JOSE MARIA URBINA VITERI
PRESIDENTE DE
LA REPUBLICA.- Nació en Quito el 19 de Marzo
de 1809. Hijo del español Gabriel Fernández
de Urbina y Olarte, natural de la Villa de Avalos,
venido a Guayaquil como Ministro Tesorero de las Reales
Cajas y casado en 1778 con Felipa Llaguno y Lavayen.
Durante las guerras de la independencia volvió
a la península abandonando a sus dos familias-
Su madre Rosa Viteri era nativa de la parroquia de
Mocha cerca de Ambato, mujer libre y soltera, trabajó
duramente para criar a sus dos hijos José Marta
y Gabriel, que tuvieron una niñez pobre pero
no desvalida.
En 1823 los envió a
Guayaquil recomendados al General Juan Illingworth,
que el 21 de Octubre los matriculó de Cadetes
en la recién fundada Escuela Náutica,
tratándoles como a sus propios hijos. El 4
de Septiembre de 1824 ascendió a Aspirante
y fue destinado a la Goleta La Guayaquileña.
En 1825 participó en el sitio y bloqueo del
Callao y se portó tan bien que Illingworth
escribió: "Entre los valientes jóvenes
que me acompañan, sobresale en valor que calificaré
de audacia, en inteligencia y subordinación,
Urbina. Su valor raya en temeridad y en cuanto a disciplina,
nada hay qué decir".
En 1826 volvió a Guayaquil
como Alférez de Navío y existiendo el
peligro de que los países de la Santa Alianza
formada por Austria, Rusia, Prusia, Inglaterra y España
principalmente atacaran al nuevo mundo, partió
a Cartagena de Indias a preparar con Illingworth la
flota que defendería las aguas del mar Caribe.
En Enero del 27 sirvió en el Apostadero de
la Marina. En Agosto del 28 la Corbeta peruana Libertad
estableció el bloqueo de Guayaquil y se abrieron
nuevamente las operaciones militares.
Para solicitar explicaciones
partió el General Tomás Carlos Wrigth
en la Guayaquileña. El día 31 se avistaron
ambas naves a la altura de Punta Malpelo y los peruanos
abrieron fuego. Nuestros jóvenes marinos (Urbina,
Juan González y Francisco Robles) antes de
entrar en acción habían comentado un
sueño del último, en el cual Urbina
salía herido en la pierna derecha, González
perdía la vida y Robles quedaba ileso, como
efectivamente ocurrió después. La nave
peruana se retiró abandonando el bloqueo.
En Noviembre ascendió
a Oficial de Ordenes de la Dirección Naval
con el grado de Teniente y cuando el 22 de ese mes
se presentó a nuestra ría la escuadra
peruana, con su hermano atendió a la defensa
del malecón. El asedio duró varios meses
y terminó con una honrosa capitulación
de la plaza. Entonces acompañó a Illingworth
hasta la hacienda Chonana y anduvieron varios meses
por los montes huyendo de las avanzadas peruanas.
Recuperada la ciudad por Bolívar, fue designado
Mayor de Ordenes del Apostadero en 1829.
En Mayo de 1830 apoyó
al General Juan José Flores en la creación
de la República y fue enviado a Bogotá
a comunicar la noticia al Libertador pero no lo halló,
pues ya había salido con destino a Europa.
Poco después combatió a la revolución
del General Luis de Urdaneta.
El 31 desempeñó
varias comisiones de importancia ante los gobiernos
de Bolivia y Chile pues tenía fama por sus
buenos modales e insinuantes maneras. El Coronel Destruge
le dio las quejas a Flores, de que Urbina imitaba
a Flores en todo, causando mucha gracia tal afirmación.
En 1833 fue su Edecán
y el 12 de Octubre le apresaron en Guayaquil cuando
el Comandante Pedro Mena proclamó la Jefatura
Suprema de Vicente Rocafuerte. Deportado a Paita,
regresó subrepticiamente por Loja y Cuenca
con el General Antonio de la Guerra, el Coronel Federico
Valencia y el Comandante Ignacio Pareja Mariscal.
En Diciembre se reunieron con Flores. En 1834 intervino
en casi todas las acciones militares durante la célebre
revolución de los Chihuahuas, contra las fuerzas
guayaquileñas de la isla Puna.
En Septiembre de 1834 fue elevado
a Coronel y desempeñó interinamente
el Ministerio de Guerra y Marina. El 16 de Enero del
35 combatió con los ejércitos de Flores
y Rocafuerte en Miñarica. Seguía de
Edecán de Flores. En dicha acción murieron
800 ecuatorianos del Partido Nacional. Su biógrafo
Camilo Destruge dice que Urbina desde entonces juró
respetar la vida como don precioso.
En 1836 fue designado Encargado
de Negocios en Bogotá y en contacto con los
jóvenes liberales de esa capital aprendió
la buena doctrina, de la que no se apartaría
jamás El 37 el Presidente Rocafuerte le retiró
la agencia por gastador. Pedro Fermín Cevallos
le ha calificado en esa etapa de "joven de entendimiento
bien despejado y tan malgastador y travieso como el
mismo General Flores, pues malbarataba allá
más de lo que podía satisfacer nuestro
gobierno".
Entonces volvió a Quito
con desagrado y se negó a comparecer a Palacio.
Le enjuiciaron por rebeldía pero sin consecuencia.
Resentido doblemente por haber sido cancelado y enjuiciado
conspiró con el General Juan Otamendi para
defeccionar al batallón de Lanceros en Riobamba,
pero fueron denunciados por el Jefe de ese cuerpo
y salieron al destierro en Papayán, acusados
de "miserables cabecillas".
En Colombia abrió campaña
por la prensa acusando a gobierno de Rocafuerte del
feo delito de fusilar sin fórmula de juicio
a sus enemigos políticos, y solo volvió
a Quito cuando Flores asumió nuevamente el
poder en 1839.
En 1840 el General Pedro Alcántara
Horran solicitó la intervención militar
del Ecuador en los asuntos internos de Nueva Granada.
Urbina fue designado Jefe de Estado Mayor de la I
División del ejército Auxiliar ecuatoriano
y atravesó con Flores la frontera el 27 de
Septiembre.
Primero se situaron en Pasto,
ciudad abandonada por el General José María
Obando, a quien derrotaron después en la quebrada
de Huilquipamba; pero la campaña se prolongó
por quince meses en inútiles enfrentamientos
y a mediados de 1841 el ejército ecuatoriano
se retiró agotado a Quito, restituyéndose
pacificada la provincia de Pasto a la Nueva Granada.
Enseguida le fue confiado el
Consulado General en Lima para gestionar en favor
del Mariscal Andrés de Santa Cruz desterrado
en las costas manabitas; mas, el Gobernador del Guayas,
Vicente Rocafuerte, se negó a autorizar los
viáticos y suspendió intempestivamente
el viaje.
Para enmendar la plana Flores
designó a Urbina Jefe de Estado Mayor, en Enero
del 42 Gobernador de Loja y el 2 de Marzo Secretario
de la Legación en Lima a cargo del General
Bernardo Daste. Urbina salió por Macará
pero la Misión fracasó por causas meramente
políticas.
En 1843 asistió al Congreso
como Diputado por Loja, votó por la reelección
de Flores a la presidencia de la República
por seis años y por la nueva Constitución
que el pueblo dio en llamar la Carta de Esclavitud.
Enseguida fue designado Gobernador de Manabi, donde
le sorprendió la noticia de la revolución
nacionalista del 6 de Marzo de 1845, a la cual plegó
el día 17 con el Pronunciamiento de Portoviejo,
ganándose la gratitud del Gobierno Provisorio,
que el 22 le ascendió a General de Brigada.
Entonces organizó la II División del
Ejército, debeló un complot floreano
y avanzó a Guayaquil, ingresando el 27 de Mayo
triunfalmente con 700 hombres, en medio del delirante
entusiasmo de la población.
Al otro día visitó
por primera ocasión el hogar de su media hermana
Josefa Urbina Llaguno, viuda que era del Coronel Manuel
Jado y Goenaga, para darle el pésame por el
fallecimiento de su hijo Francisco, mortalmente herido
en uno de los combates de la hacienda La Elvira. Allí
conoció a su sobrina Teresita, Joven de 25
años de edad con quien se casó cuatro
años después.
Firmados los Convenios de Paz
de la Virginia pasó a Quito con Pedro Carbo
y el 3 de Junio se suscribió un Tratado con
los delegados del encargado José Félix
Valdivieso para lograr la unificación de la
República. A su regreso desempeñó
la Secretaria del Gobierno del Guayas y se trasladó
con los Triunviros a la Convención Nacional
en Cuenca donde sostuvo la vigencia de los Tratados
de la Virginia y para evitar el ascenso de Olmedo
a la presidencia de la República, por estar
apoyado en su archienemigo Rocafuerte, tomó
partido por Roca que salió electo y en Diciembre
le designó Ministro Secretario General hasta
que se instaló en Quito.
En Junio de 1846 fue Diputado
por el Guayas y Senador suplente por Manabí
asistiendo al Congreso. En Marzo del 47 Encargado
de Negocios en Lima para contrarrestar el peligro
de una invasión floreana. En Agosto del 48
ascendió a Comandante General de Guayaquil.
El 49 volvió al Congreso y presidió
la Cámara de Diputados, pero al no poderse
elegir al sucesor presidencial pues ni Antonio Elizalde
ni Diego Noboa lograron las dos terceras partes de
los votos, fue encargado del Poder el Vicepresidente
Manuel de Ascázubi, quien nombró a tres
Diputados para ocupar otros tantos ministerios. Urbina
rechazó la cartera de Guerra y Marina por delicadeza
así como una Misión en Europa, a donde
se le quería enviar para alejarle del país,
dado que su influjo sobre la población de Guayaquil
era cada día mayor.
Nuevamente en Guayaquil, en
Diciembre concurrió con el General Antonio
Elizalde a la casa del Gobernador Francisco de Paula
Ycaza Silva a proponerle un triunvirato con Elizalde
y Noboa, por cuanto los guayaquileños se quejaban
contra el Ministro General Benigno Malo Valdivieso
acusándole de floreano y estaban contrariados
porque los sobrantes de la Tesorería de Rentas
del puerto iban a alimentar las de Quito, pero al
no someterse los Jefes de la Guarnición fracasó
el movimiento. Entonces le llamaron a la Capital pero
con astucia y persuasión logró que no
le castiguen. El asunto había sido tan público
que en Guayaquil Pablo Merino, José Rito Matheus
Vasmezon y Ramón Benítez Franco, partidiaros
del régimen, decidían sacarle del país
para precaver futuras revoluciones y fueron a explicar
su plan al Dr. Aguirre Abad, concuñado de Urbina,
quien no quiso intervenir por razones estrictamente
familiares.
El Presidente Ascázubi
decidió cambiar a los Jefes Militares de Guayaquil
y despachó el 12 de Febrero de 1850 al General
Isidoro Barriga con la consigna de reemplazar al Coronel
Francisco Robles de la Comandancia del Distrito y
a los Comandantes José María Vallejo
y Guillermo Bodero que mandaban los más importantes
batallones. El 19 arribó Barriga y sustituyó
a los Jefes. El 20 Robles visitó a Urbina con
fines revolucionarios pero éste se excusó,
siguió a casa de Noboa y habló con sus
hijos, sobrinos y parientes, entre ellos con el General
Guillermo Bodero Franco, premio segundo de Noboa por
la rama de Larrabeita, y acordaron tomar esa noche
el Batallón N° 1 que no opuso resistencia
pues su nuevo Jefe el Coronel Julio Ríos estaba
dormido. También ocuparon el Cuartel de Artillería
con igual facilidad y pasaron a donde el General Elizalde
para que se hiciera cargo del mando, que rechazó
indignado por nacer de un golpe militar. En tal circunstancia
volvieron a casa de Urbina, quien asumió la
Jefatura Militar, designó a Miguel García
Moreno Gobernador del Guayas y envió Comisionados
a Quito, pero no se produjo ningún arreglo,
en vista de lo cual se ofreció nuevamente la
Presidencia a Elizalde y ante una nueva negativa se
llamó a una Asamblea Popular que se proclamó
por Elizalde y como este se pusiera necio en rechazar
la Jefatura se terminó designando a Noboa,
que siempre había soñado con llegar
a presidente, porque era amigo de toda figuración.
Urbina fue enviado enseguida
a controlar el orden en el centro de la República
mientras Noboa gobernaba en Guayaquil y Ascázubi
lo hacía en Quito, donde se decretó
una Movilización General y se le entregó
las Facultades Extraordinarias, luego envió
al General Fernando Ayarza a ocupar Riobamba pero
la revolución contaba con el apoyo de las mayorías
y pronto se extendió por el país.
El 6 de Mayo se realizaron
las conferencias entre los Delegados de ambos gobiernos.
Los de Ascázubi, con el ánimo de llegar
a un Acuerdo ofrecieron el retiro del Ministro Malo,
del Gobernador Ycaza que ya no tenía mando
y aún del propio Ascázubi, negándose
a la Convocatoria de una nueva Constituyente y por
ello no hubo acuerdo posible.
Despejado el panorama político
los noboistas se preocuparon de Elizalde que se acercaba
amenazador a Guayaquil, felizmente el 27 de Julio
se celebró un convenio de Paz en la hacienda
La Florida que acordó el cese de hostilidades,
con lo cual Noboa pudo convocar a una Convención
Nacional en Quito el 8 de Diciembre mientras Urbina,
con notable acierto, pacificaba el resto del país,
negociando con Elizalde la desocupación de
la provincia de Loja y del resto del Austro ecuatoriano.
Los primeros actos de Noboa
fueron impopulares pues borró del escalafón
a 163 militares elizaldistas y entre ellos al propio
General Elizalde y al general Ayarza y en su reemplazo
llamó a antiguos militares floreanos. Después
se malquistó con el gobierno liberal de la
Nueva Granada presidido por el General Hilario López,
apoyando la insurrección de Pasto y recibiendo
a los jesuítas por consejo de su primo el Arzobispo
de Quito Nicolás de Arteta Calisto, que según
opinión generalizada en el país desde
las épocas del libertador Bolívar, era
un sujeto ignorantísimo y fanatizado. Por todo
eso Urbina se negó a asistir a la Convención
y hasta sacó unas cartas anónimas tituladas
"Marcistas a la Convención" hablando
de la reacción pro floreana del Presidente
recién electo. Así las cosas Noboa le
pidió que acepte el Ministerio de Guerra y
Marina o un cargo diplomático en Europa, pero
prefirió la Comandancia de Marina aunque no
había flota.
El 25 de Febrero la Convención
eligió a Noboa para el período de 1850-54
pero como éste no llamó a los roquistas,
elizaldistas ni liberales a colaborar en el Gobierno,
se ganó la animadversión general, bien
es verdad que estos últimos, presididos por
Pedro Moncayo, se pasaron a la oposición a
causa de sus reservas contra los jesuitas, que eran
sacerdotes politizados.
Noboa sentíase seguro
gobernando con los elementos floreanos y por haber
designado a Guillermo Bodero Franco para la Jefatura
Militar de Guayaquil, sin imaginar que dicho militar
era del grupo urbinista y que en connivencia con ellos
permitió el 17 de Julio de 1851 que Manuel
Tomás Maldonado proclamara la revolución.
Noboa, ignorante de todo ello, venía a Guayaquil
a reunir a su familia y conducirla a Quito, cuando
a arribar al Babahoyo fue apresado por el Comandente
José Marcos. En su compañía venían
los Coroneles Matías Sotomayor y Luna y Melitón
Vera, quienes también cayeron detenidos. Finalmente,
conducidos a un barco en medio de la ría, fueron
sacados del país.
Noboa tenía un carácter
conservador y muchas ínfulas por haber sido
Rey de Armas de una Jura Real, ambicionaba la gloria
y el poder. Bodero era en cambio un demócrata
de cuartel que gustaba de chanzas y palabrotas y era
fama que tenía 44 hijos naturales. Ambos gozaban
de numerosas relaciones sociales por ser nietos de
dos hermanas Larrabeitia Gómez- Cornejo, miembros
de la alta clase del puerto principal.
La revolución triunfó
inmediatamente en todo el país y Urbina entró
en Quito y decretó la expulsión de los
jesuitas, a quienes ni siquiera conocía, pero
tuvo que hacerlo para aplacar las iras del presidente
colombiano, medida injusta desde el punto de vista
humano, aunque políticamente necesaria para
la seguridad externa del país pues era cosa
de días la invasión colombiana, al punto
que los propios jesuitas habían escapado a
Cuenca.
Se dijo entonces que con la
expulsión había evitado una inminente
guerra con el gobierno de la Nueva Granada y con el
reingreso de los militares elizaldistas al escalafón,
los peligros de una invasión floreana. Urbina
ganó inmediata popularidad, tenía solamente
42 años de edad, era orador elocuente, gozaba
de experiencia militar y política y por sus
buenas maneras sabía ganar el afecto y la voluntad
de los demás.
Como Jefe Supremo decretó
el 25 de Julio de 1851 la abolición de la esclavitud
de la República, alegando que cada hombre era
dueño absoluto de su propia vida y que ese
derecho era imprescriptible, pero tuvo numerosos detractores
sobre todo entre los que se habían venido beneficiando
de mano esclava. (1)
El 17 de Julio de 1852 se instaló
la Convención Nacional en Guayaquil que aprobó
la VI Constitución. Urbina resultó electo
Presidente por 23 votos, siendo los 15 restantes para
su concuñado el Dr. Francisco Xavier de Aguirre
Abad y 1 para el Dr. Pablo Vásconez. Vicepresidente
fue electo Pacífico Chiriboga y el gabinete
quedó constituido de la siguiente manera: Interior
y Relaciones Exteriores Dr. Marcos Espinel Endara,
Hacienda José María Caamaño Arteta
que no aceptó por parentesco con Diego Noboa
Arteta su primo y fue desempeñado por Francisco
P. Ycaza Paredes, y Guerra y Marina por el General
Teodoro Gómez de la Torre.
(1) Villamil era asesor de Urbina y empujado por sus
hermanos masones en la Convención se trató
el tema y Aguirre Abad, como Jefe de la Comisión
Jurídica, consiguió que su yerno, el
Diputado francisco Pablo de Ycaza Paredes, presente
en un proyecto de Ley concediendo la libertad inmediata
a los esclavos, indicando que no se podía hacer
justicia a los esclavos con una injusticia a sus amos,
para lo cual pidió armonizar el Decreto de
Libertad con los intereses creados. Poco después,
presentaba un proyecto de Decreto que la Convención
aceptó íntegramente, por el cual se
Manumitía a los Esclavos, esto es, se les compraba
su libertad, pagando el precio a sus amos. Para el
efecto se formaron Juntas de Manumisión en
toda la República, empleándose más
de 400.000 pesos, suma enorme para la época,
si se considera que las rentas totales del país
no ascendían anualmente ni al triple de ella.