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IGNACIO DE VEINTEMILLA VILLACIS
PRESIDENTE DE LA REPUBLICA.- Nació en Quito el 31 de Julio de 1828. Fueron sus padres legítimos el Dr. Ignacio de Veintemilla Espinosa, Secretario de la Universidad, Abogado, severo Ministro de la Corte Superior de Justicia de Quito y Josefa Villacís (Hija del Dr. José Javier de Ascázubi y Matheus, Prócer del 10 de Agosto de 1809 y de Gregoria Villacís, muerta joven. Hija a su vez de Ignacio Arteta Larrabeitia y de una señora Villacís) quiteños. Fue el tercero de una familia de medianos recursos compuesta de siete hermanos, y como eso de la sangre ligera les venía por rama materna, algunos de ellos fueron insignes aventureros.

En 1835 su padre lo mandó al afamado Colegio Vicente León de Latacunga, considerado el mejor de la República y tuvo que sacarlo porque a duras penas quiso aprender a leer, escribir y las cuatros reglas. Posteriormente asistió una corta temporada al San Fernando de Quito pero se truncaron sus estudios cuando el Presidente Vicente Rocafuerte clausuró dicho establecimiento. De allí en adelante llevó una vida ociosa hasta que entró al cuartel y aprendió a jugar y a beber, costumbres que jamás abandonaría.

La naturaleza la había compensado con una fina apostura. Era garboso, tenía prestancia natural. Alto, delgado, rubicundo, ojos garzos. No había chica en los contornos que se le resistiera, su buena voz para cantar serenos a la más guapas de Quito y varios amigotes, le dieron prontamente una justa fama de bohemio nocherniego.

En 1847 fue Subteniente en el Gobierno del Presidente Roca. El 49 ascendió a Teniente, el 51 fue Capitán y combatió al gobierno del Presidente Diego Noboa. Por entonces contrajo matrimonio con Joaquina Tinajero Llona y morigeró sus costumbres. Tuvieron tres hijos que fallecieron pronto y ella les siguió a la tumba. Entonces, el viudo, para ahogar las penas se desquició de nuevo. Su vida de cuartel era alegrísima y parrandera, sus subalternos le querían y seguían a todas partes. El les decía cariñosamente "mis cachuditos” y se abrazaba en las calles con sus mujeres y guarichas. En eso y en otras muchas costumbres –hasta tenia mozas indias de anaco- era, lo que se dice, un perfecto demócrata.

Entre 1857 y el 58 fue guardaespalda de su medio tío político el Senador Gabriel García Moreno, quien temía ser atacado por algún "Taura". El 59 le acompañó en sus andanzas cuando la creación del Triunvirato de Quito. El 5 de Junio asistió a la batalla de Tumbuco, donde Urbina les derrotó en todas las líneas. Veintemilla montaba un buen caballo color castaño, cayó prisionero, pero debió arreglárselas con algún chiste porque a las pocas semanas, sin saber qué hacer con él, le pusieron en libertad.

En 1860 figuró en la campaña contra Guayaquil. El 29 de Enero se comportó valerosamente en la vanguardia, durante la acción de Sabún, cerca de San Luis, en Riobamba, derrotando a las fuerzas franquistas del Coronel Manuel Zerda.

El 24 de Septiembre comandó el Primer Regimiento en el paso del estero Salado y tras la toma de Guayaquil fue ascendido a Coronel y le concedieron la medalla al Arrojo Asombroso que dispuso el Congreso. Entonces se hizo retratar en uniforme de gala y con ella al pecho. En 1861 editó un manifiesto al público sobre la conducta de su hermano José como colector de sales en Babahoyo, con dos tablas, en 19 pags.

En 1863 fue Comandante del Regimiento de Lanceros y poco después ascendió a Primer Jefe de la Artillería de Quito. Había formado la empresa llamada “Veintemilla y Co.” que en Octubre recibió la concesión del gobierno para construir un astillero en gran escala en Guayaquil, pero el proyecto no se pudo llevar a cabo por falta de capital.
En 1864, por la informalidad de García Moreno, la deserción de Flores y la ambición del colombiano Tomás Cipriano Mosquera, se produjo la derrota ecuatoriana en los campos de Cuaspud. Allí murió su hermano menor Carlos de Veintemilla, cuando al frente de la caballería fue diezmado por el enemigo.

Ese año pasó a Ambato con un cuerpo de ejército a fin de recibir al General Manuel Tomás Maldonado que arribaba preso desde Guayaquil. Le ofreció hospedaje en su casa de Latacunga y hasta le aconsejó huir porque conocía la maldad del tirano pero Maldonado se resistió confiadamente y al llegar a Quito fue fusilado.

García Moreno ordenó la prisión de varios adversarios. Veintemilla dispuso en el cuartel que al primer disparo se los amarrara; pero lo dijo con sorna, pues no se refería a amarrarlos con soga sino con viandas y vinos, que personalmente obsequió a sus sorprendidos prisioneros; quienes, como es natural, quedaron agradecidísimos, o lo que es lo mismo, bien amarrados.

En 1866 ocupó el Ministerio de Guerra y Marina con el Presidente Jerónimo Carrión. A principios del 67 lo encargó al General Julio Sáenz y se trasladó a la costa, levantando importantes fortificaciones en Santa Elena. Sono y Sagal. En la entrada del puerto de Guayaquil, en la Planchada, las Cruces y Saraguro colocó varias líneas de torpedos, pues la Armada española del Almirante Casto Méndez Núñez merodeaba por el Pacífico, amenazando con bombardear varios puertos.

Ese año fue ascendido a General de Brigada y mandó una escolta al Congreso con el fin de acallar las protestas de los legisladores. Después concurrió a la Sesión que estudiaba la descalificación del Ministro del Interior Manuel Bustamante -yerno del presidente Carrión- y dijo: Ofrezco retirar la escolta si el Congreso levanta la sesión y ambas Cámaras nombran Comisiones que traten con el ejecutivo acerca de una conciliación. Nadie le hizo caso, Carrión renunció a poco y Veintemilla se quedó sin su ministerio.

En Marzo de 1869 se produjo en Guayaquil la fallida revolución de su hermano José de Veintemilla que fue asesinado. García Moreno dispuso la prisión de numerosas personas en Guayaquil y Quito. A Ignacio de Veintemilla, que se hallaba en una pequeña propiedad agrícola en Pomasqui, le tomaron por sorpresa y llevaron a Quito. Se le quiso fusilar alarmóse el vecindario y el tirano prefirió enviarlo desterrado por las selvas de Mindo y Esmeraldas, bajo fianza que fijó en 10.000 pesos.

Veintemilla consiguió que su amiga Josefa Moran Avilés de Pareja le hiciera el servicio de otorgar la fianza y viajó a París (1) donde aprendió el francés y vivió en pobreza hasta el asesinato de García Moreno el 6 de agosto de 1875. Montalvo, que le trató en Europa, escribiría después “Se levantaba a las 3 de la tarde, salía a las 4 y volvía a las 4 de la madrugada".

Nuevamente en Quito fue visitado por sus antiguos amigos que sabían sus estrecheces y como le encontraron con sus maneras pulidas y cierto brillo en sus ideas , se dejaron sorprender. Bien es verdad que como todo recién llegado, en el ingenuo Quito del siglo pasado, causaba sensación.

En 1876 fue reincorporado al ejército y aprovechando de su amistad con Ramón Borrero, hermano del nuevo presidente, logró que lo destinaran a la Comandancia General de la plaza de Guayaquil, en reemplazo de Teodoro Gómez de la Torre, que se retiró por enfermedad, hinchadas las piernas porque empezaba a sufrir de riñones.


(1) Al momento de abandonar Quito aconsejó al joven Manuel Cornejo Cevallos que la única manera de desprenderse del tirano García Moreno era asesinándole.

En el puerto principal develó una conspiración del General Secundino Darquea y de los Jefes 1° y 2° del Cuartel de Artillería, a quienes desterró a Lima. El Presidente Borrero creyó que se trataba de una retaliación pues Darquea había sido tildado de autor intelectual en el asesinato de José de Veintemilla y airadamente le mandó a decir a su Comandante General que el gobierno no estaba dispuesto a vengar agravios ajenos.

Veintemilla se indignó y desde entonces comenzó a conspirar con los jóvenes liberales Miguel Valverde, Marco Alfaro y Nicolás Infante, que se sentían frustrados porque Borrero no derogaba la Constitución garciana o Carta Negra.

El 8 de Septiembre estalló la revolución. Veintemilla estaba encerrado en el Cuartel con los batallones y la caballería. El Concejo Cantonal presidido por José Vélez e integrado por Gabriel Murillo, Eduardo Wright Rico, Homero Morla, Luis Felipe Carbo, etc. en la Sala de Sesiones resolvió proclamar a Veintemilla, Jefe Supremo y General en Jefe de los ejércitos hasta que se convocara a una Convención Nacional Constituyente para que gobierne "bajo los verdaderos principios de la causa liberal". También se acordó entregar el poder a Pedro Carbo por entonces en New York y el cambio de la bandera tricolor por la celeste y blanca. (2).


(2) La bandera tricolor de Colombia ofrecida por Sucre a los quiteños como una promesa de amparo a la región del Sur, e impuesta a la fuerza por Bolívar a los guayaquileños, fue siempre una tela importada, un pendón extraño, la insignia gloriosa de una legión de soldados extranjeros - según opinión de Miguel Valverde. En cambio, el emblema bicolor representaba dos grandes fechas históricas: el 9 de Octubre de 1820 y el 6 de Marzo de 1845, por consiguiente era ella y no la colombiana, la que debía ser bandera de la Patria. Veintemilla aceptó con hipócrita intención el cambio y grande fue la sorpresa de todos los guayaquileños cuando, una vez proclamado Jefe Supremo e izado el pabellón de los próceres, ordenó que la bandera tricolor subiera otra vez al tope. El pobre José Antonio Roca, cuya enfermedad mental había avanzado mucho, recogió del suelo la despreciada enseña y la hizo ondular sobre la cabeza del Jefe Supremo, que se encaminaba a los cuarteles seguido de la multitud (sic).
Una comisión fue a buscarle. Veintemilla abandonó el Cuartel y pasó a la Municipalidad, luego volvió en triunfo, seguido por gran cantidad de pueblo.

Poco después designaba Ministro General a Pedro Carbo, de Hacienda a José Vélez, de Guerra a José Sánchez Rubio y de Gobierno a José María Noboa. Gobernador a José María Caamaño Arteta y Jefe Político a Ignacio Ycaza Paredes a) Loyola.

Montalvo exigió un gobierno civil y fue inmediatamente desterrado. De allí en adelante sería el mayor enemigo del nuevo régimen. Por eso escribiría: Veintemilla no es conservador ni liberal. No es sino vinólogo y tahur. Distingue perfectamente el cognac del brandy, el ron de la ginebra, conoce los lances del rocambor y de todo los juego de azar.

Tal descripción constituye la primera parte de su personalidad. En efecto, era excesivamente perezoso y trasnochador (3) pero al mismo tiempo era arrojado, señorial y elegante. Destacaba en las reuniones sociales encantando a las damas con anécdotas del París galante y cuentecillos chuscos y muy apropiados. A los caballeros tuteaba y divertía ganando sus corazones y convirtiéndose en el alma de toda reunión. Con poder en la mano se volvió un caudillo peligrosísimo, para la democracia, pues dominaba a "sus soldados" y a la sociedad.


(3) En 1867 el Presidente Jerónimo Carrión le reconvino por dormir hasta el medio día en el Cuartel de Artillería, con grave daño para la disciplina de los soldados que no veían a su Jefe sino en las tardes. Veintemilla, haciéndose el sorprendido, respondió: Pero señor ¿Cuando un Veintemilla se levantó temprano? refiriéndose a si y a sus dos hermanos José y Carlos, igualmente dormilones. Carlos ya habla fallecido en Cuaspud como quedó referido.

Entre Septiembre y Diciembre adquirió material bélico muy moderno de los Estados Unidos, los afamados rifles de repetición marca Remington, antes no conocidos en el Ecuador. Con el general José María Urbina, recién llegado como héroe de Lima, comenzó el avance a la sierra. Veintemilla tomó con pocas fuerzas hacia Guaranda, que desocupó el General Julio Sáenz dejando una corta guarnición, Urbina avanzó con 2.000 hombres por Alausi, amagando sobre Riobamba.

El 14 de Diciembre se encontraron ambos ejércitos. Veintemilla triunfó fácilmente en la Loma de los Molinos, mientras Urbina batía en la quebrada de Galle al ejercito de Sáenz. (4) Hubo casi 1.000 muertos. El 26 de Diciembre entraron los vencedores en Quito.

Inmediatamente reorganizó el Concejo Cantonal de Quito. dio libertad de estudios y empezó a sentir la oposición de los conservadores que levantaron al clero. Uno de los primeros fue un franciscano extranjero de apellido Gago, que amotinó al pueblo contra Veintemilla y su Ministro Carbo.

El 30 de Marzo de 1877 fue envenenado el Arzobispo Igancio Checa y Barba en la Catedral provocándose uno de los mayores escándalos políticos que registra la historia del país, finalmente las sospechas mayores recayeron sobre uno de los Canónigos llamados Manuel Andrade Coronel, a) El loco, aunque todo quedó en nada a causa del fuero eclesiástico.

En Mayo fue derrotada una insurrección en el norte y cuando se conoció la noticia en Quito las autoridades ordenaron repiques de campanas, pero se opuso el Vicario Capitular Arsenio Andrade Landázuri,

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