CRISTOBAL GARCES LARREA
PROMOTOR CULTURAL.-
Nació en Guayaquil el 20 de abril de 1924 y
fueron sus padres legítimos Ignacio Garcés
Terán (1) y Rosa Larrea Sánchez, naturales
de Ambato y Guayaquil respectivamente.
Hijo único y por lo
tanto muy consentido. En 1931 ingresó a la
escuela fiscal "Simón Bolívar"
y fue compañero de Tomás Pantaleón
que también llegaría a poeta. En 1934
falleció su madre de derrame cerebral y pasó
a vivir con la familia de su padrino Roberto González
Ruidiaz en Víctor Manuel Rendón y Lorenzo
de Garaycoa.
En 1937 comenzó la secundaria
en el "Vicente Rocafuerte", fue pésimo
alumno en Matemáticas pero obtuvo premios en
varios concursos de poesía y ensayo, demostrando
innatas inclinaciones hacia las bellas letras. Con
otros compañeros fundó el periódico
estudiantil "Nosotros" que alcanzó
renombre.
(1) En 1914 los padres de Ignacio
Garcés Terán vinieron a Guayaquil en
diferentes épocas porque eran comerciantes
y fallecieron ambos de fiebre amarilla en el puerto.
Despechado, de catorce años, Ignacio decidió
venir a Guayaquil -para que también le diera
la fiebre-, pero fue reclutado en las calles para
combatir la Revolución del General Carlos Concha
Torres en Esmeraldas. En el momento en que era embarcado,
el Comisario de Policía Roberto González
Ruidiaz, viéndole tan joven exclamó
"Ese serranito morirá de fijo en Esmeraldas.
No va" y se interpuso con su autoridad, pero
el que hacía de jefe militar le contestó
"Si Ud. me entrega dos de los que tiene en la
cárcel a cambio de este serranito, lo salva"
y así fue como se quedó definitivamente
en Guayaquil el padre de nuestro biografiado, pues
habiéndole caído en gracia al Comisario
se empleó en su casa, estudió y puso
una tienda para el comercio minorista que ejerció
con éxito. Después le hizo padrino de
bautizo de su hijo único.
Allí figuraron Eduardo
Borja Illescas, Manuel de J. Real Murillo, Elías
Muñoz Vicuña, Jorge Sweet Palomeque,
Ney Castillo Vélez, Miguel Augusto Egas Orellana,
el propio Tomás Pantaleón y otros más,
que pronto se vincularían a las figuras consagradas
de nuestra literatura a través del profesor
Enrique Gil Gilbert, quien les comenzó a llevar
a la buhardilla de Joaquín Gallegos Lara, que
ejercía una especie de magisterio rutilante,
pues de todas partes del país arribaban artistas
e intelectuales a visitarle. Allí conoció
a Adalberto Ortíz recién llegado de
Esmeraldas con un poemario bajo el brazo y a César
Andrade y Cordero de Cuenca, figura ya consagrada.
Junto a ellos se formó como poeta, dándose
a conocer porque Abel Romeo Castillo, que dirigía
la página literaria de El Telégrafo,
publicó sus composiciones iniciales en 1939,
lo que se tenía como una especie de representación.
Graduado de bachiller pasó
a la Sociedad de Artistas y Escritores Independientes
y en 1943 entró a la Facultad de Jurisprudencia
de la Universidad de Cuenca, vinculándose a
la intelectualidad del Azuay. En dicha ciudad hizo
amistad con un gran poeta extraño y hasta escurridizo,
completamente bohemio: César Dávila
Andrade y colaboró en la revista "Acción
Universitaria" que dirigía Rafael Galarza
Arízaga con Hugo Ordóñez Espinosa.
En 1944 viajó a Quito
a estudiar en la Universidad Central integrándose
al grupo "Latitudes" de Luis Verdesoto Salgado,
Plutarco Naranjo, Jorge Enrique Adoum, Galo Recalde
y Galo Rene Pérez. En la I Exposición
del poema mural juvenil intervino con dos composiciones,
ilustradas por Jorge Sweet y por Eduardo Kingman y
logró uno de los premios.
Tras la revolución del
28 de mayo de ese año Benjamín Carrión
formó la Casa de la Cultura Ecuatoriana que
inició un ambicioso proyecto, llevó
a Quito a varios intelectuales guayaquileños,
cuencanos y lojanos que por las noches se reunían
en el "Café Exprés" con otros
jóvenes, mientras Jorge Enrique Adoum, bajo
el pseudónimo de Jorge Ariel, publicaba en
la revista "Oasis" de Antonio Chediak y
Jorge Elías Adoum, una interesante Antología
de la nueva poesía, figurando Garcés
con varias de sus obras. Esta Antología fue
celebrada por Alejandro Carrión, Humberto Vacas
Gómez, Bejamín Carrión. Se dijo
que una nueva época, óptima por cierto,
nacía en la poesía ecuatoriana
En 1945 se fundó "Madrugada",
agrupación de jóvenes escritores tales
como Jorge E. Adoum, Galo Rene Pérez, Enrique
Noboa Arízaga, Rafael Díaz Icaza, Alejandro
Velasco, entre otros. De vuelta en Guayaquil y decepcionado
de los estudios universitarios de Derecho hacia los
que no sentía ninguna vocación, tuvo
un período dedicado a la cultura, ofreciendo
recitales y conferencias en los colegios de la urbe
y en la Casa de la Cultura.
El 16 de Noviembre de 1947
tomó la palabra en los funerales de Joaquín
Gallegos Lara. En Abril del 48 fue electo Secretario
de la revista "Cuadernos del Guayas" órgano
oficial del Núcleo de la Casa de la Cultura
y ha colaborado en ella, luchando a brazo partido
por su supervivencia, hasta nuestros días.
En 1950 entró a la carrera
docente como profesor del Liceo América del
Lic. Carlos Estarellas Avilés donde permaneció
cuatro años. En Octubre del 52, ofreció
una conferencia sobre la poesía de César
Vallejo, producto de sus investigaciones en Perú.
El 54 pasó a dictar Literatura e Historia en
el "Ciclo Educativo Tarqui" del Prof. Eloy
Velásquez Ceballos. Por entonces ingresó
a la Facultad de Filosofía y Letras y tras
brillantísima carrera egresó con el
Premio Contenta y el grado de Licenciado en Literatura;
realizando prácticas docentes en dicha materia,
en el colegio experimental "Francisco Campos
Coello" anexo a dicha facultad.
En 1955 conoció en el
café Costa del boulevard al Che Guevara. (2)
En Noviembre del 57 intervino en el I Festival Nacional
de Poesía celebrado en Portoviejo. En Septiembre
del 58 entrevistó al poeta chileno Antonio
de Uhdurraga Posteriormente realizó entrevistas
a personalidades como los peruanos: Luis Alberto Sánchez,
Mario Vargas Llosa, Chabuca Granda, al Premio Nobel
de Literatura Gabriel García Márquez;
al nicaragüense Sergio Ramírez que llegó
a vicepresidente de esa República. El 59 viajó
a Cuba.
El 60 fue designado profesor
fundador del colegio nacional "Eloy Alfaro”
donde aún permanece y ha ejercido las cátedras
de Literatura Ecuatoriana e Hispanoamericana en la
facultad de Filosofía y Letras, estando próxima
su jubilación. Entre sus alumnos -numerosísimos
por ciertos- ha logrado sacar algunos intelectuales.
En el Tarqui a Agustín Vulgarín y Nancy
Carlín. En la Universidad a Sonia Manzano de
Vela, Otón Muñoz, Jorge Velasco Mackeinzie,
Dalton Osorno, Carlos Rojas.
En las décadas de los
60 y 90 viajó durante las vacaciones anuales
por diversos países del continente, Europa,
Asia y África, siempre en plan trashumante
y llevando la voz y el mensaje de la poesía
ecuatoriana a todos los confines. En Febrero del 65
asistió a las IX Jornadas Interamericanas de
poesía celebradas en Pirápolis y Montevideo.
El 67 la Universidad de los Andes, con sede en Mérida,
editó su ensayo largo sobre "Una visión
de la poesía contemporánea ecuatoriana",
elogiado por el argentino Tito Ernesto Lamagni al
más alto nivel.
(2) Ernesto Che Guevara, joven médico argentino
en 1955, apareció un día en Guayaquil
en plan trashumante. Culto, servicial, discreto, llegó
una noche al Café Costa donde solían
reunirse a conversar y a tomar una coca cola o un
café varios intelectuales porteños.
Los más asiduos eran Rafael Díaz Icaza,
Cristóbal Garcés Larrea, Enrique Wilford
del Ruiz, Humberto Moré y Jorge Thoret (pintores)
Paco del Casty actor. Una noche se quejó de
la carestía del hotel donde estaba alojado
y Garcés Larrea se lo llevó a la pensión
para estudiantes donde él vivía en Las
Peñas, de la Sra. María Luisa de Espín,
calle Numa Pompilio Llona No. 191, donde el Che pasó
algún tiempo. La FACSO de Guayaquil acaba de
publicar un libro titulado "El Che en Guayaquil"
con numerosos reportajes a personas que le conocieron
y trataron.
En 1974 colaboró en la editorial Ariel Internacional
y publicó cuatro tomos de Antología
de la poesía brasilera, colombiana, peruana,
cubana y centroamericana contemporánea, que
fueron un éxito y circularon masivamente (3).
En Agosto del 76 asistió al Congreso de Escritores
en Panamá tras una estadía de un mes
en Cuba, especialmente invitado por el gran poeta
Nicolás Guillen, con quien mantenía
una activa correspondencia desde su primer viaje a
La Habana en 1959. Ese año seleccionó
los mejores poemas de su generación para el
volumen de "Madrugada" que editó
la Casa de la Cultura Núcleo del Guayas.
El 77 tuvo activa participación
en el II Encuentro Iberoamericano de Escritores y
Artistas celebrado por la Municipalidad de Guayaquil.
El 85 asistió al II Encuentro de Intelectuales
por la soberanía de los pueblos en La Habana
y a los encuentros de escritores en Huampani y Lima.
Su criterio serio y profundamente
conocedor de los valores de la literatura continental
le distingue del común. Ha tratado a las principales
figuras de la poética hispanoamericana y goza
de la amistad general de esa intelectualidad. Su poesía
se encuentra dispersa, de suerte que su valoración
se realiza principalmente por la difusión de
los valores ecuatorianos en el exterior, tarea realizada
con sentido de Patria y por el buen nombre nuestro.
POEMA. //En la noche,/ en la
altanoche, / cuando brilla la Cruz del Sur/ como el
cardumen titilante/ de cien peces plateados;/ en la
noche/ en la altanoche, /pienso en ti, compañera,/
amiga en la distancia/ amiga mía. //
(3) El Ab. Tomás Rivas Mariscal fundó
la colección de libros Ariel en Guayaquil con
cien tomos de autores ecuatorianos y cien internacionales.
El propósito era muy ambicioso. Hernán
Rodríguez Castelo se consagró con el
escogitamiento y los eruditos prólogos de los
cien autores nacionales, los otros corrieron a cargo
de diferentes intelectuales.
Cuántas fechas lejanas, cuanto cielo, / cuanta
tierra/ y fronteras...// El Mar de Maracaibo// llega
hasta tus plantas/ con sus cantos de viejas caracolas/
y el cuervo negro que duerme/ entre las olas de tu
cabellera/ oye la voz azul. / / Oh, qué amarga
e interminable/ la noche en que no escucho/ la voz
de tu epidermis/ quemándome la sangre".
//Ayer busqué en tus cartas/ la luz de tus
miradas, / pero un alto muro, /unas estatuas, /otro
mar y otras espumas, /-extranjeras espumas- / mar
extraño y cielo extraño/ me derriban
el sueño/ y vuelvo y no te encuentro, /en tanto
Aldebarán arde como una hoguera/ y en la altanoche
de nocturnos peces;/ pienso en ti, compañera,/
amiga en la distancia/ amiga mía// Cuántas
fechas lejanas, cuanto cielo, / cuanta tierra/ y fronteras...//
El Mar de Maracaibo/ llega hasta tus plantas/ con
sus cantos de viejas caracolas/ y el cuervo negro
que duerme/ entre las olas de tu cabellera/ oye la
voz azul.// Oh, qué amarga e interminable/
la noche en que no escucho/ la voz de tu epidermis/
quemándome la sangre"// Ayer busqué
en tus cartas/ la luz de tus miradas,/ pero un alto
muro,/ unas estatuas, / otro mar y otras espumas,/
-extranjeras espumas-/ mar extraño y cielo
extraño / me derriban el sueño/ y vuelvo
y no te encuentro,/ en tanto Aldebarán arde
como una hoguera/ y en la altanoche de nocturnos peces;/
la Cruz del Sur me trae/ la miel de tu epidermis/
perdida en la distancia,/definitivamente/.
BALADA PARA UN CANTAR. - A
Meira Delmar y a Helcías Martán./ /
Sepultadme cuando muera,/ entre las olas del mar,/
entre peces y veleros/ y medusas de cristal,/ y al
que pregunte por mi,/ decidle: fue a navegar.// Tenía
en el alma un canto/ hecho de plata y cristal./ Un
canto que como un pájaro/ se le quería
escapar.// No preguntéis más por él/
que ya jamás volverá,/ está cantando
su canto/ en la azul inmensidad.//
Trigueño, de estatura
mediana, contextura delgada, sufre de una ulceración
en la vista provocada por una defectuosa operación
de esterigio. Sus años en la cátedra
formatíva de valores entre el alumnado le han
dado justa fama en el medio, pues es de los pocos
maestros amigo de la intelectualidad hispanoamericana;
está recogiendo lo suyo que forma varios volúmenes.
POEMA DE AMOR A MI MADRE
Vives dentro de mi, en la remota soledad incognoscible
de mi sangre, en el ramaje de mis venas, moras, y
en el acento de mi canto estremecido.
Estas omnipresente en mi pupila
herida, te llevo entre los claros panales de mi trova,
te sé, clara y etérea, moviendo mi alegría,
estas entre las arpas de mis angeles ciegos. Caminas,
en silencio, como pájaro inerme, te adentras
en el cáliz de mi amargo vivir y en el ámbito
sagrado de mis nervios duermes tu sueño prolongado
de lenta nubecilla. Yo no te creo ida porque te sé
cercana, porque te siento leve como las golondrinas
y escucho tu palabra sonora de campana por entre el
laberinto calizo de mis huesos.
Y sé que iras junto
a mi vía, en el largo y fatigante viaje por
todas las distancias y sé que te tendré
para enjugar mi llanto cuando me rocen, crueles, las
alas del acíbar. Y es que no puedo creerte
hecha polvo y ceniza porque estás resurrecta
alentando mis versos, porque siento en mi piel la
miel de tus caricias y sé que estás
dormida entre niebla y poesía. Y porque estás
en mi sangre y en mis ojos y en la fresca alborada
y en el agua que bebo, yo no te lloro madre, no te
lloro, porque te llevo, viva, en mi palabra.
El crítico colombiano
Otto Morales Benítez ha dicho: Cristóbal
Garcés Larrea vive en olor de literatura. Sin
ésta, la existencia para él, no tiene
significado. Es una especie de misionero de las letras.
En ellas cumple un apostolado. Está confundido
a todas horas con los libros y con sus autores. Indagando,
escudriñando, consultando, ha ido formando
un culto por quienes escriben y por su mensaje. Es
el más solidario de los hombres de letras y
ejerce ese mandato interior con generosidad. Actitud
que no es usual en las gentes del oficio. En pocos
hombres de letras hay tanta inquietud, como la que
despunta en sensibilidad abierta en Cristóbal.
Principia por actuar en su medio. Los escritores,
poetas, artistas de su país, reciben en su
palabra, consagración. Los analiza con sistemático
cuidado y siempre encuentra manera de relievarlos,
para que las demás personas se inclinen hacia
ellos para admirarlos. Lo mismo sucede con todos los
hombres del continente nuestro. Luego, en estadio
más amplio, con los del universo. Sus límites
de fervor y análisis no son comarcanos. Su
creación poética no es muy extensa,
además, es esquivo con ella. De vez en cuando
aparece un poema en los suplementos literarios. Tiene
una voz de sutil fuerza lírica... Tiene otra
vertiente admirable. Es aquella de ser un compilador
de textos. Como es erudito en libros y en autores,
esta tarea la puede ejecutar ampliamente y sin mezquindades.
Para divulgar tiene su cátedra de profesor,
la de conferenciante, la de editor de revistas y periódicos.
Y en ninguna de esas tribunas hace concesiones. Nada
distinto de la literatura merece su referencia. Es
como si el resto de los problemas del universo desaparecieren...
En el Ecuador le encontramos en todas partes, siempre
en misión mental. Pero su centro es Guayaquil
y allí está con su figura breve, con
sus maliciosos ojos, con su risa complacida, vigilando
el paso de los astros. Estos no están en el
cielo para Garcés Larrea, al contrarío,
andan por la tierra en olor de literatura, como él
y como su vida.