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DIEGO NOBOA ARTETA
PRESIDENTE DE LA REPUBLICA.-Nació en Guayaquil el 15 de Abril de 1.789. Hijo legítimo de Ignacio Noboa Unzueta, Procurador General del Cabildo en 1.771 y en 1.782, Alcalde de Cabildo en 1.780, Patrono del Vínculo familiar de las sales de Punta Arenas que tuvo que litigar ante la Audiencia de Quito contra varios parientes en 1.786, Teniente Coronel de los Reales Ejércitos y Administrador Provincial de la Renta de Aguardientes en 1.786, vistiendo a sus expensas a una compañía de Caballería y otra de infantería y de Ana Arteta Larrabeitia, guayaquileños.

Fue el décimo primero de una larga familia compuesta de catorce hijos, de los cuales la mayor parte murieron en la infancia o quedaron solteros. Su madre le enseñó las primeras letras y de diez años perdió a su padre. A los doce le enviaron interno al Colegio Dominicano San Luis de Quito. Era un joven formal, serio, disciplinado y devotísimo de la Virgen en su advocación de la Inmaculada Concepción.

En 1.807 regresó a Guayaquil graduado de Bachiller en Filosofía. Al año siguiente actuó como Rey de Armas en la Jura de Fernando VII realizada la plaza de la Iglesia Matriz. Ya manejaba el negocio de sales herencia de su padre y hacía de jefe de familia para su madre viuda y cuatro hermanas, siendo Tomasa la menor y la más querida.

En 1.813 fue electo Regidor Alcalde de la Santa Hermandad y administraba las haciendas cacaoteras en Baba. El 15 contrajo matrimonio con su prima segunda Manuela Baquerizo Coto y tuvieron once hijos.

Para la revolución del 9 de Octubre de 1.820 se acercó al Cabildo a suscribir el Acta abierta de la Independencia, trabajando con entusiasmo para la Junta de Gobierno que se organizó con Olmedo, Roca y Jimena. En Noviembre salió electo Diputado por Guayaquil al Colegio Electoral que se reunió el día 21 de ese mes. En 1.821 conformó con otras siete personas la Junta Conservadora de la Libertad de Imprenta. A mediados de año fue comisionado para contrarrestar en Manabí a los que pedían la inmediata anexión a Colombia y le tocó presidir las elecciones del nuevo Ayuntamiento de Portoviejo el 1 ero. de Enero de 1.822. Su conducta fue aprobada por la Junta y le designaron Tesorero Departamental. En su desempeño tuvo un ligero incidente con el Coronel Juan Illingworth y renunció, pero la Junta y el propio militar le ofrecieron satisfacciones y siguió en la Tesorería.

Tras la anexión de Guayaquil a la Gran Colombia en Febrero de 1.822, Bolívar le nombró Tesorero Departamental y poco después Administrador Principal de la Renta de Tabacos, mas, posesionado del cargo y juzgando que no convenía a los intereses de la República, pidió que se suprimiera y renunció.

En 1.823 fue Administrador de Alcabalas. El 24 Contador Mayor de la Provincia. El 25 Comisario de Guerra y Marina y luchó desesperadamente para que hubiera el dinero suficiente para la campaña libertadora en el Perú. El 11 de Agosto formó parte de la Sociedad Mutua creada por los miembros de la Sociedad Económica de Amigos del País.

El 6 de Agosto de 1.826 recibió del Congreso peruano la Medalla del Busto del Libertador. Era un decidido partidario de la Constitución boliviana, tildada de documento retrógrado. A mediados del 27, el Mariscal José de Lamar y Cortázar, Intendente del Departamento de Guayaquil, fue llamado a ocupar la presidencia del Perú.

El Concejo Cantonal de Guayaquil convocó a una reunión de padres de familia para designar su reemplazo. Los guayaquileños declararon que convenía regirse por el sistema Federal y Noboa fue nuevo Intendente. Por su conducta arreglada Bolívar lo felicitó en Septiembre.

En 1.828 ocurrió la ocupación de Guayaquil por parte del ejército peruano. El general Juan José Flores avanzó desde Quito hasta la hacienda "La Florida" a solamente seis millas del puerto y para evitar la guerra se reunieron los emisarios de ambas partes. Por el Perú concurrieron Noboa y Domingo de Santistevan, que eran insignes bolivarianos. En tan propicio clima se llego a un acuerdo, que incumplieron los peruanos y Bolívar se vió obligado a sitiar la ciudad.

En 1.830 se constituyó la República del Ecuador. Flores fue electo Presidente y Olmedo Vicepresidente pero renunció el 31 y Noboa fue propuesto en su reemplazo, sin éxito. El 32 fue a Lima como Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario del Ecuador a conseguir el reconocimiento de nuestra soberanía como estado independiente. Su gestión tuvo éxito y suscribió dos tratados, uno de Paz y otro de Comercio, con el Canciller José María Pando.

Por esos años era rematista del ramo de sales y administraba las haciendas cacaoteras "El Retiro" y "Boca de Baba" que habían sido de su padre, en esa jurisdicción. Al fallecimiento de su esposa contrajo en 1.838 segundas nupcias con su sobrina Tomasa Carbo Noboa y tendrán cuatro hijos.

En 1.839 fue electo Senador y Presidente de esa Cámara. En 1.842 figuró entre los promotores del primer Banco que se pensó fundar en nuestro país con el Cónsul inglés Horace C. Cox y Manuel Antonio de Luzarraga. El 43 falleció muy anciana su madre.

El 6 de Marzo de 1.845 fue elegido miembro del Triunvirato revolucionario, tocándole representar a Cuenca. Olmedo lo fue por Guayaquil y Vicente Ramón Roca por Quito. Este último fue electo, meses después, Presidente de la República, por cuatro años.

En 1.848 fue Senador por el Guayas y presidió nuevamente esa Cámara hasta el 49, que numerosos periódicos de Guayaquil lanzaron su nombre a la presidencia como candidato oposicionista, frente al General Antonio Elizalde Lamar que pasaba por ministerial.

Desde el 15 de Agosto apareció en "La voz de la República" su biografía en entregas, el trabajo quedó inconcluso en el quinto número el 1 ero. de Octubre pues el Congreso que haría la designación se instaló el día 5 y como ninguno logró los dos tercios de los votos requeridos por la Constitución, se encargó del mando supremo al Vicepresidente Manuel Ascázubi Matheus, quien designó al General Isidoro Barriga, Jefe Militar de Guayaquil.

El 19 de Febrero de 1.850, Francisco Robles, descontento con la designación de Barriga, visitó a José María Urbina para invitarle a proclamar la revolución, éste se negó creyendo que el movimiento estaba condenado al fracaso. Sin desalentarse Robles fue a casa de Noboa y aunque no le halló pudo conversar con sus hijos y sobrinos y con su primo segundo el General Guillermo Bodero Franco y otros amigos de familia, acordando tomarse el Cuartel No. 1 que no opuso resistencia, luego subieron a los altos donde prendieron al General Julio Ríos, finalmente cayó Barriga, pero Elizalde rehusó hacerse cargo del movimiento y se designó a Urbina... La situación no estaba clara y el 2 de Marzo los padres de familia reunidos en la Municipalidad designaron Jefe Supremo a Elizalde y suplente a Noboa, mientras los delegados de Ascázubi viajaban a conferenciar en Guayaquil.

El Vicepresidente mandó a proponer el retiro del Gobernador Francisco de P. Icaza Silva, del Ministro General Benigno Malo Valdivieso al que se acusaba de pro floreano y aún su renuncia personal, pero negó la convocatoria a un Congreso Constituyente.

El 5 de Junio se rompieron las negociaciones y Noboa envió un ultimátum a Ascázubi, que había ocupado Riobamba con el General Fernando Ayarza, pero el Coronel Nicolás Vernaza Prieto volteó la ciudad a favor de su tío político Noboa y apresó a Ayarza, dominando el centro de la República que plegó a Noboa.

Desesperado ante ese vuelco, Ascázubi abandonó el mando. El día 10 la población de Quito eligió al Dr. José Javier Valdivieso con carácter provisional y para hacer la paz. Cuenca, Loja y Manabí habían proclamado a Elizalde y sostenían la revolución de Guayaquil, con el resultado de que existían dos autoridades o Jefes Supremos: Noboa en Guayaquil y Elizalde en Cuenca.

Para evitar la guerra civil se reunieron los delegados de ambos bandos en la Hacienda "La Florida". Por Elizalde concurrieron Domingo de Santistevan, José Joaquín Carbo Mesa y Juan Avilés. Por Noboa lo hicieron Ramón Barreiro, Manuel Antonio de Luzarraga, José Matheus Vasmezon y su primo José María Caamaño y Arteta. Mediante un Convenio se puso fin a las disputas y ambos Jefes Supremos se comprometieron a convocar una Convención Nacional en Quito, pero como los elizaldistas no quisieron desocupar Loja, Noboa suspendió desde Guayaquil la ejecución de la convocatoria y se cambiaron algunas notas entre ambos gobiernos, hasta que Urbina viajó a negociar en Cuenca y Mariano Cueva pasó con igual objeto a Guayaquil, consiguiéndose la Convocatoria definitiva de la Convención.

Pero no todo fue unánime, algunos se resistieron como Pedro Moncayo que no quiso asistir a la Convención por considerarla espúrea, aunque la mayor oposición fue desatada casi a última hora por Urbina, quien publicó unas "Cartas anónimas: Marcistas a la Convención", sobre el peligro floreano en ciernes y desacreditando el proyecto Constitucional.

El 8 de Diciembre se instalaron los Convencionales y Noboa fue electo Presidente Interino de la República. Tenía 61 años pero se encontraba en la plenitud de sus fuerzas físicas y mentales, pues meses antes, el 12 de Febrero, le había nacido en Guayaquil su décimo sexto y último hijo.

El 29 de Febrero de 1.851 fue declarado Presidente Constitucional de la República por 23 votos contra 6 de su oponente Elizalde. De inmediato nombró Gobernador del Guayas a su sobrino y cuñado Manuel Carbo Noboa con lo cual satisfizo las aspiraciones burocráticas de su numerosa parentela, enseguida ofreció dos ministerios, al General Urbina el de Guerra y Marina y el de Hacienda a Roberto Ascázubi, pero ambos los rechazaron cortésmente. El primero quería seguir de Jefe Militar de Guayaquil para controlar la costa y el segundo no aceptó por delicadeza personal pues era hermano del Vicepresidente Ascázubi. Entonces conformó su gabinete de la siguiente manera: Interior y Relaciones Exteriores José Modesto Larrea Jijón, Hacienda Carlos Chiriboga, Guerra y Marina General Vicente Aguirre Mendoza.

Noboa era un hombre pulcro y recto en el manejo de los fondos públicos pero pronto se vio envuelto en un torbellino de pasiones desenfrenadas que no pudo controlar. Primero se rodeó de varios elementos del floreanismo de la capital que capitaneaba su primo hermano Pedro José Arteta Calisto cuñado de Flores, a quienes dio empleos y - según se dijo por entonces – había ofrecido influir ante las Cancillerías de las Repúblicas americanas para que reconsideraran los decretos dictados en su contra a raíz de la proyectada invasión armada desde Londres, después dcretó el destierro del ex Presidente Vicente Ramón Roca.

Tales actos y comentarios le enajenaron la voluntad de los marcistas y del elemento liberal del país que veía en Noboa una vuelta a etapas ya superadas y una flagante traición a los principios revolucionarios del 6 de Marzo. Pero lo que terminó por perderlo fue la espinosa cuestión de los jesuitas expulsados por el gobierno liberal del General José Hilario López, Presidente de la Nueva Granada.

Dichos sacerdotes habían salido del país del norte por asumir posiciones políticas contrarías a la línea del gobierno y fueron recogidos humanitariamente por Noboa, que el 28 de Marzo de 1.851 derogó la Pragmática Sanción dictada contra la Compañía de Jesús por el Rey Carlos III en 1.767. Mas aún, ni bien llegaron los jesuitas a Quito, les entregó la administración del Colegio de San Luis, lo que fue considerado un retorno a los tiempos de la colonia.

Noboa era un católico sincero y practicante. Había erogado una fuerte suma de dinero para los gastos de beatificación de Mariana de Jesús. En Marzo reconoció a la Inmaculada Concepción como patrona de la República y en Octubre a la de las Mercedes como protectora de Quito frente a los terremotos, de suerte que su intención no fue tratar de llevar la contraria al país vecino, cuyo Jefe de Estado anunció la inmediata invasión al Ecuador.

Como es natural Noboa rechazó la amenaza y mal aconsejado por los conservadores de Quito, ayudó secretamente con elementos de guerra a los Generales Manuel Ibañez y Julio Arboleda que se preparaban para activar las guerrillas conservadoras en Pasto y dirigió una Nota Circular a las Cancillerías de Perú, Bolivia y Chile exponiendo "los hechos criminales de la administración López y las invitaba a unirse para proveer a la seguridad común".

Cuando el Presidente Hilario López, de la Nueva Granada, tuvo pruebas de las intervención clandestina del Ecuador, se aprestó a hacernos la guerra luego de develar la rebelión de los patusos. En Bogotá el Congreso autorizó en Mayo la declaratoria de Guerra al Ecuador. El parlamento ecuatoriano concedió en Junio las facultades extraordinarias a Noboa para la defensa de la Patria amenazada, pero la oposición - en su mayor parte elizaldista - le calumnió feamente, indicando que a pretexto de la guerra se beneficiaría con ellas. Entonces Noboa creyó oportuno desterrar a numerosos contrarios y hasta llegó a borrar del escalafón militar a 163 altos oficiales elizaldistas y roquistas que pasaron al desempleo. El propio General Elizalde tuvo que expatriarse para evitar atropellos. La prensa antijesuíta guayaquileña inició una tenaz campaña y le acusaron de "aristócrata intransigente", "rancio católico", "fanático hasta la exageración".

Polarizadas las fuerzas entre floreanos-noboistas y antifloreanos-liberales, el panorama se ensombreció aún más y por todas partes se dio en hablar del inminente regreso del General Flores y de la guerra catastrófica con Colombia. Entonces Noboa designó a Urbina Comandante en Jefe del Ejército de Operaciones en la frontera norte pero éste no confió, pensando que era una argucia para sacarlo de su plaza fuerte y rehusó marchar a Quito pretextando que necesitaba una escolta.

Entretanto Noboa se preparaba para visitar Guayaquil con el objeto de recoger a su numerosa familia y llevarla a la capital. El itinerario fue conocido por el General Francisco Robles, quien dispuso su captura. Para el efecto se sublevó el 17 de Julio y mandó dos esquifes fuertemente armados a las órdenes del Comandante José María Cornejo Maruri, que en las cercanías de la boca de Baba, en el punto "Bejuco Colorado", intimidó la prisión de Noboa y de sus dos acompañantes los Comandantes Matías Sotomayor y Luna y Miró y Melitón Vera.

En uno de los esquifes les trajo por el río a Guayaquil. Noboa venía en el medio de sus amigos, serio y callado, guardando la dignidad propia de tan amargo trance. Ni bien arribaron a la ría y sin siquiera permitirles desembarcar, las nuevas autoridades militares les hicieron pasar a un navío comandado por José Robles Canelos, que partió hacia Centroamérica, pero una tormenta les puso en graves aprietos en Punta Malpelo y tuvieron que regresar a la Isla Puna.
En esas angustias la familia pudo enviarle un tarro de chifles que fue lo único que sus inicuos capturadores le dejaron pasar y el Presidente Noboa debió entregar dinero y su valioso reloj y Sotomayor Luna una cadena de oro al Capitán de un barco de bandera norteamericana, para que les llevara a Chile, aunque al final pudieron bajar en el Callao.

Así "sin violencia alguna, sigilosamente, desapareció del escenario patrio como por encanto, antes de que el pueblo se diese cuenta de lo sucedido. Su paso por la presidencia había sido efímero y sin ninguna trascendencia, aunque creó la provincia de León (Cotopaxi) y cantonizó a Tulcán. Su sobrino y cuñado el Gobernador del Guayas, Manuel Carbo Noboa, se quedó con los arcos triunfales que le tenía preparados para el recibimiento".

En Lima vivió un largo destierro de casi cinco años, alojándose primeramente en casa de su hermana Ignacita, viuda del Coronel Manuel Arredondo Mioño.

Luego en el Hotel Maruy, considerado uno de los mejores hoteles de esa capital. En 1.852 Flores le pidió su colaboración para invadir Guayaquil, pretextando que le devolvería sus altas funciones. Noboa cayó en la trampa y aceptó con la condición de que el Presidente peruano Rufino Echanique apoyara el proyecto lo que resultó a medias. Mas la expedición fue un total fracaso.

En 1.855 volvió finalmente a Guayaquil a su casa del Malecón y Sucre, reintegrándose a las actividades privadas y tuvo que hacer frente a las deudas que se habían contraído con motivo de su ausencia. Para ello debió vender las dos haciendas de Baba al Dr. Ignacio de Piedrahita Racines, quedándose únicamente con el negocio de las sales, dos propiedades y ciertos valores y acciones de pequeño monto.

En 1.859 celebró sus setenta años con su esposa, hijos, hijas, yernos, nueras y nietos. En la fotografía que se tomó figura también su hermana menor Tomasita viuda de Baquerizo Coto. Don Diego aparece cómodamente sentado en el centro, vestido con un sacón de dril blanco como para la casa; se le ve aún fuerte y ojeroso pero risueño para la ocasión.

En 1.863 presidió la Junta Provincial del Guayas. Era una de las primeras figuras sociales del puerto, le consideraban y respetaban pero no le querían por su carácter, pues guardaba las distancias sin permitir mayores confianzas. Estaba en relativa pobreza pues el gobierno le había tomado en arriendo sus salinas y no le pagaba puntualmente, luego se las expropiaron y el 67 fue resarcido con cinco mil pesos por esa causa, pero aún le quedaban algunos bienes en la jurisdicción de Chimbo.

En 1.869 testó en Guayaquil y dispuso que la cuarta parte del dinero que le debía el Tesoro Nacional por arriendos, se empleara en la construcción de la carretera a Quito o en alguna obra de beneficencia en Guayaquil, a juicio del Presidente de la República.

Se hallaba adolorido y enfermo con un principio de cáncer a la base de la lengua, que con el tiempo se le generalizó en la garganta amenazando asfixiarle. Fue tratado inútilmente con emplastos de una raíz amarga llamada Condurango, que se creía que servía para los zaratanes pero todo fue en vano y falleció el 3 de Noviembre de 1.870, de 78 años de edad.

Viril, blanco mate, pelo y ojos negros, bajo de estatura, delgado, musculoso, nervioso, rápido en sus movimientos. Trabajador, metódico, ordenado y de gran ambición y figuración - desmedida en su pugna contra Elizalde. Su formación tradicional le perjudicó en el período marzista donde le correspondió actuar, que fue una etapa eminentemente democrática y liberal. Roberto Andrade ha escrito que en Noboa había rezagos que le hacía ver demonios en Voltaire y en Rousseau, autores a los que había que exorcizar. I que vivía inmerso en una religiosidad más bien de rezos y signos exteriores que en introspecciones místicas, sin comprender que el verdadero problema era sacar el proyecto nacional adelante, combatiendo el atraso, la incultura y la pobreza.