HUMBERTO SALVADOR GUERRA
NOVELISTA.-
Nació en Guayaquil el 26 de Diciembre de 1908
frente a la Iglesia de San Alejo. Fueron sus padres
Carlos Salvador Perdomo sacerdote de nacionalidad
colombiana y Victoria Guerra Albuja, quiteña,
educadora de infantes, que le trasmitió su
vocación.
"A los pocos días
de nacido perdí a mi padre y luego a mi madre
y al amparo de unas tías comencé mis
estudios primarios para luego pasar al Mejía".
(1). Era un joven sensible, débil y desprotegido,
quizá por eso -de sólo catorce años-
comenzó en 1922 a escribir con tal pasión,
que pronto se hizo conocer entre sus compañeros
y profesores. Hacía poemas, luego tentaría
comedias y novelas. En 1925 obtuvo la Flor Natural
en los agonizantes Juegos Florales Nacionales con
su poema "Sinfonía de los Andes'".
Raúl Andrade Moscoso
anotó de esta etapa que "apareció
mozuelo, tímido e inseguro, titubeante, pero
de vocación irreprimible como irredenta. Poeta,
comediógrafo y novelista, más tarde
profesor de ciencias ocultas y
(1) La muerte de su madre le produjo una inmensa angustia
existencial y se volvió tímido e introvertido.
Esa pérdida le marcó para siempre con
una personalidad gris. Nadie como él ha cantado
con tanta intensidad el recuerdo materno... "De
nuevo viene tu recuerdo madre mía. Te contemplo
extasiado, así como te miré cuando era
niño. Mi arrobamiento ante ti es el amor en
su esencia y anhelo morir para confundirse contigo
por toda la eternidad...” Salvador, de quien
es la cita precedente, al hablar de sus padres calla
el hecho de ser hijo de un Cura que regresó
a su tierra y no murió como equivocadamente
él afirmara.
Fue su tía Isabel Guerra
Albuja, que fue quien más se preocupó
de su niñez y quien debió darle esa
versión fantasiosa pero socialmente aceptable.
¿Y no seria esta tía solterona y querendona
que hizo de madre, la madre idealizada por Salvador?
Quien sabe...
taumaturgo. Lo caracterizaba una indefinición
temblorosa, sin acento ni rasgo, que había
de gravitar penosamente en su tarea, quemándole
las alas tempranamente. Era un ser pálido,
ni extravagante, ni brillante. Escribía sus
libros, arquitecturaba sus comedias, estudiaba sin
descanso, modelaba y remodelaba sus novelas bajo la
lámpara freudiana y su vida personal fluctuante
entre la realidad y el melodramático y artificial
deseo, hacía de él un típico
y constante caso de bovarismo literario, consciente
o no, un soñador sin asidero, librado a los
vaivenes de la hora. Quizá su sola y devoradora
pasión fuese la literatura, a la que se entregó
su ánimo melancólico y huidizo y en
la que se refugió para eludirla acaso, de la
tormenta exterior. De tal manera, por tal conducta
elusiva y acaso sin quererla, se convirtió
en un proscrito interior voluntario, sin desdén
ni encono, en una como autoeliminación consecuente.
Solía envolverse en una pañosa que se
la trajo de Madrid César Arroyo y salir a divagar
por los viejos barrios misteriosos y noctámbulos,
en pos de aventuras soñadas pero irrealizables.
Era, Salvador, naturalmente sobrio, evitaba los encuentros
y las aventuras tabernícolas y jamás
se aventuraba por lugares equívocos".
En 1924 escribió un
melodrama para teatro en tres actos "Amor Prohibido”
en 173 pags. con escenas de la vida Intima que firmó
con el pseudónimo de "Jorge Ariel”
y publicó el 26 en los Talleres Gráficos
Nacionales de Quito. En 1925 volvió a escribir,
esta vez "Canción de las Rosas",
episodio romántico de la realidad vulgar con
escenas de la vida femenina, en tres actos y 144 pags.
Editada el 27.
Con estas obras Salvador Ingresó
al teatro de alta comedia, término acuñado
en España según docta opinión
de Ricardo Descalzi, que se aplicó en Quito
y Guayaquil principalmente en la década de
los años 1920 al 30. La temática salvadoreña
gira sobre lo erótico y conflictual. "Sus
personajes juegan alrededor de problemas emotivos,
saturados en sus parlamentos de un estilo elevado,
filosofando con harta frecuencia y empleando giros
poéticos de acuerdo a la tendencia literaria
del romanticismo de entonces. La acción de
sus piezas tiene por escenarios el hogar de las clases
medias y elevadas. El costumbrismo apenas si está
esbozado, sacrificándolo para dar más
soltura al argumento, donde juegan más bien
factores de orden psicológicos rodeando a la
tesis, en un deseo de desentrañar la condición
humana para hacerla surgir con tonos sobresalientes
o sombríos..."
Entonces se graduó de
Bachiller y sus profesores, queriéndole premiar
su temprana vocación por las bellas letras,
le asignaron la cátedra de Literatura en los
años inferiores, que desempeñó
a satisfacción de todos, mientras seguía
en la Universidad Central - desganadamente - la carrera
de Derecho.
En 1927 ocupó la secretaría
del Consejo de Estado y la compañía
de Fernando Soler estrenó "Bajo la Zarpa”,
comedia de mi tierra en tres actos y en prosa y con
mayores posibilidades que las anteriores aunque el
fin es por demás edificante y moralista en
extremo. De drama de intensidad escénica le
calificó Descalzi, copia de los momentos amargos
de un hogar quiteño de escasos recursos, con
ambiente de tragedia y tristeza, resignación
y lágrimas. Los diálogos parcos pero
de asombrosa agilidad, mueven el desarrollo, volviéndolo
expresivo.
Era el escritor de moda conocido
por todos, tuvo un romance con Leonor Bustamante Sánchez
y habiéndose acercado al padre de ella le refirió
que a pesar de ser pobre y no contar con los medios
necesarios, quería casarse, pero fue despachado
de malos modos y dada su natural cortedad ni insistió
ni la raptó, que hubiera sido lo más
romántico. Alejado de esa familia, vio muy
poco a su hijo, aunque como hombre responsable, siempre
veló por él, desde lejos.
El 9 de Octubre de 1926 la
Compañía hispano-argentina Anido-Sebrati
estrenó su obra "El Miedo de Amar"
en tres actos y en prosa, de tremenda temática,
pero escrita con gusto y calidad. Descalzi ha calificado
al final de sorpresivo y gran recurso escénico.
Rodríguez Castelo ha dicho que no tiene sentido.
De todas maneras Salvador se dio mañas para
llegar con suave lentitud al desenlace, que se produce
entre "campanas de navidad" anotándose
como elementos a su favor el hecho de no haber recurrido
a extraños personajes ni a ambientes lejanos
pues su acción se desarrolla en el Quito de
esa época.
Ese año escribió
una colección de cuentos "Ajedrez"
en 121 pags. con relatos de tímidos tintes
románticos y sociales pero no cartelistas pues
siempre prefirió las bellas letras a la política.
"Ajedrez” se publicó un año
después.
En 1929 pasó por primera
ocasión a la novela y dio a la luz "En
la ciudad he perdido una novela" en 183 pags.
que constituyó un positivo avance en al país
marcando la ruta hacia la novela urbana. El personaje
principal es el mismo autor, busca sujetos dignos
de describir y finalmente no los encuentra, pero al
reseñarlos por medio de "finos análisis
y cuadros curiosos" conforma una trama un poco
suelta y llena de vivacidad y melancolía irónica.
Parecía que había entrado triunfalmente
y por derecho propio a las letras nacionales, pero
le salió al encuentro Joaquín Gallegos
Lara, que le reconvino desde las páginas de
la Revista Semana Gráfica por tentar una literatura
cosmopolita, que amaba los refinamientos y esnobismos.
La quererla se fundamentó en el sentido de
Vanguardia, que para Gallegos Lara eran simples renovaciones
literarias puramente formales y que por lo tanto no
conducían a ningún lado y se preguntaba
¿Si el fondo no se renueva a qué cambiar
la forma? La tendencia deshumanizada de hacer arte
caducó...pero tal argumentación - fundada
únicamente en la política - no reflejaba
el fenómeno real de la sociedad sino un concepto
romántico de Gallegos Lara, que todo lo veía
desde el punto de vista revolucionario. Quizá
por eso, tanto Salvador como Pablo Palacio siguieron
haciendo literatura vanguardista no cartelista, tratando
únicamente de reflejar sus realidades, y en
el caso de Palacio desacreditando la realidad de su
presente, causando asco hacia ella.
En 1930 publicó un volumen
de teatro "Bambalinas" conteniendo tres
de sus obras: Bajo la Zarpa, el Miedo de Amar, y Un
Preludio de Chopín; ésta última,
inédita, en un acto y dos cuadros en prosa.
"Más bien paso de comedia, marcando el
amor como una obsesión romántica, llevado
por el protagonista a su más alto grado de
tristeza. Con personajes excesivamente apasionados,
siempre con el desengaño y la desilusión
rondando a su torno, para dramatizar el momento escénico".
Con esta obra ganó una Medalla de Oro en los
Juegos Florales Internacionales de Bahía Blanca
en la Argentina. Cuarenta años después
Rodríguez Castelo la calificaría de
obra sentimental, debido a que la protagonista -victima
del amor- termina sentándose a un piano a interpretar
a Chopin, lo cual considera este crítico como
un final en extremo cursi, aunque hermoso.
En 1931 se doctoró de
Abogado. Había sido por cortos meses Jefe del
Departamento de Prensa de la Asamblea Nacional Constituyente
y luego Secretario del Departamento de Estadística
Nacional, también por nombramiento de la Asamblea.
Desde entonces le entró
un frenesí por los estudios médicos
de Psiquiatría, Psicología y Patología,
en los cuales no desmayó jamás, pasando
casi veinte años en ese tipo de profundizaciones,
como si así pudiera desentrañar el porqué
de sus temores y angustias que tanto le agobiaban
en la vida, pues era un caso típico de Edipo.
(2)
En 1932 enamoró a la
escultora Carmita Palacios y editó su segundo
libro de cuentos: "Taza de Te" en 334 pags.
con relatos de una estructura real y una modernidad
elegante, entre los cuales sobresale
(2) El Dr. Fernando Jurado Noboa, historiador y psiquiatra
y uno de los pocos científicos cultos e Ilustrados
con que cuenta actualmente el país, me ha informado
que Salvador llegó a ser una notabilidad en
psiquiatría, poseyendo conocimiento tan avanzados
como para interpretar el Test de Richard, uno de los
exámenes más profundos en esa materia.
"Sandwich" que fuera seleccionado en 1970
para Clásicos Ariel como una de las mejores
muestras del realismo de los años 30 en el
Ecuador. La truculencia radica en que un poeta fue
convertido en carne faenada para la venta y con ella
hicieron unos finos sanduches para servir en una fiesta
social.
Había intensificado
sus inicios socialistas potenciandolos a través
de su obra hacia temas más concretos, quizá
motivado en la creación de la República
española, que fue un acontecimiento de gran
repercusión política en Hispanoamérica.
Por esa razón empezó a situar al hombre
frente a su realidad - "al empleado extorsionado
por su jefe, por el gobierno y las autoridades de
turno; a la maestra explotada, copulada por sus supervisores;
a los niños mendicantes, a los trabajadores
explotados por sus amos; en fin, su dimensión
se puso de manifiesto en Quito, así como en
Guayaquil lo hacía Gallegos Lara y tos escritores
de su grupo".
En 1933 apareció su
segunda novela: social, enérgica, de modos
narrativos directos y tintas cargadas en medios proletarios
de la ciudad bajo el título de "Camaradas"
en 198 pags. cuya segunda edición apareció
en 1936 en Buenos Aires. Sus personajes son obreros
y miembros humildes de la pequeña burguesía;
pero Edmundo Rivadeneira ha dicho que para Salvador
la felicidad del hombre radica en el sexo y en lo
económico. Así, en "Camaradas",
principia por mencionar los nombres de Marx y Freud,
que vienen a ser, por consiguiente, los verdaderos
símbolos de la humanidad. La obra fue publicada
por la Editorial Claridad de Buenos Aires y Angel
Felicísmo Rojas opinó que su autor no
parece muy preocupado en la creación de personajes,
prefiriendo las descripciones de episodios netamente
sexuales, cuyos detalles más crudos se exponen
desde las primeras páginas.
En 1934 dio a la luz su tesis
"Esquema Sexual" en 307 pags. y prólogo
de Jorge Escudero, con un esquema biológico
del sexo, la psicoanálisis y los delitos sexuales
ante la nueva legislación, que conoció
varias ediciones nacionales e internacionales y fue
traducida al portugués.
En 1935 publicó "Trabajadores"
en 245 pags. nuevamente con temas sociales estudiados
a través de una óptica muy particular,
presentando los aspectos más sombríos
de los pobres, cuyo bajo nivel de vida repercute en
el fenómeno sexual con caracteres que el novelista
relieva excesivamente sólo como experimentación
literaria (sus personajes se visten y se desvisten
sin descanso en la acción) pero Benjamín
Carrión opinó que sus características
esenciales son la ternura y su capacidad técnica
para expresar el transcendentalismo que se revela
en su amor por la justicia y su posición frente
al lado del hombre. La obra tuvo éxito, fue
vendida y leída con gran entusiasmo y hasta
se tradujo al ruso con el titulo de "Historia
de una Infancia". Como dato anecdótico
cabe indicar que en la contraportada puso su ex libris
donde aparecen sus iniciales, una hoz y un libro.
Esa fue su mejor época,
militaba sin estar afiliado en las filas del socialismo
más puro, aquel que defiende los derechos inalienables
de la especie sin esperar nada a cambio. Era respetado
y se le situaba a la vanguardia de las bellas letras
del país, posición que acrecentó
en 1939 con la aparición de su novela “Noviembre"
en 379 pags. con argumento fuertemente político,
relacionado directamente con la ridícula pero
feroz dictadura del Ing. Federico Páez de 1936
hasta Noviembre del 37 que cayó por la traición
de su Ministro de Defensa Alberto Enríquez
Gallo. Esta novela fue materia de numerosos comentarios
favorables y lo que es más, la leyó
el pueblo alborozado.
De allí en adelante
varió su tono y publicó cosas diversas.
El 42 "La novela Interrumpida" en 318 pags.
El 43 "Prometeo" en 336, ambas en los talleres
Gráficos Nacionales, involucionando hacia temas
psicológicos de dudosa calidad, en los que
permanecería hasta su muerte.
Pero el 44 tuvo un repunte
pues estudió a la clase universitaria en su
novela largamente anunciada "Universidad Central"
en 252 pags. y el 46 en "Fuente Clara" en
487 pags. desarrolló un tema virgiliano de
gran contenido lírico entre conflictos humanos.
Su argumento trata sobre la visión contemplativa
de una de las piscinas termales de Baños, maravilla
de la naturaleza. Rodríguez Castelo ha dicho
de ella que marcó un pasó a una mayor
interioridad de la novela ecuatoriana y al mismo tiempo
el fin de poder de renovación de Salvador como
novelista. ''Fuente Clara" sería como
el canto del cisne antes de morir.
Entonces le designaron profesor
fundador de la Facultad de Filosofía y Letras
de la U. de Guayaquil, donde se mantuvo por más
de treinta años hasta su jubilación.
En 1947 editó "Los fundamentos del Psicoanálisis"
en 38 pags. estudio más que tratado o ensayo,
de carácter científico, sobre tan interesante
materia, demostrando profundidad y actualización
de conocimientos. El 49 dirigió la edición
de la Antología de la Moderna Poesía
Ecuatoriana que editó la alcaldía de
Quito.
El 30 de Septiembre de 1950
casó con la Profesora Violeta Arríeta,
sin hijos. Ella era una destacada maestra de Ciencias
Naturales del Colegio Guayaquil, donde Salvador también
tenía cátedra. Juntos viajaron a la
capital y trabajaron en diversos colegios pero en
Enero de 1952 regresaron definitivamente. Fueron felices
aunque era público que ella le dominaba como
si fuera su madre, a la par que teníale gran
admiración como escritor y le concedía
todo el tiempo del mundo para que se diera ese gusto
Improductivo, porque sus novelas se tornaron ilegibles
y por ende invendibles, y quienes las recibían
de obsequio ceremoniosamente las guardaban en sus
bibliotecas sin más que hojearlas.
Desde 1954 empezó a
hacer clínica psiquiátrica en atención
a sus habilidades y conocimientos en esa rama de la
ciencia médica, en la que habla llegado a ser
doctísimo conocedor. Tenia sus pacientes, les
trataba exitosamente, psicoanalizándoles por
paga. El cuerpo médico toleraba esas intrusiones
sin chistar porque lo admiraban como escritor, además,
era su debilidad, su pasatiempo favorito, su vocación
escondida.
Mantenía su consultorio
particular en una salita cedida exprofeso en fe edificio
del Núcleo del Guayas de la Casa de la Cultura,
donde también escribía sus novelas.
No le cobraban arriendo porque dirigía gratuitamente
la revista 'Letras" de aparición semanal.
¡Oh época de oro del Núcleo, entonces
glorioso!
También fue por varios
años director del Departamento Municipal de
Educación y había retomado su antigua
cátedra en el Colegio de señoritas Guayaquil.
En 1964 comenzó una
larga colaboración con la editorial de la Universidad
de Guayaquil con la publicación de su novela
"Silueta de una Dama" en 139 pags. y portada
de Alfredo Palacio.
En 1966 editó "Elegía
del Recuerdo" en 295 pags. calificada de novela
Intemporal y de desdoblamientos psicológicos,
donde contó el drama de un profesor enamorado
de una dama marcada por anteriores devaneos sexuales
y que en venganza contrae matrimonio con otra, para
no ser feliz y termina alcoholizándose, todo
dentro de una línea psicoanalítica ya
superada y en estilo anticuado. Esta novela fue presentada
al Concurso Internacional Rómulo Gallegos,
sin opción alguna por supuesto.
Estaba en la temática
de la Psiquiatría y por ello en 1967 dio a
la imprenta la novela "Romanza de la Bruma"
con estudios sobre neurosis, alucinaciones, transferencias,
regresiones, frigidez, sadismo, masoquismo, complejo
de Edipo, etc. pues de cada paciente salía
un personaje lo cual puede ser válido en la
vida real pero no en la novela, donde los personajes
tienen que relacionarse entre si para la unidad de
la trama. En fin, un maremagnum de problemas y personajes,
todos sueltos y escritos en estilo difícil,
con terminología pseudo científica inaccesible
al público lector.
Ese año también editó "Viaje
a lo Desconocido" en 361 pags. otra de sus larguísisma
novelas, que tampoco trascendió y "La
Lírica Resurrección" en 282 pags.
que salió en el núcleo del Guayas de
la CCE. con portada de Angela Name de Miranda.
En 1971 salió "La
ráfaga de angustia” escrita veinte años
antes con los problemas de una norteamericana que
había sido su paciente; ello se supo cuando
alguien escribió que habla imitado a James
Joyce y tuvo que explicarse, indicando que para los
50 no conocía aún la obra Joyceana y
mal podía imitar su estilo.
Al final de la vida se hallaba
reconcentrado en sus trabajos pero totalmente aislado
del medio intelectual y social del país, escribiendo
por encima de cualquier crítica negativa. En
una entrevista concedida a su ex alumno León
Viera declaró "si se ha negado valor a
mis obras no me llama la atención. Yo he realizado
mi trabajo con esfuerzo y abnegación. El más
acervo crítico he sido yo mismo. La primera
condición del escritor ante todo es la de ser
sincero consigo mismo y con la sociedad".
I así fueron pasando
sus días en honorable pobreza, visitado de
tarde en tarde por algún discípulo fiel,
de los que no olvidan a sus maestros. Solamente su
consultorio le mantenía activo y pensante,
siempre con nutrida clientela pero como era generoso
en todos sus actos, casi ni cobraba.
En 1980 cerró la atención
al público y se retiró a su hogar. Leía
constantemente pero el cansancio le vencía
pronto y casi sin enfermedad, falleció tranquilamente
de una complicación gripal el 17 de Enero de
1982, a los 73 años de edad. Había anunciado
varias obras que sin embargo no llegó a publicar
"Sangre en el Sol” y "Agonía
se las tinieblas" que posiblemente quedaron inconclusas
a su muerte. En una de las carátulas de sus
libros indica una obra teatral que tampoco se conoce
"Ha vuelto la juventud" pues ni se editó
ni fue representada.
Como escritor tuvo pasión
de narrador y científico, buscando el fin de
su existencia a través de escribir sin cansancio
numerosas y extensas obras. Fecundo en sus realizaciones,
incursionó en la poesía, el teatro,
el ensayo. Amigo de la juventud, generoso con sus
discípulos, prolífico a pesar de las
urgencias que pasaba para ganarse la vida. Casi todo
lo suyo versa sobre temas urbanos a pesar que convivió
con el estallido del Indegenísmo.
Como buen maestro siempre fue
didáctico y solemne pero sencillo, de capacidad
narrativa y diálogo joyceano con tintes y lineamientos
científicos para ayudar al lector a salir del
triángulo meramente humano en búsqueda
de lo existencial de esos tiempos. "La obscuridad
de Kafka indúcele a crear esas escenas de tipo
psicológico que traman una salida. La terminología
Proustiana ayuda a pensar desesperadamente a los personajes
en los días de su niñez. La narrativa
incansable de Joyce propicia en su obra un interminable
viaje". Y todo ello junto hizo que sus últimas
novelas fueran tan complejas e inaccesibles que pocos
fueron los afortunados que pudieron comprenderlas.