obispo arribó extenuado por las vicisitudes del viaje y Alcedo se movilizó para conseguir porteadores que le llevaran a México, mientras él seguía hacia Veracruz y La Habana, a vindicarle en el Consejo de Indias.

En la isla de Cuba se detuvo algún tiempo por falta de navíos, al arribar a Cádiz supo de su muerte y siguió a la Corte a defender su memoria, logrando que el Consejo absolviera al Obispo-Virrey de los cargos que le habían hecho.

En 1719, el Ministro de Marina, Manuel Fernández Duran, le encargó que escribiera un "Manifiesto sobre la necesidad de restablecer la comunicación periódica por medio de los buques llamados de Aviso, que de 1605 habían cruzado de España a México y a Tierra Firme”, que al ser puesto en Conocimiento del Consejo de Indias fue aprobado en todas sus partes, comisionándose al Consulado de Cádiz para sostener esos correos. Igualmente escribió un "Opúsculo" probando que el proyecto de cerrar las minas de azogue de Guancavelica era impolítico y dañoso.

El Ministro quedó muy gustoso con ambos trabajos y pidió que se le tuviera en cuenta para la primera vacante en el Tribunal de Cuentas de Lima y como el número estaba completo, en 1721 fue premiado por el Rey con la Gobernación de la Provincia de Canta en el Perú, facultándole para beneficiarla si no le servía.

Nuevamente de viaje, siguió a Portovelo y estuvo presente para la llegada del primer navío inglés con mercaderías, conforme el Acuerdo previo al Tratado de Utrech.

En Cartagena de Indias contrajo matrimonio con la sevillana María Luisa Bejarano y Saavedra y juntos pasaron a Lima en 1722, desempeñando nominalmente y por dos años la mencionada Gobernación de Canta, hasta que logró beneficiarla por haber sido electo Diputado General a la Corte, a cuyo desempeño volvió a España a principios de 1724.

En Panamá le fue entregado un cajón con Joyas para la reina Mariana de Neoburg y tras un accidentado viaje matizado por temporales y piratas, logró entrevistarse con ella en el Real Sitio de Aranjuez. La reina quedó tan contenta con las Joyas que su esposo el Rey Felipe V premió a Alcedo con la Cruz de la Orden de Santiago y con la Encomienda de Fradel.

Poco después editó un "Memorial Informativo sobre diferentes puntos tocantes al Estado de la Real Hacienda y del Comercio". En 1726 una "Justificación de los asientos de Avería, Almojarifazgos y Alcabalas" cuya lectura influyó grandemente en el ánimo del monarca para el restablecimiento de la Armada de Galeones y para dictar varías providencias a fin de conseguir la eficaz recaudación de impuestos.

En 1727 escribió dos Informes. Uno sobre la petición de rebaja de contribución de las minas de plata del quinto al décimo y otro sobre los abusos en los puertos de Indias respecto del Asiento o Convenio establecido con Gran Bretaña, pero como jamás fueron publicados, posiblemente se han extraviado para siempre.

El Ministro José Patiño le solicitó una "Memoria" acerca de cómo los ingleses proveían de esclavos negros a las colonias americanas y de cómo introducían mercaderías en las Ferias de Portovelo, mientras tanto Alcedo asistía como Ministro con voto a una Junta integrada para tratar varios asuntos en América, en cuyo desempeño recibió el nombramiento de Presidente de la Audiencia de Quito y partió por tercera vez a América.

En 1728 arribó a Cartagena de Indias y siguió a Quito, ciudad que halló empobrecida y en decadencia, pero con solicitud y actividad logró encauzarla por el comercio y la industria. En 1730 escribió un "Mapa y Resumen general de la Real Hacienda, de la Caja de Quito".

Un año antes se le había unido su esposa, señora "de buen cuerpo, gruesa y de buen color", de carácter grave, circunspecta, cuya casa en Quito siempre fue ejemplar, ordenada y decorosa. Allí le nacieron varios hijos.

Alcedo mantuvo buenas relaciones con los Obispos Gómez Frías y con el sucesor Paredes y Almendaris. En 1732 protestó ante el Virrey del Perú por la presencia de portugueses en el territorio oriental de la Audiencia, pues pretendían fundar un establecimiento y edificar una fortaleza en el río Amazonas. Merced a esta denuncia, corroborada por los misioneros Jesuitas, se pudo detener la invasión.

También levantó el primer Plano de Quito y formó un "Compendio Histórico de la Provincia de Guayaquil” que publicará a su regreso a Madrid, aunque la critica ha atribuido está obra al Padre Jacinto Moran de Buitrón.

Lamentablemente, tan buen funcionario pecó de injusto discriminando a los criollos, sobre todo al sucesor en la Presidencia, José de Araujo y Río, limeño de nacimiento a quien denunció falsamente por contrabando. El juicio duró hasta 1747 y la sentencia salió contraria a Alcedo, quien tuvo que pagar una multa de 10.000 pesos como indemnización de perjuicios y costas.

Casi al finalizar su gobierno en 1736 arribaron a la Audiencia los miembros de la Misión Geodésica Francesa, que alojó en Palacio y trató con gran cortesía. Casi enseguida entregó el mando tras ocho años de gobierno próspero y habiendo rendido su juicio de residencia embarcó a La Habana, Santander y Madrid, donde influyó para que se declarara la guerra a Inglaterra.

En 1740 editó un raro "Memorial" sobre la remisión de un lote de joyas, lío en el que se había inmiscuido por su prurito de ver en todo asunto contrabando, una "Relación de los Méritos y Servicios" suyos, así como su famoso "Aviso Histórico, Político y Geográfico con las noticias más particulares del Perú. Tierra Firme, Chile y Nuevo Reino de Granada, en la relación de los sucesos de 205 años, por la Cronología de los Adelantados, Presidentes, Gobernadores y Virreyes de aquel reino meridional, desde el año de 1535 hasta el de 1740" obra considerada curiosa y erudita, pues contiene los esfuerzos desplegados por los ingleses para extender su comercio en la América española. (1)

(1) En 1883 Justo Zaragoza publicó "Piraterías y agresiones de los Ingleses y de otros pueblos de Europa en la América española desde el siglo XVI al XVII" con las principales obras de Alcedo, que se convirtió en el autor del momento, pues fue tanto el furor que despertaron, que todos querían leerle.
En 1742, considerado el oráculo de las Américas por el Rey y el Consejo de Indias que le consultaban todo asunto, fue designado Presidente de la Audiencia de Tierra Firme (Panamá) y volvió a América dedicándose a la fortificación de esa ciudad, impidiendo el contrabando y combatiendo a los soldados alzados en la provincia de Nata, que auxiliados y armados por los ingleses habían hecho armas contra el Rey.

Al mismo tiempo se preocupó de tos asuntos culturales, fundó la Universidad de San Javier y la dotó de cátedras; pero movido por la adustez de su carácter se concitó el odio de varios Oidores que habían estado enseñados a comerciar, quienes lo calumniaron ante el Rey logrando que la Corte enviara un Juez pesquisidor, por lo cual tuvo Alcedo que regresar a Madrid en 1750 tras solamente seis años y medio de gobierno.

Entonces comenzó la época más difícil de su vida pues debió desvanecer los cargos y aunque finalmente fue absuelto, nuevas acusaciones prolongaron las acciones judiciales hasta 1762, finalmente su enemigo el Juez Murillo fue obligado a pagarle la suma de 12.523 pesos como indemnización.

Con parte de ese valor pudo sacar en 1763 la segunda edición de su popular "Aviso". Su esposa habla fallecido y él vivía retirado y en pobreza, escribiendo incansablemente pero algunos manuscritos suyos se han perdido. Tal la "Descripción de los tiempos de España en el presente Décimo Octavo Siglo" que Justo Zaragoza dice que se Imprimió aunque no se conoce ningún ejemplar. Otros, en cambio, se salvaron de la destrucción como el "Plano Geográfico e Hidrográfico del Distrito de la Real Audiencia de Quito" fechado en 1766 y que recién fue editado en Madrid en 1915.

Era un erudito coleccionista de todo tipo de impresos. Habla llegado a la categoría de sabio bibliógrafo en las materias de Geografía e Historia y en su biblioteca particular se podía hallar las Gacetas de Holanda y Madrid, Mapas, Atlas, Libros, etc. de todo lo cual debió aprovechar su hijo el Mariscal Antonio de Alcedo y Bejarano, Gobernador de la Coruña en 1807, para editar ese año su famosísima "Biblioteca Americana. Catálogo de los autores que han escrito de la América en diferentes idiomas y noticias de su Vida y Patria, años en que vivieron y obra que escribieron", donde se nota la influencia de su padre. Obras que ha sido reeditada varias veces en el mundo occidental.

Falleció en Madrid en 1776 de 86 años de edad y fue enterrado en la Parroquia de San Sebastian donde había nacido. Ha pasado a la historia como uno de los mayores economistas y hombres de gobierno español en las colonias de América. Odió el contrabando y a los ingleses, posiblemente por las vicisitudes que estos le ocasionaron de Joven. Amó los libros, leyó y escribió mucho. González Suárez le recuerda en su Historia General como uno de los pocos presidentes modelos que tuvo la Audiencia de Quito.