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TOMAS HERMENEGILDO NOBOA
POLITICO.- Nació en Quito y fue, bautizado el 4 de Julio de 1.805 su padre Juan Noboa tenia una covacha en la plaza mayor y su abuelo Fray Agustín Noboa Almeida, de la Orden de San Francisco, fue Guardián de ese convento en Guayaquil. Se desconoce quien fue su madre.

El Dr. Fernando Jurado Noboa ha escrito su biografía Pobre aunque de inteligencia precoz, aprendió a leer y a escribir con su padre, quien le llevó a estudiar a la escuela que mantenían los Dominicanos en su parroquia, quizá por eso ingresó a la orden en 1823 donde permaneció algún tiempo saliendo en buenos términos para secularizarse pues su carácter no le permitía llevar vida de comunidad. En 1.828 recibió la tonsura del obispo de Quito pero una inestabilidad nerviosa y la incipiente dromomanía (1) que para entonces ya se le había iniciado, le obligó a salir de Quito.

Al poco tiempo le vemos en Pasto escuchando de las matanzas ordenadas por Flores contra los civiles durante su gobernación. Enseguida siguió a Lima y comenzó a destacar como orador sagrado, muy dado a la poseía y a las especulaciones políticas. De ese entonces son unos versos que Años más tarde recopiló y salieron a la luz en Guayaquil en 1.843.

Como hombre de cultura, estaba al día en sus lecturas, frecuentaba varias tertulias y salones, tuvo un periodo bohemio y un hijo que luego educaría en Quito hasta hacerlo abogado.


(1) Manía que hace cambiar constantemente de ciudad y domicilio.

En 1.833 regresó tras cuatro años y medio de ausencia. Mas bien alto, facciones blancas, contextura regular, ojos y pelo negro, era lo que se dice de buen porte y como su conversación atraía por novedosa, encontraba amigos en todas partes. Así fue como empezó a asistir a las tertulias filosófico-políticas de la casa del Coronel Francisco Hall, donde salió la fundación de una sociedad llamada del Quiteño Libre, que se enfrentó al régimen del General Flores.

El 19 de Octubre de 1.833 pudo escapar de la matanza de sus miembros, viajó a Guayaquil y se sumó a los revolucionarios chihuahuas cuyo cuartel estaba en la isla Puna. Enseguida combatió en diversas acciones navales. Estuvo en los dos sangrientos combates de la matanza contra las fuerzas sutiles del General Otamendi, vistiendo de civil armado, pero nadie se escandalizó por ello dadas las circunstancias. Y cuando Rocafuerte se alió con Flores, protestó airadamente, considerándose traicionado y con Pedro Moncayo, Pablo Merino y otros más se separaron con gran resentimiento. En Noboa el asunto adquirió ribetes exaltados por su carácter colérico, muy propenso a los excesos.

A mediados de 1.834 estuvo de capellán de las tropas de José Félix Valdiviezo y el 16 de Enero de 1.835 peleó en la batalla de Miñarica, salvando de ser alcanzado por las bayonetas enemigas y fugó al Perú por caminos apartados, pasando incontables penurias.

En 1.836 volvió a Quito y fue por cortos meses Rector del Colegio de San Fernando. Entre el 37 y el 39, aparentemente amistado con Rocafuerte, fue Senador de la República. Pronto volvieron a distanciarse pues sufrían los mismos caracteres rotundos y se les hacia difícil sujetarse en sus apreciaciones. Rocafuerte tenía más mundo que Noboa, quien por su pobreza sólo había podido conocer Lima, ciudad que visitó por tercera vez el 39, ocupando al poco tiempo la cátedra de Filosofía del Colegio Seminario de Cajamarca y también su rectorado.

En 1840 el Presidente Flores te mandó un salvoconducto para que regresara al país, ese gesto le ganó la amistad de Noboa, olvidandose antiguas pendencias y resentimientos.

En 1.843 concurrió al Senado formando parte de la mayoría floreana que aprobó la llamada Carta Negra y la reelección presidencial. Como uno de los jefes de bloque polemizó con Rocafuerte, quien le quiso hacer retirar la ciudadanía por haber prestado servicios en el Perú, pero no lo logró.

En 1845 ejerció el rectorado del colegio de San Diego de Ibarra. En Noviembre del 46 fue expulsado del país por floreano en tiempos del presidente Vicente Ramón Roca.

En 1.848 el Arzobispo Garaycoa le nombró Cura de la parroquia de San Marcos y profesor del Seminario, también le eligieron Senador suplente por el Guayas y como estaba de moda ser antifloreano -por el proyecto de invasión de América- escribió en el periódico " El Clamor de Atahualpa" el artículo "Flores y Heraldo", burlándose de él.

En Agosto nuevamente quiso el Presidente Roca deshacerse de él y lo envió confinado a Canelos en el Oriente, pero revocó la orden cuando Noboa iba por las montañas de Agoyán, para que partiera al destierro en el Perú; aunque todo quedó en nada cuando algunos de sus amigos intercedieron dada su mala situación económica.

Al finalizar el período presidencial de Roca le acusó ante Noboa el Congreso "por los incontables abusos cometidos contra particulares".

En 1.850 apoyó el ascenso al poder de su primo segundo Diego Noboa Arteta, con quien se reconocía pariente y hasta le sirvió de Asesor. Ese año denunció una nueva invasión de Flores y fue electo miembro de la Sociedad de Historia e Idiomas.
En 1.851 fue Diputado por Pichincha a la Constituyente reunida en Guayaquil y se distanció de Urbina. El 52 se presentó al General Flores, sumándose en la Puna a sus planes de Invasión porque aparentaba reponer a Noboa en el poder.

Fracasada la invasión viajó a Chile, donde vivió entre 1.853 y 54 como rector de un colegio de Valparaíso. El 54 pronunció un célebre discurso por el aniversario de la independencia de ese país, que salió publicado en 32 páginas; siempre fue un hábil orador y por ende un sobresaliente parlamentario.

En 1.859 residía en Lima y le dio por editar el folleto “Rocafuerte, evocado por segunda vez en la tumba y sometido ante el publico y los tribunales de Justicia" con algunas verdades dolorosas, sus puntos de vista particulares y no poca fantasía, ensayo que escandalizó a la colonia ecuatoriana en esa capital y disgustó sobremanera a la viuda Baltazara Calderón, que le inició un bullado juicio acusándole de la comisión del feo delito de calumnia. El tribunal de imprenta falló a su favor, Noboa tuvo que huir a Guayaquil para evitar la prisión decretada en su contra. Y como seguía siendo pobre se ganó la vida por cortos meses como Párroco de Punin, pueblo indígena alejado de todo centro urbano.

En 1860 se amistó con el Presidente García Moreno y a través de Flores fue electo Diputado a la Convención Nacional por la recién creada provincia de Los Ríos. En Enero del 61 asistió a la Convención y sirvió a Flores en todo, pidió que no se aceptara la renuncia de García Moreno, después contradijo con insultos al Dr. Miguel Egas cuando éste presentó un proyecto de Amnistía que Flores declaró extemporáneo, pero como la Cámara insistiera, Flores retardó la votación y dio por terminada la sesión. Finalmente Noboa insultó a la administración de Urbina y a todas las anteriores. Juan León Mera le llamó al orden, Flores intervino contra Mera y la Cámara llamó la atención de Flores. Bien se veía que Noboa, a pesar de ser sacerdote, usaba la violencia en todos sus actos.
En 1.865 viajó a ocupar el curato de Santa Rosa cerca de Ambato y allí permanecería siete años, empleando las pingues rentas en la construcción de una iglesia, pues la que encontró era de paja.

El 66 pronunció la oración fúnebre sobre el cadáver de Flores en la Iglesia de Santo Domingo. El 69 volvió a la Convención Nacional como miembro del bloque garciano, pidió la elección presidencial de este y que se le designara General en Jefe del Ejército, incoherencia y exageración que fue aprobada aunque García Moreno no era militar.

Entre 1.870 y el 71 desempeñó el rectorado del Colegio Bolívar de Ambato y dictó la cátedra de Filosofía, pero renunció por diferencias con el Gobernador Juan León Mera, a quien lanzó agudos epigramas. Este se desquitó en la prensa de Guayaquil con su novela. “Los novios de una aldea" ridiculizándole, pero García Moreno intervino y consiguió que se suspendiera la publicación y que el autor quemara los originales.

Debilitado en su corazón falleció en Ambato el 28 de Diciembre de 1.872, de escasos 67 años, con fama de excelente orador, político irascible y polémico. Fue todo un carácter.