FRANCISCO PAREDES YCAZA
SACERDOTE.-
Nació en Guayaquil hacia 1.862. Hijo del Maestro
Antonio Neumane Marno autor de la música del
Himno Nacional y cuya biografía puede verse
en este Diccionario y de Bolivia Villamil pero Garaycoa,
usó los apellidos Paredes Icaza,
Estudió las primeras
letras con profesores particulares y aprendió
a tocar piano y órgano. Desde los 15 años
actuó en la Iglesia Catedral, contribuyendo
con su talento musical al mayor encanto del ritual
y de las fiestas eclesiásticas.
Era un joven culto, -algo tímido-
de maneras finas y atrayentes, que se ganaba honestamente
la vida con su arte como maestro de Capilla especializado
en Bach, Mozart y Beethoven, que admiraba por encima
de toda ponderación, y dando clases de piano
a domicilio. En 1.887 era monaguillo en la Catedral
y figuró inocentemente en el motín de
los Canónigos.
En Enero de 1.889 sacó
"El deber del Escolar" semanario de ilustración,
educación, religión, filosofía,
literatura, ciencias. De formato infolio y a cuatro
planas que dirigió con fines netamente pedagógicos.
Era su editor Vicente Paz Ayora.
En 1.892, de teinta años
de edad, atraído por la vocación sacerdotal
y más aún por lo manso de su carácter,
viajó a la capital y entró al Seminario
Mayor que dirigían los padres Lazaristas. En
1.895 publicó la Corona Fúnebre del
Obispo Isidoro Barriga.
El 19 de Diciembre de 1.896
recibió el Presbiterado y tres días
después cantó su primera misa. Mientras
tanto había hecho una buena amistad con Federico
González Suárez que llegó a cobrarle
gran estima. En 1898 le llevó de Maestro de
Ceremonias a la Catedral de Ibarra, lo hizo su Secretario
Privado y Rector del Colegio San Felipe de esa ciudad.
En tales funciones tuvo oportunidad de servir a la
colectividad pero cuando en 1.904 pasó a ocupar
el Arzobispado de Quito, Paredes decidió regresar
a Guayaquil y fue Vicerrector y profesor del Colegio
San Luis Gonzaga por muchos años, Rector de
piedad del Seminario y Canónigo Honorario de
la Catedral.
Entre 1.902 y el 23 realizó
el Inventario General de la Catedral de Guayaquil
y de las parroquias Eclesiásticas de la Diócesis.
Las visitaba varias veces a la semana y lo hacía
con gran paciencia, anotando todo detalle por pequeño
que pareciera. Estuvo en Balzar, el Pasaje, Puna,
Vinces, Soledad, Puebloviejo, Daule, Babahoyo, Machala,
Guabo, Palenque, Milagro, Ventanas, Catarama, Naranjito,
Colimes, Salitre, Santa Lucía, y Samborondón.
Dichos Inventarios reposan en el archivo de la Curia
y son una prueba fehaciente de su esfuerzo.
En 1.907 ascendió a
Prebendado Mayor de la Catedral, el 11 fue Colector
del Obispado y no llegó a Obispo en razón
de su nacimiento, lo que entonces era obstáculo
insalvable dentro de la iglesia Católica. Aparte
de que siempre había tenido por norma no aceptar
dignidades, rechazando muchas propuestas ventajosas
que se le hicieron.
Vivía con su hermana
Maria Nagle en un chalet de madera de un piso de alto
con techo de zinc en Escobedo entre Luque y Aguirre,
al lado de los Garaycoa Cabanilla sus vecinos de siempre
y a una cuadra solamente de la Catedral. Todas las
mañanas se le veía salir con pasos silenciosos
y encaminarse a dicha Iglesia, donde tenía
a cargo las primeras misas o su acompañamiento
al órgano según los casos.
Avanzada la mañana regresaba
al almuerzo, luego de una corta siesta y de recibir
a algún discípulo musical, volvía
al Sagrario a confesar, llevar cuentas o recibir visitas,
pues diariamente le consultaban los más disímiles
problemas, que para todo tenía una respuesta
amable, comprensiva y llena de amor. Tal su carácter
de permanente cordialidad.
En las noches regresaba a su
chalet, del que no salía pues no gustaba trasnochar.
I así vivió más de treinta años,
cumpliendo silenciosa y calladamente con el deber.
Sus últimos tiempos
fueron penosos por un cáncer que minó
paulatinamente su organismo hasta reducirlo casi a
hueso y pellejo, pero como todo lo aceptaba con santa
resignación, soportando fuertes dolores, tuvo
una muerte tranquila el lunes 7 de Enero de 1.939,
de 77 años de edad, siendo el último
sacerdote guayaquileño que quedaba en esta
Diócesis.
Independiente y desinteresado,
nunca buscó ni aceptó honores pues era
más bien retraído y gustaba del alejamiento
de toda pugna. Su contracción al culto le llevó
a practicar la caridad con el prójimo, aconsejando
y sirviendo gratuitamente pues era fama que jamas
cobraba un centavo por sus servicios y vivía
de la ayuda generosa de algunas personas amigas. La
alteza de sus miras, su bondad, sinceridad y franqueza,
le conquistaba las simpatías y el afecto del
vecindario. Su paso por las calles era saludado con
efusión. Amigo de grandes y chicos ¿
Quién no conocía al viejo Canónigo
Paredes en el Guayaquil de entonces?
Bajito, delgado, encorvado
en sus últimos tiempos, tez canela, ojos grises,
pelo negro aunque encaneció y quedó
finalmente casi calvo; gustaba de la sotana negra,
el sombrero redondo con borlas y de un infaltable
paraguas que llevaba más por costumbre que
por necesidad. Fue muy unido a sus hermana María
y se visitaba semanalmente con el resto de su parentela,
que nunca le abandonó.
Después de su muerte
circuló una Necrología bajo el título
de "Santa Vida Sacerdotal" donde se dice
que su paso por el mundo fue como una expiación
de los pecados ajenos, lo que psicológicamente
da una idea de cual fue su pensamiento y el porqué
de su conducta.