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NELA MARTINEZ ESPINOSA
POLITICA.- Nació en la hacienda Colloctor, propiedad de su padre, en la provincia de Cañar, el 24 de Noviembre de 1912. Hija legítima de César Martínez Borrero, de ideología conservadora, propietario de la mejor casa en la plaza principal de la población de Cañar, de la hacienda Colloctor de maíz, trigo, cebada y árboles, y de Enriqueta Espinosa Espinosa, mujer de múltiples cualidades, de temperamento dulce y afectuoso y una gran lectora. (1) ambos oriundos de Cañar.

Creció en Colloctor oyendo el ALAU que lanzaban los indígenas cada vez que había eclipse de luna y los gritos de angustias cuando los azotaban en el patio de la casa de hacienda.

La octava de una larga familia de quince hermanos criados con todas las comodidades de la época, estudió la primaria en la escuela de las monjas Catalinas de Cañar y en 1924 fue enviada interna al colegio de Los Sagrados Corazones de Cuenca, donde solo le permitían salir una vez al mes a casa de sus abuelos maternos Darío y Sofía Espinosa (2).

En las casas de Cuenca y Cañar existían numerosos libros, los clásicos españoles, el Año Cristiano, y se volvió una incansable lectora de todo aquello que permitía el Indice de la Iglesia católica, también hacia poesías desde muy joven y hasta escribía cuentos, pero desde que encontró en una librería de Cuenca un número de la revista Amauta, que publicaba

(1) Recuerda que la única ocasión en que su madre perdió los estribos fue cuando por defender a un perseguido político en la revolución Juliana que había buscado asilo en su casa, dio de bofetadas a un policía impertinente.

(2) El abuelo Darío Espinoza había estudiado algunos años medicina y aunque no terminó esa carrera, hizo fortuna con una botica. Era dueño de las haciendas Molino –Huayco, Poco - Huayco y Charcay, ubicadas en la cercanías de la población de Cañar.
José Carlos Mariátegui en Lima, tomó conciencia política, empezó a sensibilizarse frente al drama aterrador de miseria que vivía el país y se volvió rebelde después de leer los Siete Tratados de Juan Montalvo.

En 1926 presenció el levantamiento indígena en el austro contra el aumento del precio de la sal gravada con un exorbitante impuesto destinado para terminar la Catedral de Cuenca.

Como en esos tiempos no se acostumbraba graduar de bachiller a las mujeres, al terminar sus estudias y de tan sólo dieciséis años, tuvo que volver a Cañar. Un día cayó por sus manos una revista, en ella leyó un poema de Joaquín Gallegos Lara, se emocionó y le escribió una carta a Guayaquil.

El 39 acompañó a su madre a Guayaquil, se hospedaron en un hotel, la señora dejó a Nela interna en el Colegio de la Providencia. Nela se aficionó al arte, escribió sus primeras crónicas para el diario “El Telégrafo” bajo el pseudónimo el “Meliasur” y concurrió a una exposición de Allere Flamma, donde hizo amistad con Enrique Gil Gilbert y otros jóvenes intelectuales que la llevaron a la buhardilla de Joaquín, a quien ya admiraba por sus altas concepciones e indeclinables principios revolucionarios. “Yo le ofrecí que nos escribiéramos y lo hicimos durante algún tiempo. El me dedicó un ejemplar de “Los que se van”. En él nació un profundo amor, pero dada su condición física de impedido de caminar, no se lo confesó.

Nela tenía una enorme curiosidad, era delgada y casi pequeña, con un aire de orgullo y unos ojos profundos que daban cuenta de su carácter decidido y tenaz.

En 1933 vivió entre su casa en Cañar y la de sus abuelos maternos en Cuenca, frecuentada por un grupo de valiosos jóvenes intelectuales que admiraban su talento y su belleza. Su primo Arturo Borrero Bustamante la cortejaba, C. Humberto Mata la alentaba a escribir, se prestaban libros adquiridos en la librería Janer de Guayaquil, hablaban de literatura, recitaban poesías, creían en la reivindicación socioeconómica del proletariado, única forma de vivir con dignidad en un país tercermundista como el nuestro, aunque a ciencia cierta aun tenían nociones mas bien utópicas, pero iban formando conciencia de la terrible realidad en que se debatía el pueblo en las urbes y el campesinado en el agro.

Una activa relación epistolar la unía cada vez más con Gallegos Lara, que se convirtió en su mentor intelectual, guía y maestro. Casi naturalmente fue transformándose en una mujer de avanzada, en una comunista.

Entonces ocurrió un suceso qué marcó definitivamente su destino. Su padre había garantizado al cura de Cañar, quien necesitaba dinero para la construcción de una escuela. La letra de cambio fue descontada donde Cornelio Merchán Tapia que era prestamista, pero, semanas antes del vencimiento, el Cura sufrió un colapso y falleció. El Obispo Hermida, que conocía esos antecedentes, negó su autorización para que la letra fuere pagada con las rentas del Curato y colocó al señor Martínez en una difícilísima situación. En eso quebró la bancaria del Chimborazo, él y sus hermanos perdieron cuantiosos depósitos y viendo que no podía pagar, prefirió quedarse prácticamente en la calle, concurrió a donde el hijo de Merchán y le entregó un molino y las tres haciendas de su propiedad, para salvar su buen nombre de caballero cristiano y honrado.

Para entonces Nela ya era conocida en las lettras comarcanas del Azuay y Cañar. Por eso, en 1932, Benjamín Carrión había publicado en "índice de la Poesía Ecuatoriana" que los poetas azuayos anteriores a G. Humberto Mata, Nela Martínez y Alfonso Cuesta y Cuesta sólo tuvieron los ojos plácidos para ver en su vasta y maravillosa campiña, sembrada de injusticia y explotación, a Zagalas y Zagales que dejaban a Dios cuidando sus apriscos, paciendo tomillo y hierbabuena, mientras ellos iban a las ermitas del pueblo.
Nela comprendió que debía ganarse la vida y acordándose que el Director de Estudios del Tungurahua, Julio C. Larrea, había alabado por la prensa sus trabajos literarios, le pidió empleo y fue designada maestra nocturna en Ambato con S/. 60 mensuales.

En esa ciudad alquiló una pieza donde la familia Chacón y empezó a alimentarse casi exclusivamente de manzanas, tratando de acomodarse a los nuevos tiempos y a la peor crisis económica que ha conocido nuestro país en el siglo XX.

Tampoco olvidaba sus principios revolucionarios, por medio de un sastre amigo llamado Manuel Ribas, se integró al pequeño núcleo comunista de Ambato, causando la admiración de los propios camaradas, pues era la única mujer entre ellos. Así fue como inició en 1934 su larga carrera de activista, concurriendo a los sindicatos y ayudando en las reclamaciones obreras; ese año participó en la huelga de los matarifes y sufrió la brutal represión policial, tenía solamente 21 años de edad; al saber su comportamiento Gallegos Lara le propuso matrimonio. Nela habló con su padre que nada sabía de estos amroríos. -Tengo intenciones de casarme con Joaquín que es inválido. ¿Por qué no te haces monja de la caridad?- Deseo luchar contra las injusticias y si la naturaleza fue injusta con él, lucharé contra la naturaleza. El matrimonio se realizó en Ambato.

Enseguida regresaron a Guayaquil y vivieron ocho meses con la madre de Gallegos Lara, el crítico Francisco Ferrandiz Albors, Enrique Gil Gilbert, Alba Calderón de Gil y Alfredo Palacios, compartiendo un cómodo departamento del centro del puerto principal, prestándose libros, comentándolos, haciendo crítica. Nela se afilió al Partido Comunista y se integró a una activa militancia con su esposo; su presencia en los sindicatos era bien vista, trabajaba manifiestos y literatura pedagógica, en fin, todo cuanto pudiera ser de utilidad a la clase trabajadora. Ese año fue premiado su relato “El Azote” Concurrían a los Sindicatos dando charlas de adoctrinamiento por las noches. En 1934 se declaró la huelga de los panaderos que coincidió con el arribo a Guayaquil del Presidente Velasco Ibarra. Los huelguistas fueron a verlo para obtener su mediación pero les recibió en la Gobernación con desplantes, quiso sorprenderlos y gritó a Gallegos Lara: -Enséñeme sus manos, señor. Creyendo que así lo iba a confundir porque indudablemente el escritor no tenía las manos encallecidas de los panaderos, pero no se imaginó con quién estaba tratando y cuando Gallegos Lara le lanzó una grande y sonora carcajada, que fue coreada por todos los demás, Velasco comprendió tardíamente que era objeto de la burla de un inválido, dio media vuelta y se retiró indignado. (3)

Lamentablemente muchos factores se confabularon en contra de la estabilidad del matrimonio. Por una parte el factor económico les mantenía en una permanente angustia habiendo días que no tenían ni para comer, la dificultad de transportación, todo se les dificultaba por el ambiente pesado de la crisis. A los ocho meses ocurrió que Alba se peleó con Nela y ésta partió a Quito donde creía que encontraría trabajo más fácilmente que en Ambato, Cuenca o Cañar. Gallegos Lara le siguió casi enseguida pero ya la ilusión inicial de parte de ella había pasado irremediablemente y advino el divorcio.

En 1935 intervino en la reunión de los partidos de izquierda. El 36 trabajó en los estancos a las órdenes del Coronel Luis Dueñas, organizó un servicio médico contra el paludismo para beneficio de los inspectores y fue secretaria en la Contraloría, llevada por el Ministro Jerónimo Avilés Alfaro.


(3) Personas dignas de todo crédito me han referido que una vez dentro del despacho Velasco dio la orden que Gallegos Lara fuera apresado por irrespetuoso, disposición que sin embargo nadie se atrevió a cumplir, dada la categoría intelectual del escritor y su condición tantas veces mencionada de inválido que se hacía transportar en los hombros de sus amigos.

Mientras tanto seguía en la militancia diaria del partido comunista, estudiaba el marxismo, trabajaba e intervenía en las luchas sociales ayudando a los sindicatos junto al Dr. Ricardo Paredes, dirigente máximo del partido Comunista en Quito, en quien tuvo un hijo: el ing. Leonardo Paredes Martínez. También ayudaba a la causa de la república española. Fue una época muy activa, el partido estaba fuera de la Ley y aún así lanzaba manifiestos casi a diario, que se imprimían y repartían a escondidas.

Se había instalado a vivir en el departamento de María Luisa Gómez de la Torre, de las más antiguas profesoras normalistas de Quito y activista de izquierda, que la ayudaba en la crianza de su hijo. (4)

El 38 estuvo entre las organizadoras de "Alianza Femenina Ecuatoriana" grupo de carácter popular a nivel nacional que bajo la presidencia de la profesora Matilde Nogales y con la ayuda de Nela, María Luisa, Raquel Verdesoto de Romo Dávila, Lucía Clavijo y otras mujeres progresistas de Quito y del resto del país, luchó por la superación de la mujer a través de una serie de reivindicaciones feministas y políticas; se reunían periódicamente, daban charlas y conferencias, realizaban labores. Después trabajó en Bogotá para fundar la “Alianza Femenina Colombiana”.

En Noviembre de 1941 en la Casa del Obrero ayudó a organizar el Comité del Movimiento Popular Antitotalitario para combatir la propagación de esas peligrosas ideas en el Ecuador y fue electa Secretaria de Organización y Propaganda.


(4) El Departamento de María Luisa Gómez de la Torre, estaba situado en la calle Riofrío, frente a la quinta de Modesto Larrea Jijón, donde Nella y María Luisa se reunían por las noches a conspirar con los Plaza Lasso y otros dirigentes políticos.


En enero del 42 se intensificó la campaña antifascista para la defensa de la Democracia y en Febrero concurrió a la primera Conferencia Nacional Antifascista celebrada en el local de la Sociedad General de Empleados de Guayaquil.

En Marzo comenzaron a editar el periódico "Antinazi" en 8 páginas que se vendía a diez centavos el ejemplar en todo el país y del que salió un total de treinta y seis números hasta 1944.

El 43 integró las filas de Acción Democrática Ecuatoriana ADE, en protesta contra los abusos y despotismo del presidente Arroyo del Río y viajó a Ipiales con la finalidad de entrevistar a Velasco Ibarra. De regreso conspiró contra el Gobierno y formó parte de la Directiva de ADE, que el 29 de Mayo del 44, al conocer el triunfo de la revolución en Guayaquil, decidió hacer una manifestación popular y tomar el Palacio Presidencial.

A la medianoche salieron del local donde sesionaban en Guayaquil y Bolívar. Iban sin armas, se dirigieron al Palacio y los porteros abrieron las puertas sin ninguna resistencia. La multitud se quedó afuera y permitió el ingreso de los directivos. "Nos hicimos cargo de la dirección del movimiento y desde el Ministerio de Gobierno ordené la liberación de los presos en diferentes provincias y de confinados en el Oriente. Se informó a todo el país que ADE se había hecho cargo de la presidencia de la República; pedimos que se organizaran gobiernos seccionales para impedir que la contrarevolución actue. Ordené lo que había que ordenar, la coordinación de toda la actividad a escala nacional. Nos encontramos con cosas increíbles allí, con listados de agentes del Servicio de Información del último Ministro de Gobierno que fue Aurelio Aguilar Vásquez, en donde había desde damas de alta sociedad hasta gente increíble, que los habíamos pensado nuestros aliados. Había una actividad muy grande porque también muchos liberales pedían protección; luego, el cuidado de toda la ciudad, la comunicación nacional para unificar las acciones de ADE y el hecho de un pueblo entero levantado, al que había que mantener permanentemente vigilado. Se formaron patrullas de trabajadores y estudiantes que custodiaban la ciudad. Pasé tres días y tres noches sin dormir. El Embajador de Colombia, Gustavo Santos, me enviaba bocaditos con su secretaria de vez en cuando. Yo era la única mujer en el Palacio. Mariano Suárez Veintimilla se quedó una parte del tiempo y los dirigentes de ADE llegaron al día siguiente. Entonces ocurrió que un grupo de señores de ADE viajó a Ibarra a buscar a Velasco que ya había salido de Ipiales. El 1 de Junio entró en Quito con ellos y Julio Teodoro Salem de la fracción liberal y presidente de turno de ADE le declaró en el balcón del Palacio Jefe Supremo. Acto seguido Velasco Ibarra pronunció su primer discurso. Yo estaba indignada porque ése no había sido el acuerdo de la revolución. Velasco ingresó a la Sala del Palacio y viéndome, se detuvo un momento y me preguntó qué podía hacer por mí. -¿por mí?, ¡Nada!- le contesté y luego, recalcando mis palabras, agregué: -Yo pienso que Ud. debe cumplir su deber como yo creo haber cumplido el mío, y salí con la conciencia plena de que la revolución gloriosa se había frustrado y tomaba otros rumbos, sensación que me asaltó al oír su primer discurso y enterarme de la composición de su Gabinete preparado en Ibarra. Entonces me fui caminando hasta mi casa, me acosté en una cama y quedé dormida veinticuatro horas. Al despertar, estaba en la desocupación, la vida plena de esos tres días había pasado". Días en que ejerció de hecho el Ministerio de Gobierno, porque nadie le había otorgado nombramiento. Fue, por ello, la tercera mujer en detentar poder y mando en el Ecuador, detrás de Manuela Sáenz y Marieta de Veintemilla, que tampoco figuran en el listado oficial de los Ministros de Estado del país.

A fines del 45 los trabajadores del Ecuador designaron a Pedro Saad Diputado funcional a la Asamblea Nacional Constituyente. Primer suplente fue Segundo Ramos y Segunda suplente Nella Martínez y le tocó concurrir desde el 12 de Diciembre a tres sesiones de la Asamblea en ausencia de los anteriores; fue la primera mujer que ascendió a una diputación en el país. (5) y la primera en ser electa miembro del Comité Ejecutivo de un partido, el Comunista del Ecuador.
Entre el 45 y el 46 realizó una gran labor feminista, estableció y mantuvo en Portoviejo una Escuela de Servicio Rural para enseñar a las mujeres todo lo relacionado con la promoción de salud y educación en esas zonas. Dicho empleo le fue concedido dentro del convenio establecido entre el Ministerio de Economía y el Banco Nacional de Fomento, y en Portoviejo colaboró con varias crónicas para el diario "El Manabita".

El 46 regresó por corta temporada a Quito y tras el golpe dictatorial de Velasco Ibarra el 30 de Marzo de ese año, lanzó un manifiesto titulado "Carta de las Mujeres del Ecuador" defendiendo a las maestras canceladas por izquierdistas, entre las que se encontraba su amiga María Luisa Gómez de la Torre en el Mejía. Entonces se volvió una permanente agitadora. En Agosto fue apresada por su lucha en las calles de Quito, saliendo en libertad tres días después.


(5) El hecho motivó numerosos comentarios en la prensa. Ha quedado la pieza oratoria que inauguró su actuación en la Asamblea “No me siento extraña en esta sala –dijo Nela Martínez en el Congreso Nacional- porque este puesto lo han conquistado las mujeres de mi patria en todas las jornadas de la historia ecuatoriana. En la colonia, durante la independencia y en la república, miles de mujeres anónimas soñaron con una sociedad más humana y más justa, para sí mismas y para sus hijos. Soñaron y lucharon cuando una absurda discriminación sexual trataban de impedir que ellas participaran en la vida política, cultural y social del mundo del que formaban parte y al cual se pertenecían. “No tiene mi presencia el carácter agrio, intransigente y fiero de una lucha “feminista” de viejo tipo. Nada más lejos de la conciencia y el corazón de las mujeres ecuatorianas de esta época. Asumimos nuestra responsabilidad como seres conscientes, integrantes de una sociedad de la que formamos parte, y así llegamos hasta aquí, sencilla y llanamente, a decir nuestra opinión y a colaborar en la edificación de la patria democrática de verdad en la que aspiramos que vivan nuestros hijos…” cuando tomó asiento, hubo una instante de silencio, que remató en una ovación. Todos los integrantes de la Asamblea Constituyente tenían clara conciencia de haber asistido a un momento histórico, vivido con la intensidad y sencillez de su protagonista. Nela recuerda l cariñoso recibimiento que le tributaron sus colegas, Pedro Velasco Ibarra, Gustavo Becerra Ortiz, Juan Isaac Lovato, Manuel María Borrero y Armando Espinel Mendoza. El Congreso la aplaudió por largos minutos.
A fines del 46 viajó en representación de la "Alianza Femenina Ecuatoriana" al Congreso Internacional de Mujeres Latinoamericanas que se celebró en Guatemala y donde por primera ocasión la mujer condenó la utilización de la bomba atómica.

Al finalizar las sesiones aceptó la invitación de sus camaradas para permanecer en suelo guatemalteco ayudando a conformar el Partido Comunista en esa nación.

El 47 viajó por Centroamérica, dictó numerosas conferencias para organizar a las mujeres, fue testigo presencial de los excesos policiales de las dictaduras de Carias Andino en Honduras, Molina en el Salvador y Somoza en Nicaragua. Finalmente terminó su gira en Panamá, regresó a Quito en 1948 y se reintegró a la vida del partido, de suerte que al fallecer Joaquín Gallegos Lara en Noviembre del 47 en Guayaquil, “no estuve en el país, lo supe por un amigo y lo sentí muchísimo”.

En 1950 intervino en la huelga de la fábrica "La Industrial" de Ramón González Artigas, organizando a los familiares de los trabajadores en Chimbacaye. El Intendente de Policía Coronel N. Quintana ordenó su prisión y la mantuvo detenida un día y una noche.

El 51 casó con Raymond Meriguet Coussegal, presidente fundador del Movimiento antinazi en el Ecuador y activista de izquierda, matrimonio feliz y tres hijos. Monsieur Meriguet falleció en Quito en 1989, de avanzada edad, dejando el recuerdo de su admirable y tesonera solidaridad vital.

El 56 inauguró y presidió a la I Conferencia de las mujeres trabajadoras del Pichincha que se reunió en Quito y aprobó la llamada Carta de Reivindicación, planteando la supresión de toda forma de discriminación contra la mujer.

En los años 60 fue una de las fundadoras de la revista “Nuestra Palabra”, en la que trataban temas relacionados con el feminismo En los 80 completó la novela “Los guandos” de Joaquín Gallegos Lara y la publicóien la editorial El Conejo de Quito. (6)

En 1962, tras la ruptura del Ecuador con Cuba, fundó el partido URME Unión Revolucionaria de Mujeres Ecuatorianas y al tomar el poder los militares en marzo del 63 fue de las primeras en salir a las calles en defensa de la democracia y asumió una línea radical: “El socialismo es el único futuro de la humanidad”.

En 1985 enfermó su esposo de cáncer a la próstata y viajó a tratarse al hospital Hermanos Ameijeira en la calle de San Lázaro de la Habana.

En 1985 vivía en una villita propia en la Julio Zaldumbide No. 321 donde la visité toda una tarde, conversamos, me brindó un exquisito bolón de verde con café que preparó Isabel Herrería, quien estaba pasando unos días en su casa. La encontré envejecida pero aún eufórica y llena de vitalidad, aunque cojeaba y me informó que se reponía de una poliomielitis viral (Síndrome de Guillant Barret). Durante la visita recibió a una joven vestida de indígena, se abrazaron y me contó que era profesora en una comunidad; luego jugueteó con uno de sus nietos, dando rápidamente la vuelta al sillón en que estaba sentada. El nieto se retiró encantado. Era una viejecita ágil y de carácter espléndido. Me contó que la mujer ecuatoriana aún necesitaba recorrer un largo camino en su lucha por la igualdad de los sexos pero se mostró optimista en las nuevas generaciones. Nos despedimos a eso de las 8 de la noche.

(6) Los originales habían estado guardados en el fondo de un baúl, dados por perdidos mucho tiempo.

De sus años de lucha en el movimiento obrero, de sus viajes a Cuba, de sus reivindicaciones feminista, le queda la certeza de que el socialismo todavía puede ser en algún lugar, en este país, quizá… escribe a mano, porque no le agradan las computadoras, admiraba la poesía, de César Vallejo de preferencia, medita, recuerda y siente.

La Estrella." //El Juancho era un longo tierno aún. /Apacentaba, saliendo con las ovejitas muy temprano./ Nunca dejó de encontrar agua y hierba/ y también una alegría para el tiempo,/ a pesar de que sus manos se abrían como geranios/ al recoger la leña de los cerros.// La tía Paula estaba contenta de su longo. / Salía de la choza para verlo regresar. / Alla venía, envuelto, como la tarde en el sol./ en su poncho de listas claras,/ arreando el rebaño con su silvo/ de gorrioncito bien corrido. // Tras las huellas grandes/ que daban temblando las pequeñas huellas borrosas./ El corazón de la Paula se encogía de miedo/ pensando en el invierno./ Pero él no esperó el invierno.// Era la víspera de San Pedro y San Pablo. .../ Germinaba la noche/ una extraña gavilla de incendios/ hasta el límite del cielo./ Algunos mayores bajaron al pueblo,/ otros fueron a prender fuego en los cerros. / Los chicos se quedaron solos/ con una vigilia ansiosa en las sienes./ Habían oído hablar tanto de la fiesta,/ que ahora querían retenerla para siempre./ Un vecino les contó en secreto/ la historia de los castillos de colores/ El prioste dizque cazaba unas luces/ que huían como venados en las tardes lluviosas/ cuando la montaña estaba brava. / Después en las fiestas las lanzaban al aire / para sacar las estrellas que dormían ocultas. / El longo que alcanzaba a tener una solamente /no se hace concierto nunca más por más pobre que sea, / sus animalitos no cogen el mal, / y las siembras en sus manos son benditas. / Entonces todos caminaron hacia arriba, / hasta divisar el bosque luminoso que era el pueblo, /medio oculto en el ambiente violeta del humo. / Estaban en la cima henchida del rumor grave / de agua que va por un abismo, / Veíanse chispas de oro morir a la distancia. / Luego se multiplicaron, crecieron, / como flores tenues obre las cabezas oscuras, / guardando cada una un color y un camino. // Levantáronse los pequeños brazos fervorosos / para cogerlas como una propiedad de sus sueños. / Tornóse el silencio leve como sus voces: "mía la lila, mía la roja, mía la azul, / mía, mía..." / El Juancho buscaba entre todas una verde / que contenía el pasto fresco en su luz esmeralda. // Tendían los ojos las alas de las miradas/ apresurando un vuelo ágil./ Ya la proximidad llegaba a su sangre/ como una raíz sedienta. / Si hasta sus dedos rajados con el hielo de las madrugadas/ tuvieron la sensación del tacto de una estrella, / mientras corría quitándola al viento / que giraba hacia el río. / Un grito rajó el resplandor de la noche / y las piedras tuvieron una piedra más / para partir las olas // La Paula no echará el aliento sobre la lluvia / para calentarlo en invierno / ni llorará la mala suerte sobre su ausencia / como llora por el taita que está concierto. / El Juancho no esperó el invierno / ni la vida.//