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ADOLFO SOTOMAYOR FEBRES-CORDERO
POETA.- Nació en Guayaquil en 1916. Fueron sus padres legítimos Eloy Sotomayor Avilés, natural de Vinces, técnico en la toma de agua potable del sector la Lolita, fallecido joven y de tuberculosis en 1938 y María Isabel Febres-Cordero Molina, guayaquileña.

El tercero de una familia de seis hermanos, recibió las primeras letras en su casa, la primaria en el Centro de la ciudad donde quedaba la escuelita del Profesor Alfredo Barroso y la secundaria en el Vicente Rocafuerte. Era un joven alegre y jovial, tenia el corazón romántico, le agradaban las fiestas, los bailes y enamoraba a hermosas chiquillas recitando sus propias poesías, pues desde los días de Colegio solía escribir Romances.

Era muy unido a su padre que le llevaba al campo a trabajar y posiblemente allí se contagió en 1934; entonces comenzó a sentir los primeros estragos, tosía mucho, tenia calenturas intermitentes. Con todo, pudo matricularse en el primer curso de la Facultad de Medicina de la Universidad de Guayaquil, pero nuevos ataques cada vez más frecuentes y agudos obligaron a su madre a trasladarlo a Ambato, donde permaneció descansando y ganando salud.

En 1935 pasó a Quito y frecuentó al grupo de artistas e intelectuales formado por Enrique Terán, Ignacio Lazo, Jorge Icaza, Oswaldo Guayasamin Calero (así firmaba) quienes le alentaron a seguir escribiendo y salieron dos parvos cuadernillos titulados "Rumbos y Niebla" y "Romances de la raza eterna. Atahualpa", éste último, bajo la influencia del “Atahualpa”de Benjamín Carrión.

En 1936 regresó muy mejorado a Guayaquil, al chalet de sus padres en Pedro Pablo Gómez y 6 de Marzo, frente a la actual Maternidad. Dormía hasta bien entrada la mañana, desayunaba, leía periódicos, salía a dar una vuelta por el barrio, almorzaba, hacía la siesta y luego iba a la Biblioteca Municipal a leer y a escribir. De noche se cuidaba para que no le diera el aire. Dos a tres veces a la semana visitaba la buhardilla de Joaquín Gallegos Lara, quien le recibía afectuosamente y como un hermano algo mayor, pues ya se conocía lo de su enfermedad.

En 1937 viajó nuevamente a Quito llevando unos romances que editó en 1938 bajo el titulo de "Amanecer en cualquier Mundo" y el auspicio del Sindicato de Escritores y Artistas en 79 pags. en la colección "Nueva Poesía", con portada de Guayasamín. // Dicen que en la noche son / fantasmas de viento frío / Dicen que en la noche son / Caminos largos que llegan / desde aquel rancho sumbón / en un risco alto situado / en toda la andina extensión. // Porqué sales en el alba? / Porqué tan de mañanita? / Agua del río que te canta / y brisa que te da la mano. / Hurí salida al amanecer / rostro cosechado en un clavel / Llevas de fruta la piel / Semilla encerrada en un querer. // Juan, apura la ordeña / Qué he de hacerle mi niña / Si Ud. en el alba se empeña / Felipe, el trigo está a punto / pronto lo iré a coger / Porqué en el alba tú sales? / Porqué tan de mañanita? / Agua del río que te canta / y brisa que te da la mano / rostro cosechado en un clavel / llevas de fruta la piel. // Ignacio Lazo opinó que aún le faltaba algo para ser un poeta verdadero. Un crítico opinó que Sotomayor volcaba en el ritmo ágil de sus romances las multifonías de sus innumerables temas: los andes, la Universidad, el puerto, los campesinos, el bandolero, el pescador muerto, le ofrecen el dócil material conque él elabora sus poemas.

Ese año falleció su padre y con tal motivo volvió a Guayaquil pero el estricto control materno (le cuidaba en exceso) se oponía a su forma de ser, a su anhelo de libertad total y prefirió instalar una pequeña farmacia en Babahoyo, que le daba lo imprescindible para sobrevivir.

Era un enamorado de la vida tratando de vencer a la enfermedad pero todos sus esfuerzos eran vanos. Si le decían que el agua de plátano era buena para la tuberculosis, la tomaba. Si sangre de tortuga, diariamente iba al mercado por ella, y así, por años, probó de todo, sin resultado.

Entonces se enamoró de una Jovencita de apellido Escudero y hasta se casó con ella. Al saberse la noticia su madre viajó a hablar con su familia y logró convencerlos de que la boda debía ser anulada por temor al contagio.

Adolfo se sintió sumamente amargado, cerró la botica y se fue a Huigra donde comenzó a administrar otra a consignación y como sabía de remedios y ponía inyecciones, redondeaba un ingreso modesto que le permitía cierta comodidad, cuidándose siempre para no recaer.

En 1944 conoció a Lucy Barrera Sosa, quien iba en el tren a Quito acompañando a su tía Raquel Sosa Campana de Bossano y como se había producido un derrumbe tuvieron que hospedarse en el Hotel Haiman de esa población. Esa tarde conversaron largamente y por la noche le envió un ramo de gladiolos pues se había enamorado a primera vista.

Se casaron a poco y viajaron a Guayaquil. Hacían picnics, caminaban por el malecón hasta la Planchada. Fueron meses muy felices. Jorge Bossano Sosa les invitó a vivir en el Brasil pero el embarazo de Lucy desbarató ese plan. Finalmente regresaron a la sierra.

A fines del 45 nació un hermoso niño y a la par de tanta dicha en Huigra se agudizaban sus males físicos. Tosía intensamente y no podía dormir. Una de esas noches de pesadilla vomitó coágulos de sangre o pedazos de pulmón. Desde entonces hizo separar sus cubiertos y ordenó trasladar al niño a Guayaquil.

De esa época es su Romance de la Muerte que tiene mucho de autobiográfico // Deja que la muerte venga! / De sangre y carne lo ahogue / !No importa! En tus pechos / a la muerte yo presiento. // Deja que la muerte venga! / Si yo la busco en la aurora / en la aurora yo la encuentro. // ¡Qué lejana! ¡Qué triste! / Déjala, no la lastimes...// Al fin en la noche viene / vestida de sombras toda. / Garra que siniestra ahoga / Como a las doce tiembla / y reluce su negra diestra. // Si es así, ¡Que no llegue! // ¡No importa! En un puñal / están clavados dos ojos. / ¡Deja que la muerte venga! / Déjala, no la lastimes...//

A principios de 1946 su madre pasó a acompañarle. Ni siquiera podía levantarse de la cama. Su esposa regresó a Guayaquil a visitar a su madre que estaba muy enferma y habiéndose quedado solo la noche del 15 de Febrero se encerró con llave, escribió unos versos que cuidadosamente dejó sobre la mesita, apagó la luz sigilosamente para no ser escuchado por los que estaban en un cuarto vecino, abrió la ventana que daba a la calle y en un rapto de desesperación cercano tal vez a la locura, sin vacilar se arrojó a la calle. Quedó el cuerpo del poeta enredado en unos alambre de la luz eléctrica y él forcejeó hasta vencerlo y hacer que su cabeza de soñador emperdernido fuera a dar con toda fuerza contra el pavimento donde se hizo pedazos. Fallecimiento por fractura del cráneo pusieron los médicos en la papeleta de defunción.

Sus versos inéditos fueron entregados por la viuda a Mario Kirby para que los hiciera llegar a Joaquín Gallegos Lara. Ahora están perdidos.

Alto, delgado, de cabellos rubios y ondulados, ojos verdes claros y facciones finas. Soñador y poeta, mas bien romancero y rimador con imaginación. Vivió intensamente aquejado por su enfermedad en soledad, amor y pobreza.