ALBERTO REINA GUZMAN
HUMORISTA.-
Nació en Guayaquil hacia 1870. Hijo legitimo
de Francisco Reina Sono de profesión comerciante
y de Amadora Guzmán Leiva, naturales de Guayaquil
y Valparaíso respectivamente.
Nació en casa de Jesús
Velásquez de Schiacaluga en 9 de Octubre entre
Boyacá y García Avilés y de niño
sufrió la bubónica, salvando milagrosamente.
Era un joven entusiasta y de carácter alegre,
que pronto gozó de fama de humorista en la
ciudad. Su educación primaría corrió
a cargo del pedadogo Tomás Martínez
y la secundaria en el San Vicente del Guayas.
Para el escándalo de
la venta de la bandera ya era redactor de "El
Grito del Pueblo" y escribió intensamente
contra los gobiernos interinos de Vicente Lucio Salazar
y Arístides Rivadeneira Ponce. En 1895 el Director
Federico Reinel fue perseguido y sus principales colaboradores
Luciano Coral y José de Lapierre salieron del
país. Reinel y el joven Camilo Piedrahita alzaron
aún más el tono de la protesta y también
salieron para evitar ultrajes. Entonces se hizo cargo
de la dirección Serafín S. Wither, quien
no pudo seguir sacando el diario porque el dueño
de la tipografía donde éste se imprimía,
Francisco J. Landín, fue apresado. De allí
en adelante "El Grito del Pueblo" circuló
clandestinamente a cargo de Juan Bautista Ycaza y
Alberto Reina, que por su juventud escapaban a toda
sospecha.
En Mayo fue desterrado a Lima
y encontró a Lapierre, a Coral ya Enrique Baquerizo
Moreno que vivían pobremente en la pensión
de un chino, pero a las pocas semanas pudieron regresar
a Guayaquil por la revolución del 5 de Junio.
El 16 de Marzo de 1896 contrajo
matrimonio con Eugenia Drouet Rucabao, unión
feliz, con seis hijos. Para el incendio grande no
sufrió daño alguno su casa por estar
ubicada en el Callejón Gutierrez, barrio del
Conchero, que se salvó. El 9 de Octubre asistió
como Diputado a la Convención Nacional y en
una de las sesiones pidió la expulsión
de los jesuitas. En mayo de 1913 intervino en la fundación
de "El Diario Ilustrado" cuyo primer redactor
fue Manuel Valverde, después se hizo cargo
de la dirección hasta 1914.
En 1916 acompañó
al presidente Alfredo Baquerizo Moreno en su visita
a Cuenca. En 1918 fue Concejal del Cantón Guayaquil
pues desde hacía varios años militaba
en el grupo liderado por Enrique Baquerizo Moreno,
factótum en la ciudad.
En 1923 pasó a trabajar
al campamento de Ancón donde pronto se hizo
apreciar del elemento extranjero y aprendió
el inglés. Para el 26 aún seguía
traduciendo cables del Anglo con buen sueldo y ayudaba
económicamente a su madre viuda y a varias
hermanas solteras.
En 1930 era profesor de inglés
en el Vicente Rocafuerte, que funcionaba en la manzana
que hoy ocupa el edificio del Correo (Aguirre, Ballén,
Pedro Carbo y Chile). Una mañana, al salir
con sus alumnos de clase, vieron pasar a la hermosísima
Sarita Chacón, quien acababa de regresar del
Concurso Mundial de belleza celebrado en Miami y gozaba
de gran popularidad. Uno de los mayorcitos se atrevió
a piropearla diciéndole ¡Qué andares
de reina! a lo que se volteó el aludido y haciéndose
como que cojeaba contestó rápido ¡Son
las almorranas hijitos causando gran hilaridad entre
la muchachada y hasta en la guapísima Sarita,
que se alejó encantada con tan chusca ocurrencia.
Para entonces tenía
una bien ganada fama de chistoso y ocurrido entre
los vecinos de los contornos y los cuentos que se
referían de su persona eran interminables,
bien es verdad que no todos eran de su producción,
porque habían muchos inventados por otras personas,
pero se los achacaban a él.
Después de trabajar
en el Vicente instaló una vidriería
que primero estuvo en Aguirre y Chile en casa de Antonio
Solínes frente a "las flores negras"
como les decían a las Hurtado Flor, por pura
broma que no por verdad.
En alguna ocasión que
concurrió al Congreso Nacional tuvo una discusión
con el notable hacendista Dr. Cesáreo Carrera
Padrón, abogado oriundo de Santa Elena, quien,
usando su Florida oratoria, contestó varías
observaciones que le había formulado el H.
Reina. Este lo dejó tranquilamente terminar
y entonces, con voz potente le gritó ante el
asombro de todos ¡Hijo de la grandísima
p u n t a....de Santa Elena! (refiriéndose
a la conocida puntilla de Santa Elena que es así
como todos la conocemos en el Ecuador). Sorpresa primero
y luego un torrente de hilaridad mezclado con el coraje
de Carrera, que se retiró mohíno y no
volvió a la Cámara de Diputados en varios
días.
Reina no era rico pero si acomodado
y vivía en la casa esquinera del antiguo callejón
Gutiérrez en el tradicional barrio de San Alejo,
comprada a su compadre Barrera. Fue por esos tiempos
Tesorero de la Junta Proveedora de Agua Potable y
del Hospital de niños León Becerra.
El 16 de marzo de 1946 cumplió
sus Bodas de Oro matrimoniales. Por la mañana
fue la Misa en San Alejo, luego vino un desayuno sostenido
con dulces y amistades viejas. Los novios partieron
la clásica torta.
Por la noche se engalanó
la casa y cubrió de flores, abiertas todas
las chazas como se acostumbraba antaño. Antes
que tocara la orquesta el Danubio Azul, su hijo mayor
Francisco Alberto tomó la palabra e improvisó
un sentido discurso. El baile se desarrolló
muy animado y duró hasta las seis de la mañana
(1) ya estaba mal de los riñones y se le hinchaban
las piernas pero bailó con "la novia"
y en una pieza interior donde estaba varios de sus
amigotes -tenía muchísimos- lo mismo
que compadres, haciéndose el gracioso sacó
a Luis Aguirre Overberg y bailaron un tango chusco
entre carcajadas sonoras. Al día siguiente
se habló de la boda en todos los periódicos
de Guayaquil y aún en los pulpitos, poniendo
a la pareja Reina Drouet como ejemplo de amor ante
la sociedad.
Ese domingo aclaró a
sus hijos "Todo estuvo muy bonito pero aún
les falta lo mejor, mi entierro" y efectivamente
falleció el 27 de Julio siguiente de un ataque
de uremia.
Al sepelio asistieron varios
ex presidente de la República, amigotes suyos
también, que en Guayaquil todo el mundo se
chanceaba con él y cuando salía a la
calle era de ver cómo se saludaba a diestras
y siniestras hasta con los betuneros, tal su popularidad.
El ex dictador Federico Páez
vino especialmente de Quito pues había sido
de su intimidad y confianza. Entonces salieron a relucir
en alas del recuerdo sus famosas bromas y sus no menos
saladas ocurrencias que para todo ello se las valías
ostentando el cetro del buen humor, bien es verdad
que a medias con Vicente Cabezas Pérez, a quien
además se acusaba del malhablado.
(1) Debajo de un arco de claveles,
en la gran sala familiar se había colocado
el sofá de los novios, que abrieron el baile
a los acordes de la orquesta del Maestro Nicasio Safadi
con el vals Danubio Azul. Su hija Margoth recitó
su Romance de las Bodas de Oro que lamentablemente
no existe pues a la muerte de su padre, en gesto patético
lo depositó en el interior de su ataúd.
Había una mesa con regalos y otra con el retrato
de los novios en 1896, donde estaban algunos obsequios
originales como una guantera de cristal de roca obsequio
de Manuel Antonio de Luzarraga Wright. También
se exhibía los zapatos de la novia, las guirnaldas
y loa azahares. La Radio Ondas del Pacifico retransmitió
la fiesta que constituyó el acontecimiento
más sonado e importante de la temporada.
Posteriormente muchos chistes de otros se le han colocado
a Reina, que nunca fue grosero ni áspero con
nadie. Por ejemplo, se dice de él que algún
día le dio por comentar la Biblia y en versión
libre del Génesis había dicho "Dios
hizo a los hombres y a las mujeres para que se conozcan
entre ellos y gocen, pero el diablo inventó
el matrimonio..." por lo que alguien acertadamente
le calificó de exegeta feliz.
En otra ocasión escribió
el Código del Perfecto Cojudo. La versión
es larguísima pero como para muestra basta
un botón, daré el Articulo Primero:
"El Perfecto Cojudo nace, no se hace..."
lo cual es verdad.
Su humorismo fue fino y de
salón, jamás una obscenidad ni nada
de mal gusto por eso le querían y como tenía
sangre dulce, buenas maneras y una ingénita
bondad, era siempre y en todo lugar el centro de las
reuniones y cosa rara, no dejó enemigos. Por
esa la Municipalidad de Guayaquil, queriendo homenajearlo
y perpetuar su memoria, puso su nombre al antiguo
Callejón Gutiérrez, donde estuvo su
casa esquinera.
No se conoce que haya dejado
nada escrito a no ser su Código que tuve la
oportunidad de ojear hacia 1960 en dos páginas
y en una copia manuscrita por alguno de sus múltiples
admiradores, ya que la versión original data
de los años 20 según se me aseguró
de fuente fidedigna. (2)
(2) Por muchos años trabajó en el Banco
Central de Guayaquil Nicolás Fuentes Avellán,
que incluso llegó a ocupar la Gerencia interina
en varias ocasiones. Todo chisme económico
que circulaba por el boulevard se le atribula a él
pues era muy conversón y hasta bastante fantasioso.
Reina, queriendo tomarle el pelo a unos amigos recién
llegados, les hizo una historieta sobre no se qué
cambios trascendentales a la economía, atribuyendo
el chisme a Fuentes Avellán. Días después
los disgustados interióranos le reclamaron
por la falsedad del dato, pero les contestó
rápido ¡Es que era de Fuentes Avellán
y no de Fuentes fidedignas, lo cual es diferente!
y se alejó ante las carcajadas de varios que
escuchaban la conversación.