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JAIME PUIG MIR
INDUSTRIAL.- Nació hacia 1852 en Vilasar de Mar, Cataluña, España y fueron sus padres legítimos Juan Puig Carrau dueño de unas viñas cercanas y Ana Mir y Borotau, vilasaneses acomodados. Su abuelo el Cap. Juan Puig fue Armador de barcos en Vilasar y una noche de tormenta salió a amarrar sus barcazas y no volvió. Tres días después le tocaron las campanas a misa de difuntos y se le dio por muerto. En el Museo Naval de Barcelona se conservan los diseños de los barcos de los Puig de Vilasar y algunos retratos de esos Capitanes.

Estudió la primaria y secundaría en el vecino Colegio que los Hermanos Cristianos mantenían en Premiá del Mar y aunque siempre se había visto atraído por la mecánica, por agradar a su madre siguió la carrera de Medicina en Alemania y tras cursar los primeros años, sintiéndose atraído por las aventuras de sus hermanos mayores Juan y Pedro, quienes habían vuelto del Ecuador dejando un ingenio de azúcar en funcionamiento (1) abandonó sus estudios y sin el consentimiento materno pasó en 1876 a Guayaquil y arrebató la administración a su cuñado el Cap. Eduardo Ferrés Viada, que andaba de picos pardos y tenía abandonado en Vilasar a su esposa Elvirita Puig Mir, obligándole a regresar a España, a cumplir con sus deberes conyugales.

En 1882 ya era próspero industrial que manejaba con éxito sus negocios entre Guayaquil y Babahoyo. En el ingenio tenía un cepo de madera para brazos y piernas donde era fama que en los primeros tiempos


(1) El Ingenio San Pablo se levantaba en el sitio Cacharí a medio camino entre Babahoyo y la actual población de Montalvo en una zona paradisíaca. Su maquinaria a vapor había sido importada de Londres en 1872 y la primera zafra se realizó en 1874, año en que Pedro Puig Mir fue sacado del Ecuador por disposición de García Moreno bajo la acusación de masón.
había castigado a tos juerguistas, borrachos y pendencieros, al punto que después nadie osaba beber licor o mezclarse en peloteras. Los peones y capataces le tenían respeto pues conocían su forma de ser, pero al mismo tiempo sabían que era incapaz de cometer una injusticia.

En 1883 contrajo matrimonio con Ana Bonín Cuadrado, hija del adinerado comerciante italiano Juan Bautista Bonín Sanguinetti y al culminar exitosamente la décima zafra declaró: Mi ingenio es el único del país movido a vapor y no tengo necesidad de ingenieros para su mantenimiento, pues sin ayuda alguna armo y desarmo las máquinas durante la operación anual de limpieza y conozco cada una de sus piezas y tornillos.

En 1884 nacieron sus hijos mellizos María y Juan. El 85 su hija Ana y viajó con su familia a Vilasar de Mar donde les presentó a la parentela. El 86 nació su hija María (2). Sus hermanas le entablaron juicio por el ingenio y tras contratar al famoso abogado La Cierva ganó el pleito y únicamente pagó el justo precio.

De regreso consiguió en las islas Canarias las semillas de las altas palmas que crecen en dichas islas y las sembró a la entrada del ingenio y en la avenida principal del Cementerio de Guayaquil. En Cuba adquirió nuevas variedades de caña logrando un considerable aumento en la producción.

En 1887 diversificó sus negocios y creó la "Empresa de Vapores Nuevos" para cubrir la ruta fluvial del río Babahoyo. En 1889 armó en un basto solar de la Ría y la calle de la Concordia, hoy Calicuchima, adquirido con tal finalidad, dos vapores construidos por "Pusey and Jones Co”, en Wilmington, USA y los llamó San Pablo y Puig Mir, con 97 y 102 pies de


(2) Maria falleció en Guayaquil de menos de dos años y Juan en 1893 de fiebre perniciosa a solo veinte horas de haber salido del puerto venezolano de La Guayra en viaje a Europa y su cadáver fue arrojado al mar.
eslora, que por su gran tamaño y anchura no pudieron subir arriba de Babahoyo donde los ríos comienzan a angostarse. Por eso ordenó dos vapores más angostos llamados el Rápido y el Pampero, de diseño distintos pues solo tenia una rueda trasera en lugar de las dos clásicas (una a cada lado) pero el recorte de los lados les hacia perder fácilmente la estabilidad, por eso nunca pudieron cubrir la ruta de El Oro que era en mar abierto y con olas. El Rápido terminó accidentándose al tomar puerto en Babahoyo. El Pampero tuvo mejor suerte y navegó muchísimos años hasta bien entrado el siglo XX. (3)

En 1889 nació su hijo Rodrigo y el 93 Lucrecia. En la madrugada del 5 de Octubre de 1896 fue despertado por el Mayordomo del ingenio para que observara una gran luminosidad en dirección al cielo de Guayaquil. Inmediatamente se dio cuenta que la ciudad estaba ardiendo y tomó una canoa, arribando en horas de la tarde cuando aún se quemaban las últimas casitas de caña en la sabana grande al lado de la Atarazana. Presente en la Gobernación, formó parte de la Comisión de Ayuda a los damnificados que recogió dinero, alimentos y vituallas y por su propia cuenta trasladó a cincuenta familias pobres que instaló provisionalmente en el ingenio y mantuvo a su costa por espacio de seis meses, dándoles tiempo a que rehicieran sus vidas.

(3) En palabras de Clemente Yerovi Indaburo fueron los más hermosos vapores fluviales del país. Eran andadores y competían con el Chimborazo y el Bolívar de la Empresa Indaburo mano a mano, pero les superaban por sus catorce pies de eslora y su capacidad de carga era un cuarenta por cientó mayor en razón también de su mayor puntal.

En los vapores de Puig Mir se atendía esmeradamente a los pasajeros. Aparte del transporte de personas y mercaderías a Babahoyo, se aceptaban Notas a consignación para ser cobradas en el lugar de destino. Al retornar a Guayaquil se acostumbraba ir entregando las mercaderías en los diferentes muelles a puerta.

Un nutrido personal de cargadores subía y bajaba los bultos. Los mozos de servicio limpiaban los camarotes y atendían a la clientela en el bar y los dos comedores. La buena presencia y distinción de los Capitanes era otro atractivo para hacer más llevaderas las cansadas rutas. En cubierta se permitía el juego de dados y cartas. El amplio salón del piso superior hacia de comedor y hasta de pista de baile. También se podía disfrutar desde allí de la brisa y del paisaje siempre cambiante de las haciendas que se pasaban, oteanto el infinito de la floresta tropical.

El bar era alimentado de finos y exquisitos licores europeos y como se llevaban marquetas de hielo, las bebidas se servían frías. Los almuerzos y meriendas eran de mantel largo en primera, atendiéndose por riguroso turno. El Capitán presidía la primera mesa, la segunda corría a cargo de su Ayudante y así por estricto orden protocolario.

La vajilla de uso diario era de porcelana en primera y de loza en segunda. La de primera tenia el monograma de la Empresa. Los cubiertos eran de plaqué y las copas de cristal. Servilletas del más fino lino inglés especialmente grandes como para cubrir el pecho, daban el toque final de elegancia. Siempre limpísimas y almidonadas, por supuesto.

La Empresa de Vapores Nuevos tenia sus oficinas principales en los bajos de la casa de Colón, donde se reunían las mercaderías y vendían los pasajes, igualmente, poseía un muelle a la misma altura del malecón, para que el público tuviere mayor comodidad, y escogiera el sitio más conveniente. Los horarios se anunciaban por toda la ciudad y en los más importantes diarios.

Cada viaje era un acontecimiento y las reservaciones se hacían con varios días de anticipación. Habían pasajeros de primera y de segunda. La diferencia consistía en que los de segunda Iban en la parte baja aunque podían circular por todo el vapor, excepto a las horas de tas comidas, que debían permanecer en el comedor de segunda, en todo igual al de primera. Las comidas eran las mismas como es fácil comprender pues existía una sola cocina.

El bar de segunda no vendía licores finos pero no por ello dejaba de estar bien aperado. Personas que habían conocido los vapores me relataron que en segunda era común beber anisados o Mayorcas, rones y mistelas de colores y que en primera nunca faltaba algún hacendado ricachón del Gran Cacao Viajado a París, que invitaba a las damitas con una copita de Champagne o alguna cerveza rubia y bien helada, que entonces era considera más bien un alimento nutritivo que un refresco fuerte. Los caballeros preferían los brandies, cogñacs y vinos. El whisky era casi desconocido y beberlo costumbre de gringos solamente.

La carrera de Babahoyo no dejaba de tener sus problemas, sobre todo durante la época invernal, cuando por efecto de las lluvias en la cordillera se hinchaban los ríos y era difícil seguir sus verdaderos cursos, dándose el pintoresco caso de que por las noches los vapores entraban a los potreros sin que el práctico piloto se diera cuenta, porque las sabanas eran espejos de agua. Allí venia el lío y cómo sacarlo, porque al día siguiente, al bajar las aguas, se encontraban los pasajeros rodeados de vacas.

Reflotar el vapor era obra de ingenio, paciencia y no poco gasto. Primero se conseguía un transporte para aligerar a la nave del peso de las personas y carga. Luego venia un remolcador y se colocaban troncos a manera de deslizadores para preservar la integridad del casco. Finalmente, libre el vapor, todo era alegría y contentamiento, demostrándose una vez más que la inteligencia es superior a las asechanzas de la naturaleza bravia del trópico.

En el Incendio del Carmen de 1902 Puig Mir aseguró a sus hijas que la casa de los Bonin donde vivía, ubicada en la calle del Fango, hoy Colón, entre Pichincha y Pedro Carbo, no se iba a quemar y que en consecuencia no había razón para sacar las cosas; pero se quemó al igual que las otras del sector a las dos horas de haberse iniciado el flagelo.

Despechado de Guayaquil llevó a vivir a los suyos a Barcelona. Su hijo Rodrigo fue matriculado en el colegio jesuita de Deusto cerca de Bilbao, sus hijas puestas externas en diversos colegios religiosos y para comodidad de todos adquirió una gran casa de seis pisos, mezanine y planta baja con ascensor, en Balmes N° 123 que aún sigue habitada por sus bisnietos los Trias Sagnier.

En 1905 figuraba entre los principales accionistas de la Caja de Ahorros de Barcelona, conociendo en el Directorio a los señores Sagnier y Villavecchia con quienes emparentaría después. En Guayaquil tenia acciones en la Caja de Ahorro y hacia mayoría con Alejandro Mann, Homero Moría y Bartolomé Vignolo. También formaba parte de los directorios de los Bancos Territorial y del Ecuador, con acciones mayores y menores adquiridas con el producto de las zafras, cuya producción anual llegó a los 15.000 quintales, suma no despreciable para la época; sin embargo, había remitido a Europa la mayor parte de su fortuna, distribuyéndola en títulos de la Deuda Externa española en Londres y en acciones y valores diversos entre París y Zurich. Vivía en el ingenio para la zafras y el resto del año viajando por diversos países de Europa, separado amigablemente de su esposa radicada en Barcelona. Por esa época donó el dinero necesario para la fundación de un asilo de niñas huérfanas en Vilasar de Mar.

En 1909 casó en Barcelona a su hija Ana con Eugenio Sagnier y Villavecchia dotándola de 500.000 francos de oro como después lo haría con el resto de sus hermanas. En el Ecuador el ingenio San Pablo giraba con un capital de 325.000 sucres de oro y su Empresa de Vapores Nuevos -que ya no lo eran tanto - con 150.000, siendo la segunda empresa fluvial del país después de la Flota Indaburo propiedad de Adela Seminario Vda. de Indaburo que tenía 175.000.

Ya era famoso por la terquedad de su carácter y hasta se contaban excentricidades de la que aún existe buena cauda de recuerdos. Tenia la costumbre de usar solamente billetes recién salidos a circulación con los que solía pagar sus gastos menudos. En cierta ocasión, de viaje hacia el ingenio, a causa de una alforja mal cerrada se le fueron cayendo algunos y un honrado campesino del sector se apresuró a recogerlos y entregarlos a su dueño, quien negó enfáticamente que fueran de él, prefiriendo perder dicho dinero antes que pasar por descuidado. Su pariente y vecino Jaime Roldós Baleta le visitó en el ingenio para solicitarle un préstamo que requería con urgencia. Puig Mir le entregó tres grandes y pesadas talegas con moneditas de plata y permaneció en la orilla burlándose de los apuros del pariente cuando se embarcaba con ellas en una frágil canoita con inminente riesgo de zozobrar.
Contradictorio en todo, aunque con sus amigos ocurrido y dicharachero. Poco afecto a reuniones y en sus opiniones intemperante y rotundo; protegía a las madres marianitas y a su escuela de niñas huérfanas en Babahoyo con plata y persona y les llegó a obsequiar seis casas de madera y caña en el centro de la población. En Guayaquil era proverbial su generosidad silenciosa con los paisanos que caían en pobreza y todo ello, a la par con su carácter tozudo, de español.

En 1912 casó a su hija María en Barcelona con Luis Villavecchia Dahlander y una semana después de ocurrida la tragedia del Titanic hizo la travesía New York - Inglaterra en un trasatlántico gemelo, con capacidad para mil personas, pero solo viajaban siete valientes en su interior.

En lo personal se distinguía por pulcro, discreto y por ser un gran trabajador con ideas muy especiales. Después del Incendio del Carmen rehizo la casa familiar de la siguiente curiosa manera: La planta baja con paredes de piedra pómez por ser más frescas y menos pesadas que los ladrillos. La parte alta con quincha y la armazón de maderas incorruptibles de las selvas del ingenio. El techo, ya no de tejas de barro sino de planchas corrugadas de zinc traídas de los Estados Unidos y tan buenas que duraron más de ochenta años sin sufrir amelladuras.

En 1915 y debido a la competencia del ferrocarril Guayaquil - Quito que se llevó la mayor parte de la carga dejando a Babahoyo y a la vía Flores en desuso, se vio obligado a suspender la construcción de un nuevo vapor que reemplazaría al Puig Mir pues el comercio fluvial habla dejado de ser económicamente rentable. Esa decisión originó un cuentón que aún se repite como verdadero. (4)

En 1916 casó en Barcelona a su última hija con José María de Pascual de Fontcuberta, Doctor de Derecho y en Filosofía. Ellos fallecerían en 1926 y el 30 dejando un solo hijo.

En 1924 casó su hijo Rodrigo en Guayaquil con Laura Game Castro contrariando sus deseos de que viviera en Barcelona y desde entonces no se volvieron a tratar.

En 1925 regresó al Ecuador con su hija María y sus cuatro nietos Villavecchia. Ella estaba recién enviudada y quiso distraerla. Visitaron Quito y Ambato, vivieron en Guayaquil y como ya no pensaba volver al Ecuador, despechado porque su hijo se hallaba atareado en la instalación de una fábrica de cerveza en Cuenca; cerró el ingenio y quiso arrojar la maquinaría al río como era su costumbre cuando algo le disgustaba (5) pero su hija se opuso con tanta insistencia que logró hacerle olvidar tan descabellado proyecto. Ese año vendió el San Pablo, último de los vapores que le quedaba y despidiéndose de todos sus conocidos dijo adiós al Ecuador.

De paso por Panamá su hija intentó bajar a conocer la ciudad pero él se lo impidió diciéndole "No hace falta, ya la conozco yo y es muy fea" así era de impositivo.

De allí en adelante vivió entre París y Barcelona. En Málaga solía veranear en las vacaciones pues el clima le asentaba mucho. Cuando estaba en Barcelona llegaba a Balmes N° 123 donde tenia dos pisos su esposa, con

(4) Como era un sujeto anecdótico, la gente se complacía en repetir historias como ésta: Había propuesto a varios de sus amigos que le adivinaran el nombre del nuevo vapor. Uno de los presentes le preguntó cómo se llamaban los otros y al saber que había un San Pablo, contestó rápido San Pedro, todos rieron de tan inteligente salida y como tal era el nombre pensado, para no declararse vencido prefirió hundirlo. Anécdota falsa, que oí varias veces contada por personas de toda consideración. El Puig-Mir terminó abandonado en un recodo del río Changuil, en terrenos del ingenio, donde pude apreciar sus cuadernas matálicas y oxidadas en 1967. Su dueño lo había hecho llevar a tan apartado paraje, le sacó la campana de bronce y otros aditamentos matálicos, invitó a varios íntimos a un almuerzo en la cubierta y al final del ágape lo echó a pique Así terminó tan noble embarcación tras cuarenta años de incesantes viajes. en 1925, pues ya no podía cubrir su ruta.
quien se había amigado nuevamente. Generosísimo con sus hijas no así con su hijo y con sus nietos a quienes nunca daba nada. A Ignacito Villavecchia que por ser su ahijadito y nieto prefería, solamente en una ocasión le obsequió un duro de plata para que lo disfrutara en golosinas, suma que no era desde ningún punto de vista por demás halagadora. En Balmes pasaba su tiempo leyendo los periódicos que recibía del extranjero, poniendo sumo interés en las noticias económicas y en los mercados de valores; era muy cuidadoso con el dinero, que jamás desperdició.

De París refería riendo que sus amigos guayaquileños Parodi y Costa habían aprendido a fumar cigarrillos ¡Cosas de señoritas pues los caballeros debían fumar puros, como entonces se les decía a los cigarros habanos. Lucía fuerte, animoso lleno de proyectos Bancarios y con la beligerancia de siempre, que jamás se le llegó a ver el ánimo decaído.

En 1931 ni se inmutó con el advenimiento de la República española porque jamás fue político y tras unas cortas vacaciones en Málaga, que interrumpió por no sentirse bien de salud a causa de una gripe, murió en su casa de Barcelona en 1933, dos días después de llegado, posiblemente de un ataque cardiaco.

(5) Cuando se crearon los monopolios del Estado en 1921 un Inspector de alcoholes de apellido Espinel fue a molestar a Puig Mir con cuentas pertinentes en el ingenio, y como éste se vanagloriaba de no haberle debido jamás un centavo a nadie y peor al fisco ecuatoriano, hubo discusión. Así las cosas, el Inspector cometió el error de amenazarle con el cierre de la industria por evasión de los controles fiscales sobre las melazas y entonces ocurrió lo insólito. Puig Mir, fusta en mano, llamó al Mayordomo y al grito que no tenia melazas ordenó que fueran echadas al río con gravísima pérdida para su economía, por tratarse de varios miles de hectolitros cúbicos. El asunto salió en los periódicos y hubo tontos que le dieron la razón, tal el odio que despertaban los tales Inspectores. El agua del rio Babahoyo ganó en densidad y mató a todos los peces en varios kilómetros a la redonda con gravísimo daño ecológico. Espinel nunca más se atrevió a regresar con sus chantajes de dinero. Para Puig Mir lo español siempre fue sinónimo de honor, trabajo y testarudez.
Sus últimos momentos fueron tranquilos. Estaba acostado y eran como las nueve de la noche cuando se sobresaltó diciendo ¡Oh Deu meu que en catalán -dialecto que odiaba porque decía que solo lo hablaban las cocineras– significa ¡Oh Dios mío! Murió de contado.

Fue enterrado con gran acompañamiento en el Mausoleo-Capilla que había ordenado construir en el cementerio de la montaña de Montjuych.

Hablaba Inglés, francés, alemán, catalán y español. Delgado y de estatura mediana, frente amplia y despejada, de Joven barbado y con bigotes amplios. Tenia el pelo, la barba y los bigotes castaños rojizos, los ojos celestes y el carácter inaguantable.