El Presidente de la Convención
Pedro Moncayo le dijo a Urbina al posesionarle: "Se
os ha elegido porque habéis conjurado la tempestad
que amenazaba la República bajo la bandera
pirática del traidor americano -Flores- porque
habéis reunido en torno vuestro al pueblo en
masa para hacer ver al enemigo de la República
y a los aristócratas extranjeros que lo protegen,
que está vivo siempre en los hijos del Ecuador
el amor a su independencia y libertad".
Urbina subió ungido
por el elemento liberal y con él gobernó.
I aunque no tuvo un programa definido llevó
adelante un Plan de Gobierno muy lúcido coherente
y de alto sentido patriótico, que terminó
por acarrearle la oposición de los poderosos
y la Intransigencia del clero.
Suprimió las llamadas
protecturías indígenas, prohibió
el cobro anticipado del tributo indígena que
había sacado de apuro a los gobiernos anteriores
y en 1857 logró la supresión total de
aquel. Concedió la posesión de las aguas
a varias comunidades indígenas y el urbinismo
vino a convertirse en ideario avanzado dentro del
pensamiento político de Latinoamérica
a mediados del siglo pasado y no la caricatura que
han presentado historiadores conservadores como José
María Legouir Raud J.L.R. Julio Tobar Donoso,
Wílfrido Loor Moreíra, de simple militarismo
nacional producto de un caudillo sin mayor instrucción.
La invasión Floreana
se produjo el 4 de Julio de ese año. Era el
aniversario de los Estados Unidos y el Cónsul
ofrecía una recepción en su casa cuando
se oyeron los primeros disparos del buque Chile de
la flotilla pirática de Flores que bombardeaba
el malecón. Los concurrentes se alarmaron y
salieron a la calle los Generales Urbina, Illingworth
y Villamil a fin de dirigirse al fortín de
Saraguro - hoy Club de la Unión – donde
desplegaron a los artilleros del batallón Restauradores
y tras dos horas de intensos disparos pusieron en
fuga a los floreanos. En la lucha perecieron 2 mujeres,
2 niños y el español Francisco Reina
Martos, compadre de Flores, que asomado al balcón
de su casa gritaba como desaforado hasta que una bala
perdida de la flotilla le dejó sin vida. Lo
pajarearon, se dijo entonces, de su trágica
muerte. Tras esa intento renació la paz y Urbina
pudo gobernar con tranquilidad.
En 1854 inició los arreglos
de la Deuda Externa con Elías Mocatta representante
de los tenedores ingleses y en Noviembre se celebró
el Convenio Mocatta-Espinel en 28 artículos,
por el cual el Ecuador reconocía en favor de
los acreedores la cantidad de 1'824.000 libras esterlinas
o sea 9'120.000 de pesos, emitiéndose los bonos
ecuatorianos de la Deuda Consolidada con un interés
anual del 1% y estipulándose las condiciones
para los pagos y la adjudicación de tierras
baldías en la bahía del Pailón
en Esmeraldas y en las provincias orientales de Jaén
y Mainas. La Deuda se había originado el 23
de Diciembre de 1834 cuando la comisión Granadina-Venezolana
adjudicó a la República del Ecuador
el 21,5% de los créditos pasivos de la antigua
Colombia, cantidad aumentada en 2´000.000 de
pesos de intereses en 1854.
Posteriormente desterró
a la familia del General Flores, quien conspiraba
contra la seguridad del estado y de América
en Europa y se suscribió un Tratado de Paz
con la Nueva Granada que puso fin a las tensas relaciones
existente desde el asunto de los jesuitas. Fiel a
su ideario liberal Urbina no usó jamás
de violencia alguna ni de crueldades con nadie. Por
eso se ha escrito que los años de su mandato
fueron de Paz, excepto la invasión del 52.
En lo político hubo
una absoluta libertad de prensa, florecieron las Sociedades
Democráticas, las Academias para la educación
de los militares y las escuelas en los cuarteles para
enseñar a leer y a escribir a los soldados.
Sostuvo la Escuela Náutica, fundó los
lazaretos de Quito y Cuenca, el Cuartel de Artillería,
el Hospital Militar, el malecón de Guayaquil,
inició el camino de Cuenca a Naranjal, reparó
el Palacio de Gobierno, los edificios de la Policía
y Cárcel así como el puente sobre el
río Machángara. También ordenó
reponer el Obelisco y la Lápida de los Académicos
en Tarqui.
En el aspecto diplomático recibió la
visita de los marinos franceses de la Flota del Pacifico
comandada por el Almirante Fevrier des Pointes, declaró
la libre navegación por los ríos del
Amazonas y en lo cultural la libertad de enseñanza.
Al término de su mandato,
el soldado sin mayor ilustración pero respetuoso
de todos como le conocían en algunos medios
de la oposición, con su encantadora sociabilidad
y finos modales, habíase ganado la amistad
de sus antiguos oponentes por no haber realizado acciones
negativas como las de Flores y Rocafuerte que acostumbraban
fusilar a sus oponentes.
Convocadas las elecciones triunfó
ampliamente el candidato oficialista Francisco Robles,
quien gozaba de gran popularidad en Guayaquil por
su temeridad y valentía, sobre el opositor
Teodoro Gómez de la Torre. Montalvo referiría
después que mientras duró la presidencia
de Urbina, su madre vivía asilada en la casa
de la familia del escritor en Ambato, sin cambiar
su modesta situación socioeconómica
de siempre, también por eso Julio Tobar Donoso
ha dicho que Urbina era manso y generoso y muy desprendido
con el dinero.
A fines del 56 le designaron
Ministro Plenipotenciario ante varios países
de Europa aunque a última hora prefirió
quedarse en el Ecuador para defenderse de posibles
acusaciones en el Congreso.
En 1858 Flores inició
una nueva ronda de intrigas ante el Presidente peruano
Ramón Castilla a fin de obtener el rompimiento
diplomático de ambas naciones y le subministró
copia de uno de los planos que nuestro gobierno había
extendido al representante de los tenedores de bonos
de la Deuda, sobre las tierras baldías en el
oriente, tierras que el Perú pretendía
como suyas. Castilla mandó al vapor de guerra
Amazonas a patrullar las aguas del golfo de Guayaquil,
después que su representante Juan Celestino
Cavero había sido devuelto a Lima por comportamiento
irrespetuoso y altanero.
Robles y Urbina tuvieron que salir a defender Guayaquil.
En Octubre se sublevaron los Generales Francisco Darquea
y Manuel Tomás Maldonado, quienes apresaron
a Robles en casa de Urbina, esquina de Pedro Carbo
y Luque y al bajarlo fue muerto Darquea de un pistoletazo
al pecho que le propinó el General Guillermo
Franco Herrera.
El Diputado Gabriel García
Moreno se hallaba complotando contra su Patria en
el Perú y en vista de la indiferencia y falta
de apoyo de Castilla se vino en un vapor enemigo y
siguió subrepticiamente a Quito, donde acababa
de organizarse un gobierno Provisorio el 1° de
Mayo de 1859, que le confirió el mando de las
tropas. Con ellas pasó al centro de la República
y en Tumbuco, cerca de Guaranda, libró el 5
de Junio una gran batalla contra Urbina que le fue
desfavorable. De allí en adelante Urbina aplastó
toda revuelta y entró en Quito mientras García
Moreno se regresaba al Perú cubierto de ignominia.
Poco después Urbina
pasó a Ibarra y el 23 firmó un Convenio
con el resto de los alzados pacificando al país.
A los dos meses Rafael Carvajal repasó el Carchi
y con una columna de mercenarios colombianos entró
en Imbabura, donde tras varios combates indecisos
venció a los gobiernistas en Guaranturo y el
4 de Julio tomó la capital mientras Guillermo
Franco se proclamaba Jefe Supremo en Guayaquil.
Como el Presidente Robles se
quedó aislado en Riobamba no tuvo más
que solicitar pasaporte y ausentarse por Guayaquil
al Perú. Urbina se hallaba en Cuenca e hizo
lo mismo, quedando solamente García Moreno
en Quito y Franco en Guayaquil pero cercado por los
militares peruanos. Entonces García Moreno
hizo las paces con el odiado Flores y prepararon la
toma de Guayaquil mientras Franco se desasía
de los militares enemigos firmándoles el Tratado
de Mapasingue.
Para Urbina había comenzado
el largo y penoso destierro pues, falto de medios
económicos, sobreviviendo de pequeñas
ayudas que le enviaban los suyos, no podía
hacer nada más. Primero radicó en el
puerto boliviano de Cobija. En Mayo de 1862 y a través
de sus amigos Miguel Riofrío y Juan Borja entró
en correspondencia con el General Tomas Cipriano Mosquera,
pero habiéndose opuesto a la creación
de la Confederación Colombiana por constituir
la desaparición de la República del
Ecuador, cesó dicho Intercambio epistolar.
García Moreno tomó la posta, se relacionó
con Mosquera y luego se peleó con él.
En Mayo Urbina preparó
una invasión con tropas ecuatoriano-chilenas
pero el proyectó abortó. De toda maneras
le quedó la nave Nueva Granada luego llamada
Bernardino. Fueron tiempos duros, de soledad y miseria,
a veces acompañada de algún otro exilado
tan o más pobre que él. "I en las
Jargas noches del exilio contaba sus aventuras y peripecias
con humor y acopio de detalles”.
En Marzo del 64 García
Moreno decretó la expulsión de su esposa
Teresa Jado de Urbina y sus cuatros hijos quienes
residían tranquilamente en Guayaquil. La medida
fue más brutal porque solo veinte horas antes
acababa de morir Dña. Josefa Urbina de Jado,
su madre, anciana de casi 81 anos de edad, cuyo cadáver
aún permanecía insepulto, negándosele
a su hija el velar dichos venerandos restos.
Desde entonces radicó
el General Urbina, su esposa e hijos en Paita y como
se le tenia por caudillo del Partido Liberal del Ecuador,
el comerciante chileno Antonio Millan le puso el dinero
necesario para artillar el Bernardino con dos cañones,
que le debía conducir a Guayaquil con una pequeña
expedición.
Juan Antonio Robinson comprometió
en Machala a los Comandantes Eusebio Avila, José
María Pérez y Simón Saona, a
los Capitanes José Madero y Eduardo Mora y
a once sujetos de primera categoría, liberales
de los contornos. El 7 de Agosto proclamaron la Jefatura
Suprema de Urbina pero sobrevinieron circunstancias
desgraciadas y el 29 de Septiembre fracasó
el ataque armado a Santa Rosa. Urbína estaba
en Zapotillo y debió repasar la frontera. En
Tumbes fue desarmado y se internó al Perú.
A principios de Mayo de 1865
José Marcos comprometió al Capitán
Francisco Modesto Game Soler del vapor fluvial Washington
antes Anne y con Juan Heredía, Eduardo Hidalgo
Arbeláez, Juan Bohórquez y otros treinta
hombres del Guayas salieron ocultamente al sitio Palo
Largo cerca de Babahoyo. El 31 se embarcaron por la
tarde y de noche embistieron osadamente al buque de
Guerra Guayas y mataron a su Comandante José
Matos.
Unidas ambas tripulaciones
al mando de Marcos pasaron a Tumbes donde les esperaba
Urbina en el Bernardino mandado por el Coronel José
Maria Vallejo Mendoza y con la goleta La Luz del Comandante
Antonio Suárez.
Formada la Flota se les incorporó
el Coronel Rafael Real con otros patriotas y como
no se produjo la revolución en Guayaquil, pasaron
a Jambelí mientras se atrincheraban las fuerzas
del gobierno en Santa Rosa.
Ignoraba Urbina que la noticia
de su invasión había llegado a Quito
y el Presidente García Moreno a revienta cinchas
acababa de entrar en Guayaquil y como le pareció
a Urbina una imprudencia dejar enemigos a sus espaldas,
resolvió dividir su pequeña tropa y
partió en el Washington a Zarumilla con el
Comandante Juan Heredía y su segundo Game.
Allí encontró al Coronel Mariano Irigoyen
con 30 hombres. En Gualtaco halló a Gaspar
Alamiro Plaza, Julian Indaburo Bodero, Juan Francisco
Mariscal y Enrique Laroque, al Coronel José
María Cornejo y otros más y con ellos
tomó Santa Rosa el día 24 de Junio,
sin imaginar que García Moreno, en gesto por
demás audaz, había sorprendido al resto
de la flotilla, fusilando criminalmente y por tandas
escalonadas al total de 29 prisioneros hasta su arribo
a Guayaquil. Así terminó, tan tristemente,
su famosa invasión.
En 1865 acabó el mandato de García Moreno
quien hizo elegir Presidente a Jerónimo Camón,
que a medida que le iba perdiendo el miedo permitía
el regreso de los numerosos desterrados políticos
que rebosaban en las costas de Centroamérica,
Colombia y Perú, sin atreverse a firmar el
Decreto de Amnistía General como hubiera sido
lo Justo. Hombres notables como Pedro Carbo, Pedro
Moncayo, Manuel Gómez de la Torre, Miguel Riofrio,
Antonio Yeroví, Carlos Auz, José Gabriel
Moncayo. el Obispo Auxiliar de Guayaquil Luis de Tola,
los Generales Francisco Robles, Guillermo Franco,
Julio Ríos, Tomás Carlos Wright, muchos
Coroneles, otros militares, seguían en el exterior.
La esposa y los hijos de Urbina
pidieron salvoconducto y Montalvo escribió
en el Cosmopolita: La proscripción de Urbina
debe terminar. Los presidentes del Ecuador se mueren
de hambre, dicen en el Perú. Hambre gloriosa,
pero hambre; aunque de nada sirvió ese grito
de justicia pues el General y su familia siguieron
en Paita hasta 1867 que pasaron al Callao. El 68 la
familia retornó finalmente al país aunque
por poco tiempo, pues con el golpe de García
Moreno de Enero del año siguiente, tuvieron
que volver a expatriarse en Febrero.
Seis años después,
en 1875, murió el tirano en Quito, Urbina no
había participado en el complot ni fue acusado
de ello así es que regresó el 30 de
Enero de 1876 tras dieciséis años de
ausencia. Llegó con espíritu esforzado
a pesar de los reveses, pues el ostracismo que abate
a los pequeños caracteres exalta los grandes
y "el pueblo en masa acudió espontáneamente
para recibir al ilustre proscrito. Estaba allí
representadas todas las clases sociales, la muchedumbre
cubría el ancho del malecón y las calles
adyacentes, las aclamaciones no cesaban un instante
y aquello fue un verdadero recibimiento triunfal".
El viejo General apareció en el balcón
de su casa y dirigió la palabra al pueblo que
le aclamaba delirante (2).
El 12 de Febrero fue declarado
en servicio activo, como en comisión, pero
no aceptó esa forma de pago. Entonces se le
asignaron sus Letras de Cuartel desde el mes de Enero
que había ingresado al país. Poco después
volvió a Lima a finiquitar varios asuntos privados,
donde le cogió por sorpresa la revolución
liberal del 8 de Septiembre que elevó a la
Jefatura Suprema al General Ignacio de Veintemilla.
Llamado a Guayaquil por el
movimiento, arribó el 8 de Octubre, fue recibido
con vítores y volvió a tomar la palabra
en su casa. Veintemilla le fue a visitar y nombróle
Jefe del Estado Mayor General del Ejército
y único responsable de todas las operaciones
de la campaña a iniciarse.
En Diciembre marcharon los
ejércitos guayaquileños a la sierra.
Veintemilla y Robles mandaban el ala izquierda que
subió por Babahoyo y tomó el Camino
Real hasta el sitio de los Molinos cerca de San Miguel
de Chimbo, derrotando el 14 de ese mes a las fuerzas
borreristas del Comandante Quiróz; mientras
Urbina, con el grueso de las tropas, trepando por
Yaguachi arrolló al General Julio Sáenz
Fernández-Salvador en los helados pajonales
de Galte. Allí se lucieron los Generales José
Vicente Maldonado, José Sánchez Rubio
y Guillermo Bodero Franco, los Coroneles Víctor
Proaño Carrión, Pedro Pablo Echeverría
y José María Cornejo y el Mayor Jacinto
Garaycoa. Enseguida ocupó la plaza de Riobamba,
que años atrás le había visto
vencedor en Tumbuco.
En Galte se usó por
primera ocasión en el país los famosos
fusiles de repetición marca Remigton de fabricación
norteamericana, que sembraron el desconcierto en las
tropas gobiernistas, así como las ambulancias
y el Cuerpo médico de la Cruz Roja. Tras el
triunfo un
(2) La Casa del General Urbina estaba ubicada en la
calle Luque casi a llegar a Pichincha. Había
sido comprada por su esposa en 1873 con parte del
dinero de la herencia de ella, a la sucesión
de Francisco Suárez, cuya casa era el doble.
Lo adquirido fue la mitad. Años de después
la familia del General se cambió a la esquina
norte de la calle Bolívar y Malecón,
donde él murió. Su viuda falleció
muy ancianita en Lima en 1910.
subalterno le insinuó
a Urbina que se proclame Jefe Supremo pero fue duramente
reprendido. Poco después entraron los triunfadores
en Quito en medio de aclamaciones y saludos.
En Quito ardía el clero
convertido en dócil instrumento político
del partido Terrorista o Garciano, de ultraderecha,
explotando el fanatismo de las masas analfabetas,
realizando graves motines, vendían las alhajas
de los conventos para hacer dinero y comprar armas
para los contrarevolucionarios de Colombia. Ese año
fue electo diputado por las provincias del Guayas,
Tungurahua y Chimborazo y en Noviembre sofocó
la invasión armada del General Yépes
en Imbabura que con los Jefes Ezequiel Landázuri,
Miguel Paris-Moreno y Antonio Grijalva intentaban
avanzar hasta la capital. De vuelta a Quito pudo dictar
enérgicas disposiciones que consolidaron el
triunfo de las fuerzas del General Cornelió
E. Vernaza. Entonces trató de frenar al levantisco
clero serrano, escudado tras el Administrador de la
Diócesis de Quito, Arsenio Andrade. Todo ello
retrasó la Convención Nacional que debía
reunirse en Quito y que recién pudo iniciar
sus labores en Ambato, el sábado 20 de Enero
de 1878, donde fue electo Presidente de tan alta reunión
por 33 votos de 37 electores.
Entre sus actos más
importantes estuvo la conmutación de la pena
de muerte a los tres Jefes invasores por otra más
benigna de prisión, que sólo se llegó
a cumplir en una mínima parte. Demás
indicar que tenía gran ascendiente en el ejército
y quizás hasta hubiera podido hacerse elegir
Presidente de la República, pero no lo quiso
para no dividir al Partido Liberal, de suerte que
trabajó por Veintemilla, quien salió
para el periodo de 1878-1882.
En Febrero del 78 había
muerto a consecuencia de un parto su hija María
casada con el joven Antonio de Lapierre Cucalón,
hijo del Ministro de Francia en Quito Antonio de Lapierre,
Conde de Lagliouville. Después de ese golpe
Urbina se retiró prácticamente a la
vida privada instalándose en Babahoyo.
En 1882 desaprobó el golpe de estado de Veintemilla
que proclamó su dictadura personal. A fines
de año volvió a Guayaquil continuando
la vida tranquila de un hombre de bien y negándose
rotundamente a intervenir en política, aunque
de vez en cuando deploraba la ruina del Partido en
los gobiernos de los presidentes Caamaño y
Flores Jijón.
Su mente estaba clara, su memoria
admirable y ningún achaque le molestaba. Era,
lo que se dice, un cuerpo privilegiado. Muy anciano,
refiere Camilo Destruge Illingworth, le dictó
una muy extensa y detallada Relación histórica
en la cual no faltaban ni las fechas exactas de los
sucesos.
Urbina fue marino, diplomático,
estadista, creador, guerrero, magistrado, su nombre
constituye un blasón pues se hizo solo y fue
hijo de sus propias obras.
Su fallecimiento ocurrió
sin enfermedad aparente en la madrugada del 4 de Septiembre
de 1891. El sepelio fue multitudinario. El Diario
Los Andes anotó que desaparecía el viejo
veterano, preciosa reliquia, hombre superior, indicándose
que jamás había sido anticatólico
sino anticlerical y "caigan sobre su tumba veneranda
las bendiciones de la posteridad".