MIREYA ROMERO Y CORDERO
PLAZA
POETISA Y NOVELISTA.-
Nació en Quito el 29 de Enero de 1.929 y fueron
sus padres legítimos el poeta coronado Remigio
Romero y Cordero, natural de Cuenca y María
del Rosario Plaza Plaza, guayaquileña, quien
firmaba Plaza Cordero por ser hija adoptiva de Alfredo
Plaza Iglesias y de su esposa Angela Cordero Pino.
Fue llamada "Mireya"
por la heroína del gran poema largo, de ese
nombre, de Federico Mistral (1.830-1.914) Francés,
premio Nobel de literatura en 1.904.
La menor de tres hermanos,
pero como el mayor Remigio falleció casi enseguida,
solo quedó su hermana Coya, entonces ocurrió
la separación de sus padres y pasaron a Guayaquil,
a la gran casa de madera de los abuelos Plaza Cordero
en Rocafuerte No. 715 y Orellana y tuvieron una infancia
feliz, llena de afectuosos momentos. Su niñera,
la indígena Rosa Pañora, que era muy
inteligente, le enseñó desde los tres
años a leer y escribir, así como a sumar
y a restar y la consideraron una niña prodigio
porque hablaba casi en verso. Ese año 32 falleció
su abuelo Alfredo pero nada cambió. En las
vacaciones viajaban a la Hacienda San Ignacio frente
a Mocache en el cantón Quevedo y una noche
que se apagó una bujía se subió
a una mesa y gritó emocionada "Luz, más
luz" como Goethe. En 1.935 ocurrió el
divorcio de sus padres, entró al Colegio de
las madres salesianas de Maria Auxiliadora y pronto
fue la alumna preferida de la Madre Dominga Bocca,
pues era la más distinguida estudiante del
plantel, deslumbrando a todos con sus conocimientos
especialmente en matemáticas y literatura.
También seguía clases de piano y violín
con los Profs. José González y José
Barniol.
En 1.939 su madre contrajo
segundas nupcias con el abogado chileno Jorge Zuasnavar
Wormaid y se trasladaron a San Fernando, pequeña
población rural, capital de la provincia de
Colchagua, a hora y media de Santiago, donde no gozaron
de tantas comodidades como en Guayaquil pero disfrutaron
de los beneficios de un ambiente cultural superior
y fue matriculada en un Colegio de Monjas alemanas
que el 40 tuvieron que salir a causa de la Guerra
Mundial.
Mireya tenía facultades
parasicológicas que ha conservado hasta ahora.
"Sentía ciertas presencias astrales llegando
hasta el desdoblamiento pero como no le agradaba ese
tipo de fenómenos, jamás llegó
a ser propiamente una Médium.
El 41 entró al Liceo
de San Fernando. Era romántica, hacía
largas caminatas por las riberas del río Tinguiririca,
escribía poesías en hojas de colegiala.
Su rostro blanco, pelo rubio, sus ojos celestes plomizos
y un cuerpo esbelto y escultural le daban una bella
y femenina presencia, por eso era admirada y hasta
románticamente cortejada por los muchachos
del vecindario, sin que ninguno se atreviera a más.
En 1.946, faltándole
dos años para terminar el bachillerato, decidió
separarse amigablemente de su madre; su padrastro
era buena persona pero neurótico, y se fue
a Santiago. Vivió en casa de una señora
ecuatoriana y le consiguieron el puesto de secretaria
en el estudio profesional del Ab. Jorge Téllez.
El 47, durante unas cortas
vacaciones en San Fernando, conoció al Abog.
Francisco Guzmán Sánchez, con quien
contrajo matrimonio en 1.949, pero solo fueron felices
cuatro meses pues él fue aquejado de una súbita
leucemia que le llevó al sepulcro el 28 de
Diciembre de ese año. Entonces Mireya volvió
a su antiguo trabajo donde el Dr. Téllez y
para disipar un poco la mente tomó un curso
de enfermería y asistió como oyente
a ciertas clases de la Facultad de Medicina pues siempre
se había sentido atraída por esa profesión.
A mediados del 50 su abuela
Plaza le mandó el pasaje de regreso a Guayaquil
en el vapor inglés "Reina del Pacífico".
Creía que una viuda joven corría peligro
en un país extraño. Arribó el
24 de Agosto a la Libertad tras once años de
ausencia y fue recibida por numerosos tíos
y primos. En su casa la visitó la parentela
paterna de la que había estado totalmente alejada
y conoció a su primo segundo Vicente Bravo-Malo
Cordero, intelectual sin profesión que la convenció
y se casaron en ocho días, instalándose
en Quito, donde le fue presentado su padre, que se
puso muy nervioso al verla.
Entonces comenzó una
vida de viajes a Pasto, Cali y otras ciudades de Colombia
y del país, ofreciendo recitales de sus poesías
mientras su esposo dictaba conferencias sobre diversos
aspectos culturales y especialmente sobre la creación
de la Universidad de San Francisco, que nunca pudo
hacer realidad.
Entre 1.951 y el 57 tuvo tres
hijos que fallecieron por incompatibilidad sanguínea
a muy corta edad, drama que supo sobrellevar con gran
entereza de ánimo, ayudándose con el
cultivo de las bellas letras, su hobby de siempre.
Por eso escribió "La Pena fuimos nosotras",
novela que apareció en 139 pags. en 1.952 con
sentido feminista. La edición se vendió
exitosamente. El crítico norteamericano Michael
Handelsman en "Amazonas y Artistas” ha
dicho que es una obra que ataca repetidas veces la
explotación sexual que las mujeres tradicionalmente
han sufrido en el Ecuador. La protagonista lamenta
que se haya rebajado a las mujeres a meros objetos,
aunque su desesperado estado de ánimo y su
necesidad urgente por el amor la hacen vulnerable.-
La obra no es propiamente autobiográfica pero
revela en muchas partes la psiquis de su autora y
un criterio mucho más moderno que el ecuatoriano
sobre la situación de la mujer en sociedad,
criterio formado en un país tan adelantado
como Chile, supongo. En este sentido Mireya se ubicó
en la cúspide del feminismo ecuatoriano en
su tiempo y abrió ancho cauce a nuevos planteamientos
revolucionarios para las mujeres de entonces, aunque
sin salirse plenamente de la línea Mariana
de la iglesia que preconizaba la maternidad como fin
precioso para toda mujer. La novela se republicó
por entregas en el vespertino "La Prensa"
con gran publicidad y fue leída por muchas
mujeres como el desahogo lírico de una generación
frustrada. (1) Esta fue su mejor época, se
hizo conocer en el ambiente cultural guayaquileño
por sus continuos recitales de versos propios y ajenos,
especialmente de su padre que aún vivía
y gozaba de una merecida fama en el país. A
veces Mireya se presentaba bajo el pseudónimo
de "Marga del Río" tratando de hacerse
una imagen independiente, en otras asistía
a los programas radiales de "Vida Porteña"
en radio Atalaya, solo como declamadora, junto a otras
poetisas y declamadoras.
En 1.956 reunió varios
poemas en "Heliofanía", que apareció
en Quito en 82 pags. con prólogo del poeta
Francisco Granizo Rivadeneira y una hermosísima
poesía de su padre. (2) Y trabajó como
activista en la campaña presidencial, apoyando
la candidatura conservadora del Dr. Camilo Ponce Enríquez.
Su esposo entró a laborar en las aduanas. En
1.957 advino el divorcio por incompatibilidad de caracteres.
Mireya creía haber encontrado el padre que
nunca tuvo y - solo halló un intelectual poco
equilibrado. La Iglesia terminó por concederles
la nulidad eclesiástica por falta de la debida
dispensa de consaguinidad que nunca se había
presentado.
(1) El célebre poeta
y periodista Elías Candel a) Adel Celinas,
le dedicó una de sus hermosas coplas en el
diario "El Universo" que comienza así
" Al recibir su visita / que honróme en
grado notorio,/ llenó de luz mi escritorio
/ con su beldad exquisita. / Una sutil margarita /
de un valle andino es Mireya (la creían cuencana
por su padre y su esposo) / y hay en el ámbito
que ella /con su alba está incompleto grada
saludar creciente y viva, la duda / de si es Jasmín
o es Estrella. // Hija de un bardo, el primero / de
los líridas actuales / cultiva ya sus rosales
/ con fino gusto y esmero / Halló el arte en
el sendero / su planta rósea y sumaria; / y,
como azul luminaria / su primigenio relato / es el
heraldo -y muy grato- / de su aptitud literaria! //...
El 60 contrajo nupcias con Luis Insua Hilbron con
quien tuvo una vida feliz y dos hijos, dedicada por
entero a su hogar y a las letras. El 67 publicó
un segundo poemario "Las Tres dimensiones del
Sol" en 44 pags. con metáforas sencillas
y pulcras, suavidad en tono, ternura y sutileza, expresiones
de su femeneidad. Fue una época tranquila,
su esposo trabajaba en una hacienda bananera, hacían
vida de campo y criaban a sus hijos sin mayores problemas,
aunque ese año falleció su padre en
Quito.
En 1.972 volvió a las
andadas con "Yoimar", novela en 122 pags,
cuyo título significa "Yo y el mar",
ambientada en el balneario de Zapallar en Chile, para
presentar los amores secretos de una chica joven con
un hombre maduro. La obra mantiene el interés
del lector con escenas de la vida diaria, internándose
en la psicología de los personajes a través
de sus traumas y complejos a veces insospechables.
La joven incauta y pudorosa despierta a la pasión
violentamente por hallarse ávida de ternura,
equilibrándose y madurando. En suma, un destino
sin estridencias, contado con sutil ironía
y mucha verdad. Retrato de sus dudas, anhelos y pasiones,
más que autobiografía propiamente dicha.
La obra fue presentada en New York por Zoila María
Castro.
(2) A Mireya. Remigio Romero
y Cordero.- // Porque al darte la vida te di también
del arpa / la dádiva celeste...porque valle
y es carma / de mis horas, inundas, de música
de Apolo /y porque no me dejas en los laureles solo
/ sino que los cosechas con mano prodigiosa /joven
sacerdotisa y estrella, lira, diosa../ Porque eres
la poeta de una estirpe lírica / y porque eres
mi madre que regresa a la vida / porque te das al
verso, altiva ruiseñora / con garganta de sol
y corazón de aurora / y sangre de fontana...
porque de veras sabes /labrar la miel eterna de las
palabras suaves, / la lámpara prender del poema
exquisito, / y ser canción y rima, retorcimiento
y grito / y ritmo y maravilla... por eso en la portada
/ de este libro en que estás tan bella, tan
dorada,/ tan vestida de Abril, tan ungida de Mayo./
soy la nave que llega a la bondad del cayo,/ en un
mar de agua dulce... Lira, estrella, señora
/ todos los ruiseñores te llaman ruiseñora.../
Mereciste la grada y el tesoro del trino / la armonía
gloriosa del metro alejandrino /la plenitud del arte,
lirismo o epopeya / señora ruiseñora
de Mistral y Mireya. /En la flauta del pan, en la
atara eolia / lirio del valle lírico el lirio
y la magnolia / en el laúd y el sistro, gobiernas
lo sonoro / señora ruiseñora marfil
y seda y oro. / Tu hermosura del cuerpo te brilla
peregrina / y cuando estás cantando se te pone
divina / tu belleza interior... Ruiseñora suprema,
/ canden, poema del poema / de un amor que se fue
por encima del nido /más allá del amor,
la muerte y el olvido.../
La relación con su padre, que nunca había
sido muy profunda por la distanciase ahondó
y profundizó en el recuerdo y quizá
por eso concurrió en 1.977 a los diez años
de su partida, al apoteósico traslado de sus
restos a Cuenca, que fueron velados en solemne Capilla
ardiente levantada en el interior de la Catedral;
hubo homenajes y en ellos trató a sus numerosos
medios hermanos, algunos de los cuales ni siquiera
conocía.
En Noviembre de 1.992 falleció
su esposo de cáncer al pulmón y agobiada
por la pérdida ha vuelto a escribir y tiene
nuevos versos y un comienzo de novela que promete.
No ha gustado de los grupos
literarios porque detesta las obligaciones. Es demasiado
libre de espíritu para ello, cree en la mujer
como ser completo que puede vivir sin tutelas.
Reconoce que el hombre es el
complemento. Es feminista a ultranza, habiendo cosechado
a través de sus novelas el elogio de las jóvenes
de ese tiempo, que recibieron sus mensajes de liberación
en la década de los años 50.
Su carácter alegre,
optimista. Gusta hacer bromas y sobre todo de la sinceridad,
supremo bien del que no está dispuesta a renunciar
jamás.