VOLVER A LOS TOMOS
..............................................................................................................................................................

HIPOLITO SANCHEZ - RANGEL Y FAYAS
II OBISPO DE MAINAS.- Nació en la villa de los Santos, Provincia de Badajoz, España, el 2 de Diciembre de 1761. Muy joven sintió la vocación religiosa al contacto con varios franciscanos que se hospedaban en casa de sus padres.

En 1776 entró al Convento de Segura en León, Extremadura. El 20 de Mayo de 1782 recibió el hábito, profesando al año siguiente en Andalucía, en cuyos conventos franciscanos empezó a enseñar Teología con gran lucimiento.

En 1795 fue designado Custodio para la reforma de la Provincia franciscana de Santa Elena de la Florida que también incluía los conventos de la isla de Cuba, pero muchos contratiempos y las diferencias que mantuvo con quienes habían de ser compañeros en la reforma, le impidieron tomar posesión de su cargo y volvió a su Provincia, donde fue nombrado Lector de Teología Moral en Ecija.

Al poco tiempo le solicitaron para la reforma de la Provincia de La Habana y pasó a ella en 1802, llevando consigo a un grupo de 34 religiosos.

El 15 de Julio de ese año el Rey Carlos IV creó el Obispado de Mainas (1) y confió a los Misioneros franciscanos del Convento de Santa Rosa de Ocopa la evangelización de sus habitantes. (2)

Los territorios del nuevo Obispado abarcaban las antiguas misiones de Mainas que habían pertenecido a los jesuitas hasta 1767, año de su expulsión, así como otras ubicadas a la vera de los ríos Huadaga y Ucayali y caminos de montañas que entraban en ellos y estaban bajo la jurisdicción del Azorbispado de Lima y Obispado de Trujitio, más tos curatos de Lomas, Moyobamba y Santiago de la Montaña, con parte de los ríos Putumayo, Napo y Japurá. Se propuso como capital de la nueva sede al pueblo de Jeveros pero dadas las incomodidades prefirióse después a Moyabamba, mucho más al sur, siendo designado I Obispo el Dr. Mariano Cruz Navia Bolaños y Olleta, que no se posesionó.

(1) En 1772 el Obispo de Quito, Juan Nieto y Polo, solicitó la división de su Diócesis en dos: Quito y Cuenca. Se inició un expediente y el Ing. Francisco de Requena informó que se requería la apertura de un camino entre Cuenca y San Francisco de Borja en el Marañón, pero fue contradicho por el Padre José Barrubieta. O. F. y el Padre Manuel Mariano Echeverría, Visitador de las Misiones en Mainas en 1776. El primero creía que el mejor camino debía ir por Jaén y el segundo por Loja, Valladolid, Loyola y Jaén, indicando que era el que había usado en 1736 La Condamine y los Geodésicos franceses. Incluso llegó a opinar que al nuevo Obispado le debían conceder los pueblos ubicados a las riberas del Napo y del Pastaza. En 1779 se realizó la erección del Obispado de Cuenca con Guayaquil, Cuenca, Loja, Zaruma, Portoviejo y Alausí, y como Requena era Oficial de la Expedición de Limites con los portugueses y Comisario de ella, siguió trabajando en esa zona y presentando informes y ampliaciones tendientes a obtener para España una salida hacia el mar del norte, donde anotaba el peligro de la penetración portuguesa. Finalmente, el 15 de Julio de 1802 se creó el Obispado y Gobernación de Maynas, subordinados al Virrey de Lima, pues siendo Maynas una zona misionera, importante enclave para la defensa militar y estando más fácilmente comunicada con Lima que con Cuenca, se la desprendía de los antiguos territorios quiteños para anexarla a los peruanos y se nombró un Obispo franciscano que trabajarla en íntima relación con sus hermanos del convento de Santa Rosa de Ocopa fundado 77 años atrás.

(2) El Convento franciscano de Ocopa fue fundado el 29 de Abril de 1725 por Fray Francisco de San José, venido de Guatemala en 1708, que obtuvo licencia del virrey del Perú y del Guardián de la provincia franciscana de los Doce Apóstoles para levantar el convento a la vera del río Mantaro, punto intermedio, el más apropiado, para apoyar las misiones emprendidas en la vasta amazonía. Perdidas las misiones jesuitas que dependían de Quito, pasó la jurisdicción eclesiástica de Mainas y luego la de Jaén, a los franciscano de Ocopa, que dependían directamente de Lima, peruanizandose tan vastas como desiertas regiones selváticas, ubicadas en la jurisdicción territorial de la Audiencia de Quito.

Entonces recayó el Obispado en Sánchez Rangel, nombrado el 17 de Mayo de 1804, pero recién a principios de 1807 pasó de Cuba a México, y por Acapulco siguió a Guayaquil; finalmente fue consagrado en la Catedral de Quito por el Obispo José Cuero y Cayzedo, el 20 de Diciembre de ese año.

En Enero de 1808 inició el largo viaje a las selvas. Primero estuvo en Archidona, después pasó a Mayobamba fundó un seminario, construyó el Palacio Episcopal y encontró que casi no existían párrocos en su Diócesis, luego tuvo roces con sus hermanos de Ocopa por simples problemas de Jurisdicción. Finalmente la dura vida en la selva comenzó a mellar su salud, mientras la situación política se tornaba asaz difícil desde 1809, por los conatos independientes surgidos en diferentes poblaciones, que enturbiaron el orden y la paz. Para colmos, mientras realizaba la Visita a sus diocesanos, estuvo a punto de perder la vida. Quizá por ellos solicitó en 1811 al Arzobispo de Lima, Bartolomé de las Heras, que le aceptara la renuncia.

Y así pasaron siete años hasta que en 1818 insistió en la renuncia y pidió que se le permitiera residir en Lima pues temía por su seguridad y su vida, bien es verdad que dado su carácter duro e intermperante, muy dado a las polémicas, se había creado varios conflictos en su gobierno diocesano.

En 1820 los patriotas de Chachapoyas declararon la independencia y marcharon contra Moyobamba donde residía el Obispo. Este se había dirigido a la Laguna para organizar la resistencia. Allí se fortaleció como pudo, pero sintiéndose poco seguro, retrocedió a Tabatinga en 1821 - en la frontera contra los portugueses del Brasil - en espera de una ocasión favorable que se le presentó muy pronto al triunfar la contrarevolución en Moyobamba. Entonces emprendió el regreso a su Diócesis y hasta escribió una célebre carta al Rey Fernando VII, exponiéndole la gravedad de la situación y el peligro que corría su vida y al saber que los patriotas habían conservado el poder en Chachapoyas, el 4 de Agosto y desde el Río Marañón lanzó una célebre Pastoral, anatemizando el movimiento insurgente y declarando las penas de excomunión en que incurrían los súbditos que voluntariamente juraban "la escandalosa independencia"; sin embargo, lo peor de todo fueron los reiterados insultos que pronunció contra los patriotas, a los que trató de "gavilla de bandidos y bribones que buscan extender el imperio infame y capcioso de la corrupción y rebeldía" La Pastoral se conoció en todos los territorios del Perú y provocó el escándalo consiguiente, enajenándole el poco respeto que aún se le tenía por su condición de Obispo.

Despechado, vencido y hasta aborrecido de todos, cruzó la frontera con el Brasil y embarcó hacia España. Su palacio fue saqueado y destruido por el pueblo al ingreso de las fuerzas patriotas a Moyobamba. En su reemplazo dejó a quien había sido su Secretario durante veinte años, el Padre José María Padilla y Aguila, que a poco también emigró, encargando el cuidado de la diócesis al Cura de Yurimaguas.

Sánchez Rangel llegó a España en 1822 y el Rey le concedió un año después la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica y en 1827 la importante Diócesis de Lugo en Galicia. Mientras tanto había escrito un amplio informe a Roma sobre el estado del Obispado de Mainas, documento muy interesante por los datos que contiene, titulado "Pastoral religiosa político geográfica de Maynas", algunas de cuyas partes están en verso.

Septuagenario y tan necio y obstinado como siempre, falleció en Lugo el 29 de Abril de 1839, dejando por allá una buena memoria. Fue un carácter. Era culto, ágil, activo y emprendedor, pero no comprendió los cambios políticos surgidos de la revolución francesa y como advino la invasión de Napoleón a la península ibérica y subsecuentemente la heroica resistencia española, y la guerra contra los franceses que dejó miles de muertos, endureció su carácter contra todo cuanto fuere contrario al orden de España y la Iglesia, creyendo que los patriotas americanos eran unos simples facciosos.