NELA MARTINEZ ESPINOSA
POLITICA.- Nació
en la hacienda Colloctor, propiedad de su padre, en
la provincia de Cañar, el 24 de Noviembre de
1912. Hija legítima de César Martínez
Borrero, de ideología conservadora, propietario
de la mejor casa en la plaza principal de la población
de Cañar, de la hacienda Colloctor de maíz,
trigo, cebada y árboles, y de Enriqueta Espinosa
Espinosa, mujer de múltiples cualidades, de
temperamento dulce y afectuoso y una gran lectora.
(1) ambos oriundos de Cañar.
Creció en Colloctor
oyendo el ALAU que lanzaban los indígenas cada
vez que había eclipse de luna y los gritos
de angustias cuando los azotaban en el patio de la
casa de hacienda.
La octava de una larga familia
de quince hermanos criados con todas las comodidades
de la época, estudió la primaria en
la escuela de las monjas Catalinas de Cañar
y en 1924 fue enviada interna al colegio de Los Sagrados
Corazones de Cuenca, donde solo le permitían
salir una vez al mes a casa de sus abuelos maternos
Darío y Sofía Espinosa (2).
En las casas de Cuenca y Cañar
existían numerosos libros, los clásicos
españoles, el Año Cristiano, y se volvió
una incansable lectora de todo aquello que permitía
el Indice de la Iglesia católica, también
hacia poesías desde muy joven y hasta escribía
cuentos, pero desde que encontró en una librería
de Cuenca un número de la revista Amauta, que
publicaba
(1) Recuerda que la única
ocasión en que su madre perdió los estribos
fue cuando por defender a un perseguido político
en la revolución Juliana que había buscado
asilo en su casa, dio de bofetadas a un policía
impertinente.
(2) El abuelo Darío
Espinoza había estudiado algunos años
medicina y aunque no terminó esa carrera, hizo
fortuna con una botica. Era dueño de las haciendas
Molino –Huayco, Poco - Huayco y Charcay, ubicadas
en la cercanías de la población de Cañar.
José Carlos Mariátegui en Lima, tomó
conciencia política, empezó a sensibilizarse
frente al drama aterrador de miseria que vivía
el país y se volvió rebelde después
de leer los Siete Tratados de Juan Montalvo.
En 1926 presenció el
levantamiento indígena en el austro contra
el aumento del precio de la sal gravada con un exorbitante
impuesto destinado para terminar la Catedral de Cuenca.
Como en esos tiempos no se
acostumbraba graduar de bachiller a las mujeres, al
terminar sus estudias y de tan sólo dieciséis
años, tuvo que volver a Cañar. Un día
cayó por sus manos una revista, en ella leyó
un poema de Joaquín Gallegos Lara, se emocionó
y le escribió una carta a Guayaquil.
El 39 acompañó
a su madre a Guayaquil, se hospedaron en un hotel,
la señora dejó a Nela interna en el
Colegio de la Providencia. Nela se aficionó
al arte, escribió sus primeras crónicas
para el diario “El Telégrafo” bajo
el pseudónimo el “Meliasur” y concurrió
a una exposición de Allere Flamma, donde hizo
amistad con Enrique Gil Gilbert y otros jóvenes
intelectuales que la llevaron a la buhardilla de Joaquín,
a quien ya admiraba por sus altas concepciones e indeclinables
principios revolucionarios. “Yo le ofrecí
que nos escribiéramos y lo hicimos durante
algún tiempo. El me dedicó un ejemplar
de “Los que se van”. En él nació
un profundo amor, pero dada su condición física
de impedido de caminar, no se lo confesó.
Nela tenía una enorme
curiosidad, era delgada y casi pequeña, con
un aire de orgullo y unos ojos profundos que daban
cuenta de su carácter decidido y tenaz.
En 1933 vivió entre
su casa en Cañar y la de sus abuelos maternos
en Cuenca, frecuentada por un grupo de valiosos jóvenes
intelectuales que admiraban su talento y su belleza.
Su primo Arturo Borrero Bustamante la cortejaba, C.
Humberto Mata la alentaba a escribir, se prestaban
libros adquiridos en la librería Janer de Guayaquil,
hablaban de literatura, recitaban poesías,
creían en la reivindicación socioeconómica
del proletariado, única forma de vivir con
dignidad en un país tercermundista como el
nuestro, aunque a ciencia cierta aun tenían
nociones mas bien utópicas, pero iban formando
conciencia de la terrible realidad en que se debatía
el pueblo en las urbes y el campesinado en el agro.
Una activa relación
epistolar la unía cada vez más con Gallegos
Lara, que se convirtió en su mentor intelectual,
guía y maestro. Casi naturalmente fue transformándose
en una mujer de avanzada, en una comunista.
Entonces ocurrió un
suceso qué marcó definitivamente su
destino. Su padre había garantizado al cura
de Cañar, quien necesitaba dinero para la construcción
de una escuela. La letra de cambio fue descontada
donde Cornelio Merchán Tapia que era prestamista,
pero, semanas antes del vencimiento, el Cura sufrió
un colapso y falleció. El Obispo Hermida, que
conocía esos antecedentes, negó su autorización
para que la letra fuere pagada con las rentas del
Curato y colocó al señor Martínez
en una difícilísima situación.
En eso quebró la bancaria del Chimborazo, él
y sus hermanos perdieron cuantiosos depósitos
y viendo que no podía pagar, prefirió
quedarse prácticamente en la calle, concurrió
a donde el hijo de Merchán y le entregó
un molino y las tres haciendas de su propiedad, para
salvar su buen nombre de caballero cristiano y honrado.
Para entonces Nela ya era conocida
en las lettras comarcanas del Azuay y Cañar.
Por eso, en 1932, Benjamín Carrión había
publicado en "índice de la Poesía
Ecuatoriana" que los poetas azuayos anteriores
a G. Humberto Mata, Nela Martínez y Alfonso
Cuesta y Cuesta sólo tuvieron los ojos plácidos
para ver en su vasta y maravillosa campiña,
sembrada de injusticia y explotación, a Zagalas
y Zagales que dejaban a Dios cuidando sus apriscos,
paciendo tomillo y hierbabuena, mientras ellos iban
a las ermitas del pueblo.
Nela comprendió que debía ganarse la
vida y acordándose que el Director de Estudios
del Tungurahua, Julio C. Larrea, había alabado
por la prensa sus trabajos literarios, le pidió
empleo y fue designada maestra nocturna en Ambato
con S/. 60 mensuales.
En esa ciudad alquiló
una pieza donde la familia Chacón y empezó
a alimentarse casi exclusivamente de manzanas, tratando
de acomodarse a los nuevos tiempos y a la peor crisis
económica que ha conocido nuestro país
en el siglo XX.
Tampoco olvidaba sus principios
revolucionarios, por medio de un sastre amigo llamado
Manuel Ribas, se integró al pequeño
núcleo comunista de Ambato, causando la admiración
de los propios camaradas, pues era la única
mujer entre ellos. Así fue como inició
en 1934 su larga carrera de activista, concurriendo
a los sindicatos y ayudando en las reclamaciones obreras;
ese año participó en la huelga de los
matarifes y sufrió la brutal represión
policial, tenía solamente 21 años de
edad; al saber su comportamiento Gallegos Lara le
propuso matrimonio. Nela habló con su padre
que nada sabía de estos amroríos. -Tengo
intenciones de casarme con Joaquín que es inválido.
¿Por qué no te haces monja de la caridad?-
Deseo luchar contra las injusticias y si la naturaleza
fue injusta con él, lucharé contra la
naturaleza. El matrimonio se realizó en Ambato.
Enseguida regresaron a Guayaquil
y vivieron ocho meses con la madre de Gallegos Lara,
el crítico Francisco Ferrandiz Albors, Enrique
Gil Gilbert, Alba Calderón de Gil y Alfredo
Palacios, compartiendo un cómodo departamento
del centro del puerto principal, prestándose
libros, comentándolos, haciendo crítica.
Nela se afilió al Partido Comunista y se integró
a una activa militancia con su esposo; su presencia
en los sindicatos era bien vista, trabajaba manifiestos
y literatura pedagógica, en fin, todo cuanto
pudiera ser de utilidad a la clase trabajadora. Ese
año fue premiado su relato “El Azote”
Concurrían a los Sindicatos dando charlas de
adoctrinamiento por las noches. En 1934 se declaró
la huelga de los panaderos que coincidió con
el arribo a Guayaquil del Presidente Velasco Ibarra.
Los huelguistas fueron a verlo para obtener su mediación
pero les recibió en la Gobernación con
desplantes, quiso sorprenderlos y gritó a Gallegos
Lara: -Enséñeme sus manos, señor.
Creyendo que así lo iba a confundir porque
indudablemente el escritor no tenía las manos
encallecidas de los panaderos, pero no se imaginó
con quién estaba tratando y cuando Gallegos
Lara le lanzó una grande y sonora carcajada,
que fue coreada por todos los demás, Velasco
comprendió tardíamente que era objeto
de la burla de un inválido, dio media vuelta
y se retiró indignado. (3)
Lamentablemente muchos factores
se confabularon en contra de la estabilidad del matrimonio.
Por una parte el factor económico les mantenía
en una permanente angustia habiendo días que
no tenían ni para comer, la dificultad de transportación,
todo se les dificultaba por el ambiente pesado de
la crisis. A los ocho meses ocurrió que Alba
se peleó con Nela y ésta partió
a Quito donde creía que encontraría
trabajo más fácilmente que en Ambato,
Cuenca o Cañar. Gallegos Lara le siguió
casi enseguida pero ya la ilusión inicial de
parte de ella había pasado irremediablemente
y advino el divorcio.
En 1935 intervino en la reunión
de los partidos de izquierda. El 36 trabajó
en los estancos a las órdenes del Coronel Luis
Dueñas, organizó un servicio médico
contra el paludismo para beneficio de los inspectores
y fue secretaria en la Contraloría, llevada
por el Ministro Jerónimo Avilés Alfaro.
(3) Personas dignas de todo crédito me han
referido que una vez dentro del despacho Velasco dio
la orden que Gallegos Lara fuera apresado por irrespetuoso,
disposición que sin embargo nadie se atrevió
a cumplir, dada la categoría intelectual del
escritor y su condición tantas veces mencionada
de inválido que se hacía transportar
en los hombros de sus amigos.
Mientras tanto seguía
en la militancia diaria del partido comunista, estudiaba
el marxismo, trabajaba e intervenía en las
luchas sociales ayudando a los sindicatos junto al
Dr. Ricardo Paredes, dirigente máximo del partido
Comunista en Quito, en quien tuvo un hijo: el ing.
Leonardo Paredes Martínez. También ayudaba
a la causa de la república española.
Fue una época muy activa, el partido estaba
fuera de la Ley y aún así lanzaba manifiestos
casi a diario, que se imprimían y repartían
a escondidas.
Se había instalado a
vivir en el departamento de María Luisa Gómez
de la Torre, de las más antiguas profesoras
normalistas de Quito y activista de izquierda, que
la ayudaba en la crianza de su hijo. (4)
El 38 estuvo entre las organizadoras
de "Alianza Femenina Ecuatoriana" grupo
de carácter popular a nivel nacional que bajo
la presidencia de la profesora Matilde Nogales y con
la ayuda de Nela, María Luisa, Raquel Verdesoto
de Romo Dávila, Lucía Clavijo y otras
mujeres progresistas de Quito y del resto del país,
luchó por la superación de la mujer
a través de una serie de reivindicaciones feministas
y políticas; se reunían periódicamente,
daban charlas y conferencias, realizaban labores.
Después trabajó en Bogotá para
fundar la “Alianza Femenina Colombiana”.
En Noviembre de 1941 en la
Casa del Obrero ayudó a organizar el Comité
del Movimiento Popular Antitotalitario para combatir
la propagación de esas peligrosas ideas en
el Ecuador y fue electa Secretaria de Organización
y Propaganda.
(4) El Departamento de María Luisa Gómez
de la Torre, estaba situado en la calle Riofrío,
frente a la quinta de Modesto Larrea Jijón,
donde Nella y María Luisa se reunían
por las noches a conspirar con los Plaza Lasso y otros
dirigentes políticos.
En enero del 42 se intensificó la campaña
antifascista para la defensa de la Democracia y en
Febrero concurrió a la primera Conferencia
Nacional Antifascista celebrada en el local de la
Sociedad General de Empleados de Guayaquil.
En Marzo comenzaron a editar
el periódico "Antinazi" en 8 páginas
que se vendía a diez centavos el ejemplar en
todo el país y del que salió un total
de treinta y seis números hasta 1944.
El 43 integró las filas
de Acción Democrática Ecuatoriana ADE,
en protesta contra los abusos y despotismo del presidente
Arroyo del Río y viajó a Ipiales con
la finalidad de entrevistar a Velasco Ibarra. De regreso
conspiró contra el Gobierno y formó
parte de la Directiva de ADE, que el 29 de Mayo del
44, al conocer el triunfo de la revolución
en Guayaquil, decidió hacer una manifestación
popular y tomar el Palacio Presidencial.
A la medianoche salieron del
local donde sesionaban en Guayaquil y Bolívar.
Iban sin armas, se dirigieron al Palacio y los porteros
abrieron las puertas sin ninguna resistencia. La multitud
se quedó afuera y permitió el ingreso
de los directivos. "Nos hicimos cargo de la dirección
del movimiento y desde el Ministerio de Gobierno ordené
la liberación de los presos en diferentes provincias
y de confinados en el Oriente. Se informó a
todo el país que ADE se había hecho
cargo de la presidencia de la República; pedimos
que se organizaran gobiernos seccionales para impedir
que la contrarevolución actue. Ordené
lo que había que ordenar, la coordinación
de toda la actividad a escala nacional. Nos encontramos
con cosas increíbles allí, con listados
de agentes del Servicio de Información del
último Ministro de Gobierno que fue Aurelio
Aguilar Vásquez, en donde había desde
damas de alta sociedad hasta gente increíble,
que los habíamos pensado nuestros aliados.
Había una actividad muy grande porque también
muchos liberales pedían protección;
luego, el cuidado de toda la ciudad, la comunicación
nacional para unificar las acciones de ADE y el hecho
de un pueblo entero levantado, al que había
que mantener permanentemente vigilado. Se formaron
patrullas de trabajadores y estudiantes que custodiaban
la ciudad. Pasé tres días y tres noches
sin dormir. El Embajador de Colombia, Gustavo Santos,
me enviaba bocaditos con su secretaria de vez en cuando.
Yo era la única mujer en el Palacio. Mariano
Suárez Veintimilla se quedó una parte
del tiempo y los dirigentes de ADE llegaron al día
siguiente. Entonces ocurrió que un grupo de
señores de ADE viajó a Ibarra a buscar
a Velasco que ya había salido de Ipiales. El
1 de Junio entró en Quito con ellos y Julio
Teodoro Salem de la fracción liberal y presidente
de turno de ADE le declaró en el balcón
del Palacio Jefe Supremo. Acto seguido Velasco Ibarra
pronunció su primer discurso. Yo estaba indignada
porque ése no había sido el acuerdo
de la revolución. Velasco ingresó a
la Sala del Palacio y viéndome, se detuvo un
momento y me preguntó qué podía
hacer por mí. -¿por mí?, ¡Nada!-
le contesté y luego, recalcando mis palabras,
agregué: -Yo pienso que Ud. debe cumplir su
deber como yo creo haber cumplido el mío, y
salí con la conciencia plena de que la revolución
gloriosa se había frustrado y tomaba otros
rumbos, sensación que me asaltó al oír
su primer discurso y enterarme de la composición
de su Gabinete preparado en Ibarra. Entonces me fui
caminando hasta mi casa, me acosté en una cama
y quedé dormida veinticuatro horas. Al despertar,
estaba en la desocupación, la vida plena de
esos tres días había pasado". Días
en que ejerció de hecho el Ministerio de Gobierno,
porque nadie le había otorgado nombramiento.
Fue, por ello, la tercera mujer en detentar poder
y mando en el Ecuador, detrás de Manuela Sáenz
y Marieta de Veintemilla, que tampoco figuran en el
listado oficial de los Ministros de Estado del país.
A fines del 45 los trabajadores
del Ecuador designaron a Pedro Saad Diputado funcional
a la Asamblea Nacional Constituyente. Primer suplente
fue Segundo Ramos y Segunda suplente Nella Martínez
y le tocó concurrir desde el 12 de Diciembre
a tres sesiones de la Asamblea en ausencia de los
anteriores; fue la primera mujer que ascendió
a una diputación en el país. (5) y la
primera en ser electa miembro del Comité Ejecutivo
de un partido, el Comunista del Ecuador.
Entre el 45 y el 46 realizó una gran labor
feminista, estableció y mantuvo en Portoviejo
una Escuela de Servicio Rural para enseñar
a las mujeres todo lo relacionado con la promoción
de salud y educación en esas zonas. Dicho empleo
le fue concedido dentro del convenio establecido entre
el Ministerio de Economía y el Banco Nacional
de Fomento, y en Portoviejo colaboró con varias
crónicas para el diario "El Manabita".
El 46 regresó por corta
temporada a Quito y tras el golpe dictatorial de Velasco
Ibarra el 30 de Marzo de ese año, lanzó
un manifiesto titulado "Carta de las Mujeres
del Ecuador" defendiendo a las maestras canceladas
por izquierdistas, entre las que se encontraba su
amiga María Luisa Gómez de la Torre
en el Mejía. Entonces se volvió una
permanente agitadora. En Agosto fue apresada por su
lucha en las calles de Quito, saliendo en libertad
tres días después.
(5) El hecho motivó numerosos comentarios en
la prensa. Ha quedado la pieza oratoria que inauguró
su actuación en la Asamblea “No me siento
extraña en esta sala –dijo Nela Martínez
en el Congreso Nacional- porque este puesto lo han
conquistado las mujeres de mi patria en todas las
jornadas de la historia ecuatoriana. En la colonia,
durante la independencia y en la república,
miles de mujeres anónimas soñaron con
una sociedad más humana y más justa,
para sí mismas y para sus hijos. Soñaron
y lucharon cuando una absurda discriminación
sexual trataban de impedir que ellas participaran
en la vida política, cultural y social del
mundo del que formaban parte y al cual se pertenecían.
“No tiene mi presencia el carácter agrio,
intransigente y fiero de una lucha “feminista”
de viejo tipo. Nada más lejos de la conciencia
y el corazón de las mujeres ecuatorianas de
esta época. Asumimos nuestra responsabilidad
como seres conscientes, integrantes de una sociedad
de la que formamos parte, y así llegamos hasta
aquí, sencilla y llanamente, a decir nuestra
opinión y a colaborar en la edificación
de la patria democrática de verdad en la que
aspiramos que vivan nuestros hijos…” cuando
tomó asiento, hubo una instante de silencio,
que remató en una ovación. Todos los
integrantes de la Asamblea Constituyente tenían
clara conciencia de haber asistido a un momento histórico,
vivido con la intensidad y sencillez de su protagonista.
Nela recuerda l cariñoso recibimiento que le
tributaron sus colegas, Pedro Velasco Ibarra, Gustavo
Becerra Ortiz, Juan Isaac Lovato, Manuel María
Borrero y Armando Espinel Mendoza. El Congreso la
aplaudió por largos minutos.
A fines del 46 viajó en representación
de la "Alianza Femenina Ecuatoriana" al
Congreso Internacional de Mujeres Latinoamericanas
que se celebró en Guatemala y donde por primera
ocasión la mujer condenó la utilización
de la bomba atómica.
Al finalizar las sesiones aceptó
la invitación de sus camaradas para permanecer
en suelo guatemalteco ayudando a conformar el Partido
Comunista en esa nación.
El 47 viajó por Centroamérica,
dictó numerosas conferencias para organizar
a las mujeres, fue testigo presencial de los excesos
policiales de las dictaduras de Carias Andino en Honduras,
Molina en el Salvador y Somoza en Nicaragua. Finalmente
terminó su gira en Panamá, regresó
a Quito en 1948 y se reintegró a la vida del
partido, de suerte que al fallecer Joaquín
Gallegos Lara en Noviembre del 47 en Guayaquil, “no
estuve en el país, lo supe por un amigo y lo
sentí muchísimo”.
En 1950 intervino en la huelga
de la fábrica "La Industrial" de
Ramón González Artigas, organizando
a los familiares de los trabajadores en Chimbacaye.
El Intendente de Policía Coronel N. Quintana
ordenó su prisión y la mantuvo detenida
un día y una noche.
El 51 casó con Raymond
Meriguet Coussegal, presidente fundador del Movimiento
antinazi en el Ecuador y activista de izquierda, matrimonio
feliz y tres hijos. Monsieur Meriguet falleció
en Quito en 1989, de avanzada edad, dejando el recuerdo
de su admirable y tesonera solidaridad vital.
El 56 inauguró y presidió
a la I Conferencia de las mujeres trabajadoras del
Pichincha que se reunió en Quito y aprobó
la llamada Carta de Reivindicación, planteando
la supresión de toda forma de discriminación
contra la mujer.
En los años 60 fue una
de las fundadoras de la revista “Nuestra Palabra”,
en la que trataban temas relacionados con el feminismo
En los 80 completó la novela “Los guandos”
de Joaquín Gallegos Lara y la publicóien
la editorial El Conejo de Quito. (6)
En 1962, tras la ruptura del
Ecuador con Cuba, fundó el partido URME Unión
Revolucionaria de Mujeres Ecuatorianas y al tomar
el poder los militares en marzo del 63 fue de las
primeras en salir a las calles en defensa de la democracia
y asumió una línea radical: “El
socialismo es el único futuro de la humanidad”.
En 1985 enfermó su esposo
de cáncer a la próstata y viajó
a tratarse al hospital Hermanos Ameijeira en la calle
de San Lázaro de la Habana.
En 1985 vivía en una
villita propia en la Julio Zaldumbide No. 321 donde
la visité toda una tarde, conversamos, me brindó
un exquisito bolón de verde con café
que preparó Isabel Herrería, quien estaba
pasando unos días en su casa. La encontré
envejecida pero aún eufórica y llena
de vitalidad, aunque cojeaba y me informó que
se reponía de una poliomielitis viral (Síndrome
de Guillant Barret). Durante la visita recibió
a una joven vestida de indígena, se abrazaron
y me contó que era profesora en una comunidad;
luego jugueteó con uno de sus nietos, dando
rápidamente la vuelta al sillón en que
estaba sentada. El nieto se retiró encantado.
Era una viejecita ágil y de carácter
espléndido. Me contó que la mujer ecuatoriana
aún necesitaba recorrer un largo camino en
su lucha por la igualdad de los sexos pero se mostró
optimista en las nuevas generaciones. Nos despedimos
a eso de las 8 de la noche.
(6) Los originales habían
estado guardados en el fondo de un baúl, dados
por perdidos mucho tiempo.
De sus años de lucha
en el movimiento obrero, de sus viajes a Cuba, de
sus reivindicaciones feminista, le queda la certeza
de que el socialismo todavía puede ser en algún
lugar, en este país, quizá… escribe
a mano, porque no le agradan las computadoras, admiraba
la poesía, de César Vallejo de preferencia,
medita, recuerda y siente.
La Estrella." //El Juancho
era un longo tierno aún. /Apacentaba, saliendo
con las ovejitas muy temprano./ Nunca dejó
de encontrar agua y hierba/ y también una alegría
para el tiempo,/ a pesar de que sus manos se abrían
como geranios/ al recoger la leña de los cerros.//
La tía Paula estaba contenta de su longo. /
Salía de la choza para verlo regresar. / Alla
venía, envuelto, como la tarde en el sol./
en su poncho de listas claras,/ arreando el rebaño
con su silvo/ de gorrioncito bien corrido. // Tras
las huellas grandes/ que daban temblando las pequeñas
huellas borrosas./ El corazón de la Paula se
encogía de miedo/ pensando en el invierno./
Pero él no esperó el invierno.// Era
la víspera de San Pedro y San Pablo. .../ Germinaba
la noche/ una extraña gavilla de incendios/
hasta el límite del cielo./ Algunos mayores
bajaron al pueblo,/ otros fueron a prender fuego en
los cerros. / Los chicos se quedaron solos/ con una
vigilia ansiosa en las sienes./ Habían oído
hablar tanto de la fiesta,/ que ahora querían
retenerla para siempre./ Un vecino les contó
en secreto/ la historia de los castillos de colores/
El prioste dizque cazaba unas luces/ que huían
como venados en las tardes lluviosas/ cuando la montaña
estaba brava. / Después en las fiestas las
lanzaban al aire / para sacar las estrellas que dormían
ocultas. / El longo que alcanzaba a tener una solamente
/no se hace concierto nunca más por más
pobre que sea, / sus animalitos no cogen el mal, /
y las siembras en sus manos son benditas. / Entonces
todos caminaron hacia arriba, / hasta divisar el bosque
luminoso que era el pueblo, /medio oculto en el ambiente
violeta del humo. / Estaban en la cima henchida del
rumor grave / de agua que va por un abismo, / Veíanse
chispas de oro morir a la distancia. / Luego se multiplicaron,
crecieron, / como flores tenues obre las cabezas oscuras,
/ guardando cada una un color y un camino. // Levantáronse
los pequeños brazos fervorosos / para cogerlas
como una propiedad de sus sueños. / Tornóse
el silencio leve como sus voces: "mía
la lila, mía la roja, mía la azul, /
mía, mía..." / El Juancho buscaba
entre todas una verde / que contenía el pasto
fresco en su luz esmeralda. // Tendían los
ojos las alas de las miradas/ apresurando un vuelo
ágil./ Ya la proximidad llegaba a su sangre/
como una raíz sedienta. / Si hasta sus dedos
rajados con el hielo de las madrugadas/ tuvieron la
sensación del tacto de una estrella, / mientras
corría quitándola al viento / que giraba
hacia el río. / Un grito rajó el resplandor
de la noche / y las piedras tuvieron una piedra más
/ para partir las olas // La Paula no echará
el aliento sobre la lluvia / para calentarlo en invierno
/ ni llorará la mala suerte sobre su ausencia
/ como llora por el taita que está concierto.
/ El Juancho no esperó el invierno / ni la
vida.//